INTERNACIONAL
El vuelo que no iba a Nagasaki y las nubes que cambiaron todo: la bomba que marcó el fin de la Segunda Guerra

Unas nubes cambiaron el destino de cientos de miles de personas.
El cielo demasiado encapotado disuadió al piloto de que debía seguir el plan B. Temía no llegar a destino, que allí la situación climática se repitiera, el combustible se acabara y tuviera que tirar la bomba al mar.
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La misión se había adelantado dos días porque los reportes meteorológicos hablaban de tormentas y cielos cerrados. La visibilidad era fundamental.
Boxscar y los aviones escoltan viraron. Dejaron atrás Kokura y enfilaron hacia Nagasaki.
Era el 9 de agosto de 1945 y estaba por ser lanzada la segunda bomba atómica sobre Japón.
El mundo había ingresado en la era nuclear tres días antes, cuando el Enola Gay había dejado caer la bomba sobre Hiroshima. El hongo atómico se había tatuado en el cielo, la ciudad había conocido un nivel de destrucción nunca antes visto y 80.000 personas murieron en los primeros minutos.
Horas después, el presidente estadounidense Harry S. Truman, informó por radio: “Hace poco tiempo un avión americano ha lanzado una bomba sobre Hiroshima, inutilizándola para el enemigo. Los japoneses comenzaron la guerra por el aire en Pearl Harbor: han sido correspondidos sobradamente. Pero este no es el final, con esta bomba hemos añadido una dimensión nueva y revolucionaria a la destrucción”.
La histórica imagen de la tripulación del Enola Gay, tomada y difundida el 17 de agosto de 1945, pocos días después de que el bombardero B‑29 lanzara la bomba atómica sobre Hiroshima. (Foto: US Archive).
Kokura era plana y mezclaba zonas industriales y urbanas. Y tenía -como Hiroshima y Nagasaki- otra característica imprescindible para los altos mando norteamericanos: no había sido bombardeada hasta ese momento. Querían ciudades lo más prístinas posibles para que no hubiera confusión, para que quedara bien establecido el sideral poder destructor de las bombas nucleares. El terreno de Nagasaki era irregular -eso hizo que el daño se concentrara y no se esparciera-, predominaban las construcciones antiguas con mucha madera en las paredes y contaba con algunas fábricas importantes como Mitsubishi.
La segunda misión se había planificado de manera muy similar a la que había arrojado la bomba sobre Hiroshima. El avión que transportó a la bomba Fat Man hasta los cielos de Nagasaki se llamó Bockscar y era comandado por Charles Sweeney.
La operación Nagasaki: la segunda misión atómica de EE.UU. sobre Japón
A pesar de la meticulosidad previa, la operación debió sortear varios imprevistos. Ya todos, aunque nadie lo hubiera confirmado, sabían qué clase de bomba llevaba el avión. En el momento del despegue de uno de los aviones de apoyo, el que llevaba al personal de observación (científicos y encargados de tomar las imágenes), el piloto hizo bajar a uno de los tripulantes: en vez de paracaídas, en un error por los nervios, había tomado un segundo salvavidas.
El informe del avión meteorológico fue positivo. Pero cuando el Bockscar sobrevoló Kokura, Sweeney se encontró con un espeso manto de nubes cuando llegó a su destino. Intentó encontrar un hueco en el que la visibilidad hiciera posible el lanzamiento pero fue infructuoso. En ese instante Nagasaki se convirtió en el objetivo. Era el plan de contingencia. Pero un nuevo problema surgió. El avión mostró desperfectos. Perdía combustible. No se sabía si podría regresar. A Nagasaki también la cubrían las nubes. Cuando no quedaba demasiado tiempo, Sweeney descubrió una brecha.
La bomba atómica sobre Nagasaki mató 40 mil personas en el momento de la detonación. Y otras tantas murieron en los meses siguientes por efecto de la radiación. La fábrica Mitsubishi que proveía armamento fue destruida, al igual que el 40 % de las viviendas de la ciudad.
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Fat Man estaba hecha de plutonio 239. La ventaja era que se conseguía con mayor facilidad. Sin embargo era más complejo para ensamblar la bomba y mayor probabilidad de fallar. De hecho algunos científicos creen que solo se fisionó menos del 20 por ciento del material. No importó: su efecto fue devastador.
En uno de los aviones escolta iban los instrumentos de medición, que lanzados con pequeños paracaídas, buscaban establecer la magnitud de la explosión, el poderío de la bomba. El general Groves y Robert Oppenheimer habían enviado tres científicos desde Los Álamos a Tinian. Eran los representantes del Proyecto Manhattan en la base militar. Eran Luis Walter Álvarez, Lawrence Johnston y Harold Agnew. Uno de ellos tuvo una idea. Una improvisación en el detallado plan. Querían enviar un mensaje.

Dr. J. Robert Oppenheimer, físico atómico y cerebro del Projecto Manhattan, que llevó adelante el plan atómico contra Japón, durante la Segunda Guerra. (Foto: Departmento de Energy de EE.UU. via REUTERS)
Cuando se enteraron que la segunda bomba sería lanzada casi de inmediato, los físicos norteamericanos sostuvieron que eso terminaría de desconcertar a los japoneses. Que si ellos estuvieran del otro lado, y los comandantes les preguntaran qué posibilidades habría de un segundo ataque, ellos dirían que sería casi imposible, dado que esas bombas eran muy difíciles y muy costosas de construir, que esa dificultad les daría tiempo. Por lo tanto, el factor sorpresa, una vez más, sería importante.
Los tres científicos que estaban en la base del Pacífico no estaban preocupados por las vidas que se habían perdido en Hiroshima sino por las que podrían perderse en caso de continuar la contienda. Así que decidieron mandar un mensaje a un par, a un colega. A alguien que pudiera explicarles a los gobernantes japoneses qué era eso que les había caído del cielo.
La carta que los físicos estadounidenses enviaron a Japón: “A menos que se rindan, una lluvia de bombas atómicas caerá sobre el país”
Luis Walter Álvarez, luego Premio Nobel de Física, dictó una carta. Sus colegas Johnston y Agnew, la transcribieron y agregaron algunos párrafos. La misiva estaba dirigida a Ryokichi Sagane, un respetado físico japonés que ellos habían conocido en Estados Unidos unos años antes.
En la carta sin firma se presentaban como “tres colegas de Bekerley” y entre otras cosas decían: “Como científicos deploramos el uso que se ha dado a tan bello descubrimiento, pero podemos asegurar que a menos que Japón se rinda una lluvia de bombas atómicas caerá sobre el país”. Le rogaban a Sagane que utilizara sus conocimientos e influencias para convencer a las autoridades japonesas.
Adosaron la carta a uno de los instrumentos de medición y la dejaron caer hacia suelo japonés. La misiva fue encontrada unos pocos días después y estudiada por funcionarios nipones. Recién llegó a su destinatario el Dr. Sagane varios meses más tarde.
Varios años después de la guerra, los físicos volvieron a cruzarse. Sagane sacó el papel arrugado de su bolsillo y se lo extendió a Álvarez que lo leyó en silencio. Luego sacó una lapicera del bolsillo interno de su saco y, varios años después de que fuera escrita, la firmó.
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Ni Álvarez ni los otros dos científicos mostraron remordimiento ni pesar por las bombas. Constituyeron casi una excepción (otro caso notable fue el de Edward Teller, creador de la Bomba H) entre los especialistas del Proyecto Manhattan que se convirtieron casi de inmediato en pacifistas y abogaron por el desarme atómico, por desactivar el infierno que crearon con sus conocimientos y trabajo.
La visión de Álvarez y de sus compañeros, posiblemente, se sustentaba en su experiencia en el campo de batalla. Ellos salieron del laboratorio, vivieron en bases militares, participaron de misiones, vieron a los hombres morir en combate. Esas vivencias pueden haberlos convencido que la extensión de la guerra hubiera acarreado mayor número de muertos que los que produjeron las dos bombas atómicas.
Álvarez había estado en el lanzamiento de prueba del nuevo arma en el desierto californiano y en Hiroshima. El 9 de agosto se quedó en la base y fue Johnston en el avión. Así, Johnston se convirtió así en la única persona que fue testigo ocular de los tres lanzamientos atómicos de esa guerra. Un récord nada envidiable.
Los hibakusha. Los sobrevivientes a las explosiones atómicas. Los afectados por la radiación. Aquellos a los que la destrucción signó de por vida. Las secuelas físicas, las pérdidas materiales, la muerte de los familiares. Los que atravesaron el horror y sienten la necesidad de contarlo. Aunque muchos hayan necesitado demasiados años para poder expresarse, para poder evocar el cataclismo, para conseguir ponerle palabras a lo inhumano.
Entre ellos, entre los hibakusha, hay algunos que revisten un estado aún mayor de excepcionalidad. Son doblemente hibakushas: sobrevivieron a ambas explosiones atómicas.
Tsutomu Yamaguchi era un joven empleado de Mitsubishi. Había sido enviado a Hiroshima a realizar unas tareas. El tren que lo devolvería a Nagasaki partía a las 9 de la mañana del 6 de agosto. Camino a la estación se dio cuenta que había dejado documentación en el hotel. Regresó a buscarla y se separó de sus dos compañeros de viaje. Al regresar, una explosión de una potencia desconocida lo hizo volar por el aire. Luego de unos minutos de atontamiento se levantó. Vio el peor paisaje imaginable. Tenía algunas lastimaduras, le sangraba la cabeza pero no mucho más. Se escondió en un refugio antiaéreo. La tripulación del Enola Gay, el bombardero B-29 que lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. La imagen fue difundida pocos días después de la misión, en agosto de ese mismo año. (Foto: US Archive).
A la mañana siguiente, con la ciudad todavía cubierta por la bruma atómica, inició el camino de regreso a su casa. Una odisea de más de 250 kilómetros. Llegó a Nagasaki a la noche del 8 de agosto. Abrazó a su esposa y a su hijo pequeño. A la mañana siguiente se dirigió a la fábrica. A media mañana se reunió con su jefe. Intentaba convencerlo de lo sucedido. El jefe valoró darle licencia. Pensó que Yamaguchi se había vuelto loco. Era inconcebible suponer que una sola bomba podía arrasar una ciudad. Cuando el jefe estaba por echarlo de la oficina, la explosión.
Estados Unidos había lanzado la segunda bomba atómica. Una vez más, Tsutomu salió indemne. Entre los escombros se levantó con nuevos magullones y quemaduras para ir a buscar a su familia. Su esposa y el bebé tampoco habían sufrido daños. La familia pasó varios días en un refugio hasta que pudieron regresar a su casa. Yamaguchi sólo perdió parte de la audición de un oído y le quedó cierta debilidad en sus piernas; secuelas menores para haber soportado dos explosiones atómicas. Murió en el 2010. Tenía 94 años. Su hijo vivió bastante menos; murió de cáncer afectado por la radiación a fines del Siglo XX.
Kazuko Sadamaru tenía 20 años y la guerra la había transformado en enfermera. Ella también fue doble hibakusha. El 6 de agosto, desde Nagasaki acompañaba en tren a unos heridos cuyo lugar de residencia era Hiroshima. Cuando la formación ingresaba en la ciudad, el destello cegador. El tren cimbreó. Al bajar, se encontraron con el paisaje más funesto. Al día siguiente regresó a Nagasaki. El 9 de agosto, la siguiente bomba. Allí vivió los peores días de su vida. Trabajando varios días seguidos, sin dormir, sin materiales para asistir a los heridos, sin saber contra qué luchaban. Ella con el paso de los meses tuvo problemas en la sangre y perdió casi todo el pelo. Pero se recuperó. Tuvo una hija y cuatro nietos. Hiroshima, arrasada por la potencia nuclear. (Foto: US National Archives Catalog).
El mundo tardó en enterarse de lo que había ocurrido en Nagasaki, su real dimensión. Los grandes medios prefirieron quedarse con la rendición japonesa, el fin de la guerra, el regreso a casa de los soldados aliados, el descubrimiento del horror de los campos de concentración nazis. Y cuando se sabía algo, se minimizaba.
En septiembre de 1945, un hombre con uniforme de coronel del ejército de Estados Unidos entró a Nagasaki. Japón ya se había rendido. La guerra había terminado. En la ciudad sus escasos habitantes parecían espectros. Era como si nada de lo anterior hubiera quedado en pie. Destrucción total. El paisaje más desolador posible.
Por ese tiempo Estados Unidos disfrutaba del éxito. Las bombas habían derribado las últimas defensas japonesas. Nada se sabía (al menos públicamente) de las consecuencias de las bombas. Todavía ni siquiera era sencillo determinar los daños instantáneos que había ocasionado, mensurarlos con precisión. Se sabía de su poder de devastación pero no mucho más. Los generales norteamericanos negaban consecuencias. Afirmaban que ya todo había pasado. No había secuela posible.
Mentían.
Nagasaki no tenía demasiada atención de los medios. Varios factores confluyeron: haber sido la segunda bomba y la vocación por silenciar las decenas de miles de muertes y, en especial, las secuelas de la radiación.
El hombre con ropa de coronel era periodista. Se llamaba George Weller. En su libreta de apuntes tomó nota de lo que vio. Un espectáculo atroz. Le costaba imaginar qué había provocado eso. Encontró un campo de prisioneros de guerra. Sus reclusos eran soldados americanos capturados por los japoneses. Todavía no sabían que la guerra había terminado. Weller les dio la noticia. Ellos le relataron el resplandor, el ruido atronador y la ola expansiva. El periodista escribió un informe estremecedor. Siguió recorriendo la ciudad, lo que quedaba de ella, y reportando. Envió sus notas. Hablaba también de enfermedades extrañas que parecían tener origen en la bomba. La radiación afectaba a las personas.
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Semanas después se enteró de que ninguna había llegado al diario. Los oficiales de Estados Unidos las habían retenido y destruido. No eran tiempos de dar malas noticias; eso era hacerle el juego al enemigo (ya derrotado). Las excusas que se suelen esgrimir para ejercer la censura.
Weller regresó a su país y vivió convencido que sus crónicas se habían perdido para siempre. Tras su muerte, una de sus hijas, encontró una copia en carbónico de ellas y las publicó.
Sesenta años después, el mundo conocía detalles de lo que había ocurrido en Nagasaki durante los días posteriores a su devastación, en ese paisaje que parecía haber sido olvidado por Dios.
Nagasaki, Segunda Guerra Mundial, Japón, bomba atomica
INTERNACIONAL
Objetivo: Acabar con el régimen

Ese es el titular y ese es el sentido de los ataques coordinados de Israel y Estados Unidos que este 28 de febrero se han producido contra Irán: no buscan objetivos concretos, como la finalización de la carrera nuclear, o la destrucción de los centros de ensamblaje de los misíles balísticos, sino la caída completa del régimen.
La operación ‘Furia épica’, y su homólogo israelí ‘Rugido del León’ no son una reedición de las operaciones bélicas de junio pasado: el ‘León Creciente’ y su par americano, el ‘Martillo de medianoche”. En aquella ocasión se buscaba amedentrar al régimen, herir sus estructuras bélicas y, sobretodo, atacar las instalaciones nucleares de Natanz, Isafhan y la impenetrable Fordow, después de la constatación del nivel de enriquecimiento crítico del uranio que había conseguido Irán. Fue una operación quirúrgica y, por ende, limitada. Pero esta vez, en palabras del propio Trump, la intención es integral: destruir la industria de mísiles iraní, aniquilar su potencial armado, aniquilar toda opción nuclear, destruir la capacidad de desestabilización de sus aliados terroristas y, en definitiva, eliminar completamente la amenaza que supone el régimen de los ayatolas. Es por ello que Trump ha acabado su vídeo de ocho minutos en Truth Social asegurando al pueblo iraní que “la hora de su libertad está a su alcance” y animándolo a tomar las riendas de su destino. Por si hubiera alguna duda, el primer objetivo del ataque ha sido matar al líder supremo Alí Khamenei, cuya situación al momento de escribir el articulo, aún es confusa.
Si esa es la premisa, la caída del régimen de los ayatolás que aterroriza a su población y desestabiliza a toda la región desde 1978, cabe preguntarse si realmente es un objetivo viable y a qué plazo. Sobretodo porque Irán no es Venezuela: tiene capacidad militar poderosa; su guardia revolucionaria y el resto de cuerpos militares y policiales son compactos y están muy bien entrenados; está situado en un zona de enorme valor geoestratégico, capaz de crear grandes sacudidas económicas; tiene objetivos americanos y al propio Israel al alcance de sus misiles, y sus proxies, pueden atacar a sus enemigos desde muchas posiciones. Con todo ello, no parece que pueda tratarse de una guerra corta (de momento, fuentes de seguridad israelí hablan de más de una semana de ataques), aunque la voluntad americana sea acortarla al máximo y centrarla en los ataques aéreos. Pero si el objetivo es la caída del régimen, ¿será suficiente la batalla aérea? Sin duda a nadie le interesa una guerra con infantería, y menos a Trump, que podría encharcar a Estados Unidos en un nuevo Afganistán. No hay que olvidar que Irán tiene 650.000 efectivos activos, una de las infanterías más grandes del mundo. Pero, si imaginar una guerra con infantería es un pésimo propósito, descartarla es imprudente.
Con todo, la superioridad militar de americanos e israelíes en mar y aire está fuera de toda duda y por tanto es imaginable que consigan colapsar el régimen destruyendo todos sus centros estratégicos, tanto militares, como políticos. Lo cual no significa que Irán no pueda ser letal en las próximas horas y días. El éxito militar de USA e Israel se da por seguro. El cuándo se produce y qué consecuencias políticas tiene, es más difuso.
En este sentido, ¿es el momento de atacar Irán? Sin ninguna duda. Primero, porque es el punto final de la guerra que empezó el 7 de octubre de 2023, con la masacre de Hamás en Israel, auspiciada por los ayatollahas. A partir de aquel punto de inflexión, Irán pasó, de ser el enemigo a vigilar, a ser el enemigo a abatir, no solo para Israel, sinó para otros países preocupados por la carrera nuclear y por el potencial que Irán había aconseguido a través de sus proxies: chiitas iraquíes, la Siria de los Asad, el Hezbollah en el Líbano, los huties del Yemen, y los grupos terroristas que actuaban en Gaza. Y ello sin contar con la penetración iraní en América Latina. No había opción para la negociación. Pero la guerra con Irán solo podía producirse si se ocurrían tres grandes sacudidas: si Israel ganaba su propia guerra en el Líbano contra Hezbollah y en Gaza contra Hamás; si caía el régimen sirio; y si llegaba Trump a la Casa Blanca. Todo pasó, y ahora està ocurriendo lo que entonces ya estaba predestinado.
Pero hay más motivos que han desencadenado la decisión final. Por un lado, la constatación de que China y Rusia no tienen ninguna intención de intervenir. Al contrario, necesitan una situación de estabilidad en la región. Por otro lado, la mayoría de países de la región quieren pasar del momento Irán al momento Acuerdos de Abraham, y al consecuente potencial económico que puede generar. Finalmente, la grave crisis económica del país sumada a la extraordinaria y heroica revuelta de los iraníes, cuya valentía han pagado con miles de muertos, han mostrado la extrema debilidad de un régimen enloquecido y delirante que se aguanta por el terror, con la mayoría de la población en su contra. Con un añadido final: la aparición de Reza Pahlavi, cuya popularidad lo convierte en posible referente para el proceso democrático. Estados Unidos no tiene una Delcy en Irán, pero con Pahlavi tiene un puente de transición.
Conclusiones finales, aunque precarias, dada la volatilidad de la situación: la guerra es total y tiene como objetivo el final del regiment de lo ayatollas; Estados Unidos e Israel han desencadenado una fuerza militar colosal, que Irán no puede vencer; la guerra puede durar más de lo que quisiera Trump, porque el régimen la vivirá como una “guerra existencial” e intentará morir matando; es el gran momento de la oposición al régimen, que siempre consideró necesaria la intervención para poder derrocarlo. Finalmente, lo más importante: si cae el régimen, además de liberar al pueblo persa, habrá ganado la causa de la mujer, la causa de los derechos humanos y la siempre eterna y frágil causa de la libertad.
X: @RaholaOficial
Web:
Instagram: pilar_rahola/
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Democrats buck party leaders to defend Trump’s ‘decisive action’ on Iran

NEWYou can now listen to Fox News articles!
President Donald Trump’s joint strikes on Iran are exposing a divide in both parties, as several Democrats come to the president’s defense while a handful of Republicans question his constitutional authority.
Trump announced U.S. and Israeli forces targeted Iranian leadership and military sites in the early hours of Saturday morning, catching millions of Americans — and the majority of lawmakers in Congress — by surprise.
A handful of House Democrats are justifying the operation, bucking most of their party, who are calling the operation a reckless and illegal action. On the other hand, at least three Republican lawmakers are signaling that the news gave them some pause as of Saturday morning.
Rep. Greg Landsman, D-Ohio, said that the strikes «are targeting military infrastructure —- with warnings to Iranian civilians to take shelter away from these military targets.»
Democrats like Rep. Josh Gottheimer are breaking from their party to justify President Donald Trump’s joint operation with Israel. (Graeme Sloan/Bloomberg via Getty Images; Andrew Harnik/Getty Images)
«I want a lasting peace for everyone in the region — from the Iranian people to the Lebanese, Palestinians, Syrians, Iraqis, Jordanians, and Israelis. I hope these targeted strikes on the Iranian regime’s military assets ends the regime’s mayhem and bloodshed and makes way for this lasting peace in the region,» Landsman said.
«Thank you to our brave service members who are leading this effort, and I pray their work will finally free the people of Iran and those in the region from more violence or war.»
Reps. Tom Suozzi, D-N.Y., and Josh Gottheimer, D-N.J., similarly put the onus on Iran, as did Sens. Jacky Rosen, D-Nev., and John Fetterman, D-Pa.
ISRAEL LAUNCHES PREEMPTIVE STRIKE AGAINST IRAN, DEFENSE MINISTER SAYS
On the Republican side, Reps. Warren Davidson, R-Ohio, Thomas Massie, R-Ky., and Sen. Rand Paul, R-Ky., are concerned about how actions against Iran could run afoul of Congress’ own constitutional authority.
«We need a government small enough to fit within the Constitution. We need a government effective enough to solve problems and serve its own people. Or, we need a new Constitution,» Davidson posted on X.
When another user asked if he supported Trump’s actions against Iran, Davidson replied, «No. War requires congressional authorization.»

Rep. Thomas Massie, R-Ky., questions Attorney General Pam Bondi before a House Judiciary Committee hearing on Capitol Hill in Washington, Feb. 11, 2026. (Robert Schmidt/AFP via Getty)
ISRAEL TARGETS IRAN’S SUPREME LEADER IN SWEEPING STRIKES AS US JOINS ‘OPERATION EPIC FURY’
Massie, a longtime critic of foreign intervention, went so far as to introduce a resolution alongside Rep. Ro Khanna, D-Calif., to rein in Trump’s war powers. House Democrats are demanding a vote on that resolution as soon as next week.
Landsman told NOTUS that he would vote against such a measure if it came to the House floor.
Rep. Josh Gottheimer, D-N.J., while similarly praising the military’s moves, refused to tell Fox News Digital if he would support the resolution via a spokesperson.
«Today, the United States, with our key democratic ally Israel, took decisive action to defend our national security, fight terror, protect our allies, and stand with the Iranian people who have been massacred in the streets for demanding freedom from the murderous Iranian regime,» Gottheimer said in a statement.
«I applaud the extraordinary bravery and professionalism of our servicemembers and pray for their safety as Iran and its terrorist proxies retaliate against American bases and our partners in the region.»
He, like Suozzi and Rosen, called for a classified briefing on the operation’s details.
GULF STATES CONDEMN IRANIAN RETALIATORY STRIKES ON THEIR TERRITORIES FOLLOWING US-ISRAELI OPERATION
«I agree with the President’s objectives that Iran can never be allowed to obtain nuclear capabilities. The President must now clearly define the national security objective and articulate his plan to avoid another costly, prolonged war in the Middle East,» Suozzi said in his own statement.
Fetterman, meanwhile, has been among the Democrats most full-throated in his support.
«President Trump has been willing to do what’s right and necessary to produce real peace in the region. God bless the United States, our great military, and Israel,» he posted on X early Saturday morning, among the first lawmakers to sound off.

A person holds an image of Iran’s Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei as Iranian demonstrators protest against the U.S.-Israeli strikes, in Tehran, Iran, Feb. 28, 2026. (Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via Reuters)
He said of the war powers vote, «I’m a hard no. My vote is Operation Epic Fury.»
It’s a stark contrast to the majority of Democratic lawmakers who have lambasted Trump for not getting authorization from Congress before the strikes.
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House Minority Leader Hakeem Jeffries, D-N.Y., accused Trump of moving to «abandon diplomacy and launch a massive military attack has left American troops vulnerable to Iran’s retaliatory actions.»
In the Senate, Minority Leader Chuck Schumer, D-N.Y., said, «Confronting Iran’s malign regional activities, nuclear ambitions, and harsh oppression of the Iranian people demands American strength, resolve, regional coordination, and strategic clarity. Unfortunately, President Trump’s fitful cycles of lashing out and risking wider conflict are not a viable strategy.»
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Did they get him? Khamenei’s fate remains unknown after Israel strike levels his compound

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As the smoke was still clearing over Tehran, one question dominated the region and Washington alike: Did they get him?
In the immediate aftermath of the Israel-U.S. strikes, with the Israeli Air Force targeting senior Iranian leadership infrastructure, rumors swirled that Ayatollah Ali Khamenei, Iran’s 86-year-old supreme leader, had been killed.
Satellite images showed heavy damage to Ayatollah Ali Khamenei’s fortified compound, including buildings believed to house his residence and the so-called House of Leadership. Parts of the complex appeared reduced to rubble.
Regional reports indicated a high-level meeting of Khamenei’s top lieutenants may have been underway when the strike hit. Iranian semi-official media also reported missiles struck near the presidential palace and other leadership sites north of the capital.
Iran’s Supreme Leader Khamenei makes first public appearance in weeks with fresh U.S. threats. (Office of the Iranian Supreme Leader Credit/ASSOCIATED PRESS)
Addressing the nation on Saturday, Prime Minister Benjamin Netanyahu said in Hebrew, «There are more and more signs indicating Khamenei is gone.»
Israeli officials told Fox News Digital they were still assessing the results and said it was too early to confirm the fate of the 86-year-old supreme leader. They did not rule out the possibility that he was killed.
Iranian officials, however, insisted the country’s leadership — including Khamenei and President Masoud Pezeshkian — remained safe, according to The Guardian, despite what they described as an assassination attempt. Meanwhile, a spokesperson for Iran’s Ministry of Foreign Affairs told the BBC that he was not in a position to confirm whether Ayatollah Ali Khamenei had been eliminated.
IRAN FIRES MISSILES AT US BASES ACROSS MIDDLE EAST AFTER AMERICAN STRIKES ON NUCLEAR, IRGC SITES

In this picture released by an official website of the office of the Iranian supreme leader, Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei stands as army air force staff salute at the start of their meeting in Tehran, Iran, Friday, Feb. 8, 2019. Khamenei is defending «Death to America» chants that are standard fare at anti-U.S. rallies across Iran but says the chanting is aimed at America’s leaders and not its people. (Office of the Iranian Supreme Leader via AP)
The long-serving cleric has survived decades of internal unrest, assassination plots and foreign pressure. He rarely appears in public without layers of security and is believed to operate through a tightly controlled network of loyalists embedded across Iran’s military, intelligence and political institutions.
In an exclusive Fox News Digital report earlier this week, researchers described how Khamenei runs what amounts to a parallel state within Iran’s formal government structure.
«The Bayt is the hidden nerve center of the regime in Iran… it operates as a state within a state,» Kasra Aarabi, director of Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC) research at United Against Nuclear Iran (UANI), told Fox News Digital.
IRAN COULD ‘ACTIVATE’ HEZBOLLAH IF US TARGETS REGIME, TRUMP’S INNER CIRCLE TO DECIDE: EXPERT

Smoke rises on the skyline after an explosion in Tehran, Iran, Saturday, Feb. 28, 2026. (AP Photo/Vahid Salemi)
Even if Khamenei himself were removed, Aarabi warned, the institutional machinery he built — involving roughly 4,000 core staff and a broader network of tens of thousands — could continue functioning.
«Even if he is eliminated, the Bayt as an institution enables the Supreme Leader to function,» Aarabi said. «Think of the Supreme Leader as an institution rather than just a single individual.»
That reality complicates the picture.
For decades, Khamenei has positioned himself not merely as a political leader but as the apex of a system designed to survive shocks — whether from protests at home or military pressure abroad.
The 86-year-old cleric has faced repeated waves of unrest, including mass protests in 2009, 2022 and again in early 2026. Each time, his regime cracked down forcefully, consolidating control rather than fracturing.
He has also weathered years of covert operations, cyber campaigns and targeted strikes against key Iranian figures across the region.
Still, the scale of the latest strike appears unprecedented.
If confirmed dead, Khamenei’s killing would mark the most significant decapitation of Iranian leadership since the 1979 revolution. It would also raise immediate questions about succession inside a system he carefully engineered to avoid sudden collapse.
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A person holds an image of Iran’s Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei as Iranian demonstrators protest against the U.S.-Israeli strikes, in Tehran, Iran, Feb. 28, 2026. (Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via Reuters)
If he survived, it would reinforce his reputation for resilience — and underscore how difficult it is to eliminate the core of Iran’s power structure.
For now, officials say assessments are ongoing, and the question may be answered in the very near future.
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