POLITICA
La lucha de Macri y CFK por sostener sus liderazgos en la Argentina de Milei

Le dijo “llorón”, que “está grande”, que “quizá deba entender que su momento pasó” y se regodeó con un video realizado con IA que circuló por las redes sociales durante la veda electoral. También los acusó de “amarillos fracasados” y de haber pactado con el kirchnerismo para hacer caer el proyecto de Ficha Limpia, y resaltó además que el perdedor era el que tenía que levantar por teléfono para saludar al ganador. Javier Milei dijo muchas más cosas sobre Mauricio Macri, antes y después de vencerlo en su casa matriz y dejar al jefe del PRO en una situación de extrema debilidad política. Aún así, desde España, el ex presidente utilizó su WhatsApp para comunicarse con el Presidente -no lo hacían desde febrero- y felicitarlo por el triunfo de LLA en la capital, y para intentar capitalizar la instrumentación de un acuerdo electoral en la provincia de Buenos Aires que un grupo numeroso de dirigentes del PRO ya planeaba ejecutar desde antes de la crisis partidaria desatada por la durísima derrota en la ciudad, con o sin aval del ex presidente.
Macri atraviesa horas determinantes para su futuro. Pelea, como Cristina Kirchner, para permanecer y sostener un liderazgo corroído en la Argentina de Milei y en la transición hacia una reorganización del sistema político.
Jaime Durán Barba, uno de los estrategas que más colaboró para que el ex presidente llegara a la Casa Rosada, dijo a mediados de semana que en la LLA ya “no lo necesitan” a Macri. “La gente de él, la más fanática, ya se fue con ellos, y la que no estaba de acuerdo con las ideas de derecha, ya se fue a otro lado”, aseguró el consultor.
Tal vez ese comentario del ecuatoriano, distanciado desde hace tiempo del jefe del PRO, explique la decisión de Macri de aceptar las condiciones planteadas por el Presidente después de una serie de humillaciones públicas, y congraciarse por su performance del domingo pasado. De “perdedor” a “ganador”.
La noche de la derrota, el ex presidente voló hacia España en un jet privado, furioso por el resultado, en medio de una batería de versiones en torno a la relación con Jorge Macri: según trascendió de altísimas fuentes, los primos, que tuvieron siempre un vínculo conflictivo, protagonizaron una discusión por la estrategia y la nacionalización de la campaña porteña. De los próximos pasos del jefe de Gobierno se desprenderá hasta qué punto está dispuesto a independizarse de la influencia de su primo sobre la administración local y su estrategia política de cara al 2027. También circuló que el jefe del PRO, antes de subirse al avión, le habría avisado a un colaborador de extrema confianza que debían analizar la colaboración parlamentaria del PRO con el Gobierno en el Parlamento. El mensaje de WhatsApp del miércoles pasado permite inferir que ese análisis ya fue saldado.

Desde España, Macri se mantuvo en comunicación permanente con sus principales colaboradores, pero en el seno del PRO no cayó muy bien que viajara al exterior horas después de la derrota, más allá de los compromisos asumidos. “Macri tiene un hobby con la política. Cristina juega a tiempo completo, de manera profesional: postea en las redes, pero además juega”, comparó un diputado que sigue en contacto permanente con él. Hace algunos meses, un dirigente le planteó que pensara en la posibilidad de ser candidato en octubre, y que le “pusiera el cuerpo” a la campaña para evitar que su liderazgo entrara, como ahora, en una seria crisis. “No lo siento”, le respondió el ex presidente.
Hay dirigentes que se preguntan si con la derrota en la capital del domingo pasado el PRO quedó sumergido en una severa crisis política e identitaria, o si lo que colapsó fue el macrismo. Es decir, si es posible que el PRO sobreviva a esta nueva era, con una LLA que acaparó el espectro de la derecha y la centroderecha, sin un liderazgo nítido como el que Macri ostentó durante la última década. “Mauricio se equivoca cuando confunde el rol de líder con el de dueño”, sintetizó en estas horas un histórico asesor.
Es el debate que atraviesa a una buena cantidad de dirigentes, y a los dos gobernadores del PRO, de Entre Ríos y Chubut: la refundación de un nuevo proyecto, sin Macri.

La crisis de liderazgo del ex presidente quedó expuesta en estas últimas semanas, pero fue un proceso que empezó mucho antes, desde las elecciones de medio término del 2021, cuando Horacio Rodríguez Larreta festejó el triunfo de María Eugenia Vidal en la ciudad con Macri en segundo plano, a un costado del escenario. En el 2023, el jefe del PRO se inclinó por Patricia Bullrich en la interna partidaria mientras coqueteaba con Milei. Vencido primero Rodríguez Larreta, y la ministra de Seguridad después afuera del balotaje, Macri resolvió apoyar a Milei a través del famoso pacto de Acassuso, convencido de que el presidente le ofrecería una especie de asesoría permanente de gestión.
Cuando Macri entendió que Milei avanzaría sobre su liderazgo, recuperó la jefatura del PRO e intentó revitalizar el partido. Era tarde. En simultáneo, confirmó el distanciamiento con dirigentes con los que compartió más de dos décadas de relación, como Rodríguez Larreta o Néstor Grindetti. Furioso con el presidente de Independiente por su vínculo con Claudio “Chiqui” Tapia, el jefe del PRO posteó en noviembre pasado, a propósito del trofeo sudamericano que ganó el equipo rival del club de Avellaneda: “Siempre dije que Racing era mi segundo equipo”. Dentro del PRO lo interpretaron como un mensaje para el ex jefe de Gabinete porteño. ¿Fue también para Cristian Ritondo, que hace equilibrio entre su lealtad a Macri y la tentación de aliarse cuanto antes con el gobierno en la Provincia?
El ex presidente enfrenta ahora un desafío: tratar de imponer reglas y condiciones de cara al acuerdo electoral que Milei ya ordenó instrumentar en la provincia de Buenos Aires a través de dirigentes como Ritondo, Guillermo Montenegro y Diego Santilli, después de que el PRO fuera derrotado frente al candidato de Karina Milei, a quién denigró sistemáticamente en privado desde que se hizo cada vez más influyente en el nuevo sistema de toma de decisiones.
Los intendentes más comprometidos con Macri, liderados por Soledad Martínez, quieren negociar la letra chica del acuerdo en las elecciones provinciales de septiembre. Acordar con LLA, pero incluir en un mismo frente al radicalismo de Maximiliano Abad y a partidos vecinalistas. Montenegro y otros colegas como Ramón Lanús son menos pretenciosos: “Si el auto pintado de violeta funciona, no le agreguemos manchas amarillas”, dijeron desde uno de esos municipios. Diego Valenzuela, el primero en pegar el salto de manera oficial, estuvo el viernes con Milei en Olivos y chatea a diario con el jefe de Estado. El intendente incluso le llevó una boleta electoral para que se la firme.
Son escenas de la nueva reconfiguración del mapa político que Macri siguió esta semana con atención desde Madrid. Un escenario similar al que alguna vez protagonizaron Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde: la transición del duhaldismo al kirchnerismo, con intendentes del Gran Buenos Aires que cambiaron de carpa dentro del campamento del peronismo después de la elección del 2005, e inauguraron una nueva era bajo el liderazgo del expresidente patagónico.
En el principal bastión del peronismo, Cristina Kirchner ofrece una resistencia similar a la que protagonizó Macri en la capital, pero con una diferencia sustancial: ella sí está dispuesto a poner su nombre en una boleta con tal de mantener su liderazgo.

No es la primera vez que la ex presidenta enfrenta un desafío a su conducción, pero sí es una novedad que esta vez el intento principal por disputarle la jefatura de esa facción del peronismo, cada vez más anclada en la provincia de Buenos Aires, proviene de su propio riñón, de un dirigente como Axel Kicillof al que ella moldeó e impulsó como posible sucesor.
En el 2013 había sido Sergio Massa -el vínculo con la ex presidenta se consolidó en los últimos meses-, que, en alianza con el PRO, le ganó a la lista K en la provincia de Buenos Aires, una campaña basada en una proclama en contra de la “re-reelección” de la ex presidenta. En el 2017, un grupo de sindicalistas, intendentes y ex funcionarios, con Florencio Randazzo a la cabeza, colaboraron con el macrismo para que ella perdiera en las elecciones de medio término en territorio bonaerense. Ese año, un grupo de gobernadores se alió a Cambiemos para impulsar, por ejemplo, el desafuero y la detención del ex ministro Julio De Vido, e intentaron una avanzada contra la conducción de Cristina Kirchner. “Cristina es un ciclo político concluido”, dijo públicamente Juan Manzur, uno de los voceros de ese grupo de gobernadores. El senador tucumano se convirtió en el último año en un delegado de CFK en la Cámara alta.
Pero a diferencia de Macri, y en paralelo a los intentos del sistema político por corroer su protagonismo, la ex presidente se enfrentó además con una andanada de investigaciones judiciales que la pusieron a la defensiva en los últimos años, y la obligaron a desplegar un discurso belicoso contra la corporación del Poder Judicial que la comprometió a presentarse sistemáticamente en los tribunales. En ese contexto, inauguró en nuestro país el término “lawfare”.
En el 2013, en un intento revanchista por avanzar sobre la Justicia, Cristina Kirchner envió al Congreso una serie de proyectos para “democratizar” el Poder Judicial, en el que proponía, entre otras iniciativas, la elección por el voto popular de los jueces e integrantes del Consejo de la Magistratura, el órgano encargado de la selección de los magistrados. El paquete de leyes, pionero en la región, naufragó en el Parlamento. El próximo fin de semana, una comitiva del peronismo entre los que figuran Juan Martín Mena, ministro de Justicia bonaerense y asesor judicial de CFK, tiene previsto viajar a México para supervisar y estudiar la elección popular de más de un millar de jueces y funcionarios judiciales en México, una reforma inédita que debuta en ese país con resultado incierto.
La caída de Ficha Limpia, que registró serios indicios de negociaciones subterráneas entre el Gobierno y el kirchnerismo a cambio de discrecionalidades en la comisión por el caso $LIBRA en torno a Karina Milei, dejó a Cristina Kirchner en condiciones de ser candidata nacional en octubre, aunque aún resta una definición de la Corte Suprema por el recurso presentado por sus abogados en el marco del caso Vialidad.
Según las últimas versiones, la ex presidenta tiene algo madurada su decisión de competir como legisladora bonaerense por la tercera sección electoral, la más populosa del conurbano, donde se concentra buena parte del voto cristinista.
En las últimas semanas, la disputa con Kicillof volvió a agravarse. El viernes, después de que Gerardo Zamora confirmara que Santiago del Estero tendrá un calendario concurrente al nacional, recrudecieron las presiones para que el gobernador revea su decisión de desdoblar las elecciones provinciales, convocadas para el 7 de septiembre. El viernes, en los estudios de Infobae en Vivo, el intendente Ariel Sujarchuk dijo, sonriente, que había hablado esa tarde del tema con “un importante diputado nacional allegado a la ex presidenta”, del que no reveló el nombre pero que no hacía falta ser mago para adivinar que se trataba de Máximo Kirchner. El intendente se mostró reacio a la decisión de Kicillof en línea con el cristinismo y La Cámpora, en especial por los resultados de las primeras seis elecciones desdobladas, en las que el peronismo cosechó una muy mala performance pero que tuvieron además un denominador común que inquieta al PJ: un descenso significativo de la participación electoral.

No existen, sin embargo, indicios concretos de que el gobernador revea su decisión porque en esa definición electoral radica su principal posicionamiento: diferenciarse de Cristina Kirchner, que intentó modificar la decisión de su ex ministro de Economía.
La última semana, algunos dirigentes del peronismo bonaerense volvieron a tratar de acercar posiciones. Uno de ellos recibió de parte de emisarios del gobernador el siguiente mensaje: “No pierdas el tiempo”. Esa afirmación exhibe lo que circuló en estos tiempos dentro del kirchnerismo provincial: que es el gobernador el que no quiere acordar listas conjuntas de cara a la elección de septiembre. Impulsado por intendentes y funcionarios, y convencido de que tiene que dar le pelea por el liderazgo del peronismo K en esta instancia, y no esperar al 2027.
La pelea con el gobernador se libra no solo en territorio bonaerense: tuvo su propio correlato en la capital, que hoy tendrá a CFK en su primera reaparición pública desde marzo pasado. En comunicación con los jefes del PJ porteño, Cristina Kirchner avaló que le dieran un lugar entre los primeros cinco lugares a la legisladora Berenice Iañez, que renovaba su banca en la Legislatura, en la lista de Leandro Santoro. Cuando se enteró su hijo Máximo, enfureció, y ordenó bajarla de la boleta. Al final, la ex presidenta volvió a interceder y terminó en el noveno lugar. Entró al filo de los votos. El domingo por la noche, con el resultado consolidado y el peronismo en el segundo lugar, la diputada porteña y un grupo de militantes cantó en las inmediaciones del búnker, en Caballito: “Ahí viene la Bere, qué loca que está… para todos los boludos que la quisieron vetar…”. Berenice responde a Kicillof y se fue de La Cámpora. Hay otra Iañez, que se llama Lucía, y que es la principal delegada del gobernador en la Legislatura provincial. No tienen ningún parentesco comprobado.
La ex presidenta monitorea la provincia de Buenos Aires, pero sigue el resto de los distritos en su condición de presidenta del PJ nacional. Los resultados de Salta y Jujuy, después de las intervenciones que dispuso, la colocaron en el centro de los cuestionamientos. ¿El peronismo empezó a acostumbrarse a perder? Es la pregunta que reina en ese movimiento. Surge también otra incertidumbre: ¿hacía donde va el peronismo?
Cristina trata de buscar respuestas. Hiperactiva, El mes próximo viajará a Corrientes, para apuntalar la candidatura de Martín Ascúa. El ex gobernador Ricardo Colombi, radical, no quiere saber nada con esa visita. Según trascendió, fue lo que le comunicó a Massa. El ex ministro se asoció ayer en esa provincia con el peronismo. El vínculo Massa-CFK está intacto.
Visitantes asiduos de CFK aseguran que tiene un discurso racional, que es consciente de las dificultades electorales que atraviesa el peronismo, y que es partidaria de recibir a dirigentes que sumen para capear la crisis. Un ejemplo son las negociaciones en Salta con Juan Manuel Urtubey para encabezar la lista de senadores en octubre: el ex gobernador, que fue muy crítico del kirchnerismo, ya mantuvo conversaciones con Oscar Parrilli.
El epicentro de su liderazgo se sitúa de todos modos en el corazón de la provincia de Buenos Aires. Es ahí, en la disputa con Kicillof, donde más daño puede provocarle al gobernador. También es el lugar dónde se va a dirimir su conducción. Cristina Kirchner no quiere ceder el poder de la lapicera, aunque nadie sabe de cuanta tinta dispone.
POLITICA
Senado: Se agudiza la interna peronista y cada vez hay más ruido de ruptura en el kirchnerismo

Así como no todo lo que reluce es oro, el voto de los senadores peronistas contra la reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei no implica una señal de unidad en el PJ sino que, por el contrario, encubre un hervidero de internas que amenazan con hacer volar por los aires la más que endeble unidad del conglomerado que conduce José Mayans (Formosa).
Que el peronismo pasa por su peor momento en la Cámara alta es una verdad que ya no se puede ocultar. Qué un oficialismo que apenas tiene 21 senadores haya logrado aprobar una reforma que flexibiliza de las leyes laborales en el Senado hubiese sido inimaginable hace menos de un lustro atrás y es toda una señal del retroceso que vienen registrando los seguidores de Cristina Kirchner.
Pero las señales siguen acumulándose. Desde diciembre, el conglomerado peronista en el Senado se ha dividido en tres bloques, tras la última elección el kirchnerismo tocó la cota más baja de bancas desde que devino en el sector hegemónico del partido fundado por Juan Domingo Perón y, como si fuera poco, su intención de seguir imponiendo su agenda y estrategias ha convertido en una olla a presión al interbloque rebautizado “Popular”. Si hasta el nombre, elegido por la conducción kirchnerista, molestó a varios legisladores por considerar que no expresa nada.
La tensión interna alcanzó su pico más alto en la previa a la sesión por la reforma laboral cuando el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, denunció en público al kirchnerismo por llevar a cabo “aprietes” y “presiones” para imponer por la fuerza su postura de rechazo cerrado al proyecto.
“Hay gobernadores, senadores y diputados que han sido hasta amenazados, diciéndoles que les iban a intervenir el Partido Justicialista en sus distritos -como ya lo han intervenido en Salta, en Misiones, en Jujuy- de acuerdo a cómo votaban ese día los legisladores, sabiendo que el PJ es la única herramienta electoral que tienen en sus provincias”, afirmó Sáenz, que lleva años enfrentado con la conducción de Cristina Kirchner.
En un despacho de la Cámara alta avalaron los dichos de Sáenz, pero fueron un poco más allá y equipararon la situación con las purgas de la desaparecida Unión Soviética. “Como ven que está perdiendo poder el kirchnerismo está haciendo estalinismo puro y duro, expulsando a todo aquel que disiente con ellos”, se quejó un legislador que hace rato viene amenazando con abandonar el sector kirchnerista de la bancada, pero que siempre encuentra una razón para no hacerlo.
Las palabras del mandatario salteño también encontraron eco durante el debate de la reforma laboral, cuando la jujeña Carolina Moisés se quejó en pleno recinto por las presiones y la persecución que viene sufriendo como consecuencia de su enfrentamiento interno en Jujuy con Leila Chaher, referente de La Cámpora con llegada directa a la expresidenta que cumple condena por corrupción.
“Llevo más de un mes aguantando una campaña tremenda, con aprietes espantosos, de parte de algunos que se dicen compañeros, atacándome y tratando de doblar mi voluntad, poniendo en duda por qué voto lo que voto”, denunció Moisés.
La senadora acusó al kirchnerismo de haberla expulsado del PJ de Jujuy “por las decisiones” que tomó en el ejercicio de su cargo. “La verdad es que no les tengo miedo; mi voluntad está conducida no por una persona ni un partido, sino por la voluntad de los jujeños que me pusieron en esta banca”, desafió.
Moisés votó en contra de la reforma, dando por tierra con versiones periodísticas que la ubicaban apoyando el proyecto. “Eso querían ellos para tener una razón para expulsarnos. Nos vamos a ir, pero cuando lo dispongamos nosotros, y cuando lo hagamos nos vamos a llevar a varios de los que hoy están con los kirchneristas”, advirtió a un allegado al bloque Convicción Federal, molesto por la estrategia adoptada por el kirchnerismo de negarse a participar del debate y obligar a sus senadores a tomar posturas extremas, sin grises.
Convicción Federal es uno de los tres bloques en que se divide el interbloque “Popular” y está integrado por Moisés, Fernando Rejal (La Rioja), Fernando Salino (San Luis), Sandra Mendoza (Tucumán) y Guillermo Andrada (Catamarca), todos críticos de la praxis política y del modelo de conducción del kirchnerismo.
El grupo acaba de dar otra señal fuerte de disidencia interna, aceptando integrar las comisiones de Acuerdos y de Relaciones Exteriores a contramano de la estrategia de la conducción del interbloque, que se niega a designar representantes en los cuerpos de trabajo legislativo en protesta porque no se le respeta el número que, aseguran, les correspondería en un reparto proporcional.
El mapa peronista del Senado se completa con la mayoría kirchnerista, aglutinada en el Bloque Justicialista y que conducen la troika conformada por Mayans, Juliana Di Tullio (Buenos Aires) y Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), todos con llegada directa a San José 1111; y los dos miembros del boque del Frente Cívico de Santiago del Estero, que lidera el exgobernador Gerardo Zamora.
Por el momento no hay fecha de ruptura porque nadie quiere dar el primer. Pero la tensión viene en aumento, con gestos de desafíos internos y un tema en la agenda futura del Senado que podría convertirse en el detonante de la ruptura: la elección de los jueces de la Corte Suprema.
El Gobierno ya ha tomado nota de que el kirchnerismo cayó a 21 legisladores puros y, por lo tanto, perdió la llave del tercio del cuerpo (24 legisladores) que lo convertía en factor clave a la hora de negociar los nombres de los candidatos a ocupar las dos vacantes en el máximo tribunal.
En otras palabras, en la Casa Rosada saben que todavía necesitarán de votos peronistas para conseguir los dos tercios que exige la Constitución para darles acuerdo a los magistrados, pero también tienen claro que Cristina Kirchner ya no tendrá que estar necesariamente sentada en esa mesa. Todo un golpe para la expresidenta.
Gustavo Ybarra,Conforme a
POLITICA
Financiamiento universitario: el Gobierno confía en reunir mayoría en Diputados y apunta a aprobar la ley en marzo

El Gobierno nacional intensificó las gestiones políticas para avanzar con un nuevo esquema de financiamiento universitario y asegura contar con respaldo suficiente en la Cámara de Diputados para aprobar la iniciativa. Sin embargo, pese al optimismo oficial, la discusión legislativa no se concretaría durante las sesiones extraordinarias y quedaría postergada para el inicio del período ordinario.
En Balcarce 50 sostienen que el número de votos está prácticamente garantizado gracias al acompañamiento de bloques dialoguistas y legisladores provinciales. De acuerdo a estimaciones oficiales, el proyecto podría alcanzar un piso cercano a la mayoría simple necesaria para la media sanción.
La intención inicial era tratar el texto esta misma semana: primero obtener dictamen en comisión y luego llevarlo al recinto. Pero los tiempos parlamentarios y la necesidad de seguir negociando cambios técnicos obligaron a aplazar la votación. La estrategia ahora apunta a marzo.
Qué propone la reforma
La iniciativa no elimina la normativa vigente aprobada por el Congreso el año pasado, sino que busca modificar su mecanismo central: la actualización automática de partidas presupuestarias. El Ejecutivo pretende reemplazar ese sistema por incrementos escalonados y revisiones periódicas.
Según explican fuentes oficiales, el objetivo es evitar que el gasto universitario quede atado de forma permanente a la inflación y genere compromisos fiscales difíciles de sostener. En su lugar, la propuesta prevé ajustes programados y una evaluación a mitad de año para revisar el impacto de la evolución de precios.
El esquema incluiría una recomposición inicial para gastos operativos de las universidades respecto de los fondos asignados en 2025, junto con una instancia de revisión en junio para comparar la actualización otorgada con el Índice de Precios al Consumidor.
Negociaciones con las universidades
Paralelamente al armado político en el Congreso, funcionarios del área educativa mantuvieron encuentros con autoridades del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), organismo que reúne a los rectores de las universidades públicas. Las reuniones abordaron salarios docentes, funcionamiento institucional y previsibilidad presupuestaria.
Desde el Gobierno aseguran que buscan un acuerdo técnico que reduzca la conflictividad y evite nuevas crisis de financiamiento. Las casas de estudio, en tanto, reclaman garantías de estabilidad para sostener el calendario académico y el pago de sueldos.
El debate universitario se convirtió en uno de los ejes más sensibles de la agenda política durante el último año, con marchas masivas y cruces entre el oficialismo y la oposición. En este contexto, la Casa Rosada considera clave mostrar capacidad de negociación y avanzar con una ley propia.
Financiamiento universitario: el Gobierno apeló la cautelar judicial y busca frenar la actualización salarial
El escenario parlamentario
El oficialismo apuesta a construir una mayoría con aliados circunstanciales, especialmente legisladores de provincias que condicionan su apoyo a la incorporación de cláusulas específicas. Por eso, el texto aún permanece abierto a modificaciones.
Aunque el Gobierno asegura tener los votos, en el Congreso reconocen que el resultado final dependerá del nivel de consenso que logre el Ejecutivo con rectores y gobernadores. La discusión, por lo tanto, continuará en las próximas semanas y se proyecta como uno de los primeros grandes debates legislativos del año político.
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Cámara de Diputados,financiamiento universitario,Javier Milei,universidades nacionales
POLITICA
Las relaciones cárnicas: de Roca-Runciman a Milei-Trump

El debate sobre el acuerdo con Estados Unidos ha estado dominado por discusiones económicas sobre su impacto sectorial, su potencial para promover cadenas de valor y pormenores técnicos de derecho comercial.
El foco del debate es curioso porque los acuerdos pueden hacerse o deshacerse si la política no acompaña y su éxito o fracaso dependerá fundamentalmente de desarrollos geopolíticos.
Cualquier economista reconocería que las instituciones son endógenas a las estructuras de incentivos y estrategias de los actores. De allí que una pregunta eminentemente política se encuentre en el candelero ¿Es un acuerdo tan asimétrico una estrategia acertada dadas las dinámicas de poder entre Estados Unidos y China?
El acuerdo sería un error si, como sostienen algunos, coincidimos más de lo debido a una hegemonía norteamericana declinante. El paralelismo más sugerente es con el tratado Roca-Runciman de mayo de 1933 en el cual Argentina, entonces enfrentada al proteccionismo británico, aseguró una cuota de 390.000 toneladas de carne a cambio de concesiones que el nacionalismo interpretó como coloniales.
Aquel acuerdo (como este) fue notablemente asimétrico—nos obligaba a vender carne de frigoríficos británicos, pagar con ello deuda contraída en Londres y dar trato preferencial a otros productos. Sin embargo, la conclusión de que Argentina cometió un error por atarse a una potencia declinante—cuando Estados Unidos estaba en plena depresión y Gran Bretaña poseía el mayor imperio de ultramar de la historia, abarcando aproximadamente un cuarto de la tierra y su población—es anacrónica.
El destino del Imperio Británico distaba de ser evidente en ese entonces. En la larga cadena de contingencias imprevisibles que lo fue develando, una ironía notable se dio cuando, tras el hundimiento del Graf Spee en diciembre de 1939, el canciller José María Cantilo propuso al embajador británico Sir Esmond Ovey romper relaciones con Berlín, pero Londres concluyó que la neutralidad argentina era más funcional para que el suministro de carne—la cuota asegurada por Roca (h)—pudiera sortear a los submarinos alemanes y la propuesta fue descartada. Así, aquellas relaciones cárnicas tuvieron consecuencias terribles para la Argentina, pero las razones son mucho más complejas e imprevisibles de lo que la historiografía revisionista presupone.
Aun cuando históricamente imprecisa, la analogía con el tratado Roca-Runciman permite formular la más relevante de las preguntas geopolíticas por detrás de este acuerdo ¿Se está alineando Argentina otra vez con un hegemón en declive?
Aunque China hoy duplica la producción y el comercio manufacturero de Estados Unidos—como este duplicaba a Gran Bretaña en el período de entreguerras—por entonces la economía norteamericana triplicaba a la británica y ya igualaba su productividad per cápita. Pekín, en cambio, incluso con las mediciones más favorables, apenas iguala el producto global de su rival pese a tener una población cuatro veces mayor. A diferencia del período de entreguerras, el 65 por ciento de la economía mundial hoy se concentra en los servicios, mientras que las manufacturas—ámbito en el que el gigante asiático ha logrado destacarse—representan apenas una quinta parte. Medida en términos per cápita, esta ventaja en riqueza y productividad es tres veces mayor a la que el Reino Unido jamás tuvo sobre los Estados Unidos.
Pero para anticipar quién prevalecerá no basta la economía: el equilibrio militar es decisivo. La transición entre el Reino Unido y Estados Unidos sólo fue sellada tras dos guerras mundiales. En este sentido, aunque China haya podido ponerse a la par en algunos aspectos económicos, esto la ha convertido en un rival prodigioso en el Pacífico y desatado dinámicas geopolíticas que pueden llegar a detener su ascenso.
Hoy Estados Unidos no enfrenta ningún desafío a su hegemonía militar—al menos nada remotamente comparable al desafío que Alemania representó para Gran Bretaña. El gasto en defensa de Washington es cuatro veces el de Pekín en términos absolutos. Militarmente, China está contenida por tres portaviones y bases estadounidenses en la primera cadena de islas frente su costa, apoyadas en alianzas estrechísimas con Seúl, Taipéi y Tokio—sin considerar el control de rutas marítimas más allá.
Más aún, aislado por dos océanos y sin rivales inmediatos en su vecindario, Estados Unidos podría cómodamente replegarse y dejar que los vecinos de China—desde Japón hasta la India, e incluso Rusia en el largo plazo—tomen cuenta de su contención. Estados Unidos está mejor posicionado para jugar en el Asia del siglo XXI un papel similar al que desempeñó en la Europa del siglo XX, emergiendo como árbitro estratégico.
Claro, si China siguiera creciendo pacíficamente, cuadruplicando sus cifras actuales de productividad per cápita y gasto militar, llegaría un punto en el cual igualaría a los Estados Unidos. Quizás entonces podría sobreponerse a sus poderosos vecinos y al cerco norteamericano. Frente a este escenario la pregunta del millón es si Washington puede frenar el ascenso chino. Claramente, el intento actual de aislar económicamente a Pekín responde a esta preocupación.
Algo es casi seguro: mientras China no abandone sus ambiciones, Estados Unidos no dejará de intentar frenarla. Esta observación es, quizás, central para la planificación estratégica de países como la Argentina en el mediano plazo. Este año, Pekín logró una tregua momentánea al intento de desacople norteamericano por su control sobre la producción de tierras raras, pero Estados Unidos volverá a la ofensiva. Como lo declaró Marco Rubio, Argentina viene a jugar un papel central en la estrategia de Washington de diversificar estos suministros y esto se refleja en el acuerdo.
Sin dudas, el acuerdo Milei-Trump fue asimétrico. Como en todos los acuerdos de este tipo firmados recientemente—por Guatemala, Ecuador y El Salvador—Washington requirió concesiones unilaterales en acceso a mercados, reducción de trabas burocráticas, propiedad intelectual y la exclusión de China de ciertas áreas.
Sin dudas, con mejores equipos negociadores se podría haber obtenido un resultado más decoroso en aspectos que van desde el tono del acuerdo, hasta los mecanismos adoptados para efectivizar las concesiones políticamente acordadas—como la ausencia de la cuota, la mayor concesión norteamericana, en el mismísimo acuerdo. Pero una crítica honesta requiere consistencia lógica y una dosis de realismo respecto de las alternativas sobre la mesa. De lo contrario, las críticas ideológicas incurren en contradicciones espectaculares, como quienes rechazan el tratado Roca-Runciman desde el antiimperialismo y defienden el alineamiento con otra potencia hegemónica, o quienes critican el acuerdo con Trump por su impacto en nuestro tejido industrial y proponen vínculos con China basados en nuestra mayor complementariedad como exportadores de materias primas. En definitiva, un acuerdo solo puede evaluarse en relación con las alternativas disponibles.
En las Américas, frente a Trump, no parece haber hoy en día muy buenas alternativas. Sin siquiera considerar la delicada situación de Delcy Rodríguez, los casos de Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro demuestran que las concesiones que no se ofrecen inicialmente, se consiguen a través de los palos. Mientras Lula (como von der Leyen) inició la partida bajo aranceles del 50 por ciento, Milei (como Takaichi y Starmer) prefirió aceptar la asimetría desde un inicio ates que sumarle a esta los costos adicionales de la confrontación. Se verá si ser un aliado confiable en el hemisférico occidental es una buena estrategia, pero la primera mano, en términos comparados, no se ve tan mal.
En el escenario doméstico, el tratado sin dudas ha tenido un saldo positivo y provee de un ancla comercial y geoestratégica que se suman a la monetaria, cambiaria y fiscal.
La diplomacia de las relaciones cárnicas deberá ser procesada domésticamente también en lo que puede ser una caja de Pandora, por los intereses que toca—que ya se han cobrado dos cancilleres.
No deberíamos olvidar que tras el acuerdo Roca-Runciman la polarización en torno al infame escándalo de las carnes ensangrentaría las bancas del Congreso; una tragedia que, esperemos, no se repita ni siquiera como farsa.
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