DEPORTE
Los secretos del equipo ‘español’ de Míchel y Nacho que revoluciona Arabia: ‘No fichamos nombres, sí calidad’

En el verano de 2023, la Saudi Pro League dinamitaba el mercado de fichajes. El fichaje de Cristiano Ronaldo en enero era la primera gran piedra de un esfuerzo inversor con el que Arabia buscaba un golpe de impacto mediático que consiguió. A partir de ahí, las prioridades se han ido modelando. Desde las estrellas que buscan un último destino hasta el desarrollo integral de los clubes, privatizándolos, y donde el cuidado por la cantera, así como el ‘scouting’, ha aumentado. El paradigma de esta evolución es el Al-Qadisiyah, propiedad de Saudi Aramco, la mayor compañía energética del país.
Míchel González, arquitecto de Al-Qadisiyah
En la cúspide del éxito está Míchel González, quien se incorporó al proyecto, precisamente en la fase expansionista de hace dos años. En febrero renovaba hasta 2027. Lo hizo confiando en una hoja de ruta a largo plazo, porque, por aquel entonces, el Al-Qadisiyah militaba en la segunda división saudí, donde logró récord de puntos para escalar al primer nivel. No era su debut, ni mucho menos, porque el ganador de varias copas ha sido un equipo ascensor en el último milenio. Ahora será un fijo en la nueva fase que afronta la Saudi Pro League, porque ha mostrado el camino que la competición quiere para sus participantes.
La temporada pasada alcanzaron la final de Copa contra el Al Ittihad y quedaron en cuarta posición, solo por detrás del trío de clubes del PIF, el fondo de inversión pública saudí. El objetivo para esta temporada es clasificarse para la Champions AFC, tal y como declara, en conversación con SPORT, Mohammed Abduljawad, ‘scout’ del Al-Qadisiyah. Por tanto, una figura estratégica en el organigrama de un club que combina talento nacional y extranjero.
El encargado de dirigir la captación del talento nacional saudí nació en Medina, ciudad icónica, situada al oeste de Arabia Saudí. Con seis meses, sus padres se fueron a Inglaterra para completar su formación. Fue bilingüe desde niño, pero con el paso del tiempo incorporó el español a las lenguas que domina. De hecho, esto le abriría las puestas de su actual trabajo a un Mohammed Abduljawad que es odontólogo de formación.
El ‘scout’ odontólogo que aprendió español por Internet
«Trabajé a media jornada en varios sectores como hoteles o restaurantes. Mi padre siempre me animó a experimentar. Entonces, me llegó la primera oportunidad en el fútbol como traductor. Me interesaban los idiomas y en 2015 empecé a aprender español viajando y por Internet«, relata el profesional saudí. Así empezó a colaborar, en su ciudad natal, con el entrenador paraguayo Chiqui Arce, cuando este asumió las riendas del Ohod Club. «Me dio confianza, hablamos y me dijo que fuera al entrenamiento al día siguiente. En ese momento, el equipo de Medina jugaba en la máxima categoría», rememora.
Como traductor, era puente entre el cuerpo técnico y la junta: transmitía información, ayudaba en ventanas de fichajes y a veces entraba en negociaciones en pasos clave. De ahí me interesé por el ‘scouting’ y la captación
Trabajó con cuatro técnicos distintos en dos temporadas e hizo lo propio al servicio de la Federación de Fútbol de Arabia Saudita. «Como traductor, era puente entre el cuerpo técnico y la junta: transmitía información, ayudaba en ventanas de fichajes y a veces entraba en negociaciones en pasos clave. De ahí me interesé por el ‘scouting’ y la captación», añade el miembro del Al-Qadisiyah, quien antes de entrar en el club ya hacía de ojeador ‘freelance’, yendo a partidos de academias y categorías inferiores, algo imprescindible en un país que tiene como objetivo explotar y desarrollar toda la calidad interna.
«Tras graduarme en odontología me mudé a la otra parte del país para el posgrado, en Al Kobhar, la ciudad donde está Al-Qadsiah, y surgió la oportunidad de entrar. El cuerpo técnico me fue dando confianza y espacio: pasé a ‘scout’ y luego a ‘lead scout’ del primer equipo», explica Mohammed Abduljawad, quien trabaja codo con codo con un ‘staff’ que es prácticamente 100% español (asistentes, entrenadores de porteros, director de cantera, preparadores físicos y reacondicionadores…). Y los que no, hablan o conocen el idioma, como ocurre con Álvaro Rius, el colombiano que ejerce de jefe de ‘scouting’ del club ‘español’ de Arabia.
Retegui, el ‘pichichi’ de la Serie A que fichó por Al-Qadisiyah
«El ‘scouting’ en Arabia no es algo antiguo; está en construcción. Al-Qadsiah es de los pocos clubes con estructura clara. En el primer equipo tenemos ocho o nueve ‘scouts’ internacionales y ‘scouts’ locales en el país, cada uno en una provincia. También tenemos un programa para desarrollar futbolistas y luego venderlos o utilizarlos en el primer equipo», explica Mohammed Abduljawad, especializado en el mercado interno y regional. Esto le lleva a estar en torneos internacionales como la Copa Africana de Naciones sub-17 de Marruecos o la sub-20 en Egipto. «Es un puesto en el que hay que ser muy flexible y proactivo, especialmente durante los mercados de transferencias», resalta.
La mezcla entre españoles, saudíes e internacionales es clave: hay más de 20 nacionalidades en el Al-Qadisiyah
«Tenemos una estrategia a largo plazo; estamos alineados en que se necesita tiempo y paciencia. Pensamos en el futuro, no en dos o tres años, y el club, recién ascendido de segunda, está mejorando mucho en infraestructura y en desarrollo de empleados. La mezcla entre españoles, saudíes e internacionales es clave: hay más de 20 nacionalidades en el Al-Qadisiyah, un club multicultural. Queremos mejorar gradualmente y ver frutos cada temporada, mejorando año a año«, describe Mohammed Abduljawad.
El mercado de verano del Al-Qadisiyah evidencia su operativa estratégica. El equipo de Michel González pagó algo más de 68 millones por Mateo Retegui, el pichichi de la Serie A italiana la pasada temporada, con 25 tantos. A partir de ahí, una mezcla de talento joven, como el extremo izquierdo de 20 años Christopher Bonsu Baah (el Genk lo vendió por 17 millones); el extremo derecho de 18 años Gabriel Carvalho (el Internacional brasileño lo traspasó por 15,50 millones) o Musab Al-Juwayr, uno de los mayores talentos saudíes, por el que el Al-Qadisiyah pagó 11,52 millones al Al-Hilal, el club más laureado.
El Mundial 2034, como meta de un país loco por el fútbol
«Cada operación pasa por muchos ‘checkpoints’ antes de cerrarse. Tenemos metodología y objetivos claros: perfiles por puesto y presupuestos dedicados por perfil. No es algo abierto ni depende solo de la capacidad económica. Hay que tener una idea clara del mercado y de las cifras. No dependemos de nombres, sino de la calidad y de lo que ayude al equipo», se reafirma Mohammed Abduljawad, quien destaca los campeonatos logrados por Al-Qadisiyah en las ligas sub-17 y sub-18, lo que les ha permitido nutrir las categorías inferiores de una selección que ha tenido que ir al desempate en la fase de clasificación para el Mundial 2026.
«El club está en una ubicación muy buena, lo que atrae a jugadores nacionales e internacionales. Siempre les ofrecemos un plan en este sentido. Hemos mejorado mucho las infraestructuras, renovando las instalaciones. El nuevo estadio, que estará listo en breve, será parte de la Copa Asiática 2027″, describe el ‘scout’ sobre un futuro que resulta compartido con el resto de equipos de la Saudi Pro League y que tiene como meta final el Mundial 2034 que acogerá Arabia Saudí.
«Es un evento muy importante en muchos aspectos. Más allá de lo deportivo, a nivel cultural y económico es gigante. No es nuevo para Arabia organizar eventos así: cada año recibimos millones de visitantes por turismo religioso y lo manejamos muy bien«, incide Mohammed Abduljawad, poniendo también como ejemplo la Supercopa de España que anualmente se celebra en el estado de Oriente Próximo.
Un intercambio que también se produce con iniciativas como la gira que Al-Qadisiyah llevó a cabo en tres países, entre ellos España, para fortalecer un modelo de fuerte raigambre nacional, pero abierto al mundo, en un país donde la pasión por los 11 vs. 11 lleva décadas gestándose: «El fútbol es cultura en Arabia, es la cultura principal. Vivimos por el fútbol. La gente no sabe la importancia del fútbol en el día a día. No solo para alguien que pertenece a un club; también para mi familia y mis amigos. Hay locura por el fútbol: transmite emoción y reúne a las familias. Es el sueño de todos los chicos».
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DEPORTE
¿Cuántos goles tiene que hacer Cristiano Ronaldo en 2026 para llegar a los 1.000?

Es el sueño de alcanzar una marca que parecía lejana y que, con el paso de los años, empezó a verse cada vez más cercana. El objetivo de Cristiano Ronaldo de llegar a los 1.000 goles será uno de los focos principales a nivel mundial en 2026. Lo concreto es que, este martes, el portugués llegó a los 957 oficiales y quedó a 43 del tan ansiado récord.
De derecha, izquierda, cabeza o hasta de espalda, tal como convirtió su último tanto del año en el empate 2-2 de Al Nassr ante Al-Ettifaq. Cristiano quiere llegar a toda costa. El tiempo lo tiene: si bien cumplirá 41 años en febrero, tiene contrato con el conjunto árabe hasta mediados de 2027. Es decir, finalizará su vínculo con 42 pirulos.
Cristiano Ronaldo –
Cristiano Ronaldo le dio la ventaja a su equipo con un gol peculiar
Con un rebote en su parte posterior, Cristiano Ronaldo puso el 2 a 1 de Al-Nassr sobre Al Ettifaq.
Las probabilidades de llegar a los 1.000 en 2026
El próximo año será pesado. No solo por lo que tendrá que competir con Al Nassr, sino también porque se viene el Mundial. Ahora bien, en 2025, Cristiano llegó a 41 goles en 46 partidos jugados. Una bestia. Y si sigue, más o menos, en ese promedio, quedará ahí nomás de llegar.
Pero ojo, porque la Copa del Mundo no solo será una prueba en lo futbolístico, sino también que le da más posibilidades para llegar al récord. Es que, con Portugal (a menos que suceda algo y no vaya) tendrá la chance de disputar hasta ocho partidos más de los que juega en un año común. Esto, siempre y cuando los lusos lleguen a la final. Por lo menos, los tres de la fase de grupos los tiene asegurados.
La racha que no mantuvo Cristiano en 2025
Dentro de las variadas marcas con las que se lo relacionó -y las que alcanzó- desde su debut profesionnal, hay una que no logró mantener en 2025: convertir un hat-trick. Desde el 2010 hasta el 2024, de forma ininterrumpida, metió tres goles en un mismo partido de la temporada. Y este año, a pesar de sus 41 gritos, no lo logró.

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Cristiano Ronaldo
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¡Al puro estilo Stranger Things! Santos renueva a Neymar hasta diciembre de 2026

Hay Neymar Jr. para rato. En vísperas de año nuevo, Santos anunció, al puro estilo Stranger Things, la renovación del brasileño hasta diciembre de 2026. «Es aquí en donde quiero realizar los sueños que faltan en mi carrera», afirmó el ex de Barça y PSG en un emotivo video publicado por el Peixe en sus redes sociales.
«Llegó la hora», indicó el vídeo, con el sonido del reloj de Vecna, villano de una serie que, llegó a su fin con el estreno del último capítulo. Tras varios días de gestiones y de especulaciones, la renovación fue anunciada precisamente el día en que vencía el contrato por el que Neymar regresó a Brasil.
Aún en recuperación de una nueva operación de la rodilla izquierda a la que se sometió este mes, el atacante espera recuperar las condiciones que lo convirtieron en una estrella para tener la oportunidad de ser convocado con la ‘Canarinha’ para disputar el Mundial de 2026.
«Es mi casa, mi vida»
Por el momento, Carlo Ancelotti, no ha contado con él desde que asumió las riendas de la selección y ha dejado claro que exigirá que todos los jugadores de la ‘Canarinha’ que disputarán el Mundial estén en el 100 % de sus condiciones físicas.
«Tomé una decisión y escuché a mi corazón. Santos no es solo mi equipo. Es mi casa, mis raíces, mi historia y mi vida. Aquí fui un chico que se convirtió en un hombre y soy amado de verdad. Aquí puedo ser yo mismo, feliz de verdad», aseguró Neymar en el vídeo en que confirmó la renovación.
Neymar, ‘hat trick’ contra el Juventude / ‘X’
«Y es aquí que quiero realizar los sueños que faltan en mi carrera, y nada va a detenerme», agregó. «Yo me fui, pero volví y me quedo», resumió Ney en la publicación.
Neymar comenzó su carrera profesional con el Santos y regresó al club en enero pasado, tras doce años en el exterior y un frustrante paso por el Al-Hilal saudí en el que estuvo más tiempo de baja por lesiones y operaciones que activo.
Decisivo
Tras su regreso, el atacante disputó 28 partidos con el Santos (23 iniciando como titular), en los que anotó 11 goles y ofreció cuatro asistencias.
Pese a las seguidas lesiones, Neymar fue decisivo en las últimas jornadas del Brasileirão y determinante para que el Santos no volviera a caer a la segunda división.
Neymar se emociona tras clasificar a Brasil para la Copa Sudamericana / @SantosFC
El Santos aún no ha informado cuánto tiempo el delantero estará de baja por su nueva cirugía en el menisco de la rodilla izquierda, pero pretende aprovecharlo lo más rápido posible en una temporada en que disputará el Brasileirão, la Copa do Brasil, la Copa Sudamericana y el Campeonato Paulista.
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¿Y si acaba de empezar el último año de Messi con la camiseta de la Selección?

Sé lo que hicieron el 13 de diciembre de 2022. Sé que fueron felices, que algunos de los que están acá leyendo esto se levantaron del sillón mientras Julián Álvarez se llevaba la pelota por delante hasta meterla en el arco croata como si corrieran con él. Que los que no se levantaron durante la corrida se levantaron después, para festejar el segundo de los tres goles argentinos de esa semifinal.
Sé que algunos salieron a la calle a festejar y otros, “los más cautos”, que en nuestro idioma quiere decir los más cabuleros, se quedaron en casa para no quemar nada hasta la Final. Sé que, si cierran los ojos, pueden recordar a la perfección la máscara de Batman que vestía Gvardiol, el maravilloso defensor croata que se descaderó por culpa del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos.
Pero también sé que en medio de esa felicidad, de esa euforia, de ese agrande argentino que ya venía ensanchándose desde el Topo Gigio y el “qué mirás bobo”, sintieron terror. Sé que vieron a Messi agarrarse el aductor y se aterrorizaron. Que tuvieron un instante de parálisis y un instante inmediatamente posterior de pánico absoluto. Que se encomendaron a eso en lo que cada uno de ustedes cree, incluso los que creen que no creen, y que rogaron que la molestia pasara en el entretiempo.
Sé que estuvieron atentos a lo que dijeran el comentarista y quien estuviera cubriendo el banco de suplentes de la Selección sobre ese agarre de ese aductor de esa pierna que es la varita mágica de un país entero. Y que cuando Messi, a la espera de que empezara el segundo tiempo, se volvió a masajear el aductor, vieron el sueño derrumbarse.

Pensaron, incluso, que si Argentina era campeón pero un desgarro sacaba a Messi de la cancha, todo habría sido en vano. Duró uno, dos o diez segundos, pero sé que se sintieron encerrados en una pesadilla del destino. Lo sé porque el 13 de diciembre de 2022 yo hice lo mismo que todos ustedes.
Y eso incluyó, durante un entretiempo y los primeros instantes del segundo tiempo ante Croacia, sentir que tal vez habíamos asistido a los últimos minutos de Lionel Andrés Messi en la cancha con la camiseta de la Selección. Esa vida que llevamos viviendo hace veinte años como si fuera normal. Como si no fuera un milagro. Esa vida que está a punto de terminarse, para él y para nosotros, pero a la que le queda su Last Dance en el Mundial 2026.
Los finales, en general, son o inesperados o más o menos previsibles. O se te cae un piano en la cabeza, el famoso piano en la cabeza que nunca se le cayó a nadie que conozcamos, o te morís de viejo, o de una enfermedad larga y dolorosa que, digamos todo, da tiempo para decir adiós. O te separás tirando la ropa del otro por la ventana o la pareja se deshoja como una margarita hasta que el menos cobarde dice “hasta acá”.
La carrera de un futbolista se puede terminar la última vez que se rompe los ligamentos cruzados y entonces un médico confirma que esa rodilla no da más, o te retirás a los treinta y largos, cuarenta y piquito incluso. Te sacan antes del minuto noventa, te ovacionan, ves tu carrera pasar delante de tus ojos, aplaudís con los brazos en alto y te vas definitivamente de la vida que viven los futbolistas profesionales.

El final de Messi se acerca y, como casi todo en su vida, asoma extraordinario. Ni nos vamos a tirar platos por la cabeza ni se está deshojando nuestro amor. Eso es lo más dramático: seguimos completamente enamorados. Pero en algún momento el tipo va a tener que decir basta o va a querer decir basta, y nosotros vamos a hacer lo que podamos con la noticia porque sigue siendo hermoso verlo jugar.
Sigue siendo hipnótico ver cómo compensó la velocidad y la explosión que fue perdiendo con una capacidad infalible de estar parado siempre en el mejor lugar de la cancha y con unas asistencias inexplicables para la física. Sé lo que están haciendo ahora: están pensando por enésima vez por dónde pasó la pelota que Messi le dio a Molina en el partido contra Holanda.
Pero sigo con lo nuestro. Como el final de Messi con la camiseta de la Selección se acerca, mi consejo es que compren carilinas. Que se stockeen. Que ahora mismo no es el Bitcoin ni las latas de atún: son las carilinas.
Aprovechen, incluso, esta temporada baja de resfríos y de alergia a los plátanos para hacerse de una buena cantidad de pañuelitos de papel. Compren en el vagón del tren o del subte, o a quien se los ofrezca en un semáforo. Aprovechen el próximo CyberAlgo no para comprar un televisor o pasajes a Río de Janeiro: compren carilinas.

Si una tía incluyó un paquete en un regalo navideño que también trajo colonia y un par de medias, no maldigan. Agradezcan y almacenen. Las van a necesitar. Van a poder, incluso, convidarlas y que eso sea leído como un gesto de total camaradería en medio de la angustia. Suena ridículo pero tener carilinas los va a hacer quedar bien con conocidos y desconocidos el día que este país llore todo al mismo tiempo.
No sabemos cuándo será ese día, el último partido profesional de Lionel Messi en la Selección. ¿Será durante el Mundial tripartito que también jugarán Curazao, Cabo Verde y Uzbekistán? Y si lo fuera, no sabremos cuál será el último partido hasta que Argentina lo esté jugando.
Esa es la magia de los Mundiales: nunca sabés que estás jugando tu último partido hasta que ese partido termina, excepto que estés jugando la Final, y entonces las carilinas, por ganar todo o por perder todo, serán un objeto de primera necesidad.
No sabemos cuándo será el día pero imagínense. Messi con los brazos en alto. Llorando porque ganó o llorando porque no ganó. Secándose las lágrimas, sorbiéndose los mocos, arrodillado, haciéndole una vez más una seña de agradecimiento a la abuela que lo mira desde el cielo.

Abrazando a sus compañeros, a Scaloni, tirándoles besos a Antonela, a Thiago, a Mateo, a Ciro, a Celia, saludando a los miles de hinchas argentinos que haya en la cancha, diciéndoles algo por televisión a los millones de argentinos que estemos en casa, algo como que el fútbol lo hizo muy feliz, que la Selección lo hizo muy feliz, que ahora es tiempo de descansar. Y llora y sonríe, y no mira demasiado a cámara porque todavía se pone nervioso, y se va para nunca más volver. Se va y se lleva con él un pedazo de cada uno de nosotros. ¿Alguien necesita una carilina ahora?
Me lo dijo una gitana. No, perdón. Me lo dijo una psiquiatra. “Lo más difícil de un duelo no es perder a la persona que perdemos, sino perder lo que se va de nosotros cuando se va esa persona”.
No los quiero deprimir, pero prepárense. Porque el día que Messi se vaya del todo, sea en el Mundial 2026, o en el 2030, o cuando él quiera, una parte de nosotros también se va a ir. La parte nuestra que empezó a maravillarse hace dos décadas y que todavía no puede creer lo que tiene delante de sus ojos.
Se nos van a ir los minutos que dedicamos a mirar cada uno de sus nuevos partidos, o los resúmenes de sus partidos, o lo que haya pasado en el entrenamiento. Se nos va a lacrar el pedacito de cerebro y el pedacito de corazón que tenemos exclusivamente reservado a sorprendernos cuando Messi hace algo que no creíamos que alguien podía hacer.
Se nos va a ir esa sensación de confianza y de entusiasmo turbo que nos agarra cuando se para delante de un tiro libre, y esa mezcla inexplicable de total seguridad y de cornisa ante la desgracia que vivimos cuando creemos que va a meter un penal decisivo pero tememos que lo erre y que la foto de él agarrándose la cabeza recorra el mundo.
Se nos va a morir la posibilidad de que el Messi futbolista nos cree nuevos recuerdos. No veremos en la cancha esas piernas, esos ojos atentos que encuentran un agujero donde todos los demás ven una pared, ese espíritu de capitán que le construyó el tiempo.
Se nos va a ir el alivio que nos daba en la primaria ganar el pan y queso porque entonces sabíamos que el mejor iba a estar en nuestro equipo. Nos vamos a mudar a la incertidumbre de quién nos va a hacer sentir algo parecido. O algo peor: no vamos a saber si alguien alguna vez nos va a hacer sentir así de nuevo.
Vamos a quedar huérfanos. No sabemos cuándo pero sabemos que vamos a quedar huérfanos. Y en ese vértigo estamos viviendo.
Les dije que almacenen carilinas y que se les va a morir una parte suya. Pum para arriba. Pero, les juro, no los quiero deprimir. Antes de las carilinas nos quedan algunos amistosos, la Finalíssima y, si todo sale recontra bien, ocho partidos en este nuevo formato de Mundial que debutará en junio, trece días antes de que nuestro capitán cumpla 39 años.
Nos queda un poco más del Messi que en la Copa América 2021 empezó a sacarse la mufa de encima, que ya ganó el Mundial que se le había negado las cuatro primeras veces y que ahora juega con la liviandad, con la seguridad y con la alegría de haber podido mirar a su mujer, sus hijos y su mamá para decirles de una vez ese “ya está” definitivo.

Nos queda más del Messi que se ríe más que antes con los compañeros y se pelea más que antes con los rivales y con los árbitros. De ese Messi que ya ganó todo y que ya es el hombre que más partidos de Copa del Mundo jugó, pero que quiere un poco más porque Messi es, todos los minutos de su vida, un tipo que le saca una ventajita a su hijo del medio para ganarle una ronda al “Uno”.
Nos queda un rato más del Messi que hizo puchero y revoleó un botín cuando tuvo que salir de la cancha en la final de la Copa América contra Colombia porque se le terminó el partido antes de tiempo, y porque su cuerpo, cada tanto, le avisa “mirá que va quedando cada vez menos”. Ese Messi que sabe que queda poco tiempo y que sigue muerto de hambre.
Así que bailemos, que queda poco pero la fiesta todavía no terminó y no va terminar hasta que apaguen la música y prendan las luces. Y ojalá cuando las prendan tengamos las carilinas a mano.
Middle East,LUSAIL
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