POLITICA
El libro de Mauricio Macri sobre Franco: de las peleas más feroces al dramático pedido del último encuentro

Franco Macri llegó de Italia a los 18 años. A los dos días comenzó a trabajar de administrativo en una obra de construcción. A los pocos años ya tenía su propia empresa constructora. Fue subcontratista, luego contratista. Erigió silos, fábricas, grandes torres, puentes que unen ciudades. Levantó las autopistas más importantes, diques y hasta centrales atómicas. Comandó Sevel, la automotriz más importante del país en su tiempo. Se encargó de la recolección de basura en la Ciudad de Buenos Aires (Manliba), tuvo la primera empresa de telefonía celular del país, productoras de cine. Durante más de una década fue el empresario más importante del país. Después cayó en una espiral de autodestrucción y emprendimientos poco certeros. También negoció con éxito y templanza la liberación de dos de sus hijos que habían sido secuestrados. Se casó varias veces, tuvo parejas y amantes de perfil alto. Fue un personaje público muy controvertido. Su hijo mayor, Mauricio Macri, con el que lo unió una relación tempestuosa y cambiante, llegó a ser el presidente de la República.
Ayer llegó a todas las librerías del país el nuevo libro del ex presidente Mauricio Macri. Se llama Franco y trata, naturalmente, sobre su padre Franco Macri. La bajada muestra de manera cabal su contenido: Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista. Este lanzamiento de Editorial Planeta generará, sin duda, buenas ventas y bastantes comentarios y controversias. Hay historias desconocidas e impactantes, anécdotas sorprendentes, miradas sesgadas, es una carta de amor a un padre que nunca lo comprendió y también un furibundo ajuste de cuentas.
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En el primer capítulo, el autor hace una aclaración, un pedido al lector: solicita que no ponga alta la vara de la objetividad. Sabe que es muy difícil hablar de un padre, y mucho más de uno como el suyo.
Suspender la pretensión de imparcialidad, en este caso, sirve para lo bueno y para lo malo. Sostiene que Franco fue inigualable, que fue su héroe y reconoce múltiples aciertos. Pero también se muestra duro en la evaluación de las últimas décadas de su padre pero no sólo en lo profesional, también en lo personal. A cada elogio parece seguirle una crítica impiadosa, que hasta invalida lo anterior.
Como escribe Mauricio Macri, este libro es “la historia de la capacidad de construcción de Franco, pero también la de su esfuerzo por destruir lo que había logrado”. Y el lector puede agregar, después de pasar por varios ejemplos en estas páginas, que Franco Macri parecía también hacer esfuerzo -tener un talento especial- para destruir personas o, al menos, los vínculos con ellas ya sean hijos, esposas, amigos, socios o gerentes calificadísimos. Su hijo dice que Franco era Dr. Jekyll y Mr. Hyde: lo repite en varias ocasiones a lo largo de las más de 200 páginas.
Mauricio Macri cuenta que como en toda buena familia italiana -y más si se trata de gente de negocios- se suponía que el primogénito sucedería al padre y que para eso se lo preparó. Pero en este caso no sucedió, no hubo tal sucesión. Y él encuentra una explicación: Franco nunca resistió -ni siquiera se imaginó- no tener el control absoluto de lo que había construido.
La influencia de este padre seguro de sí mismo, de personalidad dominante, self made man, sobre su hijo mayor fue evidente y abrumadora. Desde adolescente llevaba a su hijo Mauricio a las reuniones con los presidentes de las empresas más importantes del mundo o con ministros. Quería que aprendiera. La misión de Mauricio -siempre según su padre- era sucederlo, para eso había llegado al mundo, para continuar sus pasos. El problema era, esencialmente, que Franco nunca creyó que nadie sería capaz de reemplazarlo, que nadie estaría a su altura. Y mucho menos su hijo mayor. Lo hizo estudiar ingeniería y lo fue paseando por diferentes cargos de poder en las empresas de su grupo para ir fogueándolo. El hijo lo miraba deslumbrado y consternado por partes iguales, pero no podía salir, liberarse, del influjo de ese progenitor avasallador. Hasta aprendió a jugar al bridge para sorprenderlo.
Mauricio afirma en varios pasajes que su padre era un manipulador. Que podía ser muy generoso con familiares y amigos pero que siempre procuraba que todos hicieran lo que él quería o disponía. Que esa vocación por manipular era uno de sus rasgos distintivos, inevitables (sostiene que en sus actuales conferencias sobre liderazgo dice que un líder debe resistir la tentación de manipular). Un ejemplo flagrante de cómo controlaba a los que estaban a su alrededor: durante un largo tiempo Franco obligó a su hermano Tonino, a su primera esposa (aún en medio del divorcio) y a sus hijos a ir al mismo psicoanalista -que era, obviamente, el de Franco-. Mauricio dice que él concurrió unas pocas sesiones y después lo abandonó pese al enojo de su padre.
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Mauricio Macri no hace autocríticas en el libro. No asume errores ni reconoce fallas. Las pérdidas las endilga todas a su padre. De hecho, sin decirlo explícitamente, plantea que la verdadera debacle de las empresas de la familia Macri (o de Franco mejor dicho) comenzó cuando él, su hijo mayor abandonó Socma para presidir Boca Juniors. Según Mauricio, después, Franco desoyó varios de sus consejos que podían haber evitado que se metiera en negocios ruinosos como el del Correo.
El hijo mayor pedía que en vez de que los negocios del grupo se siguieran diversificando, Franco fuera más cauteloso (o que lo fuera al menos una vez en la vida) y que consolidara posiciones. El plan de Convertibilidad, el 1 a 1 parecía agotarse. Pero Franco siguió comprando empresas y probando nuevos territorios. Cuando empezó la década del 90 Franco Macri era el empresario número 1 de la Argentina; 10 años después, cuando Menem dejó el poder, había descendido hasta el puesto 17. Con estos números Mauricio Macri intenta romper con la versión de que Franco y sus empresas se beneficiaron con el menemismo.
Por otro lado muestra que la gran expansión se dio desde mediados de los 60 y en los 80. Sin embargo rechaza de plano que su padre haya sido cómplice de la dictadura militar. Afirma -sin que el lector lo crea demasiado- que Franco “jamás sacó provecho de posición política alguna”. Y que fue un pertinaz oficialista: siempre fue oficialista, la mejor manera de seguir haciendo negocios y expandirse.
Una historia peculiar con el poder de turno: Franco construyó las torres de Catalinas Norte. Isabel Perón pasaba por allí cada mañana en su trayecto Olivos- Casa Rosada. El reflejo del sol en la superficie vidriada, la encandilaba. Entonces la presidenta de la Nación ordenó que la fachada fuera modificada de inmediato para evitar que la molestara. La orden no se llegó a implementar porque ella fue derrocada antes.

Mauricio Macri no reconoce ningún caso de corrupción de Franco ni de sus empresas. Afirma que todo se trató de calumnias y difamaciones y persecución política, en buena parte obra del periodista Horacio Verbitsky y el matrimonio Kirchner. Según su versión cuando Socma ganaba licitaciones lo hacía porque sus ofertas económicas y propuestas técnicas eran mejores que las del resto y cuando perdía eso sucedía por la corrupción y venalidad de los funcionarios de turno.
En 1979 Franco Macri intentó desembarcar en Nueva York como empresario de la construcción. Compró dos terrenos para levantar sendos edificios. Pero en el medio surgió una oportunidad más grande. Unos terrenos del ferrocarril en venta y la posibilidad de construir decenas de viviendas y oficinas. Un proyecto faraónico, que de salir bien lo convertiría en un gigante en Estados Unidos. Franco dedicó mucha energía y dinero a esa posibilidad. Consiguió financiación por 600 millones de dólares. Pero algo siempre lo trababa. Él negociaba, ponía dinero, contrataba especialistas -desde ingenieros a lobbystas- y seguía adelante. En algún momento Donald Trump pareció que se asociaba, a pesar de haber renunciado a la idea de desarrollar esos terrenos antes de la entrada de Franco. Finalmente las trabas -políticas, judiciales, económicas, impositivas, sindicales, municipales: todos parecían confabularse contra el empresario ítalo-argentino- fueron tantas que Macri debió reconocer su derrota y abandonar. Y ceder los terrenos y sus sueños neoyorkinos. El comprador fue Donald Trump que en persona le dio a Mauricio Macri un cheque por 100 millones de dólares (dice que nunca vio tantos ceros juntos). Era una fortuna pero no alcanzaba ni por asomo para cubrir todo el dinero que Franco había puesto. Se supo luego que Trump había complotado con banqueros, políticos, sindicalistas y demás rubros, para que los Macri fracasaran y así quedarse por un precio casi vil con la propiedad. Cuando ambos fueron presidentes de sus países, Donald Trump le confesó a Mauricio la jugada y le dijo que su padre había sido muy imprudente al lanzarse a una aventura de este signo y de esta magnitud siendo tan visitante, sin conocer el terreno ni las reglas de juego.
El gran cambio, el quiebre de la relación padre-hijo, se produjo tras el secuestro de Mauricio en 1991. Franco se puso al frente de las gestiones. Un feroz negociador se enfrentó a la negociación más importante de su vida. Tranquilizaba a los secuestradores y durante 15 días no perdió la calma, mantuvo vivas las conversaciones y pagó el rescate de siete millones de dólares. Los captores exigieron efectivo con billetes de diferentes denominaciones y colocados en fajos de una manera especial. En menos de dos días, Franco había reunido esa cantidad y él mismo con dos colaboradores estrechos contó billete por billete. Apilados en la habitación principal de la casa de Franco -cuartel general durante esas dos semanas- los billetes ocupaban una superficie de un metro de alto por tres metros de ancho.
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(Una dato gracioso: como en los medios llamaban a Mauricio como “El delfín de Franco Macri”, el nombre clave que le pusieron sus secuestradores fue “El Pescadito”).
Al mismo tiempo, sin dar aviso al gobierno, se contactó con Terence Todman, embajador norteamericano en el país, para solicitarle que le recomendara los mejores especialistas del mundo para estos casos. 24 horas después dos exagentes especialistas en secuestros y líderes de la agencia de investigaciones más sofisticada del mundo llegaban a Buenos Aires.
“El hecho de haber logrado mi liberación, lo puso en un nuevo rol frente a mí. Ahora era mi salvador. Había salvado mi vida. Su ego y su omnipotencia crecieron hasta niveles superlativos. Y no era para menos”, escribe Mauricio.
Todas las semanas padre e hijo se peleaban con ferocidad. Franco echaba a Mauricio de sus empresas y a los pocos días lo volvía a contratar. Lo ayudaba y luego lo boicoteba. Le daba poder y minutos después lo desautorizaba. La guerra era permanente.
Otro efecto inesperado del secuestro fue que Mauricio se convirtió en una celebridad. La gente le hablaba por la calle, salía en las revistas. Hasta ese momento su notoriedad era menor -más allá de que su nombre fuera conocido y sus fotos aparecieran en la sección de sociales de las revistas. Eso, siempre según su hijo, hizo que Franco compitiera con él y procurara más notoriedad. De ahí sus romances publicitados, las fotos en Caras y Gente y las fastuosas fiestas en Punta del Este.
Sobre las mujeres del padre hay pocas referencias en el libro (y ninguna mención a Flavia Palmiero). Habla de Alicia Blanco Villegas, su madre, y cuenta que Franco y ella eran diferentes y que después de tres hijos y 20 años de matrimonio se divorciaron. Franco siempre había privilegiado sus negocios y su trabajo por sobre la familia; en un esquema de otra época (de esa época) la madre era la que se dedicaba a la crianza de los hijos y el padre era el proveedor.
Luego menciona a la segunda esposa (y madre de su hermana Florencia -que fue secuestrada en 2003, con lo que Franco tuvo que negociar una vez más con los captores de un hijo) y sin demasiados detalles da a entender que fue una relación tormentosa. También nombra a Evangelina Bomparola sin calificarla.
Con quién hace una excepción y un reconocimiento especial es, sorpresivamente, con Nuria Quintela. Asistente de Franco con la que solía viajar con asiduidad a China y con la que su padre mantuvo una relación amorosa, acaso la última: “Creo que ella fue la que más lo acompañó en ese momento tan difícil, en el que iba perdiendo cada vez más lucidez, y lo hizo con mucho amor”.
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Los enfrentamientos finales se dieron a partir de 2007. Mauricio ya lanzado de lleno a la política había sido electo como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Socma ya no era lo que había sido (había perdido Sevel, los celulares y otros negocios importantes) y el enfrentamiento con el kirchnerismo era abierto: la situación del Correo era uno de los puntos álgidos de la confrontación. Franco citó a todos sus hijos a su casa y anunció que les entregaría sus acciones en Socma, que él se dedicaría a los negocios con China. Puso como condición que permaneciera uno de los gerentes generales a la cabeza de todo. Los hijos, según la versión de Mauricio, aceptaron sin quejas. Días después, Franco llamó a su primogénito desde China y lo insultó y lo llamó estafador. También lo acusó de querer robarle la empresa. Los hijos aceptaron un nuevo convenio dando de baja el anterior. Pero la situación se repitió tres veces. Siempre de madrugada y desde China, Franco insultaba y gritaba a su hijo mayor y daba de baja lo acordado en Buenos Aires. Según Mauricio esas fueron las primeras manifestaciones evidentes del deterioro cognitivo de su padre.
La escena en la que describe el último encuentro entre ambos es estremecedora. Mauricio ya era presidente de la Nación; Franco padecía de una avanzada demencia senil, ya no salía de su mansión de Barrio Parque y estaba rodeado por un batallón de enfermeras, médicos y personal doméstico. En medio de una jornada de trabajo, Anita, la secretaria privada de Mauricio -que lo había sido de Franco: otro hilo que los ataba-, le dice que su padre está en un infrecuente intervalo lúcido y que quiere verlo. El Presidente suspendió todas sus audiencias y salió de inmediato hacia la mansión de la calle Eduardo Costa. Al llegar vio a su padre sentado en un sillón, mirando hacia la nada. Franco le señaló a dos de las cuidadoras y dijo: “¿Viste lo que es esto? No sé quiénes son estas mujeres”. Y miró por primera vez en la tarde a su hijo a los ojos, después de un largo silencio prosiguió: “Ya no dependo de mí, me tiene que bañar, me tiene que dar de comer (…) Toda mi vida fui un creador, y ya no puedo hacer más nada. Terminé. Me quiero ir”.
Mauricio Macri, sobrecogido por las palabras de Franco y azorado por la repentina lucidez, trató de explicarle que él no podía hacer nada, que aquello que estaba insinuando no era una posibilidad. Franco lo interrumpió: “Sos mi hijo mayor. Entendeme, yo soy Franco Macri, no puedo estar en esta situación. Ya terminé y me quiero ir”.
Su hijo trató de disuadirlo y, como en los viejos tiempos, Franco gritó, agravió, insultó, intentó imponer su voluntad pero en medio de la furia el discurso fue perdiendo coherencia primero y luego intensidad. Hasta que Franco Macri quedó en silencio y volvió a desconectarse de la realidad. Esa fue la última conversación entre padre e hijo.
Mauricio Macri, Franco Macri, Donald Trump, Socma, libro
POLITICA
La construcción de un nuevo armado opositor abre un gran interrogante sobre el lugar que ocupará Cristina Kirchner

“Su detención, su sustracción de la vida social y política de la gente resiente aquello que no acompaña este tipo de políticas que lleva a cabo el actual Presidente. Restringen sus visitas de manera salvaje. El drama es que al recibir menos personas, hablas con menos gente. Pero ella se informa y mira todo”. Así explicó Máximo Kirchner, durante una entrevista con Futurock, el momento que vive su madre, quien cumple condena en su prisión domiciliaria de San José 1111.
Internamente, en el kirchnerismo aceptan que las restricciones impuestas por la justicia federal, limitan mucho el accionar político de Cristina Kirchner. La rosca. Tiene la posibilidad de ver a cuatro personas por semana repartidas en un total de seis horas en la misma cantidad de tiempo. Las trabas no solo son un freno para su accionar en el mundo donde siempre se movió, sino que también han pegado en su estado de ánimo.
Según algunos dirigentes que la visitaron o hablaron con ella en la última semana, el ánimo de la ex presidenta no es el mejor. El encierro empieza a pasar factura. Su invisibilidad mediática y en las redes parece ser solo temporal. O, tal vez, sea parte de una nueva etapa. Lo cierto es que en paralelo, CFK sigue activa y pendiente de que su base de poder se sostenga, y que el peronismo pueda tener una oferta electoral compacta el año que viene.
En los últimos días empezó a tomar estado público las conversaciones que la dirigencia opositora mantiene activas para poder construir un frente anti Milei el año que viene. Un esquema amplio, que rompa barreras internas en el peronismo, y que alcance a otros sectores donde flotan dirigentes con pasado en el PRO o presente en la UCR.

Cristina Kirchner está al tanto de esas conversaciones y quiere que se expandan. Por eso le pidió a Miguel Pichetto, con el que se reunión una semana atrás, que se concentren en trabajar en acuerdos parlamentarios, en un año que será muy difícil para el peronismo, golpeado por el recambio de cámaras tras la derrota electoral del año pasado.
La ex presidenta hace tiempo que viene planteando la necesidad de abrir canales de diálogos nuevos dentro del Congreso. Por eso hubo algunos contactos informales con el peronismo cordobés, a través de Ignacio García Aresca, el hombre de confianza del gobernador de Córdoba Martín Llaryora, y también acuerdos tácticos con sectores del radicalismo más duros. Consensos que se visibilizaron cuando votaron en conjunto la emergencia en discapacidad y el presupuesto de las universidades públicas.
En ese camino de diálogos cruzados que hay en el terreno opositor, uno de los temas centrales, que aún no tiene respuestas, es determinar cuál es el lugar que ocupará Cristina Kirchner en el próximo armando opositor. Existe cierto consenso de que no hay margen para armar un frente nacional sin incluir al kirchnerismo. En todo caso, lo que está en discusión es qué lugar ocupará la fuerza política que lidera la ex mandataria.
“La quieren fuera de la cancha porque, a pesar de la demonización que se hizo sobre ella, sigue teniendo uno de los caudales electorales más altos del país. Hay dirigentes que no hablan de esto y forman parte de normalizar la proscripción. Creo que la política tiene que terminar con la hipocresía”, dijo en las últimas horas la camporista Mayra Mendoza.

La intendente de Quilmes en uso de licencia y actual legisladora provincial estuvo presente en una marcha que se realizó en Río de Janeiro por el Día de la Mujer. “Frenar a Milei es recuperar la democracia y, necesitamos a Cristina en libertad para recuperar el país de la destrucción”, aseguró en uno de los actos.
Después, en una entrevista con la AM530 reiteró el pedido de una forma más concreta: “Para poder frenar a Milei, Cristina tiene que estar en libertad y el peronismo tiene que tomar conciencia de eso”. La Cámpora es la única agrupación política que mantiene arriba la bandera de “Cristina Libre” y que forcejea con otros sectores del peronismo para poner la consigna en la agenda central de la fuerza política.
El mensaje de Mendoza, en el que plantea que hay dirigentes que no se refieren al tema, y a los que trata de hipócritas, tiene un destinatario directo: Axel Kicillof. Al gobernador bonaerense no le perdonan su alejamiento de Cristina Kirchner y la ausencia en su discurso de un pedido concreto por la libertad de la ex presidenta.
En la misma sintonía que la dirigente de Quilmes, pero en referencia a la interna del peronismo en la provincia de Buenos Aires, se expresó Máximo Kirchner. “Hay un momento en que las cosas deben resolverse. Uno no puede vivir en un estado de asamblea permanente, juntando 80 personas para decidir todo. Tiene que agarrar y decidir. Porque para eso también te votan. La laxitud de los tiempos, poco tiene que ver con las urgencias y necesidades de la gente”, afirmó.
El mensaje, que también está dirigido a Axel Kicillof, tuvo un agregado: “No me vengan con la cantinela que pusimos palos en la rueda porque eso es una mentira de prinpio a fin”. Los cuestionamientos tienen que ver con las decisiones que ha tomado el Gobernador respecto a la gestión política, pero también respecto a su posicionamiento sobre el rol, la conducción y la detención de CFK.

Es justamente el lugar que va a ocupar la ex Jefa de Estado en el esquema político que viene, uno de los debates que empezaron a darse en el peronismo y sus aliados o aquellos que quieren serlo. Por fuera del esquema kirchnerista hay una idea cada vez más clara y tiene que ver con que la propuesta electoral no tiene que tener a CFK en un lugar preponderante, pero la debe contener.
El gran problema para ese sector es que cómo lograr que eso ocurra. Hay, a priori, dos maneras. Una es en base a un acuerdo, en el que la ex presidenta acepte tener un rol público menos preponderante que los que ha tenido históricamente. Otra es que se acuerden reglas de juego básicas, que haya una competencia, a través de una PASO, y que la corriente peronista que no tiene sintonía fino con el mundo K, logre ganar esa disputa.
En los hechos, ningún dirigente indentificado con el anti kirchnerismo, como Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro o Nacho Torres van a querer sumarse a una propuesta donde el cristinismo tenga preponderancia. Entonces, la hipótesis que algunos dirigentes peronistas manejan, es que la negociación con esos sectores sea para lograr un acuerdo tácito de no agresión y no competencia. No juegues conmigo, pero tampoco me pongas un contrincante. Abstención. De eso se trata.
La potencia electoral que CFK aún conserva es la que le permite tener un lugar de importancia dentro del círculo de negociaciones. Entre los sectores menos kirchneristas que quieren ser parte de la coalición creen que la ex presidenta tiene que correrse del lugar central que tuvo siempre, para que ese movimiento sea la forma de levantar la barrera y aglutinar a distintos dirigentes que pueden darle volumen a una coalición opositora.
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POLITICA
José López dice no estar en condiciones mentales de seguir en el juicio de los cuadernos de las coimas

La fotografía de José López con un casco, chaleco antibala y la mirada perdida, como si no tuviera registro de lo que sucedía, cuando fue detenido mientras escondía 9 millones de dólares en un convento de Moreno, parece repetirse en estos días. Ojos fijos, al frente, abiertos, como si estuvieran detenidos observando aquella escena de hace 10 años.
López, quien fue secretario de Obras Públicas del kirchnerismo en el poderoso ministerio de Planificación y por el que pasaron todos los contratos ahora investigados por corrupción, dice que no está en condiciones mentales de seguir enfrentando a la Justicia.
El Código Procesal prevé que, ante la incapacidad mental del acusado, el tribunal suspenderá la tramitación del caso a su respecto.
El exfuncionario está preso en la cárcel de Ezeiza, donde alterna entre una celda en un pabellón especial y una cama del Hospital Penitenciario de Ezeiza dadas sus frágiles condiciones de salud.
López ya fue condenado a 13 años de prisión en una pena que abarca su condena por enriquecimiento ilícito por los 9 millones de dólares de sus bolsos en el convento, otra pena por administración fraudulenta en el caso Vialidad y otra por la tenencia del arma que tenía cuando fue detenido.
Ahora está siendo sometido a juicio oral y público en el caso Skanska por sobornos, en el caso Sueños Compartidos, por fraude, y en la causa de los cuadernos de las coimas.
Es en este juicio en el que su defensora oficial, Pamela Bisserier, pidió a los jueces Fernando Canero, Enrique Méndez Signori y Germán Castelli que lo excluyan del juicio.
Ante la solicitud, los jueces indicaron realizar estudios psiquiátricos para determinar su estado de salud y definir si es que está en condiciones el martes de defenderse, pues ya comienzan las declaraciones indagatorias de todos los acusados.
Antes de iniciar el juicio, López pidió que su indagatoria sea presencial y dijo que estaba dispuesto a declarar, pero ahora ya no está en condiciones de hacerlo, según dijo su defensora. La fiscal Fabiana León se opone y quiere que siga en el juicio.
López apareció la semana pasada sentado en el juicio de Sueños Compartidos por el fraude de las viviendas sociales de Madres de Plaza de Mayo. Fue trasladado desde la cárcel y se sentó en el subsuelo de Comodoro Py junto a su abogado: la mirada fija, al frente, helado, igual que cuando fue preso.
La defensora le explicó a los jueces que aún sin peritajes se advierte que López tiene un “evidente cuadro incapacitante”. Y por ejemplo eso le impide comunicarle a López la evolución del juicio, o lo que se discutió en esta etapa de debate de las cuestiones preliminares y, eventualmente, conversar su futura indagatoria.
López venía preparándose para declarar, pero ahora su defensa dice que tiene problemas para comprender los cargos y defenderse.
No hay forma de entablar una comunicación con el preso, dijo la defensora a los jueces del tribunal oral. Argumentó que no puede defenderse y comprender los actos de los que se lo acusa.
Hay dos tipos de defensa en los juicios: la técnica, que es la que ejercen los abogados defensores; y la material, que la ejerce el propio imputado. “Esta es su incapacidad”, dijo Bisserier.
En diciembre pasado se hizo un estudio y previo al inicio del juicio otro, pero ahora su estado cambió, se descompensó progresivamente, dijo su defensora al tribunal.
Su estado de salud le impidió estar presente en otros juicios, donde se sentó en la cama del hospital de la cárcel de Ezeiza con su computadora y siguió el juicio por Zoom, mientras se advertía que detrás suyo había un agente penitenciario custodiándolo.
Aclaró su defensora que no se pretende “ninguna causal de inimputabilidad”, sino que se disponga que López “no puede estar en juicio”.
Los intentos de comunicación con López fueron infructuosos, dice su defensora. “López no podrá ejercer su derecho de defensa si sus capacidades esenciales de atención, comunicación, comprensión y memoria se encuentran afectadas”, explicó la defensora oficial. Y advirtió que si no se suspende el proceso a su respecto, “se afectará de manera directa su derecho de defensa en juicio”.
Ahora los jueces deberán esperar el resultado de los peritajes dispuestos para tomar una decisión.
Si se concluye que está afectado su estado mental para enfrentar este juicio, la situación puede tener impacto en los otros dos juicios que se desarrollan en paralelo: Skanska y Sueños Compartidos. Y asimismo puede impactar en la decisión de los jueces de ejecución acerca de qué manera y dónde el condenado López debe cumplir su pena, por ahora de 13 años de cárcel.
López está siendo juzgado en el caso de los cuadernos de las coimas acusado de ser uno de los funcionarios recaudadores y organizadores del sistema de cobro de sobornos dentro del área de obra pública del Ministerio de Planificación.
Según la acusación, López actuaba como uno de los principales intermediarios del sistema de recaudación ilegal de dinero proveniente de contratistas de obra pública.
La fiscalía sostiene que López recibía dinero de empresarios de la construcción a cambio de adjudicación de obras o pagos de certificados. Está acusado de los delitos de asociación ilícita y cohecho pasivo (cobro de sobornos).
El planteo de los fiscales fue que existía una organización criminal dentro del Estado dedicada a recaudar dinero ilegal de empresarios. López fue uno de los primeros imputados que decidió colaborar con la justicia.
Se convirtió en arrepentido y su declaración confirmó el sistema ilegal de recaudación de sobornos y el rol de los otros exfuncionarios acusados.
José López,condenado a 13 años de prisión,el juicio de Sueños Compartidos por el fraude de las viviendas sociales de Madres de Plaza de Mayo,está siendo juzgado en el caso de los cuadernos de las coimas,Hernán Cappiello,Los cuadernos de las coimas,Conforme a,,$LIBRA. El jubilado que recibió un millón de dólares figura en sociedades del exterior y conduce autos de alta gama,,Análisis. Nuevos blancos en la mira del Gobierno,,Solo en Off. Macri recuperó el optimismo y ahora pide que “no le peguen” a Rodríguez Larreta,Los cuadernos de las coimas,,El «Zar de Retiro». Murió Néstor Otero, el empresario “intocable” que explicaba cómo funciona la complicidad entre los negocios y el poder,,El caso cuadernos. La UIF y la fiscalía responden a los cuestionamientos de Cristina Kirchner para frenar el juicio,,Ofreció tareas comunitarias. Revés para un empresario, Cristina y De Vido en el juicio por los Cuadernos de las Coimas
POLITICA
Milei fue homenajeado en Nueva York y reafirmó su respaldo a EE.UU. e Israel en el conflicto en Medio Oriente

Invitado en la Gala Anual J100 del medio The Algemeiner, que selecciona cada año las 100 personalidades que influyen positivamente en la vida judía, el presidente Javier Milei aprovechó su discurso para volver a referirse al conflicto en Medio Oriente. El mandatario expresó su respaldo a Washington y Tel Aviv y afirmó: “Extiendo todo mi apoyo a EEUU e Israel”, en un contexto de escalada regional.
Horas antes, en una exposición en la Universidad Yeshiva de Nueva York, se había definido como “el presidente más sionista del mundo” y había ratificado su alianza con Estados Unidos e Israel.
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Milei defendió la acción de EE.UU. e Israel y habló de la “moral como política de Estado”
Durante su intervención, el jefe de Estado sostuvo que ambas naciones “han tenido el coraje de ponerle fin a un régimen que amenaza con desestabilizar el mundo, poniendo en riesgo la libertad del mundo libre”. En ese sentido, señaló que “le han puesto un freno a un régimen asesino, que no solo cometió crímenes en contra de su propia población, manteniéndola cautiva durante su tiranía”.
El mandatario agregó que ese régimen “también se dedicó durante 40 años a sembrar el miedo alrededor del planeta, financiando organizaciones terroristas, cuyo único propósito era la destrucción de todo lo que se consideraba bueno y sagrado”.
En otro tramo de su discurso, Milei recordó los atentados ocurridos en la Argentina y sostuvo que “fueron artífices de dos de los atentados más graves de los que se tenga registro, tanto en la Asociación Mutual Israelita Argentina como en la Embajada de Israel”.
Por eso, remarcó: “Desde ya, y casi ni hace falta decirlo, extiendo todo mi apoyo a EEUU e Israel en este conflicto. No tengo prurito alguno en hacerlo”. Y explicó: “Nuestro principio rector a la hora de tomar decisiones políticas: la moral como política de Estado”.
La distinción en Nueva York y la referencia a Donald Trump
El discurso fue pronunciado luego de que el Presidente recibiera el Warrior for Truth Award, cerca de las 23 (hora local). Durante su exposición, también citó una frase del presidente estadounidense Donald Trump: “intervenir era sencillamente lo correcto”.
Y concluyó con una advertencia sobre el escenario global: “Hoy nuestro sentido moral nos dice algo con absoluta claridad: Occidente está en peligro. Debemos luchar para defender nuestro legado, que son nuestras sociedades ordenadas por los principios del respeto a la vida, la libertad y la propiedad”.
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El mandatario asistió acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno, y al ser presentado ante los invitados fue aplaudido.
En la antesala de la distinción, la organización incluyó una dedicatoria en un recuadro que decía: “Honorable Javier Milei, Premio Guerrero por la Verdad, 12ª Gala Anual. Entregado el 9 de marzo de 2026 en la ciudad de Nueva York”.
Javier Milei, inversiones, Estados Unidos
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