ECONOMIA
Fuerte intervención del BCRA en el dólar futuro reaviva dudas en la City sobre la credibilidad del plan Caputo

El Banco Central confirmó lo que todos en el mercado sospechaban: que desde el levantamiento del cepo cambiario incrementó su intervención en los contratos de futuros, como forma de frenar la presión a la suba del tipo de cambio. Y de inmediato resurgió el debate respecto de si realmente se puede considerar al nuevo régimen cambiario como «de flotación».
El informe reconoce posiciones vendedoras al 31 de mayor por u$s1.946 millones, lo que implica que incrementó durante el mes sus posturas por u$s1.541 millones. En ese período, el tipo de cambio mayorista había empezado el mes muy alto, en $1.194 pero tuvo un bajón que lo llevó a terminar mayo en $1.160, tras haber tocado un nivel mínimo de $1.114 a mediados de mes.
En comparación con otros momentos históricos, no puede decirse que la intervención sea masiva. A fines de 2015, cuando durante la gestión kirchnerista el BCRA usaba el mercado de futuros como principal herramienta para contener al dólar, se llego un nivel de intervención de u$s17.500 millones, según estimó el economista Salvador Vitelli.
Pero esa situación no quita que se haya producido una polémica respecto de qué tan «liberal» es la política económica en la nueva fase. De hecho, las intervenciones ya se venían notando desde marzo, cuando se demoraba el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el mercado empezó a dar señales de desconfianza en la continuidad del esquema del «crawling peg» al 1% mensual.
Tras la adopción del nuevo esquema, el ministro Luis Toto Caputo enfatizó en que no habría intervención oficial dentro de la banda, por lo que el esquema podía calificarse como de flotación. Y para reforzar ese concepto se anunció que el BCRA se abstendría de comprar dólares dentro de la banda, ya que ello equivaldría a desnaturalizar el libre juego de la oferta y demanda de divisas, porque el precio al que, eventualmente, comprara el Central sería interpretado como un «piso» por encima del límite inferior de la banda.
Fue también con ese argumento que se anunció que la compra de dólares para acumular reservas se haría a través de la emisión de bonos del Tesoro -suscribibles en dólar pero que se pagan en pesos-, porque de esa manera se cumplían simultáneamente dos objetivos: reforzar la caja del BCRA y mantener la pureza de la flotación cambiaria.
Quien argumentó ese punto fue Federico Furiase, el ideólogo del «plan de las tres anclas», quien sostiene que si el que compra es el BCRA, entonces se volcarían al mercado pesos que no necesariamente responden a una demanda genuina de dinero.
En cambio, si el Tesoro compra dólares a cambio de títulos públicos y con una «duration» mayor a un año, se cumplirá el objetivo de acumular reservas sin que eso implique emitir pesos. Y destacó que el punto central de ese plan es la disponibilidad de pesos por el superávit fiscal. «El fortalecimiento de reservas líquidas en dólares para aumentar el respaldo de los pesos YA emitidos es el RESULTADO del programa macro», escribió Furiase.
¿Está mal que el BCRA intervenga?
Pero esas declaraciones siempre fueron relativizadas por los analistas más críticos, que todos los días observaban posturas vendedoras de gran volumen que terminaban «planchando» la curva de futuros.
Por caso, el contrato para fines de octubre -es decir, el primero posterior a las elecciones legislativas- cotiza ahora a $1.297, mientras a principios de abril superaba los $1.341.
En realidad, no es que haya una prohibición para que el BCRA ponga contratos en ese mercado, pero muchos analistas creen que ese instrumento quedó «quemado» tras los juicios que se le hicieron a Alejandro Vanoli y a Axel Kicillof, respectivamente ex titular del BCRA y ex ministro de economía en 2015 -además de la propia Cristina Kirchner– cuando se llegó a un nivel récord de posturas que, cuando finalmente se devaluó, tuvieron un costo de u$s5.400 millones para el Estado.
Aunque finalmente la sentencia dictaminó la inocencia de los imputados, por entender que no se había incurrido en una conducta que deliberadamente dañara el patrimonio del BCRA y que esa intervención en futuros era una decisión que está dentro de las potestades de los funcionarios, igualmente quedó un remanente de rechazo. En caso de que, efectivamente, ocurra una devaluación, el BCRA tendrá que pagarles a quienes compraron contratos, y ante esas situaciones aparecen las acusaciones de índole político.
Movimientos llamativos
Pero, más allá de las derivaciones legales, lo que está en juego es la credibilidad del equipo económico respecto de su voluntad de sostener un esquema en el que el tipo de cambio flote libremente y sin interferencias.
De hecho, en las últimas semanas hubo movimientos del dólar que llamaron la atención de los inversores. Después de un mínimo a fines de mayo -cuando el tipo de cambio mayorista tocó $1.133 y el blue $1.160-, había comenzado un marcado proceso de suba, en línea con lo que esperaba el mercado. Era algo que hasta el propio gobierno parecía celebrar, cuando el ministro Luis Toto Caputo negó que tuviera la intención de empujar al dólar hacia el piso de la banda de flotación, porque eso podría complicar la competitividad de economías regionales.
Pero esa suba -que alcanzó un pico de $1.191 para el mayorista y de $1.205 en el paralelo- se encontró con un techo, que tiró los valores abajo, hasta nuevos mínimos de $1.142 y de $1.160 respectivamente.
Hubo mucha discusión respecto de qué había ocasionado la abrupta baja. Se habló sobre factores estacionales, como la concentración de exportación agrícola -para aprovechar los últimos días de venta con retenciones bajas-, también de inversiones externas directas en proyectos de Vaca Muerta. Pero, además, el mercado de futuros estuvo también bajo la lupa.
¿Podría esta situación complicar el acuerdo con el FMI? No está tan claro. En principio, el organismo no es amigo de las intervenciones cambiarias, aunque en los últimos tiempos ha flexibilizado su postura en esta materia. «Lo permite en momentos de volatilidad, al igual que en el contado con liquidación y MEP. No tuvimos de esos aún», apunta el Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, quien recuerda que el retraso en el cumplimiento de las metas de reservas es una prueba de que el Fondo no está demostrando injerencia en las decisiones del equipo económico.
Costos y beneficios de frenar al dólar
¿Por qué motivo querría el gobierno contener una presión alcista sobre el dólar? Hay consenso sobre el primer motivo: el ancla cambiaria es una de las bases del modelo desinflacioniario. Y el gobierno priorizó el freno a la inflación por encima de otras variables, como el nivel de actividad.
«Para una inflación que en el primer semestre de 2025 habrá acumulado 15,5%, se corresponde una variación del tipo de cambio de exportación del orden del 11,0% (partiendo del «blend» de fin de 2024). Las operaciones en los mercados de futuros y la astringencia de pesos son los instrumentos para este combo de políticas», sostiene Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea.
Esa prioridad por la estabilidad cambiaria y un IPC que quiebre el piso del 1% mensual es considerado por los politólogos como una de las cartas ganadoras de Javier Milei con vistas a las elecciones legislativas de octubre.
Pero en el mercado manifiestan preocupación por los costos de esa política. Entre los más evidentes figura el deterioro de la balanza comercial, que en mayo registró una caída interanual de las ventas de 7,4%, mientras las importaciones subieron un vigoroso 29,4%. Es decir, una situación típica de los momentos de retraso cambiario.
Y, aunque el gobierno argumenta que la suba de importaciones es imprescindible para garantizar el crecimiento de la economía, lo cierto es que el rubro que lidera el crecimiento importador no es el de insumos ni bienes de capital sino el de productos de consumo final y automóviles. Estos dos, sumados, ya representan 21% del total importado -hace un año eran apenas 14%-.
Así, muy lejos de la proyección oficial del gobierno, que espera un holgado superávit de u$s20.000 millones por la balanza comercial y la venta de servicios, hay economistas que ya están previendo números en rojo.
«Pasada la estacionalidad favorable de las exportaciones del agro, es esperable observar un empeoramiento del saldo de bienes, con lo que es posible que veamos meses con saldo negativo. El superávit promedio mensual hasta el momento ha sido pequeño (u$s300 millones) y es fácilmente reversible», argumenta un reporte de la consultora LCG.
¿Cómo sigue?
¿Qué pasará en adelante? Históricamente, el segundo semestre es más escaso de divisas que el primero, dado que la mayor parte de la cosecha agrícola ya está vendida. El gobierno apuesta a que la exportación de petróleo podrá compensar esa situación, pero la volatilidad de los precios en el mercado internacional hace dudar sobre cuál será el aporte del crudo producido en Vaca Muerta.
Pero, además, está el tema electoral, que pondrá un elemento extra de presión, como es tradicional. Un dato a observar es el de los pequeños ahorristas, que en apenas dos semanas de abril atesoraron u$s2.000 millones.
Por lo pronto, los economistas creen que la vocación intervencionista no cambiará el en corto plazo. «Por el momento no vemos una baja considerable de la exposición del BCRA a futuros de dólar», señaló un reporte de la consultora Romano Group.
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ECONOMIA
El Banco Central compró USD 2.400 millones en 2026 y las reservas tocaron un máximo en más de cuatro años

En medio de la estabilidad cambiaria, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) logró comprar divisas en 33 ruedas consecutivas tanto dentro como fuera del mercado de cambios, luego de adquirir USD 167 millones este viernes. Desde principios de 2026, la entidad sumó más de USD 2.400 millones, lo que representa poco más del 24% de la meta anual de acumulación de reservas.
En este período, el BCRA compró un total de USD 2.412 millones en el marco de la “fase 4” del programa económico. Estas adquisiciones se financiaron mediante la emisión de pesos sin esterilización, lo que mantiene la liquidez y limita presiones sobre las tasas. Posteriormente, el Tesoro absorbe parte de esos pesos a través de colocaciones de deuda interna.
Las reservas internacionales se sitúan actualmente en USD 46.261 millones, tras un alza diaria de 1.348 millones de dólares. Se trata de un máximo desde agosto de 2021. Las compras del Central y la revaluación de monedas que integran las tenencias internacionales explican parte de esa suba. El monto restante corresponde a fondos por USD 800 millones de Santa Fe que se transfirieron desde el Banco Santander de Nueva York hacia el banco provincial y agente financiero del distrito. Fuentes de la gobernación aclararon que los depósitos, cuyo origen se remonta a una colocación de deuda en los mercados internacionales a comienzos de diciembre de 2025, siguen en dólares y se utilizarán para obras públicas, sobre todo para la organización de los Juegos Sudamericanos.
El flujo de divisas hacia el Banco Central proviene tanto de la liquidación de exportaciones agroindustriales como de la emisión de deuda corporativa. Se prevé que nuevas colocaciones del sector privado aumenten la disponibilidad de dólares. PwC estimó que durante 2025 empresas argentinas emitieron deuda por más de 20.000 millones de dólares, lo que ayudó a mantener la estabilidad cambiaria del año pasado.
Las proyecciones oficiales para 2026 contemplan compras netas de divisas en un rango de 10.000 a 17.000 millones de dólares, condicionado por la demanda de pesos y el ingreso de divisas. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, sostuvo que el proceso de acumulación de reservas dependerá del avance de la remonetización y del flujo de divisas. Hasta el momento, la entidad superó el 24% de su meta anual.
El BCRA fijó un límite diario del 5% del volumen operado en el Mercado Libre de Cambios para sus compras, como mecanismo para resguardar la estabilidad cambiaria. En algunas ocasiones, este tope se excedió por operaciones que, según fuentes privadas, no pasaron por el circuito mayorista tradicional.
La entidad explicó que puede comprar divisas fuera del mercado mayorista mediante acuerdos directos con empresas o instituciones, una herramienta que le permite evitar distorsiones en el funcionamiento del mercado de cambios.
- 5 de enero: USD 21 millones
- 6 de enero: USD 83 millones
- 7 de enero: USD 9 millones
- 8 de enero: USD 62 millones
- 9 de enero: USD 43 millones
- 12 de enero: USD 55 millones
- 13 de enero: USD 55 millones
- 14 de enero: USD 187 millones
- 15 de enero: USD 47 millones
- 16 de enero: USD 125 millones
- 19 de enero: USD 21 millones
- 20 de enero: USD 8 millones
- 21 de enero: USD 107 millones
- 22 de enero: USD 80 millones
- 23 de enero: USD 75 millones
- 26 de enero: USD 39 millones
- 27 de enero: USD 32 millones
- 28 de enero: USD 33 millones
- 29 de enero: USD 52 millones
- 30 de enero: USD 23 millones
- 2 de febrero: USD 39 millones
- 3 de febrero: USD 57 millones
- 4 de febrero: USD 44 millones
- 5 de febrero: USD 126 millones
- 6 de febrero: USD 51 millones
- 9 de febrero: USD 176 millones
- 10 de febrero: USD 42 millones
- 11 de febrero: USD 214 millones
- 12 de febrero: USD 141 millones
- 13 de febrero: USD 42 millones
- 18 de febrero: USD 80 millones
- 19 de febrero: USD 76 millones
- 20 de febrero: USD 167 millones
El dólar mayorista profundizó su descenso este viernes, acompañado por un volumen operado de USD 475,7 millones en el segmento de contado, lo que permitió al Banco Central continuar comprando divisas sin modificar la tendencia de precios.
La cotización cerró en $1.376, con una caída de 13 pesos o 0,9% en la jornada, alcanzando su valor más bajo desde el 14 de octubre. Durante febrero, el tipo de cambio oficial perdió 71 pesos, equivalente a una baja de 4,9%, y desde el inicio de 2026 acumula un retroceso de 79 pesos o 5,4%.
En la última semana, el dólar mayorista cedió 23,50 pesos, una baja de 1,7%. El valor actual se ubica 219,93 pesos o 16% por debajo del tope de la banda cambiaria fijado por el BCRA en $1.595,93, ampliando la brecha al nivel más alto desde el 4 de julio de 2025.
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ECONOMIA
How to Choose a Financial Advisor

What does a financial advisor do?
The term “financial advisor” is fairly broad. There’s no regulation of the term, so any number of professionals can call themselves financial advisors. Like the titles financial planner, financial consultant, financial coach and wealth advisor, there are no uniform requirements to be considered a financial advisor.
For the most part, though, a financial advisor is someone who can guide you as you make decisions about your money.
“Financial advisors, by whatever title they go by, can help you set goals and create a plan to reach your objectives,” says Roger Wohlner, a financial advisor based in Arlington Heights, Illinois. “A financial advisor can also help you adjust your plan as things change, and might be able to help you with specific planning issues like taxes, retirement, college or business.”
Different professionals use the term whether they’re selling insurance, managing a portfolio of assets or creating a comprehensive financial plan.
What types of financial advisors are there?
When considering who to work with, Pam Krueger, the founder and CEO of Wealthramp, a platform that vets financial advisors and matches them with clients, suggests worrying less about the title used and instead paying attention to the services offered.
“You also need to understand how they get paid and whether they’re a fiduciary,” Krueger says. “A fiduciary is required to provide advice that is in your best interest. Other advisors, such as those who sell insurance or other products, might not be fiduciaries and instead make part of their money based on commissions.”
Krueger points out that there’s nothing wrong with working with a financial advisor who makes money on commissions.
“Just because they’re getting paid as a result of making a sale doesn’t mean that they can’t provide good advice,” Krueger continues. “However, it’s important for you to have information to understand the difference between getting actual advice and the possibility that you’re sitting through a sales pitch.”
Before working with someone, Krueger suggests confirming that they are a fiduciary financial advisor and getting it in writing that they will make recommendations based on your best financial interest, regardless of whether it helps them earn a little extra money.
What credentials should you look for in a financial advisor?
While credentials can be a good starting point when vetting a financial advisor, Wohlner agrees with Krueger that finding a fiduciary financial advisor should be the top priority.
“Whether someone is a fiduciary matters more than the letters behind their name,” Wohlner says. “Pay attention to experience and education as well. Find out if they have experience in some of the specific areas you need help with.”
Even though credentials aren’t the final arbiter of whether a financial advisor is a good choice, some certifications might indicate a high level of education and a commitment to ongoing professional development in the financial industry.
Krueger suggests prioritizing the following:
- Certified financial planner (CFP): These advisors have to complete financial planning courses that include basic information on investing and tax planning. A CFP must pass a comprehensive exam and take ongoing education credits to maintain their certification through the CFP Board.
- Chartered financial analyst (CFA): Issued by the CFA Institute, this designation requires advisors to fulfill specific work experience requirements, complete courses and pass three exams. The focus is on investment analysis, portfolio management and wealth management. CFA professionals must maintain membership with the CFA Institute.
- Certified public accountant (CPA): If you’re concerned about taxes and other related financial matters, working with an advisor who is also a CPA might make sense. CPA requirements (often including education and exam specifics) are typically set by the individual state.
Other designations that require education and experience, and that might be useful in terms of ensuring that a financial advisor has received training and practice, include:
- Accredited financial counselor (AFC): Requires experience hours and an education course, as well as passing an exam. To remain credentialed, an advisor must meet ongoing education requirements set forth by the Association for Financial Counseling and Planning Education. It’s also a Financial Industry Regulatory Authority (Finra)-accredited designation.
- Chartered financial consultant (ChFC): To become this type of financial consultant financial planning courses are required, including some that are specialized, as well as ongoing education and adherence to the ethics standards set forth by the American College of Financial Services.
- Registered investment adviser (RIA): Registered investment advisers are those who meet specific requirements set by the state or the Securities and Exchange Commission (SEC). When a certain level of assets under management is reached, an RIA must register with the SEC. You can generally check into violations and judgments using Finra BrokerCheck.
While you can receive good advice without the credentials, they can provide you with peace of mind as you choose a financial advisor.
How do financial advisor fee structures work?
The cost of a financial advisor varies based on how they earn money and the fee structure involved.
First, it’s important to understand how a financial advisor is paid. There are three main models that a financial advisor might use:
- Commission: A financial advisor who doesn’t receive money directly from you is usually making money from commissions for selling financial products. This might be common among brokers and insurance agents.
- Fee-only: Fee-only financial advisors make their money exclusively from fees clients pay. You’re less likely to run into conflicts of interest with a fee-only advisor, Krueger says, because their bottom line isn’t influenced by whether you buy certain financial products or services.
- Fee-based: Krueger says it’s important to understand the distinction between fee-only and fee-based financial advisors. A fee-based advisor or planner uses a hybrid model. They might charge a fee for planning and guidance, or asset management, but they might also receive commissions.
While you don’t need to automatically assume someone earning commissions is providing poor advice, Wohlner points out, you do need to be aware of the potential conflicts and choose accordingly.
Financial advisor fee structures
If you select a financial advisor who charges a fee, consider the structure they choose. Typically, you want to work with someone whose fee structure matches your budget and style. Some common ways that financial advisors charge clients include:
- Assets under management (AUM): Your financial advisor charges you based on the assets they manage on your behalf, expressed as an annual percentage. This is common with wealth managers and advisors who handle investments. As your assets increase, your fees also increase. For example, if you have $200,000 assets under management at 1%, you pay $2,000 a year. Later, when your portfolio grows to $500,000, you pay $5,000 a year.
- Retainer: Rather than charging based on your portfolio size, a financial advisor might charge a set fee paid monthly, quarterly or annually. The advisor should tell you how many check-ins you have during the year and what services, such as financial planning or reviews, are included in the annual retainer.
- Subscription: Similar to a retainer, some financial advisors charge a subscription or membership fee. You pay monthly or quarterly and have access to a suite of services or online tools to help you manage your money. In many cases, your subscription level determines how many meetings you have and what guidance you receive. There might be an onboarding cost with a subscription model.
- Hourly: Instead of charging based on services, you’re charged based on an hourly rate. You can choose this option if you want to have more one-on-one advice and services, and pay only based on the time you use.
- Fixed: Some financial advisors have a set fee list based on the service you receive. They might have a pricing list for a comprehensive financial plan, check-in, college plan, financial review or other services.
How to find and vet a financial advisor
When looking for a financial advisor, consider starting with a vetted network. Krueger says that she vets all the financial advisors in the Wealthramp network and that they only recommend fiduciary financial advisors. Other networks that offer access to advisors include Advisor.com, a Buy Side financial partner, XY Planning Network and NAPFA.
Some networks offer a questionnaire that can help narrow down your choices. Others can help you find a financial advisor located near you if that’s important to you, or you can work with someone remotely.
Once you have some options from a trusted network or platform, schedule discovery sessions with two to four financial advisors. Wohlner points out that many advisors will have a brief initial session with you to see if you’re a good fit.
When you have your initial meeting with each, assess their values, approach and whether their fee structure matches your budget and needs. Compare the answers you receive and decide who you’re most comfortable working with.
Key questions to ask a prospective financial advisor
When you have a discovery session with a financial advisor, ask questions that can help you understand how they work and whether they would be compatible with your financial approach and needs. Some of the questions Wohlner and Krueger suggest asking include:
- Are you a fiduciary? Start by finding out whether they are a fiduciary, and ask whether they act as a fiduciary all the time.
- How are you compensated? Be informed about whether an advisor receives commissions for sales on top of fees or other income.
- What is your fee structure? Find out how the advisor charges for advice and what services the fee encompasses, as well as how many one-on-one sessions you receive based on the fee.
- Do you have any credentials? Ask about their credentials and whether they remain up-to-date to maintain them.
- What is your background and education? Credentials might not be as important as their education and experience. Find out if they have a relevant background that might be of benefit to you, even if they don’t have letters following their name.
- How much experience do you have? Find out how long they’ve been helping people with their finances and whether they have experience with the help you need. For example, if you’re struggling with debt and saving for retirement, find out if your advisor has experience with debt reduction planning on top of retirement planning.
Pay attention to how the advisor interacts with you and how comfortable you are with them. Verify that they listen to you and understand your needs as you determine who you should work with.
Should I choose a fiduciary or a broker-dealer?
Broker-dealers are financial professionals or firms that buy and sell securities for their own accounts and on behalf of their clients. You might see them simply referred to as brokers.
Broker-dealers aren’t held to a fiduciary standard, but they are required to make recommendations that are in your best interest. Broker-dealers earn commission when they buy or sell investments on your behalf, introducing a conflict of interest into the advisor-client relationship.
That doesn’t necessarily mean you shouldn’t work with a broker-dealer. In fact, some advisors are registered as both a broker-dealer and an RIA. In these cases, it’s important to be aware of which role the advisor is filling when you work with them. If they’re acting as an RIA, they’re held to a fiduciary standard, but if they’re acting as a broker, they only have to recommend products that are suitable for your situation.
Many of the larger investment firms, such as Charles Schwab or Fidelity, offer both brokerage and advisory services.
What if my advisor isn’t meeting my needs?
If your current advisor isn’t the right fit, you might want to consider changing financial advisors. First, though, it could be worth having a meeting with them to see if you’re able to improve your relationship and clear up issues that could be caused by miscommunication.
If you come away from that meeting ready to find someone new, make a note of the ways you weren’t satisfied with the relationship and use that information to help you find the best financial advisor for your needs. Once you’ve chosen a new advisor, they should be able to help facilitate the transfer of your assets to their firm if needed.
How do fiduciary standards protect you?
Fiduciary advisors are required to put your best interest ahead of their own. This means that they can’t recommend products or financial plans that aren’t suitable for you because it would earn them a larger payout.
However, remember that some advisors can switch between a role that requires them to act as a fiduciary, like an RIA, and one where they aren’t held to that same standard, like a broker-dealer. Ultimately, it’s up to you to find an advisor you trust to help you make the best decisions with your money.
ECONOMIA
Alerta alquiler en CABA: el brusco cambio en los precios de los monoambientes

Un informe privado reveló que los monoambientes lideran los incrementos de precio en el mercado inmobiliario porteño. Los motivos del fenómeno
20/02/2026 – 17:22hs
El mercado de alquileres en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires atraviesa un escenario de reconfiguración permanente tras los cambios normativos y la dinámica inflacionaria. Sin embargo, un dato reciente encendió las alarmas entre los inquilinos más jóvenes y aquellos que buscan vivir solos: las unidades de menor superficie son las que registran las subas más agresivas. Según los últimos relevamientos del sector, los departamentos de un solo ambiente quedaron en el centro de la escena debido a una demanda que no da tregua y una oferta que, aunque creció, no logra contener los valores de entrada.
Esta tendencia marca una brecha notable respecto a lo que sucede con las viviendas de dos o tres ambientes, que si bien no son ajenas a los aumentos, muestran una curva de ascenso un tanto más moderada en términos porcentuales. La combinación de una ubicación estratégica en barrios con alta conectividad y la necesidad de reducir gastos fijos -como expensas o servicios- empuja a una gran parte de la población hacia los monoambientes, generando un efecto de cuello de botella que los propietarios y las inmobiliarias capitalizan con contratos iniciales cada vez más elevados.
En los barrios que tradicionalmente concentran la mayor oferta de unidades pequeñas, como Palermo, Caballito y Recoleta, los precios de lista alcanzaron pisos históricos. Para quienes hoy intentan independizarse o renovar un contrato en la Capital Federal, el desafío no es solo encontrar disponibilidad, sino afrontar requisitos financieros que, en el caso de las unidades mínimas, están proporcionalmente mucho más desajustados con respecto al salario promedio de lo que estaban hace apenas un año.
Los datos fueron aportados por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, y marca que los incrementos promedio de las viviendas de un ambiente fue cercado al 37.5% anual, mientras que las unidades de dos ambietes subieron un 30% y las de tres un 28.6%.
Los motivos detrás del encarecimiento de los monoambientes en CABA
El principal factor que explica por qué los departamentos más chicos son los que más suben tiene nombre y apellido: demanda inelástica. Se trata de unidades buscadas principalmente por estudiantes del interior del país, trabajadores jóvenes y personas separadas, un público que suele priorizar la ubicación por sobre los metros cuadrados. Al ser la puerta de entrada al mercado de vivienda, la competencia por estas unidades es feroz. Cuando un monoambiente sale al mercado a un precio competitivo, suele reservarse en cuestión de horas, lo que permite que los nuevos ingresos se tasen con valores cada vez más altos ante la certeza de que habrá un interesado dispuesto a pagar.
Otro elemento clave en este fenómeno es el costo de mantenimiento. En un contexto de subas tarifarias y aumentos en las expensas por paritarias de encargados de edificios, los departamentos chicos representan un refugio para el bolsillo en el mediano plazo, a pesar del alto costo inicial del alquiler. Esto genera que mucha gente que antes buscaba un dos ambientes hoy se vuelque a un monoambiente para compensar los gastos fijos mensuales. Esta migración de la demanda hacia abajo presiona los precios del escalón más bajo de la pirámide inmobiliaria, haciendo que la diferencia de precio entre un ambiente y dos ambientes sea cada vez menor en zonas críticas de la Ciudad.
Impacto por barrios: dónde es más caro alquilar hoy
El mapa de precios en la Ciudad de Buenos Aires muestra disparidades marcadas, pero el fenómeno del aumento en unidades chicas es transversal. Palermo sigue liderando el ranking de los barrios más costosos, donde un monoambiente puede superar ampliamente el promedio de la ciudad si cuenta con amenities o una ubicación cercana a polos gastronómicos y de transporte. Por otro lado, barrios como Villa Crespo o Chacarita, que antes eran alternativas económicas, han visto cómo sus precios se equipararon rápidamente a los de las zonas más exclusivas debido al efecto derrame y la gentrificación.
Por el contrario, en zonas como Constitución, Flores o Balvanera, aunque los valores nominales son más bajos, el porcentaje de aumento en los departamentos más chicos también fue superior al de las unidades familiares. Mientras el mercado se autorregula tras la derogación de la Ley de Alquileres, la realidad de los contratos diarios muestra que la libertad de pactar entre partes sigue favoreciendo, en el segmento de baja superficie, a una suba que parece no tener techo en el corto plazo.
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