POLITICA
Urgencias del mileísmo refulgente

Cuando las curvas de popularidad de unos y otros se cruzan es el momento en que se produce el comienzo del cambio de ciclo político. A partir de ahí, la fuerza política ascendente está obligada a sostener el ritmo y la velocidad de subida, mientras que el espacio declinante tiene el imperativo vital de frenar su caía. Si el primero lo logra y el segundo no puede detener su descenso se termina por reconfigurar el mapa del poder y se abre el paso para la construcción.
En ese punto crucial se encuentran hoy el mileísmo y el perokirchnerismo. Por eso el oficialismo libertario está en plena aceleración, como un jet que acaba de despegar para alcanzar la altura crucero que lo lleve a consolidarse en la ruta y llegar a sus objetivos, estimulado ahora por la incapacidad de la principal fuerza opositora para oponerla alguna resistencia efectiva. Ese un momento crítico. La saben los pilotos.
En este escenario, Patricia Bullrich disfruta de su rol (tan esperado) de ser el Terminator parlamentario del peronismo y blande la espada de la reforma laboral para darle un golpe letal en el menor tiempo posible y mientras los seguidores de Juan Perón y Cristina Kirchner (que a veces coinciden) no lograr recuperarse de la derrota, la confusión, la fragmentación y los enfrentamientos internos.
Eso explica el objetivo de que el ambicioso proyecto se apruebe en Senado antes de fin de año. La exministra pretende dar en menos dos semanas ese paso que intentaron y no lograron superar los tres gobiernos no peronistas que precedieron al de Javier Milei, al cual ahora sirve. No es un hecho menor que a cargo de esta misión esté alguien que ya fue parte de dos de las frustradas tentativas anteriores y que en su trayectoria de más de medio siglo haya pasado de una punta a la otra del espectro político, sin contradecirse, aunque sus creencias, compañías, metodologías y objetivos mutaran radicalmente. Experiencia no le falta. Determinación, menos. Es la hora de los resultados.
En la profundidad y amplitud de la reforma que el Gobierno presentó esta semana se encierra el principal desafío que tiene Bullrich. Por eso, ella no repara demasiado en la capacidad de resistencia que pueda oponerle el peronismo en esta instancia. Eso ya lo tiene contabilizado. Conoce tanto el número de los que se no se moverán del rechazo como el de los que ya están o al final terminarán estando del lado de los que entregarán quizá el último cimiento del edificio del poder y la transformación socioeconómica de la Argentina que construyó hace 80 años Perón.
“Yo quiero y creo que puedo lograr que el Senado apruebe la ley antes de fin de año y para eso tengo algunas fichas para intercambiar y terminar de sumar los 37 senadores necesarios para dar quorum y para conseguir la media sanción. Pero hay que tener por los menos un par de votos más asegurados porque siempre se puede caer alguno, más durante el debate”, le dijo la exministra de Seguridad durante la semana pasada a varios interlocutores de las bancadas oficialista y aliados así como a algunos representantes del sector empresario que apoyan y esperan con ansiedad que concrete su meta.
En la mira de la preocupación de Bullrich el lugar más prominente lo ocupan los diez senadores del radicalismo. El hiperatomizado partido es tanto un campo fértil para las pretensiones del Gobierno como un incierto rompecabezas. El olfato político de la líder del oficialismo en el Senado parece funcionar afinadamente y contar con buena información.
Con diferencia de pocos minutos, las prevenciones expresadas por Bullrich sucedían a la advertencia hecha por uno de los más destacados miembros del bloque de senadores de la UCR.
“No creo que consigan el número antes de fin de año, es demasiado ambicioso y amplio el texto de la reforma. No solo termina con muchas normas del derecho que afectan demasiados intereses sino que también tiene un capítulo fiscal de muy amplio espectro y afectación. Eso puede acercar a actores que están y han estado históricamente en espacios divergentes”, advirtió el experimentado legislador, que suele cultivar el perfil bajo, tanto como evitar corsets partidarios, lo cual le permite interactuar con todos las tribus de su bloque.
Esa posible convergencia de diferentes actores e intereses, que el politólogo Ernesto Laclau conceptualizó como “cadena de equivalencias”, es lo que, precisamente, intenta obturar el oficialismo con Bullrich como ejecutora. De allí el vértigo impreso a la medida. Prima la idea de que toda dilación juega en contra de la consecución, así como de la integridad, del objetivo. La foto de hoy no necesariamente puede ser la película de mañana, más cuando subsisten demasiadas fragilidades que pueden afectar el clima imperante. Aun cuando hasta en el kirchnerismo dan por hecho que una reforma terminará aprobándose. Pero los matices cuentan.
Los cuestionamientos más o menos férreos de sindicalistas, dirigentes peronistas y de izquierda, jueces del fuero laboral, abogados laboralistas hasta las observaciones de la pequeña y mediana empresa componen el variopinto colectivo que quiere discutir varias de las premisas y normativas que, en cambio, el Gobierno y los grandes grupos empresarios desean ver a aprobadas sin mayores discusiones, cambios ni demoras.
La duda que empieza a instalarse es si las fichas intercambiables que tiene en su poder Bullrich, otorgadas por el Presidente y hasta con la anuencia del maximalista ministro Federico Sturzenegger serán suficientes, sobre todo para sumar esos cuatro o cinco senadores que necesitan para llegar al quorum y la media sanción, y que todavía no están asegurados.
Los colaboradores de Bullrich afirman que solo le falta un par de legisladores para conseguir que la reforma se apruebe antes de fin de año. En principio, cuentan a los 21 senadores que integran el interbloque oficialista y los tres de Pro, a los que aspiran a sumar la mayoría de los diez radicales, la tucumana Beatriz Ávila, los dos que responden al gobernador catamarqueño Raúl Jalil, los dos tucumanos de Osvaldo Jaldo, y al correntino Carlos “Camau” Espínola, que navega la ola de presiones, como buen windsurfista, y dilata definiciones. Los nombres de quienes Bullrich considera tener asegurados de todos ellos se tratan de conservar a resguardo de infidentes y de tentaciones. Lo mismo que las “fichas de recambio” de las que habla la senadora.
En este escenario, los tiempos del mileísmo refulgente son muy distintos que los del peronismo decadente, aunque coinciden en sus urgencias. Uno por consolidarse y el otro por tratar de ponerle un freno al tobogán en el que se desliza que no sea el arenero. En uno y otro lado están de acuerdo sobre el momento crucial que atraviesan.
El peronismo, pero sobre todo el kirchnerismo, advierte y asume que si el proyecto oficialista se termina sancionando sin mayores cambios ni tropiezos el fin de la mayor fuerza política de los últimos 80 años y el espacio dominante de las primeras dos décadas del siglo XXI podría estar más cerca que nunca. “Si esto pasa, en el certificado de defunción del peronismo figurará entre varias causales del deceso la reforma laboral mileísta, aunque está claro que ya venía con demasiadas comorbilidades por daños autoinfligidos”, dice con ironía forense un ácido observador.
Por eso, de apuro, el kirchnerismo intenta elaborar un proyecto alternativo con más destino de estrategia de marketing político que capacidad y eficacia para ser objeto de debate parlamentario. Casi una iniciativa testimonial. A eso se reduce en este instante lo que fue la fuerza hegemónica del principio del siglo XXI.
Demasiado se demoró el peronismo en general y obturó el kirchnerismo en particular en ofrecer alguna renovación eficiente al corpus legal que regula las relaciones laborales nacionales, entre otras muchas distracciones respecto de una realidad que se negaba a ver. No escapa a nadie que la legislación del trabajo vigente tiene muchos aspectos extremadamente obsoletos y que ha sido incapaz de evitar los efectos nocivos que las crisis y transformaciones económicas, tecnológicas y sociales han tenido para los trabajadores. Y, en algunos casos, ha sido propiciador, por defecto y rigidez, de muchas de las inequidades que tiene hoy un sistema en el que la mitad de los trabajadores está en la informalidad y buena parte no consigue empleo.
“Cristina [Kirchner] hace rato que viene hablando de la necesidad de una reforma laboral, que, obviamente, no es esta, y en eso estamos trabajando”, dice uno de sus principales voceros. Para avalar su afirmación recuerda que en la primera carta pública, emitida en febrero de 2024, ya hacía mención a eso, así como a impulsar una reforma educativa y a ocuparse de la inseguridad. Es tan cierto eso como que nunca propició un abordaje diferente y renovador durante los años de hegemonía kirchnerista.
Al mismo tiempo, el sindicalismo peronista se divide en dos. Por un lado, los que integran el grupo de los dialoguistas, dispuestos a negociar y aceptar algunas de las propuestas del oficialismo, a cambio de algunas concesiones (probablemente las “fichas” de Bullrich). En ese espacio está la cúpula cegetista, que responde a los (¿ex?) poderosos “Gordos”.
En la vereda de enfrente se enrolan lo que son parte del kirchnerismo, o afines a ellos, como los de la CTA. En este espacio enarbolan un aparente espíritu reformista, que les evite el mote de dinosaurios, aunque las reformas que proponen y que dicen estar dispuestos a avalar se ubican tan en las antípodas de lo que impulsa el Gobierno, que parecen una declaración de guerra.
Por ejemplo, el Gobierno procura recortar beneficios y derechos que considera trabas o abusivos para las contrataciones y las inversiones, como la flexibilidad horaria y vacacional. En tanto, la CTA impulsa ampliaciones de derechos, del tipo de reducción de la cantidad de horas semanales de trabajo, ampliación de licencias o la inclusión de los trabajadores de aplicaciones en el régimen vigente. Los polos no pueden estar más distantes.
“Es lógico que las diferencias sean tan marcadas: hay demasiada desconfianza y el proyecto presentado es demasiado regresivo, tanto que no solo no reconoce sino que potencia la asimetría existente en la relación entre trabajador y empleador en favor de este”, justifica el presidente de la Asociación Latinoamericana de Abogados laboralistas y asesor de gremios como la combativa Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Matías Cremonte.
La posibilidad de que haya un punto de convergencia entre esas posiciones no solo asoma utópica, sino que la oposición radicalizada es celebrada por el oficialismo, aunque la polarización pueda parecer funcional para ambos contrincantes.
El Gobierno goza en este tema así como en otros que enarbola de un apoyo (o tolerancia) social como no tuvo ninguno de los gobiernos anteriores que intentó una reforma laboral desde 1983. Por el contrario, sus oponentes lucen más desacreditados que nunca. Eso explica que la CGT haya anunciado como plan de resistencia un trío de medidas que solo en un incierto futuro contempla la acción directa, es decir, la movilización y el paro general. Los tiempos del cegetismo que desestabilizó a Raúl Alfonsín son una imagen prehistórica.
Sin embargo, aunque el Gobierno prefiere no asumirlo sabe que hay demasiadas fragilidades y problemas en la economía real que están impactando en la vida cotidiana de muchos argentinos. Aún si saliera bien, el empalme que propone entre el viejo y el nuevo país dejará demasiados afectados en su tránsito y eso podría modificar el clima de tolerancia y aceptación social que ahora tiene. Por eso apura los tiempos.
Mientras tanto, hay otra mesa donde en simultáneo se juega parte del destino o los tiempos de la reforma laboral y del resto de las transformaciones estructurales que pretende y necesita hacer. La discusión por el presupuesto 2026, en Diputados, es mirada con mucha atención por los gobernadores y los senadores que deben terminar de asegurar el número para que se apruebe la “modernización laboral”, como le gusta llamarla el Gobierno. Ahí también deberá haber “fichas” para intercambiar, como las que dice tener Bullrich.
El reloj corre y marca el tiempo del refulgente oficialismo, tanto como el del peronismo declinante. En medio, transcurre gran parte de la suerte del país.
Claudio Jacquelin,Conforme a
POLITICA
Con su presentación en el Foro de Davos como primer viaje confirmado, Milei delinea su agenda internacional para 2026

Luego de un intenso año electoral, con fuertes altos y bajos, el presidente Javier Milei delinea su agenda internacional para el 2026, que incluirá una nueva presentación en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, otra cumbre con su par de Estados Unidos, Donald Trump, y el impulso de una alianza de líderes de derecha.
El libertario confirmó su participación en la edición de Davos de 2026, que se llevará a cabo entre el 19 y el 23 de enero. Será la tercera vez que Milei participe del encuentro que reúne cada año a líderes políticos, empresarios, académicos y referentes de la sociedad civil de todo el mundo.
Leé también: El Gobierno aprovechará enero para negociar los apoyos que necesita para la reforma laboral y la Ley de Glaciares
Se prevé que el mandatario redoble las críticas contra la lo que denomina “agenda woke” y vuelva a hacer una fuerte defensa de las ideas del liberalismo económico y cultural. Para Milei, el foro representa una plataforma estratégica para proyectar su mensaje más allá de las fronteras y consolidar su perfil ante líderes y mercados internacionales.
La edición 2026 del Foro de Davos tendrá como lema “Un espíritu de diálogo”. Según los organizadores, el programa tendrá como claves cinco grandes desafíos globales, con eje en la cooperación entre el sector público y privado, con la participación de múltiples actores.
Javier Milei se prepara para una nueva reunión con Donald Trump
Milei además planea una nueva reunión con Trump, con el acuerdo comercial con Estados Unidos de fondo. El entendimiento apunta a incentivar un aumento del intercambio bilateral y acelerar inversiones norteamericanas en la Argentina.
Como anticipó TN el Gobierno apuesta a acelerar las negociaciones y reuniones técnicas con la administración de Trump para empezar a implementar los detalles del convenio. Desde el Gobierno aclararon que se aplicará por partes e insistieron en que se fijó un marco para “ir dialogando”.
Javier Milei apuesta a una alianza internacional de líderes de derecha con el apoyo de más de diez países

Entre las claves de su agenda internacional, Milei avanza en la conformación de un bloque de presidentes y líderes de derecha para contrarrestar los movimientos socialistas que existen en distintos países de Latinoamérica.
La intención del Presidente es convocar a una cumbre con todos estos dirigentes que hasta el momento superarían los diez, que en principio podría ser este año en Buenos Aires. Con el impulso a este grupo el mandatario busca lograr una alianza estratégica que se consolide y tenga influencia contra las situaciones que se dan en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela.
El mandatario también quiere contrarrestar el poder de los gobiernos democráticos como el de Lula da Silva en Brasil o el de Gustavo Petro en Colombia, que son de un signo ideológico antagónico al del libertario.
Milei dijo al respecto: “Pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del Siglo XXI. La gente está descubriendo que efectivamente es una farsa, que toda la pátina buenista no es ni más ni menos que un relato mentiroso, engañoso para que un conjunto de forajidos tomen el poder y empobrezcan a la población, si todos los lugares en donde lo aplican es un fracaso”.
El Presidente planteó en el adelanto de una entrevista que le dio a CNN en Español: «No le pusimos un nombre, pero ya hay un bloque de diez países que venimos trabajando. Estamos intentando hacer un bloque para que nuestra propuesta sea plantarnos al cáncer del socialismo del siglo XXI o de los woke, ni hablar de las versiones más extremas”.
Hasta el momento, en Casa Rosada esperan que Milei sea el líder del bloque que podría estar integrado por José Antonio Kast (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), José Jeri (Perú) y Nayib Bukele (El Salvador). La idea sería que todos los países miembros se mantengan alineados con Estados Unidos, que preside Trump.
Javier Milei, Davos, Donald Trump
POLITICA
El Gobierno modificará con un DNU la ley de inteligencia: la SIDE tendrá más poder y capacidad para aprehender personas

El Gobierno publicará en los próximos días un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para modificar la ley de inteligencia, con el que le dará mayor poder a la SIDE, que pasará a controlar todo el sistema de espionaje y tendrá autoridad para requerir información a cualquier organismo del Estado, además de sumar facultades, como la posibilidad de detener a personas ante pedido judicial o hechos de flagrancia.
El documento, que fue firmado ayer 31 de diciembre por el presidente Javier Milei y todo el gabinete, reordena la estructura de toda el área, crea agencias, disuelve otras y unifica tareas para facilitar el intercambio de datos.
Entre otros puntos, se incorporan definiciones que hasta ahora no estaban explícitamente incluidas en la normativa vigente, como la caracterización del trabajo en este sector como de naturaleza reservada.
“Todas las actividades que se realizan en el ámbito de la Inteligencia Nacional revisten carácter encubierto en virtud de su sensibilidad, con el fin de minimizar el Riesgo Estratégico Nacional”, señala el artículo 2° bis del texto del DNU al que accedió Infobae.
El decreto también detalla el concepto de contrainteligencia y las acciones que se incluyen dentro de ese campo.
“Las actividades de ejecución de Contrainteligencia incluyen evitar acciones de infiltración, fuga de información clasificada, espionaje, atentados contra el orden constitucional, sabotaje, influencia, injerencia o interferencia de factores externos en detrimento del proceso decisorio de las autoridades constituidas del sistema republicano de gobierno, de los intereses estratégicos nacionales y/o de la población en general“, se aclara.
En cuanto a la estructura, la SIDE continúa como organismo principal, pero se modifican y reordenan varias de sus dependencias: la Agencia de Seguridad Nacional cambia su nombre y pasa a llamarse Agencia Nacional de Contrainteligencia (ANC); la Agencia Federal de Ciberseguridad es reemplazada por la Agencia Federal de Ciberinteligencia (AFC), con foco en el ámbito digital, y la antigua División de Asuntos Internos es sustituida por la Inspectoría General de Inteligencia (IGI).
La norma también amplía y especifica las atribuciones de la SIDE. La coloca al frente de la planificación del esfuerzo estatal en materia de obtención y análisis de información estratégica, le otorga la conducción del Sistema de Inteligencia Nacional y la vincula con otros organismos nacionales y extranjeros en la materia.
Se dispone, por caso, que podrá solicitar datos a cualquier organismo del sector público y coordinar acciones con provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y se le asignan funciones relacionadas con la lucha contra el terrorismo, la elaboración de análisis geoespacial y la gestión criptográfica del Estado.
Uno de los puntos más novedosos del decreto es la creación del Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC), un ente descentralizado y bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete que tendrá la responsabilidad de “planificar, ejecutar y supervisar políticas, programas y acciones en materia de ciberseguridad destinadas a proteger el ciberespacio de interés nacional, las infraestructuras críticas de información, los activos digitales estratégicos (…) y los sistemas tecnológicos empleados en la prestación de servicios públicos esenciales”.
Para su puesta en marcha, se transfieren bienes, patrimonio y personal que anteriormente estaban asignados a funciones de ciberseguridad en la ex Agencia Federal de Ciberseguridad.
El decreto crea además dos ámbitos de coordinación interinstitucional. Por un lado, la Comunidad de Inteligencia Nacional reúne a los organismos de espionaje con áreas especializadas que cumplen tareas similares dentro de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, y otros entes con competencias afines. Su finalidad es facilitar el trabajo conjunto y la articulación permanente bajo la conducción de la SIDE.
Por otro lado, la Comunidad Informativa Nacional involucra a sectores con capacidad de generar datos relevantes para el análisis estratégico del Estado. Allí se incluyen ministerios, autoridades de documentación e identificación, Migraciones, Aduanas, organismos del área nuclear y otros entes.
“La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) de la Presidencia de la Nación establecerá la organización, el funcionamiento y los procedimientos técnicos mediante los cuales los miembros de la Comunidad de Inteligencia Nacional (CITN) y la Comunidad Informativa Nacional (CIFN) deberán suministrar la información“, marca la norma.
El texto dedica un párrafo específico a la protección de instalaciones, bienes y empleados de los organismos incluidos en el sistema. Se establece que estos podrán proveerse sus propios mecanismos de seguridad y repeler o hacer cesar agresiones que los afecten.
También, en el artículo 19, se prevé que, “en el marco del desarrollo de actividades de inteligencia, auxilio o requerimiento judicial y/o comisión de delitos en flagrancia, el personal de inteligencia podrá proceder a la aprehensión de personas, debiendo dar aviso inmediato a las fuerzas policiales y de seguridad competentes”.
Por último, el decreto contempla la reasignación del personal de los organismos que cambian de denominación o se disuelven y precisa cómo será la continuidad funcional de las estructuras existentes mientras se completa el proceso de reorganización.
POLITICA
Milei dijo que está en construcción un bloque regional de diez países para “plantarse frente al socialismo”

El presidente Javier Milei anunció que está en construcción un bloque regional de diez países para “plantarse frente al socialismo” y que la Argentina será parte de ese grupo.
Esta nueva plataforma, una especie de antítesis del Grupo de Puebla -conformado en su momento por mandatarios de izquierda- surgiría tras el avance de la derecha en una serie de elecciones que se dieron en América Latina y dejaría aislada a Brasil, una de las naciones con más peso en esta parte del mundo, gobernada por Luis Inácio Lula da Silva.
“Estoy trabajando activamente por eso [por construir un bloque de derecha]”, afirmó Milei en una entrevista que le concedió a Andrés Oppenheimer, para CNN, que se grabó el martes en la Casa Rosada y se emitirá completa el próximo 11 de enero.
En un primer adelanto de esa entrevista, Milei ahondó sobre esta nueva plataforma regional. “Todavía no le pusimos nombre, pero ya hay un grupo de diez países que estamos trabajando y vamos a seguir avanzando. Estamos intentando hacer un bloque, en el que nuestra propuesta sea abrazar las ideas de la libertad y plantarnos frente al cáncer del socialismo en sus distintas versiones: del siglo XXI o el woke, ni hablar de las versiones más extremas», dijo.
Además, el Presidente celebró la llegada a América Latina de gobiernos con ideas similares a las suyas, tras distintas victorias electorales de dirigentes de derecha. Las últimas, a fines de 2025, las de Nasry Asfura, en Honduras, y José Antonio Kast, en Chile.
“Pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo XXI. La gente está descubriendo que efectivamente es una farsa, que toda la pátina buenista no es ni más ni menos que un relato sensiblero mentiroso, engañoso, para que un conjunto de forajidos tomen el poder y empobrezcan a la población. Si en todos los países donde se aplica es un fracaso…“, declaró el Presidente.
En la región, Milei tiene buena sintonía con Kast, Asfura, Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), José Jerí (Perú), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá) y Luis Abinader (República Dominicana). Junto a la Argentina, serían diez países.
Además, el Presidente referencia su política exterior en el mandatario estadounidense, Donald Trump, que tiene una fuerte injerencia en la política local.
Milei, en cambio, es un fuerte detractor de Lula da Silva, aunque fue a Brasil a participar del encuentro del Mercosur en diciembre, que lo tenía como anfitrión.
Milei potenció momentos fervientes de enemistad con Lula Da Silva -sobre todo cuando le dijo “corrupto” y “comunista”– y esa relación nunca se encarriló, más allá de que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina.
Por el contrario, Milei tiene nexos con el expresidente detenido Jair Bolsonaro, condenado por un intento de golpe de estado contra Lula, y con su espacio político. En octubre de 2026, Brasil celebrará elecciones y Lula pondrá en juego su reelección.
Javier Milei,Javier Milei,Conforme a,,»Fenómeno barrial». Milei celebró que quedó en el podio de un ranking de líderes mundiales del diario británico The Telegraph,,»Orgullosamente». Javier Milei difundió un mensaje de Año Nuevo y aseguró que el Gobierno “cumplió todas sus promesas»,,»No existen los Robin Hood». La AFA salió a defenderse luego de que la Justicia hallara el contrato de Tapia con Faroni,Javier Milei,,»Fenómeno barrial». Milei celebró que quedó en el podio de un ranking de líderes mundiales del diario británico The Telegraph,,»Orgullosamente». Javier Milei difundió un mensaje de Año Nuevo y aseguró que el Gobierno “cumplió todas sus promesas»,,Dos años de Milei. Según una encuesta, el 41% apoyaría al Presidente en un intento de reelección en 2027
POLITICA3 días agoAxel Kicillof insistirá con la reelección indefinida de intendentes, pero evita el debate de la Boleta Única
CHIMENTOS2 días agoJorge Lanata, a un año de su muerte: el periodista más original, influyente y popular de su generación
POLITICA2 días agoDocumento clave: la empresa de Faroni pactó con la AFA quedarse con el 30% de sus ingresos comerciales en el exterior


















