POLITICA
El discurso completo de Javier Milei en Chaco

El presidente Javier Milei desembarcó el sábado en la ciudad de Resistencia, Chaco, para asistir al acto de cierre de un Congreso de Iglesias Evangélicas, en el “Portal del Cielo”, un megatemplo para más de 15.000 personas que se inauguró el jueves pasado.
Desde allí, el mandatario dio un discurso en el que reparó en la importancia de llevar adelante la “batalla cultural para combatir por las ideas de la libertad” y destacó la cultura judeocristiana, como promotora de “los valores de occidente”, en contraposición de las ideas que promueve la izquierda y la justicia social del peronismo.
Hola a todos. Buenas tardes a todos. Es un placer estar de visita en la provincia del Chaco. Quiero agradecer al pastor, Jorge Ledesma, por la invitación y felicitarlo por este hermoso auditorio, el más grande que se haya dedicado a la fe en todo el país. Ni más ni menos que eso.
Yo suelo decir que, para cambiar el país, hay tres frentes de batalla: el frente de la gestión, donde en la presidencia realizamos las reformas que la Argentina exige de forma urgente; el frente político, donde construimos el poder institucional necesario para hacer posibles esas reformas; y el frente de la batalla cultural, donde combatimos por promover las ideas de la libertad y derrotar las ideas del socialismo.
Estas han sido inculcadas en buena parte de la sociedad a lo largo de las últimas décadas. La batalla cultural es, quizás, el más adverso de todos los frentes con el que combatimos, porque es un terreno invisible y donde ideas de distintos tipo y origen, desde hace tiempo, la mente de las personas, muchas veces sin que ésta se dé cuenta.
Desde la Ilustración en adelante, hubo en el mundo occidental un alineamiento espontáneo con las ideas de la libertad en nuestra cultura y el desarrollo económico y social, de la mano del capitalismo de libre empresa. Pero en las últimas décadas, la izquierda dio en forma sostenida y efectiva su batalla cultural, y lamentablemente ganó. Se convirtió la hegemonía en un relativismo cultural y moral sobre aquellos valores y principios que ordenan a nuestras sociedades desde centenios.
Se renunció a la cultura del trabajo, se renunció al ahorro, se renunció al valor sagrado de nuestra propia palabra, incluso al bien como valor supremo. Y se reemplazaron estos valores por quimeras. El amor al trabajo se opuso a la fetichización del ocio. El ahorro se lo cambió por el gasto descontrolado, el endeudamiento irresponsable, y frente a la verdad se erigió la mentira.
Pero esto no es gratuito, porque estos son los conceptos elementales que permitieron a nuestros ancestros cosechar lo que sembraron y dejar un legado. Adoptar masivamente las ideas contrarias ha desembocado directamente en rifar los recursos que generaron otros, pateando para adelante los daños que eso generaría. O sea, Occidente, desde hace décadas, está serruchando la rama en la que está sentado, creyendo que, como aún no se rompió, nunca se romperá. Lo interesante aquí, que tiene que ver con lo que hoy nos congrega, es que Occidente, tal como lo conocemos, es en gran medida el resultado de la aplicación sostenida de ciertos valores de raíz judeocristiana: el trabajo como vocación, la responsabilidad individual, la previsión y el respeto a la ley.
Como sostiene Gabriel Valerini, las primeras lecciones de economía ya aparecen en el Génesis. Dios ya le da a Abraham, cuando se instala en Canaán, dos órdenes: multiplicarse y cultivar la tierra. Lejos de ser un obstáculo moral, la riqueza puede ser vista entonces como una bendición para quienes sean fieles a los mandamientos. Y ni que hablar de la defensa de la vida.
El Creador es un Dios rico y misericordioso que suple las necesidades de sus fieles. Sin embargo, cuando un pueblo o nación se aleja de su ley -es decir, de los principios éticos y morales revelados-, entonces se encuentra rápidamente con la pobreza, la enfermedad, el crimen y la miseria.
Ahora bien, no se trata de afirmar que el capitalismo naciera en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, sino de recordar que la ética del capitalismo moderno encontró en la tradición judeocristiana un terreno fértil para desarrollarse. Como explicó célebremente uno de los padres de la sociología, Max Weber, la disciplina, la frugalidad, el trabajo duro, el ahorro y el sentido de la vocación que promueve concretamente el protestantismo funcionaron como la matriz cultural en la que pudo emerger el espíritu del capitalismo.
Por eso, no es descabellado decir que la aplicación práctica de estos valores constituyó una base ética que facilitó el desarrollo del capitalismo. Es decir, un sistema económico orientado a la cooperación social libre y la acumulación productiva que, sobre el cimiento de las Escrituras, catapultó a Occidente al mayor boom de prosperidad jamás atestiguado por el hombre.
Miles de millones de personas fueron rescatadas de la pobreza, el analfabetismo fue prácticamente erradicado y la expectativa de vida mejoró exponencialmente. Esto causó que la cantidad de personas vivas se multiplicara varias veces, todo gracias a la aplicación de normas de conducta que fueron establecidas hace miles de años, pero que tienen vigencia eterna y que el capitalismo acentuó.
Sin embargo, la izquierda, por su naturaleza anticapitalista, ha tergiversado los valores y principios judeocristianos que hicieron grande a Occidente. En su moral retorcida -que es una distorsión de la moral sobre la cual la civilización fue construida- ha invertido el orden de los factores que conducen a la prosperidad. Hay un pasaje en Génesis, capítulo 26, que dice: “Isaac sembró en aquella tierra, y Dios lo bendijo, y ese año cosechó cien veces lo sembrado, y se hizo rico y prosperó. Tanto se engrandeció que llegó a tener mucho poder. Tuvo rebaños de ovejas y manadas de vacas, y mucha servidumbre. Sin embargo, los filisteos lo envidiaban.» En ese momento de las Sagradas Escrituras, los envidiosos proceden a destruir el trabajo de Abraham e Isaac.
Acá, básicamente, quiero mencionar algunas citas muy relevantes de algunos economistas notables, como Thomas Sowell y Jesús Huerta de Soto. Una de las cosas maravillosas que señala Thomas Sowell en aquel momento es, hablando de la justicia social -porque esto es importante, ese es uno de los virus que le han metido en la cabeza a la gente y que llena de envidia, odio y resentimiento a cada una de las personas-, y en el fondo, ¿de qué se trata la justicia social? En el fondo, la justicia social no es ni más ni menos que envidia con retórica. Es decir, es la envidia disfrazada de algo bien pensante, pero no deja de ser un pecado capital, como diría en algún momento Thomas Sowell:
¿Desde cuándo la envidia dejó de ser un pecado capital y pasó a convertirse en una virtud? No nos van a doblegar. Nosotros conocemos las Sagradas Escrituras.
Es más, probablemente, y siguiendo la línea de Jesús Huerta de Soto, no debe haber nada más antijudeocristiano que la idea de la justicia social, porque la justicia social, básicamente, es robarle a una persona el fruto de su trabajo y dárselo a otra. Es decir, es la caridad impuesta por la fuerza, y la caridad no puede ser a punta de pistola. La caridad tiene que emerger del corazón, del alma, del espíritu de uno, y no con una pistola en la cabeza. Y en ese sentido, la justicia social está francamente en contra del séptimo y décimo mandamiento, porque robar está mal y codiciar los bienes ajenos también.
En definitiva, la envidia es un pecado que destruye el fruto y el esfuerzo del prójimo. Y ocurre que, así como el trabajo duro está en el núcleo de la ética capitalista, la envidia es el pecado que está en el centro de la nefasta ideología socialista, porque en el fondo el socialismo tiene que ver justamente con eso: con la envidia y con el resentimiento.
El resentimiento es aquel envidioso que no tiene los medios para robarle al otro lo que tiene, y por eso es que se crea ese falso Dios que es el Estado, al cual los envidiosos y resentidos utilizan para adorar, para robarle a la gente los bien, el fruto de su trabajo.
En definitiva, el envidioso cree que la clave de la economía está en distribuir lo que otros generan. Sin embargo, el orden lógico y moral indica que el dinero viene por el mérito del trabajo, y luego la riqueza material. Es decir, la clave no está en la distribución de la riqueza, sino en la promoción de la virtud, ya que la generación de la misma es consecuencia de la segunda. Para la izquierda, en cambio, el destino y las circunstancias en las que uno nace determinan toda su vida y sus actos. Por eso, en el fondo, para ellos no existe realmente la libertad, sino que es una mera ilusión, la cual implica, en última instancia, que cada persona no es dueña de sus propios actos.
De esta forma, la izquierda justifica el comportamiento criminal o antisocial. Así, el crimen es para ellos un acto justificable, conducido por un sistema injusto. No hace falta elaborar acerca del riesgo que implica semejante cosmovisión, que no puede determinar de otra manera que la disolución absoluta del tejido social.
Si no miren cómo nos ha ido durante años promoviendo la doctrina Zaffaroni, donde se puso a la víctima en el lugar del victimario y viceversa. Pero, como hemos dicho nosotros durante la campaña y en el gobierno, aquí el que las hace, las paga.
Porque, en el fondo, la izquierda -esto se debe a que, en lugar de comprender al ser humano- ha pretendido a lo largo de la historia imponer por la fuerza lo que el hombre debería hacer. No ven la realidad como es, sino por lo que les gustaría que fuera. Usan esto a su favor para construir un relato en el cual ellos, a través del poder del Estado, tienen la potestad de doblegar la realidad misma. Esto es lo que entienden y defienden como justicia social: un sistema que trata de manera desigual ante la ley a su ciudadanía, en el cual ellos son jueces y parte interesada al mismo tiempo. De este modo, le roban incluso a los que tienen poco para repartir, de forma arbitraria y su propia conveniencia.
La justicia social no sólo implica una violación de los derechos de propiedad, yendo en contra de la igualdad ante la ley, sino que también viola el primer principio fundamental de la economía, que es el principio de escasez.
Acá hay una frase interesante también de Thomas Sowell que dice: “La primera ley de la economía es la escasez. No hay de todo para todos.” O sea, digo, no estamos en el paraíso; lo estamos buscando, ¿no? ¿Y cuál es la primera ley de la política? Violar e ignorar y entorpecer la primera ley de la economía. Pero más allá de esta humorada, que tiene mucho que ver con la realidad, pensemos que si a cada necesidad le corresponde un derecho, y las necesidades son potencialmente infinitas, entonces no existen en el mundo recursos suficientes para satisfacer las necesidades de todos.
Durante las últimas décadas, la izquierda impuso un discurso único acerca de la justicia, entendida exclusivamente en términos distributivos. Pero este no es el verdadero significado de justicia, porque es intrínsecamente injusto. Para darle a unos hay que quitarle a otros, y porque, como en Argentina hemos aprendido por las malas, el que reparte se queda con la mejor parte. Pero, por suerte, están empezando a caer presos.
El verdadero significado de justicia es que lo que uno tenga en la vida será en función del mérito y la tenacidad que uno emplea en perseguir sus objetivos. La justicia es una cuestión de retribución, es decir, que cada uno reciba lo que le corresponde.
Ellos suelen repetir que nadie se salva solo y nos acusan de individualistas. Pero la realidad es que el capitalismo promueve las únicas comunidades realmente genuinas, donde los individuos se asocian voluntariamente. En ellas, uno debe satisfacer al prójimo con bienes y servicios que el prójimo no quiere, no puede o no sabe hacer para mejorar su propia vida. Esa es la verdadera comunidad organizada, no la de la razón izquierdista de la colectivización forzada.
De hecho, el sistema capitalista no es solamente el único que genera eficiencia, sino que además promueve la paz. Hay una frase muy destacada de Bastiat que decía: “Donde entra el comercio, no entran las balas”. Además, el comercio hace que generemos interdependencia y nos obliga a convivir en paz, y eso es maravilloso. Pero, obviamente, ¿qué es lo que hace la izquierda? Invierte todo.
Todos estos valores invertidos de izquierda, o antivalores, representan lo opuesto a aquellos que nos hicieron grandes como civilización.
Si los valores judeocristianos han sido una fuente inagotable de progreso, los antivalores de la izquierda terminan en el otro extremo, pobreza, miseria y subdesarrollo. También les debe constar que lo primero con lo que atacan, cuando empiezan a avanzar, es sobre la fe de los individuos. Quieren reemplazar a nuestro Dios de los cielos por su maldito Dios Estado. Y como ha pasado una y varias veces, y cada vez que se aplicó el socialismo si triunfan, pasaremos de un mundo de abundancia a uno de escasez. Esto se comprobó en todos los lugares donde sus ideas hicieron mella, comenzando por nuestro país.
En pocas palabras, si la tradición judeocristiana nos trajo a la civilización, la izquierda nos conduce indefectiblemente hacia la barbarie.
Todas estas ideas nefastas se transmiten y se propagan como parásitos, instalándose en la mente de millones de seres humanos gracias a décadas de esfuerzos propagandísticos por parte de políticos, empresaurios, sindicatos y otros integrantes de la casta.
Este conjunto puntual de ideas antilibertad se ha propagado hasta los cimientos de la sociedad, así llegó al punto de confundirse y volverse inseparable para mucha gente del ideario común. Hay muchísima gente que hoy da por ciertas construcciones conceptuales falsas. Piensan que la pobreza de unos es culpa de la riqueza de otros, piensan que cualquier forma de crédito es timba financiera, piensan que los empresarios son enemigos de los trabajadores en lugar de socios naturales, y piensan que pagar un celular en Argentina el doble de caro que en Chile es “vivir con lo nuestro”.
Buena parte de la sociedad ha sido infectada por estas ideas y hoy piensa y actúa en función de ellas. Estas personas se han convertido en carneros de la casta política que los infectó. Son como prisioneros que buscan congraciarse con su captor, yendo en contra de quienes son y de su misma condición. Son quienes están acostumbrados al cautiverio, que no toleran ni la libertad propia ni la libertad ajena. La mayoría de ellos no son intrínsecamente malos y, dentro suyo, aún poseen el germen de la libertad, pero han escuchado y repetido el canto de las sirenas por demasiado tiempo, y hoy están adormecidos. Por eso es tan importante la palabra del Creador, porque los hace volver a abrazar la base de la cultura judeocristiana y los hace salir de esta peripecia que nos ha hundido en la miseria.
La ideología del Estado omnipresente propone al Estado como una suerte de Dios que puede traer el paraíso a la vida terrenal si le rindiéramos pleitesía. El racional es que, si tan solo depositan su fe en el Estado, si tan solo los poderes económicos se dejan conducir por los políticos de turno, entonces todos vamos a ser felices. Pero el verdadero resultado de empoderar al Estado, en última instancia, es que se rompa el vínculo entre el trabajo y la recompensa, entre la virtud y la felicidad.
Y la realidad es que esto ya está en la Biblia, está en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento. Hay una conferencia magistral del profesor Jesús Huerta de Soto que se llama “Dios, anarquía y el Papa Francisco”, y ahí menciona dos episodios donde, claramente, queda en evidencia que el Estado es la representación del maligno en la Tierra.
El primer caso es el de Samuel, capítulo 8, donde, dado que Samuel ya estaba grande y sus hijos no querían continuar su camino, van y le piden que querían tener un rey. Entonces, cuando Samuel habla con el Creador, le dice: “Quieren un rey”, y el Señor le responde que quieren un rey porque no confían en Él. Y le dice: “Ve y diles todas las cosas que les quitará tener ese rey”, y que, al final de cuentas, no solo los va a empobrecer porque les va a sacar lo mejor de cada uno, sino que además van a terminar perdiendo la libertad.
Y esta idea del Estado como representación del maligno dónde más explícitamente queda claro es en el Evangelio de San Lucas. Voy a leer la cita: capítulo 4, versículo 5, cuando el Señor Jesucristo está frente a las tres tentaciones que le propone el maligno.
En la peor de todas, el maligno le propone que se arrodille frente a él, porque le muestra todos los reinos del mundo —es decir, los Estados, el Estado— y le dice que, si se arrodilla frente a él, le dará el poder sobre todos los Estados del mundo, porquee se poder le fue dado. Es decir, está la confesión propia del maligno: que el Estado es la representación del demonio. Por eso, cada vez que avanza el Estado, hay más pobreza, hay más calamidades, hay miseria. Por eso es que les digo: despertemos a la fe. Despertemos a la fe, porque eso es lo que nos traerá no solo el cielo, sino la prosperidad, aquí también en la Tierra.
Es más, porque además el clientelismo, que se aboga tanto, reparte beneficios sin la medida de mérito alguno, más allá de la conveniencia política de quien reparte. O sea, esto es muy importante tenerlo claro. Una de las cosas que a nosotros nos guía profundamente en nuestro diseño de políticas es una convicción moral, una convicción ética y moral. Y las condiciones éticas y morales son los valores de Occidente, y los valores de Occidente son la cultura judeocristiana.
Por eso, para nosotros, cada vez que nos enfrentamos a una situación que hay que resolver, repetimos recurrentemente esa definición maravillosa de liberalismo que ha propuesto el profesor Alberto Benegas Lynch hijo, inspirado en Show Long, y que dice que “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa de la vida, la libertad y la propiedad”.
En definitiva: no matarás, porque respetarás la vida; no codiciarás bienes ajenos y, por ende, no robarás, porque vas a respetar la propiedad. Y además, si el Señor nos hizo libres, ¿por qué un burócrata nos va a hacer esclavos?
Viva.
En simultáneo, estos hombres de izquierda quisieron ser los portavoces de los trabajadores, mientras rechazaban la ética del trabajo que hoy hemos reivindicado a lo largo del discurso. Y la casta montó un sistema político, económico y social que desposeía a los verdaderos trabajadores para beneficiar a sus siervos y aduladores: los empresarios prebendarios, los políticos corruptos y los periodistas ensobrados.
En definitiva, es así: este falso dios que crearon existía, ni más ni menos, que para castigar a los justos y premiar a los pecaminosos. Los cultistas del Estado construyeron, para esto, una cosmovisión radical que insistía en negar identidades contables, como que la emisión genera inflación. Todo esto para esconder el agigantamiento del becerro de oro.
En el fondo, no son más que eso: un becerro de oro. El Estado es un becerro de oro. La gente encontraba que, cada vez, su trabajo rendía menos, y era devorada por impuestos excesivos, empezando por el señoreaje, el más cobarde de los impuestos, porque recurre a la ilusión monetaria para su ejecución. La sociedad cayó así en la pobreza y en el esclavismo fiscal. Destruyeron la dignidad del trabajo, porque cualquier independencia ofendía a su falso dios.
Muchos, por miedo o por beneficio, se convirtieron en carneros de la casta, justificando y promoviendo este modelo. Sin embargo, una gran mayoría decidió que valía la pena luchar para no vivir arrodillados.
Acabamos de ver y ser testigos de Lucas 4, versículo 5, porque el Hijo de Dios no se arrodilló frente al maligno. En este sentido, las elecciones de 2023 no fueron más que el reencuentro del pueblo argentino con los valores de la libertad y su rechazo a este falso dios del Estado. Lo fueron a nivel nacional y también, especialmente, en la provincia del Chaco. ¡Felicitaciones, gobernador Zdero! Gracias.
La gente pudo ver que, detrás de las promesas vacías de felicidad, solo había miseria y opresión, y que siempre se trató de eso. La libertad no es ni más ni menos que la luz que nos permite barrer con las tinieblas de quienes quieren volvernos esclavos. No para nada la gran gesta judeocristiana es la permanente liberación de la esclavitud. El éxodo eterno. El reencuentro con Dios.
Ellos se aprovechan de la mentira, del temor y de la duda que existe en cada uno de nuestros corazones. Pero no hay que sucumbir ante ellas. Basta con una decisión, con solo una palabra verdadera, para que toda la telaraña de mentiras que tejieron se vuelva falsa y desaparezca. Es por eso que el testimonio de cada uno de ustedes es más valioso que mil titulares falsos. Créanme, porque lo viví en carne propia. Hacer propia la verdad y decirla es la verdadera revolución. Como también encontramos en el Evangelio según Juan: “La verdad os hará libres.”
Entonces, para concluir: el capitalismo, como sistema de cooperación social, tiene una afinidad natural con los valores judeocristianos que, durante tantos años, Occidente fue desarrollando en su seno. Entender la diferencia entre el bien y el mal, y vivirla, es la base de la prosperidad económica. El trabajo, el ahorro y la inversión surgen naturalmente de los hombres dedicados a vivir vidas buenas, y las instituciones solo tienen que acompañar este proceso.
No hace falta reinventar la rueda. La tradición milenaria que le dio luz a Occidente, y a nuestra gran Nación, tiene todos los elementos necesarios para convertirnos nuevamente en un pueblo próspero. Un pueblo capaz. Amén. Un pueblo capaz de prepararse, codo a codo, con quienes lideran el sendero del progreso humano. No hay, entonces, bases más sólidas sobre las que construir el eterno edificio de nuestro país, que las que constituyen estos valores que estamos defendiendo y sosteniendo acá.
Es así que lo que nos provee la tradición, y quienes la mantienen viva, es el fuego de un pasado que, cuando llega a los corazones de todos los ciudadanos, ilumina -a través de ellos- a la Nación entera.
Necesitamos reencontrarnos con las verdades de nuestro pasado para poder dar un paso firme hacia nuestro futuro. Un pueblo con esta llama en sus corazones se convierte en un faro universal, una luz que ilumina con su gracia a la humanidad entera. Por eso les digo que la Argentina será faro del mundo, porque estamos logrando despejar la tiniebla que echaba sombra sobre la luz, sobre la luz de la fe.
En definitiva, sin más, quiero desear que Dios nos bendiga a todos, que las fuerzas del cielo nos acompañen. ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva la libertad, carajo!
Muchas gracias.
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POLITICA
Dos gobernadores de la UCR pelean por imponer su estrategia para 2027: los obstáculos para el armado nacional


Alfredo Cornejo y Maximiliano Pullaro asumieron el liderazgo para representar los dos sectores que hoy pugnan dentro de la UCR para imponer la estrategia electoral rumbo al 2027. Claro está que el mendocino quiere una alianza nacional con La Libertad Avanza, pero en los últimos días se sumó un posible objetivo: pelear por integrar la fórmula con Javier Milei. El santafesino, en cambio, ya adelantó que su idea es reelegir en su provincia, pero con la insistencia de una coalición de centro como lo es Provincias Unidas.
A diferencia de otras internas que protagonizó Cornejo, como su pelea tenaz con Gerardo Morales y Martín Lousteau, con Pullaro mantiene un buen vínculo. Según pudo saber Infobae, ambos tuvieron conversaciones sobre el desafío que implicó la irrupción de La Libertad Avanza desde 2023. De hecho, el santafesino le explicó en varias oportunidades que fue la Casa Rosada quien se negó a conformar una coalición en su provincia. Tampoco se negó a la candidatura de Leonel Chiarella al frente de la presidencia de la UCR, a quien pondera en conversaciones privadas, sino al rumbo estratégico. Cree que es equivocada la idea de insistir con una alianza de centro.
De los cinco gobernadores, Leandro Zdero es el único que sigue los pasos de Cornejo, aunque es el más reservado de todos. Evita dar definiciones en los medios de comunicación y en los actos partidarios. De hecho, al Foro de Intendentes que se realizó en Santa Fe envió un escueto saludo por escrito para avisar que no asistiría. Pero el mendocino trabaja en un armado nacional con otros dirigentes que buscan dar pelea en sus provincias. El caso más conocido es el de Rodrigo de Loredo, quien ya se lanzó como candidato a gobernador de Córdoba.
Fue el propio De Loredo quien lo postuló como posible candidato a vicepresidente de Milei. “Sería un extraordinario candidato Alfredo Cornejo por lo que representa el modelo de Mendoza”, dijo el cordobés en diálogo con Infobae en Vivo. Sus históricos adversarios analizan todos sus movimientos en dirección a que “sólo le interesa integrar la fórmula con Milei”. Lo dicen con sorna y bronca. De hecho, sorprendió la visita del mendocino a la asunción de las autoridades del Comité de la UCR en Neuquén. “Ni cuando era presidente del partido hacía eso”, reprochan.

Juan Peláez, el nuevo presidente de la UCR de Neuquén, es uno de los que busca construir una alternativa a Rolando Figueroa en alianza con La Libertad Avanza. Además del radical neuquino, Cornejo también estaría en conversaciones con el ex senador Eduardo Costa, quien busca el mismo acuerdo para Santa Cruz. Con una pata en la Patagonia y otra en Córdoba, algunos radicales sospechan que el gobernador mendocino busca llevar a la UCR a un acuerdo con Milei y dejarle el camino allanado a Luis Petri en Mendoza a cambio de integrar la fórmula oficialista en el 2027.
En Mendoza descartan cualquier tipo de elucubración de ese estilo. “Ni se le pasa por la cabeza ser vicepresidente”, dijeron a Infobae desde su entorno. De hecho, reconocen que Cornejo va a apoyar a Milei, pero no pretende “semejante nivel de compromiso”. Las especulaciones aparecen por la imposibilidad que tiene de reelegir en su provincia. Desde su llegada a la Gobernación, se turnó con Rodolfo Suárez en la banca del Senado, pero la irrupción de La Libertad Avanza lo obliga a negociar otros nombres para su sucesión.
Las aspiraciones presidenciales están ausentes en los dos sectores de la UCR. “No le podemos pedir a Leonel Chiarella o a la mesa de conducción que logre que el radicalismo tenga un candidato que vaya a ganar las elecciones en el año 2027”, reconoció el propio Pullaro en el Foro de Intendentes que se realizó este sábado en su provincia. Del encuentro también participaron los hermanos Gustavo y Juan Pablo Valdés, quienes integran Provincias Unidas, aunque el único diputado que ganaron en la elección del 2025 se quedó en el bloque de la UCR que preside Pamela Verasay, aliada de Cornejo.

Durante ese encuentro se generó una especie de ida y vuelta entre Pullaro y Cornejo. El mendocino envió un video para saludar a los más de 300 intendentes e hizo un claro llamado a armar una alianza con los libertarios. “El radicalismo es el partido de la libertad sí, como dice Alfredo”, reconoció Pullaro pero contestó: “En el centro y en el medio hay propuestas valientes que tenemos que llevar adelante, y esas propuestas son las que deben reflejar los valores y los principios de la UCR”.
Provincias Unidas, la alianza que componen radicales con peronistas de Córdoba y un sector del PRO, también incluye a Carlos Sadir, el gobernador de Jujuy. Pero, al igual que Zdero, evita los cuestionamientos al gobierno nacional y los eventos partidarios. De hecho, recientemente participó de la reunión por Zoom con “gobernadores dialoguistas”, entre ellos los peronistas que rompieron el bloque en el Senado: Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Sáenz (Salta) y Osvaldo Jaldo (Tucumán). El jujeño también fue invitado al viaje con Milei a la Argentina Week en Nueva York.
En la previa a lo que fue la elección del 2023, donde ganó Milei, la UCR tenía dos candidatos a presidente: Gerardo Morales y Facundo Manes. Ninguno concretó el objetivo. Para el próximo año no hay ningún nombre en danza y menos aún un plan para conseguir una figura fuerte. Además, el radicalismo en los territorios porteño y bonaerense atraviesa una fuerte crisis tras la elección que los dejó con una pérdida importante de representación parlamentaria. Con el panorama actual, se encaminan a defender las provincias que gobiernan y, como máxima pretensión, podrían llegar a colar un vicepresidente.
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Milei terminó el discurso que dará ante la Asamblea Legislativa: repaso final con Adorni en Olivos y aprestos para una noche clave

El presidente Javier Milei terminó esta mañana de pulir los detalles del discurso que dará, a partir de las 21 y con transmisión por cadena nacional, ante la Asamblea Legislativa, para la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. “La noche de hoy será histórica. Fin”, publicó el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Según pudo confirmar Infobae, el primer mandatario estuvo abocado esta mañana a revisar la versión final de las palabras que pronunciará en el Parlamento, junto con el ministro coordinador. El contenido del discurso no trascendió.
“HOLA A TODOS…!!! La Moral como Política de Estado. Nos vemos a las 21:00 hs desde el Congreso de la Nación Argentina en la Apertura de Sesiones Ordinarias. VIVA LA LIBERTAD CARAJO!”, fue el mensaje que difundió, por su parte, el propio Milei en sus redes sociales.
El discurso de esta noche está previsto que plantee los principales ejes de su gestión, con referencias al camino recorrido en la primera mitad de su mandato, su mirada respecto al presente y los desafíos para el año legislativo que comenzará desde hoy.

La de esta noche será la tercera apertura de sesiones que hará el jefe de Estado y, como ocurrió en las oportunidades precedentes, sus palabras estarán más dirigidas hacia afuera del Congreso que a los diputados y senadores.
Los trascendidos de la última semana aseguran que su mensaje estará anclado en la batalla cultural y la confrontación con el modelo económico, político y social que imperó en la Argentina en las últimas décadas. Estarán presentes muchas de las ideas que transmitió en su presentación ante el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, donde su principal frase fue que “Maquiavelo ha muerto”.
Es una idea que subyace en el postoeo que Milei publicó en X, respecto de “La Moral como Política de Estado”.
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Avelluto habló sobre el financiamiento del INCAA y dijo que el Estado “se convirtió en un enemigo” del sector cultural

El ex ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, cuestionó el pase de fondos del INCAA al presupuesto nacional y denunció la falta de una estrategia alternativa para el sector audiovisual.
El ex funcionario durante la gestión de Mauricio Macri advirtió que el organismo “claramente no existe más” como se conocía y pidió una reforma integral que acompañe los cambios en los consumos culturales.
Las declaraciones de Avelluto llegan después del fuerte posicionamiento del actor Guillermo Francella en defensa de la autonomía financiera del INCAA. Durante una entrevista con LN+, el protagonista de Homo Argentum, se pronunció junto a la comunidad cinematográfica respecto de que no le quiten los fondos al INCAA. “No, yo estoy de acuerdo. El INCAA tiene que tener una autonomía financiera. Al INCAA no podés tocarlo en ese sentido. Si, hay que mejorar cosas internas, eso es ya en otro costado, pero comparto plenamente con eso, absolutamente”.
En diálogo con Infobae al Amanecer, el ex ministro reconoció la legitimidad de la preocupación del actor y remarcó que, con la llegada de Javier Milei al poder, el Estado “se convirtió en un enemigo” del sector cultural. Y explicó que el INCAA dejó de recibir partidas directas provenientes del ENaCom, una fuente histórica de financiamiento establecida por la Ley de Cine en los años noventa. Ahora, esos recursos pasan a formar parte del presupuesto general del Estado, lo que para el ex ministro representa una amenaza directa: “Eso pasa entonces a un criterio discrecional del Gobierno nacional”, manifestó.
Para el ex funcionario, el cambio expone al sector audiovisual a la incertidumbre y pone en riesgo la continuidad de la producción nacional. “El Estado ha sido muchas veces un socio bobo de la producción audiovisual, que aportaba las pérdidas, pero nunca recibía nada de las ganancias, y eso es algo que se debe replantear”, sostuvo.

Además, criticó la política oficial de avanzar con recortes sin abrir debate alguno y describió el panorama actual como un “parate de la producción que no tiene precedentes en años recientes”. Según Avelluto, la Argentina pasó de un esquema de fomento a uno de “destrucción sin construcción”. “El Gobierno para resolver problemas destruye cosas pero no construye nada”, señaló.
Cambios en el consumo de cine y desafíos de adaptación
El ex ministro subrayó que el modelo clásico del INCAA, basado en el impuesto del 10% sobre entradas de cine, resulta cada vez menos sostenible en un contexto de caída de asistencia a salas y reconversión de los consumos culturales. Observó que “la producción audiovisual también ha cambiado” y criticó que el Instituto haya dejado fuera de su órbita las nuevas formas de producción que hoy predominan.
“Una política de fomento, no la destrucción por la destrucción misma, implica necesariamente ampliar la producción audiovisual, que sin dudas es un motor importante en la economía, porque da trabajo, genera divisas, mueve mucho más dinero del que por ahí tenemos conciencia”, afirmó Avelluto.
Durante la entrevista, el exfuncionario admitió que el INCAA ya arrastraba deficiencias antes del actual gobierno, como la sobreproducción y la falta de llegada al público. Y comparó este fenómeno con el de escribir un libro que nadie lee o emitir un streaming sin audiencia. “Eso se puede corregir con mejores sistemas de evaluación por parte de los jurados de preselección”, propuso, y defendió la necesidad de sostener políticas que alienten la aparición de nuevos talentos.
“El INCAA como se conocía hasta la llegada de Milei claramente no existe más” lamentó, y afirmó que no haya surgido una política superadora: “La mala noticia es que no hay nada, no se reemplazó esa política por otra que permita, con mayor transparencia. La política que está llevando a cabo el Gobierno, lejos de resolver los problemas que dijo que vino a resolver, es como que te lastimaste el dedo y te cortó la mano”, concluyó.
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