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Salí a luchar contra un Sultán y acabé perdiendo mi reino por culpa de unos leones. Este juego de estrategia medieval me ha demostrado que como general soy un fraude

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A veces uno cree que lo tiene todo bajo control en un juego de estrategia. Has levantado un castillo inexpugnable, gestionas tus recursos con precisión de cirujano medieval, tus arqueros en lo alto de la muralla hacen llover flechas y el enemigo rebota contra tus defensas impenetrables. Todo va bien. Hasta que no. Hasta que, en un descuido, unos leones entran por el sur del mapa, devoran a tus granjeros y provocan una reacción en cadena de hambre, descontento y colapso. Así ha sido mi reencuentro con Stronghold Crusader: Definitive Edition, un regreso por la puerta grande a un clásico de 2002 que sigue siendo tan encantador, caótico y despiadado como lo recordaba. Una carta de amor a los fans de siempre.

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Volver a Stronghold Crusader es como abrir un viejo libro de historia que nunca envejece. Este no es simplemente un juego de construir castillos y formar ejércitos: es un sistema interconectado de microeconomía medieval, batallas y narrativas emergentes que surgen del más mínimo error de cálculo. La Definitive Edition no reinventa su fórmula ni falta a su legado: le da el cariño técnico necesario para volver a brillar en sistemas modernos. Resoluciones modernas, texturas retocadas, mejor respuesta del control y una interfaz más ágil, pero con el mismo corazón de hace más de veinte años. Es decir, todo lo necesario para volver a engancharte durante horas.

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Las Cruzadas… las Cruzadas nunca cambian, pero se ven mejor

La clave de este título, tanto entonces como ahora, es su enfoque en la acción continua. A diferencia de otros juegos de estrategia de la época donde podías permitirte fases más pausadas de preparación, Crusader te lanza a un terreno agresivo, seco y limitado en recursos, donde cada segundo cuenta. La escasez de espacios fértiles en el desierto —obvio teniendo en cuenta el marco histórico de las Cruzadas— obliga a un posicionamiento quirúrgico de granjas y pozos, y donde coloques tu mercado o tus casas puede ser la diferencia entre una economía fluida o una crisis de hambruna. Y lo peor es que no puedes confiarte: siempre hay un enemigo preparándose para golpear tu flanco más débil. Aquí el castillo no es solo decorado: es tu salvavidas, tu escudo y tu orgullo, y el sistema de edificación de murallas, lo más cercano a un verdadero Cities: Skylines medieval, sigue siendo tan bueno como permisivo con las locuras —sí, me refiero a esas murallas de tres muros pegados que son tan impensables que funcionan—.

Stronghold Crusader Definitive Edition 1

Una de las cosas que más me gusta de esta Definitive Edition es que no intenta ser más de lo que fue. Firefly Studios ha tenido la inteligencia de no tocar lo que funcionaba, y simplemente hacerlo más cómodo y visualmente digerible. La interfaz ha ganado en claridad, las unidades se seleccionan con más precisión, la música regrabada para esta ocasión— suena mejor sin perder el alma del original y, en el caso de España, el doblaje a nuestro idioma es el mismo que el original, con un sonido mejor mezclado y más claro, aunque con un tono más equilibrado que evita el estilo «bobalicón» de las voces de los soldados originales. El resultado es una experiencia que respeta al jugador veterano, pero también facilita que los más novatos se sumen al campo de batalla sin estrellarse contra una curva de aprendizaje absurda. Claro que van a perder las primeras partidas. Pero lo harán con ganas de más.

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Stronghold Crusader Definitive Edition

Donde Crusader realmente se distingue es en su ritmo feroz y su filosofía de diseño sin concesiones y sin limitaciones. Aquí no hay scripts para motivarte a seguir jugando. El juego premia la atención constante y castiga la soberbia. ¿Creías que por tener tres torres llenas de arqueros estabas a salvo? El enemigo puede tenderte una emboscada desde un rincón que no vigilabas. ¿Tienes oro de sobra? Puede que lo estés malgastando en tropas inútiles mientras tu pueblo se muere de hambre. Esa intensidad, lejos de frustrar, engancha como el primer día.

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Stronghold Crusader: Definitive Edition tiene la misma alma que el original

Lo que no ha cambiado —y que sigue siendo una delicia— es el carisma absurdo de los señores feudales enemigos. El Rata, el Cerdo, el Lobo, el Sultán… todos vuelven con sus insultos, sus estrategias personales y su tendencia a repetir frases molestas hasta que te dan ganas de talarles su castillo con catapultas. Pero es parte de la gracia. La IA de Stronghold Crusader no es sofisticada para los estándares actuales, pero su personalidad, sus patrones de ataque diferenciados y su manera de actuar con cada jugador hacen que cada enfrentamiento tenga un toque personal. Con el tiempo aprendes a leer sus movimientos, pero también a respetar los fallos como algo que hizo grande al original.

Stronghold 1

Mi anécdota inicial, la del sultán y los leones, no es una excepción: es parte del ADN del juego. En Stronghold Crusader, las partidas no son lineales, sino impredecibles. Puedes empezar dominando y terminar en ruinas, o resistir como un héroe en una fortaleza enana hasta dar la vuelta al asedio. Y en esta edición definitiva, esas historias se viven con más fluidez que nunca. Gracias al soporte para multijugador mejorado, escaramuzas personalizadas y una comunidad activa creando mapas y mods, la rejugabilidad está garantizada. Además, volver a recorrer la famosa campaña de 50 misiones —dura, exigente, pero increíblemente adictiva— es una experiencia que envejece como el buen vino.

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Pero incluso aunque la tengas más que vista, Firefly Studios ha añadido dos campañas adicionales (La Cruzada de los Barones y La Séptima Cruzada), con la misma mano firme que el juego original. No obstante, en el caso de la última mencionada, esta nos lleva a luchar en un Egipto gobernado por Luis IX de Francia, y quizá sea por desapegarse de las cuatro campañas originales o por el interés de ver la tierra de los faraones, pero resulta la más atractiva y disfrutable de las dos. Eso sí, ambas cuentan con un doblaje original, lógico teniendo en cuenta los más de veinte años que separan a los actores del juego base de esta remasterización.

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Stronghold 2

¿Y qué pasa con el sistema de combate? Bueno, sigue siendo lo que era: funcional, algo rígido, pero lleno de momentos gloriosos. Las unidades no tienen una IA brillante individual, pero cuando las manejas bien, puedes hacer auténticas proezas. Unos cuantos lanceros aguantando un puente, una emboscada con asesinos encapuchados, una lluvia de fuego desde tus murallas mientras suena música árabe de fondo… esos momentos, aunque técnicamente simples, siguen generando una tensión y una satisfacción que no se compran con gráficos punteros. Aquí importa la colocación, la previsión y la sangre fría. Y sí, también cerrar las puertas a tiempo. Cosa que no hice cuando los leones decidieron que mi economía agrícola era un bufé libre.

La Definitive Edition es, en el fondo, una excusa maravillosa para volver a uno de los RTS más peculiares y queridos del PC gaming de comienzos del milenio, que seguro que tú probaste, ya fueras un chavalín, como yo, llamado por el aparente epítome del honor y la caballería que fueron las Cruzadas del primer milenio. No se trata solo de nostalgia, sino de vigencia. Hay juegos de estrategia modernos que apuestan por la escala o por la simulación hiperrealista. Stronghold Crusader, en cambio, apuesta por algo más sencillo: por el ritmo, por el caos, por la emoción de levantar un castillo piedra a piedra mientras todo arde a tu alrededor. Y eso, incluso en 2025, sigue siendo tan divertido como en 2002.

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Stronghold Crusader Definitive Edition

Así que, por favor, si vais a jugar esta Definitive Edition, recordad esto: vigilad la parte trasera de vuestro castillo, aunque parezca segura. Porque los enemigos no siempre son soldados con espadas, y a veces, lo que de verdad te arruina no es el asedio del sultán… sino un par de leones hambrientos y tu catastrófica falta de previsión. Que no os pase lo mismo que a mí.

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Un clásico del PC que se ha ganado a pulso su mérito

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Stronghold Crusader: Definitive Edition análisis

Stronghold Crusader: Definitive Edition

Por:
Alberto Lloria

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Volver a Stronghold Crusader en su Definitive Edition no es solo un ejercicio de nostalgia; es reencontrarse con una forma de entender la estrategia en tiempo real que ya no se estila tanto, pero que sigue funcionando como un reloj medieval bien engrasado. En su caos, en sus decisiones límite, en su carácter impredecible y en ese delicioso margen de error que convierte cada partida en una pequeña historia épica o en una humillante tragedia —como la mía, con leones, hambre y derrota— reside su encanto más puro. Es un recordatorio de que los clásicos no necesitan reinventarse para seguir vigentes, solo necesitan una excusa para volver a nuestras manos. Y si esa excusa viene con texturas mejoradas, sonido pulido y una comunidad activa, mejor que mejor. Que lo disfrutes… y cierra bien las puertas.

Comprar Stronghold Crusader: Definitive Edition

5 cosas que debes saber:
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  • Hablamos del juego original de 2002, aunque con dos campañas originales.
  • Lo que sí ha mejorado y cambiado son los diseños de personajes, estructuras y resolución.
  • Mantiene el doblaje original en español castellano.
  • Los errores, como en el original, le dan cierto sabor.
  • Tiene compatibilidad completa con mods y juego online.
Jugadores: 1-8
Idioma: Texto y audio en español
Duración: 40-80 horas
Stronghold Crusader: Definitive Edition

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Salí a luchar contra un Sultán y acabé perdiendo mi reino por culpa de unos leones. Este juego de estrategia medieval me ha demostrado que como general soy un fraude

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Alberto Lloria

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Día de la Mujer: cuál es el origen y por qué se conmemora el 8M

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El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una jornada dedicada a recordar la lucha por la igualdad de derechos y a visibilizar los avances en materia de género alcanzados a lo largo del tiempo, así como las demandas que aún persisten. Cada año, en distintos países del mundo, se realizan actividades, actos y movilizaciones que buscan reflexionar sobre la situación de las mujeres en la sociedad.

Esta fecha fue elegida por una tragedia ocurrida el 8 de marzo de 1908 en Nueva York, cuando 129 trabajadoras murieron en un incendio dentro de una fábrica textil conocida como Cotton. Las mujeres realizaban una protesta laboral para exigir mejores condiciones de trabajo, reducción de la jornada laboral y salarios equivalentes a los de los hombres que realizaban tareas similares.

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Según los relatos históricos, las puertas del edificio habrían sido cerradas mientras se desarrollaba la protesta, lo que impidió que muchas de las trabajadoras pudieran escapar cuando comenzó el incendio. La muerte de decenas de mujeres generó una fuerte conmoción social y motivó movilizaciones en reclamo de derechos laborales y de igualdad.

El impulso para establecer una jornada internacional surgió poco después. En 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague, la dirigente alemana Clara Zetkin propuso instaurar el Día de la Mujer Trabajadora. La iniciativa fue aprobada por las delegadas presentes y comenzó a celebrarse al año siguiente en distintos países. Entre los principales reclamos de aquel momento se encontraban el derecho al trabajo, el fin de la discriminación laboral, el sufragio femenino y la posibilidad de ocupar cargos públicos.

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La tragedia ocurrida en Estados Unidos sería el puntapié para dar inicio a un reclamo universal sobre los derechos de las mujeres

Décadas más tarde, en 1977, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) oficializó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, lo que consolidó la fecha como una conmemoración global.

¿Cómo se inició el Ni Una Menos en Argentina?

En la Argentina, las reivindicaciones vinculadas a los derechos de las mujeres también tuvieron una fuerte presencia en las últimas décadas. Uno de los movimientos más importantes fue Ni Una Menos, surgido en 2015 para reclamar el fin de la violencia de género y de los femicidios. La primera movilización se realizó el 3 de junio de ese año en más de 80 ciudades del país. Con el tiempo, la consigna se extendió a otros países de América Latina, Europa y Asia.

Todos los años se conmemora el Día de la Mujer el 8 de marzo

Este año el movimiento Ni Una Menos llamó a movilizarse el lunes 9 de marzo, una decisión que dividió las aguas entre las asistentes. El encuentro tendría como consigna rechazar “el ajuste y la política de hambre” del Gobierno de Javier Milei.

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Los distintos movimientos sociales convocaron a encontrarse en el Congreso de la Nación a las 16:30 horas para caminar hasta la Plaza de Mayo, donde se realizará la mayor concentración de mujeres. El objetivo de realizarla el día lunes, según sus organizadoras, es tener mayor visibilidad ante sus reclamos. Sin embargo, muchos otros grupos informales se encuentran convocando mediante redes sociales a reunirse el día 8 de marzo para conmemorar la fecha original.

sociedad, 8m, día de la mujer

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Muchos creen que la mejor serie de Star Trek actual es una que la parodia. ¿El secreto? Entender lo que el espectador quiere

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Estos días he estado muy atento a los comentarios en Reddit sobre Star Trek: Starfleet Academy. Me interesaba descubrir qué piensan realmente los seguidores de la saga de ciencia ficción, más allá de las polémicas de turno en X (Twitter), y debo decir que me ha sorprendido encontrar a mucha gente reivindicando todavía hoy a The Orville, de Seth MacFarlane, como el mejor producto «vinculado» al universo de Gene Roddenberry realizado en los últimos años. Es una opinión que comparto en parte, pero que resulta bastante llamativa considerando que la serie se concibió originalmente como una parodia.

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¿Qué otra cosa podría ser una space opera creada por el autor de Padre de familia y Ted sino eso? De entrada, la ficción disponible en España a través de Disney+ nos presentaba a un capitán que había pillado a su esposa en la cama con un alienígena de piel azul y aspecto algo desternillante. Tras el divorcio, la Unión Planetaria —el equivalente a la Federación Unida de Planetas en este universo— decide asignarla a ella como primera oficial de su nueva nave. En definitiva, una premisa narrativa ideal para buscar la risa fácil y poco más, redondeada con un grupo de personajes que claramente parecían pensados para ese fin.

No tardamos en darnos cuenta de que lo que Seth MacFarlane pretendía hacer no era burlarse de Star Trek y sus muchos y a veces reiterativos tropos, sino algo más profundo: una carta de amor a la franquicia de CBS & Paramount. A medida que avanzaban los episodios, la serie empezó a despojarse de su disfraz de sátira irreverente para revelar un respeto reverencial por la ciencia ficción humanista. El guionista estadounidense, junto a su equipo, supo aprovechar las ventajas de trabajar sobre un producto totalmente original —un lienzo en blanco— para construir un nuevo Star Trek o, mejor dicho, lo que podría haber sido la serie original de haberse rodado en 2017 con buena parte de sus ideas intactas.

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No solo nos hace reír, también nos hace pensar

Mientras Star Trek: Discovery y Star Trek: Picard apostaban por grandes y sombrías epopeyas donde el destino de la galaxia estaba en juego en cada temporada —dejando poco espacio para el desarrollo de los secundarios—, The Orville prefirió rescatar el espíritu de The Next Generation o Voyager, dando al espectador justo lo que quería. Así, apostó por ofrecernos capítulos bastante autoconclusivos donde la tripulación del capitán Ed Mercer (MacFarlane) debía hacer frente a un misterio o a un dilema ético, casi siempre con la diplomacia como primera opción y recurriendo a la empatía para comprender la postura del «otro». Aunque eso no quiere decir, ni mucho menos, que faltara la acción.

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The Orville

Por ejemplo —prometo no daros muchos spoilers—, hay un personaje en la nave que pertenece a una raza alienígena donde todos son hombres y ponen huevos. Aunque al principio parece una curiosidad para introducir algún gag habitual en los títulos de MacFarlane, pronto el asunto se torna mucho más peliagudo al revelarse que esto no es un rasgo natural de su especie, sino una imposición social. Cualquier recién nacido de sexo femenino es sometido a una cirugía de reasignación forzosa, lo que da paso a un episodio reflexivo de carácter judicial que a más de uno podrían recordar a «La medida de un hombre» (The Measure of a Man) de TNG, donde se debatía si Data poseía consciencia y libre albedrío.

Otra entrega que me impactó fue aquel en el que el mejor amigo del capitán, y también uno de los recursos cómicos más habituales, el teniente Gordon Malloy, se queda atrapado en el pasado: nuestra actualidad. Tras creerse abandonado por las circunstancias, decide romper la Directriz Principal de la Unión y formar una familia, a pesar del riesgo de alterar la línea temporal. Con el tiempo, sus compañeros encuentran una solución pero, ¿sería capaz Malloy de renunciar a lo que había creado? Es decir, ¿podrías borrar una vida con esposa e hijos por pura lealtad institucional? Y no sería esto un poco, ¿cometer un crimen a lo Tuvix?

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Puede que MacFarlane creara su tripulación para que nos riéramos, pero les dio desarrollo y trasfondos más que interesantes

Además, tenía personajes muy bien pensados a lo que era fácil cogerle el cariño. Repitiendo la jugada de producciones anteriores de Star Trek donde teníamos a un androide, o un doctor holográfico, aquí también teníamos una forma de vida artificial con un trasfondo narrativo que cogía importancia en el programa, estaba el alienígena moclano antes mencionado, y también apuestas arriesgadas como un cachondo ser gelatinoso, o una chica perteneciente a un mundo cuya gravedad la hacia ser muy fuerte. Todos, unidos, funcionaban bastante bien, eran variados, y te gustaba verles interactuar. MacFarlane puede que diseñara alguno de ellos para hacernos reír, pero luego los desarrollo de auténtica fábula.

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El lienzo en blanco al que hacíamos alusión también facilitaba un nuevo juego geopolítico que a Star Trek, con todas sus potencias dispuestas sobre el tablero, ya le cuesta presentar sin generar inconvenientes en el canon. En definitiva, The Orville es un reboot que reimagina, sin enfurecer a los puristas, cómo podría ser un futuro utópico donde la humanidad viaja a estrellas lejanas y teje alianzas con civilizaciones diversas mientras lidia con pueblos de idiosincrasia compleja.

Igual no hacía falta reinventar la rueda

Y todo ello, además, con un presupuesto bastante ajustado. Se ha hablado mucho sobre cómo Starfleet Academy ha necesitado un gran desembolso por parte de Paramount+ que podría hacer inviable su continuidad a largo plazo. Sin embargo, The Orville, antes de dar el salto al streaming donde elevó su factura técnica, demostró que no hace falta tanto para recuperar esa televisión que nos mantenía pegados a la pantalla en los años 80 y 90 (aunque yo crecí en los 2000). El creador de Padre de Familia, en su intento de parodiar la saga, se impregnó tanto del espíritu social y optimista de Roddenberry que nos entregó el producto más fiel a la esencia original de lo que llevamos de siglo.

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The Orville

¿La pega? Solo hay tres temporadas. MacFarlane afirma tener los guiones escritos para una cuarta, pero tendrá que negociar con una Disney que no parece del todo interesada. Una pena, aunque hay que reconocer que el éxito de The Orville entre los fans propició, en cierta manera, un regreso a las raíces de Star Trek, primero con Strange New Worlds, y ahora con Starfleet Academy. Sí,  porque este show puede ser lo más Star Trek que se haya hecho aunque algunos episodios y/o personajes puedan pecar de ser aburridos o estar mejor escritos.

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Muchos creen que la mejor serie de Star Trek actual es una que la parodia. ¿El secreto? Entender lo que el espectador quiere

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3DJuegos

por
Marcos Yasif

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Poner una alfombra en la entrada: para qué sirve, según el Vastu Shastra

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En muchas culturas, la puerta principal de la casa tiene un significado especial. Para el Vastu Shastra, el antiguo sistema de arquitectura y diseño de la India, es el punto por donde entran las personas y, sobre todo, las energías que van a influir en todo el hogar.

Por eso, poner una alfombra o felpudo en la entrada no solo es una cuestión de limpieza, sino que tiene un fuerte simbolismo relacionado con la armonía y el bienestar.

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Leé también: Dejar una taza con arroz en el baño: por qué lo recomiendan y para qué sirve

Para la técnica milenaria, este pequeño gesto influye en las energías del hogar. (Foto: AdobeStock)

Qué significa poner una alfombra en la entrada de la casa

Dentro del Vastu Shastra, este gesto simboliza protección y filtro de energías. La creencia sostiene que este objeto ayuda a que las energías negativas del exterior no entren al hogar.

Al mismo tiempo, la alfombra representa un gesto de bienvenida y apertura, asociado a atraer prosperidad, armonía y buenas oportunidades. Es una especie de transición entre el afuera y el adentro, marcando el paso a un espacio protegido.

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Por qué recomiendan tenerla en la puerta principal

  • Filtra energías negativas: actúa como una barrera antes de entrar al hogar.
  • Invita a la buena energía: un ingreso cuidado y limpio se asocia con atraer prosperidad.
  • Representa orden y armonía: mantener la entrada organizada favorece el flujo energético de la casa.
  • Marca el límite entre el exterior y el interior: simboliza el paso a un espacio protegido y equilibrado.

Además, en lo práctico, permite limpiar el calzado antes de ingresar y ayuda a mantener la casa más limpia.

Leé también: Qué significa que una persona doble y guarde las medias en bolitas, según la psicología

Qué recomienda el Vastu Shastra sobre las alfombras

  • Debe estar limpia y en buen estado.
  • No debería estar rota ni demasiado desgastada.
  • Es recomendable sacudirla o limpiarla con frecuencia.
  • Debe estar bien ubicada frente a la puerta, sin doblarse ni quedar mal acomodada.

Según esta tradición, los objetos descuidados o deteriorados pueden bloquear el flujo de energía positiva dentro del hogar.

alfombra, puerta, TNS

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