POLITICA
“Le gatillaron a Cristina”: hechos, recuerdos y la causa judicial, a tres años del intento de magnicidio

“Le gatillaron a Cristina”. Así, en un mensaje seco y dramático, Máximo Kirchner, diputado nacional e hijo de la entonces vicepresidenta, le comunicó a Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes y parte del círculo más íntimo de Cristina Fernández de Kirchner, el hecho que marcaría un punto de quiebre en la política argentina. Era la noche del 1° de septiembre de 2022, minutos después de que la calle Juncal y Uruguay —epicentro de la recargada agenda pública de CFK y de su liturgia diaria con la militancia— se convirtiera en el escenario de un intento de magnicidio que no terminó en tragedia por milagro o casualidad.
Mendoza, quien esa tarde había pasado por el Senado tras su tarea como jefa comunal y había saludado brevemente a la vicepresidenta antes de ir a cenar con amigos, recibió el mensaje de Máximo con incredulidad, tratando aún de asimilar el alcance de lo ocurrido. “No entendía qué había pasado hasta que vi, a los minutos, las imágenes de cuando ella estaba entrando y, gracias a Dios y a la Virgen y a todos los que la protegieron, esa bala no salió y está con nosotros”, reconstruye tres años después, todavía conmovida por el impacto de aquel instante.
Recuerda que el clima de la jornada ya era tenso. Había pasado poco tiempo desde los piedrazos al despacho de Cristina en el Senado y de escenas dantescas, como el grupo que arrojó objetos prendidos fuego a la Casa Rosada. El jueves 1° de septiembre se había destacado en la agenda política por la firma de un acuerdo entre YPF, Petronas y el Gobierno Nacional en el CCK para avanzar con una nueva planta de GNL en Argentina, acto del que Mendoza participó antes de cruzarse de nuevo con Cristina para hablar sobre políticas energéticas y proyectos de soberanía. “Charlamos sobre lo que significaba el acuerdo, del gasoducto Néstor Kirchner, de la necesidad de tener más soberanía energética. Ella estaba muy enfocada en eso. Ya se venían viviendo días violentos, un clima de incitación al odio y la violencia, particularmente con Cristina, y también contra nosotros: los medios hegemónicos, ciertos periodistas y la embestida del partido judicial”, evocó Mendoza.

Ese clima de hostilidad lucía cotidiano. Grupos desconocidos que agredían a diputados saliendo del Congreso. Durante semanas, los alrededores del edificio de Juncal y Uruguay habían sido escenario de vigilias constantes, manifestaciones de apoyo pero también de señales crecientes de tensión política y policial. Cada noche, la rutina se repetía: Cristina llegaba, saludaba, firmaba libros, sacaba fotos y agradecía a los militantes que, con flores y banderas, se acercaban para abrazarla tras las cámaras, micros y móviles que transformaban la escena en un set inesperado de la política actual.
Así, alrededor de las 20:49 de aquel jueves, Cristina Fernández de Kirchner descendió de su auto oficial en la esquina de Juncal y Uruguay. Caminó rodeada de simpatizantes y custodia, firmó ejemplares de su libro Sinceramente, posó para fotos y mantuvo breves intercambios con la multitud. Quien haya mirado las imágenes esa noche —o alguna de las miles de veces en televisión durante los días siguientes— habrá visto cómo, a las 20:52, un hombre logró abrirse paso entre la segunda fila de la multitud. Con determinación nerviosa, sacó una pistola Bersa, apuntó contra la cabeza de la vicepresidenta a centímetros de distancia y gatilló. El ruido seco del disparo —o, mejor dicho, de un disparo que nunca fue— no se transformó en sangre ni en muerte.

El agresor, Fernando Sabag Montiel, fue reducido entre empujones y gritos por la propia multitud y la custodia federal completó el resguardo un instante después. Cristina se agachó, y aunque no terminó de comprender de inmediato la cercanía del arma, continuó algunos pasos más entre la gente antes de ingresar al edificio, como si la gravedad del acto estuviera suspendida en una neblina emocional y política imposible de descifrar al instante. “Cuando subí y la vi esa noche, llevaba un tapado celeste, largo, que Cristina siempre comentaba. Me dijo: ‘Ay, Mayra, que nos vimos esta tarde’. Y cuando la vi, no sabía si explotar de angustia y emoción o calmarme. Le dije: ‘Cristina, gracias a Dios que estás acá’. Ella me respondió que no se dio cuenta, que no vio lo que pasó, y después vio las imágenes. Ella estaba tranquila, sorprendida”.
La escena se repitió cuadro por cuadro en los noticieros durante horas y días. El pánico y la perplejidad se adueñaron de los presentes. La vicepresidenta no ofreció declaraciones esa noche; quienes salieron a hablar, primero en voz baja y luego a micrófono abierto, fueron sus allegados, funcionarios y legisladores aliados. Mendoza, que corrió al departamento de Juncal y Uruguay junto a diputados y referentes kirchneristas, reconstruye esa secuencia como un momento de shock absoluto: “Nos saludamos con compañeros, nos abrazábamos sin saber si celebrar que estaba viva o lamentar lo que habían intentado hacer, porque ya se había traspasado el nivel de violencia de intentar matarla”. Arriba estaban Máximo Kirchner, Eduardo Wado De Pedro, María Luz Alonso, personal de custodia, secretarios. Todos juntos intentaban comprender fragmentos de información, escuchar los relatos de quienes estuvieron en la vereda y confirmar el estado de la vicepresidenta en medio de pericias de la Policía Federal y actualizaciones constantes que llegaban desde la calle y de los medios.
El dato judicial tardó solo unas horas en confirmarse: el arma que portaba Sabag Montiel —una Bersa .32 con cargador lleno— estaba apta para disparar pero no tenía la munición en la recámara. “Fue un momento tremendo, angustiante. El solo hecho de pensar que podría haber sucedido era algo que me nublaba. Y al día de hoy lo pienso y me nubla”, confiesa Mendoza.
El ambiente ya era denso. No se trataba de un acto aislado. Apenas unos meses antes, el despacho de Cristina en el Senado había recibido piedrazos y amenazas, y la hostilidad mediática y judicial no hacía más que aumentar. “Veníamos de días previos de reunir vecinos, compañeros, gente que se acercaba a su departamento, acompañándola por la embestida del partido judicial. No hay Estado de Derecho para Cristina, porque es la única que no transa ni se pone de rodillas. Lo dijo más de una vez, no va a ser mascota del poder”, subraya Mendoza.
Mientras la esquina mutaba de vigilia a bunker —con camionetas, vallas y móviles policiales cubriendo varias cuadras, drones sobrevolando y periodistas buscando declaraciones—, la noticia se propagaba a velocidad de rumor por toda la política argentina. No solo el país hablaba de un atentado: redes internacionales y agencias de prensa reforzaban la gravedad de lo ocurrido, preguntándose si había fallado el arma, el tirador o la bala. Los primeros peritajes indicaron que Sabag Montiel no había ubicado el proyectil en la recámara, aunque el arma podía disparar. Se sucedieron las preguntas y dudas técnicas sobre el protocolo de seguridad y el accionar de la custodia, que derivaron en relevos y sanciones una semana más tarde.
Cerca de la medianoche, el presidente Alberto Fernández habló por cadena nacional para condenar el hecho, al que describió como “el más grave desde el retorno de la democracia”, y declarar feriado nacional para el viernes siguiente, en busca de un corte abrupto al clima social y de la posibilidad de una movilización masiva de repudio sin concurrencia laboral obligatoria. La multitud ya preparaba la movilización.
Al llegar el 2 de septiembre, el país entero se despertó cruzado por un vértigo soterrado. Equipos técnicos descargaron videos, ubicaron testigos, preservaron celulares. La pista personal de Sabag Montiel se hizo obvia: redes, auto, recorridos previos por la zona. La custodia fue investigada por la falla en el cordón de seguridad. Por la tarde, la Plaza de Mayo y muchas otras plazas del país se poblaron de militantes, familias, partidos y organizaciones sociales bajo un mismo lema: “La democracia no se toca”. Ese día, el presidente Fernández se acercó al departamento de Cristina alrededor de las 14, permaneció tres cuartos de hora y se retiró sin declaraciones públicas; la charla, según relataron testigos, giró en torno al clima de odio que se había instalado y el cauce institucional que podría tomar la crisis.
Desde esa madrugada, Mendoza trabajó en paralelo desde lo territorial y lo institucional. “Hablaba con delegados de la UOM, con Andrés Larroque, con Leopoldo Moreau. Sabíamos que había que hacer una gran movilización, un hecho político contundente porque lo que había sucedido superaba cualquier límite. Al mismo tiempo, hice una conferencia de prensa con todos los bloques del Concejo Deliberante de Quilmes, donde participaron desde el PRO hasta los radicales; fue la primera conferencia de prensa de todo el arco político, y también de opositores, repudiando lo que había vivido Cristina y el intento de asesinato. Después vinieron otras, pero nosotros lo hicimos el 2 de septiembre a la mañana”. Mendoza y otros intendentes peronistas realizaron el trayecto a pie desde Quilmes a Plaza de Mayo, sumándose a la multitud para abrazar en la calle la resistencia democrática.
La reacción de la dirigencia política —coinciden quienes la vivieron— tuvo un tinte inédito de unidad y de repudio transversal. Una de las excepciones fue el entonces diputado Javier Milei, hoy presidente. A pesar de diferencias históricas, la amenaza sobre Cristina Kirchner fue leída como un golpe a la institucionalidad y a la estabilidad del país. El estar en la calle, para muchos, fue la respuesta. Tres años después, Mayra Mendoza relaciona ese hecho criminal con la condena actual que cumple en su nueva casa, en San José 1111. “Antes y después, el pueblo argentino estuvo para evitar una humillación. Nadie puede naturalizar ni aceptar que alguien esté presa por razones políticas”, afirma Mendoza, quien en todos estos meses insistió en el carácter de “prisión política” de las causas judiciales contra la ex presidenta.

La investigación del atentado
Pero volviendo al 1° de septiembre y sus consecuencias. La investigación judicial tomó velocidad y dirección concreta. Tras la detención de Sabag Montiel se sumaron rápidamente nombres a la causa: Brenda Uliarte, pareja del atacante, fue arrestada el 4 de septiembre en la estación Palermo, señalada —luego de analizar geolocalizaciones y chats— como organizadora y partícipe necesaria. El 14 de septiembre se incorporó a la investigación Nicolás Carrizo, apodado como “el jefe de los copitos”, acusado de liderar la pequeña banda que acechó la zona en los días previos. La instrucción judicial, bajo la jueza María Eugenia Capuchetti y el fiscal Carlos Rívolo, construyó entonces la acusación formal: tentativa de homicidio doblemente calificado, planificación previa y participación necesaria.
El minuto a minuto judicial y policial estuvo atravesado por la polémica. Uno de los puntos más críticos fue el manejo del celular de Sabag Montiel, peritado en el juzgado y parcialmente inutilizado por manipulación incorrecta. Los letrados de Cristina Kirchner, Marcos Aldazábal y José Manuel Ubeira, señalaron en el alegato que “en 24 horas se arruinó la prueba más importante”, pues el equipo fue hallado encendido y con mensaje de fallo de memoria. Pese a las dificultades técnicas, se lograron recuperar imágenes de Sabag Montiel y Uliarte con el arma y también material de explotación sexual infantil, por el que el atacante recibió una condena adicional.
La causa fue elevada a juicio en 2023. Durante el trámite oral, Sabag Montiel declaró: “Yo la quería matar a Cristina y Brenda Uliarte quería que muera”, mientras la fiscalía calificaba el atentado como “un acto de justicia” en boca del propio atacante. El tribunal oral federal, compuesto por los jueces Sabrina Namer, Adrián Grünberg e Ignacio Fornari, recibió los alegatos de la querella, que pidió quince años de prisión para Sabag Montiel y Uliarte, mientras solicitaba la absolución de Carrizo, quien recuperó la libertad hace dos semanas. Esta exposición incluyó la dimensión política y simbólica del atentado, relanzando el debate sobre la “construcción de una cultura de odio” y las críticas a los medios y sectores políticos en la escalada de violencia. El tribunal quedó a semanas del veredicto.
En paralelo, la investigación buscó trazar líneas hacia posibles instigadores. El foco cayó especialmente sobre el grupo Revolución Federal y sobre el episodio conocido como “Casablanca”, con supuestas declaraciones del diputado opositor Gerardo Milman días antes del atentado. Ninguna de esas pistas logró transformarse en imputaciones firmes por autoría intelectual, aunque permanecen abiertas en la opinión pública y en la polarización política argentina como símbolo de una grieta cada vez más aguda.
La densidad del atentado, para Mendoza y el kirchnerismo, atraviesa toda la vida institucional. “No hay Estado de derecho para Cristina porque es la única que se mantuvo de pie frente al poder real, la única que no se arrodilla”, sostiene la intendenta. “Cristina está con nosotros y vamos a seguir dando pelea. No se puede naturalizar la violencia ni resignarse a la injusticia”.
El proceso colectivo de resiliencia se sostuvo, también, en la fe de quienes creen que existió una protección que evitó la tragedia. “Gracias a Dios, yo soy creyente, a la Virgen y a Néstor que nos cuida, Cristina está con nosotros”, concluye Mendoza, dejando ver la fragilidad y la fortaleza que atraviesa a todo un sector de la política argentina desde aquella noche.
A medida que avanzaron los meses, la escena de Juncal y Uruguay —el auto llegando a las 20:49, el metal rozando la piel a las 20:52, los segundos de vértigo y la reacción colectiva— se asentó como una de las postales definitivas de la democracia moderna. El drama y la dignidad, la improvisación y el reflejo social de resistencia, la organización improvisada en la calle y el debate institucional en Tribunales componen un mosaico que, lejos de cerrarse, sigue abierto mientras la sociedad discute hasta dónde pueden llegar el odio, la impunidad o la protección del sistema democrático en tiempos de crisis permanente.


Hoy, el expediente judicial por el intento de magnicidio sobre Cristina Fernández de Kirchner, la trama de la banda de los copitos y las discusiones sobre instigadores y fallas de seguridad siguen sin respuesta definitiva. Y, sin embargo, el sentido histórico y político de lo ocurrido aquella noche —cuando la política argentina sintió el filo de lo inimaginable y la movilización social cortó el clima del espanto— permanece como una advertencia y como un mandato: la democracia, por más golpeada, no se debe tocar.
Mendoza lo dice con palabras simples y firmes: “La memoria de ese día es mandato para cada jornada: no naturalizar la violencia, no callar ante la injusticia y seguir luchando por la libertad y dignidad de quien es para muchos la mayor exponente del peronismo. Cristina está con nosotros y es nuestra responsabilidad sostener eso”. La foto de Juncal y Uruguay, ese cañón negro que nunca disparó, sigue siendo recordatorio y promesa para un país que busca no perderse en el abismo.
POLITICA
La esposa de Nahuel Gallo contó cómo está la salud del gendarme y dijo que desde la AFA nunca hablaron con ella

María Alexandra Gómez, la esposa del gendarme argentino Nahuel Gallo, explicó cómo está la salud de su marido luego de reencontrarse con él este lunes a la madrugada en Ezeiza y tras pasar 448 días secuestrado en Venezuela. Además, explicó que ningún dirigente de AFA se comunicó con ella para avisarle sobre el traslado de Gallo al país.
“Estamos felices, era algo que queríamos hace mucho tiempo”, expresó hoy Gómez en diálogo con Telenoche. “Nahuel nunca tendría que haber pasado por esta situación en Venezuela. Fueron 448 días en donde estuvo en una desaparición forzada y privado de su libertad”, criticó.
La mujer aseguró que Gallo vivió una “pesadilla” tras ser capturado por el régimen chavista y reveló que, desde que volvió a la Argentina “está feliz”. “Se está recuperando. Anoche cuando vio las banderas argentinas me dijo que extrañaba su país. Fue mucho tiempo en una situación terrible”, diagnosticó Gómez.
Gallo arribó al FBO del aeropuerto de Ezeiza a bordo de un avión que pertenece a Baires Fly, una empresa que exhibe vínculos con Fred Machado, y que se asocia al titular de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, quien suele recurrir a estas aeronaves para sus propios traslados o viajes oficiales.
Una vez en el país, Gallo se realizó chequeos médicos y pasó la noche en el edificio centinela de Gendarmería. Consultada sobre la salud de su esposo, Gómez señaló: “Me encantaría que pudiéramos dormir los tres juntos hoy, pero si es por su salud y bienestar está todo bien. Estuvo meses viviendo en un lugar asqueroso. No está blanco, está amarillo, recibía luz del sol una hora por día”.
Tras ello, se refirió a cómo se enteró de la noticia de su liberación. En primer lugar, sostuvo que fue su madre, que vive en Venezuela, quien se anotició primero. “Era parte de una vigilia y se enteró que había sido sacado. Era parte de los que pernoctaban en la cárcel Rodeo 1 y me pasó la información de primera mano”, recordó Gómez.
No obstante, en el transcurso del domingo, indicó que fue la senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich quien la llamó para confirmar su liberación alrededor de las 16, casi al mismo tiempo que la AFA y Tapia dieron a conocer que el gendarme iba a viajar hacia Buenos Aires con la mencionada aeronave. “No tuvimos ningún tipo de contacto con la AFA, más allá de la información que se nos dio cuando estaba siendo liberado”, explicó.
“En sus ojos se nota el odio que le tiene el régimen a la Argentina. Lo que me pudo contar fue que él nunca entendió por qué tuvieron tanto ensañamiento con él y por qué estuvo tan incomunicado. Estaba en una lista de los que no podían tener ningún tipo de comunicación ni visitas”, criticó la mujer y denunció que se violaron los derechos humanos.
Pese a la amargura y las noches sin verse, Gómez sostiene que hoy “es más fuerte de lo que ya era”. “Es una persona resiliente. Si Dios le permitió sobrevivir de la manera que lo sobrevivió… ama a su familia y a sus hijos. Me dijo que Víctor [su hijo de tres años] fue la persona que lo hizo despertarse todas las mañanas“.
Por último enfatizó: “Venezuela nunca dio una explicación de por qué estuvo 448 días en desaparición forzada. Nunca estuvo detenido. Estuvo secuestrado. Las desapariciones forzadas son un crimen de lesa humanidad”.
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POLITICA
La esposa del gendarme argentino Nahuel Gallo contó detalles del encierro: «Recibía sol una sola hora al día»

Tras la llegada a la Argentina, habló la esposa de Nahuel Gallo con Telenoche y contó cómo fue encontrarse con el gendarme después de 448 días.
“Lo estábamos esperando. Nahuel estuvo en una desaparición forzada innecesaria, privado de su libertad. Él nunca tuvo que estar en esa situación. Decirte que estamos felices es poco. No me cabe la felicidad en el pecho”, expresó María Alexandra Gómez.
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Conmovida y movilizada, sostuvo: “Es un descanso para él, que estaba viviendo una pesadilla, y para nosotros, que nunca se nos ocurrió bajar los brazos. Nahuel ahora se está recuperando”.
“Ayer cuando volvíamos por la autopista veía las banderas de Argentina y decía que había extrañado mucho el país y la bandera. Fue mucho tiempo en una situación lamentable”, agregó.
Luego, la mujer relató algunos detalles que Gallo le contó sobre el encierro: “En sus ojos se nota el odio que le tiene el régimen venezolano a la Argentina. Lo que me pudo decir es que nunca entendió por qué tuvieron tanto ensañamiento con él, por qué lo tenían tan aislado”.
De hecho, el gendarme estaba dentro de una lista de personas que no podían recibir visitas ni comunicación. “Las veces que pidió hablar con su familia, pero nunca le dieron la oportunidad”.
“Nahuel es resiliente y va a tener un propósito muy bonito. Si Dios le permitió sobrevivir… Ama a su hijo y a su familia”, destacó Gómez.
Asimismo, describió: “No está blanco, está amarillo. Recibía sol una sola hora al día, pasaba todo el día adentro de la celda. Está cansado, un agotamiento físico muy grande”.
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La mujer cuestionó duramente al gobierno venezolano por no comunicarse con la familia: “Nunca nos dieron una explicación sobre su secuestro. Jugaron con la libertad y la vida de una persona. Son criminales y que tienen que pagar por lo que hicieron”, cerró.
El gendarme llegó en la madrugada a Ezeiza, donde fue recibido por su esposa, su hijo Víctor, de 3 años, su madre Griselda Heredia y funcionarios nacionales. La primera imagen que trascendió lo mostró con el niño en brazos, en el aeropuerto, en medio de un fuerte operativo de seguridad y hermetismo oficial.
Nahuel Gallo, Venezuela
POLITICA
En el primer bimestre del año, el Gobierno volvió a recortar las transferencias a las provincias

CÓRDOBA.- Febrero, en materia de transferencias de la Nación a las provincias fue malo. Pese a la buena sintonía política entre la mayoría de los gobernadores con la Casa Rosada que permitió la sanción de las leyes impulsadas por el oficialismo en las sesiones extraordinarias, los recursos cayeron. La coparticipación fue 7,5% más baja en comparación con el mismo mes de 2025 y los giros no automáticos registraron una contracción de 35,7% interanual en términos reales.
En materia de transferencias automáticas (coparticipación y leyes especiales), el primer bimestre cerró con una baja de 7,3% respecto a igual período del 2025, convirtiéndose en el segundo peor primer bimestre desde el 2018, quedando solo por encima del 2024, según el análisis de la consultora Politikon Chaco.
A nivel acumulado, las transferencias no automáticas en la suma de enero y febrero exhiben una retracción real interanual del 47,2%, el peor primer bimestre de año desde 2005, solo por encima del registro de 2024.
Ayer, la mayoría de la decena de gobernadores que abrió el año legislativo provincial planteó la pérdida de recursos que vienen registrando y, en ese contexto, destacaron el esfuerzo que deben hacer para sostener los números fiscales ordenados.
Con todo, el aporte de votos de legisladores ligados a los gobernadores dialoguistas, con los que Diego Santilli mantuvo varias reuniones, fue clave para que el Presidente tuviera la reforma laboral que buscaba.
En el caso de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), siempre en el centro de las negociaciones entre la Rosada y los gobernadores, en febrero se distribuyeron $ 20.000 millones a seis provincias: Corrientes y Jujuy, $ 3.000 millones cada una; Misiones, Salta y Santa Cruz recibieron $ 4.000 millones cada una y Neuquén, $ 2.000 millones.
El mes pasado el fondo ATN totalizó $ 85.047 millones según datos oficiales, por lo que su ejecución alcanzó 23,5%, levemente inferior al 25,7% de un año antes.
En los dos primeros meses del año, se distribuyeron un total de $ 27.000 millones de ATN, cifra que equivale al 15,2% del fondo, dos puntos porcentuales menos en la comparación interanual.
Corrientes es, hasta el momento las más beneficiada por este reparto, con $ 6.000 millones captados ($ 3.000 millones en enero y un monto igual en febrero), seguida por Misiones, Salta, Santa Cruz y Chubut con $ 4.000 millones en cada caso; Jujuy recibió $ 3.000 millones y cierra Neuquén con $ 2.000 millones del mes pasado.
En diciembre pasado, seis provincias aliadas al Gobierno nacional fueron beneficiadas con $66.500 millones de ATN: Tucumán ($20.000 millones); Misiones ($ 12.000 millones); Chaco ($ 11.000 millones); Catamarca ($ 10.500 millones); Entre Ríos ($ 7.000 millones); y Salta ($ 6.000 millones). Los legisladores que responden a esos gobernadores acompañaron la sanción del presupuesto.
El año pasado quedaron sin distribuir $ 740.536 millones de ATN, una cifra que es computada en los cálculos del Ministerio de Economía sobre el superávit fiscal. Quince provincias recibieron estos aportes en el 2025. De hecho, en los dos años de la gestión de Javier Milei quedaron en manos de Nación ATN por el equivalente, en pesos constantes a diciembre,al 5,2% del superávit primario acumulado por sector público no financiero nacional (SPNF).
decena de gobernadores que abrió el año legislativo,aporte de votos de legisladores ligados a los gobernadores dialoguistas,5,2% del superávit primario acumulado,Gabriela Origlia,Coparticipación,Javier Milei,Congreso Nacional,Conforme a,Coparticipación,,Cuentas que no cierran. Las provincias perdieron $530.000 millones en el último trimestre,,Inquietud en la Casa Rosada. Los gobernadores buscan unirse para presionar por cambios en el proyecto de reforma laboral,,Negociación. Proponen coparticipar el impuesto al cheque para compensar la caída de la recaudación si avanza la reforma laboral
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