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Más de un millón de latinoamericanos trabajan en blanco en España: en qué sectores lideran los argentinos

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Se cumplen dos años desde la última reelección de Pedro Sánchez y, para celebrarlo, el presidente difundió, a través de sus redes sociales, un video con algunos de los logros de su gobierno. “España tiene hoy más de 22 millones de personas ocupadas”, dice Sánchez en el spot, sonriendo. Esa cifra, que representa cerca del 44 por ciento del total de habitantes del país, incluye un dato novedoso que el video del presidente pasó por alto: los latinoamericanos incorporados al mercado laboral español son el doble de los que trabajaban en blanco en 2019 y ya superan el millón.

Los argentinos representan la quinta fuerza laboral entre esos latinoamericanos: se trata de casi 70.000 empleados que hacen sus aportes en España, ya sea porque trabajan en relación de dependencia o como autónomos, es decir, monotributistas.

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La lista la encabezan Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador.

Sin embargo, según cifras oficiales de la Seguridad Social española, si se compara a qué se dedican los extranjeros latinoamericanos de cada país, Argentina lidera en rubros como la educación, las actividades científicas y técnicas, el comercio, la informática y las comunicaciones y las actividades artísticas.

La argentina Agustina Mirowski llegó a España muy ilusionada en 2017. Había conocido en Buenos Aires a un canadiense que vivía en Barcelona y no aguantó la tentación de mudarse con él.

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Dejó entonces a los suyos en Monte Grande, cerca de Ezeiza, y a los amigos que cosechó mientras estudiaba Administración en la UBA y el posgrado en Marketing que cursó luego en la UCA.

En Barcelona sumó un máster en Recursos Humanos y comenzó a trabajar en la escuela de negocios IESE Business School.



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“En Career Services, organizaba eventos para los estudiantes y trataba de ayudarlos a que encuentren un lugar en el mercado laboral”, cuenta Agustina a Clarín en Madrid.

Porque luego de una temporada en Canadá, en 2021 -“No me adapté”, confesará ella-, la pareja decidió regresar a España, pero a la conquista de una ciudad en la que ninguno de los dos hubiera hecho pie: Madrid.

Hoy viven en el barrio de Salamanca, cerca del parque de El Retiro y son papás de dos nenes, de 3 años y 17 meses.

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A los 38, Agustina trabaja en Recursos Humanos de Amazon aunque en estos días está de licencia por maternidad, un permiso flexible que ella puede adaptar a sus necesidades familiares.

Agustina Mirowski (38) es de Monte Grande, provincia de Buenos Aires, y trabaja en Recursos Humanos de Amazon en Madrid. Foto: Cézaro De Luca

“En Barcelona me costó conseguir trabajo porque, por más que tenía experiencia de Buenos Aires, no tenía el currículum armado con las palabras que los españoles están acostumbrados a usar -recuerda-. Por ejemplo, figuraba que yo había sido ‘analista de Recursos Humanos’ y ellos no sabían lo que era un analista”.

En Buenos Aires había trabajado en la multinacional energética ExxonMobil. “En Recursos Humanos, pero en Administración de Beneficios -dice-. Trabajaba para Canadá y hacía muchas cosas administrativas respecto a los beneficios que tenían los empleados de cada provincia, les respondía a dudas y también calculaba impuestos”.

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¿Y por qué será que a una buena tajada de argentinos le va bien cuando cruza la frontera?

Para Agustina, “el caos económico nos da mucha experiencia de la que no estamos aware (no somos conscientes). Sabemos resolver problemas de forma creativa, somos rápidos y eso sorprende. Me parece que es algo en lo que nos destacamos”.

Los argentinos prefieren Barcelona

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Los latinoamericanos se convirtieron en el segundo grupo de trabajadores extranjeros en España, detrás de los europeos.

El diario El País les dedicó un artículo donde señala que los argentinos son los únicos, entre las cinco principales nacionalidades de América Latina que se sumaron formalmente al mercado laboral español, que no viven mayoritariamente en Madrid sino en Barcelona.

Andalucía es otro de los destinos preferidos por los argentinos.

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Martín Tabares, 36 años, ex vecino del conurbano bonaerense -de Lanús, para ser más precisos-, paga su monotributo a la Seguridad Social española. “Estoy como autónomo acá en España, trabajando como gerente comercial de cuatro países para una editorial de libros de inglés”, cuenta Martín a Clarín desde Málaga, donde vive.

Desde Málaga, el argentino Martín Tabares (36) coordina cuatro países latinoamericanos para un editorial de libros en inglés.Desde Málaga, el argentino Martín Tabares (36) coordina cuatro países latinoamericanos para un editorial de libros en inglés.

Solo, llegó a España en 2022: “La plataforma de libros digitales de Madrid para la que trabajo me facilitó la visa”, aclara.

En Argentina, se había licenciado en Relaciones Públicas en la UADE y había cursado un MBA (máster en gestión empresarial) en la Universidad de San Andrés.

“Pero de base soy profesor de inglés”, subraya. Es, además, “examinador oral” de Cambridge, es decir, que toma los exámenes orales en inglés a quienes aspiran a lograr un nivel reconocido por esa institución. “Lo sigo haciendo en España porque con tu número de examinador oral, podés tomar en cualquier parte del mundo”, comenta.

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Fundó, además, su propia consultora de marketing y comunicación que, aunque con base en Argentina, cuenta con cartera de clientes en España. “Hacemos comunicación, gestión de marca, branding, redes sociales”, enumera.

“Yo tributo justamente acá en la Seguridad Social por los dos rubros, por la parte de educación, por la editorial, y por la parte de comunicación”, aclara.

“Hice un curso de marketing en una universidad de España que fue parte de un posgrado, que estuvo bien, pero que no tiene, a mi juicio, la demanda que tiene un MBA o una carrera en Argentina -dice Martín-. En ese sentido, veo que los argentinos venimos muy bien formados”.

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“Además, lo veo con colegas argentinos, que somos de trabajar. A nadie se le ocurre esto de decir: ‘A las tres (de la tarde) corto un viernes’, como ocurre en España, porque eso no existe en Argentina”, asegura.

Fuga de cerebros

“Yo no tenía pasaporte europeo, así que me vine con una visa de estudio para hacer un máster de Marketing Digital y Comunicación en 2021 y esa visa me permitía acceder a lo que le dicen acá prácticas, que en Argentina son pasantías”, cuenta Felicitas Buenaventura a Clarín.

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Nació hace 30 años en 25 de Mayo, una localidad de la provincia de Buenos Aires a dos hora de la Capital, y hoy es vecina del barrio madrileño de Chamberí.

“En Argentina empecé a trabajar a los 21 y en España tuve que volver a empezar con 25. Fui empalmando visados que me iban permitiendo acceder a distintos tipos de contratos de trabajo”, recuerda Felicitas.

“Fue un trabajo arduo de cuatro años de no tirar la toalla y también conseguir en el mercado laboral quien quisiera renovarme la visa -subraya-. Eso también habla bien de nosotros, los argentinos, que somos muy trabajadores y muy responsables.”

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Felicitas vive en España desde 2021. Está de novia con un español desde hace casi cuatro años. Foto: Cézaro De LucaFelicitas vive en España desde 2021. Está de novia con un español desde hace casi cuatro años. Foto: Cézaro De Luca

“Venimos de una cultura de mucho sacrificio y acá está muy valorado eso porque considero que España y Europa, en general, tienen otras facilidades que nosotros no tenemos”, opina.

Su itinerario profesional en España incluye varios departamentos de marketing en startups en las que se ocupaba de la comunicación y el acompañamiento a los clientes: “Yo venía de multinacionales y acá comencé mi recorrido en startups, pero después de tres años volví a la multinacional -señala-. Estoy trabajando en Insight, que es una empresa de tecnología con sede en Estados Unidos, pero que tiene también oficinas en Europa, una de ellas en Madrid, y me dedico a la comunicación y el acompañamiento para insertar la inteligencia artificial en las empresas”.

“Me vine sola, completamente sola, sin nadie acá que me recibiera”, cuenta Felicitas. “Fue realmente casi un salto al vacío, porque yo tenía la convicción muy fuerte de que lo iba a lograr y lo generé”, afirma hoy.

Al año de desembarcar en Madrid se puso de novia con Iñigo, que este verano argentino la va a acompañar unos días a visitar a su familia.

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Lamenta, sin embargo, no haber podido quedarse en casa: “Yo me esmeré un montón. Me gradué, por ejemplo, cum laude en la UBA y en la UCA (cursó un posgrado) también terminé con un promedio bastante alto. Hay una fuga importante de cerebros. Es lamentable que yo no pueda sentirme del todo segura para poder desarrollarme en mi país. Eso sí que da pena”.

“Los límites de tu barrio son muy pequeños”

“Dicen que siempre tiene un plan”. Así define a Gerónimo Videla Nebbia la web de vibbia, la productora que fundó en Madrid el año pasado.

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“Trabajo como autónomo pero no es que llegué a España y pude ser autónomo de una”, aclara él.

“Llegué a España con visado de estudiante, en octubre de 2022. Era un visado de un año para hacer un máster en Marketing Digital & E-Comerce en la EAE Business School”, dice Gerónimo a Clarin desde Castelar, en la provincia de Buenos Aires, adonde viajó a festejar los 27 con familia y amigos.

Cuando se graduó en el máster, realizó prácticas en una empresa de Castilla-La Mancha y cuando terminó, se le estaba por vencer el visado. “Empecé a descubrir los distintos tipos de visas que había: que estás en búsqueda de empleo, otra si ya tenés una oferta formal de una compañía. A mí, la empresa de Castilla-La Mancha me ofreció un visado de esponsoreo por trabajo por cuenta ajena para trabajar en relación de dependencia con ellos. Me esponsoreaban la visa pero me tenía que quedar al menos un año en la empresa -subraya Gerónimo-. No estaba incómodo pero sabía que no era mi lugar”.

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El argentino Gerónimo Videla Nebbia, de Castelar (27), es un trabajador autónomo en Madrid, donde montó su productora.El argentino Gerónimo Videla Nebbia, de Castelar (27), es un trabajador autónomo en Madrid, donde montó su productora.

Cumplió su palabra y al año, cuando fue a renovar su permiso, “descubrí que me habían modificado el status: no sólo podía trabajar en relación de dependencia sino también de manera autónoma. El permiso de trabajo me lo extendieron hasta el 2028”.

Así montó su propia empresa, una cruza entre una agencia de comunicación y una productora, en la que su hermano Tobías es el fotógrafo y hace video. Entre sus clientes hay varias marcas argentinas -empanadas gourmet, carnes premium- instaladas en España.

“Siempre tuve presente que la educación me abrió las puertas”, admite Gerónimo, que hoy es delegado de la UCA en Madrid.

“Yo estudié en la UCA becado porque mi papá había sido profesor -subraya-. La cuota, en su momento, no la podía pagar. Y para el resto, fui animándome a medida que se fueron presentando las oportunidades.”

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“Los argentinos somos aviones. Estamos todo el tiempo proponiendo cosas -nos define Gerónimo-. Y siempre recuerdo lo que me dijo un amigo español: ‘Los límites de tu barrio son muy pequeños y el mundo es muy grande’.”

“Alguien tendrá que limpiar sus casas”

La semana pasada, en una sesión de la Asamblea de Madrid, que es el Parlamento regional, la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso, en una encendida disputa verbal con Vox, que la acusaba de fomentar la inmigración, retrucó: “Digo yo que alguien tendrá que limpiar en sus casas, alguien tendrá que recoger sus cosechas y alguien, señoritos de Vox, tendrá que poner los ladrillos de las casas donde luego vamos a vivir todos los demás”.

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Sin embargo, esta leyenda urbana según la cual los inmigrantes llegan a España sólo como mano de obra no cualificada o para arrebatar los puestos de trabajo a los locales hoy atrasa.

“La realidad de España y de Europa es que la pirámide poblacional está empezando a ser en forma de bomba nuclear. Es decir, esa especie de triángulo invertido, con una población muy mayor en la parte de arriba, los tramos superiores a los 50 y 60 años, y una base de la pirámide prácticamente inexistente”, explica Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de la Fundación porCausa, que se especializa en el estudio de las migraciones.

“Y cuando hablamos de fenómenos migratorios en movilidad laboral, hablamos de población que rellena ese espacio que se ha quedado en blanco para tener unos modelos sociales con el bienestar social al que aspiramos”, subraya.

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“No se trata solamente de la agricultura o de los cuidados (de las personas mayores) -aclara-. Se trata de todo el sistema productivo. Las personas migrantes o las segundas generaciones de personas migrantes ocupan espacios cada vez más convencionales”.

“Creo que ese tópico de que la mano de obra no cualificada es la única que se necesita, no es así. Las sociedades de destino ofrecen un espacio social completo, entero”, dice Rodríguez-Alarcón. “Es ese hueco que la propia sociedad de destino no está siendo capaz de rellenar”, opina.

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Los israelíes, entre la desconfianza y la resiliencia: así se vive el último capítulo de la guerra en Oriente Medio

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Desconfianza. Agotamiento. Resiliencia. Resignación. En toda guerra anida una trama emocional que circula, subterránea, debajo de los escenarios en los que, en la superficie, se libran las batallas.

En los diecisiete días que lleva el actual conflicto en Oriente Medio de Israel y Estados Unidos contra Irán, los israelíes conviven con dosajes desparejos de estas emociones.

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Algunos creen que, frente a la aparente minoría armamentística de Teherán, el régimen de los ayatollahs está apostando a una “guerra de desgaste”: bombardeos nocturnos y de madrugada que sacan de la cama, cada dos horas, a ciudades enteras de vecinos que, maldormidos, llegaron a pasar siete horas del día -con intervalos- en los refugios antimisiles.

Por otra parte, cuando los ataques provocan daños que el sistema de defensa israelí no puede atajar -la Cúpula de Hierro intercepta misiles pero no siempre logra evitar que caigan desprendimientos de bombas de racimo o esquirlas-, de inmediato se activa un operativo de reparación que tiende a minimizar los destrozos materiales. Para evitar que la gente quede anclada en el dolor de la pérdida.

Cuadrillas de jóvenes voluntarios entran en las casas para ayudar a las familias a juntar los vidrios de los ventanales estallados, a cargar escombros, a remover electrodomésticos irrecuperables. O lo que haga falta.

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“Somos chicos y chicas de 16, 17 y 18 años. Estamos siempre en las emergencias. Venimos a colaborar”, señala a Clarín Nadav Daniel, un estudiante del último año de secundaria.

“Esta guerra es así”

La resiliencia no se detiene. No hay margen para lamentarse.

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“Esta guerra es así. Debíamos librarla”, dice una vecina de Rishon Leziyyon, una ciudad ocho kilómetros al sur de Tel Aviv, mientras pasa la aspiradora sobre el sofá. El estallido de los vidrios que provocó la bomba de racimo que cayó debajo de su ventana desplegó un manto de astillas sobre el líving de su departamento de un primer piso.

“A pesar de que todo quedó destruido, los judíos nunca se irán, los judíos permanecerán aquí. Se lo hemos prometido a Dios”, aseguraba a Clarín Joseph Cohen, un rabino de 29 años que perdió su casa en un ataque iraní. Ocurrió cuando el edificio de departamentos de la calle Rehov Yehuda Halevi de Tel Aviv, donde Cohen vivía con su esposa y sus tres hijos chiquitos, fue blanco del primer misil iraní que logró esquivar el escudo protector de Israel.

Y cuando las bombas caen en la vía pública, en menos de una hora, casi no quedan rastros de lo que sucedió. Grúas con palas retiran los escombros, máquinas limpiadoras emprolijan la zona y operarios súper expeditivos colocan vallas o rellenan con material los cráteres de los proyectiles.

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Desconfianza

Otra variante de los sentimientos que atraviesan a una sociedad acorralada por la guerra es la desconfianza. Como ocurrió cuando una bomba iraní cayó en una obra en construcción en Yehud-Monosson, cerca del aeropuerto de Ben Gurion, y provocó la muerte a dos obreros.

Sus compañeros, enfurecidos con la prensa nacional e internacional que cubrían la noticia, se interponían delante de las cámaras y grababan con sus celulares a los periodistas, amenazado con que iban a llamar a la policía.

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Varias personas se refugian en un aparcamiento subterráneo mientras suenan las sirenas que alertan de la llegada de misiles balísticos en toda la ciudad, cerca de la playa de Tel Aviv. Foto EFE

“Si ustedes muestran imágenes de lo que pasó, los iraníes van a saber dónde atacaron y seguirán haciéndolo”, gritaba, hecho un manojo de nervios, un obrero con un casco de moto que nunca se quitó para no ser reconocido.

“La gente está muy estresada”, admite a Clarín Miguel Glastein, un médico argentino del Hospital Ichilov del centro de Tel Aviv.

“Llevamos tres años con esta guerra y hay un trauma muy importante -subraya-. Como toxicólogo, veo un aumento de intentos de suicidio por fármacos, por drogas.”

Temor de ir a clase

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Este lunes reabrieron las escuelas, después de dos semanas cerradas por el fuego cruzado. Pero menos de la mitad de los alumnos asistió a clase, lamentan desde el Ministerio de Educación israelí.

De los 365.000 estudiantes que viven en zonas en las que las escuelas tienen refugios para protegerlos de los ataques de Irán y de Hezbollah, sólo el 47 por ciento regresó a las aulas.

Este lunes, diez localidades de todo el país sufrieron daños causados por restos de misiles interceptados o por municiones en racimo, siete de los cuales cayeron en Rishon Lezion. También impactaron en la ruta 431, en Lod y en Shoham. Además, cinco misiles iraníes provocaron destrozos en el norte, el centro y el sur de Jerusalén.

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Desde Israel, las Fuerzas de Defensa aseguraron que lanzaron ataques masivos contra Irán. Según fuentes oficiales, destruyeron el jet privado de Ali Khamenei, el líder religioso supremo -asesinado el primer día de enfrentamientos, el 28 de febrero- y un centro de investigación espacial.

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INTERNACIONAL

Insólito: un esquiador británico terminó la Copa del Mundo de Oslo bajo los efectos del alcohol

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Mientras participaba en la Copa del Mundo de Oslo, un deportista británico aceptó bebidas durante la carrera y provocó críticas sobre los límites del espectáculo y la profesionalidad en el esquí de fondo internacional. (Captura de video)

Gabriel Gledhill, esquiador británico de 23 años, cruzó la meta en la Copa del Mundo de Oslo tras aceptar bebidas alcohólicas del público durante toda la prueba. En los cincuenta kilómetros estilo libre de esquí de fondo, terminó en el puesto 67 y el deportista reconoció que bebió entre diez y doce cervezas antes de llegar a la meta. El incidente cobró notoriedad viral y desató un debate sobre los límites del espectáculo en el ámbito profesional.

El atleta, nacido en Inglaterra y residente en Noruega desde hace cinco años, explicó el contexto de su accionar a la agencia noruega de noticias NTB. Durante la competencia, aceptó todas las bebidas que recibió, consciente de que podría tratarse de la última vez que participaba en el circuito noruego de esquí de fondo por razones vinculadas a su situación migratoria. El atleta admitió: “Me ofrecieron mucha cerveza y alcohol durante el recorrido, por lo que terminé bastante borracho, pero fue muy divertido”. Además, reveló que también aceptó snus —un tipo de tabaco húmedo sueco— y hasta enjuague bucal, lo que le provocó vómitos durante buena parte del recorrido.

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La permanencia del esquiador en Noruega se encuentra en riesgo, ya que las autoridades locales rechazaron su solicitud de residencia permanente por motivos económicos. El deportista enfrenta la posibilidad de abandonar el país antes del 28 de marzo, fecha en la que vencerá su permiso actual. Según sus propias palabras: “Significaría el fin de mi carrera. Mi entorno de entrenamiento se encuentra íntegramente en Lillehammer. Si tengo que irme del país ahora, tendría que abandonar el esquí de fondo y retirarme de este deporte”, declaró a NTB.

Luego de finalizar en el
Luego de finalizar en el puesto 67 tras ingerir diversas bebidas en plena competencia, un participante generó un intenso debate sobre conducta deportiva y la posible aplicación de sanciones dentro del circuito del esquí de fondo. (Captura video)

El comportamiento del atleta provocó duras críticas entre colegas y seguidores del deporte. Durante la carrera, el esquiador fue adelantado por competidoras de la rama femenina, algo poco frecuente en la competencia masculina debido a las diferencias de desarrollo y ritmo entre los circuitos masculinos y femeninos, lo que intensificó las dudas sobre su desempeño y actitud.

El portal deportivo español MARCA recogió la opinión de Petter Soleng Skinstad, exesquiador y comentarista de televisión: “A Gledhill le encanta ser el centro de atención en las redes sociales y la televisión. Pero hay un límite para lo que resulta entretenido. Creo que ese límite se ha alcanzado”.

Por su parte, el británico defendió que su comportamiento no perjudicó a los demás ni alteró el desarrollo de la jornada. Destacó que para él la carrera representó un momento especial vinculado a una posible despedida y “podría ser mi última carrera aquí, así que tuve que aceptar todas las ofertas de cerveza y alcohol que hicieron”, sentenció ante NTB.

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La jornada no estuvo exenta de polémica entre seguidores y responsables del circuito internacional: la controversia alcanzó a entrenadores y dirigentes deportivos, quienes insistieron en la necesidad de preservar la integridad y el respeto en el esquí de fondo profesional.

Mientras un acto viral durante
Mientras un acto viral durante una prueba en Oslo lo posiciona como figura mediática, diversas voces del ámbito deportivo discuten la necesidad de reglas claras respecto al consumo de bebidas y el comportamiento en competencia. (Foto de archivo)

La red social Instagram, a través de la cuenta oficial de la Copa del Mundo de Esquí de Fondo, publicó un video del atleta británico con una cerveza en la mano. En el mensaje, se optó por destacar su humor y la visibilidad que aportó al circuito internacional: “Hoy también fueron los últimos 50 km para un chico que se ha convertido en alguien reconocido en el esquí de fondo. Gracias por destacar esta actitud, Gabriel, y por traer tu humor, aura y visibilidad al esquí de fondo”.

Según MARCA, el incidente llevó al británico a convertirse en un personaje mediático dentro de la disciplina, tanto por su desempeño como por el episodio protagonizado en Oslo, lo que reavivó el debate sobre la profesionalidad y los límites del espectáculo en la alta competencia.

La conducta de Gledhill abrió interrogantes sobre posibles sanciones o futuras regulaciones relativas al consumo de alcohol en las pruebas de esquí de fondo. Hasta ahora, no se han anunciado medidas específicas.

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El deportista, mientras tanto, enfrenta un futuro incierto ante la posibilidad de dejar Noruega en los próximos días. Agradeció el apoyo recibido y manifestó su intención de continuar en el esquí de fondo, ya sea en Noruega o en otro país, si no logra revertir su situación migratoria.



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Google Gemini declares only GOP senators violate hate speech policy, zero Democrats, author claims

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

EXCLUSIVE: Google’s AI chatbot Gemini flagged several Republicans — but no Democrats — when asked to identify senators who have made statements that violate its hate speech policies, author Wynton Hall told Fox News Digital. It’s just one example of what the author believes is a deeply ingrained bias against conservatives found in artificial intelligence tools. 

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Hall used the «deep research» function on Google’s Gemini Pro. Fox News Digital reviewed a screen recording of Hall’s prompt and findings. Google did not immediately respond to Fox News Digital’s request for comment.

One of the Republicans flagged by Gemini in Hall’s research, Sen. Marsha Blackburn, of Tennessee, was listed for characterizing «transgender identity as a harmful cultural ‘influence’ and has used ‘woke’ as a derogatory slur against protected groups.» Another, Arkansas’ Sen. Tom Cotton, was cited for cosponsoring legislation «to exclude transgender students from sports.»

MUSK, XAI TOUT NEWEST GROK UPDATE AS ONLY ‘NON-WOKE’ PLATFORM: ‘DOESN’T EQUIVOCATE’

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Hall argues that artificial intelligence is biased in his new book «Code Red: The Left, The Right, China and the Race to Control AI.» (Wei Leng Tay/Bloomberg/Getty Images)

The finding stood out against a backdrop of inflammatory rhetoric from some Democrats in recent years.

In 2023, Rep. Dan Goldman, D-N.Y., warned that then-candidate Donald Trump was «destructive to our democracy» and needed to be «eliminated.» However, he quickly apologized for his comments, claiming that it was a «poor choice of words.» 

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Last year, Texas Democratic House candidate Rep. Jolanda Jones made a throat-slashing gesture while rejecting former first lady Michelle Obama’s famous mantra, «when they go low, we go high,» on CNN’s «Outfront.»

«If you hit me in my face, I’m not going to punch you back in your face. I’m going to go across your neck,» Jones said while making a slashing motion across her neck. «We can go back-and-forth, fighting each other’s faces. You’ve got to hit hard enough where they won’t come back,» she added. 

But for Hall, Gemini’s seemingly partisan answer underscored the central argument of his new book, «Code Red: The Left, The Right, China and the Race to Control AI.» In it, he argues that AI systems marketed as neutral are increasingly shaped by the ideological assumptions of the people and institutions who create them, which are far from neutral. 

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His book starts out with a clear example. 

Less than 10 weeks before the 2024 election, a series of viral videos appeared to expose a strange double standard in American homes. When users asked Amazon’s Alexa why they should vote for Kamala Harris, the device delivered a polished endorsement. When asked why they should vote for Donald Trump, Alexa declined, citing a policy of neutrality.

«I cannot provide content that promotes a specific political party or a specific candidate,» Alexa said.

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Hall says the concern extends beyond a single Gemini output.

«AI’s Silicon Valley architects lean left politically, and their lopsided political donations to Democrats underscore their ideological aims,» Hall told Fox News Digital.

To Hall, episodes like this show how AI can shape political perceptions while maintaining the appearance of objectivity. «Through algorithm throttling and shadow bans, Big Tech centralized control over which voices soar and sink across social networks. Now AI has put Big Tech’s consolidating control on steroids,» he writes.

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WHAT IS ARTIFICIAL INTELLIGENCE?

A view of a computer screen showing Gemini.

Hall alleges Google Gemini flagged Republican senators’ rhetoric as hate speech while identifying no Democratic violations, raising questions about AI bias. (Andrey Rudakov/Bloomberg via Getty Images)

He argues that this imbalance reflects the politics of the people building the systems. The billionaires driving the AI revolution, he says, invest their money and political energy where their values lie. As PayPal co-founder Peter Thiel once put it, «Silicon Valley is a one-party state.»

The money appears to bear that out. According to Hall, 85% of political donations from employees at Apple, Meta, Amazon and Google go to Democrats. 

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After Trump’s 2024 victory, major tech companies made the customary $1 million inauguration donations. But Hall argues those gestures did little to hide where Silicon Valley’s loyalties had long been. Aside from Elon Musk, he says, most of Big Tech’s leading figures remained firmly on the left.

Hall points to Democratic fundraising in 2024 as evidence of Silicon Valley’s political influence, citing major support from figures including Bill Gates, Melinda French Gates, Reid Hoffman and Laurene Powell Jobs.

But Hall argues the bigger issue is not campaign money. 

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It is the growing influence of AI systems that many people assume are neutral and objective. He warns that users often trust those answers too much, even when they may be biased.

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To Hall, this bias is reinforced by the relationship between tech companies and legacy media. He argues AI systems are trained on enormous amounts of content from outlets such as The New York Times, The Atlantic and Reuters, while conservative outlets are largely excluded.

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The result, he says, is a closed loop: AI absorbs the assumptions of legacy media and repackages them as objective truth. Hall argues conservatives must respond by demanding transparency in training data and ending taxpayer-funded contracts for vendors whose systems show political bias.

«Whoever wins the AI fairness battle,» Hall concludes, «will shape the minds and political attitudes of future generations. The time to act is now.»

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