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POLITICA

Un cristal astillado

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El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti suele decir que en el sistema institucional hay una institución que no se ve, pero es clave para la vida de todas las demás: la confianza. Funciona como pegamento interno de las relaciones políticas, y más que nada entre la sociedad y sus gobernantes, entre el electorado y sus líderes. La confianza se manifiesta de distintas maneras en la vida pública. Una de ellas está asociada a lo financiero, lo económico, que se refleja en indicadores. En nuestro país, tradicionalmente, un indicador con el que contamos para entender cómo se maneja la economía está ligado a los movimientos del tipo de cambio. Cuando hay un dólar intervenido, como sucede ahora con el cepo, las variaciones del dólar libre -MEP, contado con liquidación o blue- indican cuál es el nivel de inquietud de la gente respecto de cómo el Gobierno maneja las cosas. Esta es una de las razones por las cuales algunos se enamoran del cepo, ya que es una forma de suprimir y/o relativizar aquel termómetro.

Aquella confianza, la institución invisible de Sanguinetti, empieza a tener en la relación entre el mercado y el equipo económico no un quiebre o rotura, pero sí una rasgadura. Hay un astillamiento en la confianza que se percibe en estos días y que es muy difícil de fechar en su origen. ¿Cuándo empezaron los mercados a percibir que el Gobierno no se manejaba con entera solvencia para administrar la cuestión del dólar? Algunos creen que esto empezó con una desconfianza en otro plano que nada tiene que ver con el mundo cambiario: el caso de la criptomoneda $LIBRA, la intervención de Milei en ese negocio y la impericia con que el propio Presidente y sus funcionarios manejaron esa crisis que cambió los temas de la agenda en la escena de la opinión pública. A esto se le agregó después un fenómeno sobre el cual el Gobierno no tiene ninguna responsabilidad, que es la incertidumbre económica que le inyectó Donald Trump al sistema internacional con medidas que tuvieron una intención y produjeron otro efecto. Aquí, la reacción del Gobierno frente a ese “efecto Trump” fue anunciar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Hubo agentes económicos que interpretaron que ese acuerdo era inminente y los términos se conocerían a los pocos días. Sin embargo, todavía las condiciones del nuevo programa se siguen negociando.

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Aquí aparece algo muy peculiar. Hay una hiperactividad del ministro Luis Caputo frente a la prensa, una propensión a hacer declaraciones que poco a poco, en vez de ir despejando las incógnitas, las agrava. Los primeros dichos de Caputo que generaron confusión fueron sobre el dólar. El Ejecutivo se ufanaba de que la brecha entre el oficial y los libres se iba abreviando y facilitaba el objetivo final: el levantamiento del cepo. Pero, en una entrevista a LN+ un sábado a la mañana con Horacio Cabak, el conductor le pregunta: “¿Qué va a pasar con el crawling peg?”. Y Caputo dice, no explícitamente, pero da entender que aquella devaluación administrada por el Gobierno de 1% por mes en la cotización del dólar oficial va a quedar cancelada. Anunció, tal vez sin querer, que habría una modificación del régimen cambiario que dejaría atrás el vigente. El problema radica en que no dijo por cuál va a ser reemplazado. Y hasta hoy no lo sabemos.

Esto produce incertidumbre. Los importadores salen a importar más, aprovechando este dólar. Los exportadores, a la espera de que el dólar sea más caro, suspenden las exportaciones o las retraen. Y todo aquel que tiene posiciones en pesos sale a comprar dólares para esperar ese cambio de régimen que el mismo ministro anunció. Hubo un error adicional de Luis Caputo, que fue explicar que tiene que haber tranquilidad cambiaria ya que el abandono del crawling peg no va a generar incertidumbre al no haber los suficientes pesos como para comprar dólares. Y le contestaron los economistas expertos en esos mercados: hay pesos en un volumen equivalente a U$S100.000 millones de dólares como para que la gente se deshaga de esos pesos y vaya a comprar dólares.

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Este domingo, Caputo volvió a dar una tercera entrevista, esta vez con Luis Majul para La Cornisa, donde insistió una vez más en que no tiene que haber incertidumbre cambiaria, pero incurre en algunas contradicciones que generan más inquietud. Por ejemplo, explica que los U$S20.000 millones pactados para que el Fondo desembolse en un nuevo programa con la Argentina van a ser reservas de libre disponibilidad. Significa que el Banco Central las va a poder utilizar para intervenir en el mercado de cambios, que suponemos va a estar liberalizado con un régimen de bandas. Hay una parte de la historia que el ministro oculta y es que, es altamente probable, el nuevo programa establezca metas de reservas. El Gobierno va a tener que llevar una política cambiaria de tal naturaleza que, cada tres meses, va a tener que rendir cuentas de cuál es el volumen de reservas del Banco Central, un volumen hoy muy disminuido.

En el programa anterior, como exhibe un gráfico elaborado por Fernando Marull, para el mes de marzo de 2024, la meta de reservas era de US$5576 millones negativos. El Gobierno la superó y redujo a US$2184 millones negativos. En junio de 2024, el saldo pasó a ser positivo por US$932 millones frente a los US$676 millones de déficit pactados con el Fondo. En septiembre, la meta del FMI era de US$2876 millones mientras que la realidad mostraba un saldo de US$3900 millones de dólares negativos. Finalmente, para diciembre de 2024, la meta era de US$876 millones mientras que el la cifra real bordeaba los US$1839 millones de dólares negativos.

Gráfico elaborado por Fernando Marull

Siguiendo los números de Marull, la situación es bastante complicada. Actualmente las reservas netas del Banco Central están en US$5300 millones de dólares negativos, sin contar Bopreal ni depósitos del Tesoro. Dado el bajo nivel de reservas del Banco Central y las metas más exigentes que probablemente imponga el Fondo en el nuevo programa, los dólares serán de libre disponibilidad siempre y cuando se cumpla la meta. De lo contrario, deberán acumularse para ajustarse al programa. Es decir, la libre disponibilidad estará muy acotada.

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Hay otro tema importante que no queda del todo claro en las declaraciones del ministro, donde aparece no sólo una falta de información, sino una contradicción. En la misma entrevista, Caputo afirma que el BCRA necesita mejorar su balance y que, por ello, el Tesoro rescatará, con dinero del Fondo, letras intransferibles que compró en su momento. Sin embargo, también sostiene que las reservas del Banco Central, que requieren US$20.000 millones para mejorar su balance, son suficientes para cubrir toda la base monetaria. Habría que definir: o necesita mejorar el balance o tiene reservas suficientes para cubrir la base monetaria, pero ambas afirmaciones al mismo tiempo resultan contradictorias. Quizás la cantidad de aclaraciones es la que produce un deterioro en el clima cambiario, que se refleja en el aumento diario del riesgo país.

Luis Caputo Hoy Hay Muchos Militando Corridas

Mientras tanto, continúa la negociación con el Fondo Monetario Internacional, que es el eje central del problema. Vera Voskanyan, en su cuenta de X, analizó las declaraciones de Caputo intentando descifrar cómo tienden a tranquilizar al mercado, pero también presionan al Fondo en la negociación que mantiene el equipo económico con las autoridades del organismo. El Gobierno, con lógica política, intenta obtener recursos del Fondo sin tener que levantar el cepo o, en todo caso, flexibilizando lo menos posible y manteniendo la mayor cantidad de restricciones en el mercado de cambios. Porque en la Argentina, liberar el cepo suele implicar una suba en la cotización del dólar, lo que se traduce en un aumento de precios. Y si los precios suben, la percepción pública será que la inflación volvió. Sabemos que la caída de la inflación es la mayor victoria política que el Gobierno puede llevar a las elecciones de octubre. No la quiere poner en peligro al liberar el mercado de cambios.

Desde la perspectiva del Fondo, su posición tradicional es clara: si un país quiere mantener un mercado de cambios intervenido y un dólar artificialmente bajo para mejorar el poder adquisitivo, no puede esperar recibir financiamiento sin condiciones. Cuanta más rigidez cambiaria e intervención haya, menos dólares desembolsará el organismo. En cambio, si el Gobierno quiere más dólares para fortalecer las reservas, debe liberar el tipo de cambio. Este es el corazón de la discusión, que no se pudo modificar en sus términos por qué falló alguien: Donald Trump. El Gobierno confió en que el Tesoro de Estados Unidos intercedería ante el FMI para conseguir un desembolso importante sin necesidad de levantar el cepo. Sin embargo, esa gestión no se concretó o no tuvo la intensidad esperada. Como resultado, el objetivo, que era obtener los US$20.000 millones sin levantar el cepo y hacerlo recién después de las elecciones, no se logró. El FMI insiste en que, si el Gobierno quiere estos fondos, debe flexibilizar el cepo ahora, lo que aumentaría el riesgo inflacionario y, en consecuencia, afectaría la elección. En este contexto, el oficialismo se ve obligado a explicar y aclarar constantemente, generando más incertidumbre de la que había.

Es un escenario no resuelto. El martes pasado, hubo una reunión en el Fondo Monetario Internacional, donde el staff técnico presentó el caso argentino ante el Board, el directorio político compuesto por los representantes de los países. Fue una discusión áspera, con muchas preguntas y preocupaciones. Hay inquietud. Es lógico: el FMI desembolsó una cifra récord y quedó enredado en una crisis económica que arranca con Macri en mayo de 2018. Esto hace que, a pesar del respaldo político de Trump al gobierno de Milei, el Fondo mantenga una postura rígida frente a la Argentina. El dilema es claro: el Gobierno puede liberar el tipo de cambio, acceder a más recursos y asumir el riesgo de un repunte inflacionario, lo que enviaría una señal positiva al mercado. O bien, puede mantener el cepo y asegurar cierta estabilidad política, pero con un esquema de “massismo austríaco”, de política muy intervenida en una variable central como es el tipo de cambio, lo que retrae la inversión y dificulta la reanimación de la economía.

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El presidente Javier Milei se reunió con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional Kristalina Georgieva, en la sede del organismo, en Washington D.C.

A esto se suma otro obstáculo: el Gobierno argumenta haber cumplicado las metas fiscales y monetarias y, por ello, exige el desembolso completo de los fondos. Sin embargo, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, declaró que podrían adelantarse hasta un 40% del total, pero no los US$20.000 millones en un solo pago. Hay otro actor clave en todo eso: Ceyla Pazarbasioglu, economista turca que dirige el Departamento de Estrategias, Políticas y Evaluación del FMI. Su función es garantizar la equidad en el tratamiento de los países dentro de los programas del Fondo. Si a la Argentina se le otorga un desembolso inicial mayor que a otros países, como a Egipto por ejemplo, el Fondo estaría incumpliendo su criterio de igualdad. A los iguales hay que tratarlos igual.

Ceyla Pazarbasioglu, economista turca que dirige el Departamento de Estrategias, Políticas y Evaluación del FMI

Esta es la principal dificultad que enfrenta Luis Caputo en su relación con el FMI. Y todo esto abre un interrogante sobre el ministro de Economía. Aunque el cuestionamiento es leve, como me decía un banquero de Nueva York este fin de semana: “Caputo ha sido mejor delantero que arquero”. Es decir, empezaron a llegar los goles al arco, y alguna dificultad está mostrando para defenderse. Esto hace que otros miren otros recursos humanos que tiene el Gobierno, no para reemplazar sino para apoyar el programa. En ese sentido, aparece Federico Sturzenegger, a quien Milei llama “El Coloso”, y que mantiene una relación cercana con Rodrigo Valdés, el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, desplazado de la negociación por pedido de Milei. Pero es un economista importantísimo dentro del Fondo, y otro detalle: Sturzenegger ha sido convocado por Georgieva para integrar un plantel destinado a estudiar procesos de desregulación en el Fondo Monetario. Es decir, que empieza a haber otra vía de contacto con Washington, y habrá que ver si Milei no quiere tener dos versiones de lo que está pasando: la de Caputo, que está obviamente muy respaldado, y la de “El Coloso” Sturzenegger.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger

Se abre una discusión sobre la economía desde la política. Esta fragilidad del cristal, este resbalón que estamos viendo en estos días sobre la confianza, es aprovechado por quienes tienen tensiones con el Gobierno. A la cabeza de todos Mauricio Macri, que ya tiene un duelo abiertamente planteado, como sabemos, con los Milei, con Javier Milei y con Karina Milei. El expresidente dijo que hay un problema de baja sensibilidad frente a los temas institucionales por parte de este gobierno, que está en la raíz de la inquietud que empezamos a encontrar en el mercado cambiario y en la economía en general.

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Mauricio Macri apuntó contra Karina Milei y dijo que no entiende la actitud del Presidente

Macri se está refiriendo a las cuestiones institucionales, y supongo que se centra principalmente en un tema que ha sido polémico desde que se planteó en enero del año pasado: la llegada de Ariel Lijo a la Corte Suprema de Justicia. Más allá de la designación de jueces por decreto, mientras el Senado estaba tratando el tema, que es otra desprolijidad institucional importante, la baja calidad de Lijo como candidato del Gobierno a la Corte produjo una herida sobre la que ahora Macri trabaja, diciendo que estos problemas institucionales son los que al final alteran el clima económico. En el mes de marzo del año pasado, en una conferencia que dio en Punta del Este, Macri dijo esto por primera vez: “Todo proceso de reorganización económica como el que lleva adelante Milei requiere de confianza”, el término de Sanguinetti. “La confianza”, dijo Macri, “no la dan los políticos, la confianza la proveen los jueces”.

La falta de sensibilidad institucional afecta la economía, y en ese horizonte, reaparece el problema de la candidatura de Lijo, que se va a debatir teóricamente este jueves en el Senado. Hay una sesión especial convocada para tratar los pliegos de Lijo y de Manuel García-Mansilla, que requiere un esfuerzo especial para ser convocada, y el Gobierno está tratando de que esa sesión no tenga quórum. ¿Para qué? Para poder seguir teniendo a García Mancilla en la Corte, donde está por un decreto del Poder Ejecutivo. Porque si el Senado este jueves sesiona, es muy probable, por las declaraciones, sobre todo, de los senadores kirchneristas, que ni García-Mansilla ni Lijo consigan aprobar su pliego, que requiere dos tercios de los miembros de la Cámara. Cristina maneja 24 senadores, falta un senador para que no se llegue a los dos tercios.

Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla

Si el Senado trata los pliegos, es decir, logra quórum, y los rechaza, la Corte está en un problema: ¿Qué hacemos con García-Mansilla? ¿Sigue por decreto, aunque el pliego de él lo haya rechazado el Senado? ¿De dónde deriva la legitimidad de García-Mansilla? Se podría decir del decreto, como cualquier otro juez de la Corte designado por decreto, vence su mandato cuando vence la vigencia del decreto, que sería en noviembre de este año. ¿Cómo se remueve a un juez de la Corte? Se requiere un juicio político, no hay otro método y para eso se requieren dos tercios del Senado.

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En la Corte dicen en voz muy baja que si queda García-Mansilla -que es un juez que va a estar bastante alineado con Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz- sostenido de un decreto, pero impugnado por el Senado puede ser que en el tratamiento de distintas causas, las partes empiecen a pedir nulidades sobre aquello que él votó como juez y esto genera una cantidad de ruido institucional dentro de la Corte en un momento en que sigue el conflicto entre el Gobierno y el máximo tribunal.

No hay que olvidarse de que Lijo inició su carrera hacia la Corte, tan accidentada, porque su padrino, Ricardo Lorenzetti, le recomendó a Milei postular a ese juez amigo. El conflicto que el Gobierno tiene con la Corte, más que la Corte con el Gobierno, se manifiesta en el Consejo de la Magistratura, donde el representante del Poder Ejecutivo, Sebastián Amerio y una representante de los abogados que es Jimena de la Torre, que llega por el Pro pero que ahora está bastante identificada con las fuerzas del cielo, suelen no dar quórum para las reuniones de comisión, sobre todo para la de administración del Poder Judicial que trata temas normalmente urgentes. No hay que olvidarse que el Consejo lo dirige Horacio Rosatti en su calidad de presidente la Corte.

Sobre el telón de fondo de la discusión por la incorporación de Lijo y García-Mansilla, sobre todo de Lijo, a la Corte se recorta un caso muy importante que es el de Cristina Kirchner, que este lunes fue en queja a la Corte porque la Cámara de Casación le negó el recurso extraordinario para cuestionar el fallo del Tribunal Oral Federal ratificado por la Casación que la condena en la administración de la obra pública en Santa Cruz.

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El doctor Carlos Alberto Beraldi, abogado de Cristina Fernández de Kirchner, brindó una conferencia de prensa con motivo de la presentación del Recurso de Queja ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Luego de haber presentado un escrito, de diez páginas en la causa vialidad. Es el último recurso que le queda a la expresidenta para evitar que se ejecute la pena dictada en su contra.

Este lunes, su abogado, Carlos Beraldi, explicó esta presentación ante la Corte, realizada a primera hora de la mañana. Aquí hay un detalle interesante y curioso: la señora de Kirchner solo impugna a García-Mansilla, justamente por haber sido designado por decreto, pero no impugna a los otros tres jueces, contra los cuales su fuerza política había pedido juicio político en la Cámara de Diputados, sin éxito.

Ahora hay que ver qué velocidad tiene el caso de Cristina Kirchner en la Corte. Primero lo va a tratar el procurador Eduardo Casal; hay que ver en cuánto tiempo se expide. Después la pregunta es qué hace la Corte con este caso, que puede decir: “Le pongo un sello y no lo trato, porque no tiene materia para que lo tratemos nosotros”. En ese caso, quedaría vigente la condena, que tiene como accesoria la inhabilitación, y Cristina Kirchner no podría ser candidata en estas elecciones.

Esto es muy importante. La expresidenta aspira a ser candidata a diputada nacional. Salvo que Axel Kicillof desdoble la elección, haga primero una elección provincial, y ahí ella sea candidata a la Legislatura bonaerense por la tercera sección electoral, como diputada provincial, para ir a desafiar a Kicillof, que se está rebelando contra la que fue su antigua jefa.

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El gobernador Axel Kicillof, la vicepresidenta Cristina Kirchner y el presidente Alberto Fernández durante el acto en Isla Maciel

Si la Corte dice algo antes del 17 de agosto, que es cuando hay que presentar las listas, Cristina Kirchner quedaría fuera de carrera. Ya sea porque trata el caso o porque no lo trata. Estaríamos frente a algo muy novedoso en la Argentina: mucha gente, desde el lado penal, tendría una gran satisfacción y diría: “Bueno, finalmente se hizo justicia, se sancionó a alguien sobre quien había muchísimas pruebas de que había manejado mal los fondos del Estado”. Desde el lado pro-Cristina, en cambio, dirán: “No, esto es la persecución que ella viene denunciando, el lawfare”. Esta es la discusión penal, pero se plantea otro problema, que es uno específicamente político y que hay que exponer con independencia de que a uno le guste o no Cristina Kirchner, y de que crea que la cuestión penal es justa o no: del rompecabezas de la política argentina se saca una pieza que representa aproximadamente el 30% del electorado. Eso genera algún ruido y algún desequilibrio en el sistema, porque hoy es evidente que, si uno mira el mapa de la política, el gobierno de Milei tiene como principal contrapeso —más allá de que, insisto, a uno le guste o no— a Cristina Kirchner. De hecho, habría que agradecerle a ella si Lijo no llega a la Corte, porque es ella, con sus senadores, quien lo frena. Entonces, estamos entrando en un problema político que nos muestra lo grave que es la corrupción cuando se la deja avanzar demasiado, porque termina generando este tipo de distorsiones en el sistema.

No es algo novedoso de la Argentina. Lula pasó por lo mismo. Hoy Bolsonaro está inhabilitado por la Corte de Brasil. Y este 31 de marzo, fue inhibida por una condena a cuatro años de prisión Marine Le Pen, quien tiene el 35% del electorado en Francia. Ella es la encarnación del nacionalismo de ultraderecha en su país y no podrá participar en las elecciones de 2027. Habrá que ver si Marine Le Pen dice que esto fue lawfare. Es una persecución por malversación de fondos cuando era eurodiputada. Aparentemente, junto a un grupo de eurodiputados de su partido, contrataban gente y hacían que devolvieran parte del dinero de las contrataciones. Una especie de “ñoquis” a la francesa.

Es importante, entonces, que la Corte se pronuncie y no deje este tema para después de las elecciones, porque es un asunto de alta sensibilidad política. Más allá de la biografía de Cristina Kirchner, está en juego el equilibrio y la legitimidad del sistema en un momento en que se está produciendo otra gran novedad: una fisura en el kirchnerismo dentro de su principal distrito, la provincia de Buenos Aires.

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Axel Kicillof amenaza con pedir la suspensión de las PASO y con adelantar la elección provincial para dejar a Cristina, como líder nacional, fuera de la escena, obligándola a defenderse en la elección nacional sin la movilización del aparato bonaerense. Por eso ella responde algo así como: “No, si vas a desdoblar la elección, me voy a presentar como candidata a diputada por la tercera sección”. Esto lo dijo en un asado en El Mangrullo, en Ezeiza, delante de una cantidad de intendentes, este fin de semana.

Esta discusión también fue llevada a la Legislatura a través de un proyecto del kirchnerismo. La senadora María Teresa García, del círculo íntimo de Cristina Kirchner, presentó un proyecto de ley para que las elecciones sean concurrentes, es decir, el mismo día las nacionales y las provinciales. Expone varios argumentos interesantes: dice que nunca se realizaron elecciones provinciales independientes; que la justicia provincial nunca tuvo que organizar una elección más allá del padrón de extranjeros; que la policía bonaerense nunca tuvo que hacerse cargo del control de las urnas.

El proyecto de ley que presentó la senadora María Teresa García para que las elecciones sean concurrentes

Pero lo que realmente importa de su planteo es lo que dice en los fundamentos del proyecto: “En este contexto de incertidumbre sobre el proceso electoral, privilegiar la potestad de convocatoria del Poder Ejecutivo -es decir, de Kicillof- para imponer una modalidad de elección distinta, cumple con la formalidad de la norma, pero viola la legitimidad del proceso”. Esto lo dice una ultra-kirchnerista hablándole de Kicillof.

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Sigue: “No hay lugar para especulaciones [Kicillof]”. “No hay lugar para dirigentes que busquen acomodar el proceso electoral para beneficio propio”. Fíjense hasta qué nivel de temperatura está llegando la pelea entre Cristina y Kicillof. Esto lo escribe en su proyecto una senadora de Cristina. “Tampoco hay lugar para que, por conveniencia electoral, se imiten las prácticas de Javier Milei en la provincia”. Teresa García, es decir, Cristina, le está diciendo a Kicillof: “Sos como Milei”.

La letra chica del proyecto

Si la Corte termina excluyendo a Cristina Kirchner de la competencia, ¿de qué lado queda Kicillof? ¿Del lado de la Corte o del lado de Cristina? En el fondo, hay que hacerse una pregunta más allá de la cuestión penal. Desde lo político, ¿tienen derecho ella y su entorno a pensar que todo esto la embellece en la pelea contra quienes la quieren hostigar, como es el caso de Kicillof?

En el fondo, este conflicto entre Kicillof y Cristina tiene una característica que está contaminando toda la política argentina: no se entiende muy bien a qué se debe. Es, para usar palabras de una excelente entrevista que dio en su momento Fernando Henrique Cardoso, un conflicto que no logra politizarse. ¿Qué quiere decir politizar en este contexto? No logra Kicillof hacernos entender qué le pasó con Cristina. O, en todo caso, en qué tiene que ver el resto de la gente con su problema con Cristina. Eso es politizar algo: darle una dimensión colectiva que vaya más allá del conflicto individual, que es lógico en la política, que es propio de la política, que es la materia de la política: la lucha por el poder.

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Este es uno de los duelos. El otro duelo es en la Ciudad de Buenos Aires. Se presentaron las listas con una caracterización de la política porteña muy relevante. Todo lo que no es peronismo quedó fragmentado. Por eso el peronismo festeja el diseño que adquirió la oferta electoral. ¿Qué peronismo? El de Leandro Santoro, que dirige Juan Manuel Olmos, el líder del peronismo de la Capital. Curiosamente, Olmos se puso en el puesto número 11 de la lista. ¿Un gesto de humildad o un gesto de optimismo, pensando que van a entrar 11?

En la perspectiva del peronismo de la Capital, que dice: “Somos la primera minoría”, porque todo el resto se dividió entre La Libertad Avanza, el PRO, Larreta, los radicales, Lilita Carrió y la lista de la Coalición Cívica. También está Ramiro Marra, un desprendimiento de La Libertad Avanza, y Yamil Santoro con su hermano, que no sabemos si va a competir o no, pero que se llama Leandro Santoro. Hace una especie de estafa: usar un candidato con el mismo nombre que el candidato peronista.

Entonces, algo que era impensable, que el peronismo pudiera tener un protagonismo especial en la Capital, empieza a ser una posibilidad atendible. Es la lista de Santoro, que lleva en segundo lugar a Claudia Neira, vicedecana de la Facultad de Medicina. El peronismo levantando la bandera de la universidad pública, algo medio Franja Morada. Y a Fernando Mochi como tercer candidato, alguien procedente del mundo de los streamers, del mundo de las redes, de la política que transita por un lugar distinto al de los medios. Algo parecido a lo de Santiago Caputo y La Libertad Avanza, ir a buscar el voto joven en la red.

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El gobierno porteño, desafiado sobre todo por Milei, presenta a Silvia Lospennato y a Hernán Lombardi. Les van a discutir las candidaturas: tienen que demostrar que vivieron cuatro años en la Capital Federal, porque ambos tienen domicilio en la provincia. Es una lista muy Mauricio Macri, con el secretario privado del expresidente, que es legislador porteño, Darío Nieto, por ejemplo. Una lista a la que María Eugenia Vidal, que es la jefa de campaña de esa lista, le dio su visto bueno.

Este lunes, Mauricio Macri tuvo declaraciones muy duras, previsibles, contra Horacio Rodríguez Larreta, que arma su propia lista. Hay encuestas que dicen que arranca con un 12%—encuestas del peronismo no de Larreta—y si es así, le va a hacer daño a Jorge Macri y a Mauricio Macri.

La lista de Larreta es una lista larretista, de gente de su entorno. La encabeza él. Sigue Guadalupe Tagliaferri, presidenta de la Comisión de Acuerdos del Senado, que votó en contra de Lijo, justamente. Sigue Emmanuel Ferrario, un gran legislador porteño que fue presidente de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires cuando Larreta era jefe de Gobierno. Y reaparece Jorge Telerman en la política electoral, después de haber sido, entre otras cosas, director del Teatro Colón.

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Importa mucho la lista del gobierno nacional, con Manuel Adorni. ¿Por qué? Porque es la cara de Milei. ¿Se verá afectado Adorni por este clima financiero? No sabemos. Es una lista comandada por Adorni y todo lo demás armado por un personaje al que hay que ponerle la lupa: Darío Wasserman, vicepresidente del Banco Nación, esposo de la diputada porteña Pilar Ramírez, que es la voz de Karina Milei en la Legislatura. Es una lista muy agresiva contra Mauricio Macri. Por eso él se queja de Karina Milei. Y habrá que ver si son verdaderas las versiones que dicen que, en realidad, toda la enemistad, todo el conflicto, proviene de una negociación un poco opaca en la que Wasserman habría negociado con Jorge Macri una cantidad de renovaciones de contratos de distintos sectores con el gobierno porteño a cambio de algunas promesas de Jorge Macri —Wasserman como desarrollador de real estate—que no se cumplieron. Esto, que es bastante oscuro, muy “casta”, parece estar en el trasfondo del enojo de La Libertad Avanza—Karina Milei, Pilar Ramírez y Wasserman—contra Jorge Macri. Amistades que se rompieron en un terreno que es el menos presentable habitualmente en la política: el del dinero, el terreno crematístico.

Todo esto nos habla de un conflicto muy importante: el conflicto en la Ciudad de Buenos Aires, donde se dirime una cuestión central: ¿Quién lidera lo que va del centro a la derecha en la Argentina? ¿Lo lidera el PRO? ¿Lo lidera Milei? ¿Habrá posibilidad de una convergencia? ¿El PRO hará una elección suficientemente buena como para que, en octubre, Milei tenga que aliarse con él en la elección? Eso es lo que está en discusión. En el fondo, lo que se debate es si va a haber o no una coalición de gobierno, con Macri adentro, después de las elecciones de este año. Y esa es una discusión importante, porque nos habla—o nos empieza a plantear—un gran problema: qué capacidad parlamentaria va a tener este gobierno cuando salga de las urnas para llevar adelante las reformas que se le van a pedir en la economía para el año 2026.

Para esa pelea, el Gobierno todavía tiene que hacer mucha política. Pero cuidado: a pesar del dólar, a pesar de la discusión con el Fondo, a pesar de las torpezas de Luis Caputo, las encuestas siguen mostrando que la imagen de Milei cayó un poco, pero sigue habiendo un 43% de aprobación para el Gobierno. Sí, el 53% desaprueba, pero con esta aprobación, cuidado. Con esta aprobación, se puede ganar la elección. Esta aprobación es una aprobación de 80 diputados en la Cámara de Diputados a fin de año. Entonces, hay que calibrar muy bien cuánto pesa el descontento. Hay que calibrar muy bien hasta dónde influye el dólar, porque no sabemos si se traslada a los precios, o si se traslada a los votos.

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Encuesta de Hugo Haime y Asociados

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POLITICA

El Gobierno vuelve a enviar a Diputados la reforma penal juvenil y subsana una omisión clave: el costo

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El Gobierno volvió a enviar al Congreso el proyecto de reforma del régimen penal juvenil que había quedado trunco el año pasado, con una novedad central: por primera vez le asignó un presupuesto concreto para su implementación.

El texto, que ingresó esta mañana por la Cámara de Diputados, fija un costo total de $23.739 millones y detalla cuánto corresponde al Ministerio de Justicia y a la Defensoría General de la Nación, un punto que había estado ausente en la versión original.

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El proyecto mantiene, sin embargo, su núcleo más resistido: la baja de la edad de imputabilidad a 13 años, aun cuando el consenso parlamentario mayoritario se inclina por fijarla en 14.

Actualmente, un menor de edad puede ser juzgado y condenado a partir de los 16 años.

En la versión presentada en 2024, el artículo 51 se limitaba a establecer que los gastos derivados de la reforma se atenderían con los recursos previstos en las leyes de presupuesto y mediante reasignaciones de partidas, a cargo del jefe de Gabinete. No se precisaban montos ni fuentes específicas de financiamiento.

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Manifestantes exigen la puesta en marcha de leyes votadas e insistidas por el CongresoSantiago Filipuzzi

Ese esquema es similar al utilizado en otras leyes votadas por el Congreso y luego frenadas por el Poder Ejecutivo. Entre ellas, la emergencia en discapacidad y el financiamiento universitario, cuya aplicación fue suspendida por el presidente Javier Milei bajo el argumento de que no definían con claridad la fuente de los recursos necesarios.

En el nuevo proyecto, en cambio, el Poder Ejecutivo fija un costo total de $23.739.155.303,08 para la implementación de la reforma. De ese total, $3.131.996.784,28 corresponden al Ministerio de Justicia y $20.607.158.518,80 a la Defensoría General de la Nación.

El Gobierno vuelve a insistir con la baja de la edad de imputabilidad a 13 años, pese a que la propuesta no consiguió respaldo ni siquiera entre socios habituales del bloque libertario, como Pro y la UCR. En el dictamen que logró avanzar el año pasado -y que servirá de base para el debate de este año- el piso se fijó en 14 años. Esa alternativa fue acompañada tanto por aliados del Gobierno como por legisladores de Unión por la Patria referenciados en el Frente Renovador.

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El texto original, además, preveía una pena máxima de 20 años de prisión y prohibía expresamente la reclusión perpetua. Ese fue otro de los puntos que se modificaron durante la negociación: en el dictamen que avanzó, el tope de las penas privativas de la libertad para adolescentes quedó fijado en 15 años.

También se incorporaron criterios más restrictivos para la prisión efectiva. Solo se habilitaba cuando el delito tuviera una escala penal de diez años o más -siempre con un máximo de 15- y se preveían sanciones alternativas para el resto de los casos, salvo homicidios u otros hechos de violencia grave. El dictamen, además, reafirmaba garantías procesales, concebía la privación de la libertad como última ratio y establecía estándares estrictos para la detención de menores: alojamiento separado de adultos, módulos diferenciados y acceso garantizado a educación, salud y actividades.

El proyecto será tratado este miércoles en un plenario de las comisiones de Legislación Penal, Justicia y Presupuesto, y el jueves llegará al recinto de Diputados. Está firmado por el presidente Javier Milei, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; y el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona.

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POLITICA

El Gobierno envió al Congreso el proyecto para bajar la edad de imputabilidad a 13 años

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El Gobierno envió al Congreso el proyecto de ley de reforma del Régimen Penal Juvenil, con el eje puesto en la baja de la edad de imputabilidad a 13 años, y con la intención de acelerar su tratamiento parlamentario para que sea debatido en comisiones y, de ser posible, votado en el recinto de la Cámara de Diputados esta semana.

La iniciativa es idéntica a la que el Poder Ejecutivo había girado el año pasado y vuelve a colocar en el centro de la discusión uno de los temas más sensibles de la agenda penal: la responsabilidad de los adolescentes frente a delitos graves. El texto propone reducir de 16 a 13 años la edad mínima para que una persona pueda ser imputada penalmente, aunque en el oficialismo admiten que ese punto difícilmente prospere sin modificaciones.

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En los bloques de la oposición dialoguista ya dejaron en claro que el consenso político hoy se ubica un escalón más arriba. Referentes del PRO y de la UCR anticiparon que el acuerdo posible es fijar el umbral en los 14 años, tal como se había consensuado en el dictamen trabajado durante el año pasado. En ese escenario, se espera que el proyecto sea modificado cuando se firme el despacho de comisión, previsto para el próximo miércoles.

Otro de los aspectos que generaba resistencia y que comenzó a despejarse en las últimas horas es el financiamiento. Durante una reunión entre los presidentes de bloque y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el oficialismo aclaró que, a diferencia del texto original, esta vez sí habrá partidas presupuestarias específicas para implementar el nuevo régimen.

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Esa definición quedó plasmada en el artículo 51 del proyecto, bajo el título “Asignación Presupuestaria”. Allí se establece un monto total de $23.739.155.303,08 para el año 2026, con un detalle de los fondos que corresponderán al Ministerio de Justicia y a la Defensoría General de la Nación. La ausencia de recursos había sido uno de los principales argumentos de la oposición para frenar el avance de la iniciativa en 2025.

Según el cronograma difundido por la presidencia de la Cámara baja, la intención de La Libertad Avanza es dictaminar el miércoles en un plenario conjunto de las comisiones de Justicia, Familia y Niñez y Presupuesto, para llevar el proyecto al recinto el jueves 12 de febrero.

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Baja de imputabilidad: las claves del proyecto de reforma penal

Bullrich recibió días atrás a la familia de Jeremías Monzón y volvió a pedir la baja de la edad de imputabilidad. (Foto: Cámara de Diputados)

En cuanto al contenido de fondo, el proyecto mantiene la propuesta de habilitar la imputabilidad desde los 13 años para delitos considerados graves, como homicidios, robos con violencia, abusos sexuales y secuestros. Al mismo tiempo, define un régimen penal juvenil diferenciado del sistema de adultos, con límites específicos a las penas. En su versión original, el texto contempla condenas de hasta 20 años de prisión, aunque excluye expresamente la prisión perpetua, incluso en casos de concurso de delitos.

Desde el Gobierno sostienen que la reforma busca dar una respuesta a hechos de inseguridad protagonizados por adolescentes y evitar que organizaciones criminales se valgan de menores inimputables para cometer delitos. La lógica del proyecto apunta a combinar sanción penal con mecanismos de reinserción social, especialmente en los tramos más bajos de edad.

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En materia procesal, se establece que para los menores de hasta 15 años el juez podrá disponer medidas de privación de la libertad únicamente en casos graves, priorizando siempre alternativas orientadas a la resocialización. Para delitos de menor entidad, el proyecto prevé sanciones no privativas de libertad, como tareas comunitarias, reglas de conducta y mecanismos de reparación del daño causado.

Uno de los puntos que podría volver a modificarse durante el debate legislativo es el tope de las penas. En el dictamen consensuado el año pasado entre el oficialismo y los bloques dialoguistas se había fijado una pena máxima de 15 años de encierro para delitos especialmente graves, mientras que para conductas con escalas de hasta tres años se priorizaban sanciones alternativas. En ese esquema, la privación de la libertad quedaba reservada como último recurso.

El régimen penal juvenil también incluye la creación de institutos específicos para el alojamiento de adolescentes condenados, con la obligación de garantizar el acceso a la educación, atención médica integral y tratamiento para adicciones. El personal de esos centros deberá estar especializado en infancia y adolescencia y se prohíbe de manera taxativa cualquier tipo de convivencia con detenidos mayores de edad.

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El proyecto incorpora, además, un sistema de derechos reforzados para los adolescentes sometidos a proceso penal: patrocinio jurídico gratuito, asistencia psicológica y social, participación en instancias de mediación y el derecho a ser informados y escuchados durante todo el trámite judicial. Este punto fue uno de los que concentró el debate sobre los costos de implementación, ahora contemplados mediante la posibilidad de acuerdos entre la Nación y las provincias para el envío de partidas destinadas a infraestructura.

En paralelo, el texto también refuerza los derechos de las víctimas, garantizando acceso a asistencia legal y acompañamiento psicológico, así como su participación en el proceso y el derecho a recibir información sobre el avance de las causas.

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imputabilidad, Diputados, sesiones extraordinarias, La Libertad Avanza

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POLITICA

María Eugenia Vidal: “Lo del Indec fue un error innecesario y genera desconfianza”

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María Eugenia Vidal, exgobernadora bonaerense y exdiputada nacional, retoma su actividad tras algunas semanas de descanso. En un café con el frente color amarillo, donde es habitué, y lejos de su banca en el Congreso, mantiene su apoyo a La Libertad Avanza (LLA) en cuanto a cambios estructurales. “Ojalá que la reforma laboral se sancione en estos días”, dice la dirigente de Pro, hoy monotributista dedicada a la consultoría privada y a la docencia después de 25 años en el sector público.

Por otra parte, expresa desconfianza en el Gobierno por el atraso en la nueva metodología para medir la inflación en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec): “Las explicaciones no quedaron claras”. Además, critica la creación de la Oficina de Respuesta para juzgar a la prensa al decir que “no se puede gobernar con una sola verdad” y defiende a Ian Moche, el niño con autismo atacado por la gestión libertaria.

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Vidal llega puntual, y se sienta en la cabecera de una mesa grande. A su costado deja una cartera de cuerina y un saco rojo. Pide agua sin gas, desvía la mirada a la vidriera y le sonríe a una madre y su hija que la saludan del otro lado.

— ¿A qué se dedica hoy?

— Estoy trabajando con el sector privado: me puse mi propia consultora cuando dejé el Congreso, trabajo asesorando empresas. Hace ya varios años que doy clases en la universidad. También en la Fundación Pensar, donde soy presidenta. Ahí trabajamos mucho para la renovación de Pro, para formar nuevos dirigentes. Hoy tenemos un programa con tres universidades: Di Tella, San Andrés y Austral. Esto de preparar equipos es algo que el Pro priorizó mucho y me gusta mucho trabajar en eso también.

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— Tiene una pyme, podría decirse…

— Sí, así es. Todavía no tengo personal a cargo, soy yo sola. Es un emprendimiento más que una pyme. Recién estoy arrancando, con todas las dificultades después de 25 años en el sector público, pero me gusta empezar de cero. Creo que es bueno y le pasa a muchas mujeres de mi edad también, ¿no? Aprendo de ellas.

María Eugenia Vidal en la Plaza Francia del barrio porteño de RecoletaHernan Zenteno –

— Entonces, no está en un trabajo en relación de dependencia, ¿es monotributista?

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— Sí, estoy inscripta. Facturo mis servicios, no en las dos fundaciones que estoy a “ad honorem”, pero en el resto de mis trabajos sí. Doy charlas también, todavía no arranqué, pero ya tengo algunos pedidos.

— Decía que nunca había estado en relación de dependencia, ¿eso tiene algo que ver con su apoyo a la reforma laboral?

— Yo creo que el rol de Pro ha sido muy claro desde el principio de este Gobierno, que es apoyar lo que le hace bien a la Argentina. Ojalá que la reforma laboral se sancione en estos días, es un gran paso adelante. Realmente creo que es bueno para los trabajadores y para las pymes porque baja impuestos. Además, tiene algunos extras como la declaración de la educación como servicio esencial, que es algo que desde Pro venimos peleando hace muchos años. La ley actual no funciona, tiene 50 años y hace 15 que la Argentina no genera trabajo privado registrado. Hay que cambiar, y dejar de lado discusiones prejuiciosas, estériles y entender que hay que generar nuevas herramientas para que se genere trabajo en el país.

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Reunión entre el ministro del interior Diego Santilli y el diputado nacional Cristian Ritondo, donde Pro ratificó su apoyo a la reforma laboralX.com

— Respecto de otras medidas de Gobierno, ¿no siente un poco de incomodidad en el Pro con el caso del Indec, por ejemplo?

— Así como apoyamos lo que significa un avance, también está bien decir con lo que no estamos de acuerdo. Lo del Indec fue un error del Gobierno, un retroceso. Costó mucho recuperar la credibilidad después de Guillermo Moreno, muchos años hasta que los argentinos volvimos a confiar. La inflación y la pobreza no son un números: impactan en la vida de la gente. Las jubilaciones, paritarias, bonos se ajustan por lo que dice el Indec. Entonces, que lo que diga el instituto no sea discutido es muy relevante.

— ¿Estaría de acuerdo con el cambio de la metodología para medir la inflación?

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— Nosotros hicimos la encuesta de gasto, que es la base para cambiar la metodología, en el 2018. Nuestro gobierno entendía que había que hacer cambios porque la canasta era vieja. Se miden cosas que ya no son parte del consumo de los argentinos y otras que sí no son medidas. Ese cambio Alberto Fernández no lo hizo. Este Gobierno venía trabajando y sorpresivamente, unos días antes de que se publicara, decidió desechar la metodología. Eso afecta la confianza, la certidumbre y son errores innecesarios cuando se está avanzando en reformas tan estructurales como la laboral.

— Hay una variedad de opiniones en el Pro respecto de los pormenores de la renuncia de Marco Lavagna, ¿no?

No creo que este sea un tema de quién está al frente del Indec, sino de que el Gobierno cuide la confianza sobre el organismo. Cuando en el PRO decimos que las instituciones importan, este es un buen ejemplo. Cuidar la credibilidad del INDEC es muy importante. Si durante 2 años se formó un nuevo índice, ¿por qué 15 días antes decidís no publicarlo? Las explicaciones no quedaron claras y eso genera desconfianza. Decir que tienen que construir una nueva metodología después de dos años en que el propio gobierno la viene armando es difícil de entender.

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Marco Lavagna, ex director del IndecINDEC

— Me comentaba de las dudas en el Pro ante estas medidas. ¿Hay dudas también en la Oficina de Respuesta o en el DNU sobre la SIDE?

— Así como el Pro ha apoyado y va a seguir apoyando todo lo que es estructural y de cambio profundo, sin condiciones y a cambio de nada, también es honesto criticar al Gobierno si hace algo por lo que criticábamos al kirchnerismo. No se puede gobernar con una sola verdad y la intolerancia al que piensa distinto no está bien. Se lo dijimos al kirchnerismo y si vemos que el Gobierno lo hace, también lo tenemos que decir, porque no es bueno para el país. Parte de nuestro rol también es decir cuando algo está mal.

— ¿Considera que el apoyo del Pro termina beneficiando a LLA? Es decir, ¿hay ganancia para el Pro siendo que le competirán al Gobierno el año que viene?

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— Hay mucha especulación y esa es la manera más fácil de alejar al votante. El que te vota quiere que hagas lo mejor para él, independientemente de tus costos o beneficios. Eso es lo que Pro viene haciendo, con errores y aciertos. Si gobierna Milei y propone un cambio que tenía que ver con propuestas nuestras, está muy bien. ¿Importa si las cosas son de Macri o de Milei, o importa que eso suceda? Parte del triunfo de Milei tuvo que ver con que la política hace tiempo que dejó de discutir qué era lo mejor para los argentinos. La gente se dio cuenta y por eso buscó a alguien que viniera a romper todo el sistema. Si los que somos parte de la política no comprendemos eso, no entendimos el mensaje.

— Se comenta mucho sobre un candidato outsider en el Pro para el 2027. ¿Ve una intención de querer repetir lo que fue Milei?

— Creo que para la elección del 2027 el Pro tiene que definir un líder, más allá de si es de la política o no. Mauricio Macri, aún antes de hacer política, era un líder. Necesitamos definir un líder, un equipo y una visión de país a lo largo de todo este año, aparte de la discusión del outsider. La tarea de la presidencia es difícil, y no la hace una persona sola. Termina el año y vamos a tener 50 personas jóvenes de menos de 40 años listas para asumir un cargo público en todo el país. Para mí es es un gran aporte a la Argentina: gente preparada. El tiempo pasa rápido y y tenemos que cambiar muchas cosas todavía en Argentina, recién arranca esto.

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Mauricio Macri, presidente de Pro@mauriciomacri

— ¿Cree que Macri va a poder tener su segundo tiempo?

— Mauricio es el líder de Pro y está en él la decisión de si quiere ser candidato o no. Una cosa es ser líder y otra es ser candidato. Él sigue siendo líder pero tiene que definir si quiere ser candidato, lo que le corresponde totalmente a él y no a Pro. Primero porque es una decisión personal para empezar. Después probablemente sea una decisión partidaria, pero él tendrá que hacer su elaboración de eso. Pero no tengo duda que tiene oportunidad, si quisiera hacerlo.

— ¿Piensa participar el año que viene para la presidencia de Pro?

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— Paso a paso. Hoy estoy muy concentrada en esta nueva etapa de mi vida profesional. Falta mucho tiempo para el 2027 y muchas definiciones previas de Pro, así que no estoy apurada para nada. Si hay algo que no me desespera es es correr por cargos.

— Si vuelve a la política, ¿sería en la Ciudad?

— La Ciudad es mi distrito y mi prioridad es que Pro la gane en 2027, más allá del lugar que me toque a mí. Cada jefe de Gobierno de Pro le ha dado su impronta a la Ciudad y creo que Jorge también se le está dando ahora. Me gusta mucho lo que está haciendo en materia de orden del espacio público, era algo necesario. Las obras de infraestructura que está llevando adelante y las cosas menos visibles, como la renovación de equipamiento hospitalario, en materia educativa. Quiero que el equipo de Pro siga gobernando, no por por un tema de marca, sino porque creo que Pro ha hecho y puede seguir haciendo muy buenas cosas en la Ciudad.

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Jorge Macri, jefe de Gobierno porteñoMariano Blanc

— ¿Siente que Jorge Macri se está endureciendo respecto de gestiones anteriores?

— Son todos líderes distintos y son contextos diferentes. Si el jefe de Gobierno de Pro de hoy quisiera hacer lo que hizo Mauricio en los primeros dos años, no hubiera entendido nada. Me parece bien que cada que cada jefe de Gobierno le ponga su impronta a la gestión y que se adapte a las demandas que tienen los porteños. Tal vez la demanda de desalojo no era la primera que tenía cuando Mauricio asumió años atrás. Hoy el orden del espacio público y la defensa de la propiedad es un valor y el Gobierno de la Ciudad actúa en consecuencia.

— ¿No responde a una demanda o un discurso propio de LLA? ¿No se está perdiendo una moderación más propia de Pro?

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— No siento eso. Siento que había una demanda de orden con los manteros, con la intrusión de la propiedad, que en el fondo no es más que la evidencia de un valor que el Pro siempre defendió: el esfuerzo y el mérito. La Argentina, más allá de la Ciudad, necesita recuperar esta idea de que no es lo mismo hacer las cosas bien que mal, sin que se convierta en una discusión de extremos, de izquierda o de derecha. Si se dedicó durante muchos años, mucho esfuerzo presupuestario a la urbanización de barrios, que me parece bien, es justo que ahora se priorice a la clase media. Yo no lo pongo bajo el tamiz de lo partidario o lo ideológico.

— ¿Qué piensa de las críticas que le hace Horacio Rodríguez Larreta?

— Recorro los barrios semanalmente, me junto con vecinos y hago encuentros con comerciantes y hay un reconocimiento de que la seguridad y la limpieza han mejorado en todos los barrios a dónde voy. Lo importante de un gobierno es registrar el reclamo y mejorarlo. Después están la campañas, pero en la práctica lo que veo y escucho es eso.

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Horacio Rodríguez Larreta, ex jefe de Gobierno y legislador porteñoHernan Zenteno –

— ¿Cuál sería la estrategia en la Ciudad? ¿Una alianza con LLA, o ampliar Pro y recuperar a Larreta?

— Me parece todo especulación, está muy bien que otros se preparen para asumir. Nosotros trabajamos para gobernar cada día mejor, ese es el mandato que tenemos. No estamos preparándonos para tener un nuevo gobierno, sino haciendo las cosas lo mejor posible. Todavía estamos lejos de discutir en una mesa la estrategia electoral para 2027.

— Con la creación de la Oficina de Respuesta, ya que en su momento estaba el Nodio que usted y muchos de Pro repudiaron públicamente, pero ahora apoyan o callan. ¿Qué le genera eso?

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— No me parece bien la iniciativa de la Oficina de Respuesta, más allá de si se lleva recursos o no. LLA como partido político tiene todo el derecho de hacer una página donde quiera decir todo lo que tenga que decir para defenderse y hacer fake news. No creo que sea una tarea del gobierno y si me pareció mal antes, me sigue pareciendo mal ahora. No cambié de opinión.

— ¿Cómo ve a Milei en ese sentido, luego de haber ganado la elección de medio término?

— Valoro mucho, y por eso apoyé como diputada todas las reformas profundas, la valentía de del Gobierno y del Presidente en particular de dar peleas que parecían muy difíciles. La estabilidad, la baja de inflación y la ausencia de déficit son un valor. Son cosas que yo creía muy necesarias en la Argentina y no era tan obvio que se podían hacer. De la misma forma no estoy de acuerdo con la intolerancia y con la agresión al que piensa distinto. Además, creo que la gestión del Gobierno Nacional se puede mejorar. Todavía está pendiente la concesión de miles de kilómetros de ruta que podrían mejorar el sector privado sin que el Estado ponga un peso.

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Javier Milei, Presidente de la Nación, y Patricia Bullrich, senadora nacional por la Ciudad de Buenos AiresPresidencia

— ¿Eso sería algo para lo que usted define como posmileísmo?

— No lo defino como posmileísmo. Ojalá lo hagan hoy. Las rutas están mal hoy. No hace falta esperar 2 años. Nosotros en la Ley de Bases dimos una autorización para la privatización y concesión de ocho empresas públicas. Todo eso es gasto que se podría transformar en baja de impuestos. En eso no se avanzó. La gestión importa por estas cosas. El Pro va a apoyar la baja de edad de imputabilidad a los 14 años la semana que viene. Una vez que esté la ley, tiene que estar la infraestructura. ¿A dónde van a mandar a los chicos que estén condenados, cuál es el tratamiento, quiénes son los profesionales que lo van a llevar adelante? Más allá de la batalla cultural, después hay que transformar esas ideas en realidad.

— Hablando de batalla cultural, cuénteme de la foto que subió con la remera de Ian Moche…

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— Yo a Ian lo conocí hace más de un año. Me vino a ver a mi oficina, sé que había visto a muchos políticos de distintos partidos. Él me quería contar en primera persona qué significaba el autismo en su vida, y qué creía que los políticos teníamos que hacer para ayudar a las personas con su condición. Tuve una muy linda charla con él, aprendí mucho. No entendí por qué el Presidente lo descalificó en su momento y por qué ahora se pone en duda su condición. Subir una foto con su cara fue una manera de mostrarle a un chico, porque es un chico, que no está solo. Hay muchos que creemos en él. Fue una muestra de apoyo.

La foto que María Eugenia Vidal subió a redes sociales en apoyo a Ian MocheGentileza

— Habla de no estar solo, ¿quién acompañará a Pro de cara al futuro?

— Más allá de que no estén en la Presidencia o no sean gobernadores, ya hay líderes. Soledad Martínez, la intendente de Vicente López, ya es una líder. Martín Yeza, diputado nacional, es un líder. Esteban Allacino, nuestro intendente de Luján de Cuyo, es un líder. Gabriel Pradines, que quiere ser intendente de Guaymallén, también, como Facundo Masoni que es intendente en Viamonte, Córdoba. Ellos ya fueron votados y están demostrando sus capacidades.

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— Ignacio Torres, gobernador de Chubut, ¿puede ser un posible candidato para el año que viene?

— A Nacho no lo mencioné, pero sin duda para mí es un líder de renovación que ocupa un lugar importante. De vuelta, como con Mauricio, una eventual candidatura tiene que ser una decisión de él antes de que haya una evaluación partidaria. Nacho está haciendo un gran trabajo en Chubut, la gestión Pro es una buena vidriera de quiénes somos. Nuestros tres gobernadores están haciendo un gran trabajo.

Ignacio «Nacho» Torres, gobernador de ChubutRodrigo Nespolo

— ¿Qué piensa sobre el rol de Torres en Provincias Unidas?

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— El Pro tomó una decisión muy clara en la elección de 2025 en su consejo nacional partidario. Cada distrito eligió su estrategia electoral y por eso hubo 10 provincias donde Pro fue en alianza con LLA y otras 14 donde no. Cada provincia eligió su mejor estrategia electoral y su mejor modo de representación. Así como no cuestiono el acuerdo en la provincia de Buenos Aires tampoco cuestiono que Nacho haya ido en un frente con Provincias Unidas. Él tenía la libertad partidaria de hacerlo.

— Hablando de frentes, cuando dejó su banca hablaba de dar una batalla para que Pro entre en un eventual balotaje contra Milei…

— Yo pongo en duda eso. Creo que el kirchnerismo se está autodestruyendo solo (risas), no necesita que nadie lo empuje. Están todo el día con internas, estuvieron peleándose meses por la presidencia del PJ bonaerense. Cuando miro la provincia de Buenos Aires y sus problemas, me pregunto cómo tiene tiempo el gobernador Axel Kicillof para discutir por una candidatura partidaria. Creo que eso le muestra a la gente que no los están representando, y quedó demostrado con el triunfo electoral en octubre. Yo hoy no veo liderazgo en el kirchnerismo que defina una elección polarizada. Creo que depende de nosotros: tenemos que dejar de mirar al resto y trabajar sobre nosotros, ser la mejor versión de Pro.

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El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel KicillofPrensa PBA

El fotógrafo la espera afuera a la sombra de los árboles de la plaza Francia, en una tarde que difiere de la vigente ola de calor. Se saca las fotos con el saco puesto, y rápidamente regresa al café. No sería su primer compromiso del día.


Cuando en el PRO decimos que las instituciones importan,Cada jefe de Gobierno de Pro le ha dado su impronta a la Ciudad,pero ahora apoyan o callan,más allá de si se lleva recursos o no,por qué ahora se pone en duda su condición,la presidencia del PJ bonaerense,María Eugenia Vidal,Pro (Propuesta Republicana),Indec,Conforme a,,Corrupción en Discapacidad. Procesaron a Spagnuolo por asociación ilícita, fraude y sobornos,,Análisis. El estreno de la hegemonía mileísta,,PJ bonaerense. Sale Máximo Kirchner y entra Kicillof, pero la interna sigue latente debajo de la «lista de unidad»,María Eugenia Vidal,,Terrenos públicos. Un proyecto de un legislador cercano a María Eugenia Vidal podría favorecer al peronista Víctor Santa María, el jefe de los porteros,,»Después de los 50 no es fácil». Vidal dijo que le cuesta conseguir trabajo y que empezó un curso antes de dejar su banca en Diputados,,En la previa a la reunión con Milei. Mauricio Macri: “Pro está más vivo que nunca y tendrá candidato en 2027″

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