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ECONOMIA

Esto es lo que tiene que valer el dólar en la Argentina, según el índice Hot Sale

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Entre los muchos indicadores posibles para aportar al debate sobre si el tipo de cambio está en equilibrio o atrasado, hay algunos que resultan particularmente ilustrativos, como por ejemplo el evento de venta online Hot Sale, que acaba de realizarse a inicios de mayo.

Ya con el cepo cambiario sin efecto, el dólar promedio que rigió mientras se realizaron las transacciones fue de $1.140, lo que implica una cotización un 28% encima de la cotización oficial vigente hace un año.

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Los organizadores del evento, aunados en la Cámara del Comercio Electrónico, destacaron como un éxito el hecho de que la facturación total ($566.765 millones) haya crecido en términos nominales un 63% respecto del año pasado. Como la inflación acumulada en ese lapso es de 47,3%, esto implica que las ventas tuvieron un incremento real de 10,6%.

Nada mal, si se considera que el evento de hace un año ya había sido un éxito de ventas, con un crecimiento en pesos de 301% -ante una inflación anual de ese momento en 289%- y cuando -a seis meses de la devaluación con la que se inició la gestión Milei- ya se había instalado la idea de que Argentina había pasado a ser un país «caro en dólares».

Por eso, hace un año llamaba la atención el hecho de que no solamente se había acrecentado las ventas en volumen y en pesos, sino también en dólares: u$s389 millones en 2024 frente a u$s358 millones vendidos en el 2023.

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Pero este año el resultado es más ilustrativo que nunca: a pocas semanas de haberse producido una liberación cambiaria que provocó un salto cambiario, igual las ventas superaron con creces las de los años precedentes.

Hablando en plata, en el Hot Sale 2025 hubo una facturación de u$s497 millones, un impactante 27% encima de la facturación del año anterior, cuando ya se hablaba con insistencia del tipo de cambio atrasado.

¿En cuánto debería estar el dólar?

¿Qué nos dice esto sobre el tipo de cambio? Sin dudas, que Argentina está más cara -medida en dólares- hoy que hace un año, y que los compradores de los eventos online son plenamente conscientes de ello. 

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No faltarán las interpretaciones cercanas al discurso oficialista, que ven en estas ventas la consecuencia de una mejora en el salario. Y efectivamente, el índice del Indec marca que, para el sector de trabajadores registrados, hubo una suba «punta a punta» de 10% real anual hasta marzo. Coincidentemente, es una cifra similar a la suba real de las ventas del Hot Sale.

Pero cuando todo esto se pasa por el tamiz del dólar, la cosa cambia radicalmente: una suba de 10% en volumen tuvo como correlato una suba de 27% en dólares.

Dicho de otro modo, para que la facturación real fuera la misma del año pasado, más un 10,6% de crecimiento, entonces eso significaría u$s389 multiplicado por 1,106, lo que dejaría una cifra de ventas por u$s430 millones. ¿Cuánto tendría que ser la cotización del tipo de cambio para que la facturación del Hot Sale 2025 diera u$s430 millones?: la cuenta da $-$566.765 millones dividido u$s430 millones, igual a un dólar de $1.318.

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Es decir, de acuerdo a ese cálculo, el tipo de cambio debería subir todavía un 15% para estar a tono con el nivel de hace un año.

¿Y si el cálculo se hiciera tomando como referencia el Hot Sale 2023? En ese caso, la suba de volumen vendido es de 14% acumulado en 10 años. En dólares, eso implicaría una facturación de u$s408 millones. Y, para que la facturación de este año diera esa cifra, se necesitaría que el tipo de cambio actual fuera de $1.389.

En síntesis, el tipo de cambio promedio al que se realizó el último Hot Sale fue de u$s1.140, mientras que -corregidos por inflación y por mejora en las ventas-, la edición del año pasado fue con un dólar equivalente a $1.318 de hoy. Y la edición 2023 fue con un tipo de cambio oficial equivalente a $1.389 de hoy.

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Peor que en los años precedentes

Tanto el año pasado como el caótico e inflacionario 2023 tuvieron un consenso respecto de que el nivel de dólar oficial se encontraba muy por debajo del de equilibrio. Las respectivas brechas entre el paralelo y el oficial lo reflejaban con claridad.

Y entre los que más duramente argumentaban sobre ese atraso cambiario se encontraban los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, que habían marcado como una condición para la asistencia financiera que el gobierno no permitiera una continuación de la inflación en dólares.

En 2023, ese tironeo derivó en el salto devaluatorio de 22% posterior a las elecciones primarias de agosto. El año pasado, el cambio oficial se mantuvo en su «tablita» de 2% mensual, ayudado por el ingreso de divisas del blanqueo de capitales. Pero el FMI ya había hecho saber que consideraba el esquema cambiario como insostenible y, en un documento de abril pasado, estimaba que la suba necesaria se encontraría en el entorno de 25%.

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Si el levantamiento del cepo hubiese venido acompañado por un salto cambiario como el que insinuaba el FMI, actualmente el dólar oficial cotizaría a $1.330. Casualmente, un valor cercano al que se refleja en las transacciones del Hot Sale.

¿Si flota no se atrasa?

Hoy, en cambio, el nuevo régimen de flotación entre bandas ha reducido esa brecha a una cifra apenas marginal -el blue está 2% encima del dólar mayorista y no llega a 1% respecto del que vende el Banco Nación-.

Sin embargo, este nuevo régimen ya sin cepo y con flotación no es una garantía de que el cambio no se atrase. Al menos, ese es el tema que actualmente se debate entre los economistas. El gobierno argumenta que, como el BCRA no interviene dentro de la banda, entonces el dólar está cayendo a su punto de equilibrio. Pero no todos opinan lo mismo, dado que hay varias formas indirectas de intervención, como por ejemplo al «achatamiento» de la curva en el mercado de futuros.

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Los argumentos sobre un atraso cambiario son muchos, empezando por el crucial dato del déficit en la cuenta corriente -son más los dólares que salen que los que entran a la economía-. Ese número va en franco crecimiento, empujado por rubros como el turismo y la importación de productos de consumo.

No por casualidad, entre los rubros preferidos del Hot Sale figuran la indumentaria deportiva, la cosmética, la electrónica y el turismo -aunque a la cabeza del ranking se ubicó alimentos y bebidas-.

A un ritmo de u$s700 millones netos por mes, el rubro de turismo y compras del exterior con tarjeta es uno de los que crece a mayor velocidad. En este caso, al atractivo del abaratamiento cambiario se le agrega la eliminación del impuesto PAIS, que gravaba las operaciones con un 30%.

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Esos niveles de gasto de turismo emisivo son compatibles con los años récord, como el 2017 y el 2022, que derivaron más tarde en crisis inflacionarias. Como para cubrirse por anticipado de las críticas y advertencias en este sentido, el Banco Central se preocupa de aclarar todos los meses que aproximadamente un 60% esos gastos con tarjetas son realizados con dólares propios de los usuarios. En otras palabras, que no implican en su totalidad un sacrificio de reservas del BCRA.

Se quejan, pero compran

En definitiva, igual que como había ocurrido en la CyberWeek de noviembre del año pasado -cuando hubo un movimiento de u$s434 millones-, el primer gran evento de ventas online de este año vuelve a dar señales sobre los precios locales, el tipo de cambio y el poder adquisitivo de los argentinos.

Lo paradójico es que en la actual edición del Hot Sale se registraron más quejas que lo habitual respecto de que ofertas engañosas o de rebajas que se habían hecho sobre precios previamente aumentados. Así y todo, la promoción resultó lo suficientemente atractiva como para que las ventas se incrementaran un 10,6% en volumen y un 27% en dólares.

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Según el cristal como se mire, este dato puede ser tomado como un motivo de festejo por la recuperación de los salarios argentinos medida en dólares o como una nueva fuente de preocupación por una política de ancla cambiaria que podría terminar de manera parecida a la que terminaron todas en la historia reciente.

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ECONOMIA

Frigorífico del creador de las hamburguesas Paty se presentó en concurso con una deuda millonaria

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Frigorífico General Pico, una de las firmas históricas de la industria cárnica argentina y vinculada al origen de la marca Paty, se presentó en concurso preventivo de acreedores y pasó a integrar la lista de compañías que en lo que va del año terminaron judicializando su crisis financiera para intentar reordenar pasivos y preservar la continuidad operativa.

La decisión fue comunicada este 31 de marzo por sus directivos, Ernesto «Tito» Lowenstein y Alan Lowenstein, luego de varios meses en los que la empresa intentó sostenerse con actividad mínima, suspensión de personal y la búsqueda de una salida empresaria para evitar un deterioro mayor. En ese recorrido, la firma exploró distintas alternativas, entre ellas la posibilidad de vender el frigorífico, ceder la explotación de la planta o avanzar con algún esquema de alquiler de largo plazo, pero ninguna terminó de cerrarse.

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El deterioro financiero que empujó esa decisión quedó reflejado en los registros de deudores del BCRA. Según la actualización al cierre de marzo, la compañía acumula 1.152 cheques rechazados por un total de poco más de $15.800 millones, mientras que su deuda bancaria asciende a alrededor de $24.300 millones.

Dentro de ese pasivo financiero, unos $2.500 millones figuran en situación 2, es decir, con seguimiento especial, y otros $16.100 millones aparecen en situación 3, la categoría que el sistema financiero asigna a deudores con problemas de cumplimiento. Sólo entre esos dos grandes rubros, la empresa ya exhibe compromisos por más de $40.000 millones, sin contar otras obligaciones comerciales, laborales y financieras.

La foto actual muestra un agravamiento claro frente a la que exhibía la firma apenas dos meses atrás. En enero, Frigorífico Pico ya cargaba con una deuda bancaria de $22.771 millones, más de 1.000 cheques rechazados por casi $11.700 millones y pagarés emitidos en el Mercado Argentino de Valores por otros $1.770 millones, con vencimientos concentrados en el segundo trimestre. En ese momento, además, el sistema financiero todavía la ubicaba bajo seguimiento especial. Ahora, una parte relevante del pasivo ya pasó directamente a la categoría de deudores con problemas.

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La sociedad se dedica a la producción y al desarrollo de mercados locales e internacionales de carne vacuna, menudencias y subproductos, y toda esa operatoria se apoya en sus dos plantas frigoríficas ubicadas en La Pampa, en las localidades de Trenel y General Pico.

De una planta de escala a una operación mínima

La crisis financiera vino acompañada por un derrumbe operativo y laboral que ya se había vuelto inocultable desde comienzos de año. En enero, la compañía había suspendido a unos 450 trabajadores y prácticamente frenado la actividad en sus plantas, que quedaron reducidas a una guardia mínima de mantenimiento.

El contraste con su capacidad reciente es fuerte. Hasta hace dos años, Frigorífico General Pico faenaba alrededor de 600 cabezas diarias, con planes de escalar a 800. Incluso durante el año pasado todavía había procesado más de 96.000 animales, pero la falta de liquidez, el peso del endeudamiento y la pérdida de ritmo comercial terminaron por desarmar esa estructura.

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La faena se desplomó luego a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen incompatible con los costos fijos de una planta de ese tamaño. En paralelo, se retiraron incluso los equipos de faena kosher, una unidad clave para la exportación a Israel, lo que terminó de mostrar hasta qué punto se había deteriorado la operación.

A ese cuadro se sumó el frente laboral. La empresa ya arrastraba aportes previsionales y de obra social impagos desde octubre del año pasado, mientras intentaba amortiguar el conflicto con el pago de una suma fija mensual y la entrega de carne. Pero con el correr de las semanas la situación se agravó todavía más y la compañía avanzó con el despido de unos 200 trabajadores, mientras otros 400 quedaron sujetos a la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y el eventual cobro de salarios e indemnizaciones.

Venta, alquiler y una salida que no llegó

Antes de presentarse en concurso, los dueños de la compañía venían buscando una alternativa que permitiera sostener el activo industrial sin avanzar hacia una liquidación. En ese marco, la planta de Trenel aparecía como el principal activo a preservar dentro de una estructura que, aun deteriorada, conserva valor por escala, habilitaciones y ubicación.

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Sobre la mesa hubo distintas variantes: desde una venta total del frigorífico hasta la posibilidad de que un tercero tomara la explotación de la planta bajo otro esquema. En las últimas semanas, además, la propia empresa había dejado trascender que mantenía conversaciones con un grupo empresario de origen europeo, al que definía como uno de los actores con interés en participar de una solución para la continuidad operativa.

Ese interés, sin embargo, nunca terminó de traducirse en una salida concreta. Según explicó la compañía en su comunicación más reciente, las tratativas no avanzaron lo suficiente como para cerrar una operación y, en paralelo, siguió creciendo la presión de acreedores financieros y no bancarios.

En el propio comunicado, la empresa señaló que se analizaron alternativas para sostener la planta, entre ellas «propuestas de terceros que contemplaban esquemas de explotación de la planta en el largo plazo», incluida una opción «cercana a los u$s40 millones mediante un esquema de leasing a ocho años». Ninguna prosperó.

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También apuntó contra «un determinado grupo financiero que reviste simultáneamente la condición de accionista y acreedor«, al que acusó de haber «obstaculizado de manera reiterada las distintas alternativas presentadas por la empresa para asegurar la continuidad de la operación», al priorizar «el recupero de su crédito y contrariando el interés social».

En ese contexto, el concurso aparece ahora como la herramienta para ordenar acreencias, frenar el deterioro y ganar tiempo. No se trata de un dato menor en un sector que ya viene golpeado por consumo interno deprimido, caída de exportaciones, menor dinamismo de China, hacienda cara y costos fijos elevados, una combinación que dejó particularmente expuestas a las plantas más endeudadas.

Pese al cuadro crítico, Frigorífico General Pico intenta sostener un argumento central: que todavía conserva valor industrial y potencial de continuidad. En su comunicado, la empresa remarcó que cuenta con «activos productivos relevantes, inversiones recientes y habilitaciones internacionales», y sostuvo que la planta de Trenel mantiene «un importante potencial operativo y comercial». También aseguró que continuará trabajando para «reactivar en el corto plazo la operación y preservar las fuentes de trabajo».

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La incógnita ahora es si ese paraguas judicial servirá para facilitar una salida empresaria para una de las plantas históricas del negocio cárnico pampeano o si terminará administrando una crisis que ya dejó suspensión de personal, despidos, deuda creciente y una cadena regional cada vez más golpeada.

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ECONOMIA

Cavallo insistió con la eliminación del cepo cambiario y advirtió que dos factores impiden la baja del riesgo país

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El ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, insistió con la eliminación de los controles cambiarios. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

La actual liquidación de divisas provenientes del sector agropecuario y del petróleo, junto con la proyección de mayores ingresos en los próximos meses, representa una oportunidad para levantar los controles de cambio y aumentar las reservas netas del país. Así lo sostuvo Domingo Cavallo, ex ministro de Economía, quien advirtió que el contexto de alta liquidez en divisas permite avanzar hacia una reforma profunda del sistema monetario y cambiario sin la presión de un salto brusco del tipo de cambio.

En un posteo en su blog, Cavallo consideró que el momento es propicio para que el Tesoro compre todas las divisas necesarias para el pago de intereses de la deuda externa y para que, hacia fin de año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sume al menos 10 mil millones de dólares en reservas netas adicionales.

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El exfuncionario recordó que en condiciones normales, un giro de este calibre en la estrategia monetaria suele desencadenar una depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, Cavallo evaluó que la elevada oferta de divisas en el mercado local limitaría ese efecto y resultaría menos riesgoso que demorar la decisión hasta acercarse a las elecciones.

De esta manera, insistió en que el Gobierno debe “abocarse de inmediato a legislar la reforma monetaria, cambiaria y financiera”, una iniciativa que, según su visión, contribuiría a mitigar riesgos inflacionarios y a consolidar la expectativa cambiaria como pilar de un plan de estabilización. A la vez, destacó la importancia de combinar este esquema con el equilibrio fiscal, para lograr tanto una baja sostenida de la inflación como una pronta recuperación de la demanda interna.

En su análisis, Cavallo cuestionó el carácter contradictorio de los controles de cambio. Explicó que, si bien suelen instaurarse para frenar la salida de capitales en situaciones de crisis externa, cuando se prolongan “desalientan el ingreso de divisas” y encarecen el costo del capital, afectando tanto la inversión en activos fijos como en capital de trabajo. Sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el ex ministro de Economía planteó que el Gobierno reconoce esta distorsión al permitir que quienes invierten bajo ese marco dispongan libremente de las divisas generadas por exportaciones. “Para quienes inviertan protegidos por el RIGI se les asegura que no existirán controles de cambio”, explicó.

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No obstante, marcó que el resto de las empresas continúa enfrentando fuertes restricciones para administrar sus excedentes en moneda extranjera y para acceder a financiamiento externo. Esta situación, alertó, termina elevando el costo del capital y desincentivando la inversión.

Respecto al riesgo país, el padre de la Convertibilidad expone que la permanencia de controles de cambio para las compañías fuera del RIGI y el bajo nivel de reservas netas del Banco Central mantienen el indicador por encima de los 600 puntos básicos, a pesar de los resultados fiscales positivos. Según el ex ministro, las dificultades del BCRA para acumular reservas por temor a la emisión monetaria alimenta la percepción de que la estabilidad cambiaria es frágil y que una depreciación abrupta podría desatar nuevas presiones inflacionarias. “Si el Banco Central acumulara más reservas, aún a costa de admitir una depreciación temprana del tipo de cambio, la expectativa de depreciación futura disminuiría”, sostuvo.

Cavallo también consignó que los controles de cambio fomentan la informalidad, ya que muchos exportadores y prestadores de servicios optan por ingresar divisas a través del mercado informal en lugar de liquidarlas en el circuito oficial. El ex titular del Palacio de Hacienda argumentó que, sin restricciones, la disponibilidad de dólares para pagos y financiamiento internos sería mucho mayor que la que permite el régimen de “inocencia fiscal”, al que calificó como “necesariamente transitorio y legalmente inseguro”.

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El ex ministro propuso que, una vez eliminados los controles, el Banco Central autorice a los bancos a utilizar los depósitos en dólares para financiar inversiones, ya sea a través de créditos o mediante la compra de obligaciones negociables del sector privado. Además, consideró que la expansión del crédito en dólares bajo un régimen de controles resulta riesgosa, porque la inestabilidad cambiaria y las altas tasas en pesos incrementan el peligro de incobrabilidad.

Domingo Cavallo concluyó que la eliminación de los controles de cambio y la liberalización del mercado cambiario acercarían a la Argentina a un modelo más competitivo, alineado con la idea de una economía sin Banco Central, como la que promovió Javier Milei durante la campaña presidencial. En tal sentido, ejemplificó con el caso peruano al señalar que la Constitución de Perú prohíbe el financiamiento monetario al Tesoro y los controles cambiarios, lo que permitió al país alcanzar una estabilidad de precios destacada pese a la inestabilidad política.

“Es muy difícil que se pueda avanzar hacia la despolitización de la economía, es decir a sacar al Estado de la intermediación entre vendedores y compradores en los mercados de bienes y servicios, si en materia monetaria, cambiaria y financiera impera la discreción por arriba de las reglas”, cerró su análisis.

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ECONOMIA

Por qué nuevo bono en dólares deja en evidencia que inversores ponen límites para financiar a Caputo

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La última prueba de Toto Caputo para fondearse con dólares «sin depender de «Wall Street» dejó, por primera vez, una señal de advertencia sobre si, pese a la elevada liquidez de billetes verdes, el ministro de economía está llegando al límite de la capacidad del mercado local.

Y no faltan, incluso, quienes creen que a Caputo le pueda haber jugado en contra su propio discurso sobre el componente de «riesgo kuka» en la tasa de interés de los bonos que vencen después de 2027.

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El viernes, Caputo había celebrado el hecho de que se había generado, otra vez, una fuerte demanda de los inversores locales por bonos en dólares. Se colocaron los u$s150 millones previstos para cada uno de los dos bonos. Y el mayor motivo de festejo fue la nueva caída en la tasa de interés para el título que vence en octubre 2027, que pagó apenas 5,02% anual, cuando en las licitaciones previas la tasa había sido de 5,8% y 5,4%, respectivamente.

Pero el resultado para el bono nuevo, el que vence en 2028, fue más ambiguo. También hubo demanda, pero la tasa de interés fue de 8,5% nominal, algo que Caputo tomó como confirmación de que el mercado sigue con temor a que en las elecciones presidenciales del año próximo pueda haber un regreso del kirchnerismo y que, eventualmente, haya un default o reperfilamiento de estos bonos dolarizados.

Hasta ahí, como reza el eslogan oficialista, «todo marchaba acorde a lo planeado». Pero cuando el lunes se realizó la segunda tanda de licitación, para colocar un adicional de u$s100 millones para cada bono, llegó la sorpresa negativa.

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La demanda por el título con vencimiento 2027, es decir el que está totalmente «libre de riesgo kuka», quedó u$s3 millones por debajo del cupo, cuando en las licitaciones anteriores se había excedido la oferta por más de u$s200 millones. Y, en lo que respecta al bono que devuelve el capital en 2028, la demanda estuvo u$s66 millones debajo del cupo.

En definitiva, en una licitación en la que Caputo aspiraba a captar u$s500 millones -sumando dos tandas de ambos bonos-, logró u$s431 millones, un 14% menos que lo esperado. La cifra propiamente dicha no es mala, pero lo que varios analistas están interpretando es que es posible que se esté en un quiebre de tendencia. En otras palabras, que la capacidad de fondearse en dólares con el mercado local entre en fase decreciente.

¿Se terminó el entusiasmo?

Hasta ahora, sumando las tres licitaciones realizadas con los nuevos bonos, el Tesoro captó u$s931 millones, sobre un total de u$s2.000 millones que anunció que buscaría a lo largo del año, con el objetivo de financiarse para hacer frente al calendario de vencimientos de deuda.

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En particular, preocupaba al gobierno el abultado vencimiento de julio, cuando haya que cancelar capital más intereses por u$s4.200 millones.

Y el relativo mal resultado del bono 2028 -se demandaron u$s184 millones ante una oferta de u$s250 millones, y los inversores pidieron una tasa que excede en 3,48% la pactada por el bono 2027- deja una nota de duda respecto de si Caputo querrá volver a emitir este título dentro de dos semanas o si considerará que el costo del «riesgo kuka» no vale la pena.

Por lo pronto, lo que está claro es que la liquidez en dólares del sistema bancario sigue siendo elevada, con depósitos por u$s40.000 millones, y de los cuales apenas la mitad fue colocado en créditos.

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Pero si se necesita una prueba incontestable de que hay apetito por activos a comprar con dólares, el mismo día del segundo tramo de la licitación hubo una salida al mercado de una nueva Obligación Negociable corporativa, que despertó fuerte interés. En este caso, se trata de Pampa Energía, que consiguió u$s200 millones, a una tasa de 5,49% anual, con un vencimiento a 36 meses.

El cálculo de los analistas es que, desde las elecciones legislativas de octubre hasta ahora, ya superan los u$s12.000 millones las emisiones de crédito corporativo y de deuda de los gobiernos provinciales.

Un argumento de doble filo

Ante esa situación, en el mercado se está planteando el debate sobre si Caputo hizo bien en lanzar su bono 2028, o si el resultado de ese test se pudo haber transformado en un efecto boomerang.

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Así lo plantea la consultora Outlier: «El argumento del ‘riesgo kuka’ para explicar esa situación es un arma de doble filo, porque implica reconocer que el mercado asigna una probabilidad significativa no solo a la no continuidad de la actual administración, sino a un quiebre y reversión abrupta del enfoque por la misma impulsado».

Lo cierto es que hay muchos analistas que coinciden en que la licitación no salió bien para el gobierno, y no necesariamente por las cifras, sino por el mensaje tácito que devuelve el mercado. Básicamente, que la confianza sobre la estabilidad del modelo económico es de corto plazo.

El propio Caputo hizo el cálculo. Estableció que el «riesgo país Milei» es de apenas 117 puntos básicos. Ese es el número que surge de restarle a la tasa del bono argentino -5,02% en la licitación de este viernes- el costo de la tasa de referencia mundial, que ronda el 3,8%. Para el gobierno, esa tasa no sólo es baja porque lleva implícito un riesgo país muy inferior al que mide el índice de JP Morgan a nivel mundial -en torno de 600 puntos- sino que, además viene en franco descenso.

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En contraste, el riesgo país a octubre de 2028 fue calculado por Caputo en 460 puntos. Y la «tasa forward» -como se denomina en la jerga financiera a la diferencia de interés entre dos momentos futuros, en este caso octubre de 2028 versus octubre de 2027- equivale a una tasa nominal anual de 14,09%.

La parte mala para el gobierno es que, detrás de la chicana al kirchnerismo, hay un reconocimiento de que el mercado sigue viendo una probabilidad relativamente alta de un quiebre de rumbo económico y de un cambio de signo político tras las elecciones del año próximo.

Afuera, tasas prohibitivas

Para el corto plazo, el interrogante que dejó esta licitación es si Caputo podrá completar su plan original de tomar u$s2.000 millones del mercado argentino y pagar una tasa en torno al 5% anual. De ello depende, en buena medida, la continuidad de la estabilidad cambiaria y la cotización de los bonos de deuda soberana.

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Si hoy el ministro tuviera que pedir crédito en el mercado financiero global, debería pagar una tasa anual de más de 9%, que sería el resultado de la tasa de referencia, más el índice de 600 puntos que mide hoy Argentina tras la turbulencia global generada por el conflicto en Medio Oriente. En otras palabras, una tasa prohibitiva.

El nuevo secretario de Finanzas, Federico Furiase, intentó llevar calma al mercado al afirmar que ya está asegurada la cantidad de dólares necesaria para cumplir con los vencimientos de deuda del año. Sin embargo, por un mix de factores internos y externos, el índice de riesgo país argentino sigue firme en su tendencia alcista, y se ubica en 630 puntos.

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