ECONOMIA
La paradoja del plan para captar los dólares del colchón: ¿Caputo cumplirá el sueño de Cristina Kirchner?

La política argentina tiene esas cosas: a veces, los personajes que parecen más antagónicos pueden terminar coincidiendo de manera insospechada. Es el caso de Luis Caputo y Cristina Kirchner, que públicamente suelen trenzarse en descalificaciones y acusaciones cruzadas, pero a veces terminan pareciéndose en sus posturas.
Quién iba a decir, por ejemplo, que Caputo iba a jactarse de haber «persuadido» a supermercados y grandes empresas alimenticias de dar marcha atrás en sus aumentos de precios, con resultados mucho más efectivos que los que tantas veces intentó Cristina con iniciativas como «Precios Cuidados«.
Ya en sus extensos análisis en los que advertía sobre los peligros que corría el plan económico de Javier Milei, la expresidenta había deslizado algún elogio entrelíneas al reconocer el pragmatismo del nuevo gobierno que, pese a proclamarse liberal, no había caído en la tentación de levantar el cepo cambiario.
Pero acaso la mayor coincidencia haya sido la preocupación por transformar la enorme masa de «dólares del colchón» en dinero que lubrique la actividad económica y que, eventualmente, ayude a engrosar las reservas del BCRA.
Lo cierto es que si hay un tema en el que Cristina Kirchner ha machacado durante su carrera política es «el problema de la economía bimonetaria». Reconoció que fue uno de sus mayores obstáculos durante su presidencia y que también había afectado a gobiernos de todos los signos políticos, por lo que durante la campaña electoral de 2023 había hecho un llamamiento a todas las fuerzas políticas a encontrar una solución.
Igual preocupación, distintas recetas
Su diagnóstico era conocido: el país necesita dólares para industrializarse, dado que las empresas locales dependen en gran medida de insumos y bienes de capital importados. Pero los dólares que entran por la exportación no resultan suficientes, porque en gran medida se van por el turismo y, especialmente, por el ahorro informal. La consecuencia es que, tarde o temprano, los dólares escaseaban y eso llevaba a una crisis.
El año pasado Cristina Kirchner advertía los perjuicios de esa situación -que, según afirmó, solo existe en Argentina: «La utilización de dos monedas, de las cuales la que no emitimos es precisamente la más requerida para atesorar legal o ilegalmente, sustrayéndola del circuito de funcionamiento de la economía y formando activos en el exterior o, en menor medida, guardándolos en el colchón».
Nunca llegó a plantear una propuesta concreta al respecto, pero insinuó la necesidad de crear un nuevo sistema de ahorro que les inspirara confianza a los argentinos, en el sentido de que quedarían a salvo de devaluaciones o confiscaciones.
Y la desregulación que anunció Caputo va justamente en ese sentido: incentivar a los argentinos a que usen los dólares «encanutados».
Claro que la receta a la que apela el gobierno es diferente de la que pretendía Cristina. Mientras Caputo apuesta a una contracción monetaria -de manera que el peso sea una moneda escasa-, Cristina era firme defensora de la política expansiva para incentivar el consumo.
La obsesión de Cristina Kirchner por los «dólares del colchón»
En su presidencia, Cristina hizo todos los intentos para atenuar la captación de dólares por parte de los pequeños ahorristas. Fue incrementando las regulaciones hasta implementar el cepo cambiario, que tuvo una primera versión «light» y luego otra más dura.
Aun así, se seguían perdiendo reservas, por lo cual se decidió encarecer el turismo con la percepción adelantada de impuestos -en los hechos, una devaluación sectorial-.
Después, Guillermo Moreno aportó la idea del Cedin, un certificado que se debía comprar en dólares y que estaba habilitado para cancelar operaciones inmobiliarias. Al principio, se lo había planteado como para que tuviera una circulación masiva -casi como en el sistema bimonetario del CUC cubano convertible al dólar- y que, de paso, reactivara el sector inmobiliario. Fue un rotundo fracaso.
Luego intentó predicar con el ejemplo y ordenó a todos sus ministros a cancelar sus depósitos bancarios en dólares y pasarse a cuentas en pesos. Ahí Cristina detectó hasta qué punto era difícil cambiar una costumbre tan arraigada entre los argentinos: tuvo conatos de rebeldía de funcionarios a los que amonestó en público, como el recordado caso de Aníbal Fernández.
Pero luego, ya con Mauricio Macri en la presidencia, ella misma admitió que había vuelto a ahorrar en dólares por la incertidumbre que le merecía el manejo económico del gobierno macrista.
La fallida ley contra «fugadores»
Cuando volvió al poder como vice de Alberto Fernández, el tema de la economía bimonetaria se transformó en su obsesión. Se quejó en público de que el gobierno permitiera un «festival de importaciones» en vez de priorizar entre las prioritarias y las suntuarias.
También protestó por el hecho de que el Banco Central admitiera que las empresas endeudadas en dólares pudieran acceder a divisas al cambio oficial, en vez de obligarlas a que las consiguieran con un sobreprecio. Eso generó una de las primeras peleas públicas con Martín Guzmán, quien dijo que él había hecho esa propuesta y Máximo Kirchner lo había boicoteado.
Finalmente, Cristina intentó por la vía punitiva: impulsó el proyecto de ley por el cual aquellos que tuvieran dólares en el exterior se les cobrara un impuesto de hasta 35% y que con ese dinero se creara un fondo destinado a los pagos de la deuda externa. Por entonces se negociaba un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la consigna de Cristina era «que la deuda con el FMI se pague con los dólares de los que se la fugaron, de los que se la llevaron sin pagar impuestos».
Su pretensión era que el propio FMI colaborase en la iniciativa, y en aquel momento se estimó que la cantidad de activos dolarizados de argentinos en el exterior o fuera del sistema bancario superaba los u$s400.000 millones.
El resultado es conocido: la ley no tuvo andamiento y Alberto Fernández negoció un nuevo «stand by», que significó la ruptura definitiva entre el ex presidente y la líder kirchnerista.
Cuánto se puede blanquear
Lo cierto es que, si el plan de Caputo sale bien, tendrá como consecuencia que una parte de los dólares que hoy duermen en cajas de seguridad empiecen a circular y, en algún momento de la cadena, engrosen los depósitos del sistema bancario, que hoy están en torno de u$s32.000 millones.
¿De cuántos dólares «blanqueables» estamos hablando? No se conocen proyecciones oficiales, pero el ministro dejó algunas pistas al respecto: dijo que actualmente la economía tiene un grado muy bajo de monetización -la mitad del promedio histórico- y que necesitará más liquidez para seguir creciendo. Hay muchas definiciones sobre base monetaria, pero si se toma la menos abarcativa, está en $21 billones -equivalente a u$s18.000 millones-.
Es decir, hay desde el punto de vista oficial un margen de crecimiento para la circulación de dólares transaccionales que podría llegar a esa cifra. Los economistas y ejecutivos de bancos creen que el monto que se incorpore en el corto plazo será mucho menor, pero que el alto costo del crédito en pesos garantiza ciertas posibilidades de éxito para el plan oficial.
Por lo pronto, Caputo también ha dado señales de querer aprovechar ese diferencial de tasa. No por casualidad, después de reunirse con ejecutivos de la industria automotriz, aseguró que «todo el que venda en cuotas en dólares va a tener un salto importante en su demanda».
Muchos interpretaron esa frase como el preludio de una política que estimule descuentos para quien pague con dólares cash o menores costos financieros para quien tome un crédito en dólares, algo que ya está en la carpeta de las grandes empresas.
Reaparece Cristina Kirchner
Desde ya, nadie espera que haya elogios desde el kirchnerismo para el nuevo plan desregulador. Más bien al contrario, se han escuchado críticas vinculadas a una amnistía para «fugadores» y a un control más laxo para posibles delitos de lavado de activos. Cristina Kirchner, que reaparecerá en público el próximo 25 de mayo, probablemente retome este tema y no se ahorrará críticas a Caputo, a quien califica como «endeudador serial».
Pero la realidad es que, desde que Cristina está reclamando una solución para que los argentinos voluntariamente se desprendan de sus dólares del colchón, nadie como Caputo se había mostrado tan en sintonía.
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ECONOMIA
El dólar está en mínimos, pero estas son las 3 fuerzas clave que pueden hacerlo rebotar en semanas

El dólar oficial opera este miércoles 18 de febrero a $1420, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1399,50. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1457 (+0,1%), y el MEP se ubica a $1423 (-0,2%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1440.
En un mercado que venía acostumbrado a sobresaltos, el dólar oficial empezó febrero con una señal que cambió el tono de la conversación: volvió a ubicarse por debajo de los $1.400. A la vista, el movimiento sugiere calma y oferta, con un Banco Central que aparece del lado comprador y un flujo de divisas que, por ahora, alcanza para evitar tensión diaria en el mercado oficial.
Pero detrás de ese número conviven fuerzas que tiran para lados distintos. La compra de dólares puede inyectar pesos, mientras que el sector público busca retirar liquidez a través de colocaciones en moneda local. Al mismo tiempo, crecen las operaciones financieras vinculadas a préstamos y colocaciones en dólares, y el agro mantiene un caudal de liquidación que sostiene el abastecimiento de divisas.
Con ese telón de fondo, el foco se desplaza hacia marzo: un mes que suele traer cambios estacionales en la demanda de pesos y de dólares, además de presiones puntuales sobre precios. El punto es simple: entender qué sostiene al dólar hoy, qué alimenta las reservas y qué señales podrían anticipar un rebote transitorio o una nueva etapa de estabilidad cambiaria.
BCRA compra dólares, pero los pesos no sobran: base monetaria y esterilización
Desde 1816 señalaron que el Banco Central de la República Argentina lleva comprados USD 1.907 millones en 2026, y que esas intervenciones en el mercado oficial implicaron una inyección aproximada de $2,7 billones desde fines de diciembre. La lectura, sin embargo, no se agota en el monto de compras: lo relevante es qué pasa con los pesos que quedan circulando y cómo se compensa esa emisión.
Los expertos de la consultora explicaron que, pese a esas compras, la base monetaria cayó en el acumulado del año en torno a $1,0 billones hasta el 9 de febrero. Con ese dato, plantearon que, al menos hasta aquí, no se observa una acumulación de reservas impulsada por remonetización, sino un esquema en el que conviven compras de divisas y esterilización a través de deuda del Tesoro.
Para 1816, esa mecánica se entiende al mirar los factores de variación de la base: hasta el 6 de febrero, el fisco habría obtenido financiamiento neto por $1,8 billones en subastas de pesos y, al liquidarse la licitación posterior, se sumaría otro monto cercano a $1,7 billones. En ese balance también consideraron que el BCRA vendió Lelink en el secundario por encima de lo que compró de otros instrumentos, y aclararon que no computan la destrucción de pesos del Tesoro al comprarle dólares al Central por más de $5 billones en el año, porque son pesos que no circulan en el mercado.
Desde FMyA señalaron que, en paralelo, el BCRA mantuvo un ritmo comprador que ya acumula alrededor de USD 2.000 millones en 2026, con el tipo de cambio oficial por debajo de $1.400. También remarcaron que el Tesoro retiró pesos y pagó tasas del 2,8% mensual para todo 2026, una señal que busca contener al dólar con la mira puesta en bajar la inflación.
Dólar ofrecido: los tres motores de la oferta y por qué marzo puede traer rebote
Desde FMyA señalaron que el dólar oficial siguió muy ofrecido en la semana y logró perforar los $1.400 por primera vez en el año, con una baja superior a $30 frente al cierre del viernes previo. En su diagnóstico, la clave está en que el Banco Central pudo sostener compras a paso acelerado: en febrero, con nueve ruedas, acumuló casi USD 900 millones.
Sus analistas apuntaron que el precio se sostiene por tres drivers. El primero es la oferta del agro, que continúa alta y fluida, con un promedio semanal cercano a USD 70 millones diarios. El segundo es la oferta financiera vinculada a colocaciones y préstamos en dólares. El tercero es que el mercado se sigue volcando a colocaciones en pesos, con una dolarización de carteras acotada.
Para 1816, el comportamiento estacional de la demanda de pesos es una pieza que ayuda a entender el calendario. En su seguimiento destacaron que la demanda de billetes en poder del público tiende a mostrar patrones mensuales recurrentes en términos reales, una estacionalidad que vuelve más sensible el equilibrio cambiario cuando cae la demanda de pesos y sube la demanda de dólares.
Los expertos de FMyA explicaron que, mirando marzo, esperan un rebote moderado del dólar y que el BCRA siga comprando sin grandes dificultades. Reconocieron que marzo suele traer menos demanda de pesos y más demanda de dólares, lo que puede generar algo de tensión transitoria en el mercado oficial, pero sostuvieron que entre abril y mayo la oferta de divisas por la cosecha debería ayudar a estabilizar nuevamente el tipo de cambio.
Inflación y tasas: lo que dejó enero, el peso de tarifas en febrero y la presión de marzo
Desde 1816 señalaron que el martes se conoció la inflación de enero y que el índice se calculó usando los ponderadores anteriores, tal como se había anticipado a comienzos de febrero. En ese marco, remarcaron que la adopción de la metodología basada en la ENGHo 2017-18 quedó pospuesta indefinidamente, un dato relevante para interpretar comparaciones y debates sobre el IPC.
Los expertos de la consultora explicaron que el IPC de enero fue 2,9% y que ese registro marca el octavo mes consecutivo en el que la inflación mensual sube o se mantiene igual. Agregaron que la inflación núcleo se desaceleró 0,4 puntos respecto de diciembre y quedó algo por debajo de la general, aunque el 2,6% de enero superó el promedio mensual de 2025, que ubicaron en 2,4%.
Desde FMyA señalaron que el 2,9% de enero sorprendió porque el mercado esperaba 2,4%. Para febrero, indicaron que en la segunda semana la inflación fue +0,4% y proyectaron 2,3% para el mes, con una explicación puntual: los aumentos fuertes se concentran en tarifas, especialmente luz y gas.
Para FMyA, el ancla nominal se apoya en tres piezas que hoy juegan a favor de la desinflación: dólar bajando, salarios sin presión y tasas de interés en 2,8% mensual. También advirtieron que marzo suele traer presión adicional de inflación por educación y que probablemente se reabran paritarias, por lo que imaginaron que el Tesoro busca evitar que las tasas de interés bajen demasiado.
Reservas y crédito en dólares
Desde 1816 explicaron que, al mirar la variación de reservas desde la óptica de los flujos de balanza de pagos, las compras del Central en 2026 están muy vinculadas al crecimiento de los préstamos en dólares excluyendo el saldo de tarjetas. En sus números, ese stock subió USD 1.431 millones hasta el 9 de febrero y habría explicado una parte importante de lo que el BCRA retiene en el mercado oficial, dado que los préstamos bancarios en moneda extranjera se liquidan de manera inmediata por normativa.
Sus analistas apuntaron que el cambio se ve con claridad en la serie de stock: los préstamos en dólares crecieron desde USD 3.600 millones cuando asumió Javier Milei hasta USD 19.600 millones en la actualidad. En ese marco, señalaron que el financiamiento en dólares subió con fuerza en parte por la baja de tasas posterior a la elección: en documentos a sola firma, la tasa cayó desde la zona de 8% anual en octubre hasta 5,5% al momento del informe.
Para 1816, la expansión del crédito en moneda extranjera solo es posible porque también continuaron aumentando los depósitos privados en dólares en el sistema, incluso después de la liberación de las cuentas CERA. En ese punto, mencionaron que en los últimos días volvió a circular en la prensa que el Gobierno evalúa flexibilizar condiciones para que los bancos presten dólares, y recordaron que eso requeriría derogar el artículo 63 de la Ley 26.546 y modificar la política de crédito del BCRA.
Desde FMyA señalaron que esta oferta financiera en dólares es, justamente, uno de los factores que ayuda a mantener al tipo de cambio ofrecido y al Banco Central comprador. En paralelo, destacaron que, con el mundo más volátil y el BCRA acumulando reservas, los bonos volvieron a subir y el riesgo país bajó a 500 puntos básicos; también sostuvieron que las acciones siguen flojas, pero que podrían reaccionar si el riesgo país descendiera hacia 400 puntos básicos.
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ECONOMIA
En los últimos dos años se perdieron más de 21.000 empresas empleadoras del sector privado

Durante los primeros dos años de la presidencia de Javier Milei, la Argentina experimentó la pérdida de 21.339 empresas privadas empleadoras, una reducción del 3,9% en el universo de compañías formales con personal registrado. El fenómeno se observó entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 y abarcó a casi todas las jurisdicciones del país.
La disminución de compañías privadas, consideradas aquellas que declaran al menos un trabajador bajo cobertura del sistema de riesgos del trabajo, constituye uno de los indicadores más sensibles para medir la salud del sector productivo formal.
La medición realizada por la consultora Politikon Chaco excluyó a la administración pública, las organizaciones extraterritoriales y los hogares con servicio doméstico, lo que delimitó el análisis al núcleo del sector privado formal empleador. El dato se conoce a la vez que Fate anunció el cierre de su planta industrial de San Fernando y el despido de 920 empleados.
De las 24 jurisdicciones relevadas, solo Neuquén mostró un incremento neto de empresas, con un crecimiento del 1,8% y 159 firmas adicionales. El resto del país evidenció caídas de diversa magnitud.
Mientras Tucumán, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y San Juan presentaron retrocesos inferiores al 2%, provincias como Chaco (-10,5%), Catamarca (-11,3%) y La Rioja (-12,6%) registraron descensos de doble dígito, lo que equivale a la desaparición de más de uno de cada diez empleadores privados en dos años.
En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires explicó la mayor pérdida, con 5.428 empresas menos, equivalente a una baja del 3,2%. Le siguieron Córdoba con 3.884 firmas menos (-7,5%), Santa Fe con una reducción de 2.309 (-4,6%) y CABA con 1.860 empleadores menos (-1,5%). Estas cuatro jurisdicciones concentran el 72% del total de empresas en el país, por lo que sus variaciones inciden de manera significativa en el resultado nacional.
Durante el mismo período, de acuerdo al CEPA, la cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas disminuyó de 9.857.173 a 9.566.573, lo que implica una retracción cercana al 3%. En números absolutos, esto representa 290.600 empleos menos, una media de 400 puestos diarios desde la asunción de Milei.
Las cifras reflejan una contracción extendida y persistente en el tejido empresarial formal argentino, con impactos desiguales según la provincia, pero con una tendencia negativa predominante en casi todo el territorio nacional.
Otra aspecto a resaltar es que, según la Secretaría de Trabajo, la evolución demográfica empresarial muestra tres etapas diferenciadas en las últimas dos décadas.
Entre 2003 y 2008, el país atravesó una fase expansiva con un crecimiento anual promedio del 1,8% en el stock de empresas. El período 2009-2023 se caracterizó por el estancamiento, sin variaciones significativas en la cantidad de firmas (0,0%), mientras que 2024 marcó el inicio de una fase contractiva, con una reducción neta del 0,6%.
El análisis oficial identifica dos tendencias principales. Por un lado, la tasa de cierres de empresas permaneció prácticamente constante durante los tres períodos, sin grandes cambios entre etapas de expansión o recesión, ni entre diferentes sectores. Por otro, la variación neta en el número de empresas estuvo determinada fundamentalmente por las fluctuaciones en las aperturas, ya que los cierres se mantuvieron estables y no influyeron de modo relevante en la evolución del parque empresarial.
La Secretaría de Trabajo subrayó que “la pérdida de densidad empresarial en fases recesivas no obedece a un incremento de los cierres de firmas, sino a una caída en el volumen de aperturas de nuevas unidades productivas”.
En 2024, la reducción del 0,6% en la cantidad de empresas respondió a que la tasa de aperturas se ubicó en 2,7%, por debajo de la de cierres (3,4%). Este saldo negativo no se debió a un aumento en la mortalidad empresarial respecto de etapas anteriores, sino a la contracción en la creación de nuevas firmas. La tasa de cierres en 2024 fue similar a la de los ciclos previos (3,2 y 3,4, respectivamente para 2003-2008 y 2009-2023).
Esta dinámica se replica en todas las ramas que conforman la estructura productiva nacional. El informe oficial explicó que una parte relevante de los cierres corresponde a empresas de corta vida: en los últimos cuatro trimestres, el 34% de los cierres involucró firmas con menos de tres años de antigüedad. “Un período contractivo que reduce naturalmente el nacimiento de firmas determinará, en el corto plazo, una baja inercial en el número de cierres futuros”, señaló la cartera laboral.
El documento añadió: “Si bien un escenario recesivo promueve el cierre de empresas por la caída de la demanda y la reducción de los mercados, también restringe la creación de nuevas unidades productivas que, por su naturaleza, son las más propensas a cerrar prematuramente. De este modo, mientras las aperturas operan con una dinámica claramente pro-cíclica, los cierres enfrentan fuerzas contrapuestas que tienden a neutralizarse, resultando en una tasa de mortalidad sensiblemente constante. La magnitud de este equilibrio dependerá, lógicamente, de la profundidad y la extensión temporal de la crisis”.
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ECONOMIA
Aumentó el boleto de colectivo: cuánto sale el nuevo mínimo

A partir de este miércoles 18 de febrero, los usuarios del transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) deben afrontar un nuevo incremento en las tarifas de colectivos. La medida, que fue formalizada por la Secretaría de Transporte a través de la Resolución 11/2026 publicada en el Boletín Oficial, establece un ajuste que impacta directamente en las 104 líneas de jurisdicción nacional, las cuales conectan la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el conurbano bonaerense.
Este ajuste tarifario responde a una actualización necesaria ante el encarecimiento de los costos operativos del sector, incluyendo el combustible, los seguros y el mantenimiento de las unidades. Según explicaron desde la cartera de transporte, la intención es alinear los valores de las líneas nacionales con los esquemas que ya vienen aplicando la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, buscando una mayor sostenibilidad del sistema ante la reducción progresiva de subsidios estatales.
El aumento no será el único del trimestre, ya que se estableció una hoja de ruta con dos tramos definidos. De esta manera, el primer salto en los precios rige desde las primeras horas de hoy, mientras que ya se encuentra programada una segunda actualización para mediados del mes de marzo. Esta modalidad de incremento escalonado busca suavizar el impacto en el bolsillo de los trabajadores y estudiantes que dependen diariamente de este medio de transporte.
Nuevos precios del boleto de colectivos desde este miércoles
Con la entrada en vigencia del nuevo cuadro tarifario, el boleto mínimo —que corresponde a recorridos de entre 0 y 3 kilómetros— pasa a costar $650 para aquellos pasajeros que cuenten con la tarjeta SUBE debidamente registrada. Para quienes deban realizar trayectos de media distancia, los valores también sufrieron modificaciones considerables: el tramo de 3 a 6 kilómetros sube a $724,09, mientras que los viajes de 6 a 12 kilómetros alcanzan los $779,87.
En el caso de los recorridos más largos dentro del área metropolitana, las tarifas se fijaron en $835,71 para distancias de entre 12 y 27 kilómetros, y en $891,16 para quienes superen los 27 kilómetros. Es importante destacar que estos precios representan un incremento cercano al 31,35% respecto a los valores que regían anteriormente, consolidando una tendencia de ajustes periódicos vinculados a la inflación y a la estructura de costos técnicos del servicio.
Para quienes viajen con tarjetas SUBE que no estén nominalizadas (es decir, que no fueron registradas a nombre de un usuario en el sitio oficial), el castigo económico será significativo. En estos casos, el boleto mínimo asciende a los $1.033,50, pudiendo llegar hasta los $1.416,94 en los tramos más extensos. Esta brecha tarifaria busca incentivar la regularización de las tarjetas para un mejor control del sistema de subsidios personales.
El otro aumento de colectivos que viene en marzo
El cronograma de aumentos ya tiene marcada la próxima fecha clave en el calendario: el 16 de marzo. Ese día, se activará la segunda etapa de la actualización, llevando el boleto mínimo de los colectivos nacionales a $700. Los tramos subsiguientes también se verán afectados, con precios que oscilarán entre los $779,78 y los $959,71 para los usuarios registrados. Con esta segunda suba, el ajuste acumulado en apenas un mes superará el 41%.
A pesar de los fuertes aumentos, desde el Gobierno confirmaron que se mantendrán vigentes los beneficios sociales para los sectores más vulnerables. La Tarifa Social continuará ofreciendo un descuento del 55% para jubilados, pensionados, beneficiarios de la AUH y trabajadoras de casas particulares, entre otros grupos. Asimismo, el sistema de Red SUBE seguirá funcionando, otorgando rebajas en el valor del pasaje al realizar combinaciones entre diferentes medios de transporte (colectivos, trenes y subtes) dentro de una ventana de dos horas.
Para los usuarios que deseen evitar los precios más altos, sigue abierta la posibilidad de registrar la tarjeta a través de los canales digitales del sistema SUBE o en los centros de atención presencial habilitados en las principales estaciones ferroviarias y dependencias municipales. La nominalización no solo permite acceder a tarifas más bajas, sino también recuperar el saldo en caso de pérdida o robo del plástico.
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