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Guerra en Río: la ceremonia de los cadáveres y la feroz batalla en la Sierra de la Misericordia

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Ahí vienen dos cadáveres. Se acercan en la caja de una camioneta negra, gigante, que acelera trepando por la rúa José Rucas hasta el corazón de un entramado de doce favelas juntas que todos llaman, para unificar, Complejo Penha. En portugués, Pluma. Depende el tránsito, estamos a poco más de media hora hacia el norte, por un empalme de autopistas con nombres de colores (Vermelha y Amarelha), del centro de Rio de Janeiro.

La camioneta viene precedida por una docena de motocicletas de todo tipo y tamaño, que llevan hasta tres personas cada una. La espera un furgón anaranjado de Defensa Civil que dice, en blanco sobre negro: “Recolhimento de cadáveres”. El furgón tiene la caja cubierta y dividida en compartimentos como nichos. Entran cuatro ataúdes.

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Detrás de la caja, en el piso, hay dos bolsas de plástico gris con cierre relámpago. La camioneta hace un giro repentino en la bocacalle y se acerca de culata. Entonces la centena de personas que abrían dos hileras respetuosas a uno y otro lado, esperando por los cuerpos, se apretuja más y más.

Los cadáveres son bajados de las manos y los pies. Por el modo, desde lejos puede parecer que están bajando un animal de caza.

El trabajo inicial lo hacen un muchacho en medias y una chica en equipo de gimnasia, sin mucho cuidado, porque hay que depositarlos en el piso antes de que dos mujeres y una nena se tiren sobre el primero, rotas en llanto.

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Unos hombres gritan “¡No fotos! ¡No fotos!” y se desesperan ante la desobediencia natural de los fotógrafos y camarógrafos de una docena de medios brasileños y extranjeros que llegan a tiempo para registrar la escena.

Uno de los cuerpos, en la caja de una camioneta. Foto Juano Tesone

El primer cadáver es de un hombre joven. El segundo, de alguien un poco mayor. Tienen restos de pasto y tierra en la ropa y uno, el primero, parece maniatado. Llevan los pantalones bajos y las chaquetas recogidas pero, mirando bien, se ve que ambos visten ropa de combate. Verde y caqui. De camuflaje.

Ambos murieron a los tiros con la policía durante la madrugada del martes, en un operativo de 2.500 agentes coordinado durante dos meses para buscar a los jefes de la organización narcocriminal Comando Vermelho. Entonces se informó que hubo unos 30 detenidos y 64 muertos, cuatro de ellos policías que fueron atacados con una granada desde un dron.

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Pero el miércoles amaneció con, por lo menos, 70 muertos más. Estos dos cadáveres son de esa segunda parte del hallazgo. Los encontraron acribillados en un bosque en la cima del morro que está aquí al lado y al que todos llaman, atención, Sierra de la Misericordia.

El combate de la Sierra de la Misericordia es lo que explicaría la nueva tanda de cadáveres que la Policía no informó el primer día del operativo, y que sus propias familias fueron bajando de la cima hasta depositarlos, uno tras otro, en la calle Rucas.

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La Batalla de la Sierra de la Misericordia: cómo fue el megaoperativo policial en Río de Janeiro

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Pedro Strozenberg, director de la ONG Viva Río, recogió testimonios de los vecinos que elevó a las autoridades de la ciudad, y le contó al enviado de Clarín que, según esos relatos, los hechos habrían sido así: cuando la Policía empezó a subir el cerro del lado del complejo Penha, cientos de “combatientes” del Comando Vermelho corrieron hacia la cima para bajar del otro lado de la sierra, hacia el corazón del Complejo Alemao, justo cuando la Policía subía desde el otro lado. Así, habrían quedado entre el fuego cruzado.

La Policía asegura que quienes luego aparecieron muertos en el bosque estaban armados y sus familias dicen que no.

Los voluntarios de ONGs que trabajan en la zona, miembros de Defensa Civil y abogados de la Defensoría Pública que llegaron al lugar de los hechos entrada la tarde para asesorar a las familias coincidían en una versión intermedia: “Algunos estaban armados, y otros no”.

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“Era un combate y era imposible de discernir. En un momento, la pelea fue prácticamente cuerpo a cuerpo”, dijo uno de los hombres de Defensa Civil, y confirmó “extraoficialmente, porque no estoy autorizado a hablar”, que alguno de los cuerpos tenían heridas de arma blanca.

¿Qué pasó en la Sierra de la Misericordia?

Al horror de la matanza más grande en la historia de la ciudad en este tipo de operativos se sumaron escenas aún más complicadas, si eso fuera posible: dos cadáveres decapitados y otros maniatados.

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Llevará meses desentrañar la verdad rigurosa de los hechos, caso por caso, muerto por muerto.

La víctima número uno, ¿tenía cuántos balazos y dónde? ¿De frente? ¿Por la espalda? ¿Estaba armado o no? ¿Se enfrentó con la Policía o sólo huía? ¿Era parte de la organización narco o no?

Y así, uno por uno, hasta la víctima 132, si es que el número se frena en esa cifra aún dudosa.

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En las favelas de Río denuncian que “el Estado miente” y que los narcos “son los que ayudan”.

La investigación por el caso ya se abrió, en medio de una pugna histórica entre el gobernador de Rio de Janeiro, Claudio Castro -un aliado histórico del ex presidente Bolsonaro- y el presidente Lula.

En Río dicen que el gobierno federal les ha dado la espalda para luchar contra el narco y en Brasilia lo niegan.

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En una vereda de ese hueco de asfalto semicircular que los vecinos de las favelas Penha llaman “Plaza San Lucas” -y sólo es la confluencia irregular de cinco esquinas-, una vecina que dice llamarse Claudia le dice al enviado de Clarín, con toda naturalidad: “Todos están mintiendo, porque el CV (Comando Vermelho) no es lo que dice el gobierno. Son chicos que nos ayudan. Mis hijos no hubiesen tenido comida ni hubiesen aprendido a leer y a escribir sino hubiese sido por el CV… Yo hace 50 años que vivo aquí y nadie me va a decir lo que he vivido. Ellos siempre estuvieron y los políticos no…”.

Se suma un hombre que quizá tiene menos años de los que parece. “Yo le voy a decir algo. Los políticos son corruptos y el Comando Vermelho también. Pero los políticos nunca nos ayudaron, ¿me entiende?”.

La gente bajó los cuerpos desde el morro. 
Foto Juano Tesone La gente bajó los cuerpos desde el morro.
Foto Juano Tesone

El hombre dice que no va a dar su nombre para que después lo busque la Policía. Y Claudia no quiere fotos ni que su testimonio sea grabado. Antes de irse, dice que lo que dijo lo hizo porque “você é um jornalista estrangeiro”.

Aquí no se oye la palabra “narcos” sino la expresión “chicos que trafican”.

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En uno de los flancos de la calle donde se depositaron los cadáveres hay una verdulería en la vereda que separaba los cajones de fruta de los cuerpos por una lona. Sigue abierta. Diez reales el ananá. Abacaxi, dice una pizarra.

Enfrente hay una hamburguesería con dos mesas de pool y un metegol en la vereda que están tapadas con tablas.

No hay policías. Ni uno. El clima es tenso y sólo se permiten asociaciones civiles, las ONGs que suelen trabajar en las favelas, una iglesia evangelista que instala carpas blancas para tomar la presión gratis y, con más recelo y resignación, los periodistas.

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Pero policías no. Los patrulleros más cercanos están a ocho cuadras. Nadie sabe qué podría pasar si ahora mismo se les ocurre venir para acá. Para la Plaza San Lucas que no es plaza.

En las lozas de los techos de las casas que amagan con crecer hacia arriba en obras que llevan años hay vecinos con reposeras que estuvieron viendo cada escena desde la mañana, asomándose entre las madejas imposibles de cables negros, comentando entre ellos si estaría allí el hijo de tal o el sobrino de cual.

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Ahora están mirando cómo un gran camión pasa tirando desinfectante en espuma blanca sobre la calle de los cadáveres. Cuatro hombres con mamelucos de la Municipalidad van detrás, arrastrando el líquido con secadores hacia los costados.

Una mujer embarazada se asoma desde la ventana arriba del mercadito “O bom preco” con una nena en brazos que ha visto la ceremonia de los cadáveres.

El cronista no percibió, desde cierta distancia, ningún gesto de la madre ni de la niña que no haya lucido natural. Ambas miraban como quienes miran ahora ver pasar aquel perro flaco que dobló a la esquina.

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Hay otros chicos en las filas que esperaban la camioneta negra. De 6, 8, 10 años.

Antes de la llegada de los cadáveres, habían estado jugando en la barricada que forman algunas gomas de autos quemadas y dos coches incendiados en una bocacalle, para impedir el paso de la policía.

En uno de ellos se lee sobre el lado del acompañante, en grafiti rojo -vermelho-, la frase “Organize seu odio”.

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INTERNACIONAL

El uso de biocombustibles ayuda a estabilizar los precios en Brasil pese al shock petrolero por Irán

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Mientras la guerra en Irán sacude los mercados petroleros mundiales, Brasil está parcialmente protegido por un amortiguador contra las crisis que es a la vez barato y respetuoso con el medio ambiente: decenas de millones de conductores aquí pueden elegir entre llenar el tanque con etanol 100% a base de caña de azúcar o con una mezcla de gasolina que contiene 30% de biocombustible.

La enorme flota brasileña de doble combustible -compuesta por vehículos capaces de funcionar con cualquier combinación de etanol y gasolina- es única por su escala. El programa, lanzado en 1975 durante la dictadura militar del país, ha evolucionado con éxito en tiempos democráticos para reducir la dependencia del petróleo extranjero.

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Hoy, mientras el más reciente conflicto que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel entra en su quinta semana, países como India y México observan el modelo brasileño como un plan a seguir para la seguridad energética.

Mientras los consumidores de todo el mundo enfrentan fuertes alzas de precios, los precios de la gasolina en Brasil subieron apenas 5% en marzo, en comparación con 30% en Estados Unidos. Los analistas atribuyen parte de esa estabilidad a una industria nacional de biocombustibles ya madura, que permite al país resistir sacudidas geopolíticas con un riesgo mínimo de escasez de combustible.

“Brasil está mucho mejor preparado que la mayoría de los países porque tiene una alternativa viable de esta naturaleza”, declaró Evandro Gussi, presidente de la Asociación de la Industria de la Caña de Azúcar de Brasil, UNICA.

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Cosecha récord de caña de azúcar

El momento es particularmente afortunado ya que la próxima cosecha de caña de azúcar de Brasil, que comienza en la primera mitad de abril, está prevista a producir un récord de 30.000 millones de litros de etanol, 4.000 millones más que el año pasado. “Ese aumento por sí solo equivale a la cantidad total de gasolina que Brasil importó durante todo el año pasado”, indicó Gussi.

A pesar de ser un importante productor y exportador de petróleo crudo, Brasil todavía depende de las importaciones para cubrir su demanda interna de combustibles refinados. Actualmente, el país obtiene petróleo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia y la vecina Guyana.

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Sin embargo, el etanol se ha convertido en la columna vertebral del transporte. En 2025, el etanol representó 37.100 millones de litros en ventas, según la estatal Empresa de Investigación Energética. Aunque queda ligeramente por detrás del diésel y la gasolina en participación total de energía, su presencia en todas las estaciones de servicio brinda a los brasileños una seguridad psicológica y económica.

El éxito de la economía de biocombustibles de Brasil tiene sus raíces en el estado de San Pablo, el motor industrial y agrícola del país.

La producción aquí es una mezcla de “megagranjas” de alta tecnología orientadas a la exportación y operaciones familiares más pequeñas como la granja Bom Retiro, fundada en 1958, cuyos trabajadores ahora se preparan para cosechar sus 40 kilómetros cuadrados de tierra (casi 10.000 acres).

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Investigación y desarrollo

La tecnología brasileña en biocombustibles también se ve impulsada por años de investigación financiada por el Estado. Una de esas iniciativas se encuentra a las afueras de San Pablo: el Centro de Desarrollo Científico del Etanol de la universidad Unicamp, en Campinas. El coordinador Luis Cortez sostiene que el programa de Brasil tiene ventajas únicas que otros países no igualan.

“Tenemos flexibilidad en la producción de etanol, en los motores de los vehículos y desde el gobierno federal, que fija el porcentaje de etanol en la mezcla de combustible», explicó Cortez. «Tenemos flexibilidad en tres niveles”.

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En última instancia, argumenta, esa inversión en investigación termina marcando la diferencia en las gasolineras.

El problema del diésel Según la Asociación Brasileña de Importadores de Combustibles, la gasolina refinada por la estatal Petrobras -que incluye una mezcla con biocombustible- actualmente es 46% más barata que el combustible importado, o 1,16 reales brasileños (0,22 dólares) menos por litro. De manera similar, el diésel de Petrobras se vende en refinerías con un precio 63% por debajo de los niveles de importación.

Una estación de servicio en Río de Janeiro. Foto: REUTERS

Aunque el cierre del estrecho de Ormuz aún no ha provocado cambios drásticos en el mercado de gasolina de Brasil, el país está lidiando con el aumento de los precios del diésel. Esto se debe a que el diésel se elabora principalmente con crudo importado y tiene un porcentaje menor de biocombustibles.

A diferencia del éxito del etanol de caña de azúcar, el biodiésel de Brasil, que se produce mayormente a partir de soja, solo representa 14% de la mezcla de diésel. Esa cifra podría subir al mismo 30% que se usa en las mezclas de gasolina recién para 2030, si la investigación y los avances tecnológicos lo permiten, lo que significa que el conflicto ha tenido un impacto inmediato.

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Los precios del diésel en Brasil se dispararon más de 20% en marzo, lo que llevó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a proponer subsidios a las importaciones hasta mayo. Estimaciones del gobierno muestran que el país tiene que comprar entre 20% y 30% de su diésel cada mes, y la mayor parte proviene de Rusia.

Las autoridades brasileñas indican que el país importó casi 17.000 millones de litros de diésel el año pasado.

Para Lula, que busca la reelección en octubre, estabilizar los precios del diésel es crucial para evitar huelgas de camioneros y mantener a raya la inflación de los alimentos.

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Gussi, presidente de UNICA, comentó que desde la más reciente guerra en Irán varios jefes de Estado se le han acercado para hablar sobre la industria de biocombustibles de Brasil. Entre ellos está la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien dijo a principios de este mes que le interesa la tecnología de Petrobras para producir etanol a partir de agave, una planta muy popular en su país.

“La mejor noticia, incluso en medio de una situación como la que estamos viviendo, es que esta solución tiene un nivel significativo de replicabilidad”, señaló Gussi.

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INTERNACIONAL

Behind the scenes of Congress’ eleventh-hour rush to fund the DHS

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

What would you say if one body of Congress didn’t take a formal roll call vote on a major piece of legislation – yet passed it at 2:19 on a Friday morning?

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Would you try to outdo your colleagues across the Capitol Rotunda with some Congressional chicanery of your own? Perhaps by passing an equally important version of the same bill – while officially sidestepping a direct up/down vote on the measure – at 11:28 p.m. on that same Friday night.

That’s what happened late last week. The Senate scored approval from all 100 senators to pass a bill to fund most of the Department of Homeland Security for the rest of the fiscal year – but did it on a voice vote at 2:19 a.m. Friday with only five senators in the chamber.

House Republicans scoffed at this. So they passed their own bill – to fund all of DHS – just before the witching hour Friday. But technically, the House didn’t even vote directly on the legislation itself. The House voted to approve a «rule» (which manages debate for bills). With adoption of that rule, the House «deemed» the underlying DHS funding measure as passed.

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GOP LEADERS ENDORSE TRUMP’S SHUTDOWN-PROOF MOVE TO END DHS FUNDING LAPSE

The Senate managed to net the approval of 100 senators to pass a bill to fund most of the Department of Homeland Security for the remainder of the fiscal year – but did it on a voice vote at 2:19 am Friday with only five senators in the chamber. (Emma Woodhead/Fox News Digital)

But despite all of this, the House and Senate weren’t aligned. They hadn’t approved the same bill. And despite the parliamentary antics, House Republicans then implored the Senate to pass the measure it approved Friday night on Monday morning – without a roll call vote and with just two senators in the chamber.

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If you followed all of that, that is exactly what’s unfolded on Capitol Hill the past few days as lawmakers struggled to end the six-week Department of Homeland Security shutdown.

It was clear early Thursday evening that there wasn’t a path in the Sente to approve a partisan GOP bill to fund DHS after a lengthy roll call vote which started in the afternoon.

But something was afoot.

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TRUMP ADMINISTRATION MAKES MAJOR MOVE TO RELIEVE ‘UNFAIR BURDEN’ ON DHS WORKERS AS SHUTDOWN DRAGS ON

Congress was staring at a 15-day recess for Easter and Passover on Friday. Failure to address the crisis now meant that lawmakers would leave town until the middle of April – extending the shutdown until then as airport lines swelled.

So Senate Majority Leader John Thune, R-S.D., got to work on something which could pass the Senate – and potentially pass the House – before everyone abandoned Washington for the break.

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Thune suggested earlier in the week that the Senate usually has to get «to Thursday» before frozen positions may begin to thaw. He was right. There was a corridor for the Senate to approve a bipartisan bill to tackle most of the funding crisis at DHS. So Thune’s charge late Thursday night and into the wee hours of Friday morning was not necessarily to persuade bipartisan senators to support the bill he was putting on the floor. But instead, Thune’s goal was to coax skeptical senators not to object and blow the whole thing up.

Sen. John Thune

Senate Majority Leader John Thune, R-S.D., hatched a plan for something that could pass the Senate before Washington was abandoned for the Easter Recess. (Nathan Posner/Anadolu via Getty Images)

There’s something called a «hotline» in the Senate. Any time the leadership wants to set up a series of votes, make particular amendments in order and perhaps allocate wedges of time to debate, it sends around a «hotline» to all 100 senators. If any senator objects, they let the leadership know. This streamlines the process ahead of time. It also ensures that senators aren’t blindsided by something called a «unanimous consent» request. Unanimous consent requests, or «UC’s,» happen all the time in the Senate.

One of the most powerful tools in the Senate is «unanimous consent.» If you obtain the «unanimous consent» of all 100 senators, you can make the sun rise in the west. But all it takes is one objection to block a UC – even if all other 99 senators agree.

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The behind the scenes hotline takes care of this in advance. Any senator could object and block Thune’s proposal to fund most of DHS. But there shouldn’t be any problem if he cleared it with all 100 senators offstage in advance.

That’s why Thune went to the floor at 2:19 a.m. Friday. Not a single senator flagged his proposal. And so the South Dakota Republican went to the floor with a team of five senators – and passed the bill. Not by UC. But by something called a «voice vote. Those in favor shout yea. Those who oppose holler nay. The louder side wins. The Senate passed the bill. There was no roll call vote.

HOUSE GOP RAMS THROUGH NEW DHS FUNDING PLAN WITH SHUTDOWN FAR FROM OVER

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So, this wasn’t something snuck by in the dead of night on the sly. If any senator had a reservation, they could have flagged it. Or better yet, come down to the floor at 2:19 a.m. and contested it. In short, there were 100 senators, 100 chiefs of staff, 100 legislative directors and 100 counsels who should have known about Thune’s plan. That’s a universe of at least 400 people – if not more. So, this wasn’t an episode of someone pulling a fast one.

By morning, Sen. Rick Scott, R-Fla., said he «opposed this bill.» Same with Sen. Mike Lee, R-Utah.

Well, that’s fine. But no one objected nor pushed back on the hotline. No one went down to the floor to demand a roll call vote – or even argued that the Senate couldn’t do anything because there wasn’t a quorum present to conduct business. So anything said by Republican senators upset about the bill were simply academic or rhetorical objections. If those senators truly opposed the bill, they missed their opportunity to do something about it.

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Hakeem Jeffries

Minority Leader Hakeem Jeffries, D-N.Y., even signaled support for the bill. (Roberto Schmidt/Getty Images)

It was thought that the House might take up the bill – reluctantly – the next day to end most of the shutdown and pay TSA workers. House Minority Leader Hakeem Jeffries, D-N.Y., signaled support. So did Rep. Rosa DeLauro, D-Conn., the top Democrat on the Appropriations Committee. Granted, liberal Democrats might oppose the bill because there weren’t changes at ICE. But the bill probably would have passed with some Republicans and lots of Democrats. In fact, there may have been more Democratic yeas than Republican yeas. That would have been toxic for House Speaker Mike Johnson, R-La. Former House Speaker Kevin McCarthy, R-Calif., lost his gavel over moving a bipartisan bill to avoid a shutdown in the fall of 2023.

So by Friday afternoon, Johnson strenuously lodged his opposition to the Senate bill.

«Republicans are not going to be any part of any effort to reopen our borders or to stop immigration enforcement,» said Johnson, noting that the Senate plan left out funding for ICE and the Border Patrol. «This gambit that was done last night is a joke. I’m quite convinced that it can’t be that every Senate Republican read the language of this bill.»

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In other words, were they not dialed in on the hotline?

THE HITCHHIKER’S GUIDE TO WHAT TO EXPECT ON DHS FUNDING WHEN THE SENATE MEETS MONDAY

Yours truly questioned the Speaker, asking why he and Thune weren’t on the same page. Johnson accused Senate Minority Leader Chuck Schumer, D-N.Y. of being behind the bill. I pointed out that Thune «was the engineer behind this.»

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«I wouldn’t call John Thune the engineer of this,» said Johnson.

«He didn’t have the accept it,» I countered.

«Let me answer the question, Chad,» sighed an exasperated Johnson.

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So the House forged ahead and passed its own bill to fully fund DHS Friday night. Some House Republicans then expected the Senate to break custom and pass its bill – by unanimous consent – during a brief pro forma session Monday. In other words, House Republicans ripped the Senate for what it did early Friday morning. But those same House Republicans wanted senators to approve THEIR bill on Monday the same way they criticized the Senate for passing its bill on Friday.

Note that there was no hotline for the House bill at that point.

«We’d love to see them do that,» said Rep. Mike Haridopolos, R-Fla., on Friday.

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U.S. House Speaker Mike Johnson

Speaker of the House Mike Johnson, R-La., said he «wouldn’t call John Thune the engineer» behind the bill. (Kevin Dietsch/Getty Images)

But Democrats dispatched a watchdog to guard the floor against any possible GOP chicanery as the Senate met for 31 seconds with meager attendance.

The Senate gaveled in. The Senate gaveled out. Nothing happened.

«I was there to object,» said Sen. Chris Coons, D-Del. «I was here just in case there were some shenanigans.»

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Rep. Randy Fine, R-Fla., called it «insane» that Senate Republicans «didn’t even try» to pass the House bill. But the lone Senate Republican on duty said the presence of Coons doomed that to failure.

«We don’t have consent yet,» said Sen. John Hoeven, R-N.D., who presided over the session. «They declined. Obviously Sen. Coons was there to do that.»

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But by Wednesday, the bill which Johnson trashed Friday afternoon was on its way to passage. Despite a sea of opposition from conservative Republicans, the House would accept the Senate bill and end most of the DHS shutdown. The Earth shifted. President Trump was fine with this. Suddenly, Johnson and Thune were on the same page.

So the Republican House would eat what the Senate originally cooked up early Friday morning. And the House would likely approve it with lots of Republicans spread around the country. But like Senate Republicans early Friday morning, no one would likely return to block it.

And by now, this wasn’t something engineered in the dead of night that only 400 people knew about. The entire country was more than aware what happened.

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EE.UU. avanza en su plan de expansión militar en Groenlandia

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El ejército estadounidense intensifica sus esfuerzos para obtener un mayor acceso a Groenlandia, una clara señal de que el interés del presidente Donald Trump por la enorme isla ártica no ha disminuido.

Estados Unidos está negociando con Dinamarca el acceso a tres bases adicionales en Groenlandia –incluidas dos previamente abandonadas por los estadounidenses–, lo que supondría la primera expansión estadounidense allí en décadas, según un alto mando del Pentágono, el general Gregory Guillot.

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Leé también: Lo que Donald Trump no dice sobre Groenlandia: historia, riquezas y el sueño de construir una Cúpula Dorada

Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, declaró ante los legisladores en una audiencia del Congreso a mediados de marzo que el ejército quería “un mayor acceso a diferentes bases en toda Groenlandia, dada la creciente amenaza y la importancia estratégica de Groenlandia”.

“Estoy trabajando con nuestro departamento y con otros para intentar desarrollar más puertos y más aeródromos, lo que proporcionará más opciones a nuestro secretario y al presidente, en caso de que los necesitemos en el Ártico”, añadió Guillot.

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La solicitud coloca a Dinamarca en una situación delicada. Groenlandia es un territorio semiautónomo que forma parte del reino danés desde hace más de 300 años. Trump, por su parte, se ha obsesionado con adquirir Groenlandia y, durante meses, amenazó con usar la fuerza antes de ceder en enero.

El Gobierno danés ha invocado un pacto de defensa danés-estadounidense de 1951 para hacer frente a las amenazas de Trump y ha señalado que Estados Unidos ya tiene un amplio acceso militar.

Los funcionarios estadounidenses ahora utilizan ese mismo acuerdo para trazar planes de expansión. Los expertos afirman que Dinamarca puede hacer poco para frenarlos, aunque la confianza entre Estados Unidos y Dinamarca se haya visto sacudida, si no es que rota.

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La capitana de corbeta Teresa Meadows, portavoz del Comando Norte de Estados Unidos, afirmó que los planificadores militares tenían en el punto de mira las localidades de Narsarsuaq, en el sur de Groenlandia, que cuenta con un puerto de aguas profundas, y Kangerlussuaq, en el suroeste de Groenlandia, que ya dispone de una larga pista capaz de recibir aviones de gran tamaño.

Ambos lugares habían sido bases estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, pero fueron cedidos a las autoridades danesas y groenlandesas después de que los estadounidenses abandonaran Narsarsuaq en la década de 1950 y Kangerlussuaq en la de 1990. Gran parte de su infraestructura militar ha sido desmantelada, aunque ambos emplazamientos aún cuentan con pequeños aeropuertos en funcionamiento.

Los funcionarios del Pentágono no especificaron cuántas tropas se enviarían a la isla. Guillot indicó que el ejército necesita bases para soldados de operaciones especiales y “capacidades marítimas”.

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Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Dinamarca fue ocupada por los nazis, Estados Unidos ayudó a defender Groenlandia. Envió miles de soldados y abrió más de una decena de bases. Mantuvo muchas de ellas operativas durante la Guerra Fría. En la actualidad, solo queda una base activa: una remota instalación de defensa antimisiles con unos pocos cientos de soldados.

Trump parece decidido a cambiar eso. Sus amenazas del año pasado de “conseguir” Groenlandia, “de un modo u otro”, desencadenaron una crisis en Europa. Esa crisis se ha calmado, por ahora, ya que el presidente se ha visto absorbido por la guerra en Irán. Pero muchos europeos, incluida la líder de Dinamarca, Mette Frederiksen, temen que Trump no haya renunciado a adquirir la gigantesca isla cubierta de hielo, lo que podría dejar a Dinamarca acorralada de nuevo.

Hasta ahora, las conversaciones sobre la ampliación de la base parecen ir sobre ruedas. Guillot citó el acuerdo de 1951 durante su testimonio ante el Congreso, y cuando los legisladores demócratas le preguntaron si Dinamarca o Groenlandia habían puesto algún obstáculo, respondió que no.

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“Han sido socios muy, muy comprensivos”, dijo el general.

A diferencia de lo que ha sugerido Trump, Guillot dijo: “En realidad no necesitamos un nuevo tratado. Es muy completo y, francamente, muy favorable para nuestras operaciones o posibles operaciones en Groenlandia”.

Leé también: Detrás del vértigo que generó Trump con su reclamo de Groenlandia, hay una estrategia que empezó a fallar

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El plan de expansión sigue envuelto en el secreto. El Departamento de Estado se negó a emitir comentarios, al igual que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca y la oficina del primer ministro de Groenlandia.

Jens-Frederik Nielsen, primer ministro de Groenlandia, junto a la premier danesa Mette Frederiksen en una conferencia de prensa en Copenhague el 13 de enero de 2026. (Foto: Tom Little/REUTERS)

No está claro cómo reaccionarán los groenlandeses, la mayoría de los cuales son indígenas inuits. El sentimiento antiestadounidense ha ido en aumento en la isla, que cuenta con menos de 60.000 habitantes. A principios de este año estallaron protestas contra Trump y varios groenlandeses entrevistados expresaron su preocupación por la llegada de más tropas estadounidenses.

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“Mucha gente no quiere más militares en Groenlandia, pero si eso es lo que deciden, no hay nada que podamos hacer”, dijo Anso Lauritzen, que dirige un centro de trineos tirados por perros en el oeste de Groenlandia.

Agnetha Mikka Petersen, una residente jubilada de Nuuk, la capital, dijo que la perspectiva de una mayor presencia estadounidense la hace sentir “inquieta”.

“No me gusta nada”, afirmó.

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El acuerdo de defensa de 1951 y su actualización de 2004 otorgan a los estadounidenses una posición de fuerza. Antes de realizar cualquier cambio importante en su presencia militar, se supone que Estados Unidos debe “consultar e informar” a las autoridades de Dinamarca y Groenlandia. Los expertos afirman que eso significa que Estados Unidos puede hacer prácticamente lo que quiera y comunicárselo a los daneses y groenlandeses más tarde.

“Dinamarca y Groenlandia pueden, en principio, decir que no a Estados Unidos, pero en la práctica nunca se hace”, afirmó Ulrik Pram Gad, investigador sénior del Instituto Danés de Estudios Internacionales. “Porque si lo hacen, Estados Unidos puede presentar el control de Dinamarca y Groenlandia sobre la isla como un riesgo para la seguridad y argumentar que él mismo debería asumir el control”.

*Por Jeffrey Gettleman, corresponsal internacional radicado en Londres y que cubre sucesos mundiales. Ha trabajado para el Times por más de 20 años.

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Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares y de antiterrorismo de Estados Unidos durante más de tres décadas.

The New York Times, groenlandia

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