POLITICA
La debacle final del PRO, la poca atracción de la oferta moderada y un gobierno que busca oxígeno

“Si con el presidente habíamos construido todas las políticas, ¿cómo hacíamos nosotros para decir que estaban mal?“, se preguntó en su momento José María Díaz Bancalari, el jefe del bloque peronista en Diputados y del PJ bonaerense. Días antes, octubre del 2005, los Duhalde habían intentado contener el avance del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires con la postulación de ”Chiche», con listas separadas, frente a una Cristina Kirchner que, en cabeza de la lista de senadores del Frente para la Victoria, ejecutaba la decisión compartida con el presidente Néstor Kirchner de abalanzarse sobre el peronismo provincial, apropiarse de los intendentes duhaldistas y adueñarse del liderazgo. “Parecíamos una pareja inseparable desde el punto de vista del bloque legislativo y el Ejecutivo, ¿cómo íbamos nosotros a explicarlo en la forma en que se había instalado la contienda electoral?“, insistió Díaz Bancalari, que secundó a ”Chiche» en la boleta y perdieron de manera categórica frente a la ex presidenta, por más de 20 puntos en el último bastión duhaldista. “El Mono”, histórico dirigente, fallecido en el verano del 2017, ventilaría además que el ex presidente Eduardo Duhalde se retiraría, tras la derrota, de la “política activa”.
Mauricio Macri, que siempre tuvo afecto por él, no quiso correr la misma suerte de Duhalde, al menos no en los papeles, mostró bandera blanca y cedió en la mesa de negociaciones la escritura de la casa matriz del PRO que, en el 2027, corre chances muy serias de cambiar de dueños por el acuerdo electoral que el ex presidente selló en los últimos días con Karina Milei para evitar un papelón aún mayor que haber sucumbido a la “posición dominante” de La Libertad Avanza en la confección de las listas que cierran el próximo domingo.
Veinte años después, Macri no quiso ser Duhalde, no logró disociar al electorado de la derecha y la centroderecha por el apoyo a libro cerrado de sus legisladores al plan de gobierno, y se resistió a ser derrotado en las urnas, a pesar de los consejeros internos que le proponían poner el cuerpo y postularse en octubre. Pero dejó al PRO al borde de la extinción, con su cúpula quebrada, los principales dirigentes desparramados en proyectos diferentes y sus exponentes en territorio bonaerense disfrazados de violeta para una campaña que, en ningún distrito, tendrá ni un solo atisbo amarillo. Diego Santilli, decididamente libertario, había jugueteado hace algunos meses con la franquicia de Los Ángeles Lakers de la NBA norteamericana que lleva ambos colores en su marca distintiva. El PRO resultó ser Villa Dálmine, el club del ascenso, full violeta, de la ciudad de Campana.
“No entiendo a Mauricio”, la escucharon en privado a María Eugenia Vidal, una de las más encumbradas dirigentes amarillas, de la primera hora, que hizo público su rechazo al acuerdo con el gobierno. Antes del cierre de alianzas de la semana pasada, la ex gobernadora telefoneó a Horacio Rodríguez Larreta para preguntarle si estaba dispuesto a armar una alternativa de centro en caso de que, como sucedió, La Libertad Avanza y el PRO terminaran por sellar un frente común. La mesa chica que alguna vez llevó al PRO a su era dorada se desarmó desde la derrota del 2019, y cada uno armó su propia mueblería. Cuando Macri intentó volver a armarla, en la previa de la elección de mayo que decretó el traspié partidario más duro de las últimas dos décadas, ya era tarde. Puertas adentro cargaron culpas contra el jefe de gobierno porteño, por la decisión de separar y adelantar la elección local, una definición que, a todas luces, resultó, cuanto menos, equivocada. “Sin esa elección, podríamos haber negociado un paquete más amplio. Jorge nos deschavó: el gobierno supo en mayo que valíamos solo 16 puntos en nuestra casa matriz”, reconoció un histórico dirigente. Según trascendió, a fines del año pasado, Cristian Ritondo conversó con Karina Milei sobre la posibilidad de repartir en mitades iguales las listas legislativas, pero fue desautorizado por el jefe porteño, que siempre vio a los Milei como una amenaza.

Esa noche, Mauricio y Jorge Macri discutieron feo. Semanas atrás, el ex presidente había intentado convencer a Larreta de declinar su candidatura que fue clave para la derrota del PRO. Después del triunfo de LLA, y de que el macrismo no lograra ganar ni una sola comuna por primera vez en veinte años, los primos se distanciaron, a tal punto que tuvo que intervenir Daniel Angelici, no solo como consigliere familiar, sino como coadministrador político de la gestión local frente a una suerte de amenaza de gobernabilidad desde la Legislatura, una situación inédita para un partido que se acostumbró en los últimos tiempos a legislar a los empujones. “El Tano” también trató de acercar posiciones entre el jefe de gobierno y Larreta, en al menos dos oportunidades, sin aparente éxito.
El ex presidente Macri, que hace algunas semanas se manifestó muy fastidioso por su cargo de jefe del PRO en una reunión federal del partido, había sido decisivo para que su primo Jorge se quedara con la Jefatura de Gobierno porteño en el 2023. Igual de influyente para erosionar primero a Rodríguez Larreta en la carrera presidencial de ese año y coquetear con Javier Milei mientras Patricia Bullrich intentaba darle sentido a una candidatura que se encaminaba a una segura derrota. Una catarata de pésimas decisiones, tan destacadas como la sucesión de aciertos que lo llevaron desde Boca a la capital y de allí a la Presidencia.

En los primeros meses del año, mientras redoblaba sus críticas al programa económico y político del gobierno que acompañó de manera casi irrestricta desde el Parlamento, el ex presidente se mandó a medir, para analizar sí, a pesar de su rechazo, valía la pena postularse como último plan para resguardar al PRO de la debacle final. La consultora Isonomía, que hizo trabajos para los Macri durante años, midió a los principales dirigentes nacionales y concluyó que el expresidente registra un diferencial negativo del 33%, por debajo incluso de Cristina Kirchner. Hay que remontarse a principios del 2019, en la crisis del programa económico de Cambiemos, para cotejar números tan malos.
Patricia Bullrich, casi segura candidata a senadora, también se mandó a medir en una hipotética contienda electoral contra Macri. Según su entorno, el ex presidente solo arrojó 7 puntos de intención de voto en el distrito que gobernó, con un éxito arrollador y comprobable, durante ocho años.

Desde el Pacto de Acassuso, Macri pasó por todos los estados. Intentó cogobernar, pidió lugares y acercó dirigentes y funcionarios, y auxilió al Gobierno desde el Parlamento hasta que entendió que los Milei planeaban absorber al PRO y ungir al Presidente como el único líder de la derecha y la centroderecha antes que avanzar sobre el kirchnerismo. Entonces se paró en la vereda de enfrente y tiró piedras hasta que cayó en la cuenta de que buena parte de la dirigencia que antes se referenciaba en él empezó a hacer su camino, y ya no tenía más escapatoria que aferrarse al proyecto de La Libertad Avanza como único mecanismo de supervivencia. Ser lo que fue el radicalismo al PRO durante la gestión de Cambiemos, aunque para eso los hermanos Milei deberían aceptar la formalización de una coalición de gobierno. Resulta improbable. Macri solo rescató, por ahora, un comunicado conjunto que vio la luz el jueves, y que resaltó un trabajo conjunto en el Congreso hacia el 2027. Una vez allanado el camino, el Presidente recién se dedicó al peronismo K, tras derrotar al macrismo en su distrito emblema y ganarse la atracción de los principales dirigentes bonaerenses, con Ritondo y Santilli a la cabeza, que sellaron una alianza provincial sin esperar la opinión de Macri.
La crisis terminal del PRO -en un artículo de junio de la revista Seúl, el diputado Martín Yeza analizó, en clave premonitoria, sobre los “riesgos” de que el partido se convierta en “Blackberry” y quedara “fuera de juego”- está extendida, de todos modos, a todo el sistema político que implosionó en 2023 con el triunfo de Milei, y cuya reconstrucción todavía naufraga en un océano plagado de interrogantes.
En ese interregno, por fuera del peronismo y de la disputa bonaerense aún no saldada entre el gobernador y el kirchnerismo, las estructuras tradicionales entraron en colapso, y la conformación de una opción de centro moderada por fuera de los polos opositores todavía no logró suficiente atracción.
No solo eso: el cierre de alianzas del pasado jueves exhibió una dispersión abrumadora de la oferta y la incertidumbre en torno a nuevas-viejas alianzas que se presentaron a contrarreloj con un futuro muy incierto.
El frente Somos que se conformó para la elección legislativa de septiembre en territorio bonaerense perdió dirigentes antes de que empiece la campaña. Por ejemplo, Emilio Monzó y Margarita Stolbizer. Ahora podría ser el turno de Florencio Randazzo, a quien desde usinas oficiales no ven con tan malos ojos si se reedita, de cara a octubre, un espacio lo suficientemente redituable para birlarle algunos puntos al kirchnerismo. Fue lo que sucedió en el 2017. Es lo que querrían ensayar otra vez desde sectores del Ejecutivo.
Facundo Manes, que se presentó públicamente en Tigre para tratar de quebrar la polarización bonaerense, analizaba por estas horas inscribir su candidatura a senador en la ciudad de Buenos Aires. La UCR se desperdiga en buena parte del país. Por ejemplo, en Córdoba y en PBA, dos distritos clave. En la capital, Elisa Carrió y Graciela Ocaña volvieron a encontrarse después de muchos años, para disputar en ese territorio. “Un reencuentro cariñoso”, describieron. Ricardo López Murphy competiría solo, por fuera. Esteban Paulón, diputado por Santa Fe, también haría lo propio, en la ciudad de Buenos Aires y en la boleta para el Senado, producto de algunas tratativas irresueltas en su provincia, con la coalición que lidera Maximiliano Pullaro.

El gobernador es parte de una nuevo grupo de mandatarios a los que todavía les cuesta demasiado la cohesión y la exhibición de una propuesta convocante. El miércoles, en la sesión que le propinó al Gobierno una contundente derrota, algunos dieron quórum con sus diputados, otros de manera parcial e Ignacio Torres, de Chubut, no movió a ninguno de los legisladores.
La escasa atracción de la oferta electoral de centro y la fagocitosis del PRO le proporcionan al Gobierno una soga electoral para oxigenarse en octubre en un tramo bravo de la gestión, acuciado por una batería de derrotas legislativas que volvieron a poner el foco en la mala praxis parlamentaria. El sistema de toma de decisiones libertario luce agotado, y llega con el tanque en reserva a una campaña electoral que, según los analistas, arrojaría para Milei un resultado favorable, a pesar de los evidentes signos de fatiga del programa económico y el sacudón financiero que se inició tras el desarme desordenado de las LEFIs. Según los economistas, la suba de tasas tendrá en estos meses efectos reales sobre la actividad. “En una economía que ya venía con una dinámica de ‘serrucho’ -a la que le costaba encadenar dos meses consecutivos de crecimiento incluso antes de este nuevo shock-, la probabilidad de enfriamiento aumenta de manera significativa”, resumió a mediados de semana un informe privado destinado a inversores.
Según diversos estudios, en los últimos tres meses el humor social empeoró y las expectativas a futuro evidenciaron una caída leve pero sostenida. En el Gran Buenos Aires, esa tendencia está aún más acentuada: los intendentes del conurbano están desesperados por la caída del consumo y del poder adquisitivo, y la incertidumbre por la apatía electoral que hace difícil pronosticar un resultado para el 7 de septiembre, a pesar del pesimismo que reina en Casa Rosada. Aún así, hay una porción de la sociedad que todavía está dispuesta a concederle al Gobierno un tiempo prudencial para mostrar aciertos más allá de la estabilidad macroeconómica.
Puertas adentro del Ejecutivo reconocen las luces de alerta. “Hay que relanzar el gobierno después de las elecciones”, es una de las frases que más resuena en algunos despachos. Hasta qué punto Javier y Karina Milei están dispuestos es la gran pregunta.

Mientras tanto, el Gobierno se aprovecha de la crisis en el sistema político y los aliados en el tránsito hacia octubre. El cierre de alianzas del jueves fue un reflejo fiel de que, a pesar de las luces de alerta en el tablero de gestión de la administración, LLA se sigue moviendo en el escenario de la política como la referencia central del sistema. Aún a pesar de la falta de respuestas a los gobernadores, que se vio reflejada en las últimas dos sesiones, del Senado y de Diputados, con durísimas derrotas consecutivas para la Casa Rosada.
A pesar de eso, un buen grupo de gobernadores busca refugio en sus provincias: pretenden priorizar sus distritos. El 2027 todavía queda lejos, para todos. “La política cambió mucho. Antes, tener diputados y senadores te garantizaba en la relación con Nación que te lleguen recursos, con Milei cambió esa lógica. Nosotros teníamos un montón de diputados y nos los metimos ya sabes dónde. Hoy priorizo poder sacar algo en Nación e impedir que tengamos una elección que nos complique la gestión al final del mandato”, explicaron, en medio de la negociación por las listas, en el despacho de un gobernador de la zona centro.
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POLITICA
Protesta policial y la carrera hacia 2027: los desafíos que enfrenta Maximiliano Pullaro en su vínculo con Javier Milei

Maximiliano Pullaro tuvo la primera prueba de fuego desde que asumió como gobernador para resolver un conflicto de gestión con una fuerte repercusión nacional. Un reclamo salarial de policías que amenazaba con réplicas en otras localidades. Todavía hay temor a un efecto contagio en otras provincias. “Dejamos la vara alta con los nuevos ingresos”, dicen en Santa Fe, donde aseguran que salieron fortalecidos. Pero el caso abrió un nuevo capítulo en el vínculo entre el mandatario radical y líder de Provincias Unidas con la Casa Rosada. Aunque se resiste a reunirse con el ministro del Interior, Diego Santilli, esta semana recibió apoyo del gobierno nacional aunque fue duramente criticado por libertarios santafesinos. ¿Hay chances de un acuerdo para 2027?
Según pudo constatar Infobae, Santilli y Pullaro dialogaron esta semana por el conflicto que se desató en Rosario el martes por la madrugada. Un grupo de agentes, vestidos de civil y con los rostros cubiertos se congregaron frente a la Jefatura de Policía para reclamar mejoras salariales y condiciones laborales. La primera conferencia de prensa que brindó el ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, donde anunció el pase a disponibilidad de unos 20 efectivos, profundizó el conflicto. Familiares desfilaron por los canales de televisión relatando los casos de suicidios y malos salarios. Hasta una mujer se arrodilló frente a la Jefatura de Policía para que el gobernador hablara públicamente.
Aunque reconocen la legitimidad del reclamo, en la Gobernación santafesina analizan por estas horas dos focos que explicarían la magnificación del conflicto. El primero sería un coletazo por la investigación que tiene como acusados al ex jefe de la Policía de Rosario Daniel Acosta y otros 13 agentes por sobrefacturación del combustible para los móviles policiales y por cargas ficticias o “fantasmas”. El segundo, apunta a una organización que operó durante la protesta para generar caos con supuestos familiares que denunciaron en los medios falta de Internet en las Comisarías, escasez de balas y hasta la difusión de un decreto falso con supuestos aumentos para los policías. En el último punto no dejaron trascender nombres de sospechosos.
Lo que sí quedó claro fue un fuerte malestar con Romina Diez, la referente local de La Libertad Avanza, con estrecho vínculo con Karina Milei. La diputada nacional denunció “acuartelamiento” y acusó en sus redes sociales a Pullaro por “gastar millones en estructuras políticas y secretarías inútiles” pero no poder “pagarle a quienes ponen el cuerpo para cuidarnos”. “No es falta de recursos. Es un error de prioridades y una pésima gestión. Un Estado que no cuida a quienes garantizan seguridad, educación y salud, no cumple su función básica”, expresó.

El peronismo, en cambio, evitó pronunciarse o criticar al gobernador. Según pudo reconstruir este medio, siguen de cerca el reclamo de los policías pero no creen pertinente un aprovechamiento político del caso. Además, el deterioro salarial de las fuerzas de seguridad y docentes es un problema que comparten todas las provincias. Por estos días lo vive en carne propia Axel Kicillof con un gremio que amenaza con no iniciar el ciclo lectivo. Con el aumento salarial que anunció Pullaro, un policía santafesino que cumpla funciones operativas y que además realice tareas de calle estará cerca de los 2 millones de pesos. “Les dejamos la vara alta al resto de las provincias”, analizan. El primero en tomar nota fue Rogelio Frigerio, quien anunció un aumento para los efectivos en Entre Ríos.
El contexto en el que se generó la protesta policial no es menor. Además de que la seguridad es uno de los caballos de batalla de Maximiliano Pullaro, en los días previos había anunciado en un acto junto a la ministra de Seguridad nacional, Alejandra Monteoliva, que el mes de enero de este año se había convertido en el “menos violento” de la historia de la provincia. La misma semana recibió a Javier Milei, con quien comparte electorado, para la entrega del sable corvo de San Martín a los Granaderos.

Aunque no lo reconocen en público, todas las provincias piensan en el 2027, sobre todo en las que hay posibilidades de reelección, como es el caso de Pullaro, tras la reforma constitucional. El santafesino atraviesa un panorama complejo para la elección del próximo año tras haber fundado Provincias Unidas, la alianza de centro que tuvo un mal debut en las urnas en las legislativas nacionales. El espacio se define como antikirchnerista pero no logra captar el voto libertario y durante la campaña del 2025 el espacio profundizó sus críticas a Milei.
Para los radicales que apuestan a una alianza con La Libertad Avanza, Pullaro representa la línea interna más vinculada a la estrategia de Martín Lousteau, a quien acusan de buscar un acercamiento con el peronismo. Un gobernador de la UCR se queja por su vínculo pendular con el Gobierno. “Lo critica pero después le votan todo en el Congreso”, protestaron en medio de las tensiones que se generaron por el armado de los bloques.
Pese al vínculo tenso con la Casa Rosada, Pullaro recibió ayuda del Ministerio de Seguridad para reforzar la seguridad en los días de las protestas salariales. Dicen que con quien tienen mejor relación es con la propia Monteoliva y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Pero con los hermanos Milei, en especial Karina, la encargada de la estrategia de La Libertad Avanza en todo el país, no hay diálogo asiduo.
Cualquier gesto es leído en clave electoral. Aunque Provincias Unidas no termina de convertirse en una alianza seductora para sumar aliados de cara a la elección del 2027, el desdoblamiento de los comicios provinciales abre un abanico de posibilidades sobre todo con un sello potente como La Libertad Avanza que no pudo hacer pie con los candidatos outsiders en las legislativas locales o en casos como el de Lisandro Almirón en Corrientes. En Rosario se había abierto una esperanza para los libertarios con Juan Pedro Aleart pero se desaceleró con los números de los comicios generales, lo que podría darle una explicación a la necesidad de Romina Diez por lograr posicionarse como candidata y principal opositora. Hasta que la Casa Rosada no resuelva ese punto, Pullaro confía en mantener su hegemonía.
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POLITICA
Senado post ley laboral: los libertarios ya se mueven dentro del sistema, mientras un peronismo sin líderes se desangra

La sesión del miércoles y jueves en el Senado, donde el oficialismo logró la aprobación de la ley de reforma laboral, marcó el bautismo libertario en el “sistema” que tanto criticó para llegar al poder, tras un sinfín de concesiones en la iniciativa que se debatió.
Además, el escenario de la nueva Cámara alta mostró a un peronismo roto y ya no sólo sin un “campeón” o “pajarito llamador”: ni siquiera tiene un prospecto a considerar y sus soldados juegan libres, sin necesidad de ruptura, y la única apuesta que le queda al principal partido opositor es que el Gobierno falle, en el corto y mediano plazo, en mostrar resultados que viraron de la baja de inflación hacia bolsillos que no compensan lo nominal versus lo real. Veamos.
El primer punto fue descripto desde un experimentado despacho opositor durante la madrugada del jueves, mientras se desarrollaba la sesión: “Acá hay un arco que se corrió de blanco a negro, o viceversa, si uno compara lo que sucedió entre la Ley Bases y la reforma laboral que se está votando. A comienzos de 2024, ese proyecto venía con el mote de ‘destino manifiesto’, del ‘elegido’, y terminó en lo que ya conocemos. Ahora, el antisistema fue más sistema que ninguno, con herramientas del sistema, con una mujer/máquina de las pocas que quedan -en referencia a la jefa libertaria en la Cámara alta, Patricia Bullrich– y concesiones sin dudar a sindicatos, gobernadores y senadores. Por mucho menos que esto se retiró la Ley Bases en su momento. Acá se privilegió la victoria política y, si no chocan, tendrán el camino liberado en 2027″.
Del convite reciente en el recinto también quedó pincelado que, al oficialismo libertario, la acusación de “rodillo parlamentario” que siempre se le cuestionó al cristinismo en sus épocas más feroces y oscuras es casi tan importante como una leve picadura de mosquito. El ejemplo concreto fue la incorporación del traspaso de la Justicia Laboral a la Ciudad: no se amplió el temario de extraordinarias para esto, tampoco se le dio ingreso formal por sesión al acuerdo -para que tomara estado parlamentario-, no pasó por comisión ni se dictaminó. Quedó como un anexo de la reforma laboral que, también es cierto, hacía mención en dos artículos sobre el tema. Lo que vale entre los dos es lo primero.
Al consultar sobre ítems más delicados del texto, cuando los legisladores del oficialismo y la oposición dialoguista indagaban a caminadores de pasillos trasladados desde Casa Rosada hacia la Cámara alta, la respuesta fue idéntica: “La orden es del Presidente”. Bajo esa premisa también se movió Bullrich, quien sorprendió a propios y extraños por haberse tirado encima de todas las granadas posibles de la agenda de extraordinarias, sin garantía de victoria. Los condujo a un triunfo que, si Diputados confirma, será histórico, con sus respectivas consecuencias. Ni tuiteros ni desde el cielo. El sistema.

Quienes mejor decodifican los movimientos y convivencia de Balcarce 50 direccionaron la lupa hacia la parafernalia que armó la ex ministra de Seguridad horas después de la votación, con un video en redes que incluyó una divertida melodía de after office. Fue furor. Sobre ello, un histórico asesor sugirió: “Levantó demasiado la cabeza y temo que le llegue la factura. Muchos libertarios no entienden que Javier y Karina Milei son los únicos dueños del 100%. El resto son amistades”. Si hay algo que los hechos ya comprobaron es el desprecio por personas que hicieron demasiado para que el jefe de Estado llegue y se mantenga en el poder. Ni hablar de quienes osaron advertir algún potencial inconveniente. En el corazón de la administración central no existen, ni siquiera, los accionistas. Muchos siguen sin comprenderlo.
Post sesión, la sensación que quedó en varios senadores es que el Gobierno, en medio de su estrategia para aprobar la ley, intentó cuidar a los integrantes del pleno, en el sentido de reconocer que la agenda nacional no es la misma que en las provincias. Esto fue clave -aunque deberán ajustarse varias tuercas-, porque le dio margen a un ramillete de legisladores para no quedar muy expuestos, de forma innecesaria, en sus distritos. La diferencia fue abismal en comparación con lo sucedido en la Ley Bases.
Mientras tanto, el peronismo se desangra. Hay referentes del kirchnerismo que, durante la reunión el recinto, se rieron en varias ocasiones. Después, se preguntan por qué pierden elecciones. La situación ya delirante de “cristinistas obsecuentes” o “traidores”, es insostenible. No obstante, la discusión del Presupuesto 2026 de diciembre pasado ya dejó una marca -por un puñado de acompañamientos selectivos- que no volvió a repetirse en la reforma laboral -nadie del interbloque iba a pisar ese infantil palito-, pero sí en el armado de comisiones que los más duros no quieren integrar: las ramas del interbloque ya se manejan libres, sin necesidad de fractura.
“En el Presupuesto 2026 votaron algunos y no pasó nada. Ahora, dos de Convicción Federal se metieron en dos comisiones -en referencia a la tucumana Sandra Mendoza, en la de Acuerdos; y el catamarqueño Guillermo Andrada, en la de Relaciones Exteriores- y acá estamos. Lo mismo ocurrirá con lo del Mercosur, que beneficia a varias provincias. ¿Pensás que no van a acompañar? Además, no hay beneficio en irse. No tenemos más a un campeón. Ni siquiera vemos que aparezca un retador o pajarito llamador que vaya a la televisión a decir algo interesante. Nada de nada. Entonces, el PJ no tiene la capacidad de echar a nadie. ¿Cómo te van a echar de una casa donde lo único que tienen para ofrecerte es un plato de sopa fría y techos con goteras a la hora de dormir? Eso sí, no olvidemos el pin de ‘Cristina libre’ para llevarlo al recinto», reflexionaron desde un despacho justicialista.
Con la derrota aún fresca, un senador kirchnerista opinó ante Infobae: “El Gobierno tiene la responsabilidad de mostrar resultados. No hay más palos en la rueda. Nosotros perdimos en la sesión, pero ellos pueden llegar a perder su discurso en el corto plazo”. La cita apunta ya no tanto sobre si la inflación bajó o no en estos dos años -algo insólito, a esta altura-, aunque coincide con la mirada de un grupo no menor de dialoguistas, por fuera de la trifulca de días atrás relacionada con el INDEC: la realidad nominal de los bolsillos no podrá quedar detrás de la real.
POLITICA
El oficialismo apura en Diputados la sanción de la reforma laboral, pero crece la resistencia por los límites a las licencias

Envalentonado luego de su rutilante triunfo en el Senado, donde aprobó con holgada mayoría el proyecto de modernización laboral, el oficialismo va por más: quiere pasar a la historia como el primer gobierno que logra reformar una ley inmaculada para el peronismo en tiempo récord, en menos de un mes.
Semejante desafío tendrá su escenario en la Cámara de Diputados, donde los libertarios buscarán aprobar a libro cerrado el texto proveniente del Senado. A tal fin convocó a firmar dictamen el miércoles próximo para convertirlo en ley la semana siguiente.
Se encontrará, sin embargo, con la resistencia de un sector de la oposición que, si bien respalda el proyecto en líneas generales, buscará introducir modificaciones en al menos tres capítulos claves: el nuevo régimen que reduce el pago de salarios (hasta un 75%) por enfermedades y accidentes; el financiamiento de las indemnizaciones por despido y la derogación de media decena de estatutos profesionales, entre ellos el del periodista.
Senadora Patricia BullrichFabián Marelli
Cualquier cambio -aunque mínimo- en la media sanción ya aprobada significaría un traspié para el oficialismo. El texto debería retornar para su revisión a la cámara de origen y los tiempos se estirarían sin plazo, para disgusto de un gobierno ávido de exhibir señales de fortaleza política a los mercados. Festejaría el peronismo que, derrotado en el Senado, se ilusiona con una sobrevida en su cruzada contra el proyecto. Aunque sea fugaz.
El oficialismo confía en su buena estrella. Si los bloques que le prestaron su apoyo en el Senado replican su voto en la Cámara de Diputados, la aprobación en general del proyecto no debería peligrar, aseguran. Sus cálculos le arrojan un piso de, al menos, 131 votos.
El panorama, sin embargo, no se presenta tan clara en la votación en particular del articulado: a los libertarios no se les escapa que los senadores por Córdoba, Neuquén y Salta –que en la Cámara de Diputados totalizan una decena de votos- se desmarcaron con su rechazo en algunos capítulos sensibles.
Un dato por demás sugestivo –que no pasó desapercibido en el radar oficialista- es que Catamarca, provincia que creía aliada, esta vez le dio la espalda al Gobierno. El senador Guillermo Andrada, alfil del gobernador peronista Raúl Jalil, votó en contra de todo el proyecto, tanto en general como en particular.
También lo rechazaron los tucumanos Juan Manzur y Sandra Mendoza, esta última cercana al gobernador Osvaldo Jaldo, otro mandatario de buen diálogo con el Gobierno.
En la Cámara de Diputados Jalil cuenta con tres legisladores, mientras que Jaldo con otros tres. Seis voluntades que podrían ser decisivas en una votación eventualmente ajustada.
Enfermedades y accidentes
Al igual que en el Senado, el oficialismo buscará que la votación en particular se realice por título para agilizar el trámite y evitar que cualquier modificación en algún capítulo o artículo que lo integre lo obligue a postergar la sanción de la ley. El proyecto consta de 26 títulos y 212 artículos.
Esta estrategia entraña sus riesgos, sin embargo; en diciembre pasado, por caso, la oposición le volteó todo un capítulo del presupuesto 2026 por la decisión caprichosa del Ministerio de Economía de incluir allí, a último momento, un artículo para derogar las leyes de financiamiento universitario y de emergencia a la discapacidad.
Las alarmas vuelven a encenderse, esta vez con el capítulo VII del proyecto. Está incluido en el título primero, que es el corazón de toda la reforma pues modifica aspectos claves de la ley actual de contrato de trabajo.
El capítulo VII se anticipa como uno de los más conflictivos en el debate: allí se establece que, en caso de enfermedades o accidentes ajenos a las tareas laborales, se elimina la posibilidad de cobrar el 100% del salario. Los trabajadores pasarían a percibir el 50% o el 75%, según el grado de responsabilidad que se les atribuya respecto del hecho que provocó su incapacidad.
En el oficialismo nadie sabe responder quién dentro del Gobierno ordenó incluir este capítulo en el proyecto cuando no figuraba en el dictamen. Silencio de radio. En el fárrago de modificaciones que a último momento se incluyeron en el texto, el tema pasó por abajo del radar y el oficialismo logró aprobar el capítulo entero.
Sin embargo, no todos lo avalaron: las senadoras María Victoria Huala y Andrea Cristina, ambas de Pro, pidieron dejar expreso su voto negativo. El jefe del bloque de Pro, Cristian Ritondo, reconoció que están en desacuerdo y pedirán cambiarlo.
También expresaron críticas desde la UCR.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, justificó la medida. “Esto apunta a la reducción de las licencias eternas”, dijo. “Pero si lastimaste jugando al fútbol, o sea, vos tomaste una acción activa, el empleador la verdad que no tiene nada que ver. Te discapacitaste para el trabajo por un tiempo, entonces ahí es el 50%“, ejemplificó.
“Es un disparate”, se le escuchó decir al diputado Miguel Pichetto, integrante del bloque de Provincias Unidas. Esta bancada, de 22 integrantes y que preside la santafecina Gisela Scaglia, ya anticipó sus objeciones a este y otros puntos del proyecto. Preparan una propuesta alternativa, que incluirá, además, cambios en el régimen de inversiones para pymes (RIMI), según adelantaron.
Un fondo polémico
Otro capítulo que generará discusión es el que crea el Fondo de Asistencia Laboral (contenido en el título II), destinado a financiar las indemnizaciones por despido. Estos fondos serán cuentas específicas e inembargables que conformarán los empleadores con el aporte obligatorio y mensual de un porcentaje de las contribuciones patronales, que hasta ahora van a la Anses. Será del 1% para las grandes empresas y del 2,5% para las pymes.
Para el ministro de Economía, Luis Caputo, este tema es central. Las estimaciones preliminares de los expertos en seguridad social apuntan a que el FAL podría acumular unos U$S 3000 millones por año y en la oposición sospechan que este nuevo fondo se pergeñó para servir como fuente de financiamiento al Tesoro mediante la compra de títulos de deuda. Como lo fueron las viejas AFJP.
En Provincias Unidas y otros bloques provinciales advierten que este nuevo sistema desfinanciará al sistema de seguridad social y, como consecuencia directa, a las 13 cajas jubilatorias de aquellas provincias que no las transfirieron a la Nación. Es por ello que los senadores Alejandra Vigo (Córdoba), Flavia Royón (Salta) y Maximiliano Abad (UCR) votaron en contra de todo el título II.
El último título, el XXVI, también desata polémica: allí se incluye una serie de derogaciones, entre ellas la del estatuto del periodista y de otras profesiones, como también la ley de teletrabajo. También le pone plazo al actual sistema que financia el Incaa y la TV pública.
La votación de este título en el Senado fue el más ajustado de todo el proyecto: 38 votos fueron a favor y 31 en contra. El oficialismo perdió otra vez el apoyo del radical Abad (que se ausentó), de la neuquina Julieta Corroza, de la cordobesa Vigo y la salteña Royón.
El capítulo referido a las cajas sindicales parecería, sin embargo, no correr peligro: la media sanción del Senado mantiene, aunque con un tope y hasta 2028, la posibilidad de que los gremios cobren la llamada “cuota sindical” a partir de un porcentaje de los sueldos. El bloque de Pro en el Senado pidió eliminar este beneficio para los gremios, pero al final terminó por apoyar el capítulo.
Difícilmente prospere también el pedido de la bancada amarilla para incluir a las billeteras virtuales en el servicio de pago de los salarios. Salvo que, en una maniobra inesperada, Unión por la Patria y otros bloques se sumen.
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