CHIMENTOS
Emanuel Ortega contó nuevos detalles del infierno que vivió Julieta Prandi

Este domingo, en una edición cargada de emociones del programa Almorzando con Juana, el músico Emanuel Ortega se sentó a la mesa de Juana Viale y abrió su corazón para hablar de uno de los episodios más duros que le tocó acompañar en su vida: el proceso judicial que atravesó su pareja, Julieta Prandi, contra su exmarido Claudio Contardi, recientemente condenado a 19 años de prisión por abuso sexual y violencia de género.
La conversación, que comenzó en tono distendido, viró hacia un terreno íntimo y sensible cuando Juana le preguntó cómo había vivido el juicio desde su lugar de pareja. Emanuel Ortega, visiblemente conmovido, eligió sus palabras con cuidado, pero no esquivó el tema.
“A mí me cuesta un poco hablar del tema. Es muy delicado y pertenece a un momento muy personal de su vida”, comenzó diciendo, antes de compartir su experiencia como testigo de un dolor que, según él, lo dejó en estado de asombro constante.
Ortega relató que al comenzar su relación con Julieta, desconocía por completo la magnitud del sufrimiento que ella había atravesado. “Yo no conocía su historia, y a medida que fui conociendo a la persona, el trasfondo y su experiencia de vida con aquel episodio, yo no terminaba nunca de salir de mi asombro”, confesó.

Lo que más lo impactó fue la fortaleza con la que Julieta enfrentó cada etapa del proceso judicial, sin perder su vitalidad ni su capacidad de seguir adelante. “Me encontré con una persona sorprendentemente fuerte. Yo dije: ‘¿Cómo está de pie esta mujer?’”, recordó, en un momento que dejó a todos los comensales en silencio.
Emanuel destacó que, a pesar del dolor, Julieta mostraba cada día una energía que lo inspiraba: “Era ver a diario una vitalidad, una fortaleza, una valentía y unos cojones que a veces a nosotros nos faltan”. El cantante también reflexionó sobre su rol como pareja en ese contexto.
Compañía
“Tratar de acompañar lo mejor que se puede. Nunca es fácil toparte con una persona que está rota”, dijo, reconociendo que muchas veces no sabía qué decir, pero que entendió que el solo hecho de estar, de escuchar y de abrazar, podía ser suficiente.
Durante el juicio, Emanuel fue un sostén fundamental para Julieta, tanto en lo emocional como en lo práctico. Su presencia constante, su apoyo silencioso y su compromiso con la verdad fueron claves para que Prandi pudiera atravesar el proceso con mayor contención. “Todo lo que vivimos nos unió más. Ahora valoramos cada momento juntos”, expresó en otro tramo del programa.
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Emanuel Ortega, JULIETA PRANDI
CHIMENTOS
Si algo sale mal rumbo a la Luna, este es el plan de la NASA para volver a la Tierra

La misión Artemis II marca el regreso de los vuelos tripulados a la Luna después de más de 50 años, pero también expone a los astronautas a uno de los entornos más hostiles que existen. En este contexto, una pregunta inevitable aparece: qué pasa si algo falla durante el viaje.
La NASA diseñó la misión contemplando múltiples escenarios de emergencia. Uno de los momentos más críticos era el despegue. En caso de una falla durante el lanzamiento o ascenso, la nave Orion cuenta con un sistema de escape que puede separar rápidamente la cápsula del cohete y alejar a la tripulación hacia una zona segura.
Antes incluso de despegar, se realizan simulaciones de rescate con equipos especializados. En estos ejercicios, se ensayan situaciones en las que la cápsula cae al océano y los astronautas deben ser recuperados rápidamente por equipos militares entrenados.
Sin embargo, una vez en el espacio profundo, las opciones son más limitadas. A diferencia de misiones en órbita terrestre, no existe la posibilidad de un rescate inmediato. Por eso, Artemis II utiliza una trayectoria llamada retorno libre, que permite que la nave rodee la Luna y regrese a la Tierra aprovechando la gravedad, incluso si fallan los motores principales.
Aun así, no todos los problemas tienen solución simple. Fallas en sistemas críticos como el soporte vital, la presión interna o los equipos eléctricos podrían poner en riesgo la misión. Incluso situaciones menores, como fallas en el baño o problemas de comunicación, ya han ocurrido durante el vuelo y requieren intervención inmediata para evitar complicaciones mayores.
Otro de los desafíos es la distancia. A cientos de miles de kilómetros de la Tierra, cualquier decisión debe tomarse con rapidez, pero con información limitada. Además, la tripulación está expuesta a radiación espacial y condiciones extremas que no pueden controlarse por completo.
Por eso, la clave de la misión no es evitar todos los riesgos, sino prepararse para ellos. La redundancia de sistemas, el entrenamiento de los astronautas y los protocolos de emergencia son fundamentales para aumentar las probabilidades de éxito.
Qué podría pasar si algo falla en Artemis II
- Activación del sistema de escape durante el lanzamiento
- Rescate en el océano en caso de abortar la misión
- Regreso automático gracias a la trayectoria de retorno libre
- Resolución de fallas técnicas en pleno vuelo
- Riesgos por fallas en sistemas vitales
- Limitaciones por la distancia con la Tierra
La misión Artemis II representa un paso clave hacia el regreso humano a la Luna, pero también un recordatorio de que el espacio sigue siendo impredecible. Aunque la NASA cuenta con planes para distintos escenarios, cada momento del viaje implica un desafío. En ese equilibrio entre riesgo y preparación se juega no solo el éxito de la misión, sino también el futuro de la exploración espacial.
Artemis II; Luna; NASA
CHIMENTOS
Paola Krum comparte su regreso al teatro: “Volver es enamorarme otra vez”

“Volver al teatro me enciende. Es como volver al amor, otra vez me enamoré”, cuenta emocionada Paola Krum a Teleshow. La actriz protagoniza la obra Maldita Felicidad junto a Pablo Echarri, bajo la dirección de Daniel Veronese, con un elenco que también integran Carlos Portaluppi e Inés Palombo, en el Teatro Metropolitan.
La actriz vincula el trabajo con la búsqueda de la felicidad, sin separar la rutina diaria de ese anhelo. Desde su perspectiva, la industria audiovisual impacta en la vida de actores, técnicos y espectadores, atravesando rutinas y expectativas. Su regreso al escenario marca un reencuentro con la pasión por actuar y los desafíos que implica.

Paola Krum subrayó a Teleshow que los hábitos del público cambian, y que aferrarse a la nostalgia puede volverse un ancla. También agregó que aceptar nuevas realidades, es parte de la adaptación que impone la industria y la vida cotidiana. Es un terreno donde la felicidad y el trabajo se entrelazan, pero siempre bajo la premisa de aceptar lo que está en movimiento.

—¿Qué sentiste al volver al teatro?
—Tengo el registro de cuando empezamos a ensayar y la sensación de volver a actuar, de todo lo que me pasa en el cuerpo, es un encuentro amoroso con pasión, deseo, entrega…
—Compartís escenario con alguien muy cercano para vos…
—Es una enorme oportunidad y privilegio de estar con un elenco espectacular, donde está Pablo, que es mi amigo, mi compañero histórico, con quien trabajo espectacular. Nos queremos, nos reímos, tenemos un código, un lenguaje en común, con lo cual es un terreno ganado, y eso es buenísimo. Además un texto que me encanta, una autora argentina, Agustina Gatto, con la dirección de Veronese. No podría ser mejor proyecto.

—¿Cómo se dió tu participación en la obra?
—La obra me llegó cuando todavía no estaba terminado de armar el elenco. Faltaba el personaje de Pablo y yo apenas lo leí dije: “Esto lo tiene que hacer Pablo”. Finalmente se armó con él, con Carlos Portaluppi, que es un genio, y un honor para mi trabajar con él, e Inés Palombo, que es también una enorme actriz.
—¿Qué te sugiere el título “Maldita felicidad”?
—Se arma justamente en esa contradicción. La búsqueda de la felicidad es permanente. Felicidad como la quieras llamar, paz interior, o algunos estar exorbitados y excitados en la búsqueda del éxtasis. Para cada uno es algo diferente. En el transcurso de la vida va transformándose lo que para cada uno es la felicidad. Para mí ahora la felicidad son los pequeños encuentros con mi hija, tomar un cafecito, una charla por teléfono, darnos un abrazo. Esos momentos en los cuales vuelvo a encontrar paz, sentirme dueña de mi vida, de mis cosas, de mis días. La contradicción con maldita es porque esos momentos son muy fugaces. Uno quisiera más permanencia en ese estado, en el estado de la felicidad, y es ahí es donde decís: “Qué maldita”.

—¿Antes qué te producía felicidad?
—Fue mutando. Según las circunstancias, según el momento histórico, pudo haberme puesto feliz…un amor o un trabajo. Nunca lo relacioné mucho con el éxito. Pero si ahora mi propósito es estar en paz, hoy tenía un día de notas y mi propósito era estar conectada conmigo y con lo que quería decir, y lo logré. Eso huele a felicidad. Fui exitosa en mi día. Ese sería el éxito diario. Si lo relaciono con el éxito a nivel de cuántos números, cuántas entradas, eso no depende de uno. Si uno va a aferrarse a esas cosas para sentirse feliz, sonaste, porque estás a merced de algo de lo que no tenés control.
—¿Todos los protagonistas de la obra buscan la felicidad?
—Cada uno está en la búsqueda de su propia felicidad. Mi personaje con el de Carlos, es un matrimonio, de opuestos. Ella es una sacada que un poco lo maltrata, desesperada por conseguir lo que quiere a cualquier costo, pero enamorada de su marido. Construyó con él algo que ama, que quiere, que necesita, a medida de su neurosis. El personaje de Pablo, que es el escritor, acaba de escribir una novela que se convierte en best seller. Pareciera que alcanzó el éxito, lo que siempre deseó… y está más deprimido, sacado, neurótico, alcohólico, narcotizado que nunca. Entra en una crisis brutal y está pensando en cuál va a ser su próxima novela. Decide que el tema es la felicidad. Eso funciona como disparador de lo que para cada uno significa la felicidad. Como son personas que se conocen mucho, empiezan ahí, sacan los cuchillos y lastiman donde más duele. Por eso se convierte en una comedia dramática.

—¿Cómo encontrás el equilibrio entre felicidad y tristeza?
—Esa es la búsqueda permanente. Todos atravesamos tristezas, dolores, angustias, imposibilidades, cosas que uno necesita trabajar porque siente que pueden mejorar. Ese es el trabajo del día a día. Cómo estar más cómodo con uno mismo. Sin tener que desdibujarse tanto, sin hacer cosas fuera de vos en pos de algo. También saber que la vida no es pura comodidad, puro confort. Mil veces voy a estar incómoda y mil veces voy a hacer cosas que no tengo tantas ganas de hacer, pero es en pos de algo.
—¿Extrañás la ficción nacional en televisión?
—Sí, yo veo que el público lo extraña, cambiaron los paradigmas. Esa comunión, los rituales, la gente se juntaba a una hora a ver el capítulo porque pasaba tal cosa, antes era así. Me acuerdo con Montecristo cuando se veía por primera vez, se juntaban todos los amigos a ver el capítulo. Esas cosas eran divinas y se perdieron porque todo cambió. También hay que aceptar que las cosas cambian y no quedarse en ese lugar de nostalgia porque se transfromar en resitimiento.

—¿Puede volver?
—No, creo que no. Me encantaría que sí. Me gustaría que vuelva la ficción nacional en televisión abierta. Es un deseo porque era muy feliz. Hoy, cuando me fui a un canal por una entrevista, y me encontré con gente con la que trabajaba en Telefe, con técnicos, que tuvieron que buscarse nuevos lugares de trabajo. El otro día mi hija subió a un remis y el remisero era un técnico de esa época que yo adoraba. No solamente los actores, sino toda la parte técnica perdió su lugar de trabajo. La industria cayó muchísimo y por supuesto que extraño eso.

—Hay nostalgia por los actores y las historias locales…
—También me asombra, que veo chicas muy jóvenes que me conocen porque ven Montecristo en Netflix o en YouTube. La gente tiene ganas de ver a sus actores, a los actores del país. Hay una remembranza y una nostalgia de verlos y tal vez algo no algo tan globalizado, volver a nuestras historias, nuestros paisajes, nuestras casas, nuestros decorados. Eso se extraña, porque era mi vida. Tenía la fortuna de pasar de una ficción a la otra, era como mi familia llegar a Canal 9 o a Telefe y encontrarme con mi gente y contar entre todos un cuento. Era muy hermoso.
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CHIMENTOS
Rosario Ortega, la hija menor de Palito Ortega, confesó a sus 40 años que es bisexual: «Estuve con dos mujeres»

Rosario Ortega decidió exponer públicamente a sus 40 años, su gusto por las mujeres, aunque sin encasillarse en una elección. Desde hace tiempo y por diferentes experiencias que tuvo, remarcó este punto que hoy siente importante en su vida.
Planteando la bisexualidad como eje de la conversación, en una charla con Lola del Carril, expresó diferentes sensaciones que atravesó. En su charla de podcast, decidió sincerarse y se mostró muy firme en cuanto a las palabras, y términos que usó.
“Sí, creo que es una buena definición. Me parece que las etiquetas, no sirven mucho, ¿viste? Decir soy esto. Uno es hoy una cosa, mañana otra”, comenzó diciendo Rosario, explicando que a su vez no es algo que esté definido.
En su propia historia, la hija de Palito y Evangelina contó cómo lo fue viviendo. En ese aspecto, hubieron diferentes experiencias que la llevaron a este presente, y también especificó diferencias entre los hombres y las mujeres.
“A juzgar por mi historial, estoy en un setenta, treinta. Hombres setenta. De acá en más no lo sé, ¿entendés? Entonces no me animo a decir soy esto. Pero sí, mi historial dice que sí y me parece más fácil por ahí es lo que más hice en mi vida. Me es más fácil por ahí relacionarme con un hombre”, deslizó Rosario.
ROSARIO ORTEGA SE SINCERÓ ACERCA DE SU SEXUALIDAD
Sus últimas relaciones afectivas, incluso fueron con personas de su mismo género: “Más que de larga, te diría como de yo sentir que estaba en una relación más seria. Estuve con dos mujeres más, pero más a los veintiocho, veintinueve años y lo sentí algo más tabú”.
Y después de ahí nunca más por más de diez años. Entonces ahí dije: ‘Cuando te pasan esas cosas que te dicen: ‘Ah, estás en esa fase’’. Y me creí un poco ese relato. ¿Y no puede ser que de repente te des cuenta que te gustan las dos cosas?. Y te puede pasar a los treinta años, a los cuarenta, a los cincuenta, veinte”, destacó Rosario.
A nivel personal, ella misma se llegó a hacer diferentes replanteos y tuvo sus dudas: “A mí lo que me pasó fue decir: ‘Ah, fue toda mi vida una mentira’. Dije como: ‘En realidad yo soy gay, ¿y qué?, tuve novios y era todo…’ Pero porque era muy ingenua también. Tampoco se hablaba tanto, digo, era un poco más tabú. Pero igual yo dije eso como: ‘Ah, entonces no soy heterosexual y no me gustan los hombres’, y me lo tomé mal”.
Rosario Ortega
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