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POLITICA

Caso $LIBRA: aparecen fotos y videos desconocidos de Hayden Davis en la Argentina

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Tres meses antes del lanzamiento y colapso de la criptomoneda $LIBRA, el “empresario” estadounidense Hayden Mark Davis recorrió cuatro puntos de la Argentina como parte de una comitiva que evaluó inversiones en energía y minería. ¿Y él? Él afirmó que quería desarrollar un “banco de criptomonedas” en la Argentina en asociación con el presidente Javier Milei.

Davis esbozó ese plan y aludió a un “proyecto de blockchain” en el país para el que incluso visitó oficinas en alquiler en los barrios porteños de Belgrano y Palermo, desde donde afirmaba que se abocaría a “tokenizar la Argentina”, con el desarrollo de una “canasta de monedas” que combinarí pesos, dólares y criptomonedas para así “facilitar las inversiones extranjeras”.

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La gira de Davis por la ciudad de Buenos Aires, las provincias de Neuquén -donde visitó Vaca Muerta-, Tierra del Fuego y Salta, y Paraguay, ocurrió a mediados de noviembre, para luego retornar a un hotel porteño. ¿Por qué? Porque ingresó a continuación a la Casa Rosada, bajo autorización de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el 21 de noviembre. Entró junto al empresario estadounidense Glenn Brooks Heard, a quien Davis llamaba “tío”, y a otro protagonista del escándalo en ciernes, Mauricio Novelli.

Caso Libra – Aparecieron las pruebas

Esos y otros detalles surgen de los testimonios de múltiples empresarios, funcionarios y lobistas que interactuaron con Davis durante aquella gira relámpago, registros oficiales de la Casa Rosada, y un abanico de fotos y videos hasta ahora desconocidos del CEO de Kelsier Ventures y a los que accedió durante las últimas semanas.

Ese material audiovisual muestra a la comitiva completa –Davis, su “tío” Heard, el egipcio nacionalizado estadounidense Ahmed Faisal Hassan, el español Arturo Osete Herraiz, asistente y traductor de Davis, y a los hermanos argentinos Leandro y Marcelo Aranda-, en distintas etapas de su gira, en reuniones e incluso junto o a bordo del jet Hawker 800XP que alquilaron por US$400.000, según precisaron fuentes del entorno de Davis a .

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El recorrido comenzó en las horas posteriores al arribo de Davis a la Argentina, el miércoles 13 de noviembre. Se instaló en Casa Lucía, sobre la calle Arroyo, donde él y Heard mantuvieron reuniones con empresarios locales. Su “tío” se mostró interesado en invertir en petróleo y gasoil en la Argentina mientras deslizaba comentarios sobre sus vínculos con el presidente Donald Trump; él, Davis, afirmó que se reuniría con Milei en los días subsiguientes.

Caso Libra - los videos
Caso Libra – los videos

La presencia de Heard en Buenos Aires no pasó desapercibida. El portal Letra P detalló que el dueño del holding Heard Global Mena se había reunido con “empresarios argentinos de primera línea” y que, “en una charla muy amena, les dijo que los extranjeros estarían dispuestos a invertir en Argentina cuando vean que, primero, lo hacen los locales”.

El jueves 14, Davis, Heard y el resto partieron del aeropuerto de San Fernando con destino al yacimiento petrolífero Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén. Allí aprovecharon los contactos de Leandro Aranda, con pasado en Central Puerto y las constructoras Boetto y Buttigliengo SA y Contreras Hermanos, y que luego encaró un proyecto en el sector financiero con su hermano dos años menor, Marcelo, con base en Asunción del Paraguay.

Como en Buenos Aires, la comitiva se concentró en dos temas en territorio neuquino. Por un lado, Heard mostró interés por oportunidades de negocios en el sector petrolero; por el otro, Davis indagó sobre proyectos que pudieran combinar el sector energético con el minado de criptomonedas. Pero todo fue veloz. Esa misma tarde volaron a su siguiente destino, Tierra del Fuego, como refleja uno de los videos que obtuvo .

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Hayden Davis, cuando visitó la Argentina

Ese video muestra a Heard, de espaldas a la cámara, mientras conversa en inglés con su “sobrino”, sentado a su izquierda, sobre un hermano de Davis, Hudson, quien firmó un contrato con el club Girona de fútbol. Sentado frente a ambos, los escuchaba el español Osete Herraiz, mientras la aeronave matrícula LV-BBG avanza por la pista del Aeropuerto Internacional de Ushuaia, y deja atrás un avión de Aerolíneas Argentinas.

En la ciudad austral, Davis y el resto de la comitiva mantuvieron reuniones con funcionarios provinciales, con la misma agenda dual -petróleo y criptos-, y descansaron. “Davis vino a la Argentina con un proyecto de blockchain muy amplio, muy ambicioso”, relató un allegado al CEO de Kelsier Ventures a . “Ustedes sólo se quedan con lo de $LIBRA, pero Davis tenía muchas ideas y proyectos como incorporar la enseñanza del mundo cripto a la currícula de las universidades argentinas”.

Sin pagar la cuenta

El 16, sábado, la comitiva voló a su siguiente destino: Salta. Allí repitieron la dinámica, pero ampliaron el foco de interés a la minería y, en particular, al litio. Y una de las reuniones fue con Alberto Castillo, titular de REMSA SA (Recursos Energéticos y Mineros de Salta SA), una sociedad anónima con participación estatal mayoritaria.

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“Sí, me pidieron una reunión, como tantos otros empresarios interesados en invertir, y nos encontramos al mediodía en el Sheraton, en un salón que habían reservado”, confirmó Castillo cuando lo consultó . “Preguntaron sobre proyectos de energía solar, cobre, litio, y me dieron la sensación de ser profesionales, aunque nunca más se comunicaron”.

Heard llevó la iniciativa durante la reunión, acompañado por Hassan, uno de sus lugartenientes, y por Osete Herraiz, un español que sirvió de traductor. “No estaban interesados en proyectos que tuvieran que comenzar de cero, sino que ya estuvieran avanzados, ya pasada la fase de exploración”, detalló Castillo, que afirmó que Davis no participó de la reunión.

El joven, por entonces de 27 años, sí participó del almuerzo posterior con su “tío” Heard, Hassan, Osete Herraiz, los hermanos Aranda y el exsecretario de Planificación del Ministerio de Gobierno salteño y ex concejal en la capital provincial, Jorge López Mirau, como quedó reflejado en otro de los videos que obtuvo .

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El joven que protagonizaría el “caso $LIBRA” mostró, sin embargo, poco interés por la comida y se puso a hablar por su teléfono móvil, mientras que Heard, López Mirau y un abogado salteño dialogaban sobre minería, litio, petróleo y criptomonedas, y operaciones tanto en la Argentina como en el Caribe. Buscaban, dijeron, eventuales “partnerships”.

Vestido con un traje verde y llamativo, Davis no amagó a pagar el almuerzo, que tampoco abonó Heard, ni los Aranda, aunque habían sido ellos quienes solicitaron el encuentro laboral, en el mediodía de un sábado salteño. Lo solventaron los locales.

La siguiente escala del periplo fue Paraguay. Volaron el domingo 17 a Asunción, donde los Aranda montaron un proyecto en 2022, pero no hay datos sobre lo que Davis, Heard y el resto de la comitiva hicieron allí o si mantuvieron reuniones con funcionarios o expertos locales, aunque junto a la comitiva indicaron que el “tío” empresario se interesó por posibles negocios vinculados a –o alrededor de- la represa hidroeléctrica Itaipú.

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Regreso y festejo

De regreso en Buenos Aires, un par de días después, la comitiva se hospedó en el Four Seasons, y Davis le dio forma a un borrador de “acuerdo de asociación” en la que figuró como “socio” junto a los organizadores del evento Tech Forum, Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, y a un socio de este último, Sergio Morales, quien venía de participar en un evento como “Coordinador de Asesoramiento Técnico de la Presidencia de la Nación” y asumió luego como asesor de la Comisión Nacional de Valores (CNV) en las áreas de blockchain y criptomonedas.

Javier Milei con Hayden Mark Davis

El borrador de ese eventual “acuerdo” aparece fechado 20 de noviembre, según consta en la copia que obtuvo . Un día después, Novelli, Davis y Heard ingresaron a las 14.30 a la Casa Rosada, autorizados por Karina Milei. No figuran en el Registro de Audiencias, pero constan en los registros de ingresos que obtuvo a través de un pedido de acceso a la información pública.

Esa misma noche, Davis y el resto de la comitiva celebró en el Four Seasons. Cuando les preguntaron por qué, la respuesta fue contundente: replicaron que el presidente Javier Milei les había firmado “todo”, según confirmaron a dos fuentes consultadas por separado. Ese documento firmado no ha salido a la luz. Pero en las semanas que siguieron, Davis se ufanó de su poderío en la Argentina.

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“Podemos hacer que Milei tuitee, haga reuniones en persona y haga una promoción” les escribió a expertos en finanzas y ejecutivos de inversiones en criptomonedas con los que quería sondear posibles negocios. “Yo controlo a ese nigga”, añadió, usando la expresión que supremacistas blancos usan para referirse a personas afroamericanas o de otros orígenes que están sujetas casi a la servidumbre. “Le envío $$ a su hermana [por Karina] y él firma lo que digo y hace lo que quiero. Una locura”.

La declaración de Davis en Nueva York

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POLITICA

Mauricio Macri opinó de la AFA y apuntó a “Chiqui” Tapia: “La decadencia del fútbol argentino es terrible”

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La decadencia del fútbol argentino es terrible. Vamos en contra de todo lo que están haciendo en las otras ligas del mundo en cuanto a cantidad de equipos y organización”, declaró Mauricio Macri, ex presidente de la Nación, ex presidente de Boca Juniors y actual titular del PRO, en declaraciones exclusivas a Infobae.

El dirigente señaló que la crisis que atraviesa la liga argentina responde a una “falta de organización total” atribuida a la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino bajo la presidencia de Claudio “Chiqui” Tapia.

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Las declaraciones del ex presidente fueron realizadas en una entrevista que concedió a Infobae en sus oficinas de la localidad bonaerense de Olivos, donde repasó su último libro sobre su padre, Franco Macri, que revisa el vínculo de padre e hijo y la influencia que tuvo en su vida privada y pública.

En la entrevista, el titular del PRO se refirió a la situación que atraviesa el fútbol argentino, cuando ya había estallado el escándalo por el otorgamiento de una copa a Rosario Central por un campeonato que no había sido anunciado previamente. Todavía no se había conocido la sanción a Estudiantes por la reacción que tuvieron sus jugadores.

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El presente del fútbol, según Macri

Para el ex presidente de Boca Juniors el presente del fútbol atraviesa una situación muy complicada, que se traduce entre otras cosas, en que los clubes no pueden retener sus talentos. “Es un costo que estamos pagando en términos de que cada vez hay más jugadores en la Selección que los conocemos cuando están en la selección. Porque se van, no sabemos en qué momento, no llegan ni a jugar en primera porque los equipos tan débiles no pueden tener sus jugadores”.

A criterio de Macri, la situación económica de los clubes argentinos influye directamente en que los jóvenes talentos emigren antes de consolidarse en el país. “No te digo con la diferencia económica que hay en el país lo puedas tener mucho, pero por lo menos hasta los 21, 22 años”.

“Que se vayan todos a los 16 o 17 años. Después aparece (un jugador), y se dice ‘che, este que hace un pase en la Selección’, es un fenómeno, cómo es que juega… ¿es argentino?”, advirtió.

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El ex mandatario destacó que por el momento los futbolistas argentinos siguen identificándose con el país, aunque advirtió que en otros lugares muchos optan por nacionalizarse en los países donde se forman: “Por suerte, todos se anotan como argentinos, porque podrían pasarnos como le pasan a tantos países en el mundo, que se anotan en la nacionalidad del país que los lleva a jugar”.

Las declaraciones de Macri se producen en medio de la polémica generada por el manejo de Claudio “Chiqui” Tapia en la Asociación del Fútbol Argentino, a raíz de la decisión de declarar a Rosario Central como ganador de un campeonato que no había sido anunciado oficialmente.

Protesta de los jugadores de Estudiantes por le polémico campeonato otorgado a Rosario Central (Foto: FOTOBAIRES)

La medida provocó el rechazo de Estudiantes, que cuestionó esa decisión públicamente y luego protestó dándole la espalda al club premiado. Esa situación derivó en sanciones contra los jugadores y el presidente del club, Juan Sebastián Verón, al que lo suspendieron por seis meses.

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Al ser consultado Macri sobre si ese deterioro era responsabilidad concreta de “Chiqui” Tapia, respondió: “Eso es producto de una falta de organización total y de la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino, obviamente”.

North America,Soccer,Sport,EAST RUTHERFORD

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Macri negó tener diferencias con Milei por la relación con Estados Unidos, pero pidió no descuidar el vínculo con China

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China es un mercado que la Argentina tiene que atender, no para polemizar, sino porque ha hecho explotar nuestras exportaciones de carne, arándanos y cerezas”, declaró Mauricio Macri, presidente del PRO y ex presidente de la Nación, durante una entrevista exclusiva con Infobae. De esta manera, el dirigente negó que exista una diferenciación con Javier Milei respecto al vínculo comercial entre Argentina, China y Estados Unidos, y reivindicó la visión pionera de su padre en la materia.

Macri recordó la actitud innovadora de Franco Macri al impulsar el acercamiento con China en un contexto donde pocos lo hacían. “En el 89, cuando ni se hablaba de China. Papá dijo: Hay que ir a China. Vamos a traer una fábrica de catalizadores y fuimos para allá… Él siempre fue un visionario”, aseguró. Añadió que su padre también fue el primero en plantear la necesidad de unirse con Brasil: “Él siempre tuvo visiones claras. También dijo: Las privatizaciones tienen que llevarse a cabo, pero los argentinos tienen que tener un rol importante, no el operador extranjero”.

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Profundizando sobre su postura actual, Macri enfatizó el carácter complementario de la relación con China. “Lo que yo dije es algo medio obvio, ¿no? Si lo que ha hecho explotar la exportación de carne en el día de hoy, de arándanos, de cerezas, de lo que sea, es China, es porque, bueno, es un mercado que la Argentina tiene que atender”, reiteró.

Aclaró, sin embargo, que esto no significa relegar la relación bilateral con Estados Unidos: “Eso no significa que tengamos la mejor relación posible con Estados Unidos, que esta cercanía de Estados Unidos la veo como muy positiva”.

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A modo de ejemplo, Macri evocó la política exterior durante su presidencia: “Uno puede, como lo logramos en mi gobierno, tener con Obama y con Trump las mejores relaciones del mundo y con Xi Jinping también”. Enfatizó la necesidad de sumar aportes internacionales para generar desarrollo interno: “Me parece que hay mucho para sumar a una Argentina que todavía tiene mucha gente debajo de la línea de pobreza y tiene mucho para progresar”.

En respuesta a la repercusión de declaraciones previas, el ex mandatario subrayó que quienes intentan generar polémica con el tema de China lo hacen por motivos externos: “Los que lo han tomado para polemizar, bueno, tienen que hacerlo para así tener más clics en el diario”, planteó.

Así, Macri reivindicó la importancia de mantener abiertas distintas vías de relaciones internacionales en simultáneo, privilegiando que “los argentinos tengan un rol importante” en el desarrollo y fortalecimiento económico del país.

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La aclaración surgió porque, en una entrevista con el editor del sitio Seúl, Hernán Iglesias Illia, había afirmado: “China es más complementaria que Estados Unidos para Argentina. China necesita nuestra materia prima, nuestros alimentos. Estados Unidos, todo eso lo produce. Culturalmente, hay una enorme distancia entre uno y otro, pero no creo que sea bueno interrumpir ese proceso”.

Y, en ese momento, agregó: “Yo lo logré, a pesar de la presión de Obama y de Trump, que fue tremenda. Obama, con sus buenas maneras; y Donald, a lo Donald. Decir ‘no, somos mejores amigos, pero yo a mi relación con China la mantengo’”.

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Secuestrado: el capítulo del libro en el que Macri relata los terribles 14 días que cambiaron su vida y el vínculo con Franco

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Capítulo 10 – Secuestrado

Mi década del noventa comenzó en las primeras horas del sábado 24 de agosto de 1991 en la esquina de Figueroa Alcorta y Tagle. Esa noche fui secuestrado por una banda de expolicías que me mantuvieron en cautiverio a lo largo de catorce días. Este hecho cambió mi vida para siempre, cambió mi relación con mi padre y cambió mi visión acerca de lo importante y lo superfluo. De alguna manera, fue como si una nueva versión de mí mismo hubiera nacido en aquellas jornadas aterradoras encadenado en un sótano. Creo que no existe ningún aspecto de mi personalidad que no haya sido afectado de una manera u otra por la experiencia de haber estado en cautiverio sin saber si saldría con vida.

El silencio, las voces que aparecen un par de veces por día porque quieren grabar mi voz o pasarme a través de un hilo algo para comer. Es una situación de despersonalización muy difícil de explicar. Solo estás ahí. Esperando que suceda algo que no sabés qué es.

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El secuestro nos transformó, en un instante, en una familia de altísimo perfil público. Papá podía ser el número uno de los empresarios, pero su cara y su voz eran prácticamente desconocidas hasta ese momento. De un día para el otro, los Macri pasamos a ser algo así como unos Kennedy de cabotaje y comenzamos a ocupar un espacio inédito en las revistas y en la televisión.

Antiguamente, los franceses llamaban “delfines” a los herederos al trono. Muchas veces me habían considerado el delfín de Franco Macri. Por eso para mis secuestradores no era Mauricio sino apenas “el pescadito”, como me llamaban con un sarcasmo cruel.

Todo lo que sucedió durante el secuestro tiene la forma de una pesadilla. Yo llevaba ya varios meses separado de Yvonne Bordeu, la madre de mis tres primeros hijos, y había quedado en ver a Dana, una chica con la que estaba empezando a salir. Preocupada porque no había llegado a la cita que teníamos, fue quien se comunicó de inmediato con papá que, también preocupado, salió corriendo hasta mi casa, a pocas cuadras de la suya. En la vereda, producto del forcejeo, habían quedado mis anteojos. Fue la primera señal que recibió de lo que había ocurrido.

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Pocos minutos después de salir en mi búsqueda, sonó el teléfono en su casa. Atendió Eva Bomparola, su pareja de entonces, del otro lado sonó una grabación con mi voz: “¿Con el señor Francisco Macri? Habla su hijo Mauricio. Por favor, comuníqueme con mi padre. He sido secuestrado”.

Eva se comunicó con papá a su celular y le pidió que volviera de inmediato sin decirle de qué se trataba. El teléfono sonó otra vez en medio de la madrugada en la casa de la calle Eduardo Costa. Volvió a sonar la misma grabación con mi voz, pero esta vez, al finalizar, una voz diferente ordenaba buscar “bajo el tobogán de la Plaza Alemania”. Papá fue allí junto con su amigo Rafael Alazraki y estuvieron buscando sin saber qué, pero no hallaron nada. Al cabo de un nuevo llamado, su amigo regresó a la plaza con la persona que cuidaba la casa y encontraron una botella cubierta de alambre y cemento. Dentro estaba el primer mensaje. La pesadilla apenas comenzaba.

El mensaje que dejaron los secuestradores incluía una especie de proclama revolucionaria sin firma seguida de una cifra: siete millones de dólares era el precio que le habían puesto a mi vida. Intentaban mostrar que había algún tipo de móvil ideológico o político detrás, siguiendo el estilo de tantos secuestros producidos años atrás desde las organizaciones guerrilleras de los setenta. Sin embargo, durante la década siguiente los secuestros de empresarios habían dejado de estar motivados por la política y se habían vuelto una manera de financiar un oscuro entramado de expolicías, “mano de obra desocupada” del gobierno militar, como se los llamaba entonces. Muchos de esos secuestros les habían costado la vida a sus víctimas. El mío podía ser uno de aquellos casos.

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Mientras, yo estaba ya lejos de allí, acostado, a oscuras. Sabía que había pasado un largo rato en una especie de féretro en el que me habían encerrado hasta llegar al sótano en el que me depositaron. No sabía qué harían los secuestradores ni cuál había sido la reacción de mi padre, si había habido un pedido de rescate y, sobre todo, si saldría vivo de allí.

Le siguieron mandando mensajes a papá. La primera exigencia era mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo. Franco sabía que las horas en las que se podía mantener el silencio de las pocas personas que estaban al tanto se esfumaban como arena entre los dedos. Las posibilidades de explicar mi súbita ausencia se reducían.

Papá decidió simular que seguía con su vida normal mientras todo no hacía más que volverse anormal hasta la locura. Cualquier filtración sobre lo que realmente estaba ocurriendo me ponía en peligro. Para el resto del mundo, yo había salido de viaje de manera urgente hacia Brasil por temas de trabajo. Ese sábado a la mañana debí leer en voz alta los títulos del diario. La grabación fue enviada a papá. Fue la primera prueba de vida de las muchas que vendrían.

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El primer fin de semana de mi secuestro, Franco decidió pedirle ayuda al embajador norteamericano Terence Todman. Quería que le recomendara gente especializada en este tipo de situaciones. La desesperación crecía en el puñado de personas que lo rodeaban. La negociación que papá había decidido llevar él mismo con los secuestradores avanzaba, y había que reunir una suma gigantesca de dólares en efectivo en pocos días.

Las indicaciones eran precisas: el dinero debía ordenarse en fajos de 10 mil dólares agrupados de diferentes maneras, con billetes de distinta denominación dentro de un modelo determinado de bolso. La logística para llevarlo a cabo hacía que todo pareciera aún más delirante. En la planta baja de su casa, papá junto a Luis da Costa y sus colaboradores más cercanos se dedicaron durante horas a contar y ordenar los billetes. El plazo se había fijado para el jueves siguiente. El martes ya se habían reunido todos los billetes, que apilados ocupaban una superficie de un metro de alto por tres metros de largo, según recordaría Franco.

El lunes habían llegado los agentes norteamericanos de Ackerman, la consultora de seguridad recomendada por Todman. Las discusiones sobre cuál podía ser la mejor estrategia para lograr mi liberación fueron intensas. Papá no quería correr riesgos. El tema seguía siendo cómo mantener el secreto sobre lo que estaba ocurriendo, pese a que cada vez más gente estaba al tanto. Ahora se habían sumado mi hermano Gianfranco, mi mamá, la madre de mis tres primeros hijos y mi amigo Nicolás Caputo.

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El miércoles, una radio anunció que papá había sido secuestrado. El rumor corrió rápidamente. Franco desmintió todo de inmediato. Pero ya todos sabían que algo raro estaba pasando. El cuento del viaje a Brasil duró apenas veinticuatro horas más. El jueves estalló la noticia y toda la prensa ya estaba hablando de mi secuestro.

Hasta ese momento, papá confiaba en su extraordinaria capacidad como negociador, esa que yo había visto en innumerables oportunidades, intentando construir en cada llamada que recibía de los secuestradores un espacio de confianza. Pero a diferencia del terreno en que solía moverse, esta vez no había del otro lado un hombre de negocios o un banquero o un político, sino una banda de comisarios convertidos en delincuentes profesionales. Ese jueves le anunciaron que las negociaciones quedaban interrumpidas. Los secuestradores se habían sentido traicionados por la noticia en los medios. Fiel a su estilo, Franco insistió en que podría ayudarlos a que las cosas no se agravaran aún más.

Yo no sabía que estaba en un pequeño espacio en el sótano de una casa de la avenida Juan de Garay 2882. Allí, el tiempo no pasaba. Había un precario baño químico. Mi única conexión con el mundo exterior era un pequeño televisor blanco y negro que estaba en esa jaula en la que estaba atrapado. Al principio, la pantalla era una ayuda para soportar el limbo en el que me encontraba. Pero con el correr de los días se convirtió en un enemigo. A través de ese televisor, yo veía las cámaras que hacían guardia día y noche frente a la puerta de la casa de papá en la calle Eduardo Costa. Mi desesperación crecía cuando veía a mis hijos entrar y salir. Lo vi a papá cuando salió a saludar desde el balcón del primer piso. Imagino a mis padres en ese momento, me imagino a mí mismo como padre ante el secuestro de un hijo y no puedo asimilar el nivel de desesperación que debe haber sentido mi familia en esos días.

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Al poco tiempo papá descubrió el origen de la filtración que llegó a los medios. Los teléfonos de Eduardo Costa estaban “pinchados”. Todas sus sospechas recaían sobre una empresa competidora que practicaba el espionaje industrial. Fue así como se convirtieron en los primeros en enterarse de lo que estaba ocurriendo y se lo comunicaron al gobierno del entonces presidente Carlos Menem.

Los días se sucedían entre la irrealidad de lo que se vivía en el campamento que se había armado en la casa de mi padre y lo no menos irreal que estaba viviendo yo mismo en esa espera incierta. Papá dirigía la empresa más difícil de su vida con la asistencia de Mike y Peter, los dos expertos americanos recomendados por Todman, junto con quienes había construido su estado mayor.

Todos los días llegaban pistas que había que chequear y que luego se descartaban. Muchas de ellas de gente bienintencionada y otras directamente absurdas. Unos daban precisiones de un lugar de cautiverio en el Tigre o en San Telmo, y hasta aparecieron videntes que afirmaban basados en visiones y percepciones extrasensoriales que me habían asesinado.

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El gobierno se puso a disposición, pero Franco fue tajante: no quería saber nada con esta ayuda. Tenía muy claro que mi vida estaba en juego y no quería que nada interfiriera en las negociaciones y pudiera convertir el desenlace en una tragedia.

Papá sufría lo que estaba pasando hasta lo indecible. Los secuestradores le habían exigido que él mismo fuera quien entregara el dinero del rescate. Él estaba dispuesto y decidido a hacerlo, pero los expertos americanos que lo acompañaban rechazaron de plano la idea. La experiencia internacional señalaba que, si mi padre se exponía a entregar el dinero, era muy probable que él mismo pasara a ser víctima de un nuevo secuestro.

La situación en el sótano no había cambiado hasta que los medios mostraron la llegada de una ambulancia a la casa de papá. Esto comenzó a generar alarma entre los secuestradores. Efectivamente, según supe después, Franco había tenido una crisis cardíaca producto del estrés que estaba viviendo. Esto me sirvió para convencer a mis captores de que papá no podía estar a cargo de la entrega del dinero, pero que era, sí, la única persona posible con la que negociar el pago del rescate. También les pedí que me permitieran hacerle llegar un mensaje a mi amigo Nicolás, para que le diera a mi padre su celular, de modo que todas las conversaciones se hicieran a través de ese teléfono, que era más seguro que cualquiera que tuviera papá, a esa altura probablemente intervenido legal o ilegalmente.

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Los secuestradores accedieron y las negociaciones se restablecieron. Hubo un nuevo mensaje, oculto bajo un cartel junto al estadio de River Plate, con nuevas indicaciones.

El tiempo se estaba acabando y papá les ofreció a los secuestradores una lista de personas posibles para la entrega del dinero, y eligieron a Nicolás y al chofer que nos acompañaba desde hacía muchos años, de extrema confianza de la familia, Roberto Pascual. Finalmente, el jueves le pasaron a Franco una lista muy sofisticada de instrucciones para el pago: Nicky y Roberto deberían cumplir con dieciocho escalas a lo largo de un recorrido que les insumiría desde el amanecer hasta la noche. Si no se hubiera tratado de lo que se trataba, habría parecido una búsqueda del tesoro. Aunque en este caso, el tesoro de millones de dólares estaba en el baúl del auto.

En cada posta, Nicky tenía que realizar una acción preestablecida por los secuestradores. Podría ser simplemente mostrarse o tomar un objeto que había sido dispuesto con anterioridad en algún sitio. Finalmente, la última parada antes de abandonar el auto consistía en buscar una moneda de cincuenta centavos de dólar. Solo si encontraban esa moneda se podría avanzar hasta la última estación.

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De allí fueron hasta un puente en Dock Sud, se bajaron del auto y lo dejaron con la llave puesta. Tenían instrucciones de alejarse durante casi media hora en un sentido determinado. El auto desapareció, por supuesto. Al cabo de toda esa jornada en movimiento, ambos estaban exhaustos y aterrados.

Hubo un último llamado, según recordaría papá, con las instrucciones para recuperar el auto. En él elogiaron la conducta de Franco, diciendo que se había comportado como “un hombre de honor que cumplió con todo lo acordado”.

Esas últimas 72 horas fueron las peores de todas. La razón es simple: ya se había pagado el rescate, ya se había entregado lo que habían pedido, pero… ¿cumplirían con su parte? ¿Por qué habrían de hacerlo?, pensaba yo, cada vez más inquieto. Yo era el único testigo de su crimen. ¿Cuál era el sentido de dejarme en libertad si ya tenían el dinero en sus manos? Según me contó el hombre que me vigilaba, el debate existió y no todos estuvieron de acuerdo en qué debían hacer. La pregunta era simple y terrible: ¿matarme o no matarme? Ellos ya habían asesinado a la mayoría de las víctimas de sus secuestros. ¿Por qué estarían dispuestos a hacer una excepción conmigo?

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Ese jueves grabé las noticias del día, como lo había hecho tantas veces. Según papá, mi voz transmitía algo diferente. Nadie sabe leer los matices de la voz de un hijo mejor que sus padres. Yo descontaba que me iban a matar y papá registró con desesperación lo que yo estaba sintiendo. Esa noche se quebró y lloró desconsoladamente.

Parecía que todo estaba ya perdido. A través de mi voz, los secuestradores le informaron que habría nuevas demandas para verme con vida. Un nuevo mensaje escrito con tono político demandaba la entrega de alimentos y ropa por un monto total de un millón de dólares por día en distintos barrios humildes del Gran Buenos Aires. Papá se ocupó de organizar la distribución junto con monseñor Ubaldo Calabresi, el nuncio papal, y a través de la ayuda de Cáritas.

Sin embargo, esa misma madrugada me soltaron. Me dejaron al costado de un camino y me dijeron que caminara. Esperaba un disparo en cualquier momento. Caminaba y caminaba. Me habían dado unos cospeles para hablar por teléfono y algo de plata para un taxi. Tenía que esperar un rato. Encontré un taxi y llegué a Florida y Paraguay, a la casa de una amiga. Como pude, llamé desde el teléfono público de la esquina. Atendió Gianfranco y corrió a contarle a papá que era yo, que estaba vivo. “Viejo, tu hijo te quiere hablar”, recordó papá que le dijo en ese momento.

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Lo que vino después fue la alegría y la emoción contenida del reencuentro, enfrentar a los medios, que habían convertido mi secuestro en el gran tema nacional de esas semanas, colaborar con la Justicia, recuperarme, volver a trabajar y, sobre todo, descubrir a la nueva persona que había surgido desde mi interior a partir de esta experiencia.

Nunca volvimos a hablar con papá del tiempo del secuestro. Como siempre, para él el pasado era algo que debía ser archivado o enviado a la papelera. Toda su actuación durante aquellos días dramáticos fue impecable. Hizo todo lo que un hijo puede esperar de su padre y más. Su amor no tuvo fisuras. Estuvo sin dormir durante catorce días esperando cada llamado de los secuestradores. Era un león enjaulado, rabioso y lleno de impotencia.

Pido disculpas a los lectores por haberme detenido demasiado en este hecho de mi propia biografía. Tengo un motivo. En el momento de mi liberación, me encontré con el enorme amor de mi padre, correspondido por el mío hacia él, de un modo que nunca antes nos había sucedido a ninguno de los dos.

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Lo que yo no sabía es que allí, primero sin notarlo y después de manera cada vez más evidente, comenzaba la etapa más difícil de mi relación con él.

En su personalidad comenzó a filtrarse un rasgo inesperado. El hecho de haber logrado mi liberación, lo puso en un nuevo rol frente a mí. Ahora era mi salvador. Había salvado mi vida. Su ego y su omnipotencia crecieron hasta niveles superlativos. Y no era para menos.

Por mi parte y sin buscarlo, me convertí de la noche a la mañana en una persona extrañamente famosa. Las personas me paraban por la calle para saludarme y contarme lo felices que se habían sentido al saber que estaba con vida. El secuestro había conmovido a muchísima gente. Hoy creo que nadie está preparado para este tipo de exposición. Mi popularidad súbita por haber sobrevivido despertó en papá una competencia extraña. Yo estaba preparado para ocupar su lugar en Socma, pero no para aparecer en los medios.

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Como sea, creo que papá pudo haber visto heridos su narcisismo, su vanidad, su ego: es difícil saberlo. Esto lo llevó, como en tantas otras cosas, a redoblar su apuesta. Y comenzó a buscar por sí mismo fama y publicidad. El paradigma de aquellos años fueron sus grandes fiestas de fin de año en Punta del Este. Parecía decidido a ocupar siempre un rol protagónico. Más allá de su voluntad, se convirtió en un emblema de cierta frivolidad que parecía haberse instalado en el aire durante la década del noventa.

El secuestro provocó que toda nuestra relación se desequilibrara. Desde ese momento, ninguna agresión me afectaría tanto como las suyas. Lo increíble era que, al mismo tiempo, nadie me demostró más amor que él. Me llevó mucho tiempo y mucho trabajo entender que para él se trataba de algo imposible de controlar. Como dije, una suerte de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Pasaba de una emoción a la otra en segundos, sin siquiera darse cuenta.

Los años siguientes fueron los peores de nuestra relación. Se desató una guerra permanente. Me echaba y me contrataba todas las semanas. Me ayudaba y luego me boicoteaba.

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Me empoderaba y al instante me desautorizaba.

Mi futuro ya no estaba tan claro. Ser el delfín de Franco había dejado de ser una buena idea. Mi vida tendría que ser la mía y no la suya. Poco tiempo después, Isabel Menditeguy me ayudó muchísimo a reflexionar sobre todo aquello. Me impulsó a comenzar un proceso psicoanalítico muy profundo en el que pude revisar el vínculo con papá y conocerme o, más bien, reconocerme, desde otro lugar.

No iba a ser fácil lo que teníamos por delante Franco y yo. Para un hombre como él, la empresa familiar debía ser mi lugar. Para mí, ya no. Empezó a tomar forma un nuevo sueño, exclusivamente mío, independiente y autónomo: alcanzar la presidencia de Boca Juniors.

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Había sobrevivido a un cautiverio. No estaba dispuesto a pasar nunca más por esa situación.

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