ECONOMIA
Whirlpool, punta del iceberg: empresas se achican, mientras Caputo defiende precio del dólar

En la «batalla cultural» de Javier Milei no podía faltar un clásico del debate histórico argentino: el de los costos y los beneficios de mantener, subsidiar y proteger una industria sustitutiva de importaciones. En realidad, es una discusión cíclica que no había desaparecido, pero que cobró impulso a raíz del caso Whirlpool.
La noticia de que la multinacional de electrodomésticos cesará la fabricación de lavarropas en su planta de Pilar por el bajón del consumo y la competencia importada tocó una fibra sensible: pueden quedar 220 trabajadores sin empleo, y no como un caso aislado sino como «punta del iceberg» de una industria en crisis.
A este caso se suman otros como el de Electrolux, que viene de aplicar una prórroga al régimen de suspensiones rotativas que activó tras un acuerdo con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). O el de Mabe, firma que acaba de establecer un proceso de reorganización de sus operaciones en la Argentina, el cual comprende retiros voluntarios para parte de su personal y el cierre de su fábrica de Córdoba, que será reconvertida en depósito y hub de distribución.
Incluso, la mítica fábrica de cacerolas y ollas Essen viene de echar a más de 30 operarios por caída del consumo y suba de importaciones.
Este jueves y de manera abrupta, Color Living, una fábrica muebles, comunicó que cierra la producción de su planta de Pacheco. Allí cumplían tareas 40 trabajadores. La empresa argumentó la caída de la industria y el enfriamiento de la economía, como sus principales motivos para dejar de producir. Los operarios sospechan, adicionalmente, que habrá un recambio a importar parte de sus insumos, como colchones
La industria textil es otra de las que más sufre el contexto: la firma Tn Platex, cuyo ex CEO Teddy Karagozian fue el creador de ProTejer, decidió cerrar su línea de confección de prendas deportivas y ropa interior que operaba en la planta de Monte Caseros, provincia de Corrientes. Como consecuencia, la empresa despidió a 20 de los 36 operarios que se desempeñaban en ese sector.
Estas noticias coinciden, además, con la publicación del EMAE de septiembre amplificó el debate, porque dejó en evidencia que la economía argentina puede crecer aun con la industria en retroceso.
Es por eso que lo que se está debatiendo en este momento es si la crisis industrial obedece a una fase pasajera, atribuible a un problema cambiario o a una etapa de salarios bajos o si, por el contrario, constituye el núcleo del modelo económico de Milei.
Y todos, tanto los partidarios del gobierno como los opositores, parecen convencidos de que esta situación llegó para quedarse. Para empezar, porque el propio Toto Caputo da a entender que no piensa cambiar los puntos contra los que los industriales suelen reclamar -un peso menos apreciado y una mayor protección arancelaria-.
Sin mencionar a la industria, pero con sugestivo «timing» en medio del debate, el ministro de Economía publicó un gráfico con serie histórica de exportaciones, para comentar con ironía: «Primer caso en el mundo de un programa económico que aumenta las cantidades exportadas a niveles récord, con tipo de cambio ‘atrasado’».
Y en lo que respecta a la apertura importadora, quedó en claro que no obedece sólo a una postura ideológica liberal, sino que ha sido uno de los puntales en la baja de la inflación. En el último reporte del IPC, el rubro con menor aumento nominal de precios fue, precisamente, el de equipamiento y mantenimiento del hogar, que apenas se encareció un 18,5% interanual frente a una inflación general de 31,3%.
Un modelo importador
En cuanto al consumo de electrodomésticos, la información de INDEC señala que las ventas de este año acumulan un 59% respecto del año pasado, lo que implica una suba real de 21% -descontada la inflación-. Aunque también es cierto que ese ritmo de venta viene frenando y tuvo una caída en el tercer trimestre.
Pero claro, esos datos del INDEC solo refieren a las ventas de las grandes cadenas de electrodomésticos. Además, está el fenómeno que inquieta a muchos políticos ansiosos de establecer regulaciones: las importaciones «hormiga» por la vía de compras online.
En lo que va del año, esas ventas acumularon u$s700 millones y ya representan un 20% del consumo argentino en rubros como productos de electrónica. El volumen que genera esta importación se cuadruplicó este año, por el incentivo de la exoneración arancelaria para productos de costo menor a u$s1.000 -un factor que se potencia, claro, por el atraso del dólar-.
En cuanto al futuro, todo indica que la situación se intensificará. Un reporte de la consultora Analytica indica aunque el volumen se estabilizó en torno a u$s100 millones mensuales, hay indicios de que no se llegó al techo del e-commerce.
Y, en el mismo informe de balanza comercial que citó Caputo, queda en evidencia cómo los productos de consumo final van ocupando una porción cada vez mayor en el total importado. Sumando el rubro automóviles, ya superan el 24%, mientras hace un año esas importaciones eran un 18% del total.
Hablando en plata, esas importaciones representan unos u$s1.740 millones al mes, y su ritmo de aumento es de 40% interanual, mientras que la compra de bienes de capital para la industria nacional sube a una velocidad de 18%.
¿De quién es la culpa?
En contraste, la industria nacional sigue penando. El relevamiento de la fundación FIEL marcó que en octubre se produjo una nueva caída interanual de la producción manufacturera, y es la cuarta consecutiva. La merma respecto del año pasado -que ya de por sí había sido malo- es de un 5,3%.
Las ramas que lideran las bajas son las de automóviles, metalmecánica, autopartes y química, todas con varios meses de retroceso en la producción.
Otro índice deprimente es el uso de capacidad instalada de las fábricas, que en el tercer trimestre promedió 59%, un nivel por debajo del promedio histórico. Y, en algunos casos, como el de la rama textil, las cifras son alarmantes: apenas un 37% de la capacidad.
Es ante esta situación que se replantea la pregunta cíclica: ¿qué hacer con la industria nacional? Y hay opiniones para todos los gustos: desde la aplicación de impuestos y aranceles hasta la reimplantación de cupos, pasando por rebajas y exenciones impositivas, todo condimentado por el debate sobre el retraso en la cotización del dólar.
Lo raro es que entre quienes critican al gobierno no sólo figuran los economistas afines al peronismo, sino también muchos de extensa trayectoria liberal.
Por caso, Carlos Rodríguez, ex rector de Ucema y ex viceministro de economía, plantea que «se profundiza el modelo erróneo de Milei». Y tras analizar el último EMAE dijo una frase que perfectamente podrían suscribir los economistas del kirchnerismo: «No hace falta saber estadística para darse cuenta que la Argentina productiva corre muy por debajo de la Argentina financiera».
También Diego Giacomini, ex socio de Milei, se mostró crítico: aunque aclaró que no está en contra de la apertura comercial, objetó que se hiciera en simultáneo con «un dólar por debajo del equilibrio», además de altas tasas de interés y un aumento de la presión tributaria.
«Todos estos errores de programación de política macro terminan siendo una motosierra para los privados en el corto plazo, que producen menos, invirtiendo menos, cierran y despiden más», agrega.
El eterno debate proteccionista
En curiosa coincidencia, el mismo argumento es esgrimido por Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Sergio Massa. Indica que los altos costos en dólares afectan a la construcción mientras que la industria se ve afectada por el bajo consumo y que, además, «enfrenta un mix de relación dólar/apertura externa desestimulante».
Entre los políticos, se destacó la propuesta de Miguel Pichetto, quien quiere gravar las compras de Shein y Temu. «Hay que frenar ya la libre importación indiscriminada y el ingreso descontrolado de productos chinos a través de las plataformas», planteó el diputado peronista.
Un planteo que levantó polémica. Así, el economista Jorge Avila, de la Ucema, le contestó: «¿Qué propone, diputado, mantener la grosera protección industrial y el consiguiente aislamiento internacional de los últimos 80 años?».
En el otro extremo, la diputada Daiana Fernández Molero, del bloque PRO, en un debate en el que también participaron Martín Lousteau y Matías Kulfas criticó que las propuestas de «articulación público-privada» terminan en regímenes como los permisos SIRA de importación, que daba a algunos sectores el acceso a un tipo de cambio preferencial.
«Si no hay macro, no hay micro. Y la política industrial en una macro que no funciona son parches caros», argumentó la diputada.
Trump: ¿un freno impensado?
Pero la voz más potente respecto de la situación de la industria fue la de Paolo Rocca, CEO del conglomerado Techint, quien en la conferencia anual de la UIA acusó al Milei de no entender el nuevo juego geopolítico global.
«Hace unos años la política industrial era sólo reforma laboral y tributaria. Hoy el mundo la discute seriamente, desde Estados Unidos hasta la Unión Europea», planteó el dirigente industrial, quien criticó a Milei por el hecho de que, mientras los demás países plantean defensas de sectores estratégicos, «Argentina sigue con un discurso de neutralidad total».
Curiosamente, algunos analistas creen que el acuerdo comercial que se está negociando con Estados Unidos podría tener el efecto de un cierre importador para varios rubros, dado que Argentina se comprometió a apoyar «la protección de los derechos laborales reconocidos internacionalmente». Y uno de los mantras de la administración Trump es que China y otras naciones asiáticas incurren en competencia desleal al utilizar mano de obra infantil o sin protección legal.
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ECONOMIA
Productividad récord, salarios en retroceso: la paradoja de la era de la IA

Hace unos días leí un ensayo provocador titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”, publicado por CitriniResearch junto a Alap Shah. No es una predicción, sino un ejercicio mental. Pero como todo buen ejercicio estratégico, no intenta adivinar el futuro: intenta obligarnos a pensar lo impensable.
La pregunta central es incómoda: ¿qué pasa si la inteligencia artificial cumple todas las expectativas optimistas… y eso mismo termina siendo bajista para la economía?
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores. La máquina de vapor desplazó artesanos, pero expandió la industria. La electrificación transformó fábricas, pero multiplicó la productividad. Internet eliminó agencias de viajes, pero creó gigantes como Amazon y Google.
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores
Sin embargo, todas esas revoluciones compartían un supuesto silencioso: la inteligencia humana seguía siendo el recurso escaso.
Hoy ese supuesto está en revisión.
Empresas como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta están desarrollando sistemas capaces de escribir código, diseñar productos, analizar mercados, estructurar estrategias y optimizar operaciones a una velocidad y escala inéditas. Jensen Huang, CEO de Nvidia, habla abiertamente de una nueva era industrial basada en “fábricas de inteligencia”. Satya Nadella sostiene que la IA será la electricidad del siglo XXI.
La productividad está aumentando. Los márgenes corporativos mejoran cuando el costo laboral cae. El mercado celebra. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué ocurre si esa eficiencia no se traduce en nuevos empleos humanos sino en sustitución estructural?
El ensayo de Citrini plantea un escenario donde se activa un bucle sin freno natural:
La IA mejora → las empresas reducen plantilla → reinvierten en IA → la IA mejora aún más.
Desde el punto de vista individual de cada empresa, la decisión es racional. Desde el punto de vista sistémico, puede ser disruptiva.
Estados Unidos es, ante todo, una economía de servicios profesionales. Los trabajadores “white collar” no solo representan una porción relevante del empleo, sino que concentran la mayor parte del consumo discrecional. El 20% de mayores ingresos explica aproximadamente dos tercios del gasto en sectores como vivienda, educación privada, turismo, tecnología y bienes durables.
Si esos ingresos se comprimen estructuralmente, el impacto macroeconómico puede ser desproporcionado.
No estamos hablando de un escenario subprime como 2008. No es un problema de crédito otorgado irresponsablemente. Es un problema potencialmente más complejo: hipotecas concedidas a profesionales con FICO alto, 20% de anticipo y empleo estable… cuyo ingreso futuro deja de ser previsible porque la naturaleza del trabajo cambia.
El artículo menciona casos de deterioro en mercados como San Francisco, Seattle y Austin, donde la concentración tecnológica es alta. No es casualidad. Cuando el motor de ingresos se redefine, el activo financiero más apalancado del sistema —la vivienda— reacciona.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa
Pero el fenómeno no se limita al mercado laboral.
La intermediación, ese conjunto de fricciones que durante décadas justificaron comisiones y márgenes, está siendo comprimida por agentes autónomos. Plataformas SaaS, modelos de suscripción, intermediarios inmobiliarios, sistemas de pago tradicionales como Visa, Mastercard o American Express enfrentan una realidad nueva: cuando el consumidor es un algoritmo que compara todo en tiempo real, la fidelidad de marca pierde peso y la fricción desaparece.
El margen se reduce.
El sector de private equity y private credit tampoco es inmune. Durante la última década, gigantes como Blackstone, Apollo y KKR construyeron estructuras complejas donde aseguradoras financiaban préstamos privados respaldados por flujos “recurrentes” de empresas tecnológicas. Si la recurrencia se ve afectada por automatización acelerada, el supuesto financiero cambia.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa. Sin embargo, esta vez el activo que se vuelve abundante es la inteligencia misma.
Y eso obliga a una reflexión estructural.
Los sistemas fiscales modernos se basan en gravar ingresos laborales. Si la productividad se desplaza hacia capital computacional y no hacia salarios, la base tributaria se erosiona. Ya se discuten propuestas que van desde impuestos a la inferencia computacional hasta fondos soberanos vinculados a infraestructura de IA.
El debate político apenas comienza.
Como ingeniera y empresaria que trabaja en tecnología y energía, no veo este escenario como fatalista. Lo veo como una advertencia estratégica.
Primero, no toda automatización es sustitución permanente. La historia muestra que nuevas categorías emergen, aunque no siempre al mismo ritmo que la destrucción inicial. Segundo, la adopción tecnológica real suele ser más lenta que la narrativa. Tercero, la regulación, los incentivos y el diseño institucional pueden moldear resultados.
Pero ignorar la magnitud del cambio sería ingenuo.
Estamos frente a la primera revolución tecnológica donde el factor productivo más valioso —la capacidad cognitiva— deja de ser exclusivamente humano. La pregunta no es si la IA continuará avanzando. Lo hará. La pregunta es cómo rediseñamos los sistemas que asumían su escasez.
El ensayo termina con una frase potente: el canario todavía está vivo.
Estamos en una etapa donde los mercados aún celebran máximos históricos y las inversiones en infraestructura de datos crecen exponencialmente. Pero las decisiones que tomemos hoy —en educación, en política fiscal, en diseño corporativo y en regulación— determinarán si transitamos una transición ordenada o una corrección desordenada.
La inteligencia abundante no es una amenaza en sí misma. Es una herramienta poderosa. Pero toda herramienta que multiplica productividad sin un diseño institucional adecuado puede amplificar desigualdades y tensiones.
La verdadera batalla no es contra la tecnología. Es contra el tiempo.
Tiempo para adaptar marcos regulatorios, para reentrenar capital humano y rediseñar sistemas fiscales.
Tiempo para construir una economía donde el valor generado por la inteligencia —sea humana o artificial— circule y no se concentre.
La crisis de 2028 puede no ocurrir exactamente como la describe CitriniResearch. Pero el ejercicio cumple su objetivo: obligarnos a cuestionar los supuestos invisibles sobre los que construimos nuestras inversiones, nuestras empresas y nuestras políticas públicas.
Porque si la inteligencia deja de ser escasa, el verdadero activo estratégico no será la capacidad de calcular.
Será la capacidad de anticipar.
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ECONOMIA
Créditos hipotecarios sin UVA: cómo son los préstamos de bancos que no ajustan por inflación

Dos bancos rompieron el molde y ofrecen créditos hipotecarios sin UVA: es decir, que las cuotas no ajustan por inflación. La noticia sorprendió y generó revuelo en redes sociales: se trata del Banco Provincia y el Credicoop.
Sin dudas el 2025 fue el año del gran regreso de los créditos hipotecarios al mercado inmobiliario argentino: se entregaron unos 44.000 préstamos para viviendas, lo que lo ubicó como el mejor año desde 2018. Se estima que alcanzaron un volumen total de u$s3.300 millones.
Sin embargo, con la aceleración en la inflación de los últimos meses, bajó la ebullición y se registró cierto amesetamiento. Es en es contexto que dos entidades ofrecenlos créditos hipotecarios cuyo capital no ajusta por UVA.
Crédito hipotecario sin UVA: qué ofrece Banco Provincia
El crédito hipotecario que ofrece el Banco Provincia
Una de las entidades que ofrece esta línea de créditos hipotecarios tradicionales para vivienda es el Banco Provincia. En el ejemplo que muestra en su sitio web, detalla que por cada $100.000 que se pida a 20 años, la cuota inicial será de $2.849,50.
Y cuenta con una tasa nominal anual vencida variable que es actualmente del 39,17% y se calcula con una tasa de encuesta promedio del plazo fijo a 30 días más 4 puntos porcentuales.
Al respecto, el economista Federico González Rouco, de Empiria y especializado en mercado inmobiliario, analizó los créditos luego de que se viralizaran en redes. Aclaró que los del Provincia tienen ya algunos meses, y analizó: «Son a cuota variable con tasa variable. Hoy la tasa es variable y arranca en 39%. Hoy el Provincia tiene la cuota inicial más alta del mercado, más del doble que la del banco con crédito UVA a mayor tasa, y casi 6 veces la del banco con tasa más baja. La diferencia es abismal, por algo no los tomó casi nadie».
El monto máximo que presta es el equivalente en pesos a u$s250.000 y el plazo de la línea es hasta 240 cuotas mensuales.
Entre los requisitos para acceder figuran ingresos formales y comprobables, que pueden provenir de relación de dependencia, actividad autónoma o monotributo. Además, el banco establece una relación cuota-ingreso máxima del 40%, lo que busca evitar que el peso de la deuda exceda la capacidad de pago del solicitante.
La línea está dirigida tanto a clientes que acreditan haberes en la entidad como al público general, incluidos jubilados, pensionados y trabajadores independientes.
Cómo son los créditos hipotecarios del Banco Credicoop

Banco Credicoop también lanzó créditos hipotecarios sin UVA
En tanto, el Credicoop ofrece créditos hipotecarios para comprar una vivienda familiar de uso permanente o no permanente, en hasta 20 años de plazo.
Según detalla en su página web, el monto máximo en pesos es hasta $200 millones, es decir unos u$s140.000 al tipo de cambio actual.
«Con tasa de interés variable en forma cuatrimestral, aplicándose a partir de cada variación la tasa Badlar Bancos Privados con más 4 puntos básicos: tasa de interés inicial vigente para cuotas de marzo a junio 2026: TNA 38,41%», detalla.
Se puede financiar hasta el 70% del valor de tasación para primera vivienda y el 50% para segunda vivienda. No se financia adquisición de lotes o terrenos.
La relación cuota-ingreso no puede superar el 25% de los ingresos netos del solicitante y, en su caso, de su conviviente/cónyuge, que deberá constituirse en codeudor del crédito.
Estarán a cargo del Banco:
- Seguro de Vida
- Tasación
- Honorarios por escritura hipotecaria y levantamiento de hipoteca. El sellado y restantes impuestos son cargo del solicitante.
- Vivienda familiar y de uso permanente: intereses exentos de IVA o deducibles en Impuesto a las Ganancias.
La Ciudad de Buenos Aires lanzó nuevos créditos hipotecarios
Este miércoles, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Jorge Macri, anunció el lanzamiento de una nueva línea de créditos hipotecarios destinada a la clase media, con financiamiento del Banco Ciudad y foco en el acceso a la vivienda propia.
El esquema contempla préstamos a 20 años en UVA + 7,5% anual, aunque con un subsidio del Gobierno porteño de dos puntos porcentuales, lo que reduce el costo financiero efectivo para quienes tomen el crédito.
Para acceder, se exige un ingreso familiar mínimo de $3.200.000, aunque se permite sumar un garante para alcanzar ese piso, lo que amplía el universo de beneficiarios.
La línea está orientada tanto a la primera vivienda como a vivienda única y permanente, una condición que apunta a priorizar a quienes buscan resolver su necesidad habitacional y no a inversores.
El plan establece restricciones para focalizar el crédito en un segmento específico del mercado:
- La propiedad no puede superar los 80 metros cuadrados
- El valor máximo por metro cuadrado es de u$s2.800
Cuotas estimadas y cómo acceder
El presidente del Banco Ciudad, Guillermo Laje, precisó que la cuota inicial se ubica en torno a $80.000 cada $10 millones financiados. De esta manera, un crédito de $100 millones implicaría una cuota cercana a $800.000.
Los interesados podrán iniciar el trámite en sucursales del Banco Ciudad o a través de canales digitales, como la web oficial y el asistente virtual Boti, que funciona dentro del ecosistema de servicios del Gobierno porteño.
El lanzamiento se da en un contexto de reaparición del crédito hipotecario en la Argentina, con esquemas ajustados por UVA y participación estatal para facilitar el acceso en un escenario de ingresos todavía ajustados frente al valor de las propiedades.
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ECONOMIA
Qué produce y exporta a EEUU la pyme que Caputo usa de ejemplo a seguir en plena crisis industrial

En un contexto donde la industria manufacturera nacional registra un uso de apenas 53% de su capacidad instalada y la agenda pública se concentra en cierres, suspensiones y despidos, TTE Transformadores emerge como una excepción en el mapa productivo argentino. La empresa, fundada en Córdoba bajo el nombre de Tubos Trans Electric, enfoca el 95% de sus ventas en el mercado estadounidense y proyecta una facturación anual de USD 300 millones en base a pedidos ya comprometidos hasta 2029. El año pasado, la firma cerró su ejercicio con ingresos por USD 200 millones, un salto que la posiciona como la mayor exportadora argentina de transformadores eléctricos y una de las más relevantes del sector en América Latina.
La presidenta de la compañía, Trinidad Tizado, viajó recientemente a Nueva York y conversó allí sobre el presente y futuro de la empresa con el ministro de Economía, Luis Caputo. El funcionario nacional luego utilizó el caso de TTE como ejemplo de industria competitiva y exportadora, en contraste con el panorama general del sector fabril argentino, durante una presentación en un congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
La historia reciente de TTE Transformadores se vincula directamente con una apuesta estratégica por la internacionalización y el desarrollo tecnológico. La empresa, presidida por Trinidad Tizado -en la que también trabaja Javier Tizado (h), ex funcionarios ocupó cargos técnicos en las gestiones de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal-, pasó de ser un emprendimiento familiar a duplicar su capacidad productiva tras una inversión de 30 millones de dólares. El salto exportador se consolidó a partir de 2018, cuando la compañía identificó una oportunidad en el mercado estadounidense, marcada por la transición energética, la expansión de los centros de datos y la demanda de nuevos equipos eléctricos.
“Ganamos mercado porque vimos la oportunidad y desarrollamos el mercado con profesionalismo y visión”, señalan en TTE, ante la consulta de Infobae. La firma decidió fortalecer sus procesos industriales y de calidad para cumplir los estándares técnicos más exigentes a nivel internacional. Su cartera de productos incluye transformadores de potencia y de distribución, bienes de alta complejidad tecnológica que pueden tener un valor unitario de entre 1 y 5 millones de dólares y demandan entre uno y dos años de ingeniería y fabricación.

Desde la compañía explicaron a este medio que el 95% de su producción tiene como destino Estados Unidos, donde abrieron una oficina comercial en Houston hace dos años: justo con la llegada al gobierno de Javier Milei, inicio de un período de retroceso de la actividad industrial y, más recientemente, también peleas con algunos de sus líderes. En la oficina texana trabajan cinco personas, dos de ellas argentinas, quienes se encargan de gestionar la relación con clientes y coordinar la logística de entrega de equipos.
El salto en la dotación de personal acompañó la expansión internacional: en los últimos cuatro años, la cantidad de empleados creció un 30% hasta llegar hoy a 255 empleados. La compañía sostiene que la ingeniería argentina sigue siendo el motor de su desarrollo tecnológico y subraya el valor agregado de los bienes que exporta. Para competir en el mercado estadounidense, indican en TTE, resulta imprescindible “estar en la vanguardia tecnológica”, lo que obliga a invertir de manera constante en ingeniería, procesos y talento especializado.
La coyuntura económica local impacta en el funcionamiento de la empresa, aunque la compañía identifica matices respecto de los problemas que afectan al resto del sector industrial argentino. El intento de normalización macroeconómica y el acceso a insumos importados resultan favorables, según fuentes de TTE, dado que muchos de los insumos que utilizan no se fabrican en el país. La flexibilización de regulaciones también permitió a la empresa realizar, por primera vez, una exportación directamente desde planta sin tener que trasladar el producto a un depósito fiscal. “Este mes logramos nuestra primera exportación en planta sin tener que llevar el transformador a un depósito fiscal. Eso genera mucho ahorro de costo y tiempo”, afirman desde la compañía.

Los problemas estructurales del sector manufacturero no están ausentes en la agenda de TTE. Ante la consulta sobre los obstáculos que enfrenta la industria, las fuentes de la empresa remarcan que “lo que más nos importa es ser productivos y competitivos y todos los factores que mencionas en menor o mayor medida afectan”. Una de las principales preocupaciones pasa por la acumulación de crédito fiscal debido a la alícuota quebrada del IVA: los insumos se abonan con una tasa del 21%, mientras que las ventas tienen una alícuota del 10,5%. Este desbalance genera saldos a favor que el Estado demora en devolver y que se devalúan, lo que según explican desde la empresa, podría destinarse a nuevas inversiones si se resolviera con mayor agilidad.
La competencia en el segmento internacional incluye a gigantes del sector como Hitachi, Siemens y GE. TTE sostiene que su estrategia de posicionamiento global se basa en la anticipación de tendencias y la adaptación a las exigencias técnicas de los mercados desarrollados. El modelo de negocios de la firma prioriza la exportación, con ventas al exterior que representan el 95% de su facturación total.
La integración de insumos locales e importados depende de la disponibilidad en el país. “Mucho en la medida que se pueda, pero muchos insumos no se fabrican en Argentina”, admiten desde TTE. La empresa busca encadenamiento con proveedores nacionales y provinciales siempre que sea posible, aunque reconoce que la escala y la complejidad tecnológica de los productos que fabrica requieren componentes que sólo se consiguen en el exterior.
La experiencia reciente de TTE aparece como referencia para el debate sobre el futuro de la industria argentina. El caso de la firma cordobesa fue citado por el ministro Caputo para ilustrar el potencial exportador del sector en un contexto de crisis industrial. El contraste entre la expansión de TTE y la baja utilización de la capacidad instalada en el resto del sector expone la diversidad de realidades dentro del entramado manufacturero argentino.
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