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La bomba que hizo arrepentir a Einstein, borró del mapa a Hiroshima y le puso fin a la Segunda Guerra

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“¡Dios, mío! ¿Qué hemos hecho?”

Era el lunes 6 de agosto de 1945, poco después de las 8.15 de la mañana. Los cielos japoneses abrían cada tanto algunos claros, hasta despejarse por completo y transformarse en una luminosa mañana de verano. Paul Tibbets junior, coronel de 30 años, piloto del bombardero B-29 Supperfortress, cuatrimotor de la Fuerza Aérea de EE.UU., había bautizado Enola Gay, el nombre de su madre, a esa “fortaleza gigante” con imponente aspecto de pájaro de acero plateado, que él conducía.

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Al parecer, desde la cabina de mando se habría interpelado con esa pregunta ni bien pudo vislumbrar desde una altitud de 9.945 metros en qué se había transformado Hiroshima, la ciudad finalmente designada como “el objetivo”. Sus siluetas más urbanas apenas asomaban, envueltas en un hongo gigantesco, de una luminosidad cegadora, una bola de fuego que no dejaba de expandirse hacia arriba y los costados, y que llegaría a una inusitada altura de 12 kilómetros.

Abajo, en el epicentro del estallido, la temperatura oscilaba bruscamente de los 6 mil grados al millón de grados centígrados, ambos registros correspondientes a distintas zonas de la superficie solar, según estimaciones científicas de entonces. Sesenta mil edificios se habían derrumbado en un pestañeo, como si fuesen de cartón: un infierno, seguido de un huracán de llamas alucinantes, con vientos de 1.600 kilómetros por hora y una inmediata oscuridad. Hiroshima se ahogaba, en medio de calamidades nunca vistas entre los humanos.

“¡Es lo más grande la historia!”.

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Harry Truman, entonces presidente de EE.UU., quien había dado la orden del primer ataque atómico de la Humanidad, lo celebraba a su modo al recibir la confirmación del desastre, quizá llevado por el impacto emocional de aquellos días de máxima tensión. Entre 70 mil y 80 mil personas habían muerto al instante, muchas evaporadas por la fisión nuclear recién estrenada. Sólo quedaba de ellas la sombra de sus siluetas sobre veredas, calles y casas. El 90% de la ciudad se había, literalmente, desintegrado. Según mandatos inexorables de la guerra, se imponían soluciones urgentes. Que Japón se rindiera y que la contienda terminara.

Franklin Delano Roosevelt, el gran arquitecto de la escalada de su país a la cima del mundo, muerto apenas cuatro meses antes, el 12 de abril, había supervisado, y autorizado, cada eslabón del Proyecto Manhattan, que terminaría con el nacimiento de la primera bomba atómica, conocida como “Little Boy” (Pequeño chico o Muchachito) y su plan alternativo “Fat Man” (Hombre Gordo). Una crónica dolencia cardíaca le había impedido ver los resultados del proyecto en el que había puesto todo su celo: imposible saber cómo hubiese procesado aquel estampido que tuvo lugar un día que el mundo jamás olvidaría y del cual se están cumpliendo 80 años. A Truman, su vicepresidente y sucesor en la Casa Blanca, le tocaría bajar el pulgar de la letal ejecución masiva que haría estallar a una ciudad de 340 mil habitantes, hasta entonces un pujante enclave del imperio japonés, con dos cuarteles generales de armamentos, logística bélica y tropas, además de un fuerte sesgo industrial y un gran puerto marítimo cercano a la zona urbana.

Una iglesia destruida por la bomba atómica lanzada por EE.UU. sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1845. Foto: AP

“Preferiría ser recordado como un jugador de equipo de football de mi escuela que como el copiloto de este avión”.

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El capitán Robert Lewis, copiloto de la misión, quien había comprobado desde las alturas que en Hiroshima sólo quedaban en pie unos pocos edificios, manifestaría un arrepentimiento por su participación en el lanzamiento de “Little Boy”. Se cuenta que habría registrado en la bitácora del vuelo, a modo de constancia histórica, la frase que le escuchó al piloto Tibbets, aunque algunas versiones le adjudicarían las palabras a él mismo y no al responsable de haber abierto la escotilla para lanzar del Enola Gay la bomba que cambiaría para siempre el curso de la historia. Esta última especulación es factible: difícil que Tibbets haya hecho alguna apelación a Dios al ver el hongo atómico: viviría hasta los 92 años y regaría sus cuentas bancarias dando conferencias muy bien pagas en las cuales aseguraba que “lo volvería a hacer las veces que fuera necesario”, sin señales de arrepentimiento.

Veinte días antes, el presidente Truman, ex vicepresidente, ex senador y ex combatiente de la Primera Guerra, estaba en el día inaugural de la Conferencia aliada de Potsdam cuando fue informado por un telegrama de sólo tres palabras sobre una prueba realizada en el pequeño emprendimiento urbano de Alamogordo, a 766 kilómetros de Los Alamos, Nuevo México, desértica región de Estados Unidos: Baby well born (El niño nació bien). Se refería al primer ensayo de la bomba atómica, test bautizado como Trinity, llevado a cabo el 16 de julio de 1945. No había quedado en pie un solo árbol en 1,5 km a la redonda.

El experimento de Alamogordo había sido secreto, las consecuencias no pudieron serlo: la explosión había alarmado a lugareños de un tranquilo vecindario, a 250 km del lugar, cuyos pocos habitantes se sorprendieron al ver cómo se quebraban los cristales de sus casas y “el sol salía y volvía a ponerse”. El caso dio origen a una de las fake news pioneras de la historia y poco difundidas, ya que para calmar la ansiedad del pequeño poblado se cree que hubo alguna forma de acuerdo con la prensa local para que explicara como causa del inesperado fenómeno algo que nunca había ocurrido, el estallido de un polvorín.

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El Proyecto Manhattan, que había generado el test Trinity, llevaba más de dos años de silenciosa y secreta tarea, con gran número de científicos, militares y trabajadores auxiliares afines a la de estratégica tarea. Lo comandaba Robert Oppenheimer, un físico estadounidense de origen judío, hijo de una adinerada familia que había simpatizado con los republicanos en la Guerra Civil Española. Como tutor mayor, aunque circunstancial, colaboró Albert Einstein, el físico más reputado del mundo, antes y ahora, a 70 años de su muerte. Primero había alentado al presidente Roosevelt para que acelerara las investigaciones con el fin de lograr la fisión nuclear, y aplicar la misma a la construcción de un arma atómica, visto que la Alemania nazi estaba cerca de lograr la suya. En ese punto, Einstein estaba en los cierto.

Las ruinas de Hiroshima, tras la bomba atómica lanzada el 6 de agosto de 1945. Foto: AP Las ruinas de Hiroshima, tras la bomba atómica lanzada el 6 de agosto de 1945. Foto: AP

Ya desde 1939, la nación en armas que impulsaba Hitler, trabajaba en el Proyecto Uranio para investigar la construcción de reactores nucleares, la separación de isótopos y la preparación de explosivos atómicos. En uno de los párrafos de la misiva que le haría llegar Einstein, Roosevelt leería: “En los últimos cuatro meses se ha hecho probable que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio … Este nuevo fenómeno podría ser llevado a la producción de bombas … una sola bomba de este tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea…”

Trascendería que cuando Einstein supo, con certeza científica, que las consecuencias que generaría esa hipotética explosión nuclear serían monstruosas, mandaría otra carta al presidente Roosevelt, advirtiéndole que no debería lanzar la bomba. En la entretela de los anecdotarios de la guerra circularía un rumor inquietante acerca de que esa carta, sin abrir, se encontraría en el escritorio de Roosevelt poco después de su muerte.

Lo que sí se sabe, y no a modo de trascendido, es que el genio de la física, con Hiroshima y Nagasaki fulminadas, diría en un discurso en Nueva York, del 6 de diciembre de 1945: “Nosotros ayudamos a construir la nueva arma para impedir que los enemigos de la humanidad lo hicieran antes … Dejamos esta mortífera arma en manos de norteamericanos e ingleses como representantes de toda la humanidad, defensores de la paz y de la libertad. Mas hasta el presente no hemos advertido ninguna garantía de paz ni observado el cumplimiento de las libertades que se prometieron a los pueblos…Se ha ganado la guerra, pero no la paz.”

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A las 7 de la mañana de aquel 6 de agosto, la alarma antiaérea se oyó con claridad en Hiroshima ante la detección de una flotilla de B-29 en los cielos de la ciudad. Fue una alerta fallida. Una hora y cuarto después un B 29 plateado, majestuoso y en solitario, surcaba los cielos de la ciudad, pero nadie le prestaría atención. Segundos fatales. De pronto, el Sol y el cielo se vinieron encima de la gente que iba a sus trabajos y de chicos que marchaban a sus escuelas. Las calles perderían su contorno: eran una funesta sucesión de escombros, cuerpos carbonizados, ensangrentados y con espantosas mutilaciones.

El joven fotógrafo Yoshito Matsushige intuyó desde su casa en las afueras que la historia lo llamaba. Tomó su cámara y salió a caminar por aquel infierno de fuegos nucleares. Logró tomar al momento las únicas fotografías del sufrimiento de la población civil, que a 80 años siguen estremeciendo y en Hiroshima son murales de la evocación. Más aún: las imágenes que logró captar del caos fueron una pesquisa de valía para detectar sobrevivientes y reconstruir los momentos finales de otros.

En un documental para la televisión francesa, que se puede ver en YouTube junto a tantos en estos días, el cineasta Bertrand Collard recogería relatos escalofriantes de los entonces sobrevivientes: “Había gente despellejada, con la carne al rojo vivo y otras con sus intestinos en la mano o los ojos colgando”, lo que permite aproximarse a la dimensión de lo que fue aquella barbarie atómica. En el puente Miyuki, en el centro de Hiroshima, algunas narraciones aseguran que hubo quienes se tiraban al río para atenuar el insoportable ardor de los átomos en sus píeles percudidas, pero con su destino ya jugado: sus cuerpos no tenían la fuerza suficiente para nadar y morían ahogados. Otros, en los alrededores, daban unos pocos pasos y se desplomaban por la radioactividad que se esparcía sin freno.

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Una imagen del 8 de agosto de 1945, en la ciudad japonesa de Hiroshima. Foto: APUna imagen del 8 de agosto de 1945, en la ciudad japonesa de Hiroshima. Foto: AP

A la hora siguiente de atravesar ese infierno, quienes habían logrado escapar a la muerte inmediata, sufrirían una lluvia negra, espesa y ácida, que caía sobre la ciudad descuartizada. Algunos la confundían con agua sucia y con tal de apagar la sequedad de sus bocas y atemperar la sensación de una sed insoportable, la bebían y caían fulminados. No era agua sucia, sino una lluvia radioactiva, una más de las consecuencias devastadoras de “Little Boy”. Muchos expertos adjudicarían las pestes y males endémicos por generaciones a los efectos de esa lluvia negra de altísimo poder letal, que caería sobre la ciudad durante varios días.

No fue sólo eso. La primera bomba atómica seguiría causando por décadas y décadas un daño catastrófico en la población: malformaciones, males hereditarios, leucemias y otros cánceres, alteraciones genéticas, todo tipo de lesiones y enfermedades de rango mortal, y epidemias incurables que el uranio había desatado rabiosamente en el universo civil de lo que había sido uno de los centros urbanos más importantes de Japón.

“Little Boy”, una simbiosis de avance científico y planificación militar que se transformaría en una sofisticada maquinaria de destrucción masiva, había sido producto del trabajo de 130 mil personas durante más de dos años y de una inversión de estimada en cerca de 30 mil millones de dólares de los tiempos actuales. Tenía la misma forma que una bomba habitual, pintada de verde oliva, y medía 3 metros de longitud, 0.71 de diámetro, con un peso de 4.400 kilos. A diferencia de la bomba que se había experimentado en el desierto de Alamogordo, que era de plutonio, la destinada a Hiroshima era de uranio y tenía una potencia estimada en 20 kilotones de TNT.

Los altos mandos y el poder político de Washington, los padres de la criatura, perplejos y hasta se diría incrédulos, dividirían las aguas de inmediato. Surgía la polémica y el debate. ¿Era necesaria el uso del poder atómico para terminar la guerra? El “Imperio del Sol naciente”, es cierto, resistía su rendición y mantenía en alto la alcurnia guerrera de su pueblo con sangre imperial y adoración celestial a la figura del emperador, quien encarnaba a Dios en la Tierra, según su cultura y creencias, expresadas en el Código Bushido, el alma de Japón, el mandato sagrado del samurái, un catálogo de virtudes por los que se debía ofrendar la propia vida si fuese necesario.

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Todo un pueblo se negaba a una “rendición incondicional” exigida por EE.UU. Truman tenía a un imperio nocaut de pie. Igualmente lanzó el bombazo del final: el 9 de agosto, en Nagasaki, detonaría “Fat Man” (Hombre Gordo), en base al plutonio y con un poder destructivo aún mayor que la explosiva arma de Hiroshima (de uranio), sólo que la orografía montañosa de Nagasaki impediría un daño superior. Aun así, unas 50 mil personas morirían en un soplido fatal. Otro hongo atómico sembraría la muerte civil en masa. Algunos estiman que sumadas ambas bombas se habrían matado a unas 600 mil personas, tal vez más, con el correr del tiempo.

Hirohito cedería su dignidad imperial y el 15 de agosto anunciaría en un mensaje radial a la nación japonesa que había llegado la hora de “soportar lo insoportable”. La rendición marcaría el fin de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado “Missouri” en la bahía de Tokio, se firmarían las actas de capitulación. Truman miró mejor el mapa. Notó que el gigante chino, asediado por tropas insurgentes y campesinos rebeldes al mando de Mao Tse Tung, el Gran Timonel, estaba a punto de caer en manos comunistas, y que el tutelaje en la región de su otrora aliado Stalin impondría la ley del látigo donde lo juzgara conveniente.

Washington necesitaba al destrozado Japón como un vencido a reconstruir y asociarse para enfrentar el mundo venidero de la Guerra Fría. Estados Unidos entendió que debía respetar las estructuras imperiales del alma japonesa y la figura del emperador como mandatario político, aunque no en la condición divina que le habían atribuido sus ancestros. Había llegado la hora de curar lo incurable: “Little Boy” y “Fat Man” habían borrado dos ciudades y sus gentes de la faz de la Tierra. Japón ya estaba de rodillas cuando esas fauces atómicas descuartizaron su integridad como nación. A 80 años, la pregunta no pierde sentido y el debate permanece: ¿era necesaria un arma que llegara a la devastación para imponer la ley final de los vencedores?

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El ejército ruso consolida avances en el este y sur de Ucrania mientras Kiev ordenó evacuaciones en Zaporizhzhia, Chernigiv y Dnipropetrovsk

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Fotografía proporcionada por la Administración Estatal Regional de Dnipropetrovsk muestra una escena de destrucción general tras un ataque ruso en la región de Dnipro este lunes. . EFE/ Administración Estatal Regional de Dnipropetrovsk

Las fuerzas de Rusia han consolidado avances en las regiones de Zaporizhzhia y Dnipropetrovsk, en el este y sur de Ucrania, donde sus tropas han intensificado las operaciones militares en los últimos meses. Según un análisis de la agencia de noticias AFP basado en datos del Institute for the Study of War (ISW), el ejército ruso capturó más de 5.600 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano durante 2025, lo que representa el incremento anual más significativo desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, aunque todavía lejos de los más de 60.000 kilómetros cuadrados ocupados durante el primer año del conflicto.

El avance ruso se ha producido tanto en áreas que Kiev y analistas militares reconocen bajo control de Moscú como en zonas reclamadas por el ejército ruso, lo que ha llevado a un rediseño del mapa de control en el frente oriental e industrial del país. En la región sureña de Zaporizhzhia, los progresos rusos, todavía menos frecuentes que en el este, han mostrado una aceleración en los últimos meses. Rusia ha declarado la captura de nuevos asentamientos en ambas regiones, consolidando su presencia en áreas que en septiembre de 2022 fueron anunciadas como oficialmente anexionadas —junto a Donetsk, Lugansk y Jersón—, aunque sin un control militar total sobre todas ellas.

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El conflicto ha mantenido la presión sobre las ciudades ucranianas, con bombardeos y ataques aéreos constantes por parte del ejército ruso. El último ataque contra una zona residencial de la ciudad de Járkov dejó al menos 19 heridos, incluidos un bebé de seis meses, y destruyó bloques de viviendas.

Ante el endurecimiento de los combates y la presión militar en el este y sur de Ucrania, las autoridades ucranianas han ordenado la evacuación forzosa de más de 3.000 niños y sus padres de 44 localidades en primera línea de las regiones de Zaporizhzhia y Dnipropetrovsk, de acuerdo con el ministro de Reconstrucción, Oleksiy Kuleba. Kuleba precisó que estas operaciones de traslado se extienden también a la región septentrional de Chernigiv, limítrofe con Bielorrusia, donde los bombardeos rusos han elevado el riesgo para la población civil.

Desde el 1 de junio, más de 150.000 personas han sido desplazadas desde zonas próximas al frente hacia regiones consideradas seguras, según cifras oficiales compartidas por Kuleba. Entre los evacuados, se cuentan cerca de 18.000 menores de edad y más de 5.000 ciudadanos con movilidad reducida.

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Militares ucranianos de una brigada
Militares ucranianos de una brigada mecanizada se preparan para disparar obuses en una imagen de archivo. EFE/EPA/Kateryna Klochko

La intensificación de los ataques y la situación en el frente han coincidido con nuevos esfuerzos diplomáticos para buscar una salida negociada al conflicto. El presidente Volodimir Zelensky anunció la celebración de una reunión de asesores de seguridad de países aliados en Kiev, a la que asistirán representantes de alrededor de 15 Estados, la Unión Europea (UE), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y una delegación estadounidense que participará de manera virtual. Este encuentro forma parte de una serie de iniciativas orientadas a impulsar un posible acuerdo de paz tras casi cuatro años de guerra.

Zelensky aseguró en un mensaje de fin de año que una propuesta de paz impulsada por Estados Unidos estaría “90 por ciento” concluida, aunque reconoció que el principal asunto pendiente sigue siendo la cuestión territorial. La agenda diplomática prevé también una cumbre de líderes de la denominada “coalición de los dispuestos” que se celebrará la próxima semana en Francia. Estos movimientos diplomáticos tienen lugar mientras Rusia continúa sus operaciones militares y Ucrania enfrenta dificultades en el campo de batalla.

Un cráter después del ataque
Un cráter después del ataque con misiles visto cerca del hotel ‘Reikartz’, gravemente dañado, y un automóvil destruido en el estacionamiento del hotel después del ataque con cohetes rusos en Zaporizhia.
Europa Press/Andriy Andriyenko

En el ámbito político y militar, Zelensky designó al jefe de inteligencia militar, Kyrylo Budanov, como su nuevo jefe de gabinete, tras la dimisión de Andriy Yermak en noviembre en el marco de una investigación por corrupción. Budanov es conocido por su papel en operaciones consideradas audaces contra objetivos rusos y ha consolidado una reputación destacada en el entorno de seguridad ucraniano. Al aceptar la nominación, Budanov declaró que la prioridad seguirá siendo la derrota del adversario, la defensa de Ucrania y la búsqueda de una paz justa. Cuando se formalice su nombramiento, reemplazará a Yermak, quien renunció tras un allanamiento a su domicilio por parte de los investigadores que indagan en un caso de corrupción de alto perfil.

(Con información de AFP)

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Hochul orders NY landmarks, including One World Trade Center, lit green for Muslim American Heritage Month

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

New York Gov. Kathy Hochul on Friday issued a proclamation declaring January Muslim American Heritage Month across the state and directed 16 state landmarks, including NYC’s One World Trade Center, to be illuminated green Friday night in «celebration of the heritage and culture of Muslim Americans.»

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«Home to the largest Muslim American population in the nation, New York is proud to join in this month-long celebration, recognizing the values, faith and traditions of our Muslim American communities,» Hochul said in a statement. 

«New York remains committed to being a beacon of hope, tolerance, and inclusivity that celebrates the diversity of its Muslim American population and protects them from Islamophobia, hate, bias, and harm.»

MAMDANI DISPUTES ANTISEMITISM DEFINITION AMID BLOWBACK FROM JEWISH COMMUNITY ABOUT DAY 1 EXECUTIVE ORDERS

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One World Trade Center stands on the site of 6 World Trade Center, which was heavily damaged by debris during the collapse of the North Tower in the 9/11 attacks.

Though the individuals who carried out the 9/11 attacks identified themselves as Muslims, they were members of al Qaeda, a violent extremist group.

The Tribute in Light is illuminated above the skyline of Lower Manhattan and One World Trade Center behind the Statue of Liberty ahead of the 24th anniversary of the 9/11 attacks in New York City Sept. 10, 2025. (Gary Hershorn/Getty Images)

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The move came just one day after New York City Mayor Zohran Mamdani was sworn in with the Quran as the first Muslim mayor of the city.

«While I was proud to be sworn in as our city’s first Muslim mayor [Thursday], Muslims have been part of New York for centuries,» Mamdani said in a statement. «We have built small businesses, raised our families, pursued every profession, enriched our culture and cuisine, and been a part of what makes our city what it is today. 

«I am grateful for Governor Hochul’s leadership in recognizing these many contributions and ensuring that every January, Muslim New Yorkers can see ourselves reflected and recognized in a city and state that is also our home.»

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Other Muslim politicians, including New York State Assembly Deputy Majority Leader Charles Fall, state Sen. Robert Jackson, New York City Councilmember Shahana Hanif and New York City Councilmember Yusef Salaam applauded the designation, thanking Hochul for honoring the community and promoting inclusivity.

Zohran Mamdani is sworn in as mayor of New York City, flanked by his wife Rama Duwaji and New York Attorney General Letitia James, at Old City Hall Station, New York, U.S., Thursday, Jan 1st 2026.

Zohran Mamdani is sworn in as mayor on a pair of family Qurans Thursday.  (Amir Hamja/Pool via Reuters)

SOCIALIST MAYOR MAMDANI INAUGURATED ALONGSIDE BERNIE SANDERS AND AOC ON NEW YEAR’S DAY

Council of Peoples Organization CEO Mohammad Razvi noted the Muslim community has «demonstrated resilience in the years following 9/11 while continuing to strengthen New York through immigrant contributions, civic leadership and service. This recognition affirms our place in the social, cultural and civic life of our state. … This moment reflects New York’s continued commitment to civil rights, religious freedom, unity and interfaith solidarity and to ensuring that people of all backgrounds are seen, valued and included.»

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While anti-Muslim hate crime increased after the 9/11 attacks, Jews were targeted more frequently than all other groups combined in New York City in 2024, with anti-Jewish incidents accounting for 54% of all hate crimes, according to a report from The Times of Israel.

Two American flags with Manhattan skyline in background

One World Trade Center will be one of 16 landmarks illuminated in honor of Muslim American Heritage Month. (Gary Hershorn/Getty Images)

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The Institute for Social Policy and Understanding reported the Muslim community in New York City makes up 12.5% of pharmacists, 40% of taxi drivers and more than 57% of street food vendors. 

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Fox News Digital has reached out to organizations supporting 9/11 victims, survivors and their families for comment.

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Cómo es el emblemático «campo de golf del presidente» que Donald Trump quiere renovar

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El presidente estadounidense Donald Trump jugó golf durante gran parte de sus dos semanas de vacaciones en Florida. Pero cuando regrese a la Casa Blanca, hay un campo de golf militar que tiene en la mira para un importante proyecto de rediseño integral pese a no haber jugado nunca allí.

Los Campos en Andrews, dentro de la Base Militar Conjunta Andrews en Maryland -a unos 24 kilómetros de la Casa Blanca- son conocidos como el “campo de golf del presidente” y han sido un lugar de escapada predilecto de distintos presidentes estadounidenses que buscaban alejarse unas horas del estrés de dirigir al mundo.

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Gerald Ford, Ronald Reagan, George H.W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Joe Biden han pasado tiempo ahí, y Barack Obama jugó golf ahí con más frecuencia que cualquier otro presidente: aproximadamente 110 veces en ocho años.

Trump siempre ha preferido los campos de golf de su familia, y ha pasado aproximadamente uno de cada cuatro días de su segundo mandato en alguno de ellos. Pero ahora ha contratado al campeón de golf Jack Nicklaus como el arquitecto para el rediseño de los Campos en Andrews.

Donald Trump saluda desde el vehículo en el que se mueve por el campo de golf de Turnberry, en Escocia, durante su visita de julio pasado. Foto: EFE

“Es increíble que alguien tenga tiempo para tomarse un par de horas libres de las crisis mundiales. Y son personas como cualquier otra”, señaló Michael Thomas, ex director general del campo, quien ha jugado al golf con muchos de los presidentes que han visitado Andrews a lo largo de los años.

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La Base Andrews, más conocida como el lugar que alberga el Air Force One, tiene dos campos de golf de 18 hoyos y uno de 9 hoyos. Sus instalaciones han sido renovadas anteriormente, incluyendo una mejora en 2018, cuando el Congreso aprobó fondos para reemplazar aviones presidenciales obsoletos y construir un nuevo hangar e instalaciones de apoyo. Ese proyecto estaba tan cerca de los campos de golf que también tuvieron que ser modificados en ese momento.

Trump recorrió la base en helicóptero antes del Día de Acción de Gracias con Nicklaus, quien ha diseñado campos de golf de élite en todo el mundo. El presidente calificó a Andrews como “un lugar magnífico que ha sido destruido con el paso de los años por falta de mantenimiento”.

No obstante, otros golfistas describen los campos de Andrews como en buen estado, a pesar de que hay algunas zonas secas. Las reseñas en línea elogian los árboles maduros, los roughs complicados y los estanques y arroyos que funcionan como trampas de agua. Los campos son básicamente planos, pero ofrecen vistas de la base circundante.

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El entonces presidente Barack Obama y el ex mandatario Bill Clinton juegan al golf en la Base Andrews, en septiembre de 2011. Foto: AP  El entonces presidente Barack Obama y el ex mandatario Bill Clinton juegan al golf en la Base Andrews, en septiembre de 2011. Foto: AP

Los presidentes y el golf

El primer presidente que jugó golf en la Base Andrews fue Ford en 1974. Thomas comenzó a trabajar allí un par de años después y fue gerente general desde 1981 hasta su jubilación en 2019.

Indicó que, a lo largo de los años, el Servicio Secreto utilizó hasta 28 carritos de golf -además de la habitual caravana presidencial de 30 vehículos-, para mantener el perímetro seguro.

“Siempre es una producción de (el cineasta) Cecil B. DeMille”, dijo Thomas, quien tuvo la oportunidad de jugar rondas con cuatro presidentes diferentes y con Biden cuando era vicepresidente.

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Agregó que los comandantes en jefe disfrutaban de su tiempo en el campo a su manera, pero “a todos les gusta conducir el carrito (de golf) porque nunca tienen la oportunidad de hacerlo”.

“Es como volver a recibir la licencia para conducir”, bromeó Thomas.

Trump juega al golf casi todos los fines de semana y, hasta el 2 de enero, ha dedicado aproximadamente 93 días de su segundo mandato a esa actividad, según un análisis de sus agendas realizado por The Associated Press.

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Esa cuenta incluye los días en que Trump jugó en campos de golf propiedad de su familia en Virginia, a unos 48 kilómetros de la Casa Blanca, y cerca de su mansión en Mar-a-Lago, en Florida, donde pasa las vacaciones de invierno. También incluye 10 días que Trump pasó en su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, donde su agenda le permitió jugar rondas de golf.

La entrada del Trump International Golf Club, en West Palm Beach, Florida, este viernes. Foto: AP  La entrada del Trump International Golf Club, en West Palm Beach, Florida, este viernes. Foto: AP

Trump ha visitado la Base Andrews en el pasado, pero ni la Casa Blanca ni la base tienen constancia de que haya jugado en esos campos.

La historia miliar de la Base Andrews

La historia militar de Andrews se remonta a la guerra de Secesión, cuando las tropas de la Unión utilizaron como dormitorio una iglesia cercana a Camp Springs, Maryland. Su campo de golf se inauguró en 1960.

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La Casa Blanca informó que la renovación será la más significativa en la historia de Andrews. Los campos y la casa club necesitan mejoras debido al desgaste, agregó, y se considera la posibilidad de incluir un centro de eventos multifuncional como parte del proyecto.

“El presidente Trump es un golfista de élite con una extraordinaria atención al detalle y al diseño”, declaró Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca. “Su visión para renovar y embellecer los campos de golf de la Base Conjunta Andrews traerá mejoras muy necesarias que los militares y sus familias podrán disfrutar durante generaciones”.

Dudas sobre el costo y la financiación

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Los planes se encuentran en sus primeras etapas, y el costo y la financiación del proyecto aún no se han determinado, agregó la Casa Blanca. Trump sólo ha dicho que requerirá “muy poco dinero”.

Las mejoras en la Base Andrews se suman a una serie de proyectos de construcción de Trump, incluida la demolición del ala este de la Casa Blanca para construir un amplio salón de baile, cuyo costo se estima ahora en 400 millones de dólares; la remodelación del baño adjunto a la habitación Lincoln; y la sustitución del césped de la rosaleda por un patio estilo Mar-a-Lago.

Fuera de la Casa Blanca, Trump ha liderado proyectos de construcción en el Centro Kennedy y quiere erigir un arco al estilo del de París cerca del Monumento a Lincoln. Además, ha dicho que quiere reconstruir el Aeropuerto Internacional de Dulles, en el norte de Virginia.

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Por su parte, el gobierno de Trump rescindió el miércoles el contrato de alquiler con una entidad sin fines de lucro para la gestión de tres campos de golf públicos en Washington, lo que podría permitir al presidente transformar aún más el golf en la capital del país. Sin embargo, la Casa Blanca afirmó que esta medida no está relacionada con los planes para Andrews.

Beneficios para el presidente

Cuando el presidente juega golf, los funcionarios de Andrews bloquean nueve hoyos a la vez para que nadie juegue delante de él, lo que proporciona mayor seguridad y garantiza una velocidad de encuentro constante, detalló Thomas.

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Eso es relativamente fácil de hacer, dado que los campos no están abiertos al público: suelen estar reservados para militares en activo o retirados y sus familias, así como para algunos empleados federales vinculados al Departamento de Defensa.

Thomas recuerda haber jugado una ronda con el presidente Bush padre, integrante del Salón de la Fama del Golf Mundial y conocido por su encuentro rápido, al tiempo que la primera dama, Barbara Bush, caminaba con Millie, la perra springer spaniel inglés de la pareja. George W. Bush también jugaba rápido, añadió Thomas, y hacía ejercicio adicional al andar frecuentemente en bicicleta de montaña antes de jugar golf.

Cuando no jugaba golf en Andrews, Obama intentaba recrear al menos parte de la experiencia en casa. Mandó instalar un simulador de golf en la Casa Blanca después que Michelle Obama, la entonces primera dama, le preguntara a Thomas cómo podrían adquirir un modelo que el presidente vio anunciado en el canal de televisión Golf Channel. Thomas le dio un contacto en la cadena.

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Obama, como es bien sabido, abandonó una ronda en Andrews tras nueve hoyos en 2011 para regresar a toda prisa a la Casa Blanca para lo que resultó ser una revisión ultrasecreta de los preparativos finales para una redada de las fuerzas Tierra, Mar y Aire de la Armada de Estados Unidos -los llamados SEAL- en el complejo de Osama bin Laden.

Sin embargo, Thomas afirma que cuando llegó a jugar golf con presidentes, nunca presenció una interrupción del partido por una llamada ni ninguna emergencia importante que los obligara a abandonar el campo a mitad de un hoyo. Tampoco hubo suspensiones por lluvia.

“Si se avecinaba lluvia, recibían el pronóstico del tiempo antes que nosotros”, refirió Thomas. “Cancelaban de inmediato por ello”.

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