POLITICA
Una cruzada épica para aguantar hasta octubre

Lo peor no había pasado. Cuando Javier Milei partió hacia Córdoba, el viernes, ya era evidente que la crisis cambiaria se estaba acelerando. La tormenta que se posaba sobre la Capital le daba una excusa para no volar y quedarse a monitorear el plan “hay dólares para todos” anunciado por el ministro Luis Caputo. Se negó siquiera a considerarlo: debía cumplir la misión indelegable que se propuso desde que la derrota electoral en Buenos Aires marcó un quiebre en la historia de su presidencia.
“Me puse la campaña al hombro”, dijo al llegar. Reapareció el Milei-profeta de los días felices. El de las metáforas de Moisés y el mar Rojo. El que canta a capela su canción favorita de La Renga y maldice a “la casta”. El que desmiente sus fragilidades con historias autoindulgentes destinadas a alimentar la fe de los creyentes.
Era como una película en la que la imagen no encaja con el sonido. De un lado el despliegue eufórico y optimista del Milei candidato en Córdoba; del otro, un “Panic Show” financiero que movió al Banco Central a desprenderse de 678 millones de dólares de las reservas en solo una ronda. El mercado insensible, otra vez: le hablan con la Biblia y responde con el bolsillo.
El vértigo económico nubla la naciente estrategia de campaña de Milei con preguntas inquietantes: ¿se puede sostener hasta octubre el programa de Caputo?, ¿cómo hará el Gobierno para frenar la salida de reservas?, ¿qué pasa si la demanda no se calma?
Milei y Caputo han blindado el discurso con la premisa de que el plan es el correcto, que está funcionando y que las turbulencias actuales son producto de un “ataque planificado” por el kirchnerismo para perjudicar las opciones electorales de La Libertad Avanza (LLA). Ubican la solución a cinco semanas de distancia: “Vamos a pintar el país de violeta y retomaremos el sueño de hacer Argentina grande nuevamente”.
Por debajo, el oficialismo vive horas de deliberación. Asumen que el mensaje de campaña y las señales de gestión transitan carriles distintos. Milei reflotó la idea de un préstamo del Tesoro de Estados Unidos, poco antes de partir a Nueva York para participar de la Asamblea de las Naciones Unidas. Caputo también habló de gestiones para garantizar el pago de los vencimientos de enero y julio (unos US$9000 millones).
Las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de la semana que empieza apuntan a ofrecer un horizonte después del 26 de octubre. Milei le pone fichas a la conversación con Donald Trump, agendada para el martes. Espera un gesto que conmueva al capital y traiga calma hasta las elecciones.
La presión sobre el dólar refleja la certeza instalada entre los actores económicos de que el esquema cambiario de flotación entre bandas tiene los días contados. La aceleración de las últimas dos jornadas generó una preocupación adicional. Hasta empezó a especularse con un reemplazo de Caputo antes de las elecciones, algo que en la Casa Rosada niegan sin fisuras. Milei lo ratificó otra vez este sábado.
A la incertidumbre económica se suma la expectativa de una reformulación política del Gobierno. Milei tiene que reconstruir un sistema de alianzas que ponga freno a la sucesión de derrotas en el Congreso que se inició en junio cuando decidió desafiar con candidatos libertarios a muchos de los gobernadores que lo habían ayudado a superar su debilidad legislativa de origen.
“¡Jodan todo lo que quieran, los espero el 11 de diciembre!”, había advertido Milei a los gobernadores el 9 de julio, en la prehistoria de este presente angustioso. Los llamó “degenerados fiscales” y pronosticó: “Los vamos a aplastar en las elecciones”.
Aquel Día de la Independencia, Milei empezaba a meterse en la trampa que hoy habita. La ruptura con los jefes provinciales convirtió al Congreso en un polvorín.
El lunes pasado, con la digestión hecha de la derrota bonaerense, convocó a esos mismos gobernadores a “trabajar codo a codo”. El tiempo perdido en maltratar a los que le ofrecían colaboración ahora tiene sus consecuencias. En el Congreso sigue a toda marcha el festival de los dos tercios, con un oficialismo impotente y el kirchnerismo revitalizado.
Al menos hasta finales de octubre, hay 19 gobernadores que no piensan acercarse a Milei: lo tienen que enfrentar en las urnas primero. En la etapa que viene, que se anticipa tan fragmentada como ahora, cuantos más diputados y senadores tenga un gobernador, mejores serán sus opciones de obtener beneficios para su provincia.
Como a las campañas las carga el diablo, Milei se siente tentado a romper puentes antes de construirlos. En Córdoba trató de “tremendo mentiroso” al exgobernador Juan Schiaretti, que aspira a llegar al Congreso como coordinador de Provincias Unidas, el frente federal que podría tener la llave para definir la aprobación de leyes.
El despliegue electoral cordobés fue, en cierto modo, una corrección del discurso sobrio que el Presidente difundió por cadena nacional para presentar el presupuesto 2026. Aquella pieza narrativa daba señales de autocrítica después del sacudón bonaerense. Palabras de comprensión a los que sufren el ajuste, llamado al diálogo a los opositores, promesas de mejoras para jubilados, discapacitados y universidades. Un león que hablaba en susurros.
Pero la configuración definitiva del mensaje de campaña terminó de gestarse en las horas siguientes. Si Milei iba a convertirse en el virtual candidato necesitaba retomar la mística de los triunfos anteriores. La campera de cuero, el rugido y la épica del luchador acosado en la batalla del bien contra el mal. Lo que lo hizo distinto, a ojos de su gurú Santiago Caputo.
Así les quedó claro a los candidatos y comunicadores que asistieron a Olivos el jueves a escuchar a Milei contarles por qué y cómo se pondría al frente de la batalla electoral.
Reivindicó todo lo hecho hasta aquí y atribuyó el resultado bonaerense a un “ataque desestabilizador” de los que quieren impedir el cambio. Coincidió con propagandistas oficiales, como Alejandro Rozitchner, que denuncian una supuesta operación del periodismo para instalar la idea de que el Gobierno vive una crisis.
Ante los propios y a puertas cerradas, Milei se declaró al mando de la estrategia política. Fue el modo que encontró para laudar en la costosa división interna entre los seguidores de Santiago Caputo y los de su hermana Karina.
Quiso simular una reconciliación que incluyó la salida de Eduardo Lule Menem de la coordinación de la operación electoral. Se designó en ese lugar a otra karinista, Pilar Ramírez, de mucho mejor trato con Caputo. La jugada quedó a medias ante la airada defensa que ordenó la hermana del Presidente para aclarar que Menem seguía cumpliendo un rol central en el oficialismo. Hay guerra para rato.
La idea de que se va a vender “hasta el último dólar” para defender el techo de la banda de flotación la esbozó primero Milei ante sus candidatos. Caputo decidió verbalizarla esa noche en su habitual participación en el canal de streaming Carajo, sentado frente al influencer Daniel Parisini, alias Gordo Dan. A los productores del programa “Las tres anclas” la realidad los superó. No llegaron a cambiar la cortina inicial, que incluye imágenes del ministro fumando un habano y una canción con frases del estilo “chau mandriles”, “lo lloran los econochantas” y “que siga bajando el dólar”.
Milei vio la transmisión desde Olivos y felicitó al ministro por sus expresiones, que compiten en altanería con el “comprá campeón” que pronunció a principios de julio, cuando todo era esperanza.
Retomó el hilo el viernes ante la Bolsa de Comercio de Córdoba, aunque las palabras de Caputo no parecían surtir el efecto buscado en el mercado. El plan es el correcto, insistió Milei. Todo el pánico es político. En octubre el país se pinta de violeta. Vamos a barrer con el kirchnerismo y el Partido del Estado. Vendrán las reformas. Bajará el riesgo país. En 30 años la Argentina será top 3 entre las potencias del mundo.
Corrigió un concepto central de su discurso del presupuesto. “Lo peor ya pasó” se convirtió en “estamos en la mitad del río”. Hay que persistir en este camino contra quienes quieren detener el cambio. “Somos el partido de la esperanza”, es el nuevo mantra. En el entusiasmo de denunciar un complot golpista, recordó a Fernando de la Rúa, cuya caída atribuyó a la resistencia de quienes no apoyaban la reforma laboral sancionada en el 2000.
Encontró una explicación tardía para los audios de Diego Spagnuolo sobre una supuesta red de corrupción que involucra a su hermana. “Están hechos con inteligencia artificial”, sentenció. No aclaró si eso implicaba indultar al exfuncionario, a quien había tratado de “mentiroso” tres semanas atrás.
También se despegó del Gordo Dan por sus dichos aberrantes sobre el senador Luis Juez y su hija con parálisis cerebral. “No puedo hacerme cargo de lo que dice cada uno de los millones de seguidores que tengo”, dijo sobre el propagandista al que tantas veces se abrazó en las buenas. Roma no paga obsecuentes.
Sin miedo a la autocomplacencia, el Presidente le dijo al periodista Sergio Suppo que “tampoco fue tan malo el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires”.
Es cierto que nadie puede descartar una remontada. Pero la votación de Buenos Aires tiene un efecto irremediable: vació de sentido la idea de que un triunfo libertario en octubre acomodará como por arte de magia los desequilibrios económicos que el Gobierno acumuló en función de obtener ese objetivo político.
La cuenta más optimista que hace hoy el Gobierno pasa por superar los 35 puntos a nivel nacional, ganar en la mitad de las provincias y hacer un papel mucho más sólido en Buenos Aires. Traducido a bancas, eso implicaría construir un bloque de 70 diputados propios (hoy son 37). Muchos de ellos entrarían a costa de actuales aliados del Pro (que perderá cerca de la mitad de sus integrantes). En el Senado podría crecer de 6 miembros a 16 en esa hipótesis. Le alcanzaría para un tercio defensivo, suficiente para blindar vetos o evitar un juicio político. No para impulsar un programa de reformas estructurales como el que se comprometió con el FMI.
Incluso si se diera ese resultado positivo para Milei, el kirchnerismo tiene grandes probabilidades de ampliar su bancada en Diputados. Seguramente perderá fuerza en el Senado, aunque sin perder la primera minoría.
La construcción de un oficialismo eficiente requerirá tender puentes con los gobernadores, ahora envalentonados con una construcción propia de cara a 2027. “Las negociaciones, si quieren hablar, pasarán por el presupuesto”, señala uno de los jefes provinciales más activos en estos días en el diálogo con sus pares. El proyecto presentado el lunes nace ajado, con proyecciones que ninguno de los potenciales aliados considera creíbles: inflación del 10,1%, un dólar más barato que el actual a fin de 2026 y un crecimiento de 5% del PBI.
El drama de Milei es que perdió el látigo con el que castigó a los políticos durante más de un año. Se deshizo el hechizo del 55% del balotaje, que el Presidente interpretó como un cheque en blanco para su política de ajuste y un permiso para vapulear a cualquiera que desafiara su criterio. Las alianzas que despreció al subir, se le hacen más costosas en la bajada.
Aun si triunfara, la gestión libertaria enfrenta el reto de revisar sus prestaciones. Necesita un ancla política que extienda el horizonte más allá de la siguiente elección, el inminente vencimiento de deuda, la próxima marcha de protesta. Y tendrá que ajustar la bitácora económica para recomponer la confianza que dilapidó en el camino.
Al más disruptivo de los presidentes lo espera la gris rutina de los gobiernos argentinos: despertarse del sueño de la hegemonía y enfocarse en la batalla cotidiana por la supervivencia.
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POLITICA
Aceleración oficialista en el Congreso: giro al “realismo libertario” y golpe al discurso anticasta

Patricia Bullrich usó un dicho de la política tradicional para destacar que fue una larga negociación lo que le permitió al oficialismo avanzar con la reforma laboral en el Senado. “El tango se baila de a dos”, escribió en X. El diputado Benegas Lynch lo sostuvo de otra forma, más directa. “Cuando vos te metés en el recinto, es para ganar una votación, no para que te llenen la cara de dedos”, dijo en una entrevista con este medio. ¿A quién le hablaban? Sonó, especialmente en boca del legislador, a mensaje para la propia tribuna. Una especie de justificación para sostener el giro al “realismo libertario” y amortiguar el golpe al discurso anticasta.
Entre las muchas consideraciones que pueden ser hechas sobre el texto aprobado en el Senado -y enviado 48 horas después a Diputados, para acelerar el trámite-, se anotan las decenas de puntos que decidió modificar el Gobierno en tren de reunir votos. No fue tampoco una novedad absoluta, aunque esta vez prefirió evitar lo ocurrido con el Presupuesto 2026, en las vertiginosas sesiones de fin del año pasado. Aquella vez, el oficialismo perdió en Diputados una votación de alto impacto, por el capítulo que incluía el fin de las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario. Procesó su enojo, no insistió en el Senado y pudo celebrar la sanción de la ley.
Visto de entrada que la reforma laboral demandaba negociaciones y cambios, enfrentó la prueba del Senado -y la pasó con comodidad numérica- en base a tratativas que tuvieron como foco a los gobernadores pero que, con menor visibilidad mediática, incluyó señales a los jefes sindicales y no sólo al mundo empresarial. Traducido según los criterios básicos de su “batalla cultural”, se trataría de un arreglo con “la” política (los jefes provinciales) y con la casta sindical.
Por supuesto, la trascendencia del proyecto laboral podrá ser medida por sus efectos prácticos en las relaciones de trabajo. Habrá que esperar la sanción definitiva, la reglamentación, la aplicación que demandará tiempo. Pero en lo inmediato, los primeros ruidos se registraron en un terreno que durante bastante tiempo el oficialismo asumía como propio o, al menos, cómodo: las redes sociales, con particular foco en X.
En ese circuito que tiende al reduccionismo y la chicana, los puntos destacados fueron el trato cerrado con los gobernadores y, más aún, la modificación de artículos que afectaban a la estructura sindical. En el primer caso, fue un acuerdo de necesidad compartida: finalmente, fue liquidado el punto de la baja de Ganancias. Ni a las provincias ni al Gobierno les convenía. La recaudación viene cayendo de manera sostenida desde hace seis meses, con el consiguiente impacto en las cuentas nacionales y, según el impuesto, en la coparticipación federal.
Los gestos hacia los jefes sindicales -expresión de negociaciones más reservadas, entre otras razones por cuestión de imagen– terminó siendo un dato potente, provocado en buena medida por desmanejo discursivo del oficialismo. Puso énfasis en adjudicar al proyecto un sentido de combate con el sindicalismo, casi como elemento mayor, y las concesiones terminaron destacando eso mismo, pero al revés. Los aspectos que sí podrían haber afectado a las organizaciones gremiales -y su dirigencia- fueron dados de baja. No hubo rebaja de aportes a las obras sociales y también quedó en el camino la idea de bloquear los aportes “solidarios” a los sindicatos y el modo de recaudar la cuota gremial, a través de las empresas. Mal momento para Federico Sturzenegger.

Desde el lado sindical, el elemento inquietante tuvo poco que ver con las advertencias de movilización y medidas de fuerza. En ese juego, quizás haya pesado más la latente posibilidad de demandas para judicializar algunos aspectos de la reforma. El sindicalismo peronista carece prácticamente de poder legislativo. Es una tendencia que, en rigor, se profundizó en era K. Pero a los jefes cegetistas le quedan otros recursos. Algunas municiones del oficialismo sobre el fuero nacional del trabajo alimentan todo tipo de especulaciones.
Más visible resultó la afirmación del poder de negociación de los gobernadores. Fue notable en el pasado capítulo del Presupuesto y determinante en un tema como la ley laboral. El Gobierno los terminó poniendo en el centro de la discusión con la propuesta de la baja en Ganancias para empresas, que corrió el eje del tema a pesar de que Economía sabía de su propia debilidad en ese frente. La decisión de llevar a la larga el asunto terminó para agrandarlo. Y, más allá de la combinación de necesidades, quedó como una cesión del oficialismo.
El Gobierno, entre tanto, apuesta a capitalizar el momento legislativo. Avanza con otros temas y anuncia más. En esa movida, se destaca el proyecto de régimen penal juvenil, una iniciativa recreada por el oficialismo y que, al menos mediáticamente, quedo teñida exclusivamente por la baja de la edad de imputabilidad. Ese punto fue acordado con socios y aliados. Pasó de Diputados al Senado, que debe apurar el paso la semana que viene para llegar al recinto antes de fin de mes. Una cuestión que generó algo de debate en el trámite inicial podría plantear otra prueba y tratativas con las provincias: los fondos para ir adecuando los servicios penitenciarios a la letra de la iniciativa.
La actitud negociadora aparece insinuada además en la intención de incorporar a la agenda un proyecto que de algún modo cierre el tema de los fondos para universidades. Existe una necesidad generada por el frente judicial abierto ante el incumplimiento de la ley de financiamiento que aprobó el Congreso, vetó Javier Milei y sigue en pie por la insistencia legislativa. Trascendieron conversaciones con los rectores. Y esas tratativas están a cargo de Carlos Torrendel y Alejandro Alvarez. El encargado de Políticas Universitarias es sin dudas el funcionario del área que encaró con mayor dureza mileista su tarea. Ahora, al parecer, las necesidades son otras.
En cualquier caso, este momento de “realismo libertario” -cuya extensión en el tiempo nadie podría asegurar- es similar a otros “realismos” que han expuesto las debilidades prácticas de las ideologías rígidas.
POLITICA
Reforma laboral: los sindicatos presionan a la CGT para que convoque a un paro general

Los sindicatos presionan a la Confederación General del Trabajo (CGT) para que convoque a un paro general en rechazo a la reforma laboral que será tratada en Diputados. Aseguran que “sobran motivos para llamar a una huelga” y que no hay posibilidades de “frenar” el proyecto de ley sin un plan de lucha.
La iniciativa recibió media sanción el miércoles pasado en el Senado con 42 votos a favor y 30 en contra en el tratamiento en general. El objetivo del Gobierno es sostener el proyecto en Diputados tal como fue aprobado en la Cámara Alta.
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El día previo a que el Senado tratara la reforma laboral, la CGT logró cambios clave en el proyecto. El texto oficial tuvo 28 modificaciones y dos de ellas eran exigidas por la central obrera: se mantienen las cuotas solidarias y se eliminó el artículo que bajaba las contribuciones patronales para las obras sociales.
Frente a ello, este sábado, el titular de la UOM, Abel Furlán, apuntó contra la CGT y adelantó que le pedirán al triunvirato que convoque a una huelga general durante el tratamiento del proyecto en Diputados.
“La CGT estuvo negociando con el Gobierno. Nosotros tenemos una opinión muy personal: no había nada para negociar en esos 213 artículos, porque presentan una pérdida de dignidad para los trabajadores. Había que rechazarlo de manera absoluta”, deslizó Furlán a Futurock.
Ahora, el oficialismo busca obtener dictamen de mayoría para tratar la reforma laboral el miércoles 18 de febrero y llevarla el jueves 19 al recinto de la Cámara de Diputados. En ese sentido, Furlán adelantó: “Hemos decidido llevar un pedido a la CGT para pedir un paro general con movilización”.
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Desde la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) le hicieron el mismo reclamo a la central obrera. “Estamos pidiendo que la CGT convoque a un paro. Están dadas todas las condiciones y sobran motivos para llamar a una huelga general”, afirmó a TN, el secretario general del gremio, Rodolfo Aguiar.
Otro de los sindicatos combativos es la Federación de Aceiteros y su titular, Daniel Yofra, se sumó al reclamo de la UOM y ATE.
Ante la consulta de si la CGT debe convocar a una huelga, Yofra respondió: “Ojalá que despierten antes del tratamiento de la ley en Diputados y larguen un paro. No hay posibilidades de frenar una ley como esta, si no hay un plan de lucha».
Reforma laboral: el sindicalismo volverá a las calles y realizará una medida de fuerza
Este viernes, el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu) que integra la UOM, Aceiteros, las dos CTA y ATE, entre otros, anunció un nuevo plan de lucha.
La decisión incluye la convocatoria a movilizaciones en distintas provincias y la realización de paros y protestas cuando la iniciativa se trate en la Cámara Baja.
“El Frente de Sindicatos Unidos definió un nuevo paro general con movilización al Congreso el día que se trate la reforma laboral en la Cámara de Diputados”, señala el comunicado.
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Por su parte, el titular de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, aseguró: “Tenemos que construir un clima de mayor hostilidad para los diputados que aquel que enfrentaron los senadores. No es una utopía voltear la ley o al menos que se empantane su tratamiento”.
De este modo, además de la UOM, Aceiteros, ATE y las dos CTA, irán a un paro la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), la Federación Gráfica Bonaerense, la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA), Molineros, CONADU y Viales.
CGT, Paro, reforma laboral, Diputados, Gremios
POLITICA
Semana negra para el PJ: un posible quiebre en el Senado, el enojo entre gobernadores del norte y las derrotas en el Congreso

El peronismo afrontó su peor semana política desde que comenzó el año. Perdió dos votaciones clave en el Congreso -la reforma laboral en el Senado y el Régimen Penal Juvenil en Diputados-; y votó dividido en la ratificación del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europa.
Las malas noticias continuaron ayer, cuando la Cámara de Casación Penal rechazó los pedidos de Cristina Kirchner para poder recibir visitas sin horarios y cantidades pautadas, además de poder utilizar la terraza y que se le saque la tobillera electrónica que lleva puesta desde el momento en que quedó detenida.
La única novedad positiva fue que en el Senado el interbloque con diferentes sectores del peronismo votó en unidad. Una rareza en estos tiempos de múltiples fragmentaciones que afectan al peronismo. Fue un hecho circunstancial. La unidad política se quebró hace tiempo. El peronismo del interior tiene cada vez más diferencias con el kirchnerismo. El entrelazado dirigencial en el Senado subsiste porque peor es estar fragmentados.
De todas formas, durante la votación uniforme contra la reforma laboral pudieron achicarse algunas diferencias internas que, en muchos casos, tienen más que ver con posicionamientos ideológicos y formas de construir poder, que con la postura en temas esenciales de la discusión de fondo que ha propuesto dar Javier Milei.
La semana que viene puede haber novedades en el Senado. Existe la posibilidad de que, finalmente y después de varios cortocircuitos, el interbloque del peronismo se rompa definitivamente. Miércoles y jueves serán días importantes para el futuro del armado que aglutina a las diferentes ramas del Justicialismo. Los legisladores Guillermo Andrada (Catamarca), Carolina Moisés (Jujuy), Sandra Mendoza (Tucumán), Fernando Rejal (La Rioja) y Fernando Salino (San Luis) están analizando cuál es el momento para quebrar un lazo que ya no tiene sustento.
Aún no hay acuerdo uniforme entre ellos. La idea principal que tienen es seguir unidos como bloque, pero hay diferencias en la cúpula que tensionan todas las negociaciones. La principal es que existe un fuerte enojo de Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz con el riojano Ricardo Quintela. ¿El motivo? En los días previos a la votación de la reforma laboral, según aseguran fuentes parlamentarias al tanto de las negociaciones, el “Gitano” llamó a Jalil para decirle que si no votaban en contra, iban a intervenir los PJ de sus provincias.
“El Gitano pasó de enfrentar a CFK, a ser su vocero. Justo con Jaldo y Sáenz que fueron quienes les prestaron avales cuando intentó competir con ella por la presidencia del PJ Nacional”, advirtió a Infobae un dirigente muy cercano a los gobernadores. La referencia es la feroz pelea que Quintela y CFK tuvieron por la renovación de autoridades del partido y que terminó con la imposibilidad del riojano de poder competir.
De la situación conflictiva entre los gobernadores del norte provino la denuncia pública del mandatario salteño, cuando aseguró que el kirchnerismo estaba amenazando gobernadores y legisladores. El futuro de Rejal, que responde a Quintela, es incierto. Como también es la posibilidad de sumar a un nuevo bloque a la salteña Flavia Royón.
Por el momento, no hay gestiones del sector kirchnerista para evitar la ruptura que, de concretarse, puede abrir la puerta a un proceso de desbande que está latente desde hace más de un año. Y la posibilidad de que eso suceda, en un 2026 clave para la construcción de un nuevo proyecto, es alta.

El quiebre simbólico más importante de las semana que pasó tal vez haya sido el que tuvo lugar cuando se debatió el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Porque allí quedaron bien expuestos los perfiles ideológicos de cada tribu. El sector más de izquierda, como La Cámpora o Patria Grande, de Juan Grabois, votó en contra, mientras que la mayoría de los diputados del peronismo del interior y el massismo votaron a favor.
La iniciativa para que un sector del bloque votara a favor del acuerdo la tomó el ex jefe de Gabinete Agustín Rossi. El santafesino planteó su apoyo a la iniciativa durante la primera reunión de bloque que hubo en la previa de la votación. En un primer momento tuvo pocas adhesiones, pero para el segundo encuentro ya había ganado el respaldo de varios diputados del interior.
La postura inicial de Rossi la terminó complementando Germán Martínez, presidente del bloque justicialista, quien buscó un acuerdo integral pero, al tercer encuentro previo de todo el bloque, advirtió que la división estaba marcada y había que votar por separado como espacio. Finalmente, se sumaron distintos legisladores, de diferentes campamentos, que aportaron un número importante para que el acuerdo se retifique,
Entre algunos dirigentes del PJ federal hay cada vez más contactos cruzados, buscando acercar posiciones con dirigentes que están fuera de los límites de Unión por la Patria (UP), pero que, según muchos piensan en ese universo, serán necesarios para sumar fuerzas contra Milei en el 2027. La dinámica parlamentaria será importante este año para descubrir por donde van a contribuir al armado político c
En el peronismo hay muchos caminos paralelos que se recorren al mismo tiempo. Cristina Kirchner está dando una batalla milimétrica contra la Justicia Federal para que le den mayores libertades dentro de su prisión en San José 1111. Hasta ahora, no lo ha logrado. Sus limitaciones se van acrecentando al mismo ritmo que baja su nivel de influencia dentro del esquema justicialista.
La campaña “Cristina libre” es, mayoritareamente, un ejercicio semanal del kirchnerismo duro. Un sector que se ve obligado a encontrar un nuevo lugar en el mapa de poder, aunque para todas las tribus resulte difícil, a esta altura del calendario, posicionarse con exactitud debido a la horizontalidad del debate. Hay un puñado de nombres que han dado señales claras de su intención electoral y un bloque enorme de dirigentes que quieren empujar un cambio de ciclo. Hay ruido y hay movimientos.

Por otro camino transita Axel Kicillof, que cada vez juega más con su potencial candidatura presidencial y que está haciendo un nuevo esfuerzo por posicionarse tras el sube y baja de poder que implicaron el triunfo de septiembre y la derrota de octubre del año pasado. En el mientras tanto, dio un paso adelante al consensuar con el cristinismo su desembarco al frente del PJ Bonaerense. Camina hacia adelante. A su tiempo y a su modo, pero con una única dirección.
Detrás del acuerdo de cúpula por la conducción partidaria quedaron cerca de treinta distritos donde el PJ no se pudo ordenar e irá a elecciones internas. Un mano a mano que en el peronismo esquivan con frecuencia por temor a que se desbarranquen las dañadas estructuras que se edificaron durante las tres gestiones kirchneristas. Si no hay síntesis, entonces que se resuelva por los votos. Eso sucederá en varios municipios bonaerenses donde las expresiones territoriales de CFK y Kicillof no pudieron darse la mano.
En otro camino, van los gobernadores, que tantean la posibilidad de empujar un armado federal, que reestructure lo que supo ser el Frente de Todos en el 2019, y que sea la columna vertebral de una nueva propuesta electoral. Es muy reciente, pero el momento de que la rosca de construcción política tome más velocidad está cada vez cerca. Porque los acuerdos transversales, como los que se analizan negociar en el corazón del peronismo, necesitan tiempo.
En el PJ hacen lo posible para resistir la embestida libertaria tras el recambio de las dos Cámaras y la sensación triunfalista que le dejó al oficialismo la victoria electoral que pintó gran parte del país de violeta. Hacen lo que pueden, en esta instancia donde son minoría y el Gobierno mantiene fuerte sus alianzas provinciales.

Esta semana los legisladores que responden a los dos gobernadores peronistas aliados a Milei se pusieron en la vereda de enfrente al Gobierno. Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo jugaron en contra de la reforma laboral. Algunos justicialistas que conviven con la desconfianza impregnada en la piel creen que lo hicieron solo porque el número para la aprobación estaba asegurado con las manos del PRO, la UCR y los aliados provinciales. Todo es posible.
El peronismo de UxP tiene el deber de mirar hacia Tucumán y Catamarca para ver cómo hacen convivir esas lógicas provinciales cercanas a la Casa Rosada con una construcción opositora para el año que viene. Es uno de los desafíos que tienen por delante los articuladores que flotan por las distintas terminales del armado político. Ganarle a Milei será una tarea extremadamente complicada, aunque varios pastores de las catástrofes anuncien la caída en desgracia del modelo libertario.
La semana de sinsabores que tuvo el PJ puede repertirse en el corto plazo si el Gobierno logra sancionar los dos proyectos que trató en estos últimos días. La capacidad de buscar acuerdos amplios con las fuerzas del centro será más importante que la búsqueda de sumar gente a la calle. Un recurso que ha pasado de moda. El peronismo necesita abrirse, flexibilizarse y acomodarse al nuevo tiempo. Es una realidad que algunos ya digirieron y otros aceptan a regañadientes.
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