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ECONOMIA

El riesgo del carry trade: la City habla del talón de Aquiles que amenaza al plan Caputo

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En el gobierno se tomaron en serio la pelea por imponer el mantra «Esta vez es diferente». Al punto que los ideólogos del nuevo plan económico –Federico Furiase, Felipe Núñez y Martín Vauthier– decidieron salir a defender su argumento en todos los campos. Además de las redes sociales, empezaron a aparecer en medios de comunicación y ahora anunciaron que serán panelistas en un programa de streaming del canal Carajo -fundado por el célebre Gordo Dan-, junto a Pablo Pazos, más conocido como «Gordo Pablo» entre las huestes libertarias.

El objetivo, como ya quedó en claro con los esfuerzos didácticos de Furiase en televisión y con las polémicas de Núñez en las redes sociales, es claro y concreto: disipar los temores de que el nuevo esquema de flotación en una banda cambiaria no terminará de manera traumática, como otras experiencias de la propia historia argentina y del escenario internacional.

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No es una tarea fácil, dado que muchos economistas, incluyendo algunos que tuvieron experiencia en cargos de gobierno, plantearon dudas sobre el sostenimiento del nuevo esquema. Entre los principales cuestionamientos figura la dificultad del Banco Central para acumular reservas genuinas -es decir, que surjan del ingreso de dólares por inversiones o exportaciones y no por la asistencia del Fondo Monetario Internacional-.

«No confundir reservas compradas con reservas prestadas. Lo primero es tierra firme: reservas a cambio de demanda voluntaria de pesos (por inflación baja y tipo de cambio no desalineado)», advirtió el ex ministro Hernán Lacunza, que en las últimas semanas se transformó en blanco del enojo de Javier Milei.

También hubo advertencias respecto de que las inversiones que realmente sostienen un esquema cambiario son las que hunden capital, y no las que ingresarán para buscar una ganancia financiera de corto plazo y salir antes de las elecciones -por el libre flujo con estadía mínima de seis meses que instauró el BCRA-.

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Héctor Torres, es representante argentino ante el FMI, fue explícito sobre el tema: «No hay que confundir carry trade (arbitraje) con inversiones. Como escuché de un banco de inversión: ‘Argentina is tradable but not (yet?) investable’«. La traducción del inglés sería: «Argentina es buena para hacer trading pero no (¿por ahora?) para invertir».

Problemas de flujo

El punto sobre qué tan grave es la dificultad para generar reservas se acrecienta ante las evidentes reticencias de los productores sojeros, que dudan sobre si este sea el momento para exportar sus tenencias. Pero, sobre todo, lo que sigue generando preocupación es el déficit de cuenta corriente, que lleva 10 meses acumulados y con pocas señales de revertirse.

De hecho, en la balanza comercial, donde el gobierno espera un holgado superávit, ya se estaría registrando un déficit de u$s1.112 millones en el primer trimestre si no fuera por el impacto del rubro energético. Pero justamente ese rubro podría resentirse por la caída de los precios en el mercado internacional.

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Y las importaciones, que según Toto Caputo se habían adelantado por la especulación de una devaluación, no están dando señales de normalización sino que, por el contrario, en los últimos días se habló en el mercado sobre un incremento en la llegada de productos chinos.

Además, está el problema del turismo emisivo, que, como demuestra la historia reciente, nunca se debe subestimar. De hecho, lo ocurrido en los últimos meses deja en evidencia que el gasto de argentinos en el exterior puede neutralizar y hasta superar el ingreso de u$s8.000 millones por el rubro de petróleo y gas.

En definitiva, las principales críticas apuntan a que, a diferencia de lo que afirma Javier Milei, la economía argentina no tiene solamente «problemas de stocks» -falta de reservas- sino que también está sufriendo «problemas de flujo» -a este tipo de cambio, salen más divisas de las que entran-.

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Para el corto plazo, hay cierto consenso respecto de que el BCRA podrá cumplir la exigencia de sumar u$s4.400 millones de reservas. Por más que los productores agrícolas vendan a regañadientes, no deja de ser el momento estacional de la liquidación masiva.

En cambio, la situación empieza a cambiar en la segunda mitad del año, para empezar porque en julio hay un vencimiento fuerte por más de u$s4.500 millones.

¿El dólar flota?

El gobierno tiene su argumento preparado ante cada crítica sobre atraso cambiario: en un régimen de tipo de cambio flotante, el precio lo fija el mercado. Y si en realidad estuviera atrasado, habría saltado al techo de la banda.

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Pero también ese punto es objeto de intensa polémica. Para empezar, porque un cambio flotante no es garantía contra una pérdida de competitividad. Es lo que se ha estudiado ampliamente como «enfermedad holandesa» y afecta a muchos países que concentran su exportación en pocos productos.

Pero, sobre todo, porque sigue habiendo cuestionamiento a que el nuevo régimen implique una flotación pura. Por más que el BCRA ya no compre ni venda en el mercado, hay formas indirectas de incidir sobre el cambio, como las operaciones con bonos y los incentivos al carry trade.

«Eso pasa cuando ‘forzás’ un régimen nuevo que recién arranca: corrés el riesgo de sumarle una volatilidad que de otro modo no hubiera tenido y condenarte a tener que seguir forzándolo para aplacarla«, criticó el economista Gabriel Caamaño, en referencia a los movimientos de suba, posterior caída y nueva suba que tuvo el dólar desde que empezó el esquema de banda.

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Lo cierto es que hay un debate en el mercado respecto de cuáles son las condiciones para hacer el carry trade aprovechando las tasas altas. Hay quienes argumentaron que Caputo diseñó el plan de forma tal que el dólar se recostara sobre el piso de la banda, dado que la entrada de inversores dolarizados en busca de renta reforzaría el fenómeno de la «escasez de pesos».

Sin embargo, hay quienes hacen el razonamiento opuesto: que el carry trade sólo tiene sentido cuando el dólar está cerca del techo, porque es cuando tiene poco margen de volatilidad. Así, una cotización inferior a los $1.250 es riesgosa, porque cualquier salto dentro de la banda anulará las ganancias de un título a seis meses con tasa nominal de 35%.

El fantasma de 2018

Pero, sobre todo, lo que quiere remarcar el gobierno es la diferencia con otras experiencias parecidas. En particular, la más reciente, aplicada en 2018 con la venia del FMI,  durante la gestión de Mauricio Macri, y con Guido Sandleris al frente del Banco Central.

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La banda implicaba que el BCRA sólo intervendría cuando el tipo de cambio tocara el techo, y se abstendría de vender dólares mientras el tipo de cambio flotara dentro de los límites. Hubo un primer momento exitoso, en el que el dólar se recostó contra el piso e incluso lo perforó -algo que llevó a que el Central, durante algunas semanas, volviera a comprar divisas-.

La estrategia se complementaba con una fuerte contracción monetaria y con una suba de tasas de interés, algo que aceleró la tendencia recesiva de la economía. Un alto costo desde lo social y lo político, pero lo cierto es que, al inicio, con la banda de flotación se logró eliminar la volatilidad.

Sin embargo, el sistema reveló problemas. La diferencia entre el piso y el techo de la banda era de 25%, algo que el mercado veía como demasiado amplio. Bastaba con cualquier cambio de expectativas en las condiciones externas para que el dólar se despegara del piso, sin que el BCRA pudiera intervenir. Fue así que el FMI dio concesiones al plan original. Se permitió que el Tesoro licitara dólares hasta u$s60 millones diarios. Y, cuando eso resultó insuficiente, se corrigió la pendiente de la banda cambiaria, que dejó de ser ascendente y quedó «congelada». Era algo que, en los hechos, acercaba el límite para que el BCRA tuviera posibilidad de intervenir.

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Pero tampoco fue suficiente: en un contexto de incertidumbre política -era un año electoral y el kirchnerismo avanzaba en los sondeos-, los inversores reaccionaron con pánico y dolarizaron sus portafolios mientras los productores agropecuarios ralentizaron sus liquidaciones.

Finalmente, el FMI tomó una decisión que, en los hechos, daba por terminada la vigencia de la banda cambiaria: autorizó a que el BCRA interviniera a discreción en el mercado. Mientras duró la ese sistema, se liberaron desembolsos adicionales por u$19.000 millones.

Parecidos pero diferentes

Una demostración de la preocupación del gobierno es la disposición de los funcionarios a polemizar en las redes sociales. Como Felipe Núñez, quien se trenzó en una discusión con el trader «Juancito Nieve».

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El inversor le recordó que en la experiencia macrista, el Central había logrado comprar reservas por u$s560 millones en el piso de la banda, a un precio que, traído a términos de hoy, equivale a $1.700 y una tasa de interés que duplica a la actual. En ese momento, las reservas superaban a las actuales en un 70% y también había una política de «emisión cero».

Núñez planteó el argumento oficial: no hay comparación posible entre la banda cambiaria de 2018 y la de hoy, porque tanto el contexto político como el financiero son diferentes.

«Es todo lo opuesto a lo que sucede hoy: el ajuste ya lo hicimos por nuestra propia voluntad, la posición técnica es muy buena y la imagen del Javo es super sólida + la oposición es un desastre y por lo tanto no hay expectativa de que vuelvan», planteó el funcionario.

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Pero su argumento central es que en el gobierno de Macri todavía se emitían pasivos remunerados, y que por eso no puede argumentarse que había una base monetaria fija como la actual. Y que el gasto público era de 45% del PBI, mientras que ahora es de 34,5%.

«Nuestro argumento siempre fue que este modelo cierra con una apreciación del tipo de cambio», afirmó el ideólogo del plan «de las tres anclas», que defiende la noción de que hay un cambio de paradigma en la economía argentina. Un argumento que, de momento, está lejos de generar unanimidad en un mercado desconfiado.

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Dato de inflación del INDEC cambió el semáforo de bonos: cuáles recomiendan ahora brokers de bolsa

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El 2,9% de inflación que informó este martes el INDEC, sumado al 3,1% que registró el IPC de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente a enero, volvió a sacudir los supuestos con los que el mercado venía trabajando desde principios de año. Estos datos no se traducen como un quiebre del proceso de desinflación, pero sí de una señal incómoda que obliga a recalibrar expectativas en el corto plazo y, sobre todo, a reordenar estrategias en renta fija. En ese contexto, el tradicional «semáforo de bonos» recuperó protagonismo en la City, ya como una herramienta de gestión para diferenciar potenciales ganadores y perdedores en un escenario de inflación más persistente de lo previsto.

Y es que el número de CABA no pasó desapercibido porque llegó acompañado de una composición que refuerza las dudas del mercado. Los servicios volvieron a mostrar aumentos elevados, los regulados siguieron presionando y la baja en algunos bienes no alcanzó para compensar el arrastre general. Para muchos operadores, el dato funcionó como una advertencia, en donde, el proceso de desinflación sigue en marcha, pero no será lineal y probablemente encuentre más resistencia entre enero y marzo.

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Esa lectura es la que explica por qué, en la última rueda, las principales mesas de dinero comenzaron a ajustar carteras y a marcar diferencias más finas entre tramos, legislaciones y duration dentro del universo de bonos soberanos.

Por qué CABA cambió el humor

En la City remarcan que el problema no es el nivel puntual del índice porteño, sino su implicancia sobre el timing. Hasta diciembre, el consenso implícito era que la inflación podía converger más rápido hacia registros cercanos al 2% mensual, habilitando una compresión acelerada de tasas reales y spreads soberanos.

El dato de enero obligó a moderar ese optimismo.

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Las expectativas implícitas de inflación se ajustaron al alza en el tramo corto de la curva, mientras que las tasas reales comenzaron a mostrar una leve recomposición. En términos prácticos, esto implica que no todos los bonos reaccionan igual frente a un escenario de inflación algo más pegajosa.

De ahí que el semáforo, que durante buena parte del rally parecía teñido de verde casi homogéneo, ahora muestra matices más claros.

Bonos en verde

Los que mejor absorben un escenario de inflación más resistente

En la zona verde del semáforo se ubican aquellos bonos que combinan liquidez, carry atractivo y una relación riesgo-retorno todavía favorable, aun bajo supuestos más conservadores de desinflación.

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Los bonos soberanos en dólares de referencia, como el GD30 y el GD35, siguen siendo señalados como los papeles más defensivos dentro del universo hard dollar. Su elevada operatoria, tanto en la plaza local como en Wall Street, les permite absorber mejor episodios de volatilidad y funcionar como vehículo principal para capturar una eventual compresión adicional del riesgo país.

Balanz veo con buenos ojos el GD38, en sus propias palabras: «Seguimos recomendando los GD38, que ofrecen una combinación atractiva de upside, carry y un riesgo de duración relativamente menor. Esperamos que la curva converja hacia niveles consistentes con una calificación B- (400–450 pb) a medida que continúe la acumulación de reservas en los próximos meses, lo que debería beneficiar en mayor medida al tramo largo.»

En paralelo, los bonares de legislación local, con el AL30 a la cabeza, conservan atractivo por la diferencia de tasa -más alta- que todavía ofrecen frente a sus pares bajo ley extranjera. Si bien esa brecha viene comprimiendo, varias mesas coinciden en que aún no se cerró del todo, lo que deja margen para un retorno adicional sin necesidad de asumir duration excesiva. Para Balanz: «El AL30 mantiene 160 puntos básicos de spread de rendimiento respecto del GD30, lo cual resulta atractivo para capturar un mayor retorno. Como venimos mencionando, aunque el spread de legislación viene comprimiendo, en línea con nuestra recomendación, sigue injustificadamente alto para el contexto actual

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Dentro del mundo en pesos, el foco se desplazó con claridad hacia el tramo largo CER. Bonos como el TZX28 ganaron protagonismo como cobertura natural ante una inflación que, si bien desciende, podría hacerlo a un ritmo más lento de lo esperado. Para los inversores institucionales, estos instrumentos permiten proteger poder adquisitivo sin resignar completamente rendimiento real, algo clave en un primer trimestre que luce desafiante.

Para el manejo de la liquidez, Balanz y Facimex recomiendan el bono CER con vencimiento el 31 de marzo, el TZXM6.

Bonos en amarillo

Con valor, pero con más riesgo

En la franja amarilla aparecen los bonos que todavía muestran valor, aunque exigen una lectura más fina y un manejo cuidadoso de la duration. Aquí se concentran los títulos que ya capturaron buena parte del rally y cuya performance futura depende en mayor medida de catalizadores específicos.

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Los globales más largos, como GD38 o GD41, continúan siendo recomendados por algunas mesas con horizonte de mediano plazo, pero ya no con el mismo entusiasmo que meses atrás. El argumento es que el upside -la potencial suba de precio- existe, pero quedó más condicionado a una baja adicional del riesgo país y a la consolidación del proceso de acumulación de reservas.

Algo similar ocurre con los bonos CER de duration media (TZX26, X31L6 y TZXA7), que reflejaron una fuerte demanda en semanas previas. Si bien siguen siendo una herramienta válida, varias mesas sugieren dosificar exposición y evitar sobrecargar carteras con instrumentos que pueden mostrar mayor volatilidad ante cambios en expectativas inflacionarias de corto plazo.

Los bopreales (BPY26, BPOA7, BPOB7 y BPOD7) quedan ubicados en zona amarilla, no por un problema de riesgo crediticio estricto, sino por una cuestión de rendimiento. A los precios actuales, estos instrumentos muestran TIR sensiblemente más bajas que las que ofrecen los globales y bonares comparables, lo que reduce su atractivo relativo para estrategias que buscan maximizar carry o capturar compresión adicional del riesgo país.

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Sin embargo, las mesas de la City coinciden en que no corresponde ubicarlos en rojo. La razón es que los bopreales conservan un perfil de riesgo más acotado, con menor volatilidad, una duration moderada y una mejor cobertura ante escenarios adversos, especialmente frente a episodios de tensión cambiaria.

En un contexto donde la inflación luce más persistente y el mercado ajusta expectativas, estos bonos funcionan más como instrumentos defensivos que como apuestas de retorno agresivo.

En cuanto a los bonos en tasa fija, el S16M6 y el S17A6 ganan protagonismo para las carteras que buscan devengamiento rápido -manejo de la líquidez-. Aun así, estos títulos de renta fija están un escalón por debajo del TZXM6 y es por esta razón que se ubican en el color amarillo y no verde.

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Por último, en el segmento de deuda sub-soberana, algunos bonos provinciales bien fundamentados -como Córdoba 35 y Santa Fe 34, SFD34- también quedaron en amarillo. Los fundamentals siguen siendo sólidos, pero los spreads se comprimieron de forma significativa, reduciendo el margen de seguridad frente a eventuales shocks. El problema de este tipo de instrumentos es su liquidez, siendo muy difíciles de encontrar y aquellos que se encuentren dificilemente justifiquen pagar el sobreprecio frente a los bonos más líquidos. Por esto, la alternativa de los bonos provinciales queda reservado para aquellas mesas grandes o para aquellos inversores con calculadora en mano que puedan cazar estos instrumentos por pantalla.

Bonos en rojo

Los que el mercado empieza a evitar

El cambio más notorio del semáforo tras el dato de CABA se observa en el color rojo. Allí aparecen los instrumentos que, a juicio de la City, ya no pagan el riesgo que implican bajo el nuevo escenario de inflación más persistente.

Los bonos a tasa fija de mayor plazo en pesos (T30A7, T31Y7 y T30J7) encabezan este grupo. Con expectativas inflacionarias algo más altas en el corto plazo, y un Gobierno decidido a mantener tasas altas para controlar la inflación y el tipo de cambio,  el rendimiento real de estos instrumentos quedó en pausa, especialmente si el Tesoro necesita mantener tasas elevadas..

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También perdieron atractivo los dólar linked (D27F6, D30A6 y TZV26), que habían sido utilizados como cobertura ante escenarios de corrección cambiaria. Con la brecha comprimida y un esquema de bandas que gana credibilidad, muchas mesas consideran que el premio que ofrecen estos instrumentos es insuficiente frente a alternativas más eficientes.

Por último, algunos bonos soberanos con baja liquidez y duration elevada comenzaron a ser evitados por su potencial de amplificar movimientos adversos en contextos de estrés.

Un mercado que dejó atrás el «todo verde»

Más allá del color asignado a cada bono, el mercado coincide en que el semáforo puede cambiar rápidamente si se modifican ciertas variables clave. Entre los factores que concentran mayor atención se destacan la confirmación de la inflación en enero por parte del INDEC, la capacidad del BCRA para seguir acumulando reservas, el resultado de las licitaciones del Tesoro y la evolución del frente político en el Congreso.

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En particular, la inflación de los próximos dos meses será determinante para confirmar si el 3,1% de CABA fue un pico transitorio o el inicio de una etapa de mayor resistencia nominal. De esa respuesta dependerá buena parte de las decisiones de posicionamiento en la curva.

La principal conclusión que deja el nuevo semáforo es que el mercado entró en una fase más selectiva y exigente.

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Tras el acuerdo comercial, Estados Unidos reabrió el financiamiento para las empresas norteamericanas que exporten a la Argentina

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El comercio total entre ambos países fue el segundo más alto de la serie histórica y el superávit alcanzó valores máximos (Reuters)

Tras la firma del acuerdo comercial entre Estados Unidos y Argentina, el Banco de Exportación e Importación de EE.UU. (EXIM, por sus siglas en ingles) reabrió la posibilidad de otorgar financiamiento de corto y mediano plazo para empresas estadounidenses que exporten a suelo argentino. La medida permite acceder a créditos de hasta un año y préstamos que se extienden entre uno y siete años, facilitando la financiación de exportaciones estadounidenses hacia el mercado local.

“Hoy la agencia oficial de crédito a las exportaciones de Estados Unidos, volvió a habilitar a Argentina para créditos de corto (hasta 1 año) y mediano plazo (de 1 a 7 años)”, anunció el canciller argentino Pablo Quirno a través de su cuenta oficial de X.

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En tal sentido, el ministro de Relaciones Exteriores remarcó que esta modificación forma parte del Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíproco anunciado la semana pasada y “beneficiará a empresas estadounidenses en sus inversiones en Argentina”.

En efecto, el Banco de Exportación e Importación de EE.UU. implementó un cambio en la política de cobertura que entró en vigencia a partir del 3 de febrero de 2026. “Se habilita la cobertura para operaciones de corto y mediano plazo tanto en el sector público como en el sector privado”, reza el documento oficial del organismo estadounidense.

Jamieson Greer, Representante Comercial de
Jamieson Greer, Representante Comercial de Estados Unidos, y el Canciller Pablo Quirno de Argentina, muestran con el acuerdo comercial bilateral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En concreto, el EXIM habilitó la posibilidad de otorgar respaldo financiero a empresas privadas y públicas argentinas con un tope máximo de hasta 7 años. Por el momento, los créditos a plazos más largos siguen vedados para las compañías norteamericanas que exporten a la Argentina.

Previo a la formalización del acuerdo comercial, las cifras del intercambio bilateral marcaron nuevos máximos. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las exportaciones argentinas a Estados Unidos sumaron USD 8.338 millones en 2025, lo que reflejó un avance interanual próximo al 29% y superó en casi 25% el récord que se había alcanzado en 2022.

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Este impulso exportador se produjo en un contexto de mayor integración económica entre ambos países. El miércoles 5 de febrero, ambas naciones rubricaron el acuerdo bilateral que se había anunciado en noviembre de 2025. Cancillería precisó que se trata del primer instrumento de este tipo en la región que incorpora “compromisos específicos en materia de inversiones”.

El nuevo acuerdo también contempla el eje del financiamiento. Organismos como el EXIM y la Corporación Financiera de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (DFC) tendrán un rol clave en el apoyo a inversiones estadounidenses en sectores estratégicos de la economía argentina, en colaboración con empresas privadas de Estados Unidos.

Este gráfico ilustra la evolución
Este gráfico ilustra la evolución del comercio exterior de Argentina con Estados Unidos, desglosando las exportaciones, importaciones y el saldo comercial bilateral desde 1995 hasta proyecciones de 2025 (Imagen Ilustrativa Infobae)

De manera paralela, ambos gobiernos firmaron un Marco Estratégico para el fortalecimiento de cadenas de suministro en minerales críticos. Este acuerdo prevé, entre otros puntos, que los países identifiquen proyectos prioritarios de manera conjunta y faciliten su financiamiento en un plazo de seis meses.

La minería mantiene un peso relevante dentro del vínculo bilateral. En 2025, Estados Unidos se ubicó como el segundo socio comercial de la minería argentina, solo detrás de Suiza. Según la BCR, el mercado estadounidense recibió cerca del 18% de las exportaciones mineras argentinas, con una suba interanual que superó el 25 por ciento.

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De acuerdo con el último registro disponible, al 30 de septiembre de 2025, EE.UU. se consolidó como el principal inversor extranjero en el país. Datos del Banco Central muestran que el origen estadounidense concentra el 18% del stock total de inversión extranjera directa (IED) en Argentina, con una posición superior a los USD 32.000 millones.

En paralelo a este desempeño exportador, el comercio total entre ambos países alcanzó el segundo valor más alto de la serie histórica, y el superávit bilateral llegó a sus máximos. Durante 2025, Estados Unidos se mantuvo como el tercer destino para las exportaciones argentinas y también como el tercer proveedor de importaciones, detrás de Brasil y China.

Un gráfico de barras muestra
Un gráfico de barras muestra la evolución de las exportaciones argentinas a Estados Unidos desde 1980 hasta 2025, destacando un pico proyectado en 2025 impulsado por combustibles y energía (Imagen Ilustrativa Infobae)

El crecimiento de las ventas a Estados Unidos tuvo como principal motor al sector petrolero-petroquímico. El relevamiento de la BCR indica que las exportaciones de combustibles y energía aumentaron más de 68% respecto de 2024. Así, este complejo representó el 47% de las exportaciones argentinas a Estados Unidos en el último año, un nivel de participación que no se observaba desde 2005.

La modificación en la estructura de las ventas externas generó un cambio en la relación comercial, con mayor peso de los productos energéticos en el flujo exportador. Este comportamiento del sector energético permitió compensar otros rubros que crecieron a menor ritmo y contribuyó a alcanzar el máximo histórico en exportaciones.

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El acuerdo bilateral sobre comercio e inversiones incluye medidas concretas. Cancillería puntualizó que el texto “contempla la eliminación de aranceles recíprocos para 1.675 productos”, con el objetivo de mejorar el acceso al mercado estadounidense y expandir el volumen exportador argentino. También se estableció el compromiso de eliminar licencias de importación o de aplicar licencias automáticas para los productos originarios de Estados Unidos.

Desde Cancillería subrayaron que el acuerdo abarca más que el intercambio de bienes. “El entendimiento incorpora compromisos que abarcan el comercio de bienes, las inversiones y nuevas disciplinas vinculadas al comercio digital”, destacaron al anunciar la firma. El documento incluye disposiciones que apuntan a facilitar operaciones e inversiones en startups, fintechs y empresas tecnológicas, con el propósito de promover el desarrollo y las transacciones en estos sectores.



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INDEC reveló la inflación de enero: para Caputo, hay un «reacomodamiento de precios»

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El ministro de Economía, Luis Caputo, analizó el dato de inflación de enero, que marcó un 2,9% mensual, y sostuvo que la cifra debe leerse dentro de un proceso más amplio de reordenamiento de la economía. Sus declaraciones fueron difundidas a través de redes sociales y replicadas por el presidente Javier Milei, en una señal de respaldo político al rumbo del programa económico.

Según explicó el titular del Palacio de Hacienda, la evolución de los precios responde a un escenario particular, atravesado por cambios en los precios relativos y por los efectos de una fuerte contracción previa en la demanda de dinero. En ese marco, Caputo expresó confianza en que la inflación continúe desacelerándose y pueda converger hacia valores comparables con los estándares internacionales.

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Claves del dato de inflación de enero: la postura de Luis Caputo

Caputo remarcó que el 2,9% registrado en enero se dio «en un contexto de reacomodamiento de precios relativos» y recordó que, pocos meses atrás, se produjo una caída significativa en la demanda de dinero. Ese fenómeno, detalló, se reflejó en una dolarización acumulada durante los seis meses previos a las elecciones de octubre, equivalente a más del 50% del M2.

«Esta dinámica de precios se da en un contexto de reacomodamiento de precios relativos y a pocos meses de que operara una fuerte caída en la demanda de dinero, que se reflejó en una dolarización acumulada en los 6 meses previos a las elecciones de octubre equivalente a más de 50% del M2″, escribió en su cuenta oficial de X.

En su análisis, el ministro destacó que el programa económico en marcha se apoya en tres ejes centrales: el equilibrio fiscal, el control estricto de la cantidad de dinero y la recapitalización del Banco Central. A su entender, estos pilares son los que permitirán consolidar una baja sostenida de la inflación luego de más de dos décadas de inestabilidad.

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«El programa económico tiene como pilares fundamentales el equilibrio fiscal, el control estricto de la cantidad de dinero y la recapitalización del BCRA. Esto permitirá que la inflación converja a niveles internacionales en nuestro país por primera vez en más de dos décadas», explicó al respecto.

Al detallar el comportamiento de los precios, Caputo señaló que la inflación núcleo se ubicó en 2,6%, mientras que las categorías regulados y estacionales mostraron variaciones de 2,4% y 5,7%, respectivamente. Estos datos, explicó, reflejan una dinámica heterogénea entre los distintos componentes del índice.

En términos interanuales, el Índice de Precios al Consumidor Nacional acumuló un incremento del 32,4%, con una suba del 28,1% en bienes y del 42,1% en servicios. La diferencia entre ambos rubros volvió a evidenciar el impacto de los ajustes en tarifas y servicios regulados, que continúan mostrando aumentos por encima del promedio general.

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Dentro del desglose por divisiones, Caputo resaltó el desempeño del rubro «Prendas de vestir y calzado», que registró una baja mensual del 0,5%. Se trata de la cuarta caída en los últimos trece meses, mientras que la variación interanual de esa división fue del 15,6%, muy por debajo del promedio general de la inflación.

El ministro insistió en que esta evolución de los precios no puede analizarse de manera aislada, sino como parte de un proceso de normalización macroeconómica. En ese sentido, reiteró que la corrección de desequilibrios acumulados durante años explica parte de los movimientos observados en el corto plazo.

Esta dinámica de precios se da en un contexto de reacomodamiento de precios relativos y a pocos meses de que operara una fuerte caída en la demanda de dinero, que se reflejó en una dolarización acumulada en los 6 meses previos a las elecciones de octubre equivalente a más de 50% del M2.  El programa económico tiene como pilares fundamentales el equilibrio fiscal, el control estricto de la cantidad de dinero y la recapitalización del BCRA. Esto permitirá que la inflación converja a niveles internacionales en nuestro país por primera vez en más de dos décadas.

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