CHIMENTOS
De Flores al estrellato: Lorena Vega, la mujer que rompió el molde y encarnó personajes inolvidables

La noche de los premios Martín Fierro dejó en la memoria un momento inolvidable: Lorena Vega, artista forjada en el teatro y la televisión, se consagró como actriz, directora y flamante ganadora del máximo galardón argentino a la labor en series. La ovación del público acompañó su sonrisa y las palabras sencillas que le brotaban.
Lorena nació en el corazón del barrio de Flores, Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1975, entre perfumes a papel recién impreso, los sonidos de las tijeras al deslizarse entre telas y el cansancio en los rostros de una familia trabajadora. Su padre, Alfredo Vega, sostenía el pulso de una imprenta en Lomas del Mirador; su madre, Eugenia Díaz, había viajado desde Formosa y encontraba poesía en las costuras. Sus hermanos, Sergio, quien heredó la tintura de tinta en las manos, y Federico, contador, cierran una infancia de oficios, de labor callada, donde el arte parecía una palabra lejana.
Todo cambió a los quince años. Fue un gesto pequeño: acompañó a una amiga a una clase de teatro en el centro cultural de la Escuela Artigas, bajo la guía de Marta Silva. Nadie presagiaba la magnitud del paso. “Modelo de madres para recortar y armar”, sería la puerta de entrada en 1992. “Sobre el escenario era capaz de sentir lo inexplicable.” Desde entonces, el deseo de entender y perfeccionar encendió una búsqueda incesante.
No hubo descanso en la formación. Se sumergió en la escuela de actuación de Nora Moseinco, donde absorbió cada lección. Después, la curiosidad y la pasión la llevaron a los talleres de Guillermo Angelelli, Ciro Zorzoli, Alejandro Catalán y Matías Feldman. El deseo de escribir también rugía. Tomó entonces clases con Mauricio Kartun y descubrió la fuerza de la palabra, el poder de construir y develar universos enteros con la dramaturgia.
El salto al escenario profesional llegó en 1997. La obra “Ante boda”, dirigida por Moseinco, marcó su debut. Quien fuera su maestra la eligió porque había visto en Vega una entrega “incuestionable”. Aquella joven ya no dudaba: el teatro era su casa.
Pasaron años y trabajos. La escena la reconoció una y otra vez, primero en los círculos independientes, después en los escenarios más grandes y, finalmente, en la pantalla. El Martín Fierro fue el eco de ese recorrido silencioso y a la vez tan elocuente. “Estoy muy contenta. Lo que yo siento es que hay como… un apoyo y una alegría generalizada. Lo siento un poco colectivo también. Eso me gusta mucho. Me parece que… no sé cómo sería de otra manera,” le confesó emocionada a Teleshow.
Esa alegría desbordó el teatro y la televisión. Días después de la premiación, continuaba resonando en decenas de mensajes, miradas y abrazos compartidos. “Hoy siento muy acompañada. Hay como mucho para compartir, muchos mensajes, gente contenta, como una lectura general respecto de que es algo que, más allá de estos trabajos puntuales que fueron los premiados… hay una sensación de reconocimiento a un trabajo previo.” El premio reconocía no solo un papel, sino el trayecto; el esfuerzo sostenido, la pasión trenzada con oficio.
Ahora, cada aplauso en el escenario, cada palabra dicha en voz alta, cada día de ensayo y de estudio, encuentra sentido en este momento comunitario. El verdadero triunfo es el abrazo, la red tendida entre familia, maestros, colegas y público. “¿Cómo sería de otra manera?” La pregunta se cuela una y otra vez, porque para Lorena Vega —actriz, hija de obreros, hermana, estudiante perpetua— la respuesta es clara: imposible imaginarlo de otro modo.
—¿Sentís que este premio es especial?
—No es mi primer premio, pero sí, mi primer Martín Fierro. Una lectura, generalizada respecto de que es algo que, más allá de estos trabajos puntuales, que fueron los premiados… El trabajo con las tres series, me genera una sensación de reconocimiento a un trabajo previo. Mucho apoyo, mucho para compartir, mensajes de gente contenta, feliz.
—¿Cómo vivís esto de que, después de la serie, fuiste más conocida y popular?
—Bueno, yo soy una persona que me siento del campo popular, entonces la mirada popular, generalizada, abierta, digamos, la cuestión de que todos los ojos vamos a ver algo, lo mismo, creo que es lo que me gusta también. Y viceversa, quiero decir, entonces, que yo puedo hacer algo que pueda ser visto por un montón de gente, me parece que está rebueno. Yo lo recibo y lo habito con alegría.
—Hay actores que prefieren la reserva y no quieren transitar la popularidad. ¿Cómo ves esos caminos?
—En principio, me parece que los caminos son diversos, que… está perfecto que alguien no quiera tomar ese u otro camino. Son resonancias diferentes, es un camino artístico y puede ir por distintos lugares. El único camino no es el de la popularidad. Así que respeto totalmente.
—¿Nunca sentiste resistencia ante la exposición masiva que traen ciertos proyectos?
—No, para nada me resisto. Porque me parece que… todo nutre, está bueno que exista el intercambio, es fundamental. Hay algo que a mí me dio pena no haber dicho, el día que recibí el premio, fueron los nervios, la emoción, me hubiese gustado nombrar que estaba orgullosa de haber participado en tres series que cuentan historias de mujeres, desde distintos puntos de vista, de diversidades, nombrar a mis compañeras en el barro, nombrar a ese colectivo hermoso.

—¿Cómo fue trabajar junto a actrices de perfiles tan variados en estas series?
—En “En el Barro”, en particular hubo una conjunción de actrices de distintos orígenes, distintos pueblos, distintas trayectorias típicas. Eso me parece que fue muy, muy multiplicador, enriquecedor desde todo punto de vista.
—¿Sentís que esa mezcla genera algo distinto para el público y para ustedes?
—Un buen ejemplo del encuentro entre actrices de los más diversos mundos: actrices consagradas, de la ficción tradicional, de la ficción más nueva, del deporte, de la canción, de la música popular, de la música experimental como Juana Molina. Es una explosión.
—¿Pensás que este cruce es una oportunidad para renovar miradas en la ficción?
—Es renovador, hace que las cosas cambien, que no hagamos siempre lo mismo en el mismo lugar. La oportunidad de trabajo y de renovación, no repetirse, enfrentarse a nuevos desafíos.

—¿Cómo ves hoy la relación entre el mundo del teatro y lo audiovisual en la Argentina?
—Yo creo que cada vez menos… Veo mucho intercambio, como mucho ida y vuelta entre actores que hacen teatro y que trabajan en lo audiovisual y viceversa. Por lo menos desde hace una década larga atrás, incluso más, me parece que eso se puebló bastante.
—Ejemplos de compañeros y compañeras que cruzaron de un ámbito a otro?
—Diego Cremonesi era un compañero mío de teatro… que se incorporó muy bien en el audiovisual. Y así te podría nombrar un montón de amigas y compañeras. Paola Barrientos era mi compañera, ensayamos obras juntas. Como que hace rato que me parece que hay ida y vuelta.
—¿Sentís que el audiovisual ofrece suficientes oportunidades a quienes vienen del teatro?
—Vivimos en un país que tiene una tradición teatral muy grande. Hay mucha gente haciendo actuación, haciendo teatro. Eso sí es cierto: hay toda una circulación de actrices y actores que no todos están en el audiovisual ni están en la disposición que les puede dar una plataforma. Pero porque además estamos en un momento de producción audiovisual más acotado. Sabemos que hay un cambio grande con las políticas públicas, del INCAA.

—¿Sentís que hay falta de oportunidades o también es una elección?
—Para la cantidad que estamos haciendo entiendo que se ve poco, pero a mí no me parece que es falta de oportunidad y espacio de trabajo. A veces son decisiones escénicas y estéticas también, sin duda.
—¿Por qué sos actriz?
—Realmente encontré en la actuación un sentido a la vida. Es el lugar donde, justamente ligado a lo que venimos diciendo, sé poder ver las cosas desde otro lugar. Para mí la actuación es un camino de autoconocimiento, es como un buceo al espacio interior. Es un espacio expresivo donde podés manifestar de un modo que no sabías que podías.
—¿A qué edad empezaste a actuar?
—A los quince empecé a tomar clases de teatro, en un centro cultural gratuito en el barrio de Flores. Fui por casualidad, porque una amiga me dijo: ‘Che, hay clases gratis de todo’. Y fuimos juntas.
—¿Tenés en la familia artistas?
—No. Tengo una tía, Lucrecia, que siempre bailaba muy bien. Mi familia paterna es de acá del conurbano bonaerense, mi abuela es de Río Gallegos, mi mamá es del norte. Actriz o actores no había. En la familia de mi papá les gustaba mucho el tango. Eran fanáticos del cine, pero no más que eso. Así que de repente es como que un poco yo rompí el molde, entrando al teatro.
—¿Y tu amiga, la que te invitó a estudiar, siguió con el teatro?
—Creo que no… ella cantaba. Después de un tiempo nos dejamos de ver, pero bueno, yo seguí todo el tiempo con mis clases de actuación.
—¿Por qué creés que el personaje en Envidiosa causó tanto impacto en la gente?
—Por un lado todo lo que voy pensando tiene que ver un poco con lo que voy escuchando. Con lo que me va llegando. Se podría dividir un poco en eso, en el comentario del público. El público me dice que identifica mucho con ese momento más íntimo, confeccionar lo que genera la terapia.
—Muchos hablaron del modo en que construiste desde el silencio. ¿Eso fue algo planeado?
—Sí, el menos es más era contundente, a rajatabla. En algunas escenas por ahí tenía más texto y yo me quitaba texto, le proponía al director, porque me parecía que era mejor… Que ella quede más escuchándose a sí misma y no tanto teniendo que responderme a mí.
—Me comentaste que recibiste muchos elogios de terapeutas…
—Sí, recibí muchos elogios de terapeutas, cosas que me parecieron alucinantes, me decían y me escriben en mi Instagram: ‘Gracias por hacer quedar bien a la profesión’, ‘Gracias por el respeto con el que nos interpretaste’, ‘Qué bueno que se hizo de este modo, que así se ve la terapia o la consulta o el espacio terapéutico’. Incluso alguno me dijo: ‘Soy psicóloga, no tan buena como vos’.”
—¿El vínculo con Griselda fue parte de la clave de esa química en cámara?
—Con ella tomamos muchas decisiones actorales respecto de la composición rítmica. Teníamos mucha escucha, un abordaje de esas escenas desde lo rítmico. Era, una canción, pero teniendo mucho sentido. Ella iba a hablar mucho y en un momento yo iba atrás o viceversa. Le daba mucho swing a la escena.
—¿Cómo fue el trabajo con los distintos directores a lo largo de las temporadas?
—La primera temporada la dirigió Gabriel Medina, la segunda Fernanda Heredia y la tercera Daniel Barone. Con cada director todo se podía hablar y nos daban mucho espacio para sumar nuestras propuestas. Barone le dio una vuelta de rosca a esto, fue más a fondo en la sensibilidad y el trabajo, en los aspectos más desarrollados hacia adentro del personaje.

—Trabajaban las escenas como si fueran una obra de teatro, con improvisación y libertad…
—Sí, actuábamos las escenas de principio a fin, sin cortes. Si la cámara nos agarraba a las dos de perfil o en primer plano, hacíamos la escena completa. Había una sensación de recorrido por la consulta, podíamos hacer ese viaje actoral casi como si fuese una obra de teatro. Y además, las dos somos improvisadoras: seguíamos el texto, pero si algo surgía improvisado, ninguna se detenía.
—¿Todo el equipo acompañaba esa dinámica?
—El área de montaje fue superimportante, le dio mucha intimidad a nuestras escenas. El consultorio, el ajedrez gigante en el medio de la mesa, todos los detalles de arte acompañaban esa búsqueda estratégica, todo para construir ese universo más minimalista, pero potente.
—Era un personaje muy distinto a vos, ¿no?
—Para mí no era fácil lo que tenía que hacer, porque si vos me conocés en persona, yo me expreso mucho con las manos, me muevo con los ojos. Retener y componer esa personalidad más austera, más minimalista, de movimientos físicos estratégicos… era complicado. En la vida soy más deportiva, más rockera, y ahí estaba totalmente recta y derecha, pulcra. Muy difícil, pero ese era el desafío que construía ese otro universo.
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Noelia Marzol recordó el día en que su esposo canceló su boda 24 horas antes de la ceremonia: “Tenía una ira tremenda”

Desde el día en que se conocieron, Noelia Marzol y Ramiro Arias comenzaron a vivir una historia de amor que no tiene fin. En el transcurso de la misma, la bailarina y el exfutbolista tuvieron dos hijos, inmortalizando su amor y afianzando aún más su vínculo. Sin embargo, no todo fue color de rosa. Este sábado, la actriz recordó el insólito momento que atravesó en su relación cuando el deportista le pidió cancelar su casamiento tan solo 24 horas antes.
Todo comenzó cuando la bailarina asistió al programa de Mirtha Legrand y recordó dicho momento. “Me canceló el casamiento Mirtha, 24 horas antes. Era en época de pandemia, era bastante más complicado organizar un casamiento, era con un grupo muy reducido de personas, al aire libre, recién estábamos saliendo de esa etapa. me costó mucho conseguir el turno en el registro civil, Todo lo que conllevaba casarse apenas se levantaba la cuarentena”, comenzó diciendo Marzol.
Luego, Noelia procedió a contextualizar la época en la que sucedió el hecho. “Yo estaba haciendo Sex en ese momento de José María Muscari y estaba por arrancar la segunda función y entró mi marido al teatro, lo cual ya era bastante dudoso porque él solía venir, pero un sábado a la noche, ya tarde, que él entra al teatro con cara de pánico. Entonces, él es muy transparente con todas sus expresiones”, relató la joven.
La actriz resaltó que la expresión de su pareja le llamaba mucho la atención y recordó cómo fue que este le pidió suspender el compromiso: “Le dije, ¿qué te pasa? Contame ya qué te está pasando porque se te nota demasiado de la cara que me venís a dar una mala noticia. Decime, !¿mi familia está bien?“. ”Sí, están todos bien, no te preocupes. Pero bueno, mañana no nos podemos casar. Todo listo. Yo estaba embarazada encima, lo cual implicaba también que el vestido ya no me iba a entrar“.
Fue entonces cuando Marzol explicó el argumento de Arias para su decisión: “El tema era que al otro día iba a jugar el partido por el ascenso, que en Nacional B son los partidos en donde sacan lo lo mejor y lo peor de cada uno, porque se juega la vida ahí. El que gana asciende a primera y el que no, sigue jugando en la B. Entonces, me dijo: ”No puedo faltar, no puedo faltar a este partido. Necesito jugarlo. Nos tenemos que ir a Rosario».
“Una locura total. Le dije: ”¿Pero cómo me venís a plantear esto? ¿Cómo no se lo dijiste al técnico antes?“. ”No, bueno, surgió así“. Así que fue muy gracioso porque me acuerdo que mi mamá me vino a consolar porque yo estaba retriste en casa, se fue a Rosario a jugar ese partido y me acuerdo que estábamos mirando el partido con mi mamá y las dos tipos así de la mano agarradas diciendo: ”Ojalá pierdan y no ascienda». Y fue un partido encima eterno, porque hicieron alargue, entonces alargaron dos veces el tiempo, fueron a penales. La primera rueda de penales salió empatado, tuvieron que extenderlo de vuelta. Él pateó penal y así, pero comiéndome las uñas, ¡ay, que no entre! ¡No, metió el gol! Así que recuerdo todo eso entre un poco de angustia y gracia, porque después pasó el tiempo y bueno, fue una situación superanecdótica», comentó la joven.

“¿Pero ascendió o no ascendió?“, quiso saber una de las invitadas de Mirtha. Rápidamente, y con alegría, Marzol dijo: ”No ascendieron, ¡no, obvio! Con la energía que estaba tirando. Era muy importante para él, pero, bueno, yo estaba con una ira tremenda. Así que, bueno, después de eso volví a casa y le dije: “Bueno, ahora si te querés casar conmigo, vas a tener que volver a organizar todo vos. Llamás a la modista para que arregle el vestido, llamás a los invitados, sacás el registro de vuelta sin él”.
Marzol reconoció que el enojo y la decepción fueron inevitables entonces, aunque esa experiencia, con el paso del tiempo, se transformó en motivo de humor al recordarla con su pareja.
En su presente, Marzol comparte en redes sociales aspectos de su vida familiar junto a su hijo Donatello, de cuatro años. Recientemente, durante unas vacaciones en Mar del Plata, el niño sufrió un contratiempo al tener contacto con una aguaviva en la playa. Marzol “aplicó primeros auxilios” usando crema calmante y documentó el incidente para alertar a otros padres sobre los riesgos habituales en el mar.
Hoy, Marzol asume los desafíos cotidianos del hogar y de la pareja con una mirada práctica, dispuesta a improvisar y a aprender de cada episodio inesperado que trae la vida familiar.
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Ricky Martin y Juan Castro, el romance clandestino que marcó los 90 y terminó con un final trágico: «Era una relación a distancia»

Un touch and go y todo pasaba por Miami. O a escondidas en Buenos Aires, cuando las cuatro paredes de un hotel eran testigos de una pasión desbordante y desmedida en el apogeo de los años 90. Lo de Ricky Martin y Juan Castro fue de esos amores que no se explican en palabras, que solo lo entienden quienes los viven. Porque a veces los sentimientos se comprenden cuando se desarrollan en acciones. En lo que generan. Y así fue entre ellos: un hilo rojo conectaba al cantante puertorriqueño con el periodista argentino. Como bien le dijo Ronnie Arias a Paparazzi: “Habría que haber estado en esas sábanas”.
El final de uno de sus protagonistas fue trágico. El verano de 2004 quedó marcado por la dramática muerte de Juan Castro. El periodista cayó desde el balcón de su departamento en Palermo y, tras pasar tres días en terapia intensiva, falleció con apenas 33 años.
El shock de la noticia fue total; la farándula argentina quedó consternada. El mundo habló del inesperado desenlace que tuvo un joven y talentosísimo periodista argentino. A escondidas, Ricky Martin transitaba en absoluta soledad uno de los dolores más grandes que debió enfrentar, una herida que hoy sigue abierta por lo que Juan marcó en su vida, en su camino, y en especial, en su descubrimiento personal.
Quienes conocieron el costado íntimo del cantante y el periodista confirman que el amor existió. Ricky estuvo muy enamorado de Juan, a punto tal que si alguno de los dos viajaba, ya sea a Buenos Aires o a Miami, coordinaban para encontrarse. Su relación era especial y no solo se reducía a una noche: era un vínculo amoroso (y muy fogoso) a la distancia. El boricua hacía de todo para verlo. Incluso llegó a esconderse en el baúl de un auto para colarse en un hotel y no ser visto por la prensa.
«Fue una linda persona y un gran profesional. Lo recuerdo con mucho amor y mucho cariño”, fue una de las pocas frases, por no decir la única, en la que Ricky se animó a confesar y reconocer que existió un vínculo con Castro.
El hermano mellizo de Juan, Mariano Castro -que falleció en octubre del 2025, a los 54 años-, llegó a decir, en una nota con El Trece, que simplemente «eran dos pibes” y “se cagaban de risa”. Pero en aquella época la sociedad era otra. Si bien Juan era un adelantado, que llegó a los medios para deconstruir y romper tantos prejuicios que existían sobre la homosexualidad, eligió seguir la postura de Ricky Martin, quien era toda una estrella mundial: recién en el 2010, y con una carta pública, el músico confesó su verdadera orientación sexual. “Cuánto tabú había en los 90 con eso de ser gay«, destacó Mariano Castro en relación a cómo su hemarnó vivió este romance oculto.
Ronnie Arias, uno de los pocos testigos de la pasión que existió entre Castro y Ricky, contó en una entrevista cuál era el modus operandi de dos jóvenes que se permitieron vivir una pasión desmedida, con sus corazones conectados en un mismo camino.

“Lo de ellos fue un flechazo. Yo no los presenté. Yo lo que fui es testigo de un par de salidas de ellos y cubrí la entrada a algunos hoteles… Se escondían. A Ricky lo metíamos en el baúl del auto al hotel”, recordó el actor, que en ese momento formaba parte de la señal E! Entertainment.
En este romance clandestino, era el boricua quien tenía los sentimientos más a flor de piel: “Siempre digo que Ricky estaba más enamorado de Juan. Era imposible no enamorarse de Juan: era energía pura -sentenció Ronnie-. Creo que era una relación a distancia, una relación en plazos. Venía Ricky, se veían. Juan viajaba a Miami, se veían. Era un touch and go, nunca fueron pareja”.
Sin haber formalizado su vínculo, tan solo disfrutando de un flechazo de dos personas que tuvieron la fortuna de coincidir, vivieron, percibieron y atravesaron el desarrollo del amor. En el 2001, Castro marcó un precedente al animarse a contar, con total naturalidad, cuál era su elección. Así lo replicó durante una entrevista en Sábado Bus.
“Lo que tenía que ser un secreto, ni yo sentía que fuera algo que estaba mal en mí lo que hacía entre cuatro paredes de mi dormitorio, y porque también se me cantó decirlo. Lo que generó en los otros es un tema de los otros. Lo que más me gustó fue que esa semana mi viejo me llamó y me dijo: ‘Vos sos un valiente’”, destacó Juan.
Como tantas historias que marcaron a fuego a una generación, lo de Ricky Martin y Juan Castro quedó suspendido en el tiempo, envuelto en silencios, secretos y un contexto que no permitía vivir el amor con libertad. Fue intenso, real y profundamente humano, atravesado por el miedo, la pasión y las limitaciones de una época que obligó a esconder lo que hoy podría decirse sin culpa. Juan se fue demasiado pronto y Ricky siguió su camino, pero ese hilo rojo del que hablan quienes los conocieron nunca se cortó del todo: permanece en la memoria, en los gestos no dichos y en la certeza de que, aun a escondidas, hubo un amor que existió y dejó huella.
Ricky Martin, Juan Castro
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Sofí Morandi se prepara para un nuevo desafío en su carrera: “Siempre soñé con hacer esta obra”

El reloj marca las horas previas al debut y Sofi Morandi se detiene frente a la oportunidad largamente anhelada: Las Cosas Maravillosas retorna a la cartelera de Buenos Aires, y esta vez el deseo se convierte en realidad. “Siempre soñé con poder hacerla, cada vez que iba a ver una función me imaginaba ahí”, confiesa la actriz a Teleshow. Y se dispone a hablar del proyecto con que se estrenará este lunes 2 de febrero en el Metropolitan y con el que se propone llegar al menos hasta abril.
“Es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas”, define Morandi a horas de que se levante el telón. Y desde su sencillez, ese concepto abre un juego tan personal como infinito. Los nervios y el entusiasmo no se disipan al subir a escena y cada función propone una apuesta inédita en su recorrido como actriz: la cercanía con el público y la construcción colectiva de una experiencia luminosa, en el rol de narradora de una trama conmovedora, bajo la dirección de Mey Scapola.
Morandi encara este desafío después de pasar una larga estadía en Uruguay, donde participó en la filmación de la tercera temporada de Porno y helado, la serie dirigida y protagonizada por Martín Piroyanski. La actriz describió el rodaje como una suerte de “viaje de egresados”, ya que el equipo uruguayo y los actores argentinos habían generado un ambiente de confianza y diversión a lo largo de los años.
“Fue una experiencia hermosa” sintetiza sobre su experiencia en un destino cada vez más visitado por las producciones locales. Y ahora se prepara para un desafío distinto a todos los que experimentó en su carrera como actriz. Una suerte de unipersonal interactivo, una terapia colectiva con protagonistas itinerantes, que invita a la reflexión y a la sensibilidad escapando a los lugares comunes.
—¿Cómo te llegó la propuesta para sumarte a esta obra?
—La propuesta me llega a través del productor Tommy Rottemberg y la directora Mey Scápola y es una obra que ni bien la vi la primera vez con Peter Lanzani, me encantó. Después la vi un montón de veces con diferentes protagonistas: Franco Massini, Cande Vetrano, Natalie Pérez, Fer Dente. Me fascinó porque es muy distinta a las otras obras que había visto, me imaginaba que podía ser una obra re linda para hacer, pero no me sentía preparada o segura y no tenía ninguna propuesta todavía. Y finalmente esa propuesta llegó.

—¿Por qué sentís que es una obra distinta a las demás?
—Tiene como un misterio alrededor…se genera una interacción con el público, que es muy importante, es como una especie de experiencia teatral. Eso la hace súper original y, a la vez, el libro es algo muy tierno, tiene momentos de humor, de comedia, y también de reflexión. La gente es parte de la obra, literalmente hay sillas arriba del escenario, y como las salas en el Multiteatro son chicas, es más íntima y se genera algo colectivo, muy emocionante y novedoso.
—¿Qué te produjo la primera vez que la fuiste a ver?
—Me produjo asombro, sorpresa, porque no esperaba ser parte. En un momento me encontré participando de la obra. Si bien el público no es protagonista, todos estábamos ayudando al narrador a contar la historia. Desde ese momento, te sentás en la butaca y entendés el registro, decís: “Estamos todos acá escuchando lo que tiene para contar la narradora”. Eso me gustó. Después me generó mucha ternura. La obra tiene un lado muy luminoso de la vida. Si bien habla de suicidio, depresión, salud mental, no va al golpe bajo. Y cuando termina, te vas contento.

—¿Cómo fue el proceso de ensayos y el trabajo con la dirección de Mey Scápola?
—Por suerte ya conocía a Mey, la admiraba mucho como actriz, me parecía un diez. No la conocía como directora y la verdad es que hizo el proceso muy claro. Es muy decidida a la hora de expresarse, que es algo que tienen los directores que también son actores, y a mí me gusta ser dirigida por gente así, porque sabe cómo expresarte lo que quiere ver arriba del escenario. No te dice cómo hacerlo, pero te sabe guiar. Así que me sentí súper contenida y fue muy lindo el proceso. Después vino el desafío de estudiarme toda una letra, porque es una hora hablando yo sola. Entonces, hasta no aprenderme de memoria la página uno, no pasaba a la página dos. Y así hasta la 60.
—¿Cómo vivís el recorrido desde tus inicios como influencer hasta esta etapa en el teatro?
—Estoy súper agradecida con eso y no de un lado egocéntrico, sino sincero. Y orgullosa de seguir esa necesidad de hacer cosas o de escucharme qué tengo ganas de hacer y qué no, según el momento. Hace unos años no estaba lista para hacer esta obra, pero este año me sentí lista dentro de mi cabeza. Esto es algo que nunca hice, es un desafío, es algo nuevo, voy intentando llenar la mochila con más herramientas y soy medio ñoña con esas cosas. Siempre pienso los proyectos en base a si me va a hacer crecer, si me gusta, si me divierte. Divertirme lo priorizo también, aunque suene naif. Y así, sigo eligiendo.

—Se te ve desbordante de felicidad con esta nueva etapa…
—¡Ay, sí! Muy feliz y también muy nerviosa (risas).
—¿Qué significa para vos “Las Cosas Maravillosas”?
—Para mí es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas.
—¿Cómo cuáles?
—Como, por ejemplo, sabe cuál es el tango favorito de tu abuelo.
*Las cosas maravillosas. Estreno lunes 2 de febrero en el Metropolitan, Corrientes 1283. Funciones viernes y sábado
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