INTERNACIONAL
Gabriel Rolón y el día en que un paciente le dijo “Nunca te pasa nada” mientras él estaba roto por dentro

Después de sus Historias de diván, después de hablarnos del amor, del duelo, de la pasión, el psicoanalista argentino Gabriel Rolón se mete con un tema difícil y necesario: la soledad. En este ensayo, que acaba de salir a la venta, se apoya en el psicoanálisis pero también en la filosofía y en el arte. Y así, el autor analiza el aislamiento, desafía las convicciones generalizadas sobre la compañía y el bienestar e invita a considerar la soledad como un tránsito necesario, más que como una condición de la que hay que huir.

La soledad
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En el el prólogo, que aquí presentamos en exclusiva, cuenta un episodio personal que conmueve: la muerte de su padre. Y, un poco, revela lo que siente un psicoanalista cuando lo tocan las palabras de un paciente.
“Solo…
Increíblemente solo.
Enrique Santos Discépolo
28 de octubre de 1998
18.15 h
Julián está en el diván.
Me llega su discurso agotado de una cotidianeidad a la que no le encuentra sentido. Se queja de la incomprensión de su pareja, la rebeldía de su hijo y la falta de reconocimiento en el trabajo. En un momento proyecta ese enojo sobre mí. Así es el vínculo analítico. Alienta a que el paciente le transfiera al terapeuta emociones que son generadas en otras circunstancias, con otras personas.
–No sé por qué te estoy contando esto. ¿Cómo vas a entenderme si a vos nunca te pasa nada?
No respondo.
Él no sabe que, hace seis horas, dejé el cuerpo de mi padre para que sea cremado.
En ese instante experimentaba la más inmensa soledad. Una soledad que no conocía. Cuando muere alguien indispensable no alcanza el amor de los que quedan.

Mi padre no tenía derecho a morirse. En todo caso, era muy pronto para que ejerciera ese derecho. Tenía que quedarse. No debía darse por vencido. Era mi sostén, mi orgullo. Y yo lo necesitaba fuerte. Tanto, que no fui capaz de ver su debilidad ni sus temores. Me olvidé de su infancia solitaria en el orfanato. De sus noches desoladas sin hablar. De sus llantos tapados por el humo de los cigarrillos. De sus infartos.»
El 27 de octubre de 1998, a las 10 de la mañana, tuve sesión con mi analista. Lloré mucho. Con un hilo de voz le dije: “Mi padre se muere hoy. No puede hablar, no me escucha, no se ríe… no está más. Y no puedo creer que ya no esté”.
Me desgarré al poner en palabras que ya no tenía papá.
No imaginaba la vida sin él.
Y recordé los versos de Eladia Blázquez:
Qué largo sin vos será el camino.
Yo tenía 37 años. ¿Cómo iba a hacer para vivir los años que quedaran sin él? No soportaba la soledad desprotegida de quien pierde su referente, la persona que puede ponernos una mano en el hombro, que nos frena, que nos estimula, que nos reprende, que nos abraza. Que nos ama a pesar de todo.
Aquel día, al salir de la sesión fui al sanatorio. Mi padre agonizaba.
El médico dijo que ya no quedaba más por hacer.

Estaba equivocado. Había mucho por delante: una batalla dolorosa antes de ponerme de pie luego de una pérdida tan grande. El duelo apenas se dejaba intuir.
Volví al cuarto. Mi padre dio sus últimos suspiros, dejó de respirar, y se murió. Y me dejó solo. Como si yo no importara.
Cuando los muertos queridos nos abandonan parece que no le importamos a nadie.
Me quedé a su lado un buen rato.
Y aparecieron algunas imágenes.
Lo vi subiéndome a un caballo con una sonrisa. Lo vi sentado en la tranquera mientras conversábamos. Lo vi llegar con la guitarra vieja envuelta en papel madera, apoyando como podía mis ganas de ser músico. Lo vi llorar cuando abracé mi primera pelota de cuero, y llevarme en andas por el potrero luego de atajar un penal. Lo vi entrar a casa con una palmerita rociada de coco como hacía las tardes en que cobraba el sueldo. Y recorrer los seiscientos kilómetros que nos separaban cuando jugué mis ansias de cantor en un pueblo alejado de Buenos Aires. Escuché sus consejos y sus retos. Lo recordé abrazando mi soledad, empujándome para que no desistiera de mis deseos cuando me detuvo el miedo.
–No me molesta tener un hijo que fracasó mucho. Pero no me gustaría tener un hijo que renuncie a sus sueños por temor al fracaso.
Lo vi cuidar a mi madre y a mi hermana. También lo vi envejecer antes de tiempo y enfermarse.
En La peste, Albert Camus dijo que un enfermo necesita soledad.
Imagínese entonces al que está en trance de morir como capturado en una trampa, rodeado por cientos de paredes crepitantes de calor, en el mismo momento en que toda una población, al teléfono o en los cafés, habla de letras de cambio, de conocimientos, de descuentos.
Así fue. La vida seguía andando mientras mi padre se iba muriendo.
Y ahora lo veía ahí. En el silencio eterno. En esa soledad sin lugar para el amor y las palabras.
Hasta que llegaron ellos. Esos extraños que hoy tenían derecho sobre su cuerpo. Me sacaron de la habitación y se lo llevaron. Apenas pude despedirlo con un beso.
Y regresé a mi casa con una sensación rara.
El mundo ya no era como antes. Era un mundo nuevo. Un mundo sin papá.
Y como si algo en mi mente hubiera entendido que necesitaba alivio, apareció la música y me trajo otros versos, ahora de Alfredo Lepera:
Y mientras en la calle, en loca algarabía,
el carnaval del mundo gozaba y se reía,
burlándose el destino me robó su amor.
Aquel día aprendí que el destino siempre se burla.
Y me fui caminando por ese mundo nuevo.
Y me sentí solo.
Las personas con las que me cruzaba ignoraban mi tragedia. De algún modo, todos caminamos ignorantes del sufrimiento ajeno.
El velorio duró toda la noche. Intenté contener la angustia de mi familia. Recién cuando todos se fueron me permití el dolor. Un dolor intenso, necesario para la despedida. Lloré junto al cajón. Vi en la cara de mi padre muerto que ya no había registro de mí. Y supe que estaba frente a la más hiriente de las soledades. El momento en que el otro del amor ya no nos reconoce. Ya no nos ama.

Sentí que no quería estar cuando cerraran el ataúd, que no iba a tolerar el instante en que me quedara para siempre solo de él.
Le pregunté al hermano de mi padre si podía acompañarlo al cementerio. Dijo que sí. Y me fui. Y lo dejé solo. A ese hombre que había sufrido durante nueve años la soledad del orfanato, lo dejé solo una vez más. Y supe de inmediato que estaría solo para siempre.
Y entendí a Bécquer:
Dios mío, qué solos se quedan los muertos.
En algún momento todos pensamos acerca de la muerte, y tal vez la soledad sea la profecía que tanto angustia.
En el libro Eva y Juan, su autora, Cynthia Wila, escribió:
…a los muertos ya nadie los abraza.
Mientras escribo recuerdo las palabras de Octavio Paz:
Nacer y morir son experiencias de soledad. Nacemos solos y morimos solos. Nada tan grave como esa primera inmersión en la soledad que es el nacer, si no es esa otra caída en lo desconocido que es el morir. La vivencia de la muerte se transforma pronto en conciencia del morir. Los niños y los hombres primitivos no creen en la muerte; mejor dicho, no saben que la muerte existe, aunque ella trabaje secretamente en su interior. Su descubrimiento nunca es tardío para el hombre civilizado, pues todo nos avisa y previene que hemos de morir. Nuestras vidas son un diario aprendizaje de la muerte. Más que a vivir se nos enseña a morir. Y se nos enseña mal.
Habitamos un breve espacio de existencia entre dos enormes inexistencias. Nada éramos antes de nacer. Nada seremos después de morir. Algo en nosotros lo sabe. Con ese saber no sabido de lo Inconsciente, la pulsión de muerte nos insta a volver a ese estado anterior a la vida. Atenta contra nuestros deseos, nuestros amores. Y en silencio nos empuja hacia una soledad sin fin.

Octavio Paz lo intuyó:
¿Morir será volver allá, a la vida de antes de la vida? ¿Será vivir de nuevo esa vida prenatal en que reposo y movimiento, día y noche, tiempo y eternidad, dejan de oponerse? ¿Morir será dejar de ser y, definitivamente, estar? ¿Quizá la muerte sea la vida verdadera? ¿Quizá nacer sea morir y morir, nacer? Nada sabemos. Mas, aunque nada sabemos, todo nuestro ser aspira a escapar de estos contrarios que nos desgarran.
El miedo a la muerte es, antes que nada, miedo a la soledad.
Miedo a ese tiempo inextinguible en que nadie podrá acompañarnos. Porque morir es un acto solitario.
Aquel día de octubre mi padre regresó a esa inexistencia en que ya nadie volvería a abrazarlo. Estaba solo para siempre.
Y yo también.
Para evitar el vacío me negué a suspender el consultorio. O simplemente, negué. Y a la hora exacta en que cremaban a mi padre, atendía al primero de mis pacientes.
Hoy soy un hombre solitario.
Me habitan todas las soledades. La soledad del analista, la del escritor, la del enamorado, la del hablante, la de quien sabe que va a morir. Estoy tan solo como cada uno de los humanos de este mundo. Tan solo como ustedes. En una soledad que aterra. Que a veces es refugio y a veces exilio.
La soledad es la única compañía que no nos abandona.
Y aquí estamos. Otra vez.
Un escritor y un lector solitarios que deciden encontrarse para compartir pensamientos que serán incómodos. Todas las cosas importantes lo son, porque siempre es incómoda la vida de quien decide no mentirse más.
INTERNACIONAL
US assets in Middle East positioned for ‘highly kinetic’ war, ex-Pentagon official warns

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The U.S. is in position for a «highly kinetic» campaign against Iran after launching one of its largest recent military buildups in the Middle East, a former senior Pentagon official has claimed.
Dana Stroul, now research director at The Washington Institute for Near East Policy, made the assessment Sunday as Washington and Tehran prepare for a second round of indirect nuclear talks in Oman.
«The US military is ready for a sustained, highly kinetic campaign should President Trump order it, and also prepared to defend allies and partners in the Middle East from Iran’s missiles,» Stroul told Fox News Digital.
«The US military can rapidly reposition assets from all over the world and deploy overwhelmingly lethal force in a short period of time to one theater,» she said before highlighting how there is «no ally or enemy capable of what we have seen from the US in this current buildup.»
PRESIDENT TRUMP’S IRAN BUILDUP MIRRORS 2003 IRAQ WAR SCALE AS TENSIONS ESCALATE
The world’s largest warship, U.S. aircraft carrier USS Gerald R. Ford, on its way out of the Oslofjord at Nesodden and Bygdoy, Norway, September 17, 2025. (NTB/Lise Aserud via Reuters)
Describing how the current posture differs from the June 2025 strikes on Iranian-linked nuclear targets, Stroul said the U.S. has expanded its offensive and defensive capabilities.
«Two US aircraft carriers and their accompanying vessels and air wings were stationed in the Middle East last summer during the 12-day war and the US operation Midnight Hammer,» she explained.
«The addition of the Ford is really important, it expands US offensive capabilities if we go to war with Iran,» she said.
While in June 2025, the US carried out limited but highly targeted strikes against Iranian nuclear infrastructure to degrade key facilities without triggering a regional war, now, Stroul said the force posture is broader and more sustained.
The US has also «increased the number of guided-missile destroyers, fighter aircraft, refuelers, and air defense systems» in the region, she explained.
TRUMP SAYS IRAN HAS 15 DAYS TO REACH A DEAL OR FACE ‘UNFORTUNATE’ OUTCOME

An F/A-18F Super Hornet, assigned to Strike Fighter Squadron (VFA) 41, prepares to make an arrested landing on the flight deck of the USS Abraham Lincoln in the Pacific Ocean on Aug. 10, 2024. (U.S. Navy/Mass Communication Specialist Seaman Apprentice Daniel Kimmelman/Reuters)
The deployment of aircraft carriers such as the USS Gerald R. Ford and USS Abraham Lincoln has assumed heightened strategic importance.
The USS Gerald R. Ford was recently tracked transiting the Strait of Gibraltar eastward, while the USS Abraham Lincoln is operating in the Arabian Sea.
«They will both be in the Middle East CENTCOM theater,» Stroul explained before clarifying that there could be «one in the eastern Mediterranean and the other in the Arabian Gulf.»
«There would probably be a combination of reasons for that based on availability, readiness, proximity to the Middle East.
«The Ford was heading home and directed to turn around,» she added.
While the specific destinations of the carriers have not been publicly disclosed for operational security reasons, their presence alone signals escalatory leverage and deterrence.
WITKOFF WARNS IRAN IS ‘A WEEK AWAY’ FROM ‘BOMB-MAKING MATERIAL’ AS TRUMP WEIGHS ACTION

Omani Foreign Minister Sayyid Badr Hamad Al Busaidi, US President Donald Trump’s Special Representative for the Middle East, Steve Witkoff and U.S. negotiator Jared Kushner meet ahead of the US-Iran talks, in Muscat, the capital of Oman, on February 06, 2026. (f Oman, on FebruarOman Foreign Ministry/Anadolu via Getty Images)
The military buildup comes as indirect diplomatic talks between Washington and Tehran continue, with Oman once again serving as a mediator Feb. 26.
Stroul argued that Iran’s leadership is trying to balance brinkmanship with negotiation.
«Iran’s leaders are playing a weak hand by combining saber-rattling about their own capabilities, staging preparations and exercises to signal readiness,» she claimed.
«They are attempting to slow this down by pursuing negotiations. No one should be under any illusions about the reality of US dominance — Iran is completely outmatched in conventional terms,» Stroul said.
BUILT FOR WEEKS OF WAR: INSIDE THE FIREPOWER THE US HAS POSITIONED IN THE MIDDLE EAST

Armed NOPO special police units are on the scene as Iranians take to the streets in the downtown Enghelab (Revolution) Square in Tehran, Iran on June 24, 2025, to celebrate the ceasefire after a 12-day war with Israel. (NEGAR/Middle East Images/AFP via Getty Images)
«Israel dominated Iranian airspace in one day last year, targeted many of Iran’s security leaders, took out half of its missile arsenal, and the US significantly set back its nuclear program,» Stroul said.
Iran’s long-cultivated network of proxies across the region — including Hezbollah, Shiite militias in Iraq, and elements in Syria — has also been weakened after sustained Israeli military pressure.
«Iran’s long-cultivated network of proxies across the region is degraded after more than two years of Israeli operations, and they declined to enter the war and support Iran’s defense last summer,» Stroul explained.
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«No matter what Iran’s leaders say, Iran is not able to rebuild a decades-long project in a few months.»
«That said, the US military is in a position to execute whatever orders President Trump gives,» she said. «It is not a question of military readiness, but a political decision.»
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INTERNACIONAL
¿Cuál es el argumento para creer en Dios?

La larga y sinuosa ruta de Christopher Beha desde un ateísmo bien fundamentado hasta una fe cristiana aún más cultivada comienza con una imagen poderosa: un ángel se le aparece. No es Clarence, el atolondrado amigo de Jimmy Stewart en ¡Qué bello es vivir!, sino una aparición exigente y persistente.
En su profunda reflexión sobre la fe y la filosofía, Why I Am Not an Atheist (Por qué no soy ateo), explica que el espíritu le dijo que confiara en Dios. “Esto no fue un sueño”, escribe sobre la primera visita, ocurrida a mediados de los años noventa, cuando tenía 15 años. “Estaba despierto —tan seguro de eso como de que ahora estoy despierto mientras escribo estas palabras— y una presencia aterradora se comunicaba conmigo”.
Las visitas continuaron durante años. Beha creció en una familia católica y amante de los libros en el Upper East Side de Nueva York, que lo envió a Princeton. Fue editor de Harper’s Magazine y es autor de cuatro libros anteriores, cuyos temas abarcan desde novelas sobre complicaciones emocionales hasta un repaso por los clásicos, mostrando así su versatilidad literaria.

Unos años después de que el imperioso querubín le indicara que debía acercarse a Dios, Beha comprendió que todo podía explicarse desde la ciencia. Había experimentado parálisis del sueño, un estado en el que permanecía despierto pero inmovilizado, acompañado de alucinaciones.
“Había sufrido un padecimiento físico bastante común y, en vez de buscar una causa racional, me refugié en la superstición”, escribe. “En realidad me había convencido de que Dios me enviaba un mensaje”.
Como alguien que también presenció algo inexplicable (una santa fallecida que abrió los ojos en una cripta en Italia), me resultaba más atractivo el Beha adolescente, colmado de asombro religioso. Pero al final del libro, regresa al ángel con una visión ampliada. Fue a la vez un milagro y algo real. “Sé lo que ‘causó’ esas visitas, desde un punto de vista material, pero también sé lo que provocaron después: un viaje de toda la vida en el que todavía sigo”.
Entre esos extremos se despliegan varios cientos de páginas que componen ese trayecto, casi todas centradas en los filósofos mayoritariamente ateos del canon occidental. No es una peregrinación tradicional, sino una odisea intelectual. Beha debate con los grandes maestros: Descartes, Kant, Locke, Mill, Hobbes, Camus, Nietzsche y muchos más, pero empieza cuestionando a los “nuevos ateos” como Sam Harris, Richard Dawkins, Christopher Hitchens y similares, a quienes considera ya superados.

Hace algunos años, el periodista Michael Kinsley describió el libro de Hitchens God Is Not Great con una frase memorable: “Hitchens es un ateo de aldea a la antigua, parado en la plaza tratando de discutir con los buenos ciudadanos que van camino a la iglesia”.
Beha no es de los que lanzan piedras ni busca peleas. Tiene una devoción casi obsesiva por las grandes mentes. Es el tipo de persona que habrías querido como compañero de habitación antes de la era de la inteligencia artificial. O tal vez no. Ha leído todo y hasta escribió una memoria al respecto, The Whole Five Feet, en la que narra el año que dedicó a leer los 51 volúmenes de los Harvard Classics. Solo mirar esa lista agota a la mayoría.
Él escaló esa montaña para que otros no tuvieran que hacerlo. Pero, a veces, en su nuevo libro se pierde en las nubes. Un ejemplo, al tratar a Immanuel Kant, el filósofo alemán: “Kant aquí invoca dos binarios que ya hemos discutido. El primero es el que existe entre la verdad a priori y a posteriori; el segundo, entre análisis y síntesis”.
Beha es sincero, honesto y resulta agradable en la página. Su historia personal resulta más interesante que la intelectual. Empezó a dudar de su fe a los 18 años, tras casi perder a su hermano gemelo en un accidente de auto. Sufrió depresión y un cáncer que puso su vida en riesgo, abusó del alcohol y las drogas. Fue ateo durante mucho tiempo.

El libro es una larga réplica a “Why I Am Not a Christian”, el célebre ensayo del polímata británico Bertrand Russell, quien calificaba la creencia en Dios como “una concepción indigna de hombres libres”. Russell fue una de las figuras que empujaron a Beha a años de escepticismo comprometido.
No le resultaba suficiente el agnosticismo tibio de los espiritualmente errantes, una condición que el comediante católico Stephen Colbert comparó alguna vez con ser “un ateo sin agallas”. Beha se entregó por completo.
El argumento de Russell es conciso, refuta cada una de las razones principales a favor de la fe. El de Beha no lo es. Descompone la visión atea en dos categorías y dedica la mayor parte del libro a detallarlas e incluso simpatizar con ellas. Una es el “materialismo científico”, que sostiene que solo existe el mundo material. La otra es el “idealismo romántico”, que él define como la creación de la propia realidad.
Durante sus largos años en el desierto de la incredulidad, Beha intentó encajar en alguna de esas narrativas, buscando “hacer significativa una vida sin Dios”.

Al final, el ateísmo le resultó insuficiente, igual que a algunos revolucionarios franceses que transformaron brevemente la catedral de Notre-Dame en el árido Templo de la Razón. La religión de la no-religión puede parecerse a la cerveza sin alcohol: ¿para qué?
Beha no pretende convencer a quienes ya han renunciado a Dios. Solo quiere explicar qué lo llevó a regresar a la fe de sus padres, “escuchando la voz susurrante en el alma”. No hay una conversión fulminante, ninguna luz cegadora. Más bien, su vida, a menudo miserable, mejora con la mujer adecuada, una confesión católica, la asistencia regular a misa. Y esa mujer —“ella era la razón por la que creía en Dios”— ni siquiera es creyente. Es episcopaliana no practicante.
Si Beha no logra necesariamente ganar su debate con Russell, al menos hay que reconocerle que cumple la exigencia de los seres conscientes: reflexionar a fondo sobre el misterio de lo que somos en un universo incognoscible.
“No creo que alguna vez vea las cosas con claridad; no en esta vida mortal”, concluye. “Lo mejor que podemos esperar es estar mirando en la dirección correcta, orientados del modo adecuado”.
Fuente: The New York Times
INTERNACIONAL
Narcotráfico en México: seis carteles poderosos y 480.000 asesinatos en 20 años

1.- Cartel de Sinaloa:
2.- Cartel Jalisco Nueva Generación:
3.- Cartel del Golfo:
4.- Cartel del Noroeste:
5.- La Nueva Familia Michoacana:
6.- Carteles Unidos:
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