ECONOMIA
Gurú de Wall Street liquida su fondo, alerta sobre una burbuja y lanza un plan secreto para 2026

La salida de Michael Burry cayó como una bomba silenciosa en Wall Street. El legendario inversor, inmortalizado en La Gran Apuesta, decidió cerrar definitivamente su fondo Scion Asset Management y entregó su carta de despedida con una frase que electrificó al mercado: «Mi estimación del valor de los activos ya no está, y no lo ha estado por algún tiempo, en sincronía con los mercados». No es una pausa ni un descanso estratégico: los registros ante la SEC confirman que la firma dejó de existir oficialmente el 10 de noviembre de 2025.
El desmantelamiento fue quirúrgico. Durante el tercer trimestre, Burry había estado comprando puts contra Nvidia y Palantir, convencido de que la euforia por la Inteligencia Artificial había deformado los precios de mercado hasta niveles insostenibles. Pero administrar dinero ajeno en un escenario que él considera una burbuja descontrolada terminó agotándolo. Su mensaje final fue contundente: liquidaría todas las posiciones antes de fin de año, salvo una mínima reserva para auditorías fiscales.
Para dimensionar la renuncia, hay que recordar que Burry ya había hecho algo similar en 2008. Luego de ganar una fortuna apostando contra las hipotecas, destrozó su propio fondo harto de que los inversores cuestionaran su lógica. Esta vez, el enemigo no son los bancos ni las hipotecas: es el frenesí que rodea a los chips de IA y los centros de datos.
El cierre también implica que dejará de presentar el formulario 13F. En otras palabras, a partir de ahora nadie sabrá qué compra o vende. Burry vuelve a la oscuridad operativa que siempre buscó. Una libertad total que, para muchos, es igual de inquietante que su salida del sistema.
La tesis del colapso: la «gula del lado de la oferta» y el final de la fiesta tech
El motivo detrás de su partida es claro: Burry cree que estamos ante una burbuja monumental en IA. Su concepto de «Supply-Side Gluttony» describe lo que observa en los balances de las Big Tech: inversiones colosales en infraestructura que, según él, jamás serán rentables. Para Burry, Google, Microsoft y Meta están gastando miles de millones en chips de Nvidia y data centers sin que exista una demanda real capaz de sostener esa expansión.
Según sus cálculos, la industria enfrenta un agujero negro contable de u$s176.000 millones en depreciaciones no registradas. Los chips que hoy se amortizan en cinco o seis años quedarán obsoletos en dos o tres, generando un shock de pérdidas que podría paralizar el gasto de capital de las grandes tecnológicas. Cuando eso suceda -dice Burry- la primera ficha en caer será Nvidia, seguida de toda la cadena de semiconductores.
La comparación con el año 2000 no es casual. Para él, esto es una versión amplificada de la caída de Cisco durante la burbuja puntocom. Un colapso que arrastraría índices completos como el Nasdaq y pondría fin a la ilusión de que la IA puede justificar cualquier valuación.
Wall Street no lo acompaña. Bancos como JP Morgan y Bank of America defienden que la IA es tan disruptiva como la electricidad o internet, y que la demanda futura será infinita. Pero Burry insiste: las métricas de valuación están en zonas históricamente peligrosas y el mercado festeja indicadores que no reflejan el deterioro real del flujo de caja.
Proyecto 2026: la nueva trinchera llamada «Cassandra Unchained»
Lejos de recluirse, Burry lanzó un nuevo proyecto que lo devuelve a sus raíces analíticas sin clientes ni jefes. El emprendimiento se llama «Cassandra Unchained», un newsletter pago alojado en Substack y bautizado en honor a la sacerdotisa que veía el futuro sin que nadie le creyera. La plataforma le permite despojarse del sistema y vender lo único que, según él, conserva valor en este mercado: su mente.
El objetivo es preparar a inversores minoristas y profesionales para lo que define como «la gran purga» de 2026. Allí publicará informes sobre burbujas de activos, distorsiones macroeconómicas y oportunidades de valor profundo que emerjan tras el colapso que anticipa. La suscripción cuesta u$s379 anuales, una cifra alta frente a un blog, pero insignificante comparada con las comisiones tradicionales de un hedge fund.
El modelo le devuelve independencia absoluta. Ya no debe justificar por qué está corto en la empresa de moda o explicar a un directorio por qué ve un derrumbe cuando el mercado celebra máximos. En Cassandra, simplemente expone su tesis y deja que el lector decida.
Burry también quiere construir un registro permanente. Tras años de borrar tuits, en este espacio quedarán asentadas sus advertencias, análisis y predicciones. Sus primeros reportes no decepcionan: ataques frontales a la «exuberancia irracional» de los inversores, críticas a los modelos de crecimiento infinito y alertas sobre el estado real de la deuda estadounidense.
Cómo invertir en la mente de Burry desde Argentina
Para el inversor argentino, acercarse a Burry es más fácil ahora que cuando manejaba Scion. Antes, sólo millonarios calificados podían acceder a sus fondos. Hoy, su «activo» principal es su análisis, disponible para cualquiera que pueda suscribirse a Substack con tarjeta internacional o fintech habilitada para pagos en dólares.
La estrategia consiste en traducir su visión global al mercado local. Muchas recomendaciones de Burry se pueden replicar con CEDEARs. Si advierte sobre un desplome del sector tecnológico, el ahorrista argentino puede reducir posiciones en Nvidia, Microsoft o Palantir. Si sugiere refugios como el oro, se pueden comprar CEDEARs de Barrick o empresas mineras.
Para quienes operan afuera mediante brokers globales, las estrategias más complejas -opciones, shorts o small caps sin CEDEAR- también son posibles, aunque requieren mayor disciplina y capital.
Pero el punto central es otro: el timing de Burry no es inmediato. Él suele acertar temprano, incluso demasiado temprano, como ocurrió con las hipotecas en 2006. Por eso, su newsletter no debe leerse como un manual de trading, sino como una brújula macro para navegar un mercado que él considera al borde de un ajuste monumental.
En un país donde la volatilidad es parte del ADN financiero, tener acceso a la lectura de alguien que se especializa en detectar catástrofes económicas puede ser una ventaja estratégica. Pagar la suscripción quizá no sea «invertir» en el sentido clásico, pero bien puede ser un seguro intelectual en un mundo donde, según Burry, los próximos movimientos del mercado serán tan violentos como predecibles.
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ECONOMIA
Estados Unidos enfrentará años de litigios tras la decisión sobre aranceles

La Corte Suprema de Estados Unidos concluyó que los aranceles-Trump son ilegales, en concordancia con decisiones anteriores adoptadas por jueces en casos específicos.
Según la Constitución de Estados Unidos, la autoridad para imponer aranceles reside en el Congreso (Artículo I, Sección 8); sin embargo, desde su sanción en 1787, el Poder Legislativo ha ido delegando en el Presidente ciertos poderes vinculados a políticas comerciales, como la “Trade Promotion Authority”, que faculta al Presidente para negociar tratados comerciales.
Entre muchas otras delegaciones del Congreso se encuentra la International Emergency Economic Powers Act (Ieepa) de 1977, empleada por Trump para justificar los aranceles del “Día de la Liberación”.
Tras el anuncio de la implementación de los aranceles-Trump, empresas nacionales afectadas acudieron a la justicia y los jueces determinaron que los daños ocasionados debían ser reparados
Tras el anuncio de la implementación de los aranceles-Trump, empresas nacionales afectadas acudieron a la justicia y los jueces determinaron que los daños ocasionados debían ser reparados. Finalmente, uno de esos casos llegó a la Corte Suprema (Learning Resources Inc. vs. Trump), que resolvió que la Ieepa no otorga al presidente el tipo de facultades requeridas para aplicar los aranceles-Trump.
Esta legislación establece que el mandato delegado permite “regular el comercio” (“regulate trade”), y de ninguna manera este poder puede utilizarse para imponer aranceles de diferentes valores contra cualquier país en cualquier momento.
La tradición legal sobre poderes delegados indica que, en cuestiones fundamentales, si la transferencia de facultades no es explícita, el poder debe ejercerse con cautela. Si el Congreso hubiera querido transferir al Presidente la capacidad de imponer los aranceles del “Día de la Liberación”, lo habría expresado así.

Este no es el primer caso en el que la Corte Suprema delimita el alcance del poder delegado: por ejemplo, en una de las numerosas causas citadas por el máximo tribunal, el presidente Joe Biden intentó condonar la deuda estudiantil adquirida para financiar estudios, y la Corte sancionó que no existía un poder delegado que habilitara tal política.
En 1977, al momento en que el Congreso sancionó la Ieepa, Estados Unidos y los miembros del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) ya habían participado en siete negociaciones multilaterales, habiéndose reducido notablemente los aranceles respecto de los vigentes al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Además, para ese entonces Estados Unidos y numerosos países contaban ya con diversos instrumentos regulatorios del comercio, como salvaguardias, medidas antidumping y disposiciones recogidas en el Artículo XX del GATT-OMC.
En la página 13 del fallo, la Corte Suprema afirma que el Presidente debe justiciar de manera clara por qué la Ieepa le otorgaría el poder invocado, concluyendo que esto “no puede probarlo” (“He cannot”). A partir de esa conclusión, el tribunal descargó una batería de argumentos legales que demostraron por qué Trump no podía justificar las maniobras y abusos cometidos con los aranceles. Previamente, el expresidente había declarado que una sentencia contraria sería devastadora.
Estados Unidos ahora se encamina a varios años de litigios, involucrando tanto a quienes pagaron aranceles inconstitucionales como a quienes lanzaron proyectos de inversión bajo el estímulo de los aranceles-Trump
Según medios especializados, la decisión representará un fuerte golpe financiero para la Tesorería de Trump. Estados Unidos ahora se encamina a varios años de litigios, involucrando tanto a quienes pagaron aranceles inconstitucionales como a quienes lanzaron proyectos de inversión bajo el estímulo de los aranceles-Trump y a los países que sufrieron daños en sus exportaciones.
Aunque podría pensarse que este fallo histórico de la Corte Suprema conduciría a que la política comercial estadounidense retorne al statu quo anterior al “Día de la Liberación” -es decir, a cumplir las normas comerciales vigentes-, por el momento esto no ocurrirá. Tras descalificar severamente a la Corte Suprema, Donald Trump anunció que, amparado en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, impondrá un arancel del 15% sobre los valores vigentes previos al “Día de la Liberación”.
Por motivos de desequilibrio de la balanza de pagos, y bajo condiciones y obligaciones específicas, esta sección autoriza al presidente a aplicar un arancel de ese porcentaje por un período que no debe superar los 150 días.
El destino de esta y otras posibles medidas de Trump, así como el desarrollo de los litigios, aún está por verse. Las estimaciones sobre los daños económicos, tanto los ya sufridos como los que puedan producirse, serán publicadas a medida que dispongan de los informes de consultoras internacionales y organismos multilaterales, con el fin de evidenciar la magnitud de los costos ocasionados.
El autor es Miembro Academia Nacional de Ciencias Económicas
edificio. capitolio de los estados unidos en washington
ECONOMIA
Argentina, Mercosur y el “Milagro del Tigre Celta”

Uno de los mayores logros de este gobierno es dejar atrás un modelo económico cerrado y expulsivo que incentivó durante años la emigración de capital humano: cerca del 5% de la población, es decir, unos dos millones de argentinos, reside hoy en el exterior, en muchos casos atraída por economías con mayores niveles de ingreso y oportunidades, como Irlanda.
El caso irlandés ofrece un punto de comparación útil para pensar los desafíos argentinos.
A comienzos de los años 90, Irlanda era considerada uno de los países más rezagados de Europa Occidental. En 1988, la revista The Economist la describía como el país más pobre entre los ricos: su PBI per cápita era apenas el 60 % del promedio de la entonces Comunidad Económica Europea. Una década después, la misma publicación dedicaría otra portada a la economía irlandesa con el título “La luz que brilla en Europa”.
A comienzos de los años 90, Irlanda era considerada uno de los países más rezagados de Europa Occidental. En 1988, la revista The Economist la describía como el país más pobre entre los ricos: su PBI per cápita era apenas el 60 % del promedio de la entonces Comunidad Económica Europea. Una década después, la misma publicación dedicaría otra portada a la economía irlandesa con el título “La luz que brilla en Europa”.
Irlanda venía de una crisis de deuda masiva en los años 80 debida a políticas fiscales expansivas mal implementadas, con la deuda pública alcanzando un máximo de 115% del PBI en 1987. El desempleo llegó al 17% y la emigración era masiva: la principal exportación de Irlanda era su gente.
Entonces ocurrió el “milagro del tigre celta”. Entre 1995 y 2007, Irlanda pasó de ser uno de los países más pobres y estancados de Europa Occidental a convertirse en uno de los más prósperos del mundo, registrando tasas de crecimiento del PBI que en algunos años superaron el 9 por ciento.
La disciplina fiscal permitió reducir rápidamente el peso de la deuda, que cayó al 75% del PBI en 1995 y descendió por debajo del 40% antes de la crisis financiera global de 2008. A la vez, una combinación de baja carga impositiva, estabilidad macroeconómica y acceso pleno al mercado de la Unión Europea convirtió al país en un polo de atracción para la inversión extranjera directa.

Muchas empresas multinacionales eligieron Irlanda como plataforma para producir y exportar al resto del continente, lo que impulsó el empleo, la productividad y los ingresos. Hoy, el país se ubica entre los de mayor ingreso per cápita del bloque europeo.
La experiencia irlandesa muestra cómo la integración económica, acompañada de estabilidad macroeconómica y reglas pro-inversión, puede transformar la estructura productiva de un país pequeño y abierto. Para Argentina, integrarse a la Unión Europea significaría no solo acceder a un mercado de 700 millones de consumidores, sino también una oportunidad para atraer inversiones, financiamiento y tecnología que refuercen el crecimiento de largo plazo.
La experiencia irlandesa muestra cómo la integración económica, acompañada de estabilidad macroeconómica y reglas pro-inversión, puede transformar la estructura productiva
El acuerdo Mercosur-Unión Europea abre oportunidades para el agro, la energía y los servicios argentinos
El tratado comercial tendrá un impacto amplio sobre la estructura exportadora argentina, con beneficios que alcanzan desde la producción de alimentos hasta la minería, la industria y los servicios basados en el conocimiento. La reducción de aranceles, el reconocimiento de estándares y una mayor previsibilidad normativa aparecen como los principales mecanismos de impulso.
En la agroindustria –uno de los sectores con efectos más inmediatos– la baja de barreras de acceso mejora la competitividad de los productos argentinos en el mercado europeo:
- La carne vacuna, que hoy enfrenta aranceles de entre 20% y 60%, pasará a tributar entre 0% para cuotas específicas y 7,5% para nuevos cupos.
- En pesca, exportaciones como langostinos, calamar y merluza dejarán de pagar gravámenes que actualmente llegan hasta el 15%. Para La Pampa, es una oportunidad visible para la ganadería, los lácteos y la miel.
- El vino también se verá favorecido por la eliminación de aranceles y el reconocimiento europeo de 96 indicaciones geográficas argentinas, un reclamo histórico del sector para diferenciar calidad y origen.
- A esto se suman las economías regionales –cítricos, peras, arándanos, miel, frutos secos, legumbres, tabaco, yerba mate y té– que ganarán acceso preferencial a un mercado de alto poder adquisitivo.
- En biocombustibles, el biodiesel reducirá progresivamente su arancel de 6,5% hasta alcanzar el 0% en un plazo de diez años.
Más allá del agro, el acuerdo apunta a consolidar a la energía y la minería como motores exportadores de largo plazo. Se prevé un mayor dinamismo en litio y cobre, junto con un impulso a los hidrocarburos, favorecido por la demanda europea y por reglas de juego más estables para la inversión.

La industria manufacturera también podría experimentar un salto relevante. Se estima que las exportaciones industriales crecerían cerca de 30%, especialmente en autopartes, insumos químicos y petroquímicos.
Además, el acceso más barato a maquinaria y bienes de capital europeos permitirá mejorar la productividad local. El sector automotor tendrá una apertura gradual, con plazos de desgravación de hasta 15 años para vehículos convencionales y de hasta 30 años para nuevas tecnologías, como autos eléctricos o a hidrógeno.
El acuerdo también incorpora a los servicios basados en el conocimiento –software, tecnología y servicios profesionales– como un área de alto potencial, al facilitar la inserción de empresas argentinas en el mercado europeo bajo marcos regulatorios más previsibles.
Actualmente, la Unión Europea no es un actor nuevo en la economía local: es la principal fuente de Inversión Extranjera Directa (IED) en Argentina. Con un stock que ronda los USD 75.000 millones, los capitales europeos representan cerca del 40% del total de las inversiones en el país.
El tratado está diseñado para complementarse con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), intensificando los beneficios para las empresas que decidan apostar por proyectos de gran escala en suelo argentino. Se espera que el flujo de capitales se concentre en sectores estratégicos para la transición energética global: minería (especialmente litio y cobre), energía y economía del conocimiento.
Un beneficio adicional: la importación de instituciones. El nuevo marco regulatorio busca otorgar la certidumbre y seguridad jurídica que los operadores económicos demandan para proyectos de largo plazo. El acuerdo funciona como un “anclaje institucional” que alinea a la Argentina con las mejores prácticas internacionales.
El economista Jorge Ávila, profesor de Ucema, afirma que acuerdos como este y el logrado con Estados Unidos traen un beneficio adicional al estrictamente comercial: permiten “importar instituciones”.
Acuerdos como el Mercosur-UE y el logrado con Estados Unidos traen un beneficio adicional al estrictamente comercial: permiten importar instituciones (Ávila)
Según Ávila, la experiencia histórica muestra que países que decidieron incorporarse a un gran club de naciones con reglas estables no solo ampliaron su comercio, sino que también lograron reducir el riesgo país y converger, en términos de ingreso per cápita, hacia los niveles de las economías avanzadas. La pertenencia a ese club implica adoptar marcos institucionales previsibles: protección de la propiedad, apertura económica y reglas claras para la inversión, que funcionan como ancla de credibilidad.
En el caso de Argentina, este fenómeno ya se observó a fines del siglo XIX, cuando el país vivió un crecimiento fenomenal fruto de integrarse al comercio internacional bajo un esquema de libre intercambio, incorporando normas y prácticas que favorecieron la expansión económica de largo plazo.
El autor es economista, diputado por La Pampa y presidente de La Libertad Avanza La Pampa; la autora es economista y asesora en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación
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ECONOMIA
Evolución de las exportaciones e impacto del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea

El patrón de las exportaciones argentinas es de base primaria, lo que las ubica en el espacio de las llamadas “estrellas menguantes”, en la aproximación que hace Cepal (productos con mercados estancados o en descenso, donde el país mejora su competitividad, pero enfrenta un escenario mundial poco favorable).
Por el contrario, las exportaciones de bienes de base tecnológica, con mayor valor agregado, son más dinámicas. Turismo y servicios basados en el conocimiento (que incluyen servicios informáticos, software y productos audiovisuales, entre otros) constituyen el núcleo de la cuenta corriente en el ítem servicios reales.
La geografía y la complementariedad sectorial condicionan los flujos de comercio exterior, siendo Brasil nuestro principal comprador:
- América Latina supone el 40% de lo exportado por el país y el resto de las ventas al exterior está diversificado en muchos mercados.
- China dentro de poco será el principal cliente del país. La marca país actualmente no es relevante y son importantes los esfuerzos para disponer de productos más diferenciados. Argentina debería triplicar de aquí a 20 años la participación a nivel mundial con el objetivo de llegar al 1% del total mundial exportado.
- Irlanda, por ejemplo, multiplicó por 6 su cociente de exportaciones sobre PBI.

Un punto relevante en la actualidad sobre es tas cuestiones es la próxima realización de una alianza del Mercosur con la Unión Europea bajo la forma de una zona de libre comercio. Es un área total de 730 millones de personas, con 31 países que suman un PBI de USD 24 billones, es decir, 20% del total mundial.
La negociación ha sido muy larga, con ciclos de parálisis y relanzamientos. Algunas voces críticas del medio local plantean que no hubo consultas al sector empresarial y que estaríamos resignando soberanía en las negociaciones.
Son perdedores aparentemente sectores industriales que enfrentarán competencia directa como el metalúrgico, el textil y la industria automotriz con la eliminación gradual del 35% del arancel a los autos europeos. Es importante ver la incidencia en cuanto a pobreza y distribución del ingreso de este proceso de integración.
Los supuestos ganadores del lado argentino con la integración con la UE son el sector agroindustrial y la industria de base más tecnológica
No se pudo concretar el ALCA en su momento, a pesar de la convicción estadounidense que pretendía ser un área de libre comercio para todo el continente. Pero sí nos integraremos a Europa. Supone una conquista diplomática.
En el acumulado de 20 años, el saldo de la balanza comercial con la Unión Europea es cercano a cero. Por otra parte, se espera que crezca el monto total de exportaciones argentinas, que fueron muy dinámicas en la década de 1990 con una expansión promedio anual del 9%. En lo que va del siglo XXI, por el contrario, crecieron a una tasa promedio muy baja, inferior al 1 por ciento.
En la estimación de sectores con mayor relevancia de aquí al 2030 se espera que la agroindustria y el agro alcancen los USD 65.000 millones de exportación; petróleo y gas, USD 30.000 millones; industria automotriz, USD 20.000 millones. El sector químico y de plásticos contribuiría con USD 6.000 millones, metales con USD 3.500 millones y metalmecánico con USD 2.500 millones.
El Mercosur se verá fortalecido con el acuerdo con la UE, que lo reposicionará después de muchos años de desempeño mediocre
En servicios, se especula con USD 10.000 millones para turismo receptivo y USD 13.000 millones para los llamados servicios basados en el conocimiento.
En cuanto a las firmas, las de mayor protagonismo serán las grandes: las pymes son solo 8.000 firmas del panel exportador. En nuestro país el denominado costo argentino supone un sesgo antiinversión y antiexportación.
Para las exportaciones no se dispone de un sistema eficiente de financiación. Por todo ello, habrá que seguir la letra chica del acuerdo para posicionar a cada empresa en lo que la alianza pueda afectarle.
El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de enero del IAE, Escuela de Negocios de Universidad Austral
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