POLITICA
Errores en espejo de Javier Milei y el kirchnerismo: ambos se resisten a cambiar

La Argentina otra vez se sostiene con confianza prestada. Pero esta vez, por ahora, si el Gobierno no vuelve a aislarse ni se produce otro abrupto cambio de humor de la sociedad, puede que con esa confianza prestada nos alcance para evitar el colapso.
Es una oportunidad de oro para que el Gobierno mejore sus estrategias económicas y políticas. Muchos se lo vienen reclamando. Pero hay que ver si los libertarios aprenden la lección, o al contrario, inflan el pecho, ahora que tienen más respaldo externo, e insisten con lo mismo que los llevó a acumular todos los problemas que hoy enfrentan, en el Congreso, en la economía y en la opinión pública.
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Entre las lecciones que les convendría aprender hay una que tiene que ver con el núcleo de la estrategia estabilizadora: había que explicarle bien clarito a la sociedad que la desinflación lleva su tiempo, que frenar la hiper es solo el primer paso y no el más difícil, los demás incluyen costosas y complejas reformas estructurales, difíciles de aprobar y más difíciles aún de instrumentar, y que existe el peligro de relajar ese esfuerzo cuando la suba de precios afloja un poco y “pareciera” que está ya todo bajo control y “lo peor ya pasó”. Pero el Gobierno más bien agravó estas confusiones en vez de disiparlas.
Es lo que se vio durante todo este año: Milei se desentendió de esas tareas pedagógicas, en el que se supone es su campo de expertise, se dedicó a su propia batalla cultural política e ideológica, ni Luis Caputo ni Federico Sturzenegger ni nadie más tomó la posta en explicar la coyuntura económica y sus riesgos, y por tanto también la opinión pública tendió a ignorar los problemas que se enfrentaban.
Los primeros lo hicieron porque se confiaron en que solo había que esperar que pasaran los meses necesarios para que “el equilibrio fiscal terminara de liquidar la inflación inercial”, y la economía despegara. Cuando en verdad esa inercia inflacionaria está tramada con otros muchas cuestiones. Principalmente, con la desconfianza a que el ordenamiento fiscal conseguido vaya a consolidarse y perdurar, si no cambian también las reglas impositivas, laborales y previsionales, y no se forma un consenso político más amplio en torno a su sostenimiento. Como se sabe, durante este año el oficialismo en vez de avanzar en cualquiera de esos terrenos retrocedió en todos ellos: porque se aisló del Congreso, abandonó a su suerte a los aliados legislativos y los gobernadores, y dio renovado aire, así, a la agenda contraria, la que reclama no solo compensaciones sociales atendibles, sino retrotraer el ajuste.
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En cuanto a la opinión pública, sucedió, simultáneamente, que una vez que la inflación volvió a los niveles “normales” previos al descalabro final de la gestión del Frente de Todos, “normales” porque convivimos con ellos desde hace más o menos veinte años, seguir reduciéndola dejó de interesarle a la mayoría. Pero eso también el oficialismo debió preverlo: a diferencia de lo que sucede en casi todo el resto del mundo, aquí un ministro de Economía no será puesto en la picota porque la inflación se le escape por arriba del 3 o 4% anual, sino por no poder evitar los conflictos distributivos generados cuando intente bajarla del 25 o 30%. Eso fue lo que liquidó la presidencia de Macri años atrás, lo que debilitó la tolerancia al ajuste durante este año, y lo que explica, al menos en parte, el resultado electoral bonaerense de unas semanas atrás.
Se entiende entonces, en la conjunción de estos dos problemas, la autocomplacencia y el creciente aislamiento del oficialismo, y el cambio de humor de la sociedad, por qué se desató una crisis de confianza, y nadie le creyó a Luis Caputo cuando dijo que si comprabas dólares ibas a perder, y menos le creyeron después del 7 de septiembre cuando prometió que habría dólares para todos.
Milei y Caputo deberían haber sabido también que, cuando se dispara un círculo vicioso de desconfianza como este, que se alimenta de debilidades tanto económicas como políticas, acelerando la corrida detrás del dólar (porque no hay reservas y hay elecciones muy pronto, la peor combinación posible), no importa mucho que tus adversarios sean los responsables de un desastre ocurrido apenas un año o dos atrás. Cualquiera, hasta un Frankenstein, te puede ganar la partida.
No alcanza con lo harta que haya llegado a estar la sociedad después de una década larga de estanflación. Ni importa tampoco que hayas hecho los deberes para eliminar el déficit. Ni siquiera alcanza con haberle torcido el brazo meses antes a los especuladores: Santiago Bausili y Caputo lo lograron justo un año atrás, cuando muchos apostaron a la devaluación y perdieron millones, es cierto; pero eso sucedió cuando la economía estaba en plena recuperación y las encuestas le sonreían al oficialismo; una vez que la actividad se estancó y los pronósticos electorales empezaron a cambiar, la taba financiera también se dio vuelta.
¿Por qué Milei no advirtió el riesgo que corría, que no iba a alcanzarle con haber ganado un par de rounds, porque la pelea era demasiado larga para librarla con lo puesto? Hablamos ya del exceso de autoconfianza, y también influyó un diagnóstico muy sesgado de la situación: en serio él creyó, y parece que sigue creyendo, que “lo peor había pasado”, y que lo que venía a continuación era un encadenamiento de éxitos políticos y económicos realimentándose entre sí.

¿Habrá alcanzado el susto que se pegó para sacarlo de esa ensoñación? Es probable que no. Que con el espaldarazo recibido en Nueva York y la experiencia de haber frenado la corrida su ego se infle aún más, y no crea necesario cambiar de raíz sus estrategias.
Por ahora lo que vemos es un Milei que recuperó la sonrisa, y que vuelve a polarizar la escena entre él, salvador de la Patria, y sus enemigos. Incluyendo entre estos a buena parte de los que necesita para aprobar su proyecto de Presupuesto y las reformas que vaya a plantear. Puede que la campaña electoral en curso no le deje otro camino que este, pero al menos podría incorporar algún matiz. Y sobre todo vendría bien que incorpore más explicaciones económicas sobre los problemas que enfrentamos, y prescinda aunque sea un poco de la retórica política con que reduce todos los problemas a un único problema: sus enemigos.
Un poco lo hizo, recordemos, cuando presentó el presupuesto: fue su discurso más presidencial en lo que lleva de mandato, por primera vez habló más de gestión económica que de ideas en pugna, lucha política y batallas culturales. Pero parece que fue la excepción, y no una nueva regla. Una pena.
El error en espejo del kirchnerismo
Mientras tanto, la oposición peronista está cometiendo un error en espejo a esta continuidad casi sin cambios del discurso presidencial. Y es que, en una muestra de completa carencia de cintura política, insiste en que la situación no cambió en nada con el rescate norteamericano, e igual la sociedad va a seguir rechazando la política económica oficial, porque está y seguirá estando harta del ajuste. Así que ellos no tienen por qué cambiar ni el tono ni los temas de su discurso, ni tampoco su estrategia legislativa, orientada a ahorcar al Ejecutivo, impugnando todas y cada una de sus medidas y quitándole en lo posible toda libertad de acción para llevarlas a cabo: reforma de los DNUs, censura al jefe de Gabinete, distribución automática de ATNs, y la lista sigue.

“La gente está igual de mal antes y después del viaje de Milei a Nueva York, porque el problema está en la economía real”. “Esto no le soluciona la vida a la gente”. “Lo que importa es el bolsillo y no hicieron nada para mejorar su situación”. “Le resolvieron el problema a los bonistas, no a los argentinos”.
Son las cosas que repiten en los medios en estos días los dirigentes kirchneristas y también algunos compañeros de ruta “progres”, abrazados a la idea de que el gobierno se ocupa de las finanzas y de la “macro”, pero lo que le importa a la sociedad es “la micro”, que no tiene nada que ver con aquella.
Hernán Lacunza, que criticó duramente en meses pasados algunos aspectos de la estrategia oficial, explicó recientemente con precisión lo ridículo que es suponer que macro y micro, finanzas y bolsillos, sean cosas separadas. Cuando la crisis cambiaria se aceleró la recesión también lo hizo, y se corría el peor de los riesgos, regresar al escenario de estanflación que Milei encontró en 2023, aún sin déficit público. Ahora hay chances de que la inflación siga contenida, al menos algo de crédito vuelva a aparecer y la recesión sea más moderada y breve. Al menos remarcaciones justificadas por un dólar desbocado no hubo, las caídas en operaciones inmobiliarias y venta de automotores parecen estar moderándose y sobre todo se instaló un nuevo clima, de alivio, que no disculpa del todo a Milei y Caputo por la crisis pero les devuelve mínima credibilidad como pilotos de tormenta.
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La oposición dura, sin embargo, parece no querer ver nada de esto. Un poco porque apuesta a expresar el malhumor de quienes seguirán, en cualquier caso, rechazando a Milei, lo que es bastante lógico. Pero también porque no pueden ocultar su disgusto ante el hecho de que la crisis no haya seguido espiralizándose, y no les haya dado la razón: el ajuste no es el camino, la inflación no es el problema, el liberalismo económico siempre va a fracasar, etc, etc.
Igual que Milei, se niegan a aprender de la experiencia. Y peor que Milei, carecen de toda flexibilidad en sus planteos y estrategia: se oponen a todo, y esperan que el otro fracase, y si evita fracasar recurren a algún argumento ad hoc para anunciar que igual va a fracasar muy pronto.
Podrían, sin mayor esfuerzo, y sin renunciar a su historia y sus creencias, hacer lo que hacen la mayoría de las izquierdas latinoamericanas desde hace años: reconocer que la inflación sí es un problema grave, que para combatirla hace falta tener las cuentas públicas en orden y contar con un sistema de financiamiento público que genere confianza y previsibilidad, y que están dispuestos a colaborar en construir esos instrumentos. Pero también a ellos la autocomplacencia les juega una mala pasada: creen que van muy bien con lo que están haciendo, y que finalmente la historia les va a dar la razón, así que, ¿para qué cambiar?
En esto no se equivocan del todo, por cierto. Saben de sobra cómo convivir con la inflación alta, y saben que buena parte de la sociedad, como decíamos más arriba, la prefiere antes que enfrentar duros conflictos distributivos para combatirla. Entonces, si la adaptación al statu quo sigue siendo tan fácil, y les impone tan pocos riesgos, ¿qué sentido tendría esforzarse y arriesgarse para hacer otra cosa?
El resultado electoral, de todos modos, podría decepcionarlos. A Milei le pasó que quedó cegado por la victoria conseguida en la ciudad de Buenos Aires, en mayo de este año: desde entonces se encerró aún más en la idea de que nada podría impedirle ganar solo y seguir gobernando solo. Al kirchnerismo puede que le pase lo mismo con su victoria, es cierto que mucho más resonante, en provincia de Buenos Aires: apuesta a conseguir lo mismo, diciendo lo mismo que a los bonaerenses, a todos los argentinos; pero en el ínterin la situación cambió, y puede que si él no cambia, o al menos simula cambiar, como están haciendo los libertarios, las urnas les den una sorpresa.
Javier Milei, Kirchnerismo, Gobierno, Elecciones
POLITICA
Reforma laboral: el Gobierno anunció cambios y evalúa mantener el total del sueldo en enfermedades graves

La senadora de La Libertad Avanza Patricia Bullrich confirmó que el oficialismo analiza introducir modificaciones en el artículo que regula las licencias por enfermedad, uno de los puntos más cuestionados del proyecto que ya obtuvo media sanción en el Senado.
La dirigente explicó que el cambio apuntará exclusivamente a situaciones médicas graves, luego del debate público que generó la reducción salarial prevista para los trabajadores que deban ausentarse por razones de salud.
“Sobre lo que son enfermedades severas, degenerativas, irrecuperables, vamos a hacer una modificación y vamos a dejar el 100% (del salario). Lo estamos trabajando. Sólo en caso de verificación de casos fehacientes”, afirmó en declaraciones televisivas.
Reforma laboral: Milei quiere aprobarla sin cambios en Diputados, pero la oposición busca corregirla
El texto aprobado establecía un nuevo esquema de remuneraciones durante las licencias. Según la iniciativa, los empleados cobrarían el 50% del sueldo cuando la dolencia se vincule a una actividad voluntaria o recreativa ajena al trabajo, y el 75% en casos no encuadrados dentro de esa categoría.
La polémica por los certificados
La expresidenta del PRO defendió el espíritu general del proyecto y justificó la reducción salarial para determinados casos al sostener que el sistema actual presenta irregularidades.
“Existe una mafia de certificados truchos y hay que terminar con eso”, señaló.
En esa línea, insistió en que el esquema de menor remuneración seguirá vigente para licencias injustificadas o abusivas. “Lo del 50% hay que dejarlo porque hay una cantidad de certificados truchos impresionantes. Si te querés hacer el vivo, cobrás menos”, aseguró.
🚨 #AHORA | Patricia Bullrich anticipó que modificarán el artículo de las licencias por enfermedad: planean hacer cambios en el proyecto para los casos de “enfermedades severas e irrecuperables”. pic.twitter.com/F2sjIHr6zm
— Nexofin (@Nexofin) February 16, 2026
El oficialismo intenta así diferenciar dos situaciones: por un lado, patologías graves o irreversibles —que mantendrían la cobertura total del salario— y, por otro, ausencias que el Gobierno considera evitables o injustificadas.
El proyecto también introduce nuevas exigencias formales para justificar las ausencias laborales, como la emisión de certificados médicos digitales y la posibilidad de controles por parte del empleador.
En el Gobierno consideran que las modificaciones permitirán reducir la litigiosidad y ordenar el sistema, mientras que sectores sindicales y legisladores opositores advierten que podría afectar la protección de los trabajadores.
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Bullrich aseguró que el Gobierno va a modificar el artículo de las licencias por enfermedad

La senadora nacional Patricia Bullrich adelantó este domingo por la noche que el Gobierno analiza introducir cambios en el artículo 44 de la reforma laboral vinculada al régimen de licencias por enfermedad, tras las críticas que generó la reducción salarial prevista para quienes se ausenten por motivos de salud y con el objetivo de avanzar con la aprobación.
Según explicó la presidenta del bloque de LLA en diálogo con TN, los cambios apuntarían únicamente a enfermedades “severas, degenerativas” y “fehacientemente comprobables”, con el objetivo de que esos trabajadores mantengan el cobro íntegro de sus haberes. En ese sentido, sostuvo que “existe una mafia de certificados truchos y hay que terminar con eso”, al justificar la necesidad de controles más estrictos.
La iniciativa, que cuenta con media sanción en el Senado y que resta tratarse en la Cámara de Diputados, establece recortes salariales para licencias prolongadas: 50% del sueldo en enfermedades derivadas de actividades recreativas ajenas al trabajo y 75% en casos involuntarios.
Sobre esto, Bullrich aclaró que ese esquema podría ajustarse: “Sobre lo que son enfermedades severas, degenerativas, irrecuperables, vamos a hacer una modificación y vamos a dejar un 100% (del salario). Lo estamos trabajando. Lo estamos trabajando, sólo en caso de corroboración concreta y fehaciente”.
No obstante, defendió mantener el recorte en el resto de los casos y remarcó: “Hay médicos presos por certificados falsos. Hay clínicas con denuncias. Hay mafias, nosotros vinimos a terminar con las mafias. El trabajador que se hace el vivo y no va a trabajar durante tres meses… no te hacés más el vivo. Si te querés hacer el vivo, vas a cobrar el 50% del salario“.
En ese sentido, adelantó también que se creará una junta médica en hospitales públicos y centro de reconocida trayectoria que servirán para dirimir “controversias” que se generen entre el empleador y el empleado.
“Hoy en día, al año el trabajador tiene reserva de un año del cargo y a los dos años le aplica el 245, que es la indemnización. Esto ya estaba, lo único que cambió es un porcentaje justamente por las mentiras de las mafias. En ningún lugar la Ley de Contrato de Trabajo distinguía entre enfermedades severas y no severas, y por ahí un empleado se tomaba un año por algo que no era severo”, insistió Bullrich.
Consultada sobre cómo se hará la modificación en Diputados para evitar que se extiendan los plazos y que no vuelva la medida al Senado, Bullrich indicó: “Lo hablé con Martín Menem. Por reglamentación o un artículo de ley que se vote como otra ley; le vamos a buscar la forma, pero bien cerrado y que no sea parte de una industria que queremos desarmar”.
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Reforma Laboral: Patricia Bullrich anticipó que modificarán el artículo de las licencias por enfermedad

La senadora Patricia Bullrich informó este domingo que el oficialismo estudia formas de modificar el artículo 44 de la Reforma Laboral, que introducía un nuevo régimen de licencias por enfermedad y reducía el salario a los trabajadores que solicitaban permiso para ausentarse del trabajo por estar enfermos. La legisladora explicó que será sólo para el caso de afecciones “severas, degenerativas”, y que sean “fehacientemente comprobables”.
“Existe una mafia de certificados truchos y hay que terminar con eso”, explicó Bullrich en declaraciones a TN.
“Sobre lo que son enfermedades severas, degenerativas, irrecuperables, vamos a hacer una modificación y vamos a dejar el 100% (del salario). Lo estamos trabajando. Sólo en caso de verificación de casos fehacientes”, indicó Bullrich. El proyecto, que fue aprobado en el Senado y ahora deberá debatirse en la Cámara de Diputados, establecía que los trabajadores que sufran una enfermedad por cuestiones recreativas ajenas al trabajo cobrarían sólo el 50% de sus sueldos cuando la licencia supere los 3 meses, y 75% en caso de que sean afecciones causadas por una cuestión involuntaria. Ahora, la legisladora de La Libertad Avanza indicó que estudian la manera de introducir un cambio en ese punto, y que quienes se enfermen gravemente puedan seguir cobrando el 100% de sus salarios.
“Lo del 50% hay que dejarlo porque hay una cantidad de certificados truchos impresionantes. Si te querés hacer el vivo, cobrás menos”, dijo Bullrich.
Bullrich sostuvo que la iniciativa surge como respuesta a lo que calificó como una “mafia en los certificados médicos”, fenómeno al que atribuyó un elevado nivel de ausentismo laboral en la Argentina. La funcionaria detalló que, según datos recientes, el país registra un 15% de ausencias justificadas en el ámbito laboral, cifra que consideró excesiva y vinculada a prácticas fraudulentas. “Antes de que llegue la policía, llegan los abogados a ofrecer certificados”, afirmó la senadora durante la entrevista. En este sentido, remarcó la existencia de “clínicas y médicos presos” por la emisión de documentos apócrifos, y planteó que la reforma busca terminar con ese circuito.
La propuesta de reforma prevé la creación de juntas médicas compuestas por profesionales de hospitales públicos o establecimientos privados de reconocida trayectoria para certificar los casos donde los trabajadores soliciten licencias prolongadas. Esta medida, según Bullrich, apunta a garantizar un control más estricto y evitar abusos en la emisión de certificados. “El trabajador que simula una dolencia para ausentarse no va a poder seguir haciéndolo. Si lo intenta, cobrará solo el 50% del salario”, advirtió la legisladora, en línea con el texto aprobado por la Cámara de Diputados.
En lo referido a enfermedades graves, Bullrich precisó que el oficialismo planea introducir una modificación que garantice el 100% del salario durante la licencia, siempre que se trate de casos comprobados de patologías “severas, degenerativas o irrecuperables”. La senadora explicó que este nuevo criterio se aplicará únicamente cuando exista una corroboración fehaciente por parte de especialistas, para evitar que el beneficio sea capturado por quienes incurren en prácticas fraudulentas. “Vamos a dejar el 100% solo en caso de enfermedades comprobadas”, señaló.
La funcionaria también puso énfasis en la necesidad de “desarmar la industria del certificado trucho”, a la que responsabilizó de generar un gasto injustificado para el sistema laboral y afectar la productividad nacional. Según Bullrich, existen casos en los que “una persona se rompe un dedo y obtiene un año y medio de certificados”, situación que calificó como un abuso extendido. A su vez, consideró que la problemática alcanza un nivel estructural, con complicidad de abogados y personal médico.
Dentro del debate legislativo, Bullrich indicó que la discusión sobre la restitución del salario pleno para enfermedades graves se mantiene abierta. La parlamentaria mencionó conversaciones con Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, para definir si la modificación se realizará por vía reglamentaria o mediante la incorporación de un nuevo artículo. La senadora también mencionó intercambios con la secretaria legal y técnica, María Ibarzabal, destacando la voluntad de encontrar una solución “con un certificado claro que no sea parte de una industria que queremos desarmar”.
El esquema de licencias vigente actualmente en la Argentina establece que el trabajador puede conservar su cargo durante un año en caso de enfermedad, y que transcurridos dos años se le aplica la indemnización prevista en el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo. La reforma impulsada por el oficialismo introduce la diferenciación entre enfermedades leves y graves, lo que implica un cambio respecto al criterio anterior, que no contemplaba distinción alguna.
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