CHIMENTOS
El paso de Rocío Pardo por el Bailando: del debut con el Dipy a la renuncia en vivo con Ulises Bueno

Por estos días, Rocío Pardo ocupa las primeras planas de los medios del espectáculo por su casamiento con Nicolás Cabré. Luego de la ceremonia civil, los recién casados se preparan para el festejo en un ambiente de ensueño, del que guardan los detalles bajo siete llaves. A la visibilidad que tuvo la bailarina a partir de su romance con el actor, del que pronto se cumplirán dos años, la antecede un largo camino artístico en su Carlos Paz natal. Y un desembarco en Buenos Aires en la entonces pista más famosa del país que hoy adquiere una relevancia en retrospectiva.
Su debut en el programa conducido por Marcelo Tinelli ocurrió el 8 de junio de 2017, en el ciclo denominado por entonces simplemente como Bailando, que terminó con la consagración de Flor Vigna y Gonzalo Gerber. Su partenaire fue el cantante de cumbia conocido como El Dipy, y la joven se destacó en la pista con una performance de estilo disco que recibió elogios del jurado.
Durante la transmisión, el conductor Marcelo Tinelli interactuó con Pardo, quien explicó cómo había llegado al certamen: “Hice la audición y mi papá trabaja con Federico Hoppe y el Chato Prada”, confesó la bailarina en relación a Miguel, histórico productor de Carlos Paz. Tinelli bromeó: “Estoy pintado al óleo, soy el único que no me enteró de nada”, dijo con su habitual estilo sobreactuado. Y agregó: “Vos la tenés que romper, porque sos la hija del dueño del teatro”.
En ese momento, el productor Federico Hoppe intervino para aclarar: “Nosotros conocemos al papá de ella, que es Miguel Pardo, dueño de varios de los teatros de Carlos Paz… pero nada tiene que ver la unión con el padre con esto. Ella está acá porque pasó la audición”, aclaró el productor. El camino de Rocío y el Dipy duró 82 días y fueron eliminados en la gala de reggaetón romántico.
En ese momento, Rocío Pardo tenía 22 años y ya contaba con formación en danza clásica y contemporánea, habiendo estudiado en las escuelas de Sandra Racedo y Eugenia Calamita, y obtenido becas en otros países como Brasil, España y Nueva York, donde perfeccionó su técnica. Además, había participado en la obra de Flavio Mendoza Stravaganza en 2015 y dirigía la pieza teatral Pabellón Tornú, montada en un neuropsiquiátrico en las afueras de Carlos Paz.
Rocío siguió haciendo su camino buscando su propio sello más que ampararse en la comodidad del apellido. En mayo de 2021, regresó a la televisión nacional para participar en La Academia, el certamen de baile y talentos dependiente de ShowMatch, esta vez acompañada por Ulises Bueno, con quien mantenía una relación sentimental. La pareja debutó bailando el ritmo “Cubo” al compás de “Bad” de Michael Jackson y “Toxic” de Britney Spears. El jurado les otorgó un total de 22 puntos en su primera presentación, con Pampita destacando su actuación y sumando 8 puntos a la calificación general.
La presencia de Pardo y Bueno en el programa generó repercusión tanto por su desempeño artístico como por la exposición de su relación. La pareja sorteó con éxito las dos primeras instancias, incluida “La imitación perfecta” inspirados en Joaquín Sabina, pero abruptamente abandonaron la competencia. ““Me ha salido una propuesta muy importante de trabajo para grabar feats (colaboraciones con otros artistas, en la jerga musical) con gente del exterior. Tengo que grabar mi próximo CD», señaló a la hora de justificar su renuncia.
Tinelli le deseó buenos augurios y dejó la puerta abierta para que vuelva la pareja: “Ojalá que trabajes bien, te vaya bien y en dos meses estés de nuevo acá. ¡Vamos, vamos Rocío también, vamos a meterle!”, dijo el conductor. Sin embargo, ese retorno nunca se produjo. El programa, que terminó consagrando a Noelia Marzol y Jonathan Lazarte, siguió su curso, mientras que los destinos de Ulises y Rocío permanecieron juntos hasta mediados de 2022, cuando pusieron fin a su relación después de una etapa de intensa exposición mediática y proyectos compartidos.
Antes, durante y después de su participación en la pista de ShowMatch, Rocío Pardo fue forjando sus sueños de artista que apuntaló con formación teórica y kilómetros sobre las tablas. Hoy la vida le sonríe después de dar el sí, y proyecta su vida personal y profesional junto a Nicolás Cabré luego de una gran celebración en su Carlos Paz natal. Y el público que la conoció en la tele tal vez recuerde aquellos primeros pasos en el big show de Marcelo Tinelli

CHIMENTOS
Cazzu habla acerca de su debut como actriz en el cine: “Fue una experiencia reveladora”

En medio del bullicio cotidiano de Palermo, el cine del Paseo Alcorta se transformó, casi inadvertidamente para los transeúntes del shopping, en el escenario del debut actoral de Julieta Cazzuchelli, más conocida como Cazzu. La cantante de trap, ícono de la música urbana argentina, se animó a dar un giro en su carrera y, con la contención de un actor consagrado como Diego Peretti y Elena Romero, una niña que al filmar la película tenía 10 años, bajo la dirección de Juan Cabral, se puso por primera vez en la piel de un personaje para un largometraje.
La película, titulada Risa y la cabina del viento, fue rodada en los paisajes de Tierra del Fuego y propone una historia en la que lo cotidiano y lo fantástico se entrelazan. El guion narra la vida de Risa, una niña de 10 años que, en una pequeña ciudad, descubre un teléfono público fuera de servicio que le permite comunicarse con familiares y amigos que ya no están. Cada uno de ellos mantiene asuntos pendientes, y la pequeña deberá ayudarlos a resolverlos en el mundo de los vivos; a cambio, podrá hablar con su padre por última vez, pero los giros de la historia la llevan por otro camino.
El film logra emoción, ternura y una mirada original sobre la infancia, el duelo y los vínculos, permitiendo a Cazzu mostrar una nueva faceta y sumando a la industria local una propuesta donde la fantasía y la sensibilidad encuentran un espacio propio. En una charla exclusiva con Teleshow, los tres protagonistas hablaron de esta producción nacional.

—¿Cómo les llega este proyecto? Cazzu, en tu caso, es tu debut actoral. ¿Cómo se dio?
Cazzu:— Juan atacó todos los frentes que hubo. La verdad que fue rarísimo para mí recibir una invitación a actuar, porque nunca lo había hecho. Por ende, no sabía. Me sorprendía. De repente fue como: ‘Creo que no estoy, creo que no estoy, no estoy, no entiendo por qué yo actuaría en una película’. Después siguió llegando hasta el momento en el que yo pude hablar con Juan y también entender. Insistió, siguió la insistencia y leí el guion y en ese momento dije: ‘Che, me parece que sí’. Y bueno, aquí estoy.
Diego Peretti:—Sí, a mí me alcanzó el guion. lo leí, me pareció un guion muy hermoso, muy poético, filmado en Ushuaia, que es una locación que me encanta. Hablé con Juan personalmente para saber qué era lo que quería hacer de la película, etcétera, etcétera y nos pusimos manos a la obra.
Elena Romero:—Bueno, a mí me llegó un auto-casting, que es como te mandan las cosas que tenes que hacer en tu casa, grabas el video y lo mandás. En otras ocasiones no tenía tanta experiencia, pero después, lo fui probando y tengo una amiga que también me ayudó así a arreglar esto y tal cosa, y eso.
—Elena, es tu primer trabajo protagónico, ¿Cómo lo viviste?
Elena:— Sí, cuando hice el casting tenía diez años y justo cumplí once en el rodaje, los últimos segundos. Fue muy loco, porque al ser un protagónico es como muy grande, pasar de hacer publicidades a hacer un protagónico en dos meses en Ushuaia fue muy loco. Y también sumé mucha experiencia, me ayudó a mejorar, así que todos nos ayudamos entre todos. Estuvo bueno.
—Aparte, primer trabajo con semejante actor al lado.
Diego:— Muchas gracias. Nos lo pasamos muy bien, la verdad. También con Cazzu, impecable.
Cazzu:— Él nos ayudó a todos
Diego:— Cazzu ayudó a todo el mundo también.

—Cazzu ¿Cómo preparaste tu personaje, pasar del escenario a hacer de esta madre que tiene que acompañar a su hija en este duelo? ¿Cómo fue ese ponerse en esa piel?
Cazzu:— Creo que Sara era un personaje que recontravive en Julieta, digamos. No era un trabajo crear un personaje que fuera realmente diferente a quien yo puedo llegar a ser en la realidad, lo cual me pareció que fue lo que vio Juan en mí. Ahí dentro de Julieta podía habitar Sara y creo que eso fue lo que también permitió que yo pudiera enredarlo también.
— ¿Y cómo fue ese proceso de ponerte en la piel de Sara y extrapolar a Julieta?
Cazzu:— Creo que eso también tuvo que ver mucho Juan, con los consejos, como recordar que no soy Sara, tratar de disociarte, por ahí. Él tiene su carta de disociate ahora, pero ahora asociate, llorá, sufrí. Fue bastante particular y una experiencia muy, muy diferente. La verdad no tiene mucho que ver con la música, ni con el rodaje de los que nosotros hacemos para lo audiovisual: es muy diferente.
—Y Diego, para vos ponerte en la piel de Esteban, este padre que perdió a la hija en un incendio, alcohólico, que tiene un final duro, pero hermoso a la vez.
Diego:— Sí, fue un viaje lindo. Si bien es un personaje un poco atormentado, atribulado por el pasado, por la tragedia de haber perdido seres queridos. Pero el estar todos juntos cuando hacés una filmación, que todo el equipo esté en un mismo lugar durante dos meses preparándose, fueron compañeras, que yo lo único que tenía que hacer era actuar nada más, estando bien escrito el guion, es un placer. Obviamente, después técnicamente, cada uno se las ingenio con la escuela individual que tiene y con las posibilidades que tiene, pero la dirección de Juan nos ayudaba mucho a orientarnos a todos, a poder hablar. Con ella (Elena) hicimos casting al principio, entonces más o menos nos conocíamos y con Cazzu también hicimos varios ensayos en esa casona y yo realmente me sentí muy a gusto y cómodo transitando un personaje dramático, pero a la vez esperanzador, que encuentra una oportunidad de reconstruirse, reconstruyendo y eso estaba bueno. Estuvo muy bueno, muy bueno.

—Ustedes al principio me dijeron que Juan los llamó personalmente y tuvieron una reunión. ¿Cómo fue esa reunión para terminar de convencerlos?
Diego:— A mí no me tuvo que convencer, después de haber hecho unas cuantas películas, primero te fijas en el guion y después hablas con el director a ver lo que quiere y si eso está más o menos de acuerdo. Es algo que suelo hacer, me reúno para saber cómo estéticamente piensa contarlo, qué piensa de mi personaje, ponernos de acuerdo en eso.
Cazzu:— Obviamente actuar no siempre está en mis planes, casi nunca. Pero la última conversación que tuvimos tuvo que ver con yo no me dedico a esto y era una inversión de tiempo en algo que es incierto a diferencia de la inversión de tu tiempo en lo que vos ya sabés que de alguna manera hacer. Entonces creo que se jugaba a eso, también la exposición, en mi mente, no estar segura de poder hacerlo bien y que después lo vea todo el mundo, que todo el mundo me vea haciendo el ridículo. Creo que tuvo que ver con la confianza que me podía brindar Juan y también la confianza en el set, todo el mundo era consciente de que yo no soy actriz y ayudándome, en esos momentos creando un vínculo real.
—¿Cómo fue trabajar juntos?
Diego:— Yo a ella no la conocía como cantante e hice toda la película diciéndole Cazzú en vez de Cazzu y ella no me decía nada, nunca me dijo nada. Tiene una paz norteña extraordinaria y después a lo largo de este año me fui dando cuenta de lo grande que es. Y ella (Elena), se sabía toda la letra, la mía, la de ella, lo que iba a decirnos el director y eso le hizo muy bien también porque se ponía en coordenadas muy fácilmente de cada escena.
Cazzu:— Con Diego, se dio algo de conocernos, de compartir y la atmósfera en la que se manejó el rodaje era bastante tranquila y feliz y pacífica. Entonces te hacía sentir que lo que estabas haciendo, lo estabas haciendo bien. También hubo mucho interés, de cuidar mucho a Elena que estaba chiquitita y que tenía el peso más grande del proyecto, que tenía que hacerlo todo. Entonces, creo que eso a mí, como mamá, de repente me “robaba” a Elena de su madre y decía como: ‘bueno, esta dinámica de proteger a Elena dentro del rodaje te hace como sacar, sacarte la neurosis propia’. Actuar fue una experiencia muy reveladora para mí, la verdad. Todavía sigo dudando si lo hice bien.
—¿Qué sentís de tu actuación?
Cazzu:— Elegimos creer que quedó bien. Yo estoy contenta. Pienso que el arte y todos las cosas que nosotros hacemos, en las canciones, todo lo que nos podemos animar a hacer, tienen que estar un poco despojadas del miedo, de decir: ‘puede salir mal’. Porque si no te congelas y no lo haces, entonces para mí este momento fue un cambio grande en mi personalidad. Fue como una bisagra importante poder escucharme, verme y sentir que estuvo bien, que me fue bien.
—Elena, con diez años, sos la gran protagonista, estás todo el tiempo en escena, ¿Cómo fue para vos llevar adelante la película?
Elena:— Fue muy loco. La verdad que me sentí muy bien al hacer un protagónico bastante grande. Fue como: ‘Guau, ¿qué hago primero?’. Me ayudaron mucho los ensayos que tuvimos en diciembre antes de grabar que pudimos conocer bien con Juli, con Diego. Fue una experiencia muy linda.

—¿Qué esperan que el público sienta al ver esta película? Porque de alguna u otra manera te interpela.
Diego:— A mí me gustan este tipo de películas que son de concepción, que no tienen enormes escenas de acción y van transitando poéticamente una historia, que se trata de contar, por un lado emocionalmente y por el otro lado con cierto realismo mágico. Yo cuando soy espectador de una película, que voy a ver ese tipo de películas, me acongojo cuando me toca y, si me meto en el derrotero de la trama, me lleva, y siento emoción. No es, en este caso, una emoción de una tragedia. Es un drama con toque de comedia familiar en un lugar como Ushuaia, filmado muy poéticamente. Como espectador me interpelan, me gustan y espero que a la gente le pase lo mismo.
Cazzu:— Pienso lo mismo, creo que el valor de esta película radica en que es fácil de transitar, te invita un poco a la congoja o a las lagrimitas, a conmoverte. Pero siento que también sin grandes parafernalias se logró hacer algo muy hermoso, que también es el tipo de películas que no te mete en una angustia a pesar de que toca temas muy angustiantes. Finalmente tiene esto, que te vas con una sensación de algo lindo, de bonito y creo que la gente lo va a poder vivir, sentir a la peli. Es una peli para sentir.
—¿Qué se viene después?
Diego:—Yo estoy haciendo teatro y este año voy a presentar tres películas. Así que voy a estar con algún que otro proyecto si aparece pero esencialmente teatro y presentación de películas.
Elena:— Espero que venga otra película, pero ahora viene una publicidad para el mundial y ojalá vengan más.
Cazzu:— Yo sigo en la música. De gira, me voy a los Estados Unidos ahora, dentro de unos días.
—¿Sold out completo?
Cazzu:— Más o menos. Hay veces algunos sí, algunos no, pero siempre feliz de poder llevar la música nuestra a una gira tan grande como Estados Unidos.
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CHIMENTOS
Tras recibir el alta, Floppy Tesouro volvió a ser intervenida y crece la preocupación: “Muy duro todo lo que estoy pasando”

La salud de Floppy Tesouro volvió a encender las alarmas. Luego de haber sido dada de alta del Sanatorio Otamendi por segunda vez en un mes, la modelo reapareció en sus redes para contar que debió someterse nuevamente a una intervención, en medio de un difícil cuadro de salud que arrastra desde hace tiempo y que no logra darle tregua.
En la tarde del viernes 10 de abril, Floppy llevó algo de alivio al confirmar su salida de la clínica. “Dada de alta. Gracias a todo el equipo del @sanatoriootamendi por la atención y a todos ustedes por sus mensajes. De a poco voy a ir respondiendo porque estos días estuve enfocada en descansar y poner energía en mi recuperación”, dijo, y anunció lo que se le venía.
“Esta tarde me vuelven a atender para seguir con el tratamiento de la pulpitis, que fue lo que desencadenó todo!”, escribió. Horas después, Tesouro publicó una actualización de su estado de salud y reveló que tuvo que atravesar un nuevo procedimiento que le produjo un intenso dolor.
“Ya salí de la intervención por la pulpitis. Muy duro todo lo que estoy pasando… el último tramo llorando, pero con un médico que trabajó con muchísima paciencia y lo logramos. Hay momentos en los que el cuerpo y la cabeza se sienten al límite, pero sigo poniendo todo de mí para salir adelante… Sé que después de esto voy a estar bien y que de a poco el dolor va a ceder. Gracias de corazón por tanto cariño”, expresó.

EL PROBLEMA DE SALUD DE FLOPPY TESOURO
Detrás de este difícil presente de Floppy Tesouro hay un problema de salud que comenzó tiempo atrás y que fue escalando. “Vengo hace meses con este cuadro. Comenzó con un tratamiento odontológico, seguido de trismus. Luego aparecieron neuralgias muy intensas en la zona del maxilar. Comenzó con un dolor muy intenso, por lo que fui medicada por neuralgia del trigémino”, explicó.
El diagnóstico no fue inmediato y eso prolongó el sufrimiento. “En ese momento se descartó un origen odontológico, ya que me indicaron que no había nada para tratar de esa área. Meses después me diagnosticaron pulpitis que es la inflamación de la pulpa dental, el tejido que contienen los vasos sanguíneos y los nervios. Todo este proceso me llevó mucha angustia y estrés”, agregó.
A este cuadro se sumaron nuevas complicaciones que terminaron por agravar la situación. “Estuve el mes pasado internada por los dolores insoportables y ahora porque la medicación me provocó una alergia”, contó Tesouro sobre este cuadro complejo que todavía no tiene un cierre definitivo.
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La Peña de Morfi vuelve con emoción, memoria y una dupla que promete: el regreso más esperado de los domingos

Hay programas que no envejecen: se transforman en ritual. Y en la televisión argentina, pocos lograron ese lugar de pertenencia emocional como La Peña de Morfi. Este domingo, desde las 13, el clásico de Telefe vuelve a encender sus luces, la mesa vuelve a ocuparse, las guitarras a afinarse y ese clima de hogar compartido para celebrar nada menos que diez años al aire. Una década que no solo habla de permanencia, sino de identidad, de algo que logró atravesar modas, nombres y formatos para instalarse como una cita obligada.
El regreso tendrá caras conocidas, pero también un aire de renovación que se apoya en la emoción. Diego Leuco continuará al frente del ciclo y estará acompañado por Carina Zampini, quien vuelve a ese lugar donde todo comenzó, cuando junto con Gerardo Rozín le dieron forma a la primera versión del programa. La salida de Lizy Tagliani marcó un punto de inflexión, pero también abrió una puerta cargada de simbolismo.
“Se nota que estamos contentos”, lanzó Leuco, casi sin filtro, en una charla distendida con Teleshow donde las risas y las mirdadas cómplices se cuelan entre cada respuesta. Y Zampini acompañó con la misma naturalidad mientras ambos dejan ver una química que no necesita ensayo.

La conexión no es nueva. Se conocen, se probaron en pantalla y, sobre todo, se eligieron. “Es que nos conocemos de antes con Diego”, explicó ella. “Tuvimos la posibilidad de compartir un programa en streaming en el verano, fue corto pero fue lindo”, suma él. Y enseguida aparece la clave de ese vínculo: “Era un programa que no existía, arrancábamos de cero. Cuando empezás a conducir algo que estás creando en conjunto, eso une mucho”, detalló él. Zampini asiente. Recuerda esos dos meses “de mucho laburo, de mucha entrega” y concluye: “Nos llevamos espectacular”.
Esa complicidad fue determinante cuando llegó la propuesta. “Yo apenas me enteré que iba a estar Carina dije: ‘No, listo, felicidad total’”, reconoció él. Y ella no se quedó atrás: “Para mí también. Cuando me propusieron estar en La Peña fue automático. Ni lo dudé. No hubo eso de ‘a ver, déjame pensar’… dije sí, obvio”. Y profundizó, casi como una declaración de principios: “Para mí Diego es esa espalda, esa seguridad. Lo que más valoro con los años es el compañerismo. Y Diego es un gran compañero. A eso sumale que es profesional, responsable, tiene humor… eso ya es un cien”.
El peso de los diez años aparece en la conversación, pero no como una carga, sino como una conquista. “Es el peso, pero también lo lindo de que un programa durante diez años tenga este éxito y esta recepción del público desde un lugar tan sano”, reflexionó Diego. Y se detiene en algo que define la esencia del ciclo: “Conectar con el arte, con la cocina, con el humor. Disfrutar en familia. Esos valores no son fáciles de sostener en la tele”.

Zampini lo tradujo con una imagen íntima: “Es como un libro que no querés que termine nunca. Cuando te gusta mucho, pensás ‘¿qué voy a hacer cuando se termine?’. Bueno, con La Peña pasa eso. Siempre querés que vuelva”.
Pero su regreso no es solo profesional. Es emocional. Profundamente emocional. “Es movilizante por muchos factores”, admitió. “Fui parte del inicio, estuve ahí, con Gerardo, en el primer programa. Y ahora vuelven todos esos recuerdos…”. Se detiene, sonríe, sus ojos se llenan de imágenes del pasado y suma una anécdota que pinta de cuerpo entero el espíritu del ciclo: “El otro día nos acordábamos de la coreo que hacíamos con Gerardo cuando entrábamos. Dijimos con Diego que algún día la vamos a hacer acá de nuevo”.

Ese viaje no es en solitario, ya que “es movilizante ir encontrándome con toda gente del equipo con la que tenemos un montón de experiencias y de anécdotas y cosas, porque el pasado también tiene un componente de gratitud”, explicó sobre quienes continuron en el cilco estos diez años y ahora los reencuentra.
“Yo no soy una persona que busque estar en determinados lugares. Trato de hacer lo mejor con lo que se presenta. Jamás hubiera pensado que iba a tener esta oportunidad. No estaba dentro de mis planes, de mi cabeza. Y digo, bueno, el universo tiene que hacer sus movimientos”, revleló. Y en esa frase se cuela algo más grande, casi invisible, pero presente: la huella de Rozín.
“Eso lo generó Gerardo”, repitió Zampini al hablar del amor que los artistas sienten por el programa. Un legado que se respira en cada rincón y que se potencia en cada emisión.

El arranque de esta nueva temporada estará a la altura de esa historia. La música, columna vertebral del ciclo, tendrá nombres que garantizan emoción: Valeria Lynch y Alejandro Lerner. “Cada vez que viene Valeria es una fiesta”, anticipó Leuco. Y Zampini se sumó, entre risas: “¿Quién no la ama? Yo canto sus temas en el auto como loca”.
A ellos se sumarán figuras como el Chaqueño Palavecino, Destino San Javier, Ángela Leiva y Ráfaga, en una apertura que, como define el propio Leuco, “son seis bombas para arrancar”. Pero no se trata solo de quiénes se harán presentes, sino de cómo lo hacen: “La generosidad con la que se prestan, cómo se copan para cocinar, para cantar juntos… se arma una peña dentro de la peña”, describió.
La cocina seguirá siendo otro de los corazones del programa, con Santiago Giorgini y Felicitas Pizarro. Sobre ella, Zampini no escatimó elogios: “La adoro, es lo más, ¿queres una mujer hermosa? Ella. Es una gran compañera, más allá de todo, ¿no? Del lado profesional, del talento que tiene en la cocina, todo”. Es que la relación entre ambas, que duró unos tres años, se había iniciado en otro canal, en otra competencia de cocina.
El humor, ese pulso que atraviesa todo, estará nuevamente en manos de Pichu Straneo, Pachu Peña y Nazareno Mottola. “Los hijos de Feli vienen y los admiran, pero después en el colegio los retan porque imitan los ruidos de Pichu”, contó Leuco entre risas. Y ahí aparece otra vez la esencia: familia, juego, complicidad.
En deportes, la posta cambia: se despide Ariel Rodríguez y se suma El Turco Claudio Husain, aportando una nueva mirada.

Detrás de cámara, el engranaje es tan complejo como fascinante. “Nunca vi un equipo tan grande ni con tanto laburo”, admitió Leuco, para luego describie una postal casi caótica: escenarios que se arman y desarman, bandas de quince músicos, cocina en simultáneo, humoristas en acción. “Eso es Morfi”, resumió.
Pero si hay una palabra que sintetiza todo, él mismo la dice sin dudar: “Compartir”. Compartir entre ellos, con los artistas, con la gente, como esos momentos en que el público, desde sus casas, podía comentar el minuto a minuto, conecándose al zoom. . “Veías a la gente en su casa cantando, comiendo lo mismo… es un programa de compartir”, recordó.
Cuando sabés qué sos y qué querés contar, todo es más sencillo”Y quizás ahí esté el secreto de estos diez años. En esa capacidad de colarse en la intimidad de los hogares sin estridencias, con una propuesta honesta. “, reflexionó Leuco.
Zampini lo siente igual, pero lo dice desde otro lugar, más visceral: “Es tan lindo, tan sano… que no querés que termine”.
Este domingo, entonces, no será solo un regreso. Será un reencuentro. Con la música, con la risa, con la memoria. Y, sobre todo, con ese espíritu que Gerardo Rozín sembró y que, diez años después, sigue floreciendo en cada emisión. Porque hay programas que se miran. Y hay otros —como Morfi— que se viven.
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