INTERNACIONAL
“¡Ese es mi marido!”: por qué la pareja es el “gran” problema del siglo XXI

La semana pasada les contaba a mis hijos que, hace no mucho tiempo, había en la tele un programa al que iban personas a buscar con quien casarse. También hubo otro al que ya iban parejas y competían en función de quién conocía más al otro. Entonces, ante una pregunta era necesario que uno se levantase con un cartel y dijera “Esa es mi mujer” (o “mi marido”).
Mucho antes, hubo un programa que se llamó Matrimonios y algo más. Hoy cada tanto veo algún capítulo en YouTube. Es como leer una novela soviética, de un mundo que ya no existe. Todavía recuerdo esa novela argentina que fue un best-seller: Bodas de cristal, de Silvina Bullrich.
Bullrich escribió esta novela en 1951. En sus páginas, una mujer despierta y mira a su marido dormir. Desde esa escena, recuerda el pasado juntos. Recuerda a las amantes que le conoció: la solterona que lo esperó hasta que se fue con uno que de verdad la quería; la jovencita que se volvió loca y perdió la vida; con distancia, ella mira esos vínculos –desde la seguridad que le da su rol de esposa– y narra los diferentes lugares que una mujer ocupa para un hombre.
Como contraparte, habla de su propia vida sentimental; qué la une con su marido, cuando ya no es el amor lo que sostiene la pareja. “Por encima de todo un matrimonio es eso: un inmenso secreto que se llama intimidad”, dice la narradora con suma lucidez. Bullrich es una escritora injustamente olvidada (ya lo dijo Cristina Mucci). Por ejemplo, es capaz de hacer una distinción tan sutil como la siguiente:
“Yo me creía fuerte, capaz de resistir a los ataques del hombre más perfecto del mundo; recuerdo que juzgaba con severidad a las demás mujeres; me parecía que ningún marido podía llegar a cometer un acto bastante monstruoso como para servir de justificación a la infidelidad de la mujer.”

Y aquí distingue entre la infidelidad por venganza y el descubrimiento de un nuevo deseo que no es incompatible con amar a un hombre (al que un poco se odia). La complejidad de las distinciones psíquicas que hace la convierten en una verdadera psicoanalista o, como se decía antes, una sabia conocedora del alma humana.
La nuestra es la época del post-matrimonio. La pareja es el “gran” problema del siglo XXI. Ya sea por la inestabilidad vincular de que varias personas testimonian, o bien por las opciones de relación que surgieron en los últimos años y que no se basan en la pareja.
La inestabilidad vincular, por ejemplo, se reconoce en la creciente tendencia a la seducción sin compromiso, pero también en las que de un tiempo a esta parte se llaman “parejas tóxicas”. Por el lado de las opciones a la pareja, no me refiero solo al poliamor, o a las parejas nombradas como “abiertas”, sino también al reconocimiento del lazo de amistad como erótico.
Que hoy hablemos de lo “sexo-afectivo” demuestra que la palabra “pareja” es solo un pequeño ítem o posibilidad de lo que puede unirnos a otra persona. Ahora bien, ¿por qué digo que la pareja es un “gran” problema, si más bien podría decirse que hoy somos más libres que cuando la única vía era la del matrimonio en la temprana juventud?
Es que la libertad siempre trae problemas, ya que nos obliga a tomar decisiones que antes eran impensables, lo mismo que asegura nuevas responsabilidades. En una época de transición como la nuestra, creo que vivimos aún en el desconcierto y todavía no logramos estar a la altura de nuestra nueva capacidad de explorar el amor.
Si consultáramos libros clásicos de psicoterapia de pareja (de mediados del siglo XX), veríamos que en ese entonces lo más común era que consultaran matrimonios que luego de varios años juntos (¡décadas!) se preguntaban: ¿cómo seguir juntos? Hoy en día, la pregunta es: ¿podemos estar juntos?

Lo demuestran los casos cada vez más habituales de personas que llegan a la consulta terapéutica con apenas unos pocos años juntos, o apenas unos meses… sino unos días, como en la ocasión en que recibí en mi consultorio a una pareja de un hombre y una mujer que se habían conocido en unas vacaciones y, dado que vivían en diferentes países, iniciaron una relación a distancia que, al poco tiempo se entorpeció por los celos y las peleas constantes a través de llamados telefónicos compulsivos. En mi consultorio, después de las dos semanas que habían compartido en un país que no era el de ninguno de los dos y las tres veces que habían viajado para visitarse, fue la cuarta vez que se encontraron.
No solo hoy se consulta cada vez más temprano, sino que también llegan consultas que son hijas de nuestra época, signada por el impacto de los cambios culturales: ya no es claro qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. Por otro lado, hay otra coordenada en la que podemos estar de acuerdo: en el siglo XXI el deseo de hijo no surge siempre en una pareja. En muchísimos casos, ocurre que las mujeres después de los 30 años, se encuentran con que tienen que ver qué hacen con eso.
Hace 40 años (según estadísticas que se pueden consultar en Internet) la edad promedio para tener hijos era los 23. Esto cambió. Hoy son muchas las mujeres que, post-30, no están en pareja y se preguntan qué hacer. En particular pensemos algunos escenarios:
1. La mujer que se decidió a avanzar con ese deseo y después conoció a alguien, ¿por qué haría de ese otro un padre? Puede ser que con el tiempo lo sea, quizá no quiera él, tampoco ella; quizá quieran ser pareja y no padres juntos;
2. La pareja reciente que se decide a avanzar con ese deseo, pero que no llegaron juntos a la decisión y, por lo tanto, viven cosas distintas, con la ansiedad de querer lo mismo, pero que no sea de los dos;
3. La mujer que está en una relación y decide continuar en la misma por el proyecto de un hijo, antes que el por el deseo en la pareja, por lo que a veces alguien llama “la fiaca de volver a conocer a alguien a esta altura” o el miedo a “empezar de nuevo”.
Estos son escenarios que para Sigmund Freud hubieran sido impensables, que no se tienen en cuenta en su elaboración del origen del deseo de hijo, que modifican incluso nuestra idea de filiación (cuando, por ejemplo, hoy es posible planificar embarazos).
En todo caso, aquí me importa destacar que un deseo implica atravesar decepciones. Quien no quiere decepcionarse, no avanza con el deseo. Realizar un deseo es lo contrario de que se cumpla. Para avanzar con esta idea, en esta ocasión voy a comentar dos libros. Ambos tienen el mismo título: Mi marido.
El primero fue escrito en 2014 por Rumena Buzarovska. El segundo es de 2021 y su autora es Maud Ventura. Ambos fueron traducidos al castellano recientemente, en 2023 y 2025 respectivamente.
Asimismo, ambas escritoras son mujeres jóvenes. La primera nació en 1981; la segunda en 1993. ¿Por qué ese interés en escribir sobre una institución que pareciera del pasado? ¿De qué buscan dar cuenta con al recurrir a la narrativa de ese vínculo tan particular?
Mi marido, de Rumena Buzarovska, es una colección de relatos orientados por un hilo conductor que trasciende las historias. Podría ilustrar su denominador común con una breve anécdota.

Hace poco me crucé en la calle con una mujer. Estaba abrumada, nerviosa, mareada en la nebulosa del propio enojo, un odio que la dejaba inmóvil e incapaz de tener una conversación con su marido. Quizás sea el último rastro que deja el deseo al desvanecerse, la incapacidad para conversar.
A veces da un paso más y así surge el rechazo a hablar. Es lo que ella me dijo, cuando me contó que su marido le propuso hacer terapia de pareja: “Es que yo ya no quiero hablar con nada ni con nadie”. Ya más tranquila, deslizó que si hablaba temía querer separarse.

Mi marido
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Ya dije que el matrimonio es cosa del pasado. Las mujeres ya no tienen un marido, ahora hablan de chongos, garches, citas, pibes… debe haber formulaciones más modernas que no conozco. Sí me pregunto, ¿qué tratamiento tiene hoy el odio, desenlazado de la fantasía del matrimonio?
Esta es la pregunta para leer este excelente libro de cuentos. Sórdido y calmo, como puede ser la apariencia de una esposa que ha renunciado a la conversación con su marido. Cada cuento es una representación de este mundo.
Pero hay algo, una inquietud, que recorre cada uno y anida en la oscuridad del lector: ¿por qué un marido, alguien a quien una mujer se unió (en el mejor de los casos) por amor y por algún deseo, se vuelve un objeto de odio?
No me refiero al odio que es parte del amor, sino a ese odio a granel, que se desparrama, que no se prende en ninguna fantasía y que es efecto de haber renunciado a la chance de una conversación.
Las conversaciones no resuelven nada, no aclaran, no explican. Más bien son la ocasión de los equívocos por los que algún deseo puede colarse y darle vida a un amor. Hoy ya no se conversa. No queremos equivocarnos. Pero tampoco antes eso estaba asegurado.
Tenemos estos cuentos que nos muestran cómo un marido ha podido ser un muro ante el que hacer silencio o contra el que estrellarse.
Este es un libro triste, pero que ilumina buenas preguntas sin candidez. Por eso, y por su escritura directa sin ser cruda, vale la pena leerlo.
Pasemos ahora a un libro más divertido.
Mi marido, de Maud Ventura, es el retrato de una esposa erotómana, cuya vida gira en torno a descifrar los signos del deseo del hombre que tiene a su lado.
Hace no mucho hubo una actriz que, si no me equivoco, llegó hasta el reality Gran Hermano por representar este tipo clínico: Selva, una mujer que se autofilma e interpreta las actitudes de su esposo, el Bicho, al que se ve detrás en una disposición resignada.

Narrada en el transcurso de una semana, en la que no pasa nada y pasa de todo (recurso bien logrado para mostrar cómo la locura anida en el detalle), esta esposa da cuenta de cómo ese amor por el marido condiciona toda su experiencia.
Por ejemplo, en su casa el vestíbulo es el lugar mejor preparado, porque es la primera habitación en que el marido la ve al llegar a casa; “si algún día mi marido deja de querer volver a casa, solo me podré culpar a mí misma”.
También es capaz de decir algo que muchas personas solo confesarían con vergüenza:
“Todos los libros que leo hablan de él. En mi primera traducción [profesión de la protagonista] sobre la revolución copernicana […] no paraba de comparar este descubrimiento científico con mi vida sentimental. Me repetía, trastornada, que si tuviera que vivir sin mi marido tendría exactamente la misma sensación de colapso de los puntos de referencia.”
Asimismo, una parte de la vida de esta mujer transcurre en ocultar cuestiones al marido para que este solo tenga una imagen ideal de ella: “No quiero que mi marido se dé cuenta […]. Compro varios productos prohibitivos que esconderé”. También se las arregla para ir al baño cuando él no está, o directamente lo hace en su trabajo.
Si visitan a unos amigos, ella se encarga de investigar en Google todo lo adecuado para hacer el regalo perfecto. En vistas del matrimonio, leyó libros sobre normas de conducta, “llevo quince años cumpliéndolas”. En cierta medida, ella se endilga el resentimiento que él puede tener contra ella –por supuesto, sin que él jamás lo haya manifestado– por no tener una posición social más acomodada.
Del marido, en el transcurso de la historia, solo tenemos monosílabos. Su palabra es lo de menos. En esta novela no hay conflicto vincular, sino interpretación delirante continua. Quizá por eso resulta divertida y no es chocante encontrarse con una mujer que ama con toda esa desesperación a un hombre.
Hay algo genial en esta novela, que es que muestra cómo lo que de un tiempo a esta parte se llama “intensidad” amorosa, encuentra su base en la locura de una esposa tradicional. Por cierto, no pasó mucho tiempo desde que se popularizó el término “trad-wife” (esposa tradicional) y nos encontramos con el debate que generó un personaje –si es que lo es– como el de la española Roro.
La novela se vuelve tan divertida que, en cierto momento, vemos cómo la protagonista no duda en tener relaciones con otros hombres; infidelidades a las que no cataloga como tales, ya que las realiza con el único fin de no sobrecargar demasiado a su marido:
“Pero esas citas solo tienen un objetivo: encontrar una forma de aliviar la presión amorosa que recae por entero en mi marido repartiéndola entre varias personas. Por eso nunca me siento culpable de ser infiel: ¿a santo de qué, si lo hago por amor a mi marido?”
Liviana y profunda a la vez, esta historia tiene el acierto de plantear un problema actual a partir del más clásico de los vínculos. Ni siquiera la relación con los hijos es determinante para esta mujer; incluso considera que el pasaje de la pareja a la familia implicó una merma. Ella solo quisiera estar con él.
La pasión de esta mujer es querer ver el mundo a través de los ojos de su marido. En un momento recuerda cómo él se enfermó en la luna de miel y ella tuvo que estar sola unos días. Vagó, se dejó seducir por otros hombres, mientras le decía que hacía las excursiones, porque “¿Qué interés podía tener una ruta de ocho horas alrededor de un volcán si mi marido no estaba conmigo para verlo?”.
Hace más de una década, yo presentaba por primera vez un libro. En la mesa estaba una querida amiga y un colega. Como era un libro de psicoanálisis, ella se excusó y dijo que no era apta para un comentario de especialidad. “El que es psicoanalista es mi marido, pero no cuenta”, hizo la aclaración. A su lado, mi colega aprovechó el deslizamiento –no cuenta tener un marido psicoanalista para hablar de un libro de psicoanálisis– y le respondió: “No cuenta, como todo marido”. El desplazamiento produjo la risa del auditorio.
Retrospectivamente, esa anécdota habla de un pasado irrecuparable. En un mundo en el que había maridos y esposas, nos podíamos reír de cosas que hoy ya no causan gracia o para las que perdimos el sentido del humor.
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Cómo la dieta romana anticipó ideas actuales sobre salud y bienestar

Mucho antes de que términos como calorías, proteínas o vitaminas se popularizaran, los habitantes del Imperio romano diseñaron una teoría de la nutrición sofisticada para su tiempo. Sin acceso a métodos científicos modernos, los romanos crearon un sistema fundamentado en la observación empírica y en la teoría de los humores, influyendo tanto en su alimentación como en la percepción de la salud y la personalidad. Aunque este enfoque difiere de los principios científicos actuales, revela paralelismos notables con conceptos contemporáneos sobre nutrición.
En el corazón de la nutrición romana existía la convicción de que los alimentos, tras ser ingeridos y digeridos, se convertían en sangre, considerada el elemento esencial del organismo.
La Dra. Claire Bubb, profesora adjunta de estudios sobre el mundo antiguo, explica en History Extra que la comida se transformaba en sangre, y esta, a su vez, alimentaba las partes del cuerpo donde era requerida: “El componente básico del organismo”.
Así, quienes utilizaban más sus músculos dirigían hacia ellos la sangre necesaria para su desarrollo. Esta perspectiva, aunque lejana de la fisiología moderna, reflejaba una comprensión intuitiva de la conexión entre alimentación y bienestar físico.

A diferencia de la ciencia actual, que clasifica los alimentos según su composición química, los romanos agrupaban los productos por sus cualidades percibidas: calor, frío, humedad y sequedad. Estas características, determinadas por sabor y textura, se vinculaban a efectos específicos en el organismo. Por ejemplo, los pepinos se consideraban fríos y húmedos, mientras que el pan y la carne asada eran vistos como secos y calientes.
En tanto, los alimentos de sabor fuerte, como la cebolla, el ajo o la rúcula, se catalogaban como picantes. A algunos se le atribuían la capacidad de fortalecer el cuerpo o aportar “jugos saludables”, anticipando de forma empírica la noción moderna de nutrientes.
La Dra. Bubb resalta la existencia de ideas equivalentes en el pensamiento romano, expresadas con terminología propia, que observaban realidades similares a las de hoy pero desde una teoría alternativa sobre el funcionamiento de los alimentos y la nutrición. Si bien no utilizaban el concepto de proteínas, reconocían que algunas comidas contribuían al desarrollo muscular.

La teoría de los humores imperaba tanto en la medicina como en la alimentación en la antigua Roma. Según este enfoque, el cuerpo humano se regía por cuatro fluidos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, cada uno vinculado a un elemento natural.
El equilibrio o desequilibrio de estos humores determinaba no solo la salud física, sino la personalidad y las emociones. Un exceso de sangre, por ejemplo, se asociaba al carácter alegre, mientras que demasiada bilis negra se vinculaba a la melancolía.
Este sistema también influía en las recomendaciones sobre la alimentación. Se consideraba que las enfermedades surgían de desequilibrios entre cualidades opuestas. Así, una persona que padecía una dolencia “caliente y seca” debía consumir alimentos “fríos y húmedos”.
La dieta variaba según la edad, la estación del año y la salud. Los niños y atletas requerían mayor calor y nutrición, mientras que a los ancianos, percibidos como más fríos, se les aconsejaba menos alimento.

Estas creencias trascendían la mesa y permeaban la vida cotidiana romana. La alimentación reflejaba la constitución física, la personalidad y la posición social de cada individuo. La distribución pública de alimentos como el pan tenía un papel central en la vida urbana, y la elección de ingredientes respondía tanto a criterios de salud como a la búsqueda de equilibrio humoral.
Asimismo, la Dra. Bubb destaca el carácter empírico de este sistema: era “una manera de observar cómo funcionaba la salud y el cuerpo” a partir de la experiencia directa. Los romanos notaban los efectos de la comida en su cuerpo y ajustaban su dieta, aunque carecían de herramientas científicas para analizar la composición de los alimentos.
“Lo genial es lo intuitivo que es. Puedes entender que si comes demasiado, te sientes lleno y un poco asqueroso al día siguiente”, explicó la experta.

Hoy, muchas explicaciones romanas resultan extrañas: pensar que los alimentos contienen pequeñas partículas de fuego parece absurdo, aunque actualmente se hable de calorías y de transformación de los alimentos en energía. Al carecer de microscopios y laboratorios, los romanos dependían de la observación directa y del análisis de efectos visibles para fundamentar su nutrición.
A pesar de las limitaciones de su marco teórico, el enfoque integral romano, que vinculaba alimentación, salud, bienestar y constitución física, anticipa ciertas posturas holísticas de la nutrición contemporánea. La conexión entre dieta, personalidad y entorno evidencia una percepción de las interrelaciones entre los diferentes aspectos de la existencia humana.
Considerar la alimentación dentro de un sistema que abarca salud, bienestar y constitución física demuestra una visión que, aunque nacida en la antigüedad, resuena con la concepción moderna de la nutrición como un fenómeno complejo e interconectado.
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Slotkin goes silent when pressed on past Trump guard ‘shooting’ claims after DC attack

NEWYou can now listen to Fox News articles!
Sen. Elissa Slotkin, D-Mich., remained silent Friday when asked about previous statements she made suggesting that government officials should be prepared to push back on President Donald Trump if he ordered the military to fire on civilians.
Slotkin and other Democrats now face a reversal of those worries as the country reels from a shooting Wednesday that left one National Guard member dead and another in critical condition in Washington.
Her office did not respond to multiple requests for comment.
VIRGINIA DEM SAYS TRUMP ADMIN HAS ‘TAKEN ITS EYE OFF THE BALL’ ON PUBLIC SAFETY AMID NATIONAL GUARD SHOOTING
Sen. Elissa Slotkin’s alarm about the National Guard and other federal troops originally stemmed from comments President Donald Trump allegedly made to former Secretary of Defense Mark Esper during his first term. (Tom Williams/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images)
Slotkin’s alarm about the National Guard and other federal troops originally stemmed from comments Trump allegedly made to former Secretary of Defense Mark Esper during Trump’s first term.
«The president in the last administration asked then-secretary (Mark) Esper to send in the 82 Airborne into Washington, D.C. to try to quell peaceful protests here in the city. And he said, if necessary, can’t you just ‘shoot at their legs?’» Slotkin said during a January committee hearing.
Esper recorded those quotes as part of the administration’s considerations of how to respond to protests over the death of George Floyd. Floyd’s 2020 killing by a Minneapolis police officer sparked nationwide protests and ignited the Black Lives Matter movement.
The quotes were included in Esper’s book, «A Sacred Oath,» a highly critical memoir of the first Trump administration.
Trump has denied ever making the statement.
FORMER ARMY CAPTAIN WARNS DEMS’ ‘UNPATRIOTIC’ VIDEO TELLING TROOPS TO DEFY ORDERS COULD SPARK CHAOS

The alarm about the National Guard and other federal troops originally stemmed from comments President Donald Trump allegedly made to former Secretary of Defense Mark Esper during his first term. (Evan Vucci/The Associated Press )
The statements Trump allegedly made to Esper — and other questions about Trump’s use of federal troops — prompted Slotkin and six other Democrat lawmakers to release a video earlier in November, calling for service members to «not give up the ship.» In it, they urged members of the military and intelligence community to disregard illegal orders.
«The threats to our Constitution aren’t just coming from abroad but from right here at home,» the lawmakers said in the video. «Our laws are clear: You can refuse illegal orders. You must refuse illegal orders. No one has to carry out orders that violate the law or our Constitution.»
When asked what they meant by illegal acts, several lawmakers pointed to Trump’s comments about shooting protesters in the legs, an act that they said would go against the Uniform Code of Military Justice.
Besides Slotkin, Sen. Mark Kelly, D-Ariz.; Rep. Jason Crow, D-Colo.; Rep. Chris Deluzio, D-Pa.; Rep. Chrissy Houlahan, D-Pa.; and Rep. Maggie Goodlander, D-N.H., also appeared in the video.
DEMOCRATIC SENATOR ‘NOT AWARE’ IF TRUMP GAVE ANY ILLEGAL MILITARY ORDERS AMID VIDEO CONTROVERSY

A group of Democratic lawmakers with military and intelligence backgrounds, including Sen. Elissa Slotkin, D-Mich.; Sen. Mark Kelly, D-Ariz.; Rep. Chris Deluzio, D-Pa.; Rep. Maggie Goodlander, D-N.H.; Rep. Chrissy Houlahan, D-Pa.; and Rep. Jason Crow, Colo., released a video directed at service members and intelligence officers stating, «Our laws are clear. You can refuse illegal orders.» (Nicolas Economou/NurPhoto via Getty Images; Mark Kelly; Elissa Slotkin; Congress)
Wednesday’s shooter’s motives remain unclear.
The FBI has identified him as 29-year-old Afghan national Rahmanullah Lakanwal, a former member of a counterterrorism team in Afghanistan. He is in custody and faces first-degree murder charges.
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The bureau has described his attack as targeted and is investigating it as an act of terrorism.
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Persecución en Nicaragua: una mujer está desaparecida tras ser detenida por la dictadura por tener una foto del obispo Silvio Báez en su celular

La suerte de Eveling Carolina Matus Hernández quedó condenada por una foto que mantenía en su teléfono celular. Se trataba de la imagen del obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, quien se encuentra en el exilio desde abril de 2019, y en la que Matus puso la leyenda: “Mi verdadero líder”.
La empresaria de 36 años, madre de dos hijos, desapareció desde la tarde del 25 de junio de 2024, cuando agentes de la Policía Nacional la detuvieron sin orden judicial al salir de su negocio en Managua. Nadie volvió a informar oficialmente su ubicación, ni su situación.
Ese día, la Policía interceptó el vehículo en el que se movilizaba Matus junto a su esposo. Luego, la hicieron regresar al local de su empresa, una agencia de envíos llamada ASAP, propiedad de la mujer.
En ese allanamiento, realizado sin orden judicial, las autoridades confiscaron los bienes y clausuraron el negocio. Su esposo fue detenido y luego liberado bajo advertencia. A ella la mantuvieron retenida.
Según sus familiares, uno de los argumentos que dio la Policía para dejar a Matus Hernández detenida fue la fotografía de monseñor Báez encontrada en su teléfono celular.

“Nicaragua. A Eveling Matus le encontraron una foto mía en la que me llamaba ´su verdadero líder´ y por eso la Policía de la dictadura la apresó en junio pasado. Está desaparecida. Pido a Dios que sea respetada y puesta en libertad”, posteó en X, monseñor Báez, en septiembre de 2024, cuando se conocieron detalles de su detención.
Desde el 2018, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantienen una feroz ofensiva contra la Iglesia Católica de Nicaragua.
Según la investigadora Martha Patricia Molina, la Iglesia Católica había sufrido hasta julio de 2025, 1010 ataques, y 302 religiosos, entre sacerdotes, monjas, seminaristas, obispos y hasta un nuncio, debieron salir al exilio.
“Los religiosos/as han sido expulsados, prohibido su ingreso al país, desterrados o ellos/as, porque su vida corría peligro, fueron obligados/as a salir al exilio, la mayoría se ha reintegrado en otras comunidades extranjeras continuando así con la vida religiosa para los que fueron formados”, expone Molina en su informe “Nicaragua: Una iglesia perseguida”.
Monseñor Silvio Baéz fue el primero de los cuatro obispos que han sido desterrados de Nicaragua por la dictadura.

Matus Hernández es originaria de Jinotepe, en el departamento de Carazo. Estudió Publicidad y Mercadeo en la Universidad Centroamericana (UCA). Tras trabajar un tiempo en el área de publicidad de una empresa de telecomunicaciones, decidió crear la agencia de paquetería ASAP. Es madre de dos menores de edad.
Además de la fotografía de Báez, la Policía encontró en su teléfono fotografías que la mostraban participando en las manifestaciones ciudadanas de 2018. Todo eso se utilizó como “evidencia” para acusarla de “terrorismo” y “traición a la patria”.
Tras su arresto fue trasladada al Distrito III de la Policía Nacional, donde la mantuvieron en interrogatorios. Su esposo quedó en libertad días después, mientras ella era retenida.
El 3 de julio de 2024, la trasladaron en un autobús al llamado Centro Penitenciario Integral de Mujeres (EPIM). Pero cuando sus allegados acudieron para verla, las autoridades penitenciarias dijeron que no estaba registrada allí.
Durante 16 meses no se supo de ella. En al menos 22 ocasiones su familia solicitó información sobre ella al Sistema Penitenciario, sin respuesta alguna.
“Estuvo desaparecida, pero en octubre 2025 le permitieron ver a alguien de su familia, pero no a sus hijos que son menores”, informó el Monitoreo Azul y Blanco, una entidad de varios organismos de derechos humanos que da seguimiento a la situación de los presos políticos en Nicaragua.
Estas organizaciones consideran a Matus una presa política porque, aunque no tiene vida opositora, las razones de su detención y juicio fueron “su participación en las protestas del 2018 y le daba like a mensajes de Silvio Báez”.

En la consulta que hizo Infobae, el Monitoreo Azul y Blanco contestó que se sabe que Eveling Carolina Matus Hernández “tuvo juicio y la Fiscalía pidió 10 años de prisión por menoscabo a la integridad nacional (traición a la patria) y (difusión de) noticias falsas, pero no se sabe si ya hubo sentencia”.
El caso de Matus se definió como “desaparición forzada” porque fue detenida arbitrariamente, sin orden judicial, sin que se le informara el motivo, y después se le mantuvo sin proceso judicial y sin ubicación conocida.
El 24 de octubre de 2024 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Matus Hernández, en virtud del grave riesgo que implicaba su desaparición.
Al ver que el Estado nicaragüense no cumplió con dichas medidas, el 5 de marzo de 2025 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) amplió esas medidas de protección, ratificándolas el 27 de marzo. Exigió al régimen que revelara su paradero, permitiera contacto con sus familiares y abogados, garantizara su integridad física y mental, así como acceso a alimentación, medicamentos y atención médica.
El 30 de septiembre de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió un comunicado denunciando la desaparición forzada de Matus. En ese pronunciamiento, reclamó su liberación inmediata y calificó las acusaciones de terrorismo y traición como infundadas.
El gobierno estadounidense consideró que su caso representa la continuidad de una política sistemática del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo para silenciar voces críticas.
Presos políticos,Nicaragua,Iglesia Católica,Daniel Ortega
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