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La imagen icónica de Patti Smith, ocho grandes canciones y mucha rebeldía: a 50 años de la edición de “Horses”

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La portada, las canciones y la rebeldía: así se forjó el mito de “Horses” de Patti Smith

Sexo. Muerte. Divinidad. Violencia. Duelo. Dinero. Familia. Arte. Rebeldía. Éxtasis. Transfiguración. Baile. Destrucción. Rock and roll unido a visiones singulares.

Todos estos temas resultan esenciales para Horses, el álbum debut de Patti Smith, que salió el 10 de noviembre de 1975. Fue el primer álbum completo y publicado por una gran compañía discográfica en surgir de la pequeña pero explosiva escena de Nueva York que se formó en CBGB, un bar del Bowery orgullosamente decadente. La banda Television, liderada por el guitarrista, cantante y compositor Tom Verlaine —pareja ocasional de Smith—, descubrió el lugar e inauguró la escena con sus primeros conciertos. Smith llevó a su incipiente grupo al lugar poco después.

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Smith apareció a principios de los años setenta como poeta con gran presencia escénica. Para destacar en las lecturas, comenzó a probar acompañamiento musical; eligió a su guitarrista, Lenny Kaye, preguntándole si podía sonar como un choque de autos. Kaye había compilado el álbum Nuggets (1972), que funcionó también como manifiesto estético; reunió temas ruidosos y desordenados del garage-rock de los años 60 que él agrupó como “punk-rock”.

El disco debut de Patti
El disco debut de Patti Smith cumple medio siglo

Las lecturas de Smith evolucionaron en actuaciones musicales, con reminiscencias de los poetas Beat y The Doors. El dúo se convirtió en banda al incorporar músicos de mayor formación: el tecladista Richard Sohl, cuyas improvisaciones abarcaban el jazz y la música clásica, y el guitarrista Ivan Kral.

Residencias de varias semanas en Max’s Kansas City en 1974 y en CBGB a comienzos de 1975 les permitieron trabajar y expandir sus canciones ante públicos cada vez mayores. Todo sucedió rápido. El baterista Jay Dee Daugherty, que había aprendido las canciones mientras operaba el sonido en CBGB, completó la banda en junio de 1975. Con un contrato discográfico de Arista Records, gracias a Clive Davis, grabaron “Horses” en septiembre.

El productor John Cale los conectó con la historia del rock de Nueva York. Había sido parte de Velvet Underground, la banda vanguardista de los 60 liderada por otro poeta y compositor, Lou Reed. La grabación se realizó en el estudio construido por Jimi Hendrix, Electric Lady. Hubo algo de fricción artística entre banda y productor. Aun así, “Horses” capturó de manera decisiva a Smith y su grupo en un estallido de auto-invención inspirada.

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“Robert [Mapplethorpe] disparó un rollo
“Robert [Mapplethorpe] disparó un rollo con su Hasselblad,” contó Smith. “Después de la octava foto, dijo: ‘Listo, ya la tengo. Esta es la que tiene magia, pero terminaremos el rollo’. La hoja de contacto tenía 12 imágenes y era la octava.”

El retrato de Mapplethorpe, ahora icónico, muestra la audacia de Smith, con su atuendo andrógino y su mirada desafiante. Y aunque los primeros acordes de piano de Richard Sohl en “Gloria” insinúan cabaret, Smith rompe cualquier expectativa desde la primera frase: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos”, declara, y sigue con una exaltación sexual sobre G-L-O-R-I-A y cómo “la hice mía”.

“Horses” trata más sobre conexiones que conquistas. En “Kimberly”, canta sobre el nacimiento de una hermana adorada en una noche tormentosa; en “Birdland”, un niño llora a su padre con visiones fantásticas. En “Redondo Beach”, cuenta cómo su amante, una mujer, se suicidó tras una pelea. Sus narradores distan de ser egoístas o antisociales; buscan experiencias intensas y un propósito superior. Las voces de Smith pueden ser anhelantes, fervientes, insolentes, fatigadas, sarcásticas, casuales o apasionadas, y nunca artificiales.

El álbum no se ajusta a las futuras definiciones de punk-rock como música concisa, acelerada, centrada en la guitarra y de estructura simple. Smith escribió el texto promocional del disco, llamándolo “tres acordes fusionados con el poder de la palabra”. Si bien la mayoría de las canciones giran en torno a tres acordes, estas se sienten rapsódicas, espontáneas, vivas e impulsivas. Dos de las ocho canciones, “Birdland” y “Land”, duran más de nueve minutos, no con extensas improvisaciones, sino con apoyo atento y volátil para cada giro narrativo e imagen de Smith.

Patti Smith entre espectadores al
Patti Smith entre espectadores al aire libre, con el skyline de Nueva York al fondo

La reedición por el 50 aniversario de “Horses” incluye maquetas tempranas (sin batería) y versiones alternativas con toda la banda. Estas muestran las estructuras y las señas internas de las canciones, pero, sobre todo, a una Smith arrojándose de lleno al momento de la interpretación.

“Horses” no fue un éxito comercial, pero alcanzó y sigue alcanzando a quienes lo necesitan. En las notas del disco, Smith escribió sobre “nuevos riesgos eternamente grabados en un frío sistema de cera”, y el álbum ha sido un ejemplo para generaciones de compositores, no solo para imitar el sonido, sino más aún para asumir su defensa de la autoexploración y ese “mar de posibilidades”. A continuación, Patti Smith, su banda y sus herederos musicales ofrecen reflexiones tras medio siglo de escuchar “Horses”.

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Patti Smith

Teníamos “Land”. Un día, estábamos preparando la lista de canciones y dije: “Me gustaría tener otra canción de acordes simples”. Quería algo para improvisar. Y Lenny dijo: “Está ‘Gloria’”. Y pregunté: “¿Esa es buena?” Y él: “Es la mejor”. Me dio libertad hacer una canción como “Gloria”, sin preocuparme de que fuera escrita desde un punto de vista masculino.

Lenny Kaye (guitarrista y compositor, Patti Smith Group)

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Patti hacía un poema y luego pasábamos a una canción. Usábamos la canción como trampolín para los viajes mágicos de Patti, a donde fuera que nos llevara a nosotros y al público, siguiéndola para ver dónde terminábamos. Y, si todo iba bien, al final de la narración, volvíamos a la canción.

Clive Davis (ejecutivo discográfico)

La primera vez que escuché “Gloria” me impactó. En más del 90 por ciento de las audiciones de artistas busco canciones exitosas. Aquí, su singularidad y originalidad me deslumbraron. Por supuesto que quería éxitos, pero siempre aprecié la originalidad. Sly Stone componía éxitos, pero era original y con personalidad. Joplin logró éxitos, pero representaba a alguien auténtico. ¿Podía Patti Smith tener un éxito? No me importaba.

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Thurston Moore (músico, Sonic Youth)

Tiene algo muy posmoderno. Transforman la versión en una composición completamente nueva, que les pertenece.

De izquierda a derecha: Ivan
De izquierda a derecha: Ivan Kral, Smith, Jay Dee Daugherty en la batería, John Cale y Kaye.

John Cale (músico; productor de “Horses”)

Cuando empezamos a grabar noté algunos problemas con los instrumentos. Perdimos tiempo ajustando la entonación, hasta que simplemente dije: “Qué más da, llamemos a S.I.R. [Studio Instrument Rentals] y alquilemos”. Me sentí un poco rudo, porque estaban muy apegados a sus instrumentos. Al final, todos se adaptaron y ayudó mucho. Casi siempre traté de mantenerme al margen. Para mí, era muy importante permitir que Patti creara y observar qué sucedía.

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Patti Smith

No entendía el mundo de la grabación. No sabía cómo se hacían los discos, ni las posibilidades de la tecnología. Solo quería que nos oyeran como éramos, no una versión pulida o desinfectada de lo que hacíamos.

Bruce Springsteen (músico)

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El álbum empieza con probablemente la mejor frase inicial de cualquier disco debut en la historia del rock and roll.

Courtney Love (música)

¡Mejor frase de apertura de la historia!

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Bono (músico)

“Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos.” Eso fue difícil de asimilar para mí a los 17 años. ¿Es una confesión? ¿Es una afirmación de hechos o de temor? ¿Una invocación o invitación a quienes nos sentimos caídos? ¿O es rebeldía contra el sacerdocio?

Supongo que es todo eso.

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Recuerdo que no podía creer que se pudiera tomar un clásico temprano del rock y el soul como “Gloria” de Van Morrison (himno nacional en Irlanda) y atreverse a reinventarlo, rehacerlo y elevarlo a una oración punk, incendiaria y provocadora, borrando límites entre lo sexual y lo espiritual. De alguna manera, este disco fue para mí y mi banda un manifiesto de cómo abordar los siguientes 49 años.

Skin (música, Skunk Anansie)

Cada vez que mi madre salía de la sala, yo cambiaba la radio a Radio 1, de la BBC. Ella volvía cuando estaba sonando “Gloria” y, al oír la primera línea, se acercó y apagó la radio. Yo no sabía quién era ni de quién era el disco. Pero la primera frase quedó resonando en mi cabeza. Esa frase me hizo pensar que no tenía que hacer lo que mis padres me decían y también que había quienes opinaban que la religión no era buena. Esa canción fue una chispa para muchos cambios en mi vida.

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Florence Welch (música, Florence + the Machine)

“Gloria” fluye libremente, pero el gancho es sólido. Es tomar algo masculino y con actitud —sientes toda esa agresividad—, pero al final, es pura euforia. Una experiencia casi religiosa.

Patti Smith ante un micrófono,
Patti Smith ante un micrófono, mirando hacia el cielo y con las manos levantadas.

Lenny Kaye

“Gloria” es aceleración. Cada vez que entra otra sección, puedes sentir cómo la banda cambia de marcha.

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Jimmy Iovine (ejecutivo y productor discográfico)

La improvisación muchas veces llega hasta el límite, y justo logra superarlo y controlarlo. En “Gloria”, parece que todo puede salir mal. Incluso al escuchar el disco después de varias veces, sientes que podría fallar. Haber logrado mantener eso es notable.

Courtney Love

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Me salvó la vida. Yo estaba en un centro de detención juvenil a punto de entrar en casas de acogida. En un mes, dos de mis consejeros —hippies buena onda de Eugene (Oregón)— me regalaron “Horses”. Ese mismo mes, mi padre de acogida también me lo dio. Tres hombres me lo dieron y dijeron: “Courtney, esto me recuerda a ti”.

Lo cambió todo. Pensé: hay más gente como yo en el mundo. Jamás había escuchado algo así. Y nunca había visto una mujer como ella. “¿Qué demonios hace? No sé, pero quiero hacerlo también.”

Patti Smith

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La escribí en el Hotel Chelsea. Tuve una rara discusión con mi hermana y desapareció; creo que fue a Coney Island. Pero sentí miedo, como si algo le hubiese pasado. La escribí como un poema y solía leerlo en mis recitales de poesía. Después, con Richard [Sohl] y Lenny, se transformó en una pequeña canción reggae.

Smith en el Hotel Chelsea,
Smith en el Hotel Chelsea, en la Calle 23

Lenny Kaye

Nos fascinaba el reggae. Yo solía ir en los años setenta a Brooklyn, a los barrios de las Indias Occidentales, y entraba en las tiendas de discos para pedir que me pusieran todos los singles.

Jay Dee Daugherty (baterista, Patti Smith Group)

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No había escuchado suficiente reggae, ska y ese tipo de música como para sentir que de verdad sabía lo que hacía. Recuerdo que no podía descifrarlo. Creo que suena muy, muy entrecortado.

Michael Stipe (músico, R.E.M.)

Ella creció con la radio de los años 50 —las Shirelles y las Ronettes. Si prestas atención a la música, a la voz y al ritmo, ahí está la energía y la cadencia de los grupos femeninos.

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Bruce Springsteen

A menudo yuxtapone letras muy oscuras con una melodía o un arreglo más luminoso. Me gusta cómo lo concibió y equilibró.

Ana Da Silva (música, Raincoats)

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Era la voz de una mujer de una forma que nunca antes había escuchado. Y esa línea de apertura: “Redondo Beach es una playa donde las mujeres aman a otras mujeres.” Eso, en su momento, fue extraordinario. No era solo la afirmación en sí. Era la manera en que lo decía. Convertía el hecho de que una mujer amara a otra mujer en algo bello, algo que no siempre se veía así —aún hoy no se ve así, pero entonces era aún peor.

Después fui a verla tocar al Roundhouse en Londres. Subió al escenario con fuerza, botas puestas, se puso una flor en la boca y la escupió, y los pétalos volaron. Fue como decir adiós a las actitudes tibias y luchar por lo que importa.

Billy Idol (músico)

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No me di cuenta de que “Redondo Beach” trataba sobre el amor femenino. Muchas personas que luchaban con la identidad de género formaban parte del punk rock. Eso buscábamos: una sensación de libertad para adueñarnos de nuestra sexualidad. Y ahí estaba ella cantando sobre eso, adelantada a todos los demás. En las notas de “Horses” dice que está “más allá del género”, y eso es lo que veo ahora.

Patti Smith

Estaba completamente inexperta. Nunca había trabajado con un productor. Si John no podía imponerse, se apartaba y me desafiaba. “¿Quieres improvisar ‘Birdland’? ¿Quieres hacerlo al vuelo? Entonces hazlo de verdad.” No era fácil desafiarme porque tenía mucha seguridad. Tenía más confianza en mí misma que talento, tal vez. Cuando lograba algo, lo veía reflejado en su rostro. Eso me daba una sensación de logro, porque si logras complacer a otro artista, es un objetivo elevado: no calmar, sino inspirar.

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 Richard Sohl y Smith
Richard Sohl y Smith

Lenny Kaye

La canción comenzó como un poema de tres minutos con acompañamiento musical de Richard Sohl y mi pedal wah-wah. Y a medida que progresaba, la fuimos llevando más lejos. Mucho de eso fue por John.

John Cale

Valoraba el lenguaje que ella usaba y las emociones presentes. No quería interrumpirlas. Quería que todo fuera real y natural.

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Skin

Las capas de guitarras en ese tema —eso refleja lo que ella siente en su cabeza. Se desprende todo ese material, toda esa información, toda esa locura, todo saliendo como un aullido.

Bruce Springsteen

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Al final de “Birdland”, ella realiza una especie de riff doo-wop. Patti nació en el 46, así que lo lleva en el ADN. Era una revolucionaria y una clasicista.

Michael Stipe

“Birdland” fue el momento clave para mí cuando tenía 15 años. Ahí me senté derecho y pensé: ¿qué diablos es esto? Era como si escuchara un nuevo idioma en mi propio idioma.

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Al leer sus poemas comprendes que a veces surgen de historias reales. Pero su enfoque es completamente asombroso. Se transforma en otra cosa sobre el duelo, el amor, la trascendencia y la posibilidad de vida tras la vida: la importancia y la fragilidad de la existencia, y después, ¿qué sigue? Todo eso lo destila en una canción de nueve minutos.

Patti Smith, 1975, en una
Patti Smith, 1975, en una lectura de poesía

Florence Welch

En ciertas frases transmite una inocencia casi infantil, especialmente al inicio de “Birdland”. Hay una parte en la que describe las estrellas como si estuvieran cubiertas de mantequilla; es tan inocente, tan hermoso.

Y aparece también una masculinidad imponente, y pasa de una a la otra inspirando mucho.

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Adele Bertei (escritora, directora y música, The Contortions)

“Como si alguien hubiese untado mantequilla en las puntas de las estrellas, porque cuando él miraba hacia arriba, comenzaban a resbalar.” ¿Qué? Las mujeres nunca hablaban así en el rock. Era como Yeats más Jim Morrison y, en el centro, esta mujer encarnada en espíritu femenino. Nos liberó de los corsés mentales y nos permitió saber que no necesitábamos ser arquetipos femeninos.

Patti Smith

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Mucha gente piensa que es una canción de amor. La escribí como si fuera “Oh baby”, pero realmente era para mi madre. En casa teníamos dificultades económicas, hasta el punto de que a veces no había suficiente comida. Trabajaron duro toda su vida. No podían mantenerme, pero nunca me faltó amor.

Thurston Moore

“Free Money” empieza hablando de encontrar un billete de lotería bajo la almohada, y la idea de ese regalo que podría liberarte, pero hay algo ilusorio ahí. Es una visión casi budista: el dinero gratis no existe. Es un oxímoron.

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Skin

Tiene esos versos: “Cada noche antes de recostar mi cabeza / Veo esos billetes de dólar girando sobre mi cama.”

Provengo de un ambiente muy pobre. Esa parte me llegó mucho: “Sí, chica, te entiendo.”

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Lenny Kaye

Muchas canciones —como “Free Money”— no comenzaron como tales. Nacieron con Patti cantando sobre una progresión de acordes y una idea. Les decíamos “campos” —campos de exploración para reciclar acordes. La canción surgía de la repetición. “Free Money” son simplemente los acordes la menor, fa, sol, fa, sol, sin parar. Pronto aparecían las partes, la canción nos decía adónde ir.

Sammy Hagar (músico; versionó “Free Money” en 1977)

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Mi productor, John Carter, me hizo escuchar “Free Money”. No conocía a Patti entonces. Yo solo pensaba: “Es una canción de amor apasionada.” No era fan del punk, así que decidí convertirla en una balada de amor y quitarle el punk.

Yo también fui pobre, mi madre crió cuatro hijos sin educación, recogiendo fruta. Solo tuvo una casa cuando se la compré. Era de las primeras cosas en mi lista cuando tuve dinero, y lo cumplí. Así que dile a Patti que el sueño se cumplió.

Kaye, Smith y Sohl
Kaye, Smith y Sohl

Johnny Marr (músico, The Smiths)

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Me colaba en conciertos en la Universidad de Manchester. “Free Money” era el tema que los técnicos ponían entre sets porque era muy contagioso. No hay otra palabra que lo describa mejor que “cool”. La banda no se ocultaba tras la producción. El productor no ocultaba trucos. El cantante no se escudaba en armonías.

Thurston Moore

En cierto modo, el epicentro de “Horses” es el piano de Richard Sohl. En las primeras grabaciones disponibles, solo con Patti y Lenny, todo suena crudo. Pero cuando Richard se une, aporta cohesión musical.

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Una artista que cambió vidas

Lenny Kaye

Patti recuerda el nacimiento de su hermana Kimberly. Creo que empezó como una canción tipo Booker T. & the M.G.’s. El órgano de Richard impone el ritmo.

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Billy Idol

El disco original no incluía las letras. No sabía que “Kimberly” se refería a su hermana. Pensé que le cantaba a las “hermanas” como símbolo de feminismo. La interacción de los músicos era fantástica. Eso se oye en “Horses”, se oye en Television. En Inglaterra mirábamos lo que pasaba en Estados Unidos y queríamos una escena propia.

La estructura de la canción es muy clásica. Todas las partes, el modo en que se construye, es casi como de los 60. Toman la música de guitarras y la actualizan sin caer en el prog-rock. Fluye bien, pero tiene muchos ganchos. Cada estrofa cambia algo.

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Johnny Marr

La primera canción que escribió The Smiths, “The Hand That Rocks the Cradle”, se inspiró en “Kimberly”. Yo sabía que Patti Smith era nuestro punto en común.

Corin Tucker (música, Sleater-Kinney)

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Es profunda, es una relación interesante y muy diferente a cómo las mujeres se relacionaban históricamente entre sí en la cultura pop. Riot grrrl abordó nuevas formas de relacionamiento entre mujeres, validando y replanteando nuestros vínculos, escribiendo canciones sobre nosotras mismas. Tener una canción así era fundamental.

Florence Welch

Describe la imagen frente a ti. Ves todo como ella lo ve. Tiene algo de sermón. Se percibe la veneración que cruza su obra.

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Blondshell (música)

No es solo una canción de amor entre hermanas, sino que se siente el peso de cuidar de otro ser. Cuando la oí decir “Me siento como una Joan de Arco desplazada” y después, “Tu alma era como una red de saliva”, pensé: ¿Podemos decir eso? Las canciones no tienen que ser solo románticas. Pueden hablar de la familia, de una tormenta eléctrica, de sostener a una hermana pequeña. La dicción y el ritmo de su fraseo, como “cielo violeta violento”. Es literal, como una grieta en el cielo.

Susanna Hoffs (música, The Bangles)

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Me encantó lo personal: canta sobre su hermana menor, a quien amó y adora. Hay ternura y belleza en esa canción. Y me gusta mucho la melodía. Algunas canciones de Patti tienen una pizca de los años 50.

Patti Smith

La canción es un homenaje a la poesía, a Jim [Morrison], a los sueños, pero también es un documento de mi amistad con Tom [Verlaine] y nuestro proceso conjunto. Tom era increíble porque escribía cientos o miles de canciones mientras yo luchaba con cada una. Me decía: “Es fácil. Dame tu cuaderno.” Foto en blanco y negro en una fiesta, 1974, Tom Verlaine, con camiseta clara, abraza a Patti Smith, con camiseta oscura, bajo una lámpara.

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Tom Verlaine y Smith
Tom Verlaine y Smith

Abrimos una página donde había escrito sobre un sueño reciente, en el que estaba en un cementerio y veía una escultura de un Prometeo joven, hermoso, encadenado en el suelo. Su cara era Jim Morrison y sentía su energía vital atrapada dentro de la estatua de mármol. Yo gritaba: “¡Rompe las cadenas!” Se rompía y él emergía con alas, volando.

Había otras cosas en el cuaderno, fragmentos de conversaciones. “No me hables así. No escucho.” Solo Tom pondría eso en una canción. Lo escribí yo, pero no me habría atrevido a incluirlo. Él me dijo: “No tengas miedo de robarte a ti misma.”

Courtney Love

Me encanta “Break It Up”. ¡Es un himno rockero! Es un himno de estadio.

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Matt Berninger (músico, The National)

Trata de la mutación, de romper las barreras de la identidad y fundirse en otro. Es muy visceral y sexy, y tiene estribillo.

Se oye orgánico: gente en un cuarto buscándolo sobre la marcha. Incluso puedes oír cómo ella se golpea el pecho. Estás dentro de su mente y oyes a los músicos, atentos, creando juntos, tomando decisiones en tiempo real.

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Johnny Marr

Empecé a tocar encima de “Horses” apenas lo conseguí, y “Break It Up” fue una de mis favoritas por años. El estilo de Tom Verlaine estaba a años luz de lo que hacían los demás. Parecía un nuevo inicio para la guitarra.

Michael Stipe

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Tom Verlaine y Peter [Buck, de R.E.M.] son los únicos guitarristas a los que podía mirar y quedarme totalmente absorto. Se funden con el instrumento.

Adele Bertei

La estructura musical de “Break It Up” refleja una resurrección. Empieza tranquila, como enterrada, luego la vibración inicia la lucha y explota al romperse, cuando ella y toda la banda atraviesan el ascenso.

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La guitarra de Tom es delicada —como un halo de pájaros en torno a sus invocaciones— y va acumulando fuerza. Al final, esa bandada de pájaros explota desde su corazón, cuando se eleva.

Patti Smith

La palabra “land” viene de “Land of 1000 Dances”, de Chris Kenner (1962). Me fascinaba “Las mil y una noches” y la idea de Sherezade contando historias. Por mucho tiempo, “Land” tuvo varias formas. En una, casi era la historia del rock and roll: Jimi Hendrix, James Brown, una letanía. Luego leí “The Wild Boys” y William Burroughs me influyó mucho, y de ahí surgió Johnny.

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Lenny Kaye

Pasamos seis semanas en CBGB a principios de 1975, tocando de jueves a domingo con Television, alternando turnos. Johnny vivía nuevas aventuras en “Land” cada noche; dependía del ánimo y, ya sabes, de la fase de la luna. Los acordes son simples, pero mientras los tocas, recorres un viaje. A veces tenía los ojos cerrados siguiendo el camino que Patti trazaba. Al finalizar, los abría y pensaba, “¿Dónde estuve?”

Bruce Springsteen

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En “Land” hay contexto, forma y estructura. Pero a pesar de eso, ella entra en un jazz lírico libre. Se deja ver completamente, permitiéndote verla. Es divertida. No es irónica. Todo está expuesto en su corazón.

Corin Tucker

El álbum es muy experimental. Incluye dos canciones de nueve minutos, ¿no? Van a fondo. Se cimenta en relaciones humanas. Eso requiere valentía y trabajo, y gente que apoye ese esfuerzo.

Matt Berninger

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La poesía es como patinar sobre hielo, mientras que la composición es nadar. En la composición, te sumerges y reaccionas a la música, en la poesía te deslizas por la superficie. En todo “Horses” oyes a alguien más cómodo como poeta, que empieza a hacerse cantante y compositor, rompendo barreras. Literalmente la escuchas romper el hielo y nadar.

Jimmy Iovine

Lo admirable de “Horses” es cómo Smith se convirtió en cantante y grabó un disco partiendo de la poesía. Lo logró, sobre todo en canciones como “Gloria” y “Land”. Eran verdaderas canciones de rock, pero las reconstruían, casi como hace hoy el hip hop con los samples.

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Patti Smith

Al final, cuando la tecnología se convirtió en mi aliada, grabé otras voces. Todas pertenecían a distintos personajes. Algunos desesperados, otros como predicadores, otros simplemente balbuceando, balbuceo intencial.

No sabía cómo iba a terminar “Land”. Por supuesto, estábamos en el estudio de Jimi Hendrix. Me conmovía estar en su estudio, sintiendo privilegio y culpa. Lo había conocido brevemente en la escalera, y dos semanas después murió. Siempre me marcó. Al terminar, como que lo vi. “Entre las sábanas estaba un hombre, bailando al ritmo de una sencilla canción de rock and roll.”

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Ese es Jimi Hendrix. Ese es el final de su vida. Lo vi. Estuve al borde del llanto, y así finalizó “Land”.

Jay Dee Daugherty

Con “Land”, no sé si fue estrategia de John —el productor— o no, pero nos cortaba antes de poder terminarla, lo que nos perturbaba, especialmente a Patti. Llegué a explotar: “¡Déjanos terminar una toma!” No sé si fue deliberado, pero realmente nos unió como banda. “Ya verás”, pensábamos.

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Lenny Kaye

La colaboración con John y la banda dio mucho fruto. Nos obligó a decidir quiénes queríamos ser. Eso es un álbum debut. Y 50 años después, con todas las virtudes y defectos, el disco aún le habla a la gente.

Jay Dee Daugherty

La música la compuso Allen Lanier, un músico formado, que realmente sabía, por ejemplo, escalas y notas. Acordes.

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Patti Smith

Mi sueño era tener a Chet Baker tocando al final, en honor a Jimi. Pero no podíamos pagarlo. Costaba cinco mil dólares, y no los teníamos. Creo que todo nuestro presupuesto era de veinte mil. Pero lo escucho en mi mente. He oído tanto a Chet Baker que imagino cómo lo habría hecho.

Michael Stipe

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Patti es muy buena para abrazar la alegría, pero también, dentro de esa alegría, la tristeza de la vida. Y eso, consciente o inconscientemente, debe haberse filtrado en mi trabajo. Tal vez comparto su percepción de la fragilidad de la vida, la belleza de la alegría y el peso del duelo, y por eso logro conectar tan directamente con lo que canta.

Lenny Kaye

Sabemos que somos parte de una tradición musical, y entendemos a quienes nos ayudaron. A Patti le gusta ir a los cementerios y dejar un objeto en la tumba de una persona que nos ha dado una visión del universo. He ido a muchas tumbas, de Bulgakov a Sylvia Plath. Es importante tributar a los que nos precedieron y ayudar a que los recuerden quienes siguen.

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Florence Welch

Un disco tan lleno de impulso y deseo necesita terminar casi como una oración. Sientes ímpetu, pero también que el final es un corazón romántico. Es ver belleza en todo. Hay furia, pero también belleza.

Thurston Moore

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Patti cantaba al servicio de la canción. Tenía una voz única, con ciertos límites. Hasta el final del álbum, cuando canta “Elegie”. Ahí se va a un falsete hermoso. La primera vez que lo oí, fue conmovedor. Hay algo de ave canora ahí.

Adele Bertei

Abrió con un puñetazo de herejía y acabó cambiándolo todo para el rock. Hizo que se moviera el suelo bajo nuestros pies.

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Lenny Kaye

Con el tiempo veo el arco narrativo de “Horses”: empieza en “Gloria” y vuelve a Jimi Hendrix.

Creo que es el viaje de Patti definiéndose dentro de la tradición del rock. Ambos crecimos con esa música como banda sonora de nuestra liberación. ¿Qué harías tú para hacer avanzar la música? Sentíamos que, por alguna razón, la chispa que nos atrajo al rock en principio estaba en riesgo de perderse en una nueva generación.

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Queríamos evolucionarlo para permitir una nueva generación, continuar y no repetir lo anterior. Eso es para mí el punk.

Nunca pensé que aquel pequeño núcleo en CBGB sería el sonido escuchado en el mundo.

A veces no eres consciente de eso cuando creas. Sigues sin darte cuenta del impulso natural. Es un documento notable de una banda muy joven. Somos pequeños ponis intentando canalizar esa energía. Y también abordamos el futuro. Eso es todo lo que puedes esperar de un disco debut.

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Fuente: The New York Time. Fotos: The New York Time

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Del conurbano a casi morir en Ucrania: la increíble historia de uno de los argentinos que combate en la guerra con Rusia

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Julián Nieto tiene 30 años, es de Merlo y hasta hace poco su vida transcurría lejos del frente de batalla: trabajaba en una fábrica de muebles y en el acondicionamiento de sucursales para grandes empresas multinacionales. Hoy, su nombre se sumó a la lista de argentinos que viajaron como voluntarios a Ucrania para combatir en la guerra contra Rusia, la historia que cuenta Morir en guerra ajena, el documental de TN.

A los pocos días de haber llegado, un ataque con drones cambió su historia para siempre: perdió un ojo, estuvo a punto de perder una pierna y sobrevivió de milagro.

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Nieto tenía experiencia militar previa. Había sido soldado del Ejército Argentino y, según él mismo relata, su decisión de ir a una guerra no fue algo largamente planeado. “¿Si había pensado antes alguna vez en ir a una guerra? No, es la primera vez que me lo planteé en serio y pelear por otro país que no es el tuyo”, explicó a TN.

Leé también: Morir en guerra ajena: la historia de los argentinos que combaten en Ucrania

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En ese punto, su motivación aparece atravesada por una idea que repite a lo largo de su testimonio: “Yo soy un defensor de la libertad y cada uno defiende la libertad desde donde puede, pero a veces no de donde quiere. Yo tengo la oportunidad de hacerlo ahora desde donde quiero y desde donde puedo”.

Antes de viajar, su vida estaba anclada en el conurbano bonaerense. “No tengo hijos, no tengo mujer, tengo a mi mamá y mis cuatro hermanos”, contó. Sobre el impacto de su decisión en su familia, fue directo: “Yo sé que mi mamá siente dolor, tristeza, porque creo que ella sabe que yo no voy mentalizado en volver”.

Merlo perdió un ojo durante el ataque. (Foto: TN)

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El ataque que casi lo mata ocurrió apenas días después de su arribo al frente. Nieto lo reconstruye con precisión. “De pronto estábamos hablando, esperando, formando. Uno de los comandantes recibe una alerta por radio. No entiendo su idioma, pero lo único que dijo fue ‘drone, dron”, recordó. Como líder de grupo, dudó en ponerse a salvo primero. “Quedaba mal que yo saliera corriendo primero. Saqué a todos los muchachos del árbol, a uno lo manoteé, lo revolé, le dije que corra. No sé quién era”.

Cuando todos comenzaron a huir, él también lo hizo, pero no llegó lejos. “No llegué a ser más de 10 metros corriendo. Cuando vi que el impacto era inminente, me tiré al suelo. Caí con todos los protocolos, con la boca abierta para no reventarme los tímpanos”. La explosión fue inmediata. “Siento la explosión y no siento nada en el cuerpo”, relató. Segundos después, al incorporarse, se dio cuenta de la gravedad de las heridas: “Cuando abro los ojos no veía de uno y empiezo a gotear sangre en las manos. Ahí sí empecé a sentir el dolor”.

Leé también: El dramático relato de un argentino que combate para Ucrania y sobrevivió a un poderoso ataque ruso con drones

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El fuego y la metralla hicieron el resto. “Creí que me estaba prendiendo fuego porque sentí un ardor en todo el cuerpo, sobre todo en la pierna. Me doy vuelta y tenía la pierna que me estaba saliendo muchísima sangre”. Intentó ponerse de pie, pero cayó nuevamente. “En ese momento que caigo, una explosión más”. Logró arrastrarse hasta que apareció uno de sus hermanos, que también combate allí. “Me arrastro boca arriba y me encuentra mi hermano”, contó. La asistencia de sus hermanos y compañeros fue clave para salvarle la vida.

El ataque dejó un saldo devastador. “Básicamente el ataque hubo muchísimos muertos, lamentablemente, además de los heridos”, dijo. También tuvo un impacto psicológico en el resto de la tropa. “La otra consecuencia fue que muchos soldados se dieron cuenta que no estaban preparados para este tipo de guerra. Muchos pidieron irse”. En su caso, el golpe no quebró su decisión. “A mí en lo personal no me afectó y el hecho de haber perdido un ojo tampoco. Yo todavía estoy con la moral muy alta y espero la hora de recuperarme”, aseguró.

Leé también: En la Rusia de Putin, hacer chistes sobre la guerra en Ucrania o sobre religión te puede llevar a la cárcel

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La historia de Nieto se conoce en un contexto marcado por nuevas muertes de argentinos en el frente ucraniano. En las últimas horas se confirmó el fallecimiento de Cristian Airala, un misionero de 27 años que combatía como voluntario en una unidad de asalto del ejército de Ucrania y murió durante un ataque ruso con drones y misiles en la región de Járkiv. En el mismo episodio también murieron dos combatientes colombianos.

Airala, conocido por la chapa de guerra “Machete”, tenía formación previa en el Ejército Argentino y se desempeñaba como instructor de tiro. Su muerte se suma a una lista creciente de argentinos que perdieron la vida desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, hace más de tres años y medio, ya que los voluntarios extranjeros suelen ser destinados a unidades de asalto, las más expuestas del frente. No existen cifras oficiales, pero distintos episodios confirmados en los últimos meses dan cuenta de la magnitud del fenómeno.

Guerra Rusia Ucrania, Rusia, Ucrania

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INTERNACIONAL

North Korea executed teens for listening to K-pop, watching ‘Squid Game’: report

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

North Korean authorities executed teenagers for watching the South Korean television series «Squid Game» and listening to K-pop, human rights researchers announced in early February.

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Amnesty International cited testimony from an escapee with family ties in Yanggang Province who said people, including schoolchildren, were executed for specifically watching the popular survival drama series.

It also separately documented accounts of forced labor sentences and public humiliation for consuming South Korean media elsewhere in the country, particularly for those without money or political connections.

«Usually when high school students are caught, if their family has money, they just get warnings,» said Kim Joonsik, 28, who was caught watching South Korean dramas three times before leaving the country in 2019.

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WATCHDOG HIGHLIGHTS NATIONS WHERE CHRISTIANS FACE PERSECUTION AROUND THE GLOBE

A leaflet containing a U.S. dollar bill beneath USB drives loaded with K-pop music is seen during an interview with North Korean defector Park Sang-hak in Seoul, South Korea, on June 25, 2024. (Anthony Wallace/AFP via Getty Images)

«I didn’t receive legal punishment because we had connections,» he told Amnesty International in an interview.

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NORTH KOREA MISSILE LAUNCH THAT PUT SOUTH KOREA, JAPAN ON HIGH ALERT ENDS IN FAILURE

Joonsik said three of his sisters’ high school friends were given multi-year labor camp sentences in the late 2010s after being caught watching South Korean dramas, a punishment he said reflected their families’ inability to pay bribes.

«The authorities criminalize access to information in violation of international law, then allow officials to profit off those fearing punishment. This is repression layered with corruption, and it most devastates those without wealth or connections,» said Sarah Brooks, Amnesty International’s deputy regional director.

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Uniformed singers perform onstage during a diplomatic concert in Pyongyang.

Members of the North Korean Military Choir sing a Russian song during a concert following Russian–North Korean talks in Pyongyang, North Korea, on June 19, 2024. (Contributor/Getty Images)

RUSSIA’S TURN TO NORTH KOREA FOR MUCH-NEEDED AMMO A ‘LAST RESORT’ IN UKRAINE CONFLICT: ‘HITTING THE DREGS’

«This government’s fear of information has effectively placed the entire population in an ideological cage, suffocating their access to the views and thoughts of other human beings,» she added. «People who strive to learn more about the world outside North Korea, or seek simple entertainment from overseas, face the harshest of punishments.»

K-pop fans gather inside a large venue for a music convention.

Fans of Korean pop music attend the KCON convention in Newark, New Jersey, on June 23, 2018. (Stephanie Keith/Getty Images)

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Several defectors told the human rights organization that they were required to witness public executions while still in school, describing the practice as a form of state-mandated indoctrination designed to deter exposure to foreign culture.

«When we were 16, 17, in middle school, they took us to executions and showed us everything,» said Kim Eunju, 40. «People were executed for watching or distributing South Korean media. It’s ideological education: if you watch, this happens to you too.»

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INTERNACIONAL

Las memorias feroces y sin épica de la danesa Tove Ditlevsen: miseria, desenfreno, literatura y adicciones

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Tove Ditlevsen fue célebre en Dinamarca y el reconocimiento internacional llegó hace unos años, con la traducción de sus libros. La crítica de su tiempo consideraba menores los temas de su literatura.

Advertencia al lector: lo que sigue es un artículo escrito bajo el influjo de una lectura inesperada y deslumbrante. Cada tanto sucede que cuesta salir de un libro aunque hayamos llegado al final. Hay algo en los personajes que nos acompañaron, en la propia escritura o en los hechos que se narran que no terminan de irse de nuestro lado. Cada tanto sucede que es todo eso junto –los personajes, la escritura, los hechos–, que no nos abandona ni nos permite leer otra cosa. Precisamente ahí estoy, a la espera de que se apague el calor de la lectura para poder ingresar a otro universo. Es desde ese pasaje, y todavía conmovida, que escribo lo que sigue.

Tove Ditlevsen (19917-1976) era una criatura cuando supo que lo único que le interesaba en la vida era la literatura. Quería leer y quería escribir pero para eso necesitaba espacio y silencio y en el miserable departamento en el que vivía no había nunca ni silencio ni espacio. Durante sus primeros años durmió con sus padres, en la misma habitación. Solo escapaba de la opresión por las noches, cuando se sentaba en el alféizar y miraba por la ventana hacia el cielo, por encima las calles mugrientas de Vesterbro, la zona roja de Copenhague. Cuando su hermano cumplió los 18 y huyó de casa, ella pasó a ocupar el sofá de la sala a la hora de dormir: perdió la ventana pero ganó intimidad algunas horas. Entonces comenzó a registrar por escrito lo que ocurría a su alrededor y también lo que le pasaba a ella misma, una mujer extremadamente sensible, adelantada a su tiempo y con ambiciones definitivamente por fuera de su clase.

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El drama fue siempre parte de su historia y también de su escritura. Su primer poema narraba en verso el duelo de una mujer por la muerte de su hijito. Cuando murió, o mejor, cuando eligió morir, tenía 58 años y era una celebridad en Dinamarca, con treinta libros publicados entre poemarios, novelas, cuentos, memorias y relatos infantiles. Además, había escrito columnas en periódicos, por lo que todos en su país la conocían, sobre todo las mujeres.

Durante décadas Ditlevsen fue una escritora clave para generaciones de lectoras danesas pero su centralidad no atenuaba la incomodidad que provocaba su literatura. El canon de la época no estaba en condiciones de procesar una obra producida a partir de la vida doméstica, el matrimonio, la maternidad, la dependencia emocional y química y el deseo de escribir como tabla de salvación, todos temas considerados menores. Era, claro, una época que no podía procesar una literatura escrita por la mayoría de las mujeres.

"Trilogía de Copenhague", de Tove
«Trilogía de Copenhague», de Tove Ditlevsen, fue traducido al español por Seix Barral.

Tove Irma Margit Ditlevsen nació en Copenhague en 1917 y se suicidó en 1976. Aunque practicó todos los géneros (incluso los textos a pedido para ser leídos en eventos y ocasiones especiales, habilidad que explotaron todos sus superiores en los trabajos precarios que emprendió para sobrevivir), son sus memorias las que, a partir de la traducción al inglés y luego al español en los últimos años, le dieron a su nombre trascendencia en todo el mundo. Esas memorias fueron pensadas como tres libros diferentes, Infancia, Juventud y Dependencia, que fueron publicados entre 1967 y 1971.

Décadas después, hubo un editor que advirtió que los textos componían un relato único: la historia de una niña criada en la pobreza y con una madre fría y calculadora; la de una joven que se niega a cumplir el destino miserable que se avizora y quiere escribir pese a que “las chicas no escriben poesía”, como le repite su padre, un fogonero socialista; y la de una mujer adulta atrapada en matrimonios complicados, una maternidad asfixiante y, sobre todo, adicciones peligrosas que la borran del mundo cada vez por más tiempo. Fue ese editor visionario el que decidió reunir en inglés las memorias en un solo libro, el audaz y apabullante Trilogía de Copenhague (publicado en español por Seix Barral).

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Tove Ditlevsen escribió poesía, novelas,
Tove Ditlevsen escribió poesía, novelas, cuentos y literatura infantil. En sus memorias no se victimiza y narra hechos brutales con cierta distancia y sin instalarse en el lugar de la víctima.

En Infancia Ditlevsen construye una de las figuras maternas más perturbadoras de la literatura autobiográfica del siglo XX: una mujer desangelada, irritable y violenta que desaprueba todo. “El mundo era frío y peligroso porque la ira oscura de mi madre siempre terminaba en una bofetada”, escribe Ditlevsen. La casa es una cárcel, la lectura aparece como sorpresa y la escritura es una forma de escape, una salida secreta del tormento. La realidad que se avecina para Tove no es una promesa de felicidad y por eso las palabras por escrito actúan como desahogo.

En Juventud la narradora cuenta el pasaje a la adultez con cierto desapego y sin épica: trabajos de oficina poco estimulantes, el mismo abrigo y las medias corridas, habitaciones alquiladas (la ocupación nazi aparece en algunas escenas importantes pero siempre la crisis de la protagonista está en el centro), vínculos frágiles, la sensación persistente de no encajar. Muy alta y muy delgada, algo excéntrica, siempre aparece la idea de que no es atractiva. Esto le dicen en su casa y también las amistades ocasionales del barrio. Crecer pensando que no vas a gustarle a nadie no parece un buen comienzo para una vida esplendorosa.

La prosa de Ditlevsen es seca, sin afeites, algo distante (en algún sentido, hay algo de este estilo que se encuentra en la obra de la húngara Agota Kristof). No hay belleza ni en el retrato del ascenso social, al que llega como escritora exitosa y a través de su primer matrimonio, ni en las relaciones amorosas que se sucederán, algunas más sexuales que otras. Si hay algo que insiste en el libro es la ambición literaria siempre en tensión con su inseguridad. También es una constante la dependencia de los hombres que son quienes validan o impiden que se concrete su deseo de escribir. La escritura es una necesidad vital que siempre se ve amenazada por algo o por alguien.

Para Tove Ditlevsen escribir fue
Para Tove Ditlevsen escribir fue en un comienzo una tabla de salvación y siembre la posibilidad de una fuga. Su vida está retratada en sus memorias.

“Para mí, escribir es como en mi infancia, algo secreto y prohibido, vergonzoso, algo que uno se esconde en un rincón para hacer cuando nadie más está mirando”.

Su primer marido es Viggo F., el editor de la revista que publica su primer poema, cuando ella tiene 22 años. El hombre es mucho mayor y solitario, tiene dinero, ama a los artistas, viste de verde y vive en una casa en la que todo es verde como su ropa, desde las paredes hasta las copas.

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“Todo en la sala de estar es verde: la alfombra, las paredes, las cortinas… y siempre estoy dentro, como en un cuadro.”

Pero lo que más la sorprende y excita a Tove cuando conoce esa casa es que en el baño de Viggo F. hay una ducha. Tímidamente, casi en un beboteo, le pide permiso para usarla.

Viggo sabe que ella es joven y la induce a vincularse con otros autores de su edad, lo que le abre a Tove la puerta a nuevas amistades y posibles relaciones amorosas. Ebbe será su segundo marido, un hombre joven y hermoso, atrapado por la familia y por su imposibilidad para resolver su futuro. Estudia economía pero ama la literatura. Y fundamentalmente no puede abandonar el alcohol. Con Ebbe llegarán el amor real, la primera hija de Tove y el esfuerzo por adaptarse a una vida tradicional en una Dinamarca ocupada por los nazis. La maternidad y los primeros cuidados de la bebé le roban a Tove el deseo sexual y Ebbe comienza a sentirse abandonado. El centro romántico de las memorias están en esta relación de pareja, que no tendrá un final feliz aunque ambos mantendrán un hilo amoroso invisible hasta el final.

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“Algo ha salido mal para cada uno de nosotros, y creo que nuestra juventud ha desaparecido junto con la ocupación”.

Tove Ditlevsen no se sentía
Tove Ditlevsen no se sentía atractiva y tuvo una infancia miserable y una juventud en la que se vio obligada a emplearse en trabajos precarios y poco estimulantes.

El tercer volumen, Dependencia, es el libro el que terminó de consolidar su prestigio internacional en estos últimos años y es, si se me permite, desesperante por lo que narra y por cómo lo hace. Ditlevsen narra 25 años de su vida aunque se detiene largo rato en su matrimonio con Carl (su tercer esposo), un médico con antecedentes de enfermedad psiquiátrica que la inicia en el uso de opioides y la conduce al descenso progresivo a la adicción al Demerol.

Con él tendrá otro hijo y también se hará cargo de un hijo que el hombre tuvo con otra mujer. También casada con él y completamente dependiente de las drogas se someterá a una cirugía de oído para poder seguir inyectándose. No estaba realmente enferma, era la excusa para seguir drogándose y él, en su delirio, alimentaba esa supuesta enfermedad. Nunca recuperará la audición de ese oído. Tove se hunde, deja de escribir, olvida su cuidado personal, ya no sale de su habitación y es la niñera la que queda a cargo de los chicos. Tove ya no reconoce las unidades de tiempo: “Una hora podría ser un año, y un año podría ser una hora. Todo depende de cuánto haya en la jeringa”.

Fríamente hablando, en su vida habrá cuatro matrimonios, cuatro divorcios, tres hijos y dos abortos. Sí, Tove Ditlevsen escribía literatura sobre partos, abortos y también sobre los efectos de la menopausia (cuando habla de su madre y de su tía), temas que, siempre supimos, resultan menores y poco sugerentes para los diseñadores de cánones.

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“Me enamoré de un líquido transparente en una jeringa”, escribe cuando cuenta que, en realidad, abandonó a su anterior marido por la droga y no por otro amor. El título original del libro en danés significa a la vez “casada” y “veneno”, una ambigüedad que condensa el eje de esta historia. A propósito de la primera experiencia de la narradora con el Demerol, en la New York Review of Books Deborah Eisenberg escribió: “Ninguna película de terror que haya visto —por potentes que sean sus imágenes o metáforas— se ha acercado al resto del libro en cuanto a puro terror”.

El manipulador Carl pelea con sus fantasmas y también con la necesidad de controlar a su mujer: la droga, en inyecciones o como pastillas de metadona, se convierte en la herramienta para sedar las ambiciones de independencia de Tove y mantenerla en casa. En Los Angeles Review of Books, la crítica Nina Renata Aron destacó el tratamiento del tema en este libro como un gesto de vanguardia ya que estamos acostumbrados a leer estas vidas dependientes en relatos escritos por hombres, no por mujeres. Haber dedicado un fragmento tan extenso de sus memorias a la adicción fue “un acto radical para una mujer, en cualquier lugar del mundo, en 1971”, escribió Aron.

Tove Ditlevsen y Victor Andreasen,
Tove Ditlevsen y Victor Andreasen, su último marido.

Ditlevsen no habla desde el arrepentimiento ni se posiciona como víctima. Tampoco busca romantizar la caída y si bien el final de Dependencia la muestra casi recuperada y con su nuevo marido, no hay final feliz, no puede haberlo. Victor es editor de un diario, un hombre que la admiraba como escritora, un hombre enamorado que asume el cuidado de su mujer; el que la persuade para irse a vivir fuera de la ciudad y el que habla uno por uno con todos los médicos del pueblo para que no le receten opioides a Tove, acostumbrada a manipular a los profesionales y a falsificar recetas. Consigue distanciarla de la droga y viven juntos más de dos décadas: casi una vida normal, pero también ese matrimonio terminará en divorcio.

En la vida real, y no en sus memorias, la pareja tuvo una relación turbulenta, desquiciada. Luego de divorciarse y ser la comidilla del ambiente literario, alejada de todo pudor la escritora publicó un anuncio anónimo, aunque reconocible, en el diario de su ex marido. Decía así:

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Tras escapar de un matrimonio largo e infeliz, me siento sola en este mundo donde todos están en pareja. Tengo 52 años, mido 1,72 metros, soy delgada y rubia. Tengo un apartamento de ocho habitaciones en Copenhague y una preciosa casa de verano. No me falta dinero, solo amor. Me he labrado un nombre en la literatura, pero ¿de qué sirve si echo de menos a una pareja leal y cariñosa de una edad adecuada, preferiblemente que sepa conducir? Intereses: literatura, teatro, gente y felicidad doméstica. Por favor, envíen una fotografía y detalles de su situación personal.

A lo largo de sus memorias, Tove pasará cortas y largas temporadas en diferentes hospicios y sanatorios (algunas páginas me recordaron Un ángel en mi mesa, de Janet Frame, la novela en la que se basó Jane Campion para filmar su película del mismo nombre). Hay en el modo en que encara las peripecias de su vida una distancia, una mirada clínica, como de entomólogo, aunque nunca abandona las descripciones que ponen al cuerpo en escena. Esa combinación de frialdad formal y emociones intensas es una de sus marcas de estilo. Me gusta algo que escribió Parul Sehgal en The New York Times, quien habla de una prosa “plana, casi enmascarada”, que le añade inquietud a la abyección de lo que se narra, como si el propio lenguaje se mostrara reticente a ofrecer alguna clase de consuelo.

Esa idea es también, a su manera, formulada por Hilton Als en The New Yorker, cuando señala que la obra de Ditlevsen produce un efecto de extrañamiento constante: escribe desde dentro de las instituciones —el matrimonio, la familia, la maternidad— pero como si nunca terminara de pertenecer a ellas, es decir, como si todo el tiempo permaneciera en el umbral.

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“Me rescataron de mis muchos años de adicción, pero desde entonces, la sombra de mi antiguo anhelo sigue regresando débilmente si tengo que hacerme un análisis de sangre o si paso por la ventanilla de una farmacia. Nunca desaparecerá por completo mientras viva”.

El reconocimiento internacional de Tove Ditlevsen llegó 45 años después de su muerte. La publicación en inglés de Trilogía de Copenhague promovió la lectura de toda su obra y la instaló como figura clave de patria literaria de la época: la literatura del yo o la autobiografía moderna. Es notable, leí en estos días muchos artículos sobre su vida y su obra y en casi todos en algún momento la señalan como antecedente de muchas de las obras de autores que se destacaron en estos años en la literatura confesional, como Annie Ernaux, Lucia Berlin, Karl Ove Knausgard o Rachel Cusk pero también, al menos cierta zona de los primeros tomos de la trilogía, hacen pensar directamente en la ficción, como es el caso de La amiga estupenda, de Elena Ferrante. El Nápoles de Ferrante tiene bastantes similitudes con el Vesterbro de Tove.

No es una sorpresa pero sí es una pena que los críticos norteamericanos o europeos no hayan leído aún Memorias por correspondencia, el maravilloso libro escrito por la artista colombiana Emma Reyes (1919-2003), que sin dudas, incluso por cuestiones cronológicas, tiene puntos de contacto con la autobiografía de Ditlevsen, sobre todo por el modo sobrio aunque brutal —y hasta con humor, por momentos– con el que cuenta el drama de su vida sin victimizarse.

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Las memorias de Ditlevsen dialogan
Las memorias de Ditlevsen dialogan con discusiones del presente acerca de temas de género, salud mental y literatura del yo pero son literatura plena.

Un artículo de Nina Siegal en The New York Times, recuerda que Ditlevsen llegó a escribir su propio obituario, en el que se muestra convencida de que sus memorias iban a ser la parte de su obra por la que se la recordaría en el futuro. No se equivocó. Sin embargo, aunque esas páginas dialogan con discusiones del presente acerca de temas de género, salud mental y literatura del yo, no es posible decir que quedan reducidas a una agenda: son literatura plena.

“Los que tenemos más miedo a la vida que a la muerte tenemos una dimensión extra”, escribió Tove Ditlevsen en un ensayo citado por Siegal y la frase podría funcionar muy bien como una clave de lectura de la trilogía. Y es que escribir fue, para alguien en constante pelea con su voluntad como ella, una pasión, sí, pero también una manera de demorar la salida de este mundo, algo que terminó haciendo por propia mano cuando, en lugar de apelar a la metadona para dejar de ver una realidad oprobiosa, atrapó en un puño una cantidad importante de pastillas para dormir, las bebió sin pausa y ya no despertó.

Cuentan que una multitud asistió a su funeral. En el prólogo a uno de sus libros de poemas, la novelista y poeta danesa Olga Ravn añade un dato que no sorprende. Cuenta Ravn que las fotografías de su cortejo fúnebre mostraban “un mar de mujeres trabajadoras siguiendo su ataúd por las calles de Copenhague”.



Tove Ditlevsen

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