ECONOMIA
Dólar: tres gráficos clave que muestran la desconfianza de los inversores a pocos días de las elecciones

A solo días de las elecciones, la expectativa de una suba del tipo de cambio real y la persistencia de estrategias defensivas quedaron plasmadas en tres gráficos que refuerzan la prudencia de los inversores. Instrumentos como las Lecap, los bonos CER y los futuros de dólar anticipan ajustes en el mercado. La intervención oficial, aunque relevante, no logró contener la cautela, mientras el diseño de las bandas cambiarias agrega tensión según algunos análisis.
Un informe de MegaQM analiza el comportamiento del mercado a partir de los precios implícitos en varios instrumentos relevantes para inversores. La curva CER, las Lecap en pesos y los contratos futuros de dólar muestran “una corrección del tipo de cambio real, que está implícita en el spread que paga la curva CER”, según describe el informe. Con este spread, quienes asignan recursos a instrumentos atados a la inflación pueden sumar una cobertura adicional frente a un potencial movimiento cambiario, pero con horizontes distintos de acuerdo al activo seleccionado.

Una segunda señal clave surge de los precios de dólar futuro y de las Lecap, donde “los contratos de dólar futuro y el tipo de cambio implícito en las Lecap arrojan valores claramente por encima del techo de la banda”. Así, el mercado incorpora “una corrección del tipo de cambio real”, lo que habilita estrategias donde los inversores buscan “armar estrategias combinadas de alto valor” ante la proximidad del comicio y la sensibilidad cambiaria de estas jornadas. El gráfico de MegaQM releva una proyección ascendente tanto en Lecap como en los contratos CER, además de mostrar el desfase creciente frente al techo de la banda oficial.
En este entorno, la conducta de los inversores da cuenta de cómo reaccionan ante la volatilidad de tasas y el acortamiento de la brecha cambiaria. El informe de MegaQM advierte que “los flujos hacia la industria de fondos siguen siendo muy volátiles y dependen principalmente de la relación entre el rendimiento de los fondos de Money Market versus la tasa de caución a 1 día”. Cuando las tasas breves ofrecen mayores premios, “los inversores acortan su duration al máximo y se quedan en posiciones a 1 día”. El regreso a plazos más largos depende de un rebote en los rendimientos de los fondos de Money Market, situación que reordena los flujos dentro de los Fondos Comunes de Inversión. Al situar el análisis en el segmento en dólares, MegaQM afirma: “En el segmento de USD los flujos siguen siendo fuertemente positivos. Los inversores están dolarizados y buscan rendimientos con poca volatilidad en ese segmento”.
La inminencia de la cita electoral intensifica las apuestas de cobertura. MegaQM lo resume: “La mirada el próximo lunes estará puesta en entender cómo queda el armado político de cara a los próximos dos años y en función de eso qué margen hay para avanzar en los cambios estructurales que se necesitan para viabilizar el esquema económico”. El informe sugiere mantener coberturas calibradas: “Para las últimas ruedas vemos valor en tomar coberturas de acuerdo a las necesidades puntuales de cada inversor. Hay valor tanto en los activos Dollar Linked como en los activos CER. Ambos incluyen una corrección del tipo de cambio real y brindan cobertura para ese escenario”.

A este diagnóstico, se suman los argumentos sobre el papel de la intervención oficial, desarrollados en el último informe de Cohen. Durante la semana, la figura de Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, quedó en el centro por su operativo de asistencia. El mercado local atravesó “una semana de fuerte tensión y con resultado negativo para los bonos y acciones, mientras el tipo de cambio se ubicó nuevamente cerca del techo de la banda en un contexto en el que las tasas de interés volvieron a dispararse”, según el análisis de Cohen. La actuación del Tesoro norteamericano aportó cierto respiro: “Las intervenciones del Tesoro norteamericano y los anuncios de un eventual paquete de asistencia por USD 20.000 millones aportaron algo de calma, aunque la falta de precisiones volvió a reflejarse en la dinámica de los activos”. La presión cambiaria superó ese intento de contención, porque “la escasa oferta y la continua demanda pudieron más que los dólares de Bessent, afectando al tipo de cambio”. Frente a las dudas sobre el alcance del respaldo político y financiero, el informe de Cohen agrega: “El mercado comienza a mostrar cautela ante la falta de precisiones concretas y la demora en la implementación de las medidas anunciadas”.
Sobre las variables estructurales que determinan la situación de fondo, Cohen aporta un dato relevante: “El dólar retomó la presión alcista. El tipo de cambio oficial mostró elevada volatilidad a lo largo de la semana: tras caídas de más del 7% al inicio, volvió la presión alcista hacia el cierre y finalizó en $1.439,5 –a solo $50 del techo de la banda–, lo que implicó una baja semanal de 0,8%”. La reacción oficial incluyó ventas del Tesoro estadounidense y la oferta del agro se mantuvo limitada; mientras tanto, “los dólares financieros subieron 6,5% el MEP y 7% el CCL, cerrando en $1.532,24 y $1.544,28, respectivamente, y ampliando la brecha hasta 6%-7%”.
El informe de Cohen detalla que la operatoria en futuros mostró un crecimiento de la demanda de cobertura: “La mayor demanda de cobertura se reflejó en los contratos de dólar futuro, que registraron una suba promedio de 0,4% y se mantienen por encima del techo de la banda a partir del de noviembre –que se negoció a $1.539,5, casi $30 por encima de la banda superior–”. En ese contexto, la curva de futuros descuenta “una devaluación implícita promedio de 4% mensual en noviembre, 3,1% en diciembre, 2,3% entre diciembre y abril, y 1,8% para el resto de los plazos”.
En paralelo, el informe de Cohen introduce la reacción del Tesoro nacional. Para enfrentar vencimientos en el mercado de pesos, “el Tesoro liberó cerca de $2 billones de sus depósitos en el BCRA, aportando liquidez en un contexto de fuertes tensiones en el mercado monetario”. Los instrumentos dollar-linked fueron el eje de la colocación, validando tasas implícitas de devaluación de más del 10% para algunos tramos. En la última semana, los bonos dollar-linked subieron 4,9% y ya operan con spreads negativos, mientras descuentan “una devaluación implícita directa de 8,9% (4,5% mensual) a diciembre de este año y de 27% (3,7% mensual) a abril de 2026”.

La tercera perspectiva relevante se observa en el análisis publicado por Aurum Valores, centrado en la evolución de las bandas cambiarias. El informe recoge el anuncio de Quirno, secretario de Finanzas, respecto de avances en una operación de “deuda por educación”. Pero el foco recae sobre el diseño oficial de las bandas de flotación cambiaria y cómo ese esquema, al ajustarse por tipo de cambio real, desplaza los incentivos de cobertura. Según Aurum, “una de las razones por las que el USD se acerca al techo de la banda tiene que ver con el diseño de las mismas que implicó una apreciación real desde que se lanzaron”. El análisis aporta el siguiente cálculo: “A precios de hoy la banda superior se redujo en unos $100, lo mismo que subió el tipo de cambio medido de la misma manera. En consecuencia el gap hasta el techo de la banda que comenzó siendo del orden del 15% ahora es menos del 5%”.
El gráfico de Aurum muestra que la “brecha vs banda superior” recortó su margen en los últimos meses, acompañando la apreciación real del peso. Así, los incentivos a buscar coberturas frente a eventuales saltos del tipo de cambio se potenciaron al desplazarse la banda superior en sentido descendente cuando se mide en términos reales, lo que contrasta con el avance del tipo de cambio contado en el mismo período.
Con los tres gráficos, el mercado relevó referencias claras de las expectativas sobre el tipo de cambio, la efectividad de la intervención oficial y el impacto del diseño de las bandas cambiarias en la dinámica de la brecha. El seguimiento de los días posteriores a las elecciones reflejará cómo los protagonistas del mercado adaptan sus estrategias a la nueva configuración política y económica.
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ECONOMIA
Chau al bono de Comercio: hasta cuándo se cobra y qué pasará con los sueldos

FAECYS confirmó que el bono no remunerativo de $100.000 finaliza, pero se sumará al salario básico. Cómo quedan las escalas del sector en marzo de 2026
23/02/2026 – 22:32hs
El escenario salarial para los empleados de comercio, el gremio más numeroso de la Argentina, se prepara para un cambio estructural de cara al cierre del primer trimestre del año. Tras los acuerdos alcanzados entre la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS), liderada por Armando Cavalieri, y las cámaras empresarias del sector, se definió el destino de la suma fija que venía funcionando como un alivio ante la inflación. Este esquema, que marcó el inicio del 2026, tiene los días contados en su formato actual y obligará a los trabajadores a prestar especial atención a sus próximos recibos de sueldo.
La medida impacta de lleno en las planillas de liquidación de miles de administrativos, cajeros, vendedores y personal auxiliar en todo el país. Si bien la noticia del fin del bono puede generar una lógica preocupación inicial, los detalles del convenio colectivo aclaran que no se trata de una pérdida del poder adquisitivo, sino de una transformación técnica en la composición del salario. El objetivo de las cámaras y el sindicato es normalizar las escalas para que todos los conceptos formen parte del sueldo básico hacia el segundo trimestre del año.
Hasta cuándo se paga el bono de $100.000 y qué pasa en abril
El cronograma de pagos estipulado establece que el bono extraordinario de $100.000 no remunerativo se mantendrá vigente durante los meses de enero, febrero y marzo de 2026. Esto significa que los trabajadores verán reflejada esta suma por última vez como un ítem separado en el cobro que percibirán en los primeros días de abril. A partir de allí, el esquema cambia drásticamente: desde el mes de abril, ese monto de $100.000 dejará de ser una «suma fija» para ser absorbido definitivamente por el salario básico de cada categoría.
Esta integración al básico es un reclamo histórico de los gremios, ya que permite que ese dinero comience a computar para otros adicionales legales. Al formar parte del sueldo remunerativo, el monto impactará directamente en el cálculo de la antigüedad, el presentismo y, eventualmente, en el aguinaldo y las indemnizaciones. De esta manera, aunque el bono como tal desaparezca de la nomenclatura del recibo, su valor nominal quedará fijo dentro de la estructura salarial permanente del sector mercantil.
Escalas salariales: cuánto cobra cada categoría en marzo 2026
Para quienes deben planificar su economía doméstica, conocer los montos exactos según la categoría es fundamental. En marzo, último mes antes de la absorción del bono, las escalas básicas (sin contar adicionales por antigüedad o zona desfavorable) presentan variaciones según la tarea desempeñada. Los salarios base para el personal de Maestranza, por ejemplo, parten desde los $1.155.795 para la categoría A, mientras que para el personal Administrativo los valores oscilan entre los $1.167.268 (cat. A) y los $1.218.519 (cat. F).
Por otro lado, los Cajeros percibirán un básico que va desde los $1.171.091 hasta los $1.183.333, dependiendo del nivel de responsabilidad. Los Vendedores, una de las ramas con más afiliados, tendrán un piso de $1.171.091 en su categoría inicial, llegando a los $1.218.519 en la categoría D. Cabe recordar que a todos estos valores se les debe sumar el bono de $100.000 mientras esté vigente, además de los incrementos por presentismo y los años de servicio, que pueden elevar significativamente el sueldo final de bolsillo.
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ECONOMIA
Nuevo bono en dólares: el Gobierno explicó su estrategia para pagar el vencimiento de USD 4.200 de julio

El Ministerio de Economía anunció que ofrecerá un bono denominado en dólares junto a los instrumentos en pesos en las próximas licitaciones quincenales por hasta USD 2.000 millones y esos recursos se destinarán al pago de los vencimientos de deuda en moneda extranjera por más de USD 4.200 millones del próximo julio.
El nuevo título estará disponible por hasta USD 150 millones por subasta y podrá ampliarse en una segunda ronda, al día siguiente, por hasta USD 100 millones adicionales al precio de corte. El bono pagará un interés del 6% anual, liquidado mensualmente, y tendrá un programa de emisión total de hasta 2.000 millones de dólares. “Los recursos obtenidos a través de estas licitaciones quincenales se destinarán al pago de capital de los títulos con vencimiento en julio de 2026″, comunicaron desde Economía.
“Es interesante, hay que ver cuánto logra captar y a qué tasa corta. La realidad es que el mercado está inundado de MEPs. Si da buena tasa, puede llegar a tener buena aceptación”, sostuvo Nicolás Cappella, sales trader de Grupo IEB.
La Secretaría de Finanzas enfrenta esta semana un vencimiento de deuda pública de $7,2 billones, de acuerdo con operadores del mercado y reportes recientes. Este desafío surge tras un canje de títulos que modificó el perfil de vencimientos; sin embargo, el Tesoro mantiene la necesidad de asegurar altos niveles de refinanciamiento —o “rolleo”—, en un contexto de escasa liquidez y tasas elevadas.
La última operación de canje, realizada la semana pasada, permitió al Gobierno renovar la totalidad de los compromisos inmediatos, otorgando cierto margen de maniobra a corto plazo. La administración evitó inyectar pesos al mercado y logró reducir el costo financiero de los nuevos instrumentos. Este resultado impidió un aumento abrupto de la circulación monetaria y reforzó la señal de disciplina fiscal, aunque dejó planteado un nuevo reto debido a la magnitud de los vencimientos inmediatos.
El volumen de $7,2 billones corresponde al canje de títulos con legislación local realizado días atrás. Cappella explicó que vencen $7,2 billones debido al canje de títulos dollar linked efectuado la semana pasada. Considera que en esta oportunidad no se absorberán pesos del mercado, ya que recientemente hubo falta de liquidez y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) debió intervenir pagando parte de las LECAPs para evitar una mayor suba de la caución. “Creo que en esta van a ir por algo más cercano a 90% / 100% de rolleo”, afirmó. La referencia a la intervención del BCRA evidencia la tensión en el sistema financiero, donde la demanda de efectivo presiona sobre las tasas de corto plazo y condiciona la dinámica de renovación de títulos públicos.
El proceso de rolleo implica que el Gobierno logre que los inversores con títulos próximos a vencerse los renueven por nuevos instrumentos, en vez de exigir el pago en efectivo. Esta práctica resulta fundamental para evitar la expansión de pesos en la economía, un factor que incide directamente sobre la presión cambiaria y la inflación. Para los operadores del mercado, la estrategia del Ministerio de Economía será garantizar niveles elevados de refinanciamiento, próximos al 90% o más, a fin de evitar sobresaltos en la emisión monetaria y sostener el equilibrio de caja.

La última licitación resultó favorable para el Gobierno. Christian Buteler, especialista en finanzas, recordó que se necesita un rollover del 90% en adelante, ya que en la operación anterior se superó el 100%. “Eso le da un poco más de aire, pero para mantener el equilibrio necesita ese porcentaje o más, así no enfrenta sobresaltos con los vencimientos. Por otro lado, las tasas están bastante altas; en los últimos días de la semana pasada superaron el 40%. Ahí surge un problema, porque no puede convalidar tasas tan elevadas sin afectar la actividad, que ya viene debilitándose”. Las declaraciones de Buteler reflejan la doble restricción del equipo económico: sostener un elevado refinanciamiento sin convalidar tasas crecientes, que encarecen la deuda y afectan la actividad.
La Secretaría de Finanzas cuenta con cierto respaldo tras las últimas licitaciones. El informe diario más reciente del Banco Central de la República Argentina señala que, al 18 de febrero de 2025, los depósitos en pesos del Tesoro nacional ascienden a $4,8 billones. A esto se suman posiciones en moneda extranjera equivalentes a $446.164 millones al tipo de cambio oficial de $1.401,8091. Este volumen de depósitos representa un respaldo parcial para afrontar obligaciones inmediatas, aunque la proporción frente a los vencimientos destaca la importancia de lograr una alta tasa de rolleo en la próxima licitación.
El control de la cantidad de pesos en circulación es un objetivo central del Gobierno, que intenta evitar presiones adicionales sobre el mercado cambiario y contener la inflación. La política de renovar vencimientos sin inyectar nuevos pesos ayuda a frenar la demanda de divisas y modera el impacto en los precios internos. El equilibrio es delicado: una menor renovación obligaría a emitir moneda para cancelar vencimientos, reactivando la tensión cambiaria y acelerando la inflación.

El mercado observa con atención la evolución de las tasas de interés. En los últimos días, el costo de financiamiento de corto plazo superó el 40%, según Buteler. Este nivel refleja la percepción de riesgo y la búsqueda de cobertura ante la inestabilidad macroeconómica. El BCRA intervino para evitar incrementos mayores en la tasa de caución, instrumento clave en el mercado de dinero. La intervención oficial busca mantener cierto orden y evitar un encarecimiento excesivo del crédito, que impactaría directamente en la actividad.
Las expectativas del mercado respecto al porcentaje de rolleo en la próxima licitación rondan el 90% al 100%. Cappella considera posible alcanzar ese rango, aunque las condiciones de liquidez y el nivel de tasas presentan desafíos adicionales. El antecedente inmediato, con un rolleo superior al 100%, aportó señales positivas, aunque la magnitud del vencimiento actual impone nuevas exigencias a la estrategia oficial.
El contexto inflacionario y la volatilidad cambiaria agregan presión al manejo de la deuda en pesos. La política de no emitir para cubrir vencimientos y, en cambio, buscar la renovación de los títulos, se ha transformado en un pilar de estabilización. El uso eventual de los depósitos en pesos y moneda extranjera del Tesoro por parte del BCRA aparece como un respaldo parcial, pero no garantiza cobertura total frente al volumen de los próximos vencimientos.
El Gobierno enfrenta la necesidad de mantener altos niveles de rolleo evitando tasas excesivas, en un escenario de liquidez restringida, costos financieros en aumento y actividad económica débil. El resultado de la próxima licitación será determinante para el pulso del financiamiento público y será seguido de cerca por operadores locales e internacionales.
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ECONOMIA
Sube el precio de la soja, pero los productores argentinos prefieren esperar a que se mueva el dólar

En el bando de los que consideran que el dólar sub $1.400 es nocivo para la economía se esgrime un argumento clásico: con ese nivel de tipo de cambio, los productores agrícolas otra vez se refugiarán en las silobolsas y retendrán su producción, por más que el gobierno les haya atenuado las retenciones a la exportación.
Es un tema que se discute con acaloramiento entre los empresarios del agro, que siguen quejándose de los reducidos márgenes de rentabilidad, y que ya están previendo que cuando llegue el momento de la cosecha de soja, tendrán precios más bajos incluso que los del año pasado.
A primera vista parece extraño ese escepticismo, dado que en este momento el precio del mercado internacional está viviendo un repunte, con la tonelada a u$s421 en las pantallas del Chicago Board of Trade, después de haber tocado mínimos en torno de u$s350.
Y, además, para el principal producto de exportación argentino rige ahora una retención de 24% -lo cual sigue dejando a los agricultores argentinos en desventaja- pero que implica una notable mejora respecto del 33% que se pagaba hasta hace poco más de un año.
Es por eso que se plantea la cuestión de si la mejora en el precio internacional, sumado a la menor carga de retenciones, podrá compensar el «dólar barato» y convencer a los productores de vender masivamente.
Récord de cosecha, ¿y de exportación?
Es el tema en debate: con una cosecha estimada por la Bolsa de Comercio de Rosario en 48 millones de toneladas -levemente por debajo de los 49,4 millones obtenidos el año pasado-, los economistas afines al gobierno se entusiasman con el potencial de exportación del campo. Si se considera, además, la excelente campaña de maíz y trigo, podría llegarse a un total de 140 millones de toneladas, lo que la convertiría en récord histórico.
Esa expectativa va de la mano con una proyección de mayor acumulación de reservas en el Banco Central, que en lo que va del año ya superó los u$s2.500 millones comprados en el mercado cambiario.
El influyente consultor Salvador Di Stefano apunta que «podría representar una liquidación de granos de u$s40.000 millones, algo muy similar al récord de liquidaciones que ocurrió en el año 2022 cuando se liquidarán u$s40.438 millones». Y compara contra la exportación agrícola de u$s31.337 millones del año pasado, lo cual lo lleva a sostener el argumento de que el tipo de cambio no sólo no está atrasado, sino que tiene chances de caer aun más.
Claro que esa opinión está lejos de generar consenso: hay productores que no sólo tienen desconfianza en el esquema cambiario del gobierno, sino que tampoco creen que los actuales precios de la soja sean sostenibles, y prevén una brusca caída en el corto plazo.
Bajos incentivos para la venta
De hecho, hasta la polémica sobre Fate terminó exacerbando el debate, porque desde el gobierno, como argumento defensivo, destacaron que durante el peronismo se cobraban retenciones a la exportación industrial. Es decir, una afirmación que lleva implícito el concepto de que no tiene sentido gravar la exportación de la industria pero sí la del campo.
Eso llevó a un contrapunto entre Felipe Núñez -uno de los principales funcionarios en el equipo del ministro Toto Caputo- y Santiago del Solar, un productor rural que, durante la gestión macrista, ocupó la jefatura de gabinete en el ministerio de Agricultura. Del Solar sostiene que se debería tener un esquema de rebajas de retenciones, que permitan al productor una planificación de largo plazo. «Nadie invierte más si no hay un cambio de expectativas», sostuvo el ex funcionario.
Lo cierto es que abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la «inviabilidad» del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja. Algunos productores manifiestan su temor de que la tonelada de soja en el mercado local caiga debajo del nivel de $300.000.
Actualmente, los precios del mercado de Rosario marcan $456.000, aunque con tendencia a la baja. Y en los contratos a futuros de A3, hay posturas por $320.000 para los próximos meses.
Super cosecha de soja en el mundo
¿A qué se debe atribuir ese escepticismo sobre los precios? Para empezar, al escenario internacional. La especulación sobre el acuerdo entre China y Estados Unidos, sumada a la decisión de la Corte Suprema que rechazó las subas arancelarias de Donald Trump llevaron a una reacción del mercado. Así, los fondos de inversión que intervienen en los mercados de futuros compraron 15 millones de toneladas en pocos días, con lo cual se presionó la cotización al alza.
Pero, más allá de la especulación política, los «fundamentals» del negocio siguen mostrando una vigorosa oferta que supera a la demanda.
Brasil tuvo una cosecha mejor a la esperada, con más superficie sembrada y mejores rindes. Hablando en cifras, se espera que la oferta de soja brasileña llegue a 180 millones de toneladas. Esto se agrega al dato de que Estados Unidos -según la estimación del Departamento de Agricultura- llegará a 121 millones de toneladas de soja, un volumen 4,4% superior a la última cosecha.
En otras palabras, la percepción generalizada es que la reciente suba en las cotizaciones obedece a especulaciones geopolíticas más que a razones de mercado, por lo que será difícil el sostenimiento de los precios actuales.
Precio versus tipo de cambio
Pero además, claro, está el factor argentino. Los productores, como el resto de los argentinos, asisten diariamente al debate entre quienes creen que habrá «una lluvia de dólares» que hará que la apreciación del peso sea la «nueva normalidad» y los que, por el contrario, creen que hay una distorsión cambiaria generada por los controles cambiarios y la ola de emisiones de deuda corporativa.
De manera que, como siempre, dependiendo de cuál sea la expectativa devaluatoria, los productores se apurarán a vender o esperarán con su stock en los silobolsas.
Hoy, los sojeros reciben $456.000 por tonelada, lo cual equivale a u$s332 considerando el tipo de cambio oficial, pero de u$s320 si se toma el mercado «contado con liquidación», que es el que está realmente disponible para el agricultor en caso de querer redolarizar su ingreso.
En definitiva, lo que le queda en el bolsillo al productor es un 76% del precio internacional, que es el que reciben los productores brasileños, paraguayos y uruguayos. Podría argumentarse que no es una mala cifra, dado que durante los regímenes de incentivo exportador que implementaba Sergio Massa se obtenía apenas un 50% del precio internacional, pero los productores igual se muestran cautelosos.
A esta altura del año, solamente hay ventas anotadas por unas 5,2 millones de toneladas, un 11% del volumen de la cosecha proyectada, y esto ocurre a pesar de que el precio para los contratos de futuros se ubican unos u$s20 por encima de los de hace un año.
Para quienes crean que es inevitable una caída en las cotizaciones, podría ser un momento ideal para asegurarse el precio y ya anotar ventas a futuro. Pero la contracara de esa decisión es la expectativa sobre el tipo de cambio: mientras más atrasado esté el dólar, peor será el precio del mercado interno.
En síntesis, contra el optimismo del gobierno, que espera una lluvia de divisas producto de la exportación agrícola, en el campo las opiniones están mucho más divididas, y volvió la clásica especulación respecto de si es mejor adoptar una actitud conservadora y esperar a una corrección devaluatoria o un nuevo «tax holiday» como el que implementó Caputo el año pasado ante la sequía de dólares.
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