POLITICA
El pájaro canta hasta morir: la historia de un amor prohibido que provocó la ira de su creadora y que pasó del éxito a un estrepitoso fracaso

La noticia de la muerte de Richard Chamberlain ocurrida ayer, apenas dos días antes de que el actor cumpliera los 91 años, inevitablemente hará que una parte del público recuerde a uno de los grandes éxitos de la carrera del interprete fallecido en Hawái, dónde vivía desde que grabó aquel suceso: la miniserie El pájaro canta hasta morir. Más allá de haber tenido una larga carrera en la TV y el cine, la obra de Chamberlain quedó asociada para siempre a la del sacerdote Ralph de Bricassart enamorado de la joven australiana en el centro de la ficción adaptada de una novela de Colleen McCullough.
La figura romántica de 1983 no fue el típico galán de telenovela, sino un seductor y ambicioso sacerdote católico de origen irlandés, enamorado de una mujer 20 años más joven. Ambientada en la aristocracia rural australiana del 1900, El pájaro canta hasta morir conquistó al público del mundo entero con su historia de amor verdadero y paternidad clandestina entre el futuro cardenal del Vaticano y la hija de un encumbrado linaje familiar. Protagonizada por Richard Chamberlain y Rachel Ward, la segunda miniserie más exitosa de todos los tiempos puso al monacal voto de castidad en el centro de la escena, revitalizó la carrera profesional del mítico Dr. Kildare y generó una secuela que fracasó estrepitosamente. Transformada en un global éxito de ventas, Colleen McCullough, autora del libro original en que se basó la saga, terminó odiando ambas adaptaciones audiovisuales.
Éxtasis y sacrificio
Existe un pájaro que canta una sola vez en su vida, pero lo hace con más emoción y dulzura que cualquier otro ser vivo sobre la tierra. Desde que abandona su nido, esta ave pasa sus días buscando un árbol espino. Cuando lo encuentra, elige la espina más larga y puntiaguda y, sin dudarlo, ensarta en ella su cuerpo. En ese instante de agonía es cuando emite su famoso canto. Una bella melodía que estremece el alma humana y hace que Dios, en su trono celestial, sonría. Según esta vieja leyenda atribuida a los celtas, todo aquello que es bueno trae aparejado mucho dolor porque la concreción del deseo viene de la mano de la muerte.
No está claro si la escritora australiana Colleen McCullough conocía o inventó esta historia, pero desde que la utilizó como disparador para su novela El pájaro canta hasta morir, el mundo entero pasó a darla por cierta. Corrían los años 70 y su colega en Yale, Erich Segal, había alcanzado un enorme suceso con Love Story. En base a esa repercusión, hizo una encuesta entre sus alumnos para descubrir qué les había gustado de la novela. “El romance, los personajes y la trama, pero sobre todo esa idea de que el éxtasis y el sacrificio son inseparables uno del otro”, enumeró McCullough.
Decidida a replicar el éxito, la profesora, bibliotecaria, periodista y neurocientífica tomó la premisa del amor imposible y condenado; y la instaló en el escenario australiano que tan bien conocía. El resultado, una épica ambientada en entornos de la aristocracia rural, atraviesa la vida de tres generaciones de la familia Cleary entre 1915 y 1969. Pero se detiene, muy específicamente, en la irrefrenable atracción que une y separa a la joven Meggy con el atractivo y ambicioso sacerdote irlandés Ralph de Bricassart, veinte años mayor que ella. Una relación sentimental trágica y furtiva, que a lo largo del tiempo pasa por diferentes estadíos: maestro y discípula, amigos y finalmente amantes, con el nacimiento de un hijo que ella le oculta hasta el cierre de la novela.
El pájaro canta hasta morir llegó a las librerías australianas en abril de 1977. La crítica especializada le cayó duro, pero el público adhirió masivamente a esta historia de pasiones hondas e inconfesables. Tanto que, a 47 años de su publicación, sigue siendo el libro de ficción más vendido de la historia de la literatura australiana. Publicado en los EE.UU. arrasó los rankings y en menos de un año, ganó traducciones a más de 20 idiomas, superando los 30 millones de lectores en todo el mundo. Interesado en la controversia religiosa que planteaba, Hollywood se hizo con los derechos para su adaptación cinematográfica.
En primera instancia, la superproducción se autopercibía como la nueva Lo que el viento se llevó. De ahí, tal vez, las idas y vueltas que fue sufriendo el proyecto y la cantidad de nombres que se barajaron. En distintos momentos, Christopher Reeve, Robert Redford y Ryan O’Neal sonaron para el sacerdote Bricassart; y Michelle Pfeiffer, Jane Seymour, Olivia Newton-John y Kim Basinger como Meggy. Detrás de cámara, ni Herbert Ross ni Peter Weir ni Arthur Hiller lograron enderezar el barco. Al borde de la desesperación, Warner estaba por cancelarlo todo, hasta que apareció en escena el productor ejecutivo David L. Wolper.
Humanizar el sacerdocio

“El libro estaba muy bien, pero el formato era inadecuado -sentenció Wolper. No había que ir al cine, teníamos que quedarnos en la TV. El pájaro… debía ser una miniserie”. Wolper hablaba con conocimiento de causa. Venía de sacudir la pantalla chica global con las dos partes de Raíces (1977 y 1979) y tenía muy en claro qué hacer con el material. Al frente de la producción, tomó un puñado de decisiones que resultaron definitorias. Primero, descartó las locaciones australianas y se propuso rodarlo todo en el sur de California y en la isla Kawai, una de las principales del archipiélago de Hawái. En segundo lugar, contrató como consultor al sacerdote jesuita Terrance Sweeney, voz disidente dentro de la Iglesia Católica por estar en contra del celibato y a favor de la incorporación de mujeres como sacerdotisas. “No hay ninguna contradicción entre ser cura y estar casado. Nosotros también somos seres humanos, hombres que podemos enamorarnos. La prohibición del matrimonio es una violación a los derechos humanos”, declaró Sweeney apenas se sumó al equipo.
Para la época, la relación clandestina (paternidad incluida) entre una mujer joven y un hombre mayor, que tranquilamente podría haber sido su padre, aseguraba la repercusión pública. Que ese hombre llegara a ser un poderoso cardenal del Vaticano, garantizaba el escándalo y el escarnio eclesiástico. Es cierto que la ficción no buscaba abrir ningún debate social o teológico, sólo pretendía contar una historia de amor trágico y contradictorio, a nivel emocional y espiritual. “Sweeney nos marcó el tono justo que el programa necesitaba para evitar el rechazo y humanizar el sacerdocio -aseguró Wolper. Y lo hizo a la perfección”. Además, el religioso (que en 1986 renunció a la Compañía de Jesús para contraer matrimonio) también resultó fundamental a la hora de elegir al protagonista.

Después de una década encasillado como el Dr. Kildare, Richard Chamberlain estaba empezando a despegarse del papel que le había dado fama e inmerecido ostracismo. Su trabajo en las miniseries Centennial y Shōgun (cuya reversión moderna puede verse ahora mismo en Disney+ y Star+), llamó la atención de Wolper, que lo convocó. Al principio, productor y actor chocaron en la forma de encarar al padre Bricassart. “Para mí, era un personaje mucho más fuerte y decidido de cómo querían mostrarlo -contó Chamberlain. Bricassart no era el típico galán de telenovela. No tenía el corazón partido en dos, ¡sino en tres! Tenía una genuina vocación religiosa y estaba honestamente entregado a la labor de Dios, pero el poder y el glamour de la Iglesia lo tentaban mucho más que la espiritualidad. Y se había enamorado realmente de Meggie, nunca impostó ese sentimiento”.
La visión de Chamberlain coincidió con la de Sweeney, que convenció a Wolper. “Se llevó a Richard a un noviciado en Los Ángeles por un par de noches; y cuando regresó era el Bricassart perfecto”, reconoció el productor. En base a la química que mostraban al actuar juntos, Rachel Ward fue elegida como Meggy Cleary, junto a un reparto multiestelar liderado por Barbara Stanwick, Christopher Plummer, Jean Simmons, Ken Howard y Piper Laurie. El pájaro canta hasta morir (The Thorn Birds) se emitió por la cadena ABC del 27 al 30 de marzo de 1983. Al día de hoy, sigue siendo la segunda miniserie más vista de la historia de los EE.UU., sólo superada por Raíces. Obtuvo seis Emmy y cuatro Globo de Oro, incluyendo uno para Chamberlain, que vio resurgir su carrera profesional tal como le pasaría a John Travolta con Pulp Fiction. El mundo entero quedó enamorado del programa, salvo Colleen McCullough. “Estaba todo mal. El director no tenía idea de lo que estaba haciendo, la guionista era una evangélica bautista que no entendía el catolicismo y no me gustó la actuación de Chamberlain”, sentenció la autora.
Los años perdidos
Una década después de su estreno, la miniserie mantenía un alto y constante nivel de ventas en VHS. Para celebrar el aniversario, ABC volvió a emitirla en horario central y el rating voló por las nubes. Wolper se dio cuenta de que había un público ávido por los avatares sentimentales de Bricassart y Meggy, así que convenció a la cadena de TV para retomar la trama. Como la primera parte terminaba con la muerte del sacerdote, era imposible pensar en una secuela que reuniera a los protagonistas, así que buscó un vacío temporal que se lo permitiera. Y lo encontró. “Después de que hicieran el amor en la playa, la miniserie original saltaba una década al futuro, para mostrar el encuentro entre el padre y el hijo. Ahora vamos a contar qué pasó en el medio”, adelantó Wolper.
Esos años, que coincidían con la Segunda Guerra Mundial, tampoco habían sido incluidos en la novela. Y como Colleen McCullough se negó a escribirlos, Wolper le pasó el encargo al australiano David Stevens, que estaba atravesando un momento de cierta notoriedad gracias a la obra de teatro Nosotros dos. Pero el resultado dejó insatisfecho a Chamberlain, que terminó rechazando la oferta. “No trataba bien al padre Ralph. Lo cargaba de una autocompasión que no se correspondía con su naturaleza”, declaró la estrella. Y detrás del actor, ABC se retiró del proyecto.
Wolper no renunció a su idea. Interesó a CBS y le pidió a Stevens que reescribiera el guion las veces que fuera necesario, hasta que Chamberlain diera el sí. La última versión ubicó a Bricassart en Roma, trabajando activamente para dar refugio a los judíos perseguidos por los nazis. “Como la Iglesia no estaba de acuerdo con ese accionar, castigó al padre Ralph enviándolo de nuevo a Australia -comentó Chamberlain. Y allí se reencontró con Meggie, justo cuando empezaba a sentirse libre de su recuerdo. Por supuesto, seguía sin saber que el hijo de ella era su hijo”.

Del reparto original, sólo Chamberlain formó parte de El pájaro canta hasta morir: Los años perdidos (The Thorn Birds: The Missing Years), acompañado por la actriz británica en ascenso Amanda Donohoe (Meggie) y la participación especial de Maximilian Schell. Dividida en dos capítulos de 90 minutos cada uno, la miniserie se emitió en los EE.UU. el domingo 9 y el martes 11 de febrero de 1996. El fracaso fue estrepitoso e instantáneo. El público la odió y la crítica la demolió. Para la revista Variety, “es una farsa que frustra al espectador. Lo que antes se sentía impactante y lascivo, hoy se ve dócil y domesticado. No sólo palidece en comparación con la original, también contradice directamente los acontecimientos del libro y la miniserie”.
Hasta su muerte en 2010, Wolper defendió la segunda parte, a capa y espada. “Era una historia diferente, estamos de acuerdo, pero tenía a los mismos personajes y profundizaba las situaciones originales de maneras que la primera miniserie no pudo reflejar. Y estaba filmada en hermosos escenarios naturales de Australia. No entiendo por qué no gustó”, decía a quien quisiera oírlo. Años más tarde, McCullough dio su propia versión de los hechos. “Nunca estuve de acuerdo con Los años perdidos –dijo en la TV nacional de Australia-. No quería que se haga y le mandé todas las maldiciones que pude. Y parece que funcionó porque salió horrible”.
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Cuadernos de las Coimas: solo un arrepentido rompió el silencio en el juicio

En las últimas tres audiencias del juicio oral por los Cuadernos de las Coimas, el silencio de los arrepentidos durante sus indagatorias reflotó viejas objeciones contra el proceso, ya rechazadas por la Justicia, pero vueltas a poner sobre la mesa por Cristina Kirchner, otros exfuncionarios y varios empresarios, que insisten en cuestionar el trámite al alegar que su derecho de defensa se ve menoscabado.
Es que seis de los imputados colaboradores que hasta el momento fueron indagados eligieron no someterse a preguntas de las partes, una estrategia usual en instancia oral, pero que en el caso puntual de los arrepentidos produjo una nueva avalancha de críticas.
Los primeros cuestionamientos surgieron cuando se supo que el exfuncionario Claudio Uberti, a cargo de las concesiones viales durante el primer kirchnerismo, no contestaría preguntas. Como arrepentido había identificado montos, señalado reuniones y contado anécdotas de la operatoria y Néstor Kirchner.
Pero las objeciones ganaron volumen definitivo cuando fue el chofer Oscar Centeno, autor de las anotaciones que dispararon la investigación de y el caso de los Cuadernos, quien dio a conocer que no declararía y que tampoco respondería preguntas. Una docena de abogados defensores salieron al cruce, cuestionando una vez más los alcances de la figura del arrepentido.
“Veamos realmente si esas imputaciones pueden sostenerse en un marco de una audiencia oral y pública”, reclamó Carlos Beraldi, defensor de la expresidenta Cristina Kirchner. “Que las partes podamos confrontarlas, podamos interrogar, podamos saber si cada una de esas cosas que dijo el señor Centeno, o cualquiera de los otros arrepentidos, tiene lógica, coherencia y sustento probatorio”, se quejó.
El reclamo de Beraldi y del resto de los defensores no cuestiona el derecho de los imputados a guardar silencio, sino la incorporación de sus acuerdos como prueba en el juicio oral cuando no se someten a preguntas.
Hay variaciones en cada uno de los planteos, pero sostienen, en esencia, que estos acuerdos tienen el valor probatorio de un testigo, al que sí se puede confrontar con preguntas en un juicio oral.
Al cruce de estos argumentos salió la fiscal del juicio, Fabiana León. “El Tribunal ya se expidió sobre la incorporación de los acuerdos de los arrepentidos”, marcó. “Pueden patalear, hacer lo que quieran, pero el tribunal ya se expidió en una etapa anterior. No veo la razón de volver a insistir para provocar una razón en contrario”, dijo.
Y agregó: “Yo también hubiese querido hacerle preguntas a personas que declararon y se negaron a hacerlo. Y sin embargo no hicimos ninguna pataleta por no poder preguntar”.
Es que el silencio se impuso no solo en los arrepentidos sino sobre la mayor parte del universo de imputados, empezando por la expresidenta Cristina Kirchner, quien, pese a declarar no se sometió a preguntas del tribunal ni de ninguna de las partes, una estrategia que también empleó en la causa Vialidad, por la que cumple una pena a seis años de prisión.
Tampoco enfrentaron preguntas el exministro Julio De Vido, ni su mano derecha, Roberto Baratta, o el secretario de este último, Nelson Lazarte, todos exfuncionarios acusados de integrar una asociación ilícita.
Por el momento, apenas tres de los 21 imputados se mostraron abiertos a contestar: los exfuncionarios Mariano Llorens, Walter Fagyas y Oscar Thomas.
Para este martes el Tribunal tiene previstas otras nueve indagatorias presenciales. Entre los arrepentidos que podrán quebrar la tendencia estarán Angelo Calcaterra y Héctor Sanchez Caballero, de la constructora IECSA; Armando Roberto Loson, de Albanesi, y Aldo Benito Roggio, de grupo Roggio.
El primer arrepentido
En la última audiencia, Juan Carlos de Goycochea, representante de la firma Isolux en el país durante el periodo investigado, se convirtió en el primer empresario arrepentido en declarar en el juicio.
Goycochea confirmó frente a los jueces del Tribunal Oral las entregas de dinero, pero ofreció una versión alternativa a la que brindó cuando declaró como arrepentido durante la instrucción.
Sostuvo que, después de “haberlo pensado más tranquilamente”, no fueron 17 pagos los realizados, cómo había dicho, sino apenas siete. “Pero tampoco tengo ninguna certeza de esto porque la realidad es que no he llevado un registro”, agregó.
Remarcó que las entregas siempre fueron concebidas como “aportes de campaña”, aunque en su primera declaración dejó en claro que siempre supo que se trataban de “coimas”, y cuestionó las anotaciones de Centeno, que lo tienen como protagonista de 18 entregas de dinero. “Lo que obra asentado en los Cuadernos carece de valor probatorio y pido que no sea tenido en cuenta como prueba en mi contra”, solicitó.
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El fallo de YPF: Kicillof dio una conferencia de prensa y dijo que Milei no debería darles argumentos a los fondos buitres

LA PLATA.- El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, dio hoy una conferencia de prensa en la que celebró el fallo por YPF a favor la Argentina en los tribunales de Nueva York.
Kicillof busca capitalizar esta decisión judicial para proyectar su modelo económico nacionalizador, opuesto al de Javier Milei. “Recuerdo que Milei propuso privatizar YPF en la Ley Bases. Milei, privatizar de mala manera trae riesgos trágicos”, dijo el gobernador esta mañana. “Ahora quieren sacarle juego a esto”, se quejó, en alusión al fallo de los tribunales de los Estados Unidos.
Kicillof le reclamó prudencia al presidente Javier Milei. “Si alguien insiste en que la estatización estuvo mal hecha, puede dar lugar a una nueva apelación a los demandantes”, advirtió. Y afirmó: “Milei siempre les dio la razón a los buitres”.
El pronunciamiento judicial de la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York a favor de YPF y de la Argentina evitó un desembolso por más de US$16.000 millones. Si bien existe la posibilidad de que los demandantes apelen ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, es improbable que ese tribunal tome el caso y dicte una resolución que revierta lo resuelto la semana pasada.
Kicillof defendió su accionar como viceministro de Economía del gobierno de Cristina Kirchner, que estatizó la empresa. “Más allá del fallo a favor de la recuperación y alización de YPF en Estados Unidos, quiero señalar los peligros que tenemos en adelante”, destacó el gobernador.
“La primera enseñanza es que las privatizaciones que está haciendo Milei conducen el mismo camino”, advirtió el mandatario, que buscará competir con Javier Milei por la presidencia de la Nación en 2027.
Durante la conferencia, en el salón Dorado de la Casa de Gobierno, criticó también a Mauricio Macri y su gestión de gobierno. Recordó que Pro tampoco avaló la estatización de la empresa en el Congreso. Tras defender alización, recordó que hoy YPF es una empresa público privada con mayoría estatal.
El mandatario se mostró acompañado por el ministro de Infraestructura y Servicios de la provincia, Gabriel Katopodis, y por el ministro de Gobierno, Carlos Bianco.
El viernes, cuando se conoció el fallo, el mandatario provincial estaba en Uruguay junto al presidente de ese país.
“Tuve oportunidad de estar con el presidente de Uruguay [Yamandú Orsi] y el exministro de Economía de Brasil [Fernando Haddad] y agradecer por habernos acompañado en estos reclamos”, dijo el gobernador, que busca proyectarse en el plano internacional. También a Chile y Ecuador por su apoyo ante los tribunales de Estados Unidos.
“Hubo otros acompañamientos -dijo Kicillof-. “También el gobierno de Biden, de Trump, de Ucrania y de Francia. [Debemos] Agradecerles a estos otros países”, señaló.
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Quiénes son las dos acreedoras del préstamo con el que Adorni compró su departamento en Caballito

-¿Usted conoce a Manuel Adorni?
-No, la verdad que no.
Beatriz Viegas, jubilada de 72 años, atiende a por el portero eléctrico de su departamento del barrio de Flores. La primera pregunta la sorprende. La segunda la hace cortar la comunicación.
-¿Alguna vez le cedió dinero en forma de hipoteca?
-Ay, no, no, no. Gracias.
La consulta estaba vinculada a un dato: Viegas figura como una de las dos personas que le vendió al jefe de Gabinete el departamento en el que vive, en el barrio de Caballito. En el Registro de la Propiedad Inmueble consta como acreedora del 50% de un crédito hipotecario de 200.000 dólares con el que se concretó la operación. La compraventa, firmada en noviembre del año pasado, se inscribió por un valor total de 230.000 dólares.
La otra mitad de la hipoteca aparece asignada a Claudia Sbabo, de 64 años y que aparece en registros públicos como empleada de una editorial.
llamó a Sbabo a su celular. Respondió una mujer. Ante la consulta periodística, dijo: “En este momento no está ella. Yo tengo el teléfono de ella ahora. ¿Qué necesita?”.
-¿Sabe si conoce a Manuel Adorni y si alguna vez compró un departamento en la calle Miró al 500?
-Yo no lo conozco, la verdad que no sé si ella.
-¿Sabe si Claudia le cedió dinero en forma de hipoteca a Manuel Adorni?
-No, ni idea de esas cosas. Disculpe pero tengo que seguir trabajando.
Los datos de la operación inmobiliaria surgen de un informe de dominio que obtuvo en un trámite regular ante el Registro de la Propiedad Inmueble, dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación.
La escritura del 18 de noviembre asienta que los dueños pasaron a ser en ese momento Adorni y su esposa, Bettina Angeletti, en un 50% cada uno. Es una unidad funcional de 199,97 metros cuadrados (de los que 120 son cubiertos y el resto un patio), a la que se suma el proporcional de la cochera, en la planta baja del edificio ubicado en una zona de alto valor inmobiliario del barrio de Caballito.
Adorni sumó esta propiedad sin haberse desprendido de la vivienda donde residía antes de entrar al Gobierno, sobre la avenida Asamblea, en el barrio de Parque Chacabuco, según consta también en el Registro de la Propiedad.
Un año antes, la familia Adorni había adquirido una casa en el country Indio Cua Golf Club, en el partido bonaerense de Exaltación de la Cruz. En ese caso, el registro consigna que la única titular es Angeletti. La escribana, Adriana Nechevenko, es la misma en las dos operaciones.
En la misma escritura se consigna la hipoteca con las dos acreedoras, Viegas y Sbabo, con 100.000 dólares cada una. Es decir, a juzgar por los papeles los compradores solo habrían puesto 30.000 dólares al concretarse la operación.
Viegas y Sbabo habían anotado en mayo de 2025 el condominio con el que le compraron la propiedad a Hugo Alberto Morales, el primer dueño, un exjugador de fútbol que brilló en Huracán, Lanús y selecciones juveniles argentinas en los años 90.
Ellas declararon la adquisición en 200.000 dólares. Y la venta, seis meses después, quedo registrada a un precio 15% más alto.
consultó a Adorni sobre los detalles de la compra de la vivienda, pero al cierre de esta publicación no había respondido.
“A mi patrimonio lo construí en los 25 años que estuve en el sector privado; no tengo nada que esconder”, había dicho el miércoles pasado Adorni, en la conferencia que convocó en medio de los cuestionamientos políticos que desataron la noticia sobre un viaje a Punta del Este en avión privado y las posteriores revelaciones sobre la casa en el country.
La Justicia investiga el potencial enriquecimiento ilícito del funcionario de confianza de Javier Milei.
Que es el dueño del departamento en la calle Miró se supo unas horas después de la conferencia en la que Adorni dijo que todas las explicaciones sobre su patrimonio pensaba darlas en la Justicia y no ante el periodismo. “Lo que no está declarado es porque la declaración jurada no está vencida”. Con eso pareció anticipar que sí lo incluirá en la declaración correspondiente a 2025, que es el año en que lo adquirió. No está claro si la casa de Exaltación de la Cruz la declaró en el apartado reservado correspondiente a los bienes de su esposa. Esa operación sí ocurrió en el período que abarca su última presentación obligatoria.
De todos modos, la Justicia buscará determinar el origen de los fondos con los que el jefe de Gabinete incrementó su patrimonio en los dos años que lleva en la función pública.
Las prestamistas registradas en la escritura son dos mujeres que tienen o tuvieron actividad económica en distintos sectores. Una de ellas estuvo ligada a la construcción. Viegas, viuda y de 72 años, fue una de las socias de la empresa Nazca Gold SRL, según documentos del 2017. Dicha composición societaria, en conjunto con otras personas, decía “plazo: 7 años”. La fecha de esa documentación es 17 de agosto de 2017. Es decir, su vigencia se prolongaría hasta el 2024.
Esta compañía declaró entre sus objetos “ejecutar toda clase de obras públicas y privadas, quedando incluidas todas las actividades de mantenimiento, construcción, reciclaje, remodelación, reparación de infraestructura, señalización, montaje”. La sociedad también incluyó actividades inmobiliarias dentro de su objeto, tales como “compra, venta, permuta, hipoteca”. El Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires consigna también dos operaciones en las que Viegas transfirió la habilitación de sendos “hoteles sin servicio de comida”, en los barrios de Flores y de Almagro.
Sbabo, de 64 años, no registra actividad empresarial. Figura a su nombre una relación de dependencia con una editorial y está afiliada al PAMI. Está casada y su esposo aparece en registros públicos como el vendedor, 15 años atrás, de un taller mecánico en Villa Lugano del que fue dueño junto con un familiar.
el departamento,Ignacio Grimaldi,Manuel Adorni,Conforme a,Manuel Adorni,,Hoy y mañana. Despliegan un operativo de seguridad en la casa de Adorni por clases públicas convocadas por la izquierda,,Documentos. Adorni registró en US$230.000 la compra de su departamento de Caballito y declaró un préstamo de dos particulares,,El ataque como única defensa
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