ECONOMIA
El dólar cayó a su valor más bajo en un mes y se desplomó el precio en el mercado de futuros

El dólar oficial cedió este lunes 17 de noviembre un 0,7% a $1.415 en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa cayó 1,1% a $1.387, su valor más bajo en un mes: en lo que va de noviembre, acumula una baja de $58 (4%).
En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1.482 (-0,7%), y el MEP se ubica a $1.446 (-0,5%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia con un avance de cinco pesos, a $1.435.
El mercado cambiario argentino venía atravesando semanas de altísima sensibilidad, con dudas respecto del rumbo económico y temores de que el tipo de cambio pudiera desbordarse en el verano. Sin embargo, en cuestión de días, ocurrió un cambio drástico: los futuros del dólar cayeron por debajo de la banda superior que sigue la City para medir tensión cambiaria, un movimiento que casi nadie anticipaba. Esa baja implicó un quiebre fuerte en las expectativas y modificó por completo la lectura de corto plazo.
Este derrumbe no solo sorprendió por su velocidad, sino también por su consistencia a lo largo de toda la curva. La caída fue generalizada: desde los contratos de diciembre 2025 hasta los de mayo 2026, todos se alinearon con un escenario de estabilidad inesperada. Para un mercado acostumbrado a operar en modo defensivo, este cambio de clima es difícil de ignorar.
Las razones detrás del reacomodamiento son múltiples. Por un lado, la brecha cambiaria dejó de mostrar señales de estrés, algo que reduce de inmediato la presión sobre los futuros. Por otro lado, la política cambiaria del Banco Central comenzó a ganar credibilidad entre los operadores, que ahora asumen que el organismo tiene margen de maniobra para administrar la transición. Ese conjunto de variables ayudó a apagar la expectativa de correcciones bruscas.
Lo que domina ahora es una lectura más moderada: el dólar podría seguir subiendo, sí, pero dentro de un patrón gradual y administrado. El mercado dejó de pricear un salto disruptivo y, por primera vez en meses, la estabilidad futura se transformó en el escenario principal.
Cuánto espera el mercado: los precios proyectados desde diciembre 2025 hasta mayo de 2026
El cambio de expectativas se vuelve aún más claro cuando se observan los valores concretos que anticipan los contratos. Para diciembre de 2025, el mercado proyecta un dólar de $1451, un número que refleja calma incluso en un mes históricamente sensible. La lectura se mantiene en enero de 2026, donde el contrato opera alrededor de $1480, mostrando una transición suave entre ambos períodos.
El sendero continúa sin sobresaltos hacia febrero, cuando el dólar futuro aparece en $1520, otro valor que se acomoda dentro del corredor esperado y que sugiere estabilidad en pleno verano. En marzo, la curva sube apenas hasta los $1540, lo que indica que los operadores no anticipan tensiones fuertes en el trimestre de mayor actividad importadora.
Recién hacia abril aparece un incremento algo más marcado, con un valor estimado de $1580, aunque sin romper ninguna referencia crítica. Y en mayo de 2026, la curva se estira levemente hasta $1600, un precio que confirma la continuidad del ritmo moderado. Ninguno de estos valores sugiere un escenario de estrés.
El punto central es la coherencia de estos precios: reflejan una dinámica ordenada, sin saltos violentos ni expectativas de corrección abrupta. Esa alineación en toda la curva consolidó la sensación de que el mercado cambió de piel y dejó atrás la lógica de crisis permanente.
Impacto directo: menos remarcaciones, más previsibilidad y un clima económico más calmado
La caída de los futuros no es un dato aislado; tiene efectos concretos en el funcionamiento de la economía. Cuando el mercado deja de anticipar un salto del dólar, las empresas frenan las remarcaciones preventivas, que suelen amplificar la inflación en épocas de incertidumbre. Así, el tipo de cambio deja de ser un factor de presión inmediata sobre los precios.
La mayor previsibilidad también beneficia al comercio exterior. Para los importadores, una curva estable significa que pueden planificar compras sin el temor de enfrentar un dólar mucho más caro en semanas. Para los exportadores, implica que la competitividad no dependerá de un ajuste abrupto, sino de un movimiento paulatino del tipo de cambio. Esa estabilidad en la planificación es clave para cualquier negocio que opere con insumos dolarizados.
El sistema financiero tampoco queda afuera del impacto. Con expectativas más ancladas, la demanda de cobertura cambiaria extrema pierde fuerza, lo que reduce la tensión sobre los mercados paralelos. La menor presión sobre el MEP y el CCL contribuye a una brecha más manejable, que a su vez alimenta el círculo virtuoso de estabilidad.
Para el consumidor común, el efecto es más indirecto pero igual de importante: si el mercado no ve riesgo cambiario inmediato, es menos probable que se generen shocks de precios o movimientos bruscos en bienes sensibles. En un país donde el dólar es un termómetro social, bajar la tensión es esencial para sostener un clima económico más predecible.
Qué cambió realmente: reservas, brecha contenida y señales más sólidas del Banco Central
El giro en los futuros tiene fundamentos concretos que ayudan a explicar por qué el mercado decidió cambiar de postura. La recomposición de reservas netas por parte del Banco Central es uno de los factores más relevantes. Un organismo con más poder de fuego puede intervenir de manera más eficiente, y eso reduce el riesgo percibido por los operadores.
Otro punto clave es la brecha cambiaria contenida. Cuando los dólares financieros dejan de moverse en terreno explosivo, la percepción de riesgo disminuye rápidamente. Esa calma absorbió una parte importante de las tensiones que venían arrastrándose desde mitad de año, y además redujo la necesidad de apostar fuerte a contratos futuros para cubrirse.
La salida del cepo también fue un golpe de ordenamiento para el mercado. Un esquema más transparente y con menor segmentación del tipo de cambio permitió que las expectativas dejaran de estar condicionadas por múltiples precios. En un contexto más limpio, la curva de futuros volvió a desempeñar su rol natural como indicador de expectativas racionales.
Este reordenamiento no implica que los desafíos hayan desaparecido. La economía sigue enfrentando problemas de fondo, como una inflación persistente y un frente fiscal complejo. Sin embargo, el comportamiento de los futuros indica que, al menos en el corto y mediano plazo, el mercado no ve riesgo de descontrol cambiario.
Lo que mira la City ahora: reservas, tasas y disciplina fiscal
Aunque el mercado envió una señal optimista, los analistas advierten que la estabilidad futura dependerá de tres factores. El primero es la capacidad del Gobierno para sostener la acumulación de reservas. Si el Banco Central mantiene un colchón sólido, la credibilidad del esquema cambiario se fortalecerá aún más.
El segundo factor es la política de tasas. Mantener rendimientos reales positivos en pesos sigue siendo esencial para evitar una migración masiva hacia el dólar. Cualquier señal de relajamiento prematuro podría reactivar tensiones y empujar nuevamente los futuros al alza.
El tercer factor es el frente fiscal. Sin una política consistente que reduzca incertidumbre, el mercado puede recalibrar expectativas con rapidez. Por eso, los operadores estarán especialmente atentos a las señales políticas y a la relación entre Gobierno y Congreso durante los próximos meses.
Aun así, el dato hoy es claro: el mercado no pricea crisis. Y eso, en Argentina, no es poca cosa.
Un verano más tranquilo y un mercado que apuesta a la estabilidad
Los valores previstos —$1451 en diciembre, $1480 en enero, $1520 en febrero, $1540 en marzo, $1580 en abril y $1600 en mayo— muestran que el mercado espera un recorrido previsible, sin brusquedades y mucho menos dramático de lo imaginado semanas atrás.
No es una garantía de estabilidad duradera, pero sí una señal sólida de que los inversores dejaron de apostar al caos. En un contexto argentino donde el dólar suele ser sinónimo de alarma, este giro representa un alivio importante.
Por ahora, la City coincide en una lectura: el verano no será una amenaza, y el 2026 podría iniciar con un mercado cambiario más ordenado de lo esperado.
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ECONOMIA
Vuelven a subir los alquileres: de cuánto serán los ajustes en marzo y cómo están los precios

Al margen de la mejoría derivada de la derogación de la ya antigua ley de alquileres, los contratos siguen acumulando ajustes que varían de acuerdo al tipo de acuerdo establecido entre el inquilino y el propietario. Si bien la previsibilidad es el rasgo predominante en el mercado locativo residencial, lo cierto es que continúan aplicándose incrementos a partir de las oscilaciones que muestran el Índice de Contratos de Locación (ICL) y el Índice de Precios al Consumidor (IPC). En esa línea, y con vistas a marzo, representantes del sector inmobiliario anticiparon que las subas previstas para el mes próximo en el caso de los acuerdos por ICL serán del 6.2% para los pactos trimestrales, mientras que quienes ajusten por semestre enfrentarán un incremento del 12.6 por ciento. Hoy por hoy, la cotización promedio de un departamento de un ambiente en alquiler se ubica en torno a los $450.000 mensuales y sin expensas.
Según datos aportados por el Foro Profesional Inmobiliario, en lo que respecta a los acuerdos cuatrimestrales por ICL los incrementos serán de casi el 8 por ciento. En lo que refiere a los pactos con subas anuales, el indicador para marzo alcanzará al 33.8 por ciento.
Las subas, moderadas respecto de otros años
Por el lado de los contratos bajo el paraguas del IPC, el estimativo para los pactos trimestrales es de una suba del orden del 8.8% para los primeros días del mes próximo. Ya en lo que respecta a los acuerdos semestrales, el incremento será del 11.8 por ciento. Por el lado de los entendimientos con ajuste anual, el parámetro de aumento estará en torno al 33.3 por ciento.
Respecto de cómo está la situación del mercado de alquileres en este primer tramo del año, Marta Liotto, actual titular del Colegio Inmobiliario porteño, dijo recientemente a iProfesional: «Comenzamos 2026 con buenas ofertas de alquileres para vivienda en la Ciudad. Sin dudas, la oferta fue creciendo de forma significativa en el último tiempo, con un aumento que supera ampliamente los niveles de años anteriores».
«Esto significa más opciones para quienes buscan alquilar y menos presión por encontrar vivienda. Las immobiliarias contamos con buenas ofertas que actualmente satisfacen bien la demanda. Gran parte de esa oferta está concentrada en barrios atractivos como Palermo, Belgrano, Recoleta, Barrio Norte y Caballito«, agregó.
Ya en lo que respecta a la evolución de los valores, Liotto dijo que, comparado con el segundo semestre de 2025, «los precios sufrieron aumento mínimo y que corre de la mano de la inflación».
De acuerdo a un informe de Reporte Inmobiliario del que dio cuenta este medio, en el año más reciente los valores de alquiler registraron un incremento promedio del 28,08% lo cual, en concreto, consolidó la desaceleración de los precios que comenzó a observarse a partir de diciembre de 2023.
«Este comportamiento ratifica el ingreso del mercado en una fase de ajuste más pausada, donde los aumentos tienden a alinearse con variables macroeconómicas de referencia y dejan atrás la volatilidad extrema que caracterizó a períodos anteriores», indicó la consultora.
Precios de alquileres según el barrio de Buenos Aires
En cuanto a los valores vigentes en la Ciudad, el monitoreo de Reporte Inmobiliario detalló hace escasas semanas que, respecto de las unidades de un ambiente con mayor cotización, las cotizaciones más altas corresponden a Núñez ($630.000), Saavedra (595.000), Palermo (580.000) y Villa Crespo (550.000).
Del otro lado se alinean La Boca ($410.000), Liniers (420.000), Centro y Microcentro ($435.000) y Congreso (437.000).
Respecto de los dos ambientes, los precios más elevados se dan en Núñez, Parque Chas y Saavedra ($700.000), Palermo (690.000), Chacarita, Coghlan y Colegiales (680.000).
En la vereda de enfrente se ubican Constitución y La Boca ($480.000), Centro y Microcentro (510.000), San Cristóbal (520.000) y Boedo (547.500).
En lo que refiere a los departamentos de tres ambientes, Reporte Inmobiliario afirma que los inmuebles más caros están en Parque Chas y Villa Urquiza (más de $1 millón), Recoleta (995.000), Retiro (990.000) y Mataderos (980.000)
Los precios de menor valía se distribuyen entre Centro y Microcentro, Congreso, San Nicolás y Tribunales ($700.000), Villa General Mitre (715.000) y Constitución (730.000).
Por último, y en lo que hace a los inmuebles de cuatro ambientes, los precios más altos están en Colegiales ($1.360.000), Recoleta (1.350.000), Palermo (1.300.000) y Belgrano (1.250.000).
Los más «accesibles», en cambio, se ubican en Once ($800.000), Barracas y Tribunales (850.000), y San Telmo (865.000).
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ECONOMIA
Conflicto en Medio Oriente: qué pasará con el precio del petróleo y cómo impactará en Argentina

La estabilidad del mercado energético global se encuentra hoy supeditada a una franja marítima de apenas tres kilómetros de ancho. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, con Irán e Israel como protagonistas directos, ha vuelto a poner bajo la lupa al Estrecho de Ormuz. Esta vía, fundamental para el tránsito de aproximadamente 20 millones de barriles diarios de crudo y refinados, además del Gas Natural Licuado (GNL) proveniente de Qatar, es el epicentro de una tensión que amenaza con reconfigurar el tablero económico mundial.
Especialistas consultados por Infobae coinciden en que, aunque la interrupción total del paso es un escenario extremo, la sola posibilidad de un bloqueo o el encarecimiento de la logística ya están operando sobre los precios. La combinación de ataques a instalaciones estratégicas y el aumento de los costos de seguros perfila un horizonte de volatilidad que podría llevar al Brent a quebrar la barrera de los tres dígitos.
Para Emilio Apud, ex secretario de Energía de la Nación, la situación actual presenta dos niveles de impacto. El primero es el “efecto especulación”, donde el precio sube por cobertura de riesgo ante la incertidumbre. El segundo, mucho más severo, sería el impacto real de un bloqueo físico.
“En el Estrecho de Ormuz hay una franja de tres kilómetros de ida y de vuelta donde pueden pasar los grandes barcos tanque. Con que se hunda un barco en uno de los dos canales, se genera un problema tremendo”, explicó Apud. Según el experto, la infraestructura de ductos existente no es suficiente para reemplazar el volumen que quedaría varado. Sin esta vía, los buques deberían desviar su ruta hacia el norte, rodeando el continente para ingresar por el Canal de Suez, lo que añadiría al menos dos semanas de viaje y un incremento sustancial en los costos operativos.

Pese a la gravedad del escenario, Apud considera que un bloqueo prolongado es poco probable debido a los intereses en juego, especialmente los de Estados Unidos. “A Estados Unidos lo que menos le interesa es que se dispare el petróleo y la inflación. Irán tampoco puede permitirse tener una fragata cortando el paso por mucho tiempo”, señaló, añadiendo que el principal interesado en mantener los precios estables es el propio Donald Trump. No obstante, fue tajante en su advertencia: “Si el estrecho efectivamente se bloquea de forma total, el barril superará ampliamente los USD 100”.
Desde una perspectiva técnica, Matías Togni, analista de la consultora Next Barrel, advierte que el cierre del estrecho puede ser “virtual” antes que físico, impulsado por el sector financiero y de seguros. “Lo que sube mucho es la prima de riesgo de los barcos petroleros y eso hace que, aunque haya tráfico, se den avisos de frenar las operaciones”, indicó.
La industria evalúa actualmente que una demora de apenas cuatro o cinco días en el tráfico hacia Asia —donde China e India son los principales compradores— generaría un estrangulamiento de la oferta. Togni estima una consecuencia inmediata: una suba del petróleo de casi el 5%, situándolo en torno a los 80 dólares por barril, niveles que no se registraban desde abril de 2025.
A diferencia de crisis anteriores, el analista destaca que la táctica de Irán de presionar a sus vecinos mediante bombardeos introduce una variable nueva y peligrosa. “Puede haber instalaciones, terminales o tanques comprometidos. Si la guerra escala a nivel regional, los precios elevados podrían mantenerse durante más tiempo. La clave es la duración de este conflicto, que parece ser diferente al escenario del año pasado”, analizó Togni.
Paradójicamente, la crisis en Medio Oriente presenta una “cara positiva” para la economía argentina, aunque matizada por los riesgos inflacionarios domésticos. En diálogo con este medio, los expertos señalaron que el país se encuentra en una posición particular debido al crecimiento de su capacidad exportadora de crudo proveniente de la cuenca neuquina.
Emilio Apud destacó que un aumento en el precio internacional “aumenta el flujo de caja a las petroleras que están exportando”. Actualmente, el crudo local se vende al exterior a un valor cercano a los USD 70 por barril. Un salto en la cotización internacional podría, en consecuencia, potenciar y acelerar los procesos de inversión en Vaca Muerta, al mejorar la rentabilidad de los proyectos no convencionales.
Por su parte, Matías Togni identificó lo que denomina un “doble beneficio” para el sector local. Hasta hace pocas semanas, el mercado global presentaba una sobreoferta que obligaba al petróleo argentino —y al de la región, como el brasileño— a venderse con un descuento de entre el 3% y el 4% respecto al Brent.
“Además de aumentar el precio del Brent por la tensión bélica, el conflicto también levantará parte o la totalidad de ese descuento que aplicaba el país para vender su petróleo en el extranjero”, explicó el analista de Next Barrel. De este modo, Argentina no solo ganaría por el aumento del precio base, sino por la valorización relativa de su crudo frente a un suministro global amenazado.
Sin embargo, esta mejora en los ingresos por exportaciones tiene su contraparte en el mercado interno. En una economía con alta inflación como la argentina, cualquier movimiento ascendente en el precio del petróleo presiona los costos de toda la cadena económica.
Apud aclaró que el precio del crudo no se traslada de forma total al valor que el usuario paga en la estación de servicio: “El petróleo forma parte del 40% del precio final del combustible”. Aun así, el impacto es ineludible. Un barril más caro encarece el transporte de cargas y pasajeros, lo que genera un efecto cascada sobre los precios de los productos básicos.
En conclusión, mientras que para la industria petrolera local y el ingreso de divisas el conflicto en el Golfo Pérsico actúa como un catalizador de inversiones, para el bolsillo del consumidor argentino representa un nuevo factor de presión inflacionaria. La duración de la tensión en Ormuz determinará si Argentina logra capitalizar los beneficios de Vaca Muerta o si el costo de la energía importada y el aumento de los combustibles terminarán opacando las ventajas de la coyuntura internacional.
ECONOMIA
La crisis secreta de ChatGPT: el agujero de u$s 14.000 millones que divide a Wall Street

La inteligencia artificial se ha convertido en la obsesión principal de los mercados globales durante los últimos años. OpenAI, la empresa liderada por Sam Altman, se posiciona como el estandarte de esta transformación tecnológica sin precedentes. Sin embargo, detrás del brillo de ChatGPT se esconde una realidad financiera que asusta a los inversores más conservadores.
El crecimiento de la compañía ha sido meteórico en términos de usuarios y de impacto cultural. Logró hitos de ingresos que a gigantes como Google o Facebook les tomó casi una década alcanzar. No obstante, la velocidad de su expansión solo es superada por la velocidad a la que consume su capital.
Esta dinámica plantea un interrogante fundamental para quienes siguen de cerca las finanzas tecnológicas mundiales. ¿Es OpenAI una máquina de generar valor o un incinerador de billetes a gran escala? La respuesta a esta pregunta puede determinar el futuro de la industria digital en la próxima década.
El «agujero negro» de 2026: números que queman
Análisis financieros recientes revelan que OpenAI estima pérdidas operativas de u$s14.000 millones para 2026. Esta cifra representa casi el triple de lo que la empresa espera perder durante el presente ejercicio. Es un volumen de saldo negativo que no tiene comparación con otros inicios de startups tecnológicas.
A pesar de que sus ingresos anuales ya superan los u$s12.000 millones, los gastos crecen de forma exponencial. La empresa proyecta que el flujo de caja negativo acumulado podría llegar a u$s115.000 millones hacia finales de 2029. Solo entonces, según sus propios cálculos, podrían empezar a ver la luz al final del túnel.
Muchos analistas comparan esta trayectoria con empresas como Uber o Amazon en sus comienzos. Pero aquí hay una diferencia decisiva: OpenAI requiere una infraestructura física muchísimo más costosa para operar cada día. No son solo programadores: es hardware, energía y capacidad de cómputo sin techo.
El mercado observa con asombro cómo una empresa puede valer u$s150.000 millones mientras pierde fortunas. La valoración descansa en una promesa: que la Inteligencia Artificial General transformará la economía mundial. Si esa promesa se cumple, las pérdidas actuales podrían verse como «inversión» en el futuro.
Por qué los costos de entrenamiento son astronómicos
Entrenar un modelo de lenguaje de última generación no es sencillo ni barato. Cada nueva versión requiere procesar volúmenes mayores de datos en servidores extremadamente potentes. OpenAI gasta miles de millones solo en alquilar capacidad de cómputo en la nube de Microsoft.
Los chips especializados, las GPUs —fabricadas principalmente por Nvidia—, tienen precios prohibitivos. Una sola unidad puede costar lo mismo que un auto de gama alta, y OpenAI necesita decenas de miles operando en simultáneo las 24 horas.
Además del hardware, el consumo eléctrico de los centros de datos es otro factor crítico. Se estima que para 2030 estas instalaciones podrían consumir más electricidad que varios países pequeños combinados. Es un costo fijo enorme que existe haya o no más suscriptores.
A esto se suma la guerra por el talento: salarios inéditos. Un ingeniero experto puede cobrar remuneraciones anuales de siete cifras. OpenAI compite contra Google y Meta, lo que encarece y tensiona la carrera por investigadores estrella.
El veredicto de J.P. Morgan
Los bancos de inversión mantienen posiciones encontradas. J.P. Morgan se muestra optimista y respalda el gasto. Para su visión, el capex se justifica por los saltos de productividad que habilita la IA.
Según sus analistas, no es una burbuja como la del 2000: a diferencia de las puntocom, las compañías de IA ya generan ingresos reales. La monetización ocurre mientras se construye la infraestructura.
Kristin Lemkau advierte que hay riesgos de entusiasmo excesivo, pero sostiene que la transformación es real. El banco ve oportunidades en toda la cadena: desde fabricantes de chips hasta plataformas de software. Para ellos, OpenAI marca el ritmo de una nueva era económica.
Esta postura sugiere que el mercado seguirá financiando a la empresa pese a sus balances rojos. El respaldo de los grandes capitales es el combustible de la maquinaria de Sam Altman.
Morgan Stanley y el temor a una estructura frágil
En la otra vereda, Morgan Stanley plantea dudas sobre la sostenibilidad. Señalan que la dependencia del mercado de deuda podría esconder riesgos sistémicos. Muchas inversiones podrían convertirse en «capital varado» si la rentabilidad no llega.
El banco advierte que el costo de mejorar modelos crece más rápido que los ingresos. Afirman que cuesta cinco veces más energía y dinero hacer un modelo apenas el doble de inteligente. Esta lógica de rendimientos decrecientes sería una amenaza central.
Otro problema potencial: límites de infraestructura eléctrica. Si no hay energía suficiente, la expansión se frena. Ese cuello de botella físico no se arregla con ingeniería financiera.
Para este enfoque, existe el riesgo de que OpenAI termine como un incinerador de efectivo permanente. Si la adopción corporativa no acelera, el flujo de caja negativo sería insostenible.
Cómo invertir en este activo desde la Argentina
Muchos ahorristas argentinos se preguntan cómo participar. OpenAI es privada, así que no se pueden comprar acciones directas. Pero existe una vía indirecta a través de CEDEARs.
La ruta más directa es el CEDEAR de Microsoft (MSFT), socio principal y con participación relevante en beneficios económicos futuros. Invertir en Microsoft es, en la práctica, exponerse al motor detrás de ChatGPT.
Otra opción es Nvidia (NVDA), proveedora del hardware clave. Sin sus chips, los modelos no se entrenan ni escalan. Es la estrategia clásica de «vender palas» en una fiebre del oro.
También existen ETFs que agrupan empresas del sector y permiten diversificar riesgo. Se compran en pesos desde un broker local, brindando exposición a IA sin depender de una sola firma.
El dilema del futuro: ¿Riesgo u oportunidad histórica?
A pesar de las pérdidas proyectadas, el potencial transformador sigue siendo enorme. OpenAI apuesta a que su tecnología sea indispensable para empresas y hogares. Si lo logra, la rentabilidad llegaría por economía de escala.
El riesgo de burbuja existe cuando las valuaciones suben tan rápido. Goldman Sachs cree que los precios se respaldan en un crecimiento sólido. Pero la historia muestra que el mercado corrige excesos.
Para el inversor argentino, el desafío es equilibrar ambición y preservación. Nunca es recomendable concentrar todo en un solo sector. La diversificación sigue siendo la regla de oro.
OpenAI seguirá en portada por sus avances y por sus números rojos. El camino a la rentabilidad será largo y caro, con obstáculos técnicos y regulatorios. Solo el tiempo dirá si Sam Altman es el nuevo genio de las finanzas o un soñador costoso.
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