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Ningún lector es mejor que otro por leer más

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Muchas formas de leer y muchos motivos para hacerlo.

Hasta hace algún tiempo, solía yo contar esta historia: Cuando tenía siete años, en mi escuela pusieron a dar clase de Castellano a un profesor nuevo, joven, de rasgos y apellidos profundamente indígenas. Este maestro hacía muchos esfuerzos por enseñar una lengua que al parecer no era su lengua materna. Cometía muchos errores ortográficos al escribir y yo, que he tenido una habilidad o maldad congénita para detectar errores, se los observaba a cada momento. En principio el maestro se lo tomó con calma, pero, a medida que pasaban las semanas, se iba poniendo furioso cada vez que yo corregía sus errores. Debo confesar que esperaba con ansias que el profesor cometiera un error para advertírselo y esa crueldad natural infantil fluía en mí de manera determinante. Tanto lo molesté que el hombre pidió al director de la escuela y a mi padre, profesor de la misma institución pero de chicos más grandes, que me cambiaran de curso. Y así pasó.

Con el pasar de los años, he vuelto a reflexionar sobre estos hechos, y lo que hace una década me parecía una muestra de un talento incipiente que mostraba con orgullo, hoy me resulta vergonzoso. Ni el maestro ni yo teníamos la culpa de una circunstancia sumamente particular de nuestras sociedades: el clasismo. Quién sabe lo que este hombre habría tenido que sufrir. Seguramente venía, él o sus padres, de una comunidad indígena, a más de 3000 msnm, para estudiar una carrera que por esos años y aún hasta ahora resulta la tabla de salvación de miles de jóvenes que no tienen los medios de acceder a otro tipo de profesiones. Años después también descubrí que el sistema educativo está tan mal administrado que a esos profesores recién graduados los ponen a dictar Lenguaje o Castellano porque consideran que es una materia fácil. De raíz, el sistema educativo desconoce las habilidades o aptitudes de su propio personal, tanto es así que maestros de educación física pasan a ser profesores de Filosofía o Ciencias Sociales de un año para otro. Lo más probable es que ninguno de esos maestros haya tenido la posibilidad siquiera de tener acceso a una biblioteca pública y, mucho menos, a una pequeña biblioteca en casa.

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Tampoco en la lectura es mejor quien lee más. Ningún lector es mejor que otro por cantidad.

En el pueblo en el que vivíamos no había una biblioteca, tampoco librerías. Los pocos libros de literatura que teníamos se los debíamos a un concurso de oratoria que mi padre había ganado muchos años atrás. Eran tres novelas de George Simenon, La cabaña del tío Tom y la Historia del Ecuador de Federico González Suárez. Quién sabe con qué criterio se escogieron estos particulares premios, pero fueron mis primeras lecturas y el paso al descubrimiento de un mundo más allá de una educación que trataba de enseñar tu propia lengua sin más que los textos escolares, ya que tampoco la escuela contaba con una biblioteca. Mis padres eran maestros en la misma institución. Mi padre daba algunas materias relacionadas con las Ciencias Sociales, Civismo y también Matemáticas, ya que había estudiado una rara carrera que unía la Filosofía y las Ciencias Socioeconómicas. Mi madre, por su parte, era profesora de Educación Física. De ella aprendí el denodado amor por el deporte y el sufrimiento. Pero ese es otro tema.

Lo cierto es que siendo hijo de maestros teníamos pocos libros de literatura. Mi madre tenía muchas fotocopias, recuerdo, de libros de Anatomía y de ejercicios de todo tipo. Me gustaban mucho porque tenían dibujos de gente en toda clase de posiciones. Luego ya nunca más me gustaron los libros con dibujos. Hasta ahora, los libros ilustrados no se me dan. Los hojeo sin mucho entusiasmo y solo me engancho si el texto es bueno. No tengo ningún problema con los ilustradores, pero mi fascinación siempre han sido las palabras. Por ello, la primera vez que descubrí que había un sitio donde se podían prestar libros, cambiaría mi vida. Ese sitio, que ahora dirijo, porque la vida es así de irónica y pone las cosas no en su lugar sino donde le da la gana, se llamaba o se llama Biblioteca Municipal Federico González Suárez, en el Centro Histórico de Quito.

Santiago Vizcaíno coordina una red
Santiago Vizcaíno coordina una red de bibliotecas públicas.

Como maestros municipales, mis padres tenían que ir desde el pueblo donde vivíamos hasta el centro histórico de la ciudad para cobrar su sueldo en efectivo. Eran los años ochenta. El trayecto duraba más o menos dos horas, pero me gustaba mucho porque era el único día en que nos sentíamos ricos y, además, el contraste entre la carretera Panamericana cuando la ciudad empezaba abrirse me resultaba fascinante. Había grandes letreros por toda la ciudad y la publicidad usaba mucho las palabras. Mi pasatiempo favorito era ir corrigiendo los errores que notaba e iba todo el camino mostrando a mi madre mis descubrimientos: Mira, mami, decía, allí han escrito «javon» con v o allí han puesto «se nesecitan hoperarios», con s c y h. La gente en el autobús me miraba como a un bicho raro, pero nunca me ha importado lo que diga la gente sobre lo que digo y menos ahora sobre lo que escribo. Pero ese es otro tema.

Hay lectores egoístas, hay lectores generosos, hay lectores críticos, hay lectores displicentes, hay lectores insoportables

Al llegar al centro histórico, mis padres nos dejaban, a mi hermana y a mí, mientras ellos iban a hacer la fila para el cobro de su sueldo, en la sala infantil de la Biblioteca Municipal. El espacio en ese tiempo se llamaba Ludoteca y tenía libros y juegos. Ahora, cada vez que ingreso a mi oficina por la misma puerta que ingresaba cuando era niño, en este edificio antiguo desde el que escribo, llamado Biblioteca Municipal, algo dentro de mí se remueve y recupero ese chispa de fascinación por todo que tuve en la infancia, porque es de los pocos recuerdos que tengo en que fui muy feliz y creo que mi hermana también. Las bibliotecarias no eran tan amables como ahora y casi no te permitían tocar los libros, a menos que te pidieran leer en voz alta un pasaje de la lectura de ese momento. No existía siquiera la idea de la mediación y la lectura se miraba como una obligación.

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De hecho, en mi adolescencia, usé esa obligación de leer como escapismo. No será la primera vez que alguien diga que la lectura o la escritura son formas de escape, pero la experiencia del escape es individual y nunca se puede comparar la mía con la de ustedes. La mía me sirvió para escapar, en específico, de mi padre, que apenas veía que perdía el tiempo, me ponía a hacer las cosas más absurdas que se le pueden ocurrir a los padres, como pasar piedras o arena de un lado al otro. Puedes torturar a un hombre, creo que decía Dostoievski, pero nunca le des un trabajo sinsentido. Entonces, para evitar la tortura del sinsentido, recurrí a la lectura como forma de no hacer las cosas que mi padre me pedía. Siempre que me pedía rascar una pared o lijar una tabla rasa, yo le decía que no podía, que tenía que leer. Y no sé por qué la palabra leer le causaba un respeto enorme y se paraba en seco, entonces yo abría una de las novelas o libros que había pedido en la biblioteca de la secundaria y hacía como que leía, pero luego me enganchaba y no podía parar.

La experiencia de la secundaria también fue significativa porque está directamente relacionada con la biblioteca. Tenía que viajar hasta la ciudad hora y media hasta llegar al colegio que habían escogido mis padres, en ese momento y, según ellos, el mejor de la ciudad. Era un colegio de varones, municipal también como había sido mi primaria, sumamente estricto y exigente. Solo admitían, de hecho, a quienes habían obtenido los mejores puntajes en sus escuelas primarias. No me voy a jactar de eso ni mucho menos porque mi experiencia, si no hubiera sido por la biblioteca, habría sido traumática más que afortunada. No me gustaba ver hombres todos los días. Venía de una escuela mixta, donde había niñas con quienes jugábamos y peleábamos, pero había niñas. Acá no había ni maestras. Parecía un cuartel. Toda esa experiencia saldría después en una novela titulada Taco bajo, que bien pueden leer, pero no también pueden fingir que la leen como yo hacía con mi padre. Porque mi padre era muy estricto conmigo y tenía una idea metida en la cabeza: «ser el mejor», esa idea absurda que muchos padres meten en la cabeza de sus hijos y que genera una competencia malsana. Tampoco en la lectura es mejor quien lee más. Ningún lector es mejor que otro por cantidad. La lectura es una experiencia personal que no te hace tampoco mejor ni peor persona. Es una experiencia única, sí, distinta a cualquier otra, sí, pero no mejor que correr o andar en bici o hacer el amor. Leer es eso, leer.

Los ladrones de libros son tan pocos que es muy práctico tener libros en el auto, por todos lados. Esos carros no se atracan

En ese largo trayecto de mi casa al colegio y viceversa, leí muchos libros, pero sobre todo hice infinitas reflexiones sobre lo que leía. Me dejaba llevar por mi intuición y escogía los libros por el título y la materia. Si era un buen título, lo pedía. En ese tiempo, no se permitía acceder directamente a los libros. Los teníamos que pedir por medio de una ficha y era la bibliotecaria, casi siempre mujer, con seguridad de las pocas mujeres que había en ese colegio, quien te entregaba el texto para que lo leyeras en sala o te lo llevaras. Yo me llevaba siempre lo que pedía, por intuición, como digo, y muchas veces no los terminaba de leer porque me aburría o no entendía. No entender me causaba frustración y rabia. Pero luego fui entendiendo que la lectura es un entrenamiento como cualquier otro. Hay libros que son complejos porque lo demandan, pero también hay libros que pudiendo haber sido simples, son complejos. Yo no entendía por qué había gente a la que le gustaba que otra gente no le entendiera nada, sobre todo en la filosofía. Y así descubrí el germen de la filosofía.

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El préstamo de libros de la biblioteca de mi colegio me permitió no aburrirme durante las horas de viaje entre el colegio y mi casa. Aprendí a leer de pie, con un solo brazo, arrimado al asiento ocupado por otra persona, en la tortuga caliente del autobús, contra la puerta o equilibrado sobre el cuerpo de otra persona. Aprendí a leer con todo tipo de música de ambiente: cumbias, salsa, vallenato, pasillos, tangos y sanjuanes. Nada ha podido distraerme nunca cuando estoy absorto en la lectura. Alguna vez una señora me dijo que no debía leer así, que la retina podía desprendérseme. Hasta ahora mi retina no se ha desprendido más que de los libros. Los libros me han ayudado a dormir en épocas de insomnio, me han servido de arma contra ladrones que me han metido la mano al bolsillo, me han servido de paraguas y de parasol, de almohada y, sobre todo, de compañía. Cuando uno lleva un libro en la mano o bajo el brazo, siente que siempre va acompañado. No hay sentido, además, que no esté comprometido con la actividad de la lectura: el tacto, la vista, el olfato, el oído y, sobre todo, el gusto. Por ello hablamos del gusto por la lectura.

Últimamente se ha romantizado tanto el ejercicio de la lectura que parecería ser el remedio para todos los males. Sin embargo, al contrario de lo que parecen decir los adalides de la cultura, leer libros no te hace mejor persona ni te vuelve más generoso ni empático con el mundo. Tampoco te hace mejor artista ni mejor escritor. La gente que lee no es mejor que nadie. Lee y punto. Los motivos por los que leemos suelen ser variados y en lo más profundo tienen que ver con la vanidad. Leemos para ser considerados iguales, para ser parte de un grupo, para ser escuchados, pero también para escuchar la opinión del otro. Aún el lector más solitario, establece un diálogo con otro imaginario que escribe. Ese diálogo es el estatuto de la cultura, es decir, una herramienta social.

lLabiblioteca Federico González Suárez, que
lLabiblioteca Federico González Suárez, que dirige Vizcaíno.

Hay todo tipo de lectores y tiene que ver directamente con la personalidad. Lo mismo sucede con los escritores. Hay lectores egoístas, hay lectores generosos, hay lectores críticos, hay lectores displicentes, hay lectores insoportables. Ningún lector es igual a otro. Hay lectores que subrayan las páginas con bolígrafo, hay otros que usan lápices, hay los que usan resaltador, hay quienes doblan las páginas de las esquinas, hay quienes doblan las páginas por la mitad, hay quienes hacen anotaciones, dibujos y hasta caras. Hay quienes escriben en la página blanca final. Hay quienes jamás prestan un libro y hay quienes jamás los devuelven. Esos son los peores. Los lectores son únicos. No hay dos lectores iguales. Toda política de democratización del acceso a la lectura debería empezar por allí.

Los estados establecen índices absurdos de la lectura en los países como si de una competencia se tratara. En España se leen tantos libros por año, en Francia otros tantos, en Ecuador tantos, en Argentina otros tantos. Y los países que estamos en los índices más bajos sentimos que le hemos fallado a la cultura, a la patria y a los héroe que nos liberaron. La lectura, en estos momentos, no se reduce a un solo dispositivo. El libro ya no es más el objeto deseado donde reposan los elementos fundamentales de la cultura. Ahora el libro, como decimos en Ecuador, debe hacerse desear. Hemos fundado una cultura, como diría Monsiváis, con aires de familia, pero las familias han cambiado, asimismo los lectores y, por ende, las bibliotecas.

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La gran mayoría de ciudadanos, al menos en Ecuador, desconocen que pueden ingresar a una biblioteca pública y pedir un libro. Saben leer, pero no se les ha garantizado otros dos derechos universales: querer leer y poder leer. Los libros deben acercarse a las personas, no al revés. Las bibliotecas ya no son claustros ni museos donde reposa la memoria de un país. Deben abrirse y dialogar con la comunidad.

Tenemos tanto miedo de que los libros se pierdan. Si un libro se pierde es porque alguien lo deseaba. Los ladrones de libros son tan pocos que es muy práctico tener libros en el auto, por todos lados. Esos carros no se atracan. Los ladrones piensan que quien tiene solo libros no debe tener nada de valor. Pero es porque en general los ladrones comunes no leen y no visitan las librerías de viejo, menos las bibliotecas. Prestar y devolver libros debería ser una actividad cotidiana que la comunidad reconoce como suya. Pero basta con el deber ser. Nada es como debe ser ni los libros van a llegar a los lectores por arte de magia.

Tanto se ha vuelto el libro un objeto de culto que en nuestras sociedades resulta inalcanzable. De allí que las bibliotecas se conviertan en espacios de democratización, pero sobre todo de resistencia. Frente a una sociedad neoliberal voraz donde los libros no son más que otro objeto de consumo y, mientras más caros, mejor, las bibliotecas se rebelan y ofrecen aquello que para el ciudadano común es inasequible. No creo que haya una sola biblioteca fundada sobre la base de otra intención. De hecho, gran parte del negocio editorial se sostiene gracias al sistema de compras de las bibliotecas públicas.

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Al finales del siglo XIX, un miembro del Concejo Municipal de Quito decidió cambiar las sesiones del Concejo que se realizaban en la noche para la mañana, para así ahorrar el gasto en velas y destinar ese presupuesto para la compra de libros. Así nace la Biblioteca Municipal de Quito. Este hombre, que se llamaba Leonidas Batallas, hizo posible que se abriera la primera sala de lectura pública de la ciudad por amor a los libros. Hizo posible un derecho ciudadano que ha sido la base, a pesar de los gobiernos, de la creación de las bibliotecas públicas alrededor del mundo: el acceso al libro, apenas hace poco más de un siglo.

Por último, la lectura no es un acción exclusiva de relación con los textos que aparecen en un libro. Se leen las pinturas, las ciudades, los paisajes, los rostros y las personas. Se leen la música, los símbolos, las señales, los colores, porque todo está atravesado por el lenguaje. La química, la matemática, la física, el álgebra son lenguajes que se leen. Casi nada de lo que ha desarrollado el ser humano escapa a la acción de leer. Sin embargo, parece increíble que haya todavía 773 millones de adultos analfabetos en el mundo, la mayoría de ellos mujeres. Y así, nos sigue preocupando la cantidad de libros por año que un individuo lee en cada país.

Esa visión estadística obtusa hace que los planes de lectura de los países quieran demostrar sus avances, casi siempre irrisorios, con cifras. Les encantan las cifras. Lo que no parece advertirse es que las cifras también se leen y que todo tipo de fomento debe empezar por lo básico: saber leer. Preocupados por cuántos libros se publican, cuántas editoriales independientes se abren o cuántas librerías se cierran, olvidan que el eje principal de la lectura no son los escritores ni los editores ni las librerías, son los lectores. Y que el único espacio que garantiza el acceso gratuito a libro son las bibliotecas públicas y las bibliotecas comunitarias. Y esos espacios resisten porque gente como ustedes o como nosotros los defendemos día a día.

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Ya que estos espacios sufren una amenaza latente, la de los funcionarios de las administraciones que creen que las bibliotecas están en desuso y que quieren esos espacios para cualquier otra cosa. Funcionarios que no habilitan partidas para contratar bibliotecarios, que no aprueban presupuestos para adquisición de libros ni para dispositivos de lectura que garanticen el acceso de los lectores a bibliotecas digitales. Para qué, si la gente no lee. Esta aseveración la he escuchado desde hace décadas y ha sido el justificativo para no dar fondos, cerrar espacios de lectura, apropiarse de bibliotecas, arrumar libros, evitar el préstamo, condenar a fondos antiguos y eliminar presupuestos. Para qué, si la gente no lee.

*Escritor y editor. Coordinador de la Red Metropolitana de Bibliotecas de Quito.

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Afghan withdrawal refugees had ‘free rein’ on US bases in 2021, sources said, leaving in Ubers untracked

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

The tragic Wednesday shooting of two West Virginia National Guardsmen in Washington, and President Donald Trump’s call to reexamine green card holders from «countries of concern» including Afghanistan, was predated by a warning from Fox News host Laura Ingraham about the Biden administration’s announcement amid the withdrawal that they were vetting evacuees on the «back end.»

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The identification of a suspect has raised concerns again about the chaotic 2021 Kabul evacuation and previous reports of misconduct by evacuees on U.S. military bases.

Rahmanullah Lakanwal, 29, originally of Afghanistan and once part of a CIA-linked team fighting the Taliban, was identified as the main suspect in the shooting, which has since claimed the life of West Virginia National Guard Spc. Sarah Beckstrom of Nicholas County, West Virginia.

On Friday, «Ingraham Angle» host Laura Ingraham told Fox News Digital she and other conservatives have been sounding the alarm on failures of Biden-era vetting following the withdrawal ever since the Fox News host exclusively broke the story in September 2021 that members of Congress brought concerns over chaos at Army bases holding refugees directly to the State Department. 

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TRUMP ORDER PUTS THOUSANDS OF AFGHAN ALLIES WAITING FOR US RESETTLEMENT IN LIMBO

«Soon after the Biden administration’s disastrous withdrawal, it was obvious that their intent was to bring as many Afghans into the U.S. as possible,» Ingraham wrote in an email Friday.

«Conservatives, including myself, raised serious concerns about the cost, the difficulty of assimilation and potential threats posed to no avail,» she said. «The Biden team didn’t care.

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«We kept hearing, ‘But we promised,’ — Americans didn’t promise anything — and they shouldn’t be forced to keep paying for previous presidents’ horrendous mistakes.»

In September 2021, Ingraham reported exclusively that a top Republican demanded answers from then-Secretary of State Antony Blinken over the reports out of Fort Pickett in Blackstone, Virginia, depicting chaos and unvetted, unaccounted for evacuees.

As Ingraham pointed out, Blinken had said the State Department tried to «get as many people out as fast as we can, while we had the airport functioning. We focused on doing just that, and we’re doing accountings on the back end as people arrive in the United States.»

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«That’s your Secretary of State admitting that he didn’t care about vetting these folks before we brought them to U.S. Soil,» Ingraham said at the time. 

«And if you thought they would be securely held on US military bases, well, think again.»

Then-Rep. Mark Green of Tennessee exclusively provided Ingraham with a letter he wrote demanding answers from Blinken.

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«I’ve recently been made aware from someone at Fort Pickett, Virginia, that Afghan evacuees basically have free rein of the complex and have even been allowed to leave, despite not having completed the vetting process,» Green wrote. 

VETERANS GROUPS URGE TRUMP ADMIN TO CONTINUE AFGHAN ALLY SUPPORT PROGRAM AMID BUDGET CUT CONCERNS

«My sources made shocking allegations, including multiple incidents of sexual assault and several evacuees have been picked up by Uber drivers without any permission from authorities or being cleared to leave.»

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Green called upon his own combat service in Afghanistan as an Army special operations flight surgeon to request confirmation or denial of the allegations made by the source, telling Blinken the reports pose an obvious national security risk.

At the time, Ingraham contrasted Green’s letter with Blinken’s public statements. During a news conference at the time, Blinken said that in the administration’s effort to get «as many people out (of Afghanistan) as fast as we can, while we had the (Hamid Karzai) Airport functioning, we focused on doing just that.

DEMS’ RESPONSE TO ISIS LEADER ARREST ‘DISTURBING,’ SAYS FATHER OF MARINE KILLED AT ABBEY GATE

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Evacuees pack a Boeing jet from Afghanistan in 2021.  (Universal History Archive/Universal Images Group via Getty Images)

«We’re doing accountings on the back end as people arrive in the United States,» Blinken told reporters at the time. 

«If you thought they would be securely held on U.S. military bases, think again,» Ingraham said of Green’s revelation.

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DOZENS OF HOUSE LAWMAKERS RALLY AROUND FUNDING AFGHAN VISA PROGRAM AS TRUMP VOWS MAJOR SPENDING CUTS

Ingraham added Friday in comments to Fox News Digital that Afghan evacuees from Biden’s withdrawal not only come from a culture hostile to Western values, but they are often «all too dependent on the U.S. taxpayers to support them and their families.»

«This must end — (it’s) yet another calamitous Biden mistake President Trump is forced to address,» she said.

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In his discussion with Ingraham after the withdrawal, Green, a member of and later chairman of the House Homeland Security Committee who left public life earlier in 2025, said he was hearing similar reports from bases beyond Fort Pickett, Virginia. 

NAVAL OFFICER SENTENCED IN AFGHAN SIV BRIBERY SCHEME AMID SCRUTINY OF VISA PROGRAM AFTER TERROR PLOT EXPOSED

«DOD is getting its directions on how to handle these situations by the State Department,» Green claimed. «And the State Department is failing to give them adequate information. They’re letting them leave. They can catch an Uber and actually leave the base. They don’t know exactly how many are even there.

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«So, they can’t account for someone if they don’t return.»

Green said officials warned evacuees that if they leave the base their visa processing would stop but that such a warning appeared to have little effect on those who may have left.

JD VANCE CLASHES WITH CBS ANCHOR OVER UNVETTED REFUGEES: ‘I DON’T WANT THAT PERSON IN MY COUNTRY’

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«Then you get the shocking allegations of harassment and sexual assault, and it’s just horrific,» he said. 

At the time, Ingraham reported many of the evacuees on the planes out of Kabul came with no personal documentation at all, and she questioned how any «vetting» could be done of people who couldn’t begin to prove their own identity.

When contacted by Fox News at the time, the Biden State Department said, as a general rule, it did not comment on communications with Congress.

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HEGSETH ORDERS PENTAGON TO LAUNCH COMPREHENSIVE REVIEW INTO ‘CATASTROPHIC’ 2021 AFGHANISTAN WITHDRAWAL

Alejandro Mayorkas, Homeland Security Secretary at the time, told CBS News that the administration was dealing with «very few» evacuees who had given «any cause for concern.»

CBS anchor Norah O’Donnell followed up by pressing the secretary whether he could guarantee none of «thousands» of prisoners released by the Taliban would be coming to America.

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«I can guarantee you that we are doing everything possible to make sure that they don’t,» Mayorkas said.

FOUR YEARS AFTER ABBEY GATE, VETERANS WHO SAVED CIVILIANS DEMAND ACCOUNTABILITY

By one year after the Afghanistan withdrawal, lawmakers were still focusing on fallout from the apparent chaos.

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Rep. Tom Tiffany, R-Wis., said on Fox News in September 2022 he had heard similar reports out of Fort McCoy, Wisconsin, in his home state as Green had out of Virginia. 

«Should it be any surprise to the American people that they were misled? This is no different than the Southern border when Secretary Mayorkas came before the (House) Judiciary Committee and lied to us and said the border is secure. A year ago, President Biden said ‘inflation is transitory’. And now, a year later, we find out that they did not vet them,» Tiffany said.

HOMELAND SECURITY COMMITTEE SAYS ‘NATIONAL SECURITY BLUNDERS’ OF PAST 4 YEARS HAVE EMBOLDENED TERRORISTS

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Fox News Digital reached out to the Department of Homeland Security for comment.

Tiffany said he was at Fort McCoy in Tomah, Wisconsin, when the first 2,000 refugees arrived there.

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«None of them had gone through the SIV (Special Immigrant Visa) process,» he said. «I asked about it.

«People could walk right off from the base without any authorization from the commanding officer. We sounded the warning bell on that. And now, finally, the inspector general of the Department of Homeland Security is talking about this and saying this is a threat to national security and to our local communities.»

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Cuba sufre una grave epidemia de chikunguña y dengue: advierten sobre un riesgo de colapso sanitario

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Una extendida epidemia de chikunguña, dengue y oropuche amenaza hundir a Cuba en una gravísima crisis sanitaria.

El panorama es complejo. Los mosquitos son hoy la mayor pesadilla de una isla golpeada ya por falta crónica de combustible, apagones, escasez de medicinas y comida, falta de higiene urbana, una crisis económica agravada por el bloqueo estadounidense y hasta un huracán que hace solo un mes devastó amplias áreas de las provincias del este.

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Todo el mundo en el país habla de la epidemia de «arbovirosis» (virus transmitido por mosquitos) o simplemente sobre “eso que anda por ahí”. Los pacientes se cuentan por decenas de miles y los muertos -no reconocidos oficialmente- se acumulan en cifras guardadas bajo doble llave.

El jefe de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, Francisco Durán, aparece a diario en la televisión nacional para dar el parte del día. Según dijo, hasta la semana pasada se diagnosticaron 47.000 cubanos con síntomas de estas tres enfermedades, la enorme mayoría de chikunguña. La cifra ya duplica el informe de la semana anterior.

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Pero se cree que la mayoría de los contagiados ni siquiera consulta al médico.

“Un colapso sanitario”

La epidemia de chikunguña, una enfermedad caracterizada por fiebre alta y fuertes dolores articulares, empezó en julio en la provincia de Matanzas, vecina a La Habana. Enseguida se extendió por casi toda la isla.

Pero no vino sola. El dengue y el oropuche también castigan a una población cansada de tantos males juntos.

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Un trabajador fumiga un garage de La Habana (Foto: Reuters)

“El 2025 ha estado marcado por la aparición de un brote de chikunguña, que comenzó en la provincia de Matanzas y se ha propagado por todo el país. Todos los casos registrados son autóctonos. Los territorios con mayor transmisión son 14 provincias. Las más afectadas son Camagüey, Pinar del Río, Sancti Spíritus y La Habana”, dijo a TN una fuente de la Oficina de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en la capital cubana.

El gobierno no reconoce oficialmente decesos por estas tres enfermedades. Pero los relatos de los cubanos desmienten este dato.

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Mi abuela falleció el sábado 22 afectada por síntomas de estas enfermedades», dijo a TN una mujer habanera que pidió el anonimato. ”Las arbovirosis son males que tristemente llegaron para quedarse. En mi opinión, Cuba entera sufre actualmente un colapso sanitario sin parangón. Tengo 40 años y jamás vi cosas así“, contó.

La mujer comentó que uno de los empleados de la funeraría, donde se realizó el velatorio, le dijo que solo en La Habana reciben más de 175 decesos a diario, con disímiles causas, pero que obviamente la propagación del virus aumentó alarmantemente las cifras. Incluso, señaló que una doctora le admitió que tenían prohibido colocar como arbovirosis la causa de un deceso.

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Según dijo, tanto ella como su pareja ya se contagiaron, pero no fueron al hospital: “La opinión general dice que si vas al médico no hay insumos para análisis y simplemente te dicen que te recluyas a tu casa con abundante líquido y reposo. Esto se propagó de manera brutal”.

Pocos insumos y crisis hospitalaria

La falta de insumos es algo crónico en la isla, afectada por una grave crisis económica y un bloqueo estadounidense que lleva más de 60 años. La prensa cubana de Miami afirmó en las últimas semanas que el sistema hospitalario está colapsado por la cantidad de contagios. En las redes se viralizaron fotos que muestran supuestos pasillos de hospitales cubanos con pacientes recostados en el piso.

El doctor Julio César Alfonso Sánchez, presidente de la organización Solidaridad Sin Fronteras en Miami, dijo a Telemundo 51 que la crisis sanitaria es mucho peor de lo que reconoce el gobierno.

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“El sistema de salud va en completo deterioro, cada día peor. Vamos a empezar a ver enfermedades erradicadas regresar a la isla, y si esto sigue así, vamos a ver personas morir en la calle. No es propaganda, es la realidad”, advirtió.

Pero en la isla lo desmienten. La doctora María Guadalupe Guzmán, del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), rechazó un colapso del sistema, aunque admitió que la situación es “compleja” pero está “bajo control”.

La fuente de la OPS dijo: “El sistema sanitario de Cuba “opera en condiciones económicas complejas. Es importante reconocer que la respuesta de Cuba ocurre en un contexto de dificultades económicas persistentes que afectan la disponibilidad de medicamentos, suministros médicos y recursos para el control vectorial“.

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Los cubanos sobreviven bajo una grave crisis económica y sanitaria (Foto de archivo: Reuters)

Los cubanos sobreviven bajo una grave crisis económica y sanitaria (Foto de archivo: Reuters)

“De cara al futuro, el fortalecimiento continuo de la vigilancia, el control vectorial y el manejo clínico, así como la movilización de la cooperación internacional, siguen siendo fundamentales para mitigar el impacto de estos arbovirus y reducir el riesgo de complicaciones y brotes”, afirmó la fuente.

Basura en las calles y escasa fumigación

Daniel Triana, excoordinador de la plataforma disidente Archipiélago, dijo a TN que él y su hermano ya se contagiaron. “La situación está crítica. La mitad de las personas que conozco lo han tenido o lo tienen. Parece un escenario en el que todo el mundo se va eventualmente a terminar contagiando”, indicó.

Según contó, la opinión ciudadana es que la epidemia ha causado decesos. “Aquí en mi cuadra falleció un señor que vivía prácticamente en la miseria y creemos que murió por eso. Así he escuchado muchos casos”.

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Los basurales se acumulan en La Habana (Foto de archivo: REUTERS/Norlys Perez)

Los basurales se acumulan en La Habana (Foto de archivo: REUTERS/Norlys Perez)

Triana comentó que la situación es peor en el este de la isla tras el paso del huracán Melissa. “En las provincias casi nunca hay corriente y así es más fácil contagiarte. Allá la pasan mucho peor. No puedes encerrarte en tu cuarto con el aire acondicionado si no hay luz. Además, no todos tienen dinero para comprar repelente”, sostuvo.

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La población, en especial en La Habana, se queja de falta de higiene, acumulación de basurales en las calles y mala fumigación.

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“Aquí, La Habana, está llena de basura. En mi barrio ahora comenzaron a fumigar y chapear la hierba (cortar el pasto)”, afirmó.

Ileana Rodríguez, también vecina de La Habana, dijo a TN que ella ya pasó por la enfermedad y ahora le tocó el turno a su pareja. “Es un espanto. Todo el mundo está hablando de esto, todo el tiempo. La suegra de una compañera de trabajo está grave, el padre de un amigo también”, dijo.

Según contó, ella llegó a estar internada en un hospital de la capital tras sufrir fiebre alta y escupir sangre. Días después se recuperó, pero nunca supo que tuvo. “No te pueden diagnosticar cuál virus tienes. Los síntomas son parecidos. A mí me vieron tres médicos y los tres me dijeron cosas diferentes”, concluyó.

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“Te velamos el 21 de junio”: el conmovedor prólogo de la hija de Juan Forn a un libro de su padre

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Juan Forn vuelve en un libro sobre su pasión literaria.

Fotos de sus manuscritos, anotaciones, frases, algunas reflexiones y, tal vez lo principal, un prólogo de Malena, la hija de Juan Forn. Esas son las novedades de la edición que hace ahora Godot de Cómo me hice viernes, el libro donde el escritor y editor, que murió en 2021, repasa su pasión literaria.

Cómo me hice viernes salió originalmente en 2018, por la editorial Documenta. El título alude a las contratapas que Forn escribía en el diario argentino Página/12.

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El escritor murió en Villa Gesell, donde vivía, a los 61 años. Aquí el prólogo de su hija.

Te velamos el 21 de junio de 2021. Hacía frío, pleno invierno en Gesell, el día estaba despejado, había mucha luz y la playa estaba espectacular para caminar, como a vos te gustaba. Lo hicimos en el Pipach, ese centro cultural abandonado con grandes ventanales y una terraza que mira al mar con la pintura corroída por la sal.

Llegué con Ludmila y Jose. Yo me había puesto una camisa de lino blanca que era tuya, con un jean ancho abajo, pero cuando nos bajamos del auto en la rotonda que mira al mar decidí que ese pantalón no me quedaba bien y Jose se ofreció a cambiármelo. Así que con el viento frío y frente a tode le que estuviera pasando por una de las playas principales de Gesell nos quedamos en bombacha e intercambiamos pantalones.

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Anotaciones de Juan Forn incluidas
Anotaciones de Juan Forn incluidas en el libro.

Cuando entré vi que había candelabros y cruces plateadas decorando el salón vacío. El cajón estaba pegado a la pared mirando a la puerta de entrada. Todo estaba mal, así que lo cambiamos.

Te pusimos mirando a la pared de enfrente, con el mar de fondo que se veía en los ventanales, y pegamos fotos sobre la ventana (una especie de recorrido por tu vida), te pusimos tus anteojos, el libro que estabas leyendo y unas flores de porro en el pecho.

El secretario de Cultura estaba muy preocupado por la falta de flores en Villa Gesell, se acercó respetuosamente a pedirme disculpas por no haber traído la corona de flores tradicional que se utiliza en los velorios, e inocentemente contesté: “Pero mi papá no es Gilda” (mi única concepción de una corona de flores es la que se usa en la cabeza).

Juan Forn (Foto: Alejandra López)
Juan Forn (Foto: Alejandra López)

Jose y Ludmila fueron a buscar flores por la playa, dicen que se reían y lloraban mientras las juntaban. Las pusieron cuidadosamente en el cajón, enganchadas en el borde de encaje blanco que lo cubría. No hubo otras flores en todo el velorio y, si me permitís aclarar, fueron las más lindas.

Vinieron las Solá y Ezequiel (que ahora es Tequiana, no llegaste a enterarte) y trajeron el cuadro con la escena de la Divina comedia, tu banquito donde dejabas los libros por leer y un par de cosas tuyas.

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Mamá trajo las fotos, dijo que no se animó a verlas, así que las eligieron sus amigas.

Gloria no se animaba a entrar, todes insistieron y en algún momento entró. En el medio del revuelo, el llanto y demás, Gloria siente algo en la pierna, se asusta y grita. Era una bombacha que le había quedado enganchada cuando se estaba cambiando a la mañana.

Me paseé entre todes les presentes con un frasco de tu porro con el discurso de: “¿Querés un poco del último porro de mi papá?”. En un momento sentí que alguien me tocaba el hombro y lo veo al Turco, un mastodonte armenio, campeón de jiu jitsu con ojos vidriosos y voz de niño diciéndome: “¿Me das un poquito del porro de mi amigo?”.

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También se me acerca Toni, con ojos pícaros, y me consulta suavemente: “¿Y si lo llevamos al mar? La imagen fue clara, Toni dirigiendo a tus amigues mientras pasean el cajón por la orilla del mar y vos te vas bamboleando mientras sonreís, porque a mí nadie me puede discutir que tu semblante era el de una persona en paz con una semisonrisa preciosa. Calculo que alguna negativa balbuceé porque el deseo de Toni contrariaba cualquier lógica, pero entre nosotres dos, pienso que hubiera estado buenísimo.

Morena se acerca al cajón, digna hija de Toni, y con su síndrome de Down que a veces no la deja comprender las cosas de la misma manera que nosotres. Te mira y dice: “Dale, Juan, despertate, boludo”. Ante la clara negativa de despertarte, Toni se apura en comentar que estás en el cielo, que no podés escuchar. More lo mira como si fuera idiota y contraataca: “¿Cómo va a estar en el cielo si está acá?”, a lo que Toni aclara: “Es que el alma ya está arriba pero el cuerpo tarda un poco más en irse, es siempre así”. More se desespera y no entiende, a lo que Toni, ansioso y también cansado, explota: “¡More! Como un cohete, sale volando como un cohete”. Morena, con ojos pacíficos y lógica inagotable, lanza: “Y si es un cohete, ¿dónde están los botones?”.

Juan Forn, un editor y
Juan Forn, un editor y escritor querido. (Martín Rosenzveig)

Olimpia estaba destrozada, abrazaba a su nieta con fuerza y se lamentaba: “Ay, mi patroncito” (así te decía siempre, muy a tu pesar), y le cuestionaba a Guille: “¿Por qué no se murió usted?”. Y sí, si lo pensás un poco tiene lógica, Guille es más grande, tiene grandes problemas de salud, y si vamos a ser totalmente sinceres, creo que todes pensábamos que entre ustedes dos Guille se moría primero. Yo me reía para mis adentros pensando en la impunidad que da el dolor, y cómo nadie le cuestionaría a Olimpia decir lo que estaba diciendo, ni siquiera Guille. Qué te voy a decir, las consecuencias de compartir empleada doméstica. Ella tenía su favorito.

Cuando salí a la terraza a fumarme un pucho (sí, ahora fumo, calculo que no tendrás muchas objeciones, de todos modos no tenés manera de compartirlas conmigo), veo a dos personas filmando desde la costanera con un palo de selfie. Salí como una tromba. Furiosa, les dije: “Esto es un velorio privado, no pueden filmar”, se apuraron en aclararme que eran del canal de Villa Gesell, que no querían molestar. Poseída por el espíritu cabrón que te caracterizaba, les tiré una sarta de reprimendas sobre la moral y el respeto ante la muerte ajena. Mientras les pobres periodistas se iban deshaciendo en disculpas y guardaban sus cosas en el auto para irse, les freno en seco: “¿Y ahora a dónde van? Ya vinieron hasta acá, y ahora vas a filmar a toda la gente que quería a mi papá y lo vino a despedir. Ah, y guardá ese palo de selfie de mierda y traé un equipo como la gente”. Me siguieron cuidadosamente e hicieron unas pequeñas tomas de tu gente acompañándote.

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Alrededor del mediodía enfilamos al Náutico, el restaurante que queda frente al Pipach, mirando al mar. Estaba lleno, como si fuera un día cualquiera de temporada alta, pero es invierno, y todos tus afectos ocupan las mesas. Guille está sentado en su mesa de siempre, la primera a la izquierda, cerca de la cocina y con vista al mar. Lo acompaña Juancho, exalumno tuyo de taller, hoy jefe máximo de una de las editoriales más grandes del país. Habían tenido alguna discusión boluda que los tuvo alejados un tiempo, pero casualmente unos meses antes de que te murieras, volvieron a acercarse. Me senté con ellos como si fuera una de las innumerables veces que vos te sentaste ahí, en su mesa, a cenar y charlar con Guille. Al cabo de un rato, Juancho observa que mis amigues, que están en otra mesa, me están mirando. Me dice: “Andá, andá con tu generación”.

En mi mesa están todes acompañándome. Luis, el dueño de Náutico, me acerca, sin que lo pida, lo que más nos gustaba comer ahí: langostinos rebozados. Y cuando pido un gin-tonic manda a la moza con la botella a servirme, y me dice: “Decime hasta dónde”. Confundida, la miro a Jose: “¿Podés decidir vos?”. Ella le dice a la moza: “Hasta ahí”; y yo agrego: “Un poquito más”. Y es así como con un copón de 80 % gin y 20 % tónica terminé en pedo en tu velorio.

Después de comer, enfilamos de vuelta al Pipach. Yo llevaba un vaso de plástico con lo que me quedaba del gin matador, y cuando estaba sentada esperando que se me pasara la borrachera, se acerca una joven periodista bellísima y me pregunta si tengo unos minutos para hablar; la habían mandado desde la Ciudad de Buenos Aires a cubrir el evento y le faltaba hablar conmigo. Así que fumando, entre risas y llanto, le conté de vos, cómo habíamos organizado este desopilante velorio. Días después, sacó la bendita nota, que quedó hermosa.

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Mamá se paseaba por todos lados fumando porro sin parar, acompañada de su nueva pareja (que ahora no es tan nueva, pero en ese momento sí) y lo miraba mientras fumaba y le decía: “Me vas a tener que disculpar, mi amor”. Está más suelta y divertida, te gustaría esta nueva versión de ella.

El de la casa velatoria me avisa que ya se tienen que llevar el cajón, así que recomienda una última ronda para despedirse del difunto (no te enojes conmigo, él te dijo así). Todes pasaron a hablarte y despedirte. Cuando llegó mi turno, me di cuenta de que no tenía nada más para decirte, nada que no te hubiera dicho en las otras instancias en las que había estado junto a tu cuerpo inerte, hasta que me bajó. Papá, nunca te dije pero… tengo piercings en los pezones.

Y así como si nada, era hora de llevarte a la camioneta. Toni y tus amigues enfilan a llevar las manijas del cajón, a lo que objeto: “No, vamos las chicas”. Mamá, María, Jose, tu hermana Eugenia y yo. En el momento en el que intento levantar la manija me doy cuenta de que es pesadísimo, no tenía idea de que era tan difícil llevar un cajón. Te subimos a la camioneta y todes aplaudieron, chiflaron y te despidieron. Y sobre todo el bullicio, un grito con la voz de Morena, inconfundible: ¡Magoya!, su código en común, el título que le querías poner originalmente a tu colección Rara Avis.

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Magoya, pa, ahora estás en paz.

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