POLITICA
Presupuesto PBA: la negociación por los cargos se mete con fuerza en la discusión para que Kicillof consiga el endeudamiento

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, requiere de los dos tercios de la Legislatura para poder salir a tomar deuda en 2026, tal como lo planteó en el proyecto de ley de financiamiento que presentó a principios de noviembre y que por estos días es materia de negociación en el sistema político bonaerense. La construcción de los dos tercios se materializará con el acompañamiento de la oposición y puntualmente con el aval de los bloques del PRO, la UCR y la Coalición Cívica; que hoy por hoy se muestran como un grupo amalgamado y con demandas puntuales en la negociación abierta con el Ejecutivo.
Hay distintos fusibles que, por estas horas, están tocándose. Más allá de las leyes en cuestión, la oposición reclama poner en la mesa de negociación los lugares en el directorio del Banco Provincia y completar las cuatro vacantes que ostenta hoy la Suprema Corte de Justicia bonaerense -además de la designación del Subprocurador o Subprocuradora-. Para los lugares en la Corte bonaerense habrá que esperar. Un diputado de la oposición que forma parte de las conversaciones aseguró a Infobae que “lo único en lo que hay acuerdo es que los lugares para la Corte se van a discutir a partir del año que viene, pero tenemos que tener un compromiso real del Gobierno de que va a ser así. No puede ser que funcione con tres de siete integrantes”.
Actualmente, el máximo órgano de Justicia bonaerense está integrado por su presidenta, Hilda Kogan; el vicepresidente, Sergio Torres, y el ministro Daniel Soria. Hay cuatro espacios que fueron quedando vacantes y Kicillof nunca envió pliegos para reemplazar. Para eso se precisa de un acuerdo político, toda vez que las designaciones salen con acuerdo del Senado y luego de un proceso de entrevistas y aprobación del postulante en cuestión.

El radicalismo tiene un ojo siempre cerca de la vacancia en la Corte. Cada vez que se ha insinuado con una instancia de negociación, el nombre que apareció fue siempre el mismo en representación del partido centenario: Marina Sánchez Herrero. Se trata de la futura vicedecana de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata y presidente del concejo deliberante de General Pueyrredón; lugar que dejará los próximos días porque termina su mandato. Además, integró el Consejo de la Magistratura de la Nación. Otro nombre que también asoma es el del decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, Miguel Berri; también por la UCR.
En el peronismo —puntualmente el sector de CFK y también en el Frente Renovador de Sergio Massa— dejan correr que Kicillof debería más temprano que tarde atender ese frente de negociación política. Lo graficó tiempo atrás una primera línea del PJ bonaerense: “Hasta la ex gobernadora María Eugenia Vidal en cuatro años de gestión consiguió el acuerdo para designar un integrante en la Corte y cambió a la procuradora para que asuma (Julio) Conte Grand. El gobernador ya lleva seis años en el gobierno”.
Pero la negociación en la Corte no estará en las conversaciones de los próximos días de manera resolutiva. Primero, porque en el Ejecutivo consideran que poco tiene que ver con la votación del Presupuesto y segundo, porque formalmente la designación de un nuevo integrante del máximo tribunal de Justicia, lleva tiempo. Sucede que el decreto 735 del 2004 ordena el procedimiento de una designación de este tipo. En la normativa firmada por el entonces gobernador Felipe Solá se establece que el mecanismo inicia con la publicación de los nombres y antecedentes curriculares de las personas consideradas para cubrir la vacante. Esta información se difundirá durante tres días en el Boletín Oficial, en tres diarios de circulación nacional y en tres diarios provinciales, además de la página oficial del Ministerio de Justicia. Además de las presentaciones de declaración jurada que deberán hacer los postulantes, sus cónyuges y convivientes; como así también los hijos menores, durante los quince días posteriores a la última publicación en el Boletín Oficial, cualquier ciudadano, organización no gubernamental, colegio o asociación profesional, entidad académica o de derechos humanos podrá presentar observaciones o impugnaciones fundadas y documentadas ante el Ministerio de Justicia. Luego el Poder Ejecutivo contará con un máximo de quince días para decidir si eleva o no la propuesta correspondiente y recién ahí el Senado dictaminará. El período entonces es de, como mínimo, más de un mes.
Además de los lugares vacantes en la Suprema Corte de Justicia, también está entre los pedidos de la oposición, la designación del Sub Procurador; otro sillón vacío en el entramado mundo judicial de la provincia de Buenos Aires. El actual Procurador, Julio Conte Grand, fue designado a instancias de Vidal. Antes de su nombramiento era el Secretario Legal y Técnico de la provincia de Buenos Aires.
Lo que sí puede moverse en las próximas horas son los nombramientos en el directorio del Banco Provincia. La banca pública bonaerense, que preside Juan Cuattromo, cuenta con un directorio cuyos integrantes tienen mandato prorrogado, sillas vacías y algunos que vencerán a fin de año.

Actualmente, integran el directorio representantes de los distintos sectores del peronismo, la UCR y el PRO. Por el PJ están Humberto Vivaldo —cercano al intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares—, Sebastián Galmarini —por el Frente Renovador, pero que dejará su lugar porque en diciembre asume como diputado nacional—, Alejandro Formento —un puro de Kicillof—, Laura González —exfuncionaria del municipio de Quilmes y que responde a su intendenta Mayra Mendoza— cuyo mandato está prorrogado. Además, está el lugar vacío Daniel Barrera, quien falleció en marzo del 2024 y era el representante del intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, en el directorio. La salida de Galmarini abre una instancia de negociación en el directorio, aunque el massismo seguirá con presencia en ése ámbito. El kirchnerismo buscará retener la silla de González. Los directores pueden ser reelectos.
Por la UCR tiene mandato prorrogado en el directorio del Banco el exdiputado nacional e histórico senador bonaerense, Carlos Fernández. El PRO supo tener dos lugares, aunque uno es del exdiputado Santiago Nardelli, que también tiene mandato prorrogado y está más cerca de las filas de Patricia Bullrich. Lo mismo que Bruno Scrensci, otro director que supo llegar al directorio de la mano del hoy ministro del Interior de la Nación, Diego Santilli.
Hay varios nombres dando vuelta para la nueva integración. El del saliente senador, Marcelo Daletto, es uno de ellos. Incluso puede ser una llave para el peronismo en la búsqueda de votos para conseguir el endeudamiento. En rigor hay algunos legisladores de la oposición que terminan mandato el 10 de diciembre y su desembarco en el directorio del Bapro es una posibilidad concreta; incluso para que Kicillof consiga los votos que le permitan aprobar el endeudamiento.
POLITICA
El Gobierno prepara un nuevo achique del Estado: buscan reducir el 10% del personal

El Gobierno nacional se prepara para encarar un nuevo achique de la estructura del Estado y seguir con la reducción de empleos públicos.
Si bien en Casa Rosada evitan por ahora dar un número preciso de puestos que se reducirían, aluden a que podría alcanzar “otro 10%” de la planta de empleados.
De acuerdo a los últimos datos oficiales, en el último informe del INDEC, en octubre, la dotación total de personal de la administración pública nacional, empresas y sociedades era de 285.570. personas.
En tanto, según datos oficiales de septiembre pasado, el número de personas desvinculadas de sus puestos en el Estado que Javier Milei llegó al gobierno asciende a más de 58 mil.
Esas bajas fueronen organismos centralizados, descentralizados, personal militar y de seguridad, y empresas del Estado.
Mientras que los dos primeros dos años estuvieron más enfocados en el área centralizada de la administración, a partir de 2026 el Gobierno enfocará las reducciones en organismos descentralizados, según confirmó a una de las fuentes consultadas.
Entre los organismos en la mira aparecen la Oficina Anticorrupción, el Indec, el Conicet, la Coneau, el ARCA, el Archivo General de la Nación, la Anses, la Conadis, el Enargas, el Enre, el Inta, el Inti y el Enacom.
En cuanto al inicio del proceso de despidos, en la Casa Rosada refieren que el comienzo “sería inminente”, según deslizaron fuentes al tanto de los recortes que podrían comenzar a conocerse a lo largo de las próximas semanas y en los dos primeros trimestres de 2026, lo que sería de acuerdo también a cuando vayan cayendo contratos que ya no se renovarían.
“Hay contratos desde la época de (el expresidente, Carlos) Menem”, explicaron parte de los consultados.
Esos contratos se renuevan anualmente y de no hacerse esa renovación, caen automáticamente. Parte de lo que podría pasar en lo sucesivo.
La idea principal, según pudo saber , es reducir el número de empleados también de forma transversal, incluyendo las diferentes carteras, organismo, empresas y dependencias del Estado. Parte de los recortes de personal podrían también venir de la eliminación de los registros de automotores y de las plantas de empresas que estarían para privatizarse.
“Vamos a terminar de eliminar registros de automotores y a privatizar más empresas”, adelantaron en ese sentido en en Casa Rosada, donde la administración mileista busca acelerar cambios tras el “parate” de las elecciones nacionales.
A las bajas por caídas de contratos, también se habla de reducciones y eliminación de áreas duplicadas.
El avance para reducir el tamaño del Estado y de empleos públicos estaría encabezado desde la Jefatura de Gabinete, a cargo de Manuel Adorni, y con el trabajo del titular de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. A Adorni se le asigna el mandamiento de llevar “la gestión a una velocidad de 200 kilómetros por hora”.
De acuerdo al texto del Presupuesto 2026, Adorni, a través de la Jefatura de Gabinete a su cargo tendrá un rol central de cara a lo que viene también en materia de contrataciones.
“Las jurisdicciones y entidades de la Administración Pública Nacional no podrán cubrir los cargos vacantes existentes a la fecha de la entrada en vigencia de la presente ley ni los que se produzcan con posterioridad, sin la previa autorización del Jefe de Gabinete de Ministros”, se consigna en el artículo 7 del proyecto libertario que el Gobierno nacional espera su aprobación para diciembre próximo, en medios de la sesión extraordinaria.
Por fuera de los despidos, en el área de Medios Públicos es inminente la apertura de retiros voluntarios, tal como adelantó semanas atrás este diario. Si bien tampoco se da un número específico, entre TV Publica y Radio Nacional el número de empleados asciende a casi 2500 personas y en Casa Rosada están convencidos que puede trabajar con un porcentaje menor. Por los tipos de contrataciones que hay en ese área es que, para evitar conflictos, se apunta a la decisión de negociar la salida de empleados.
Cecilia Devanna,Conforme a
POLITICA
Tensión entre la UCR y Provincias Unidas por los bloques en el Congreso: el rol de los gobernadores y el riesgo en Diputados

Este fin de semana, los cinco gobernadores de la UCR resolverán el destino de sus legisladores, las autoridades de los bloques en el Congreso y, lo más complejo, la sucesión en el Comité Nacional. Hasta ahora, nadie quiere reemplazar a Martín Lousteau. “Se pelean por no ser”, bromean algunos correligionarios. Aunque en la banca radical del Senado “hay ruido”, según dijeron a Infobae, en Diputados crece la incertidumbre por la irrupción de Provincias Unidas, que se llevará un número clave de boinas blancas. Aun así, el espacio del centro mantiene un frente abierto con Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot.
“Nuestro objetivo es que la UCR tenga un bloque unido, inteligente y dinámico, que sepa interpretar a la ciudadanía”, dijo a este medio Pamela Verasay, diputada cercana a Alfredo Cornejo. El gobernador mendocino es uno de los que pelea para que el radicalismo se fortalezca en el Congreso, sin interbloque con La Libertad Avanza. En su entorno hablan de trabajar en el “capital político” que pueda tener el partido centenario en el reparto de las comisiones para, de ese modo, posicionarse más fortalecido ante el Gobierno.
Según trascendió, el sector que pregona por la unidad reconoce y acepta que en los dos próximos años en esa bancada no habrá votaciones homogéneas. Todo lo contrario. “Tiene que haber flexibilidad”, analizan. Nadie quiere repetir la experiencia de Rodrigo de Loredo, que tuvo que responder por las contradicciones dentro de su bloque en los apoyos y rechazos a los proyectos que envió Javier Milei. El resultado fue una ruptura en cuatro partes.

Pero la idea de Cornejo no termina de convencer a Maximiliano Pullaro, el gobernador santafesino que integra la alianza Provincias Unidas con otros cinco mandatarios que buscan todo lo contrario. De hecho, el espacio nació a raíz de la falta de coincidencias en el Congreso y la necesidad de defender los intereses de sus territorios. “Queremos un bloque compacto”, aseguran al mencionar la votación unificada como requisito. Pero, sobre todo, no quieren que las internas ni las fugas sean la tapa de todos los diarios.
“¿Por qué deberíamos ir a Provincias Unidas si ese modelo del centro fracasó?”, cuestionan los militantes de la unidad. En su comparación, Cornejo hizo una de las mejores elecciones provinciales, en alianza con los libertarios, mientras que el espacio de los seis gobernadores perdió en sus territorios. Solo Gustavo Valdés pudo romper la polarización con un ajustado margen. Hasta deslizan que no ven al correntino convencido de permanecer en la alianza de centro. Lo mismo observan en Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz). “Va a ser el bloque de Córdoba, Santa Fe y unos radicales sueltos”, chicanean.
Hasta el momento, el bloque de la unidad cuenta con nueve diputados y hay expectativa por lo que decidan Diógenes González (Corrientes) y María Inés Zigarán (Jujuy), quienes ganaron sus bancas en la última elección legislativa. Según pudo saber Infobae, coincidieron en aportar a la unidad, pero advirtieron que la última palabra la tendrán sus gobernadores. Por su parte, Pablo Juliano mantiene su decisión en hermetismo. Sin embargo, aunque coqueteó con Oscar Zago y Marcela Pagano, muchos lo ven dentro de Provincias Unidas. Con todo, la UCR se quedará con la bancada más reducida desde el regreso de la democracia.

En el Senado hay más posibilidades de unidad, aunque algunos integrantes hablan de cierto “ruido”. Algunos se resisten a que Eduardo “Peteco” Vischi continúe como presidente de la bancada. En los últimos días supieron mostrar su poder al rechazar la jura de Lorena Villaverde, la libertaria rionegrina con supuestos vínculos con el narcotráfico. Fue una demostración de que el bloque de la UCR en la Cámara alta será un aliado necesario para Milei.
Mientras tanto, en Provincias Unidas preparan para el miércoles una foto de presentación del nuevo bloque donde se oficializaría a Gisela Scaglia como presidenta. Esa decisión fue la que generó el alejamiento de Pichetto y Massot. En el equipo estratégico de Encuentro Federal también mostraron fastidio por la falta de claridad sobre qué tipo de relación tendrán con el Poder Ejecutivo. “Llevan tres semanas conversando y no terminan de dar señales”, expresaron. Si bien se muestran abiertos al diálogo, por estas horas trabajan en un armado con la Coalición Cívica.
En cambio, en Provincias Unidas cuentan con al menos 20 integrantes y desmienten de forma categórica cualquier tipo de distanciamiento de algunos gobernadores. Hasta le bajan el tono al enojo de Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot. “No se rompió nada porque nunca estuvieron adentro”, aclaran.
El futuro de la UCR

“¿Va a ser candidato a presidente de la Unión Cívica Radical a nivel nacional o no?“, le preguntaron a Valdés, el gobernador correntino que hoy más chances tiene de suceder a Lousteau por su desempeño electoral. La respuesta fue contundente: “No tengo pensado eso. Tengo más entusiasmo por el desarrollo de la provincia de Corrientes”.
El 12 de diciembre es la fecha fijada para elegir al nuevo presidente de la UCR, pero nadie se anota en la carrera. De los cinco gobernadores que tiene el partido, todos expresaron en público y en privado que no quieren asumir esa responsabilidad. También sonó el nombre de Maximiliano Abad, pero el senador bonaerense tiene pensado enfocarse en la reconstrucción del partido en su territorio. Quiere que en el 2027 haya candidatos a intendentes en los 135 municipios. ¿Se postulará en Mar del Plata?
Mientras se achica la danza de candidatos, un grupo de radicales veteranos comenzó a trabajar en una propuesta superadora: suspender la elección del nuevo titular y conformar un mecanismo de transición. ¿Cómo sería? Designar al menos seis delegados que se dediquen a recorrer el país durante seis meses para “reconstruir los lazos rotos de la territorialidad”. Según pudo saber Infobae, entre los impulsores se encuentran Mario Negri y Ernesto Sanz, quienes observan con un profundo pesar el deterioro del partido centenario.
Aunque este grupo de “veteranos”, como se autodefinen, no tiene muchas expectativas de que su propuesta sea aceptada, del otro lado no hay una propuesta superadora. Todos coinciden en que nadie quiere ser presidente de la UCR porque hay grandes chances de que “te quedes solo poniendo la cara”. En su mayoría responsabilizan a la gestión de Lousteau y descartan que su presidencia sea prorrogada. “No hay claridad en el candidato porque no se sabe lo que queremos decir”, asegura un sector que cree que, si hay unidad en el Congreso, “el nombre va a decantar solo”.
POLITICA
Martín, el hijo de Yiya Murano, cuenta cómo fue vivir con ella y recuerda el día que intentó envenenarlo

Martín Murano está por cumplir 60 años. Su voz es gruesa, cada una de sus palabras parece salida de un trombón. Habla pausado y modula cada sílaba. Su cara es angulosa, afilada, tiene barba candado y lleva algunos anillos. En los últimos días brindó varias entrevistas. No es una celebridad, pero está acostumbrado a hablar con periodistas.
Durante muchos años (y es probable que le siga pasando hoy) cada vez que decía su nombre y apellido, le preguntaban si era algo de Yiya: nunca hacían referencia al cristal.
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– Sí, soy el hijo- respondía él, serio, y sin acotar nada más, dejaba a su interlocutor dudando si se trataba de una broma o de una verdad dolorosa, insoportable.
María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano. O, simplemente como pasó a la galería de infames argentinos: Yiya Murano. O, también, la Envenenadora de Monserrat.
Fue la protagonista principal de uno de esos casos policiales que logran atraer la atención del público, que permanecen como noticia principal durante semanas, meses. Debe ser la mujer criminal de mayor fama de nuestra historia delictiva.
Mató a tres mujeres muy cercanas a ella a principios de 1979. En el inconsciente colectivo -alimentado fuertemente por ella misma en los años posteriores- puso veneno en masitas finas que les llevaba de regalo para la merienda. Eso no fue comprobado. Mientras algunos creen que pudo haberlo puesto en el agua con la que tomaban los remedios, la mayoría de los investigadores suponen que el cianuro estaba en el té (eso mismo le confesó ella a su hijo Martín). Sus víctimas eran muy cercanas a ella. Una prima, una concuñada, la mejor amiga. Yiya les prometía invertir su dinero y proporcionarles ganancias generosas con los intereses: eran tiempos de la Plata Dulce y la Bicicleta Financiera. Cuando las mujeres exigieron la devolución de la plata, Yiya preparó a cada una su merienda asesina.
En esa época, Yiya Murano tenía un marido bueno, varios amantes (dos fijos), un hijo de 12 años y una ambición muy por encima de sus posibilidades.
Un mediodía de fines de abril del 79, sonó el timbre en la casa de los Murano mientras almorzaban. Antonio, el marido, abrió la puerta. Varios policías esperaban en el pasillo. Uno de ellos extendió un papel, blandía la orden de allanamiento. Martín, el hijo de 12, pensó que esa escena la había visto en alguna película. Dieron vuelta la casa sin dar demasiadas explicaciones. Mientras el padre preguntaba qué estaba sucediendo, Yiya miraba indignada desde un costado. Abrieron placares y cajones; revisaron el botiquín y los productos de limpieza. Tomaron con cuidado algún frasco, unos papeles y no mucho más. Al momento de irse, dos de los policías se acercaron a Yiya y le dijeron que los tenía que acompañar. La estaban deteniendo frente a su hijo y su marido. Ella levantó la voz, indignaba, también repetía un cliché de las películas: “Están cometiendo un error, esto es un atropello”.
Permaneció varios días detenida e incomunicada en la alcaldía de Tribunales. La familia no sabía el motivo de la detención hasta que una tarde dos hombres tocaron el portero eléctrico. Se anunciaron como periodistas de Clarín. Antonio Murano los hizo subir. Sin demasiada cautela los hombres apenas se sentaron en la mesa de la cocina, comenzaron su interrogatorio, preguntaron sobre Yiya y su vida pasada. Eran periodistas y alguien les había filtrado la información de que la mujer estaba acusada de tres asesinatos.
Martín, esa tarde, escuchó por primera vez que su madre era una asesina. Tardó en acostumbrarse a la noticia, pero no que le quedó más remedio que rendirse ante lo evidente, lo incontrastable.
La noticia explotó. Ocupó la tapa de diarios y revistas. Los noticieros televisivos se centraron en el caso, uno de los más populares de las décadas del setenta y del ochenta. Todo llamaba la atención. Cada dato que aparecía reforzaba la culpabilidad de Yiya y, al mismo tiempo, su atractivo mediático. El chico mientras iba al colegio Newman debía esquivar guardia y acoso mediático.
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Muy rápido se conoció el móvil de los crímenes. Cuando las amigas exigían la devolución del dinero, Yiya las asesinaba. La prima, la concuñada, la vecina. Una a una. Al principio nadie sospechó, parecía una cadena desgraciada y no mucho más. Mujeres mayores que vivían solas y que se descompensaban en sus casas. Nada que no se hubiera visto antes. En los dos primeros casos al hallarlas muertas, familiares y testigos (en alguna ocasión hasta estuvo Yiya) descontaron que se había tratado de una crisis cardíaca y el médico de la empresa funeraria, sin analizar nada de manera minuciosa, firmaba el certificado de defunción.
Los planes de Yiya tambalearon con el tercer caso, el de su vecina. La mujer envenenada, ante el malestar físico, logró salir reptando de su departamento y pidió ayuda. Una médica del edificio le hizo respiración boca a boca, el portero acompañaba y Yiya salió de su departamento a los gritos reclamando que llamaran a una ambulancia. Después entró al departamento de la mujer agonizante, tomó algunas hojas y un frasco. El encargado del edificio la vio: ella se sintió delatada y sin que le preguntara se excusó: “Eran cosas mías, por si acaso me las llevo”. Mientras miraba como los profesionales la atendían en el pasillo, Yiya le preguntó a uno de los médicos: “¿Le parece que le harán autopsia?”. La pobre vecina murió camino al hospital. Cuando su sobrina pasó por el departamento, le preguntó al encargado sobre las circunstancias del momento de la atención de su tía. El hombre le contó el episodio de Yiya. La sobrina que sabía que Yiya Murano le debía dinero a su tía, la denunció ante la justicia. Eso hizo que familiares de las otras dos mujeres muertas se comunicaran con ella. Y las tres historias tenían idénticos ingredientes: un té previo con masas con Yiya, deudas de varios miles de dólares, pagarés faltantes y una muerte por una descompostura extraña sin antecedentes. El juez ordenó exhumar los otros dos cadáveres. Y realizar las autopsias. En el último cuerpo, que no se había llegado a enterrar, se encontró cianuro. En los otros dos también pero los peritos no pudieron determinar si había sido ingerido o si era producto de la propia descomposición del cuerpo.
Gran lectora de Agatha Christie, Yiya había aprendido el truco de la imposible detección posterior del cianuro por mezclarse con los gases del cuerpo en descomposición en una de sus novelas.
Yiya estuvo presa más de tres años hasta que el juez de primera instancia dictaminó en su favor. Falta de certezas, el beneficio de la duda. Y Yiya volvió al ruedo radiante, impune y famosa.
Su marido Antonio seguía creyendo en su inocencia y nunca había dejado de ir a visitarla. Su hijo Martín, que nunca se había sentido querido por ella, prefería no verla y la odiaba por el peso que había tenido que cargar por su culpa: era señalado en todos lados.
Unos años después, un tribunal de segunda instancia modificó el fallo y la condenó a cadena perpetua por encontrarla culpable de los tres homicidios. Yiya debía regresar a la cárcel, pero tenía otros planes.
En lugar de entregarse, se fugó; se recluyó junto a un amante en algún paraje escondido del interior. A su casa comenzaron a llegar llamados intimidatorios de madrugada para que su esposo y su hijo dijeran dónde se encontraba. Ellos no lo sabían, pero las amenazas no se detenían. Martín decidió terminar con la situación cuando los amenazados fueron su novia y su mejor amigo. Consiguió que uno de los amantes de su madre le dijera dónde estaba y sabiéndose seguido por agentes de la ley fue hasta la localidad en la que Yiya se escondía, la enfrentó y la obligó a regresar a Buenos Aires para que cumpliera con su condena. Ellos no lograrían normalizar su vida (sabían que era imposible), pero sí al menos dormir sin ser amenazados telefónicamente dos o tres veces por noche.
Martín terminó sus estudios y se convirtió en doble de riesgo y especialista en artes marciales. Alguna vez contó que se deslumbró con esa actividad al ver una película de Belmondo y sus escenas de acción (la paradoja es que Belmondo solía realizar él esas escenas, era una de las pocas primeras figuras que lo hacía). Intentó seguir con su vida como pudo y acompañando a su padre.
Relató sus vivencias en un libro estremecedor Mi madre, Yiya Murano que originalmente salió en una pequeña colección sobre casos policiales reales de Editorial Planeta en 1994 (también estaba allí El Petiso Orejudo de María Moreno) y tuvo reedición aumentada en 2017.
Allí cuenta que su madre tenía varios amantes fijos. Que cuando él era chico, ella lo llevaba cotidianamente a los encuentros con ellos. Y que hasta fue de vacaciones con alguno. Que más allá de que él siempre consideró a Antonio su padre, Yiya cuando quedó embarazada le dijo a cuatro hombres distintos que eran los padre de ese bebé. A Antonio, a sus dos amantes fijos y a un tercero que era gerente de una multinacional. Cada uno de los hombres reaccionó de manera diferente. el gerente nunca más le habló ni se puso en contacto, uno de los amantes fijos se ilusionó con que dejara a Antonio y se fueran a vivir los tres juntos, el otro se comprometió sólo a ayudar económicamente.
Lo cierto es que Martín no tuvo la certeza de quién había sido su padre biológico y es probable que Yiya tampoco la tuviera.
De todas maneras, Martín nunca consideró cambiarse el apellido para poder tener una vida más tranquila, para ocultar quién fue su madre. “Lo del apellido es ambiguo, pero no me lo cambiaría nunca. Me recuerda que mi padre fue Antonio Murano, el hombre más bueno que conocí. Cómo no voy a querer llevar su apellido. Y Yiya no era Murano. Era Yiya de Murano”.
Una mujer manipuladora, que solía en público hacer como que se encargaba de su hijo y sobreactuaba protección, cuando en privado el cuidado del chico quedaba en manos de Ignacia (María en el libro) la empleada doméstica de la casa, quien se dedicó amorosamente al chico.
Martín fue a la cárcel a visitar a su madre muy pocas veces. No podía soportar sus imposturas, sus mentiras permanentes, la manipulación, el desprecio al padre que siempre la siguió queriendo (y terminó muriendo de tristeza por su ausencia) y el daño que le hizo a él mismo.
A poco de publicar la primera edición de su libro, Martín Murano vio sorprendido, que tras reducciones de condenas y un indulto, Yiya quedó en libertad. Él rehuyó todo contacto, pero no le quedó más remedio que saber de ella que se había convertido en un personaje mediático. Cobraba las entrevistas y pasaba buena parte de su tiempo en televisión contando sobre su caso y la vida en la cárcel. Y, por supuesto, hablando pestes del libro de Martín y asegurando que era un mentiroso que quería destruirla y que ella no lograba entender por qué lo hacía, por qué no retribuía todo el amor maternal que ella le había dado.
La más célebre de esas apariciones fue en un almuerzo con Mirtha Legrand al que Yiya llevó masitas que regaló a la diva. Mirtha, con humor y elegancia, para evitar el convite dijo que las masitas engordaban y que ella estaba a dieta. Sin embargo, antes del final del programa, tomó coraje y probó una. Todo sea por el rating.
En ninguna de las entrevistas confesó sus crímenes. Solía decir que ella había sido responsable de dos muertes: la de sus padres que no había podido soportar el disgusto y habían muerto poco después de que ella alcanzara la celebridad.
Aunque parezca mentira, aunque alguien pensara que se trata de una creación de un guionista afiebrado, Yiya luego de salir de la cárcel a los 68 años, siendo la criminal más célebre del país y con tres asesinatos en su cuenta, logró casarse dos veces. La primera con un hombre muy mayor con el que comenzó una relación, ocultando su nombre real (y su pasado), utilizaba uno de sus apellidos de soltera: Mercedes Bolla.
Era una relación casta porque Yiya le decía al señor que ella era una mujer decente y que no se acostaría con él a menos que se casaran. Cuatro meses después del primer encuentro fueron al registro civil. Al día siguiente Yiya apareció en televisión contando de su boda y recién en ese momento el hombre y su familia se enteraron de quién se trataba. La pareja se disolvió en el acto.
Poco después se casó con un experiodista ciego que vivía con su hija. Allí no ocultó su verdadera identidad. Le alcanzó con desplegar sus encantos y sus mentiras. Se peleó en múltiples oportunidades con la hija de su nuevo marido. Hasta que Yiya le propuso a la joven una cena de reconciliación con unos fideos caseros que ella mismo cocinó. La chica y su padre tuvieron una gran descompostura. Se presume que Yiya había puesto veneno para ratas en la sala. Otro divorcio inmediato.
La chica convaleciente se comunicó con Martín Murano y le contó la historia. Martín se compadeció de ella, le deseó una rápida mejoría pero dijo que no quería saber más nada de la madre.
Yiya en sus últimos años seguía desesperada por atención. Buscaba a los periodistas y les decía que ella tenía información exclusiva mientras blandía un sobre papel madera. Pasó por algunas pensiones, hasta que fue internada en un geriátrico municipal.
Yiya Murano murió el 26 de abril de 2014. La noticia se conoció mucho tiempo después.
Hubo muchas notas sobre ella, libros y hasta una comedia musical de Osvaldo Bazán, Ricky Pashkus y Ale Sergi. Ahora llegó la serie y pronto vendrá el documental en esta época en que las plataformas no dejan true crime por explotar.
Martín Murano siguió con su vida. Dejó el trabajo como doble de riesgo y se dedicó al rubro de la seguridad. Tuvo severos problemas coronarios y debió ser intervenido quirúrgicamente.
En los últimos días, a raíz del estreno de la serie Yiya, volvió a dar entrevistas. Criticó la serie y dijo que se trataba de una ficción que se alejaba demasiado de los hechos reales. Y anunció que está preparando una documental para Netflix que se estrenará en 2026. Promete testimonios y datos reveladores como el destino del dinero de las estafas.
Se cree que algunas de esas revelaciones pueden ser la identidad de algún cómplice (seguramente uno de los amantes) y que fue sospechosa de otros crímenes de los que no se pudo probar su autoría.
Martín Murano tiene algo más que reprocharle a su madre. Cuando el chico tenía diez años, era gordito y goloso, lo perdían las cosas dulces. Una tarde ella hizo una torta que se veía muy apetitosa y la dejó sobre la mesa de la cocina ya cortada, para que Martín se tentara cuando la viera. El chico apenas entró a la cocina se abalanzó sobre una porción, cuando estaba por llevársela a la boca, Yiya entró corriendo y se la arrebató. Le gritó que mejor no la comiera. Y tiró esa porción y el resto de la torta a la basura sin mayor explicación. Durante años, Martín olvidó ese episodio hasta que las evidencias sobre la madre lo volvieron a reflotar.
Martín Murano está convencido de que, esa tarde, su madre, Yiya Murano, intentó envenenarlo. Lo que no sabe es por qué la mujer se arrepintió a último momento.
Yiya a Murano, cianuro, Asesinato
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