CHIMENTOS
Moria Casán y su faceta más dulce: así acompañó a su nieto Dante en la salida del colegio

Moria Casán, conocida por su arrolladora personalidad, su lengua filosa y una extensa carrera artística que abarca muchas décadas, esta vez ha mostrado su faceta más familiar, especialmente en relación con su nieto más chico hijo de Sofía Gala Castiglione.
Recientemente, un video en el que se la ve buscando a su nieto Dante a la salida del colegio llamo la atención de todos sus seguidores, además de los padres y parientes presentes en el lugar que le decían halagos mientras ella pasaba.
En el video en cuestión, además de ser muy tierno, muestra a la artista en su papel de abuela y se la ve esperando paciente a Dante en la puerta del colegio. Al salir el niño, ambos se funden en un cálido abrazo, evidenciando la hermosa relación que mantienen.
La espontaneidad y ternura del momento resonaron profundamente en las plataformas digitales, donde miles de usuarios compartieron y comentaron la escena, destacando la faceta más íntima y cariñosa de la diva.
Lejos de encasillarse en el estereotipo tradicional de abuela, Moria ha manifestado en diversas entrevistas su particular enfoque en este rol. En una ocasión, señaló: «No soy una abuela permisiva, tengo que tener del lugar el teléfono, dirección, análisis de sangre, todo».
Además, ha compartido anécdotas que evidencian la dinámica especial que mantiene con ellos. Por ejemplo, mencionó que su nieto Dante le dice «abuelo» en lugar de «abuela», a lo que ella respondió con humor: «Me hace mucha gracia».
La relación cercana entre Moria y sus nietos también se refleja en las celebraciones familiares. En el cumpleaños número 10 de Dante, la diva organizó una fiesta en su hogar, destacando la importancia de estos momentos compartidos. Las imágenes del evento mostraron a un grupo de niños disfrutando en el jardín de su casa, mostrando el compromiso de Moria en crear recuerdos para su familia.
MORIA CASA, CERCA DE SUS NIETOS


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Moria Casán
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La Peña de Morfi vuelve con emoción, memoria y una dupla que promete: el regreso más esperado de los domingos

Hay programas que no envejecen: se transforman en ritual. Y en la televisión argentina, pocos lograron ese lugar de pertenencia emocional como La Peña de Morfi. Este domingo, desde las 13, el clásico de Telefe vuelve a encender sus luces, la mesa vuelve a ocuparse, las guitarras a afinarse y ese clima de hogar compartido para celebrar nada menos que diez años al aire. Una década que no solo habla de permanencia, sino de identidad, de algo que logró atravesar modas, nombres y formatos para instalarse como una cita obligada.
El regreso tendrá caras conocidas, pero también un aire de renovación que se apoya en la emoción. Diego Leuco continuará al frente del ciclo y estará acompañado por Carina Zampini, quien vuelve a ese lugar donde todo comenzó, cuando junto con Gerardo Rozín le dieron forma a la primera versión del programa. La salida de Lizy Tagliani marcó un punto de inflexión, pero también abrió una puerta cargada de simbolismo.
“Se nota que estamos contentos”, lanzó Leuco, casi sin filtro, en una charla distendida con Teleshow donde las risas y las mirdadas cómplices se cuelan entre cada respuesta. Y Zampini acompañó con la misma naturalidad mientras ambos dejan ver una química que no necesita ensayo.

La conexión no es nueva. Se conocen, se probaron en pantalla y, sobre todo, se eligieron. “Es que nos conocemos de antes con Diego”, explicó ella. “Tuvimos la posibilidad de compartir un programa en streaming en el verano, fue corto pero fue lindo”, suma él. Y enseguida aparece la clave de ese vínculo: “Era un programa que no existía, arrancábamos de cero. Cuando empezás a conducir algo que estás creando en conjunto, eso une mucho”, detalló él. Zampini asiente. Recuerda esos dos meses “de mucho laburo, de mucha entrega” y concluye: “Nos llevamos espectacular”.
Esa complicidad fue determinante cuando llegó la propuesta. “Yo apenas me enteré que iba a estar Carina dije: ‘No, listo, felicidad total’”, reconoció él. Y ella no se quedó atrás: “Para mí también. Cuando me propusieron estar en La Peña fue automático. Ni lo dudé. No hubo eso de ‘a ver, déjame pensar’… dije sí, obvio”. Y profundizó, casi como una declaración de principios: “Para mí Diego es esa espalda, esa seguridad. Lo que más valoro con los años es el compañerismo. Y Diego es un gran compañero. A eso sumale que es profesional, responsable, tiene humor… eso ya es un cien”.
El peso de los diez años aparece en la conversación, pero no como una carga, sino como una conquista. “Es el peso, pero también lo lindo de que un programa durante diez años tenga este éxito y esta recepción del público desde un lugar tan sano”, reflexionó Diego. Y se detiene en algo que define la esencia del ciclo: “Conectar con el arte, con la cocina, con el humor. Disfrutar en familia. Esos valores no son fáciles de sostener en la tele”.

Zampini lo tradujo con una imagen íntima: “Es como un libro que no querés que termine nunca. Cuando te gusta mucho, pensás ‘¿qué voy a hacer cuando se termine?’. Bueno, con La Peña pasa eso. Siempre querés que vuelva”.
Pero su regreso no es solo profesional. Es emocional. Profundamente emocional. “Es movilizante por muchos factores”, admitió. “Fui parte del inicio, estuve ahí, con Gerardo, en el primer programa. Y ahora vuelven todos esos recuerdos…”. Se detiene, sonríe, sus ojos se llenan de imágenes del pasado y suma una anécdota que pinta de cuerpo entero el espíritu del ciclo: “El otro día nos acordábamos de la coreo que hacíamos con Gerardo cuando entrábamos. Dijimos con Diego que algún día la vamos a hacer acá de nuevo”.

Ese viaje no es en solitario, ya que “es movilizante ir encontrándome con toda gente del equipo con la que tenemos un montón de experiencias y de anécdotas y cosas, porque el pasado también tiene un componente de gratitud”, explicó sobre quienes continuron en el cilco estos diez años y ahora los reencuentra.
“Yo no soy una persona que busque estar en determinados lugares. Trato de hacer lo mejor con lo que se presenta. Jamás hubiera pensado que iba a tener esta oportunidad. No estaba dentro de mis planes, de mi cabeza. Y digo, bueno, el universo tiene que hacer sus movimientos”, revleló. Y en esa frase se cuela algo más grande, casi invisible, pero presente: la huella de Rozín.
“Eso lo generó Gerardo”, repitió Zampini al hablar del amor que los artistas sienten por el programa. Un legado que se respira en cada rincón y que se potencia en cada emisión.

El arranque de esta nueva temporada estará a la altura de esa historia. La música, columna vertebral del ciclo, tendrá nombres que garantizan emoción: Valeria Lynch y Alejandro Lerner. “Cada vez que viene Valeria es una fiesta”, anticipó Leuco. Y Zampini se sumó, entre risas: “¿Quién no la ama? Yo canto sus temas en el auto como loca”.
A ellos se sumarán figuras como el Chaqueño Palavecino, Destino San Javier, Ángela Leiva y Ráfaga, en una apertura que, como define el propio Leuco, “son seis bombas para arrancar”. Pero no se trata solo de quiénes se harán presentes, sino de cómo lo hacen: “La generosidad con la que se prestan, cómo se copan para cocinar, para cantar juntos… se arma una peña dentro de la peña”, describió.
La cocina seguirá siendo otro de los corazones del programa, con Santiago Giorgini y Felicitas Pizarro. Sobre ella, Zampini no escatimó elogios: “La adoro, es lo más, ¿queres una mujer hermosa? Ella. Es una gran compañera, más allá de todo, ¿no? Del lado profesional, del talento que tiene en la cocina, todo”. Es que la relación entre ambas, que duró unos tres años, se había iniciado en otro canal, en otra competencia de cocina.
El humor, ese pulso que atraviesa todo, estará nuevamente en manos de Pichu Straneo, Pachu Peña y Nazareno Mottola. “Los hijos de Feli vienen y los admiran, pero después en el colegio los retan porque imitan los ruidos de Pichu”, contó Leuco entre risas. Y ahí aparece otra vez la esencia: familia, juego, complicidad.
En deportes, la posta cambia: se despide Ariel Rodríguez y se suma El Turco Claudio Husain, aportando una nueva mirada.

Detrás de cámara, el engranaje es tan complejo como fascinante. “Nunca vi un equipo tan grande ni con tanto laburo”, admitió Leuco, para luego describie una postal casi caótica: escenarios que se arman y desarman, bandas de quince músicos, cocina en simultáneo, humoristas en acción. “Eso es Morfi”, resumió.
Pero si hay una palabra que sintetiza todo, él mismo la dice sin dudar: “Compartir”. Compartir entre ellos, con los artistas, con la gente, como esos momentos en que el público, desde sus casas, podía comentar el minuto a minuto, conecándose al zoom. . “Veías a la gente en su casa cantando, comiendo lo mismo… es un programa de compartir”, recordó.
Cuando sabés qué sos y qué querés contar, todo es más sencillo”Y quizás ahí esté el secreto de estos diez años. En esa capacidad de colarse en la intimidad de los hogares sin estridencias, con una propuesta honesta. “, reflexionó Leuco.
Zampini lo siente igual, pero lo dice desde otro lugar, más visceral: “Es tan lindo, tan sano… que no querés que termine”.
Este domingo, entonces, no será solo un regreso. Será un reencuentro. Con la música, con la risa, con la memoria. Y, sobre todo, con ese espíritu que Gerardo Rozín sembró y que, diez años después, sigue floreciendo en cada emisión. Porque hay programas que se miran. Y hay otros —como Morfi— que se viven.
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Qué ver en Netflix, la serie de 8 episodios que es ideal para maratonear este fin de semana: Errores épicos

Dentro del catálogo de Netflix, las miniseries basadas en decisiones límite y consecuencias inesperadas vienen ganando cada vez más protagonismo. En ese contexto aparece Errores épicos, conocida en inglés como Big Mistake, una producción que pone el foco en momentos críticos que cambian la vida de sus protagonistas para siempre.
La serie presenta distintas historias atravesadas por un eje en común: elecciones que parecen simples pero que desencadenan situaciones irreversibles. A lo largo de sus 8 episodios, el relato explora cómo un error puede impactar no solo en quien lo comete, sino también en su entorno más cercano.
Con una narrativa ágil y una estructura que mantiene la tensión, Errores épicos se apoya en giros dramáticos y situaciones extremas para atrapar al espectador desde el inicio. Cada capítulo funciona como una pieza clave dentro de un entramado que muestra las múltiples caras de la culpa, el arrepentimiento y las segundas oportunidades.
Uno de los puntos más destacados de la serie es su capacidad para generar identificación. Las historias, aunque llevadas al límite, parten de situaciones cotidianas que podrían ocurrirle a cualquiera. Ese contraste entre lo cotidiano y lo extraordinario es lo que potencia su impacto.
Además, la producción apuesta por un estilo visual sobrio, donde la tensión narrativa se impone sobre los recursos efectistas. Esto permite que el foco esté puesto en los personajes y en las decisiones que toman.
Por qué Errores épicos es una miniserie que no podés dejar pasar en Netflix
La serie se destaca por su enfoque directo sobre las consecuencias de los actos. Cada episodio propone un nuevo conflicto que se desarrolla con intensidad, sin perder ritmo ni profundidad.
Otro aspecto clave es la construcción de los personajes. Lejos de ser planos, cada protagonista muestra matices que permiten entender sus decisiones, incluso cuando estas resultan cuestionables. Esto genera una conexión inmediata con el espectador.
A su vez, la estructura episódica facilita el consumo en formato maratón. Con capítulos dinámicos y finales que invitan a seguir viendo, la serie se vuelve ideal para quienes buscan una historia atrapante en pocos días.
Errores épicos logra posicionarse como una de esas producciones que combinan entretenimiento y reflexión. Para quienes buscan una miniserie diferente, con tensión constante y un fuerte componente emocional, esta propuesta aparece como una de las opciones más atractivas del momento dentro de Netflix.
Netflix; Errores épicos
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Los nervios y la emoción de Agustín Rada Aristarán antes de su debut como Willy Wonka: “No digas que falta poco, Dios”

El actor dialogó con Teleshow sobre el estreno de Charlie y la fábrica de Chocolate
En plena avenida Corrientes, en medio de la semana, un escenario ambientado como una antigua fábrica se instala frente al teatro Gran Rex. Los taxistas detienen sus autos y observan, mientras un grupo de seguidores se reúne a la espera del inicio del espectáculo. El lugar se ilumina con tonos violetas y dorados, y una gran imagen de Willy Wonka, interpretado por Agustín “Rada” Aristarán, sostiene el icónico golden ticket que da acceso al universo del personaje.
A las 18.15, el espectáculo comienza bajo el cielo porteño. Fotógrafos con sombreros, lentes oscuros y cámaras de época forman parte de la escenografía. Dos presentadores anuncian la llegada de los cinco ganadores de los boletos dorados que los llevarán al paraíso del chocolate. Los personajes de Augustus Gloop, Violet Beauregarde, Mike Teavee y Veruca Salt hacen su aparición.
Luego, un antiguo descapotable se estaciona sobre la avenida. De pie en el asiento del acompañante, Rada se destaca con galera verde, anteojos y saco púrpura. “Detrás de esta puerta, mil sorpresas van a vivir, pero hay que creer para ver. Prepárense, bienvenidos a mi fábrica”, dice Aristarán en el papel de Wonka, mientras cuenta los días para el estreno el 4 de junio.
Willy Wonka ocupa el centro de la historia como el dueño de la legendaria fábrica donde la fantasía y el chocolate se combinan. Este personaje encarna el enigma y la atracción de un universo en el que todo resulta posible. Su mirada y su humor particular lo convierten en un chocolatero que invita a públicos de todas las edades a explorar una experiencia donde la imaginación no encuentra límites.
Así es Charlie y la fábrica de chocolate: el musical que invade el Gran Rex a pura magia, dulces y canto
La llegada de “Charlie y la Fábrica de Chocolate – El Show” a la Argentina figura entre los eventos destacados de la temporada teatral. La producción, a cargo de Ozono, MP y Los Rottemberg, cuenta con antecedentes de convocatoria en la cartelera nacional gracias a títulos como “La Sirenita”, “Matilda” y “School of Rock”, que reunieron a más de 500 mil espectadores. La versión porteña, con licencia de Music Theatre International (MTI), busca reproducir el alcance internacional alcanzado por el musical.
Tras el final de esta primera presentación, dentro del teatro, Agustín Aristarán recibe a Teleshow para contar detalles sobre la obra y compartir el significado de formar parte del elenco. “No digas que falta poco, Dios. Porque tenemos que ensayar un montón. Y obvio que hay nervios, más vale. Los nervios son necesarios, es el motor para arrancar esta máquina. Es un infierno lo que van a ver, es maravilloso”, reacciona el actor ante la proximidad del estreno.
En ese intercambio previo, Rada también habla con Dante Barbera, su coequiper de 13 años, uno de los niños que interpreta a Charlie Bucket. Entre bromas, ambos hablan de su chocolate favorito. “Ahora estoy muy ocupado con el Dubai, pero es un insulto al chocolate. Chocolate cuanto más amargo, más me gusta”, revela Aristarán.
Por su parte, el joven agrega: “Yo no probé el Dubai”. Algo sorprendido, Rada, al igual que Wonka, busca una solución y muestra su vínculo con el joven, con quien comparte elenco por tercera vez: “Dejámelo a mí. Próximo ensayo te llevo uno”.
– Falta muy poquito para el estreno de Charlie y la fábrica de chocolates…
– Es una obra que nos cebó a todos mucho. El día de la lectura de guion sucedió algo muy mágico. Es una historia muy linda de contar y una historia muy espectacular. Y cuando digo espectacular es realmente así. Es un delirio lo que van a ver. Modificaron el escenario del Gran Rex para poder soportar el peso que tiene todo.

– Vimos un poquito en la previa, ahí en calle Corrientes. ¿Cómo te sentiste al mostrarle al público este Willy Wonka?
– Hermoso. Fue Wonka, yo no fui. O sea, entro ahí en ese mundo de dar la bienvenida a la fábrica y la pasé bárbaro, está buenísimo. Tengo ganas que ya estrene, pero tampoco quiero que estrene ya, porque quiero vivir el proceso del ensayo, que está buenísimo, para después hacerlo.
– ¿Qué es lo que más te gusta de la obra?
– Es una obra muy fácil de ver, porque son actos cortos, es muy graciosa. Lo que hace Seba es hermosísimo, Mery, la dulzura que tiene Mery, el elenco de los padres de los niños son unos personajes dementes, todos, el ensemble. La verdad que está todo muy bien. Es hermoso. Y una historia que encima ganan los buenos, ¿qué más querés?
– En la historia gana Charlie, que no comete ninguno de estos pecados capitales. ¿Qué te parece transmitir este mensaje?
– Me parece espectacular por la acidez que maneja la obra también y la oscuridad que maneja. No nos olvidemos que hay chicos que no están más después, porque se mandan macanas. Está tan bien escrita la obra, y tan buena la historia que termina transmitiendo en realidad el valor principal que es, loco, los buenos siempre ganan y el bien le gana al mal, punto.


– ¿Alguna vez te sentiste identificado con alguno de los chicos, con alguna actitud?
– Con él, con Charlie. Soñador, de verdad, muy soñador de que está siempre, que sigue su pasión, porque él es apasionado de los chocolates. Yo no soy apasionado de los chocolates, pero, pero sí apasionado de un montón de cosas. Entonces yo creo que sí.
– En lo personal también sos como Wonka, tenés un tobogán en tu casa…
– Tengo un tobogán de este color (violeta). O sea, sí, sí, hay una cosa mucho de juego en el personaje, sí.
– ¿A quién le darías un golden ticket para la fábrica?
– A Fernanda (Metilli), porque es muy fanática de los chocolates, a mi pareja.
– ¿Cómo va todo entre ustedes?
– Bien, superbién, bárbaro. Estuvo un ratito acá viendo la presentación en la calle, así que sí, muy bien.
– ¿Cómo estás con este presente?, empezaste nueva temporada con Mario Pergolini. ¿Cuánto le debés a Mario de lo actual?
– Un montonazo, como le debo a todos los proyectos que encaro o me convocan. Laburar con Mario, realmente le debo también aprender mucho a un tipo que sabe mucho y la tiene muy clara. Laburar con Guebel, con Ale Bronstein, son gente que sabe de televisión, y es ir a una master class todos los días, eso es espectacular.
Crédito: RSFOTOS
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