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Stewart Copeland: “Un día vino Satanás y me dijo: ‘¡Toca los hits de The Police!’»

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Stewart Copeland – Every Breath You Take (from Police Deranged For Orchestra)

El hombre que sonríe y se conecta por videollamada desde su casa de Los Ángeles es una leyenda pero no hace mucho por hacerlo notar. Stewart Copeland es baterista y compositor, un relevante músico capaz de unir el rock con la música clásica, la ópera y sonidos de diferentes culturas del mundo. Pero sobre todo, y para todo el mundo, es un tercio de The Police, una de las bandas de rock más relevantes del siglo XX (el siglo en que la cultura rock lo puso todo patas para arriba) cuyo sonido innovador definió a varias generaciones ya. Cuando se lo menciona, mitad diplomático mitad irónico, responde: “será muy difícil para mí realizar esta entrevista con esto que me has dicho”. Lo que sigue en el inicio del diálogo con Infobae Cultura es un gracioso intercambio de preguntas y respuestas banales.

Por ejemplo, sobre el idioma español: “mi español es una vergüenza porque crecí educado en Inglaterra, donde te enseñan francés. Y eso no me sirve de nada. Vivo en California y el idioma que debería hablar aquí es español, por supuesto. Creo que al menos la mitad de la gente en California habla español”.

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—Con el jardinero, me da miedo decir “hola” (ríe).

—¿Por qué?

—Porque me miran como, “Oh, mierda. ¿Me descubrieron?”. Y siempre responden, “Hello”. Si les hablo en español, eso les hace sentir como, “Oh, mierda. Vienen por mí del ICE (N. de la R.: siglas Immigration and Customs Enforcement, la temida fuera policial que Donald Trump estableció para sus redadas de inmigrantes ilegales).

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Stewart Copeland fusiona rock y música clásica en su espectáculo «The Police Deranged for Orchestra»

También habló sobre la nacionalidad argentina de su cuñada, casada con su hermano Miles Copeland, histórico manager de The Police y de Sting también.

—Por ese vínculo familiar ¿Has visitado Argentina unas cuantas veces, verdad?

—Absolutamente. He estado allí no solo para dar conciertos sino también para jugar al polo.

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—¿Y qué te gusta de Argentina más allá del polo y los caballos?

— El bife. Y el estilo argentino de comer, donde en los restaurantes simplemente pasan con las espadas (risas) y cortan la carne. Eso me gusta mucho. No soy vegetariano ¿se nota?

—Se nota.

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—Mi tiempo en Argentina además, fue muy diferente de Brasil o México, que también conozco bastante. Argentina es como Inglaterra, porque todos hablan inglés además de hablar español.

—¿Ah sí?

—Los modales, el té a las cinco, el estilo de vida y todo es muy, muy inglés… Excepto que todos hablan en español.

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—Bueno, en Argentina como en Inglaterra gusta mucho el fútbol ¿Lo sabes, no?

—Sí. Bueno, creo que los argentinos son un poco mejores en fútbol que los británicos.

Copeland destaca la carga emocional
Copeland destaca la carga emocional de las canciones de The Police y su vigencia en la memoria colectiva del público

—Los argentinos estamos convencidos de eso.

—Los argentinos son mejores en fútbol que cualquiera en el mundo, excepto mi pequeño pueblo de Melpignano en Italia.

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—¿Si?

—Que debería gobernar el mundo. El Melpignano Futbol Club es, por supuesto, el mejor equipo de fútbol del mundo. No han ganado suficientes partidos para probarlo, pero lo sé. Además soy ciudadano honorario de Melpignano.

Vaguedades al margen, Stewart Copeland está por llegar a Buenos Aires para presentar el espectáculo The Police Deranged for Orchestra (La Policía Desquiciada para Orquesta, sería una traducción aproximada y por cierto, revela el alto contenido irónico de la expresión misma), que ya tiene como antecedente un álbum publicado en 2023 con las canciones más conocidas de la banda desde una nueva perspectiva: los mayores éxitos de The Police, incluyendo “Roxanne”, “Don’t Stand Too Close To Me” y “Message in a Bottle”, arreglados para orquesta sinfónica. Será el miércoles 17 de diciembre en el Teatro Gran Rex.

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—¿Por qué sigues tocando canciones de The Police 40 años después?

—Porque, número uno, son grandes canciones. Pero más importante, tienen un poder emocional que ninguna canción nueva puede tener. Ahora, no tengo miedo de mirar a mi pasado porque confío en mi futuro. Estoy escribiendo una nueva ópera ahora mismo. Estoy escribiendo un nuevo libro ahora mismo. Mi último álbum, Wild Concerto, fue todo nuevo. Así que tengo tanta confianza en el movimiento hacia adelante que no tengo miedo de mirar atrás. Y la recompensa de mirar atrás son esas canciones que la gente conoce, y que viven en sus vidas: tienen una carga emocional muy poderosa. Y eso es lo que buscamos… Cuando tocamos conciertos, solo queremos incendiar el lugar. Y hacemos lo que sea necesario. Entonces sabemos que las canciones que incendiarán el lugar son las que la gente conoce. Por eso estoy haciendo estas canciones de The Police. Por supuesto, las arruiné todas, así que no son solo una réplica. Son una versión completamente nueva y desquiciada, con una gran orquesta. Con la orquesta es, por un lado, más sofisticado porque los músicos de orquesta son sofisticados. Pero por otro lado, estoy yo golpeando cosas, así es más Neandertal y más salvaje: “monstruos indomables en la jungla” (risas).

El show de Stewart Copeland
El show de Stewart Copeland en el Teatro Gran Rex reinterpreta los grandes éxitos de The Police con arreglos para orquesta sinfónica

—¿Y cómo se te ocurrió la idea de fusionar las canciones de The Police una orquesta?

—Bueno, como compositor de cine durante 20 años tuve una involuntaria educación en orquesta. Cómo usarla, cómo poner la música en la partitura, los matices de cómo sacar el vocabulario de la orquesta. Así que he estado haciendo eso durante años, y tocando conciertos de mi música de cine y música de videojuegos y demás. Ocasionalmente tocaba una canción instrumental poco conocida de The Police, ya sabes, generalmente canciones que yo escribí. Y un día Satanás vino a mí, y me dijo, “¡Toca los hits!”

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—¿En serio?

—Y yo dije, “No. Apártate de mí, Satanás. No escucharé la voz de la oscuridad.” Y luego un día dije “Mierda, ¿por qué no?” Así que tan pronto como abrí esa puerta, pensé que tal vez la gente vendría tras de mí con antorchas y tridentes por cometer este sacrilegio con las canciones de The Police. Pero resulta que a la gente realmente le gusta, que los conciertos van muy bien y no hay antorchas encendidas para mí. A la gente le encanta.

—Mi siguiente pregunta obvia sobre Argentina es sobre el show de The Police en Buenos Aires en 1980, porque siempre se habla de un incidente que tuvieron con la verdadera “policía”. ¿Lo recuerdas?

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—Sí, claro. Bueno, ellos fueron un poco demasiado agresivos controlando al público. Y Andy Summers puso el pie solo para llamar la atención. Pero según dijeron ellos: “¡Él me pateó!”. Así que fue muy serio allí pero no tuvo consecuencias terribles. Por lo menos, no nos llevaron a todos a la cárcel ni nada. Pero más importante que eso fue que el público se divirtió mucho.

—Sí.

—Y nosotros también.

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—Mi hermano estuvo y siempre recuerda ese show.

—Yo también recuerdo que los tres rubios salimos al campo y montamos caballos, principalmente para poder tomar fotos. Estábamos en Argentina y todos llevábamos trajes de gaucho y todo, luciendo muy apuestos (risas). La parte divertida de eso es que, ya sabes, Andy no montaba caballos, así que lo tomó como comedia y estaba sentado al revés… Yo sí monto caballos. Sting no monta. Pero era tan carismático que parecía, no sé, Clint Eastwood a caballo (aunque estaba aterrorizado). Eso requiere gran poder de estrella.

Stewart Copeland recordó el incidente
Stewart Copeland recordó el incidente con la policía argentina durante el histórico show de The Police en Buenos Aires en 1980

—Antes de venir aquella vez ¿sabías sobre la dictadura militar?

— Sí. Por supuesto.

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—Y luego vino la Guerra de Malvinas.

—Yo vivía en Inglaterra durante la Guerra de las Malvinas. Y que para el mundo del polo en Inglaterra fue un gran desastre, porque todos nuestros jugadores favoritos de polo eran de Argentina. Así que, durante algunos años, no hubo argentinos jugando al polo en Inglaterra, lo cual fue una gran pérdida. Eso fue lo principal que pude sentir, la decepción de no poder confraternizar y jugar al polo con argentinos, que son, por supuesto, los mejores del mundo. Podemos discutir sobre fútbol, pero no hay debate sobre el polo.

—¿Podrías decirme tus cinco canciones favoritas de The Police y por qué?

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—Eh… “Bring On The Night”.

—Esa canción fue grabada por Gustavo Cerati para un disco de canciones de The Police en español.

—Oh sí, Gustavo Cerati. Fue un gran músico argentino ¿Cómo se dice el título en español?

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—“Tráeme La Noche”, así la tradujeron.

—Creo que es mi canción favorita que Sting haya escrito. No es un gran éxito ni nada.

—Pero te gusta.

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—Simplemente tiene un impacto emocional. Tiene magia… Bueno ¿qué otras canciones? Supongo que “Message In A Bottle” tiene que ser una favorita. ¿Cuántas van? Déjame ver… “Don’t Stand So Close To Me” es una canción bastante buena. De hecho, una de mis favoritas ahora es “Murder By Numbers”.

—¿Por qué?

—Porque cuando la tocamos en estos conciertos es la canción más desconocida. Es una de las pocas que tocamos que no es un éxito. Ni siquiera estuvo en un álbum. Era un lado B, pero al tocarla incendia el lugar aunque no tenga el impacto emocional de una canción que todos conocen. Aún así, funciona muy bien.

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Stewart Copeland reflexiona sobre el
Stewart Copeland reflexiona sobre el jazz, el blues y el reggae, y defiende la emoción como esencia de la mejor música (Foto: Reuters)

—Una de mis favoritas es “Walking On The Moon”.

—Oh, claro.

—Música reggae tocada por chicos blancos.

—Tocada incorrectamente por chicos blancos.

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—Pero con el alma de chicos negros ¿Estás de acuerdo?

—Bueno, tocábamos reggae… Nuestra música era cercana al reggae. Creo que “Walking on the Moon” es lo más cerca que estuvimos de tocar reggae estrictamente como lo tocan los jamaiquinos. Mayormente, “Roxanne” y otras canciones que eran cercanas al reggae no las tocábamos como los jamaiquinos. En realidad, mi apego al reggae es anterior porque la música árabe en Beirut, donde crecí, tiene algunas similitudes rítmicas. El énfasis en el tercer tiempo del compás, los “up-chicks”, la eliminación del uno… Estas son características musicales que estaban en mi ADN por crecer en Medio Oriente. Aunque no escuchaba atentamente, simplemente, estaba en mi ADN de manera subconsciente. Así que cuando el reggae se puso de moda en Londres, en la escena punk, fue mucho más fácil para mí que para los otros chicos. Aunque tengo que decir que debemos dar crédito a The Clash, que fue la primera banda de chicos blancos flacos en intentar el reggae. Y su primera versión de una canción clásica de reggae se llamaba “Police and Thieves”.

—¡Claro!

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—Lo cual es irónico porque lo siguiente que pasó fue que The Police (la policía) llegó y les robó esa idea.

Copeland destaca la carga emocional
Copeland destaca la carga emocional de las canciones de The Police y su vigencia en la memoria colectiva del público

—Mencionaste Beirut y recuerdo la historia de tu padre (N. de la R: su padre además de músico, fue fundador de la CIA, experto en Medio Oriente). ¿Qué respondían vos y tu hermano cuando les preguntaban de qué trabajaba tu papá?

—Era un guerrero de la Guerra Fría. Y un patriota. Yo no sabía nada de eso hasta que estaba en la universidad y él escribió su primer libro, que fue un éxito de ventas. Y en la solapa de la portada del libro dice: “Miles Copeland, CIA” (ríe) Lo cual fue una novedad para mí. Siempre sospechamos que mi padre estaba involucrado de alguna manera en travesuras políticas. De hecho, mi hermano Miles, un día llegó a casa de la escuela y le preguntó a mi padre: “Papá, ¿eres un espía?” A lo que mi padre respondió: “¿Quién quiere saberlo?”

—Oh.

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—Fue como una frase de James Bond (risas). Pero mi padre también se veía a sí mismo principalmente como músico de jazz. Así que me crió para ser músico de jazz, por eso no toco jazz. Mi madre escuchaba a Debussy, Ravel y Stravinsky, y eso me impactó emocionalmente más que el jazz.

—¿Crees que el jazz es la mejor música que el hombre puede tocar hoy y por el resto de los tiempos?

—Mi padre solía decir eso. Decía que si los marcianos vinieran a la Tierra y analizaran la cultura de la humanidad, concluirían que el jazz es la forma más alta de música. No estoy de acuerdo. Amo y respeto a mi padre en todos los sentidos. Pero el jazz no es la forma más alta de música en absoluto. El blues y el reggae son mejores. El blues, diría yo, es la forma más alta de música, porque es la más simple, la más cruda. No hay nada más que emoción. La técnica no significa nada. La sofisticación no significa nada. Es solo emoción. Solo puedes tocar blues si has vivido una vida. De lo contrario, no puedes hacerlo. No puedes fingirlo. El jazz… Solo tienes que practicar 14 horas al día y puedes tocar jazz. De hecho, algunas personas dicen que el jazz es el último refugio de los que no tienen talento (ríe). No necesitas talento. Todo lo que necesitas es trabajo. Bueno, la otra razón por la que digo estos comentarios escandalosos es porque me gusta molestar a la gente. Y la manera de hacer una cena mucho más emocionante es decir algo como: “El problema con los músicos de jazz es que todos apestan”.

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Las memorias feroces y sin épica de la danesa Tove Ditlevsen: miseria, desenfreno, literatura y adicciones

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Tove Ditlevsen fue célebre en Dinamarca y el reconocimiento internacional llegó hace unos años, con la traducción de sus libros. La crítica de su tiempo consideraba menores los temas de su literatura.

Advertencia al lector: lo que sigue es un artículo escrito bajo el influjo de una lectura inesperada y deslumbrante. Cada tanto sucede que cuesta salir de un libro aunque hayamos llegado al final. Hay algo en los personajes que nos acompañaron, en la propia escritura o en los hechos que se narran que no terminan de irse de nuestro lado. Cada tanto sucede que es todo eso junto –los personajes, la escritura, los hechos–, que no nos abandona ni nos permite leer otra cosa. Precisamente ahí estoy, a la espera de que se apague el calor de la lectura para poder ingresar a otro universo. Es desde ese pasaje, y todavía conmovida, que escribo lo que sigue.

Tove Ditlevsen (19917-1976) era una criatura cuando supo que lo único que le interesaba en la vida era la literatura. Quería leer y quería escribir pero para eso necesitaba espacio y silencio y en el miserable departamento en el que vivía no había nunca ni silencio ni espacio. Durante sus primeros años durmió con sus padres, en la misma habitación. Solo escapaba de la opresión por las noches, cuando se sentaba en el alféizar y miraba por la ventana hacia el cielo, por encima las calles mugrientas de Vesterbro, la zona roja de Copenhague. Cuando su hermano cumplió los 18 y huyó de casa, ella pasó a ocupar el sofá de la sala a la hora de dormir: perdió la ventana pero ganó intimidad algunas horas. Entonces comenzó a registrar por escrito lo que ocurría a su alrededor y también lo que le pasaba a ella misma, una mujer extremadamente sensible, adelantada a su tiempo y con ambiciones definitivamente por fuera de su clase.

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El drama fue siempre parte de su historia y también de su escritura. Su primer poema narraba en verso el duelo de una mujer por la muerte de su hijito. Cuando murió, o mejor, cuando eligió morir, tenía 58 años y era una celebridad en Dinamarca, con treinta libros publicados entre poemarios, novelas, cuentos, memorias y relatos infantiles. Además, había escrito columnas en periódicos, por lo que todos en su país la conocían, sobre todo las mujeres.

Durante décadas Ditlevsen fue una escritora clave para generaciones de lectoras danesas pero su centralidad no atenuaba la incomodidad que provocaba su literatura. El canon de la época no estaba en condiciones de procesar una obra producida a partir de la vida doméstica, el matrimonio, la maternidad, la dependencia emocional y química y el deseo de escribir como tabla de salvación, todos temas considerados menores. Era, claro, una época que no podía procesar una literatura escrita por la mayoría de las mujeres.

"Trilogía de Copenhague", de Tove
«Trilogía de Copenhague», de Tove Ditlevsen, fue traducido al español por Seix Barral.

Tove Irma Margit Ditlevsen nació en Copenhague en 1917 y se suicidó en 1976. Aunque practicó todos los géneros (incluso los textos a pedido para ser leídos en eventos y ocasiones especiales, habilidad que explotaron todos sus superiores en los trabajos precarios que emprendió para sobrevivir), son sus memorias las que, a partir de la traducción al inglés y luego al español en los últimos años, le dieron a su nombre trascendencia en todo el mundo. Esas memorias fueron pensadas como tres libros diferentes, Infancia, Juventud y Dependencia, que fueron publicados entre 1967 y 1971.

Décadas después, hubo un editor que advirtió que los textos componían un relato único: la historia de una niña criada en la pobreza y con una madre fría y calculadora; la de una joven que se niega a cumplir el destino miserable que se avizora y quiere escribir pese a que “las chicas no escriben poesía”, como le repite su padre, un fogonero socialista; y la de una mujer adulta atrapada en matrimonios complicados, una maternidad asfixiante y, sobre todo, adicciones peligrosas que la borran del mundo cada vez por más tiempo. Fue ese editor visionario el que decidió reunir en inglés las memorias en un solo libro, el audaz y apabullante Trilogía de Copenhague (publicado en español por Seix Barral).

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Tove Ditlevsen escribió poesía, novelas,
Tove Ditlevsen escribió poesía, novelas, cuentos y literatura infantil. En sus memorias no se victimiza y narra hechos brutales con cierta distancia y sin instalarse en el lugar de la víctima.

En Infancia Ditlevsen construye una de las figuras maternas más perturbadoras de la literatura autobiográfica del siglo XX: una mujer desangelada, irritable y violenta que desaprueba todo. “El mundo era frío y peligroso porque la ira oscura de mi madre siempre terminaba en una bofetada”, escribe Ditlevsen. La casa es una cárcel, la lectura aparece como sorpresa y la escritura es una forma de escape, una salida secreta del tormento. La realidad que se avecina para Tove no es una promesa de felicidad y por eso las palabras por escrito actúan como desahogo.

En Juventud la narradora cuenta el pasaje a la adultez con cierto desapego y sin épica: trabajos de oficina poco estimulantes, el mismo abrigo y las medias corridas, habitaciones alquiladas (la ocupación nazi aparece en algunas escenas importantes pero siempre la crisis de la protagonista está en el centro), vínculos frágiles, la sensación persistente de no encajar. Muy alta y muy delgada, algo excéntrica, siempre aparece la idea de que no es atractiva. Esto le dicen en su casa y también las amistades ocasionales del barrio. Crecer pensando que no vas a gustarle a nadie no parece un buen comienzo para una vida esplendorosa.

La prosa de Ditlevsen es seca, sin afeites, algo distante (en algún sentido, hay algo de este estilo que se encuentra en la obra de la húngara Agota Kristof). No hay belleza ni en el retrato del ascenso social, al que llega como escritora exitosa y a través de su primer matrimonio, ni en las relaciones amorosas que se sucederán, algunas más sexuales que otras. Si hay algo que insiste en el libro es la ambición literaria siempre en tensión con su inseguridad. También es una constante la dependencia de los hombres que son quienes validan o impiden que se concrete su deseo de escribir. La escritura es una necesidad vital que siempre se ve amenazada por algo o por alguien.

Para Tove Ditlevsen escribir fue
Para Tove Ditlevsen escribir fue en un comienzo una tabla de salvación y siembre la posibilidad de una fuga. Su vida está retratada en sus memorias.

“Para mí, escribir es como en mi infancia, algo secreto y prohibido, vergonzoso, algo que uno se esconde en un rincón para hacer cuando nadie más está mirando”.

Su primer marido es Viggo F., el editor de la revista que publica su primer poema, cuando ella tiene 22 años. El hombre es mucho mayor y solitario, tiene dinero, ama a los artistas, viste de verde y vive en una casa en la que todo es verde como su ropa, desde las paredes hasta las copas.

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“Todo en la sala de estar es verde: la alfombra, las paredes, las cortinas… y siempre estoy dentro, como en un cuadro.”

Pero lo que más la sorprende y excita a Tove cuando conoce esa casa es que en el baño de Viggo F. hay una ducha. Tímidamente, casi en un beboteo, le pide permiso para usarla.

Viggo sabe que ella es joven y la induce a vincularse con otros autores de su edad, lo que le abre a Tove la puerta a nuevas amistades y posibles relaciones amorosas. Ebbe será su segundo marido, un hombre joven y hermoso, atrapado por la familia y por su imposibilidad para resolver su futuro. Estudia economía pero ama la literatura. Y fundamentalmente no puede abandonar el alcohol. Con Ebbe llegarán el amor real, la primera hija de Tove y el esfuerzo por adaptarse a una vida tradicional en una Dinamarca ocupada por los nazis. La maternidad y los primeros cuidados de la bebé le roban a Tove el deseo sexual y Ebbe comienza a sentirse abandonado. El centro romántico de las memorias están en esta relación de pareja, que no tendrá un final feliz aunque ambos mantendrán un hilo amoroso invisible hasta el final.

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“Algo ha salido mal para cada uno de nosotros, y creo que nuestra juventud ha desaparecido junto con la ocupación”.

Tove Ditlevsen no se sentía
Tove Ditlevsen no se sentía atractiva y tuvo una infancia miserable y una juventud en la que se vio obligada a emplearse en trabajos precarios y poco estimulantes.

El tercer volumen, Dependencia, es el libro el que terminó de consolidar su prestigio internacional en estos últimos años y es, si se me permite, desesperante por lo que narra y por cómo lo hace. Ditlevsen narra 25 años de su vida aunque se detiene largo rato en su matrimonio con Carl (su tercer esposo), un médico con antecedentes de enfermedad psiquiátrica que la inicia en el uso de opioides y la conduce al descenso progresivo a la adicción al Demerol.

Con él tendrá otro hijo y también se hará cargo de un hijo que el hombre tuvo con otra mujer. También casada con él y completamente dependiente de las drogas se someterá a una cirugía de oído para poder seguir inyectándose. No estaba realmente enferma, era la excusa para seguir drogándose y él, en su delirio, alimentaba esa supuesta enfermedad. Nunca recuperará la audición de ese oído. Tove se hunde, deja de escribir, olvida su cuidado personal, ya no sale de su habitación y es la niñera la que queda a cargo de los chicos. Tove ya no reconoce las unidades de tiempo: “Una hora podría ser un año, y un año podría ser una hora. Todo depende de cuánto haya en la jeringa”.

Fríamente hablando, en su vida habrá cuatro matrimonios, cuatro divorcios, tres hijos y dos abortos. Sí, Tove Ditlevsen escribía literatura sobre partos, abortos y también sobre los efectos de la menopausia (cuando habla de su madre y de su tía), temas que, siempre supimos, resultan menores y poco sugerentes para los diseñadores de cánones.

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“Me enamoré de un líquido transparente en una jeringa”, escribe cuando cuenta que, en realidad, abandonó a su anterior marido por la droga y no por otro amor. El título original del libro en danés significa a la vez “casada” y “veneno”, una ambigüedad que condensa el eje de esta historia. A propósito de la primera experiencia de la narradora con el Demerol, en la New York Review of Books Deborah Eisenberg escribió: “Ninguna película de terror que haya visto —por potentes que sean sus imágenes o metáforas— se ha acercado al resto del libro en cuanto a puro terror”.

El manipulador Carl pelea con sus fantasmas y también con la necesidad de controlar a su mujer: la droga, en inyecciones o como pastillas de metadona, se convierte en la herramienta para sedar las ambiciones de independencia de Tove y mantenerla en casa. En Los Angeles Review of Books, la crítica Nina Renata Aron destacó el tratamiento del tema en este libro como un gesto de vanguardia ya que estamos acostumbrados a leer estas vidas dependientes en relatos escritos por hombres, no por mujeres. Haber dedicado un fragmento tan extenso de sus memorias a la adicción fue “un acto radical para una mujer, en cualquier lugar del mundo, en 1971”, escribió Aron.

Tove Ditlevsen y Victor Andreasen,
Tove Ditlevsen y Victor Andreasen, su último marido.

Ditlevsen no habla desde el arrepentimiento ni se posiciona como víctima. Tampoco busca romantizar la caída y si bien el final de Dependencia la muestra casi recuperada y con su nuevo marido, no hay final feliz, no puede haberlo. Victor es editor de un diario, un hombre que la admiraba como escritora, un hombre enamorado que asume el cuidado de su mujer; el que la persuade para irse a vivir fuera de la ciudad y el que habla uno por uno con todos los médicos del pueblo para que no le receten opioides a Tove, acostumbrada a manipular a los profesionales y a falsificar recetas. Consigue distanciarla de la droga y viven juntos más de dos décadas: casi una vida normal, pero también ese matrimonio terminará en divorcio.

En la vida real, y no en sus memorias, la pareja tuvo una relación turbulenta, desquiciada. Luego de divorciarse y ser la comidilla del ambiente literario, alejada de todo pudor la escritora publicó un anuncio anónimo, aunque reconocible, en el diario de su ex marido. Decía así:

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Tras escapar de un matrimonio largo e infeliz, me siento sola en este mundo donde todos están en pareja. Tengo 52 años, mido 1,72 metros, soy delgada y rubia. Tengo un apartamento de ocho habitaciones en Copenhague y una preciosa casa de verano. No me falta dinero, solo amor. Me he labrado un nombre en la literatura, pero ¿de qué sirve si echo de menos a una pareja leal y cariñosa de una edad adecuada, preferiblemente que sepa conducir? Intereses: literatura, teatro, gente y felicidad doméstica. Por favor, envíen una fotografía y detalles de su situación personal.

A lo largo de sus memorias, Tove pasará cortas y largas temporadas en diferentes hospicios y sanatorios (algunas páginas me recordaron Un ángel en mi mesa, de Janet Frame, la novela en la que se basó Jane Campion para filmar su película del mismo nombre). Hay en el modo en que encara las peripecias de su vida una distancia, una mirada clínica, como de entomólogo, aunque nunca abandona las descripciones que ponen al cuerpo en escena. Esa combinación de frialdad formal y emociones intensas es una de sus marcas de estilo. Me gusta algo que escribió Parul Sehgal en The New York Times, quien habla de una prosa “plana, casi enmascarada”, que le añade inquietud a la abyección de lo que se narra, como si el propio lenguaje se mostrara reticente a ofrecer alguna clase de consuelo.

Esa idea es también, a su manera, formulada por Hilton Als en The New Yorker, cuando señala que la obra de Ditlevsen produce un efecto de extrañamiento constante: escribe desde dentro de las instituciones —el matrimonio, la familia, la maternidad— pero como si nunca terminara de pertenecer a ellas, es decir, como si todo el tiempo permaneciera en el umbral.

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“Me rescataron de mis muchos años de adicción, pero desde entonces, la sombra de mi antiguo anhelo sigue regresando débilmente si tengo que hacerme un análisis de sangre o si paso por la ventanilla de una farmacia. Nunca desaparecerá por completo mientras viva”.

El reconocimiento internacional de Tove Ditlevsen llegó 45 años después de su muerte. La publicación en inglés de Trilogía de Copenhague promovió la lectura de toda su obra y la instaló como figura clave de patria literaria de la época: la literatura del yo o la autobiografía moderna. Es notable, leí en estos días muchos artículos sobre su vida y su obra y en casi todos en algún momento la señalan como antecedente de muchas de las obras de autores que se destacaron en estos años en la literatura confesional, como Annie Ernaux, Lucia Berlin, Karl Ove Knausgard o Rachel Cusk pero también, al menos cierta zona de los primeros tomos de la trilogía, hacen pensar directamente en la ficción, como es el caso de La amiga estupenda, de Elena Ferrante. El Nápoles de Ferrante tiene bastantes similitudes con el Vesterbro de Tove.

No es una sorpresa pero sí es una pena que los críticos norteamericanos o europeos no hayan leído aún Memorias por correspondencia, el maravilloso libro escrito por la artista colombiana Emma Reyes (1919-2003), que sin dudas, incluso por cuestiones cronológicas, tiene puntos de contacto con la autobiografía de Ditlevsen, sobre todo por el modo sobrio aunque brutal —y hasta con humor, por momentos– con el que cuenta el drama de su vida sin victimizarse.

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Las memorias de Ditlevsen dialogan
Las memorias de Ditlevsen dialogan con discusiones del presente acerca de temas de género, salud mental y literatura del yo pero son literatura plena.

Un artículo de Nina Siegal en The New York Times, recuerda que Ditlevsen llegó a escribir su propio obituario, en el que se muestra convencida de que sus memorias iban a ser la parte de su obra por la que se la recordaría en el futuro. No se equivocó. Sin embargo, aunque esas páginas dialogan con discusiones del presente acerca de temas de género, salud mental y literatura del yo, no es posible decir que quedan reducidas a una agenda: son literatura plena.

“Los que tenemos más miedo a la vida que a la muerte tenemos una dimensión extra”, escribió Tove Ditlevsen en un ensayo citado por Siegal y la frase podría funcionar muy bien como una clave de lectura de la trilogía. Y es que escribir fue, para alguien en constante pelea con su voluntad como ella, una pasión, sí, pero también una manera de demorar la salida de este mundo, algo que terminó haciendo por propia mano cuando, en lugar de apelar a la metadona para dejar de ver una realidad oprobiosa, atrapó en un puño una cantidad importante de pastillas para dormir, las bebió sin pausa y ya no despertó.

Cuentan que una multitud asistió a su funeral. En el prólogo a uno de sus libros de poemas, la novelista y poeta danesa Olga Ravn añade un dato que no sorprende. Cuenta Ravn que las fotografías de su cortejo fúnebre mostraban “un mar de mujeres trabajadoras siguiendo su ataúd por las calles de Copenhague”.



Tove Ditlevsen

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Congressional commission warns China’s Pacific infrastructure projects could pose a military threat

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

FIRST ON FOX: Chinese-funded infrastructure projects across the Pacific Islands may appear civilian on the surface but could provide future military access for Beijing, senior members of a bipartisan congressional advisory commission warned in an exclusive interview with Fox News Digital.

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Senior members of the U.S.-China Economic and Security Review Commission said runways, ports and other facilities financed by the People’s Republic of China are often «dual use» and part of a broader strategic pattern that blends economic investment with long-term security objectives.

«When you see a broader trend of militarization of the region… you see a lot of activities that suggest there are at least some security and military-related interests involved,» commission chair Randall Schriver said. «Even if it’s declared for civilian use… it is by its very character dual-use and could be used for military purposes.»

CHINA INFILTRATES KEY PACIFIC TERRITORY OF MICRONESIA WITH INFRASTRUCTURE PROJECTS AS US URGED TO ACT

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The groundbreaking ceremony for the Woleai runway project in Yap State. Representatives of a Chinese company hold a banner on stage. May, 2025. (Cleo Paskal)

Schriver warned that China’s investments in the Pacific should not be viewed in isolation. «We know that China is very ambitious. We know that even civilian infrastructure projects often have strings attached,» he said. «In many instances, those involve access for the Chinese military.»

Commission Vice Chair Michael Kuiken said Beijing frequently pairs infrastructure financing with financial leverage. «There’s a cycle of debt diplomacy here,» Kuiken said. «China loads these islands up with debt and then uses their position of weakness to gain access… to build runways, to do things with respect to ports.»

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«It’s a cycle that we see over and over again,» he added, calling it «a flywheel of debt diplomacy. There’s a vicious rinse-and-repeat cycle here. And whether it’s Taiwan, Palau, Micronesia or the Solomon Islands, it is a playbook that the Chinese go back to every time.»

CHINA’S GLOBAL AGGRESSION CHECK: TAIWAN TENSIONS, MILITARY POSTURING, AND US RESPONSE IN 2025

U.S. Navy Aviation Boatswain’s Mate Airman Apprentice Zahir Barrett tests Long Range Acoustic Device (LRAD) on the fantail of Nimitz-class aircraft carrier USS Abraham Lincoln (CVN 72) on Dec. 12, 2025.

Image shows an LRAD being tested in Guam, Dec. 2025.  (U.S. Navy photo by Mass Communication Specialist Seaman Angel Campbell)

US response came too slowly, commission says

Schriver acknowledged Washington was slow to recognize the security implications of China’s expansion in the region.

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«In a word, yes,» he said when asked whether the U.S. reacted too slowly.

He noted the timing coincided with major U.S. military investments in Guam, even as Chinese projects advanced nearby. «While this was happening, the Chinese were making inroads in the Pacific Islands … with great proximity to Guam,» he said, describing the island as central to U.S. logistics and combat operations.

Asked what would signal a shift from civilian infrastructure to operational military use, Schriver said some warning indicators are already visible.

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Chinese labourers work at a construction site

Chinese labourers work at a construction site. June 22, 2005. (Claro Cortes IV CC/CCK/Reuters)

«The practice of undersea cable cutting… has been very provocative,» he said, describing it as activity that could be tied to military contingencies.

He also warned that visible deployments of Chinese military aircraft to Pacific facilities would mark a major escalation, citing a pattern previously seen in the South China Sea.

US TURNS TO FINLAND TO CLOSE ARCTIC ‘ICEBREAKER GAP’ AS RUSSIA, CHINA EXPAND POLAR PRESENCE

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The runway at Woleai in Yap State, part of a Chinese-backed infrastructure project in the Federated States of Micronesia.

The runway at Woleai in Yap State, part of a Chinese-backed infrastructure project in the Federated States of Micronesia. (Cleo Paskal)

«We’ve seen a particular pattern that wouldn’t surprise us at all to see in other parts of Oceania,» Schriver said.

Kuiken urged lawmakers to increase scrutiny and transparency. «The thing members can do most easily is just ask the intelligence community for imagery and for intelligence reports … raise the alarm, shine a light on it and expose the activities,» he said.

Kuiken also revealed the future hearing focused on undersea infrastructure and security risks in the region.

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«Data is the lifeblood of the global economy these days,» he said. «Those cables are a vital source of information… and those are really quite aggressive actions and need to be exposed.»

Policy recommendations and next steps

The commission has proposed a broader U.S. response, including increased Coast Guard cooperation and expanded support for Pacific Island nations to strengthen resilience against security threats and economic pressure.

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Palau- October 6, 2015: Palau is an island in the Philippine Sea, Northern Pacific Ocean. (iStock)

Schriver referenced a «Pacific Island Security Initiative» recommendation aimed at combining economic, law enforcement and defense engagement.

Kuiken described the approach as «a layered cake.» «We want there to be a civilian aspect… a law enforcement piece… and a military piece,» he said. «You sort of need to do all of them in order to really be effective and really to combat the influence of the Chinese in this space.»

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INTERNACIONAL

Renunció un histórico político de Francia: su nombre aparece 673 veces en los documentos del caso Epstein

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Un histórico político de Francia quedó en el centro de la polémica en Francia luego de que su nombre apareciera en los documentos sobre el caso Epstein. Se trata de Jack Lang, exministro de Cultura y de Educación, que tuvo que renunciar a la presidencia del Instituto del Mundo Árabe (IMA) en París. Si bien niega las acusaciones, se abrió una investigación judicial por sus supuestos vínculos con el financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein. Desde el Gobierno de Emmanuel Macron dijeron que la situación era «insostenible».

Lang, de 86 años, es una personalidad muy fuerte de la cultura de Francia y una de las personalidades de más alto perfil que aparecen en los documentos publicados por la justicia de Estados Unidos sobre Epstein.

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El reconocido financiero neoyorquino fue condenado en 2008 por solicitar prostitución a una menor de edad. Lo encontraron muerto en prisión en 2019, cuando iba a ser juzgado por explotación sexual de mujeres, incluidas menores.

El Gobierno de Francia aceptó la renuncia de Lang y celebró la dimisión. «Ha tomado la única decisión posible, la única decisión deseable en esta situación. La situación era, a mi juicio, insostenible«, afirmó la portavoz, Maud Bregeon, en la emisora France Info.

El Instituto del Mundo Árabe, una institución cultural que también tiene un papel diplomático, está bajo la tutela del Ministerio de Exteriores.

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Lang, que ocupaba la presidencia del IMA desde 2013, es una figura histórica del Partido Socialista francés, conocido por su labor como ministro de Cultura durante la presidencia de François Mitterrand en los años ochenta y noventa. Pero, desde la publicación de los documentos quedó bajo la mira, aunque él insiste en que es inocente de cualquier delito.


Su abogado, Laurent Merlet, declaró a la cadena BFM TV que su cliente estaba «muy triste» por dejar el IMA pero que «no permitirá que las calumnias ganen terreno».


El viernes, la Fiscalía francesa anunció la apertura de una investigación preliminar contra él y su hija, Caroline Lang, por «blanqueo de capitales procedentes de fraude fiscal agravado» debido a sus presuntos vínculos financieros con Epstein.

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Previo a la dimisión, Jack Lang se defendió públicamente: «Acusaciones infundadas»

Antes de darse a conocer su renuncia, Lang había declarado a la agencia AFP que las acusaciones en su contra eran «infundadas» y se mostró favorable a la investigación de la Justicia.

«Aportará mucha luz sobre las acusaciones que cuestionan mi probidad y mi honor», afirmó Lang, cuyo nombre aparece al menos 673 veces en los documentos que fueron publicados recientemente.

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El ahora exfuncionario negó cualquier irregularidad y asegura que solo recurrió a Epstein en su condición de filántropo.

El pasado lunes había sido su hija Caroline la que había renunciado a la presidencia de un sindicato de productores de cine, tras las revelaciones sobre una sociedad offshore que había fundado en 2016 junto con el propio Epstein.

Caroline Lang también estaba apuntada por la justicia ya que figuraba en el testamento de Epstein como beneficiaria de cinco millones de dólares, según el medio de investigación, Mediapart.

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Sin embargo, la mera mención de Lang dentro de los archivos no implica irregularidad alguna. Según el diario Le Monde y Mediapart ningún documento publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos sugiere que Lang o su hija estuvieran implicados en los delitos sexuales en los que era investigado Epstein.

Jack Lang es muy recordado en Francia por impulsar la Fiesta de la Música («Fête de la Musique»), una gran celebración en la calle que persiste hasta hoy y que otros países copiaron.

También supervisó grandes proyectos de arquitectura moderna, como la construcción de la Pirámide del Louvre y la Ópera de la Bastilla.

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Tras la desclasificación de los documentos Epstein, la presión pública sobre Lang aumentó a lo largo de la semana pese a su insistencia en que «no había cometido ninguna falta y en que desconocía el comportamiento delictivo de Epstein».

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