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Jim Jarmusch confiesa una curiosa elección: “Prefiero las críticas negativas”

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“La idea de capítulos, o antología… es una forma cinematográfica, muy popular en los años sesenta y setenta en Europa y en Italia. Pero para mí también es una forma literaria. Y no sé, simplemente me gusta”, declara Jim Jarmusch en conversación con la publicación online IndieWire, entrevistado recientemente en Los Ángeles a propósito de Father Mother Sister Brother, premiada en el Festival de Venecia.

En sus palabras se percibe la premisa que guía su nuevo trabajo: “Estaba tratando de acumular cosas que construyeran hacia algo sin que te dieras cuenta, de alguna manera. Así que la tercera historia llegaría a una especie de momento emocional —no algo dramáticamente emocional— pero sí a un tipo de momento emocional”. Fiel a su estilo, el director estadounidense rechaza la idea de una narrativa tradicional y en cambio abraza la construcción de pequeños momentos conectados, una suma de detalles, objetos y gestos que terminan por componer un mosaico mayor: “Por supuesto, ‘una especie de momento emocional’ es la mayor catarsis que cualquiera puede esperar razonablemente de una película mía”.

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Con 72 años, Jarmusch regresa tras un receso de seis años con una obra sutil y contemplativa, plasmando en pantalla lo que, para él, constituye una evolución coherente de su filmografía: “Esta película es una experiencia muy tranquila. Así que sí, me enorgullece que resuene de alguna manera con la gente. Honestamente, no lo esperaba. Y creo que parte de eso es simplemente sincronía con el momento en que estamos”.

‘ Father Mother Sister Brother’ se compone de tres relatos ambientados en Nueva Jersey, Dublín y París (Foto: prensa Festival de Venecia)

En la charla con IndieWire, Jim Jarmusch deja claro que cada uno de sus proyectos es, antes que nada, un collage: una amalgama de obsesiones, referencias cruzadas, hallazgos fortuitos y búsquedas constantes. “Mi filmografía es un collage tanto como cualquier otra cosa”, reconoce. El cineasta asegura que su mente circula entre géneros y estilos, fusionando influencias del punk rock, la poesía modernista, el jazz, la filosofía oriental, los westerns y cineastas como el japonés Yasujirō Ozu. “Todo tiene sentido para mí. Mi mente flota entre estos temas tan fluidamente como las películas transitan entre eventos aparentemente inconexos o intrascendentes, antes de que todo se construya hacia una sinfonía que es mayor que la suma de sus partes”, explica.

En Father Mother Sister Brother, esa disposición natural a conectar elementos disímiles cobra un sentido nuevo. El filme, dividido en tres relatos ambientados en Nueva Jersey, Dublín y París, explora “familias que navegan por diversas etapas del proceso de envejecimiento parental”, combinando lo íntimo con lo excéntrico, la cotidianeidad con la rareza. Para Jarmusch, el método fue orgánico: “Estaba tratando de acumular cosas que construyeran hacia algo sin que te dieras cuenta”. No le interesa enfatizar la linealidad ni la causalidad tradicional del cine anglosajón; prefiere que los objetos —un juego de té ornamentado, un viejo chiste británico, un paseo por París— se entrelacen y cobren peso propio, como en la literatura que lo inspira.

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Jim Jarmusch ganó el León
Jim Jarmusch ganó el León de Oro a la mejor película por «Father Mother Sister Brother», (Foto: Scott A Garfitt/Invision/AP)

El regreso de viejos colaboradores como Tom Waits y Adam Driver, junto a la incorporación de nuevas presencias como Vicky Krieps y Mayim Bialik —elegida, según confiesa, “porque es mi presentadora favorita en ‘Jeopardy’”—, refuerza esa idea de collage vivo, donde cada intérprete aporta su propia energía al tapiz de la película. De igual manera, la decisión de que los tres capítulos solo funcionen en el orden preciso que él impuso responde a una visión artística muy concreta. “Incluso si cada una teóricamente puede sostenerse por sí sola, los tres capítulos solo funcionan en el orden específico en que los dispuse”, menciona.

En definitiva, Father Mother Sister Brother es, como todo el cine de Jarmusch, un experimento controlado donde las influencias, los símbolos, los rostros y los espacios dialogan entre sí, invitando al espectador a entregarse a una experiencia sensorial y personal, más que a una historia convencional.

El recorrido de Jim Jarmusch con Father Mother Sister Brother tuvo un giro inesperado cuando el director decidió no presentar su película en Cannes, como hubiera sido habitual, y optó por exhibirla en el Festival de Venecia, donde finalmente obtuvo el premio mayor, el famoso León de Oro. Jarmusch explica las razones detrás de esta decisión y lo que eso significó para él, así como la diferencia en el ambiente de ambos eventos y el impacto de la premiación en su carrera y estado de ánimo.

—¿Por qué decidiste no estrenar tu película en Cannes, como era lo esperado?

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—La presenté en Cannes, y nos dijeron, “No está seleccionada para la competencia. Quizá la pongamos en otra sección”. A lo que respondí, “No he hecho una película en cinco años. He estado en Cannes muchas veces. Eso no es apropiado para mí”. La competencia es muy importante para mí en Cannes, no por la competencia, sino por el perfil del estreno de mi película, para que pueda empezar a pagar a los inversores y hacer otra película. No se trata de los premios.

"Venecia es tan misteriosa y
«Venecia es tan misteriosa y extraña, y el festival es realmente genial», dice Jim Jarmusch (Foto: REUTERS/Yara Nardi)

—¿Cómo fue recibir el León de Oro en Venecia y cómo se comparó esa experiencia con Cannes?

—Me encantó estar en Venecia con la película. No había ido allí en mucho tiempo, y realmente me alegró estar allí. Venecia es tan misteriosa y extraña, y el festival es realmente genial… Ahora casi nunca quiero ir a Cannes. Después de que di mi pequeño discurso allí, que improvisé un poco, alguien en el fondo del auditorio dice, “¡Jim, sabes que te queremos!” Y todos aplaudieron, ¿sabes? Me estaban dando amor real, sincero. No eran 2.000 peluqueros franceses de L’Oréal en Cannes, ¿me entiendes? Era real. Y eso fue realmente conmovedor. Nunca había sentido eso antes.

—¿Qué impacto tuvo esta decisión en tu proceso creativo y tus proyectos en marcha?

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—Fue algo bueno. De alguna manera, realmente le agradezco por eso porque pude ir a Venecia, y Cannes es en mayo. Y me fui a mi casa en los Catskills durante el mes de mayo, y escribí mi nuevo guion. Así que, en vez de ir a Cannes, tengo un nuevo guion que está en proceso.

A pesar del reconocimiento obtenido y la ovación en Venecia, Jim Jarmusch mantiene una distancia saludable frente al éxito y a la reacción del público. El cineasta confiesa que encuentra un valor inesperado en las opiniones discordantes y que, incluso, prefiere explorar esas miradas críticas antes que celebrar los aplausos. Además, reflexiona sobre el lugar que ocupan sus películas en el panorama del cine actual, cada vez más acelerado y ruidoso, y sobre el orgullo genuino que siente —aunque sin complacencia— al ver cómo su trabajo sigue resonando con un público fiel.

Jim Jarmusch ha construido una
Jim Jarmusch ha construido una carrera de prestigio como director de cine «independiente» con un particular sello personal

—¿Tienes una relación especial con las críticas que recibe tu trabajo?

—Tengo algo raro, me encantan las críticas negativas. O… no diría que me encantan, pero son las que quiero leer. Busco las de quienes no les gustó la película porque eso significa que sus percepciones eran muy diferentes a las de quienes hicimos la película. Me resultan muy interesantes. Leí tres críticas negativas de Father Mother Sister Brother, que me parecieron interesantes, pero tiendo a evitar las que son muy positivas. No soy alguien que quiera regodearse en la apreciación de la gente.

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—¿Cómo ves la relación entre el estilo apacible de tu cine y la percepción del público en estos tiempos?

—Es curioso porque siento que si a demasiada gente le gusta una película que hago, hice algo mal. Pero estoy muy complacido. Me alegra porque esta película es una experiencia muy tranquila. Así que sí, me enorgullece que resuene de alguna manera con la gente. Honestamente, no lo esperaba. Y creo que parte de eso es simplemente sincronía con el momento en que estamos. Si hubiera hecho esa película hace tres años, no sé si a la gente le habría gustado tanto.

—¿Qué piensas sobre el futuro de tus proyectos después del éxito reciente?

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—Ahora mismo no estoy dedicando demasiado tiempo a disfrutar de las críticas positivas. Me interesa más escuchar a quienes no les gustó la película, y estoy enfocado escribiendo mi nuevo guion. El balance para mí está en seguir fiel a lo que soy y a lo que me mueve a hacer cine, sin importar si hay mucho ruido a mi alrededor o no.



Arts / Culture / Entertainment,Europe,VENICE

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Dem senators dodge crucial question on illegal alien accused of killing Chicago college student

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

While Republican senators, like Texas’ Ted Cruz and Florida’s Rick Scott, were quick to condemn the policies that kept the illegal immigrant killer of 18-year-old Sheridan Gorman from being deported, Democratic senators dodged questions on whether Gorman’s killer should have previously been deported prior to this month’s murder.

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Gorman, who was a student at Loyola University of Chicago at the time of her death, was allegedly killed by an illegal immigrant from Venezuela, Jose Medina, 25. Medina was apprehended by U.S. Border Patrol on May 9, 2023, but was subsequently released into the U.S. under the Biden administration, according to Trump’s Department of Homeland Security. 

A short time later, Medina was arrested for shoplifting in Chicago, but was again released on June 19, 2023, DHS said. A judge put a warrant out on Medina after he failed to appear in court for his shoplifting charge, which was still active at the time of Gorman’s killing, according to the Chicago Sun Times. 

«Shoplifting in and of itself is not a violent crime. It’s not an indicator of a person that’s leaning toward violent crime,» said Sen. Dick Durbin, D-Ill., when asked about Medina’s case and whether he should’ve been deported prior to Gorman’s murder. 

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ILLEGAL IMMIGRANT ACCUSED OF KILLING CHICAGO COLLEGE STUDENT TO FACE COURT AFTER TUBERCULOSIS DELAY

Sheridan Gorman (L) was allegedly murdered by Jose Medina (R) (Sheridan Gorman/Instagram and Cook County Sheriff’s Office)

«You’re asking me to speculate on a bunch of things, and I can’t answer that,» said Sen. Catherine Cortez-Masto, D-Nev., when asked if Gorman’s killer, and other illegal immigrant murderers who had significant criminal records at the time of their arrests, should have been deported before people got hurt. «I don’t know the cases. I trust our justice system to do the right thing and hold people accountable.»

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Sen. Tammy Duckworth, D-Ill., responded that the Trump administration’s broad deportation crackdowns have prevented federal law enforcement from targeting genuinely dangerous people, an argument pushed by other top Democrats in Congress. «I think that if Trump cleared out Chicago and if ICE did their job, he wouldn’t be here, right?» Duckworth said as she got onto an elevator on Capitol Hill. «But they deported people who are not . . . [unintelligible].»

Meanwhile, Sen. Elissa Slotkin, D-Mich., offered a more judicious response, but also suggested the style by which the Trump administration is deporting people is problematic. 

«Do I think violent criminals should be deported? Yes,» Slotkin said, adding it is an «easy» call to deport someone who has been «accused and properly prosecuted.» But, Slotkin added, «Innocent civilians who are protesting their government and using their freedom of speech should not be fingered and booted out.» 

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Democrats who spoke with Fox News Digital did quickly agree that violent criminals who entered and are residing in the country unlawfully should be deported.

U.S. Senators on Capitol Hill from the Democratic Party

From left to right: Sen. Elissa Slotkin, D-Mich., Sen. Dick Durbin, D-Ill., Sen. Tammy Duckworth, D-Ill., and Sen. Catherine Cortez Masto, D-Nev. (Getty Images)

SHERIDAN GORMAN’S UNIVERSITY NEWSPAPER TOUTS ICE TRACKER AFTER FRESHMAN ALLEGEDLY MURDERED BY ILLEGAL ALIEN

«Anybody who violates, or creates crime in this country — particularly kills somebody — should not only be held accountable in the United States, but, yes, there should be immigration enforcement against that individual,» Cortez-Masto said. 

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«Every community deserves to feel safe, and I think people who commit violent crimes should not be allowed to either be in our country, or to be among our communities,» added Sen. Angela Alsobrooks, D-Md. 

Durbin, meanwhile, qualified his comments about Medina’s shoplifting charge by admitting, «We ought to do a careful examination of people coming into this country and those who want to stay in this country,» adding that, «If they are dangerous to the community, they need to be denied entry or taken out of the country later.»

But Republican Senators Cruz and Scott were quick to bash Democrats for allegedly caring more about illegal immigrants than American citizens.

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Ted Cruz

Sen. Ted Cruz (R-TX) holds a press conference with families who lost loved ones in the January 29, 2025, DCA plane crash on December 15, 2025, at the U.S. Capitol in Washington, D.C. (Heather Diehl/Getty Images)

CLICK HERE TO DOWNLOAD THE FOX NEWS APP 

«It’s tragic, and it was avoidable,» Cruz said when approached about Gorman’s death and Medina not being deported. «The Democrats are so radical they prioritize illegal immigrants over American citizens.»

«It’s disgusting that these people say, ‘Oh, they act like they care about Americans.’ But then you look at their actions — they care about people who are here violently hurting Americans,» Scott complained.

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Isabel Allende, a los 83: “Mientras pueda pensar voy a escribir y después… miraré un cuadro”

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“Soy incapaz de contar un chiste”, va a decir dentro de un ratito Isabel Allende. “Pero puedo contar una historia”. Y, sí. Isabel Allende cuenta historias, eso le cambió la vida cuando era una exiliada que trabajaba como administrativa, eso la hizo una de las autoras más leídas en idioma español, eso llevó sus libros al cine y la hizo traducir a más de 40 idiomas. En la entrevista misma -un Zoom de 40 minutos-, Allende cuenta y cuenta. Hace reir, conmueve. No son chistes, claro.

Esta charla ocurre en los días en que Prime Video anuncia cuándo estrenará la serie de La casa de los espíritus, sobre el primer libro de Allende, ese que, en 1982, fue el punto de inflexión: será el 29 de abril. Pero no es por eso que la autora se sienta frente a la cámara sino porque a principios de abril estará en librerías su nuevo libro, que estará en las librerías argentinas desde el próximo 9.. No es una novela: se llama La palabra mágica. Una vida escrita y se trata de un recorrido por su vida y obra -cómo fue que empezó a escribir este libro, qué ocurrió cuando salió aquel- y, lo que no es menor, ofrecer “Trucos para la escritura”. Muchos. Una especie de curso de escritura dirigido por esta best seller.

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En esta conversación, Allende dará sus claves principales para escribir, contará la historia íntima de su divorcio de Willie Gordon, que fue su marido durante 28 años -y que murió en 2019-, se reirá, recordará sus comienzos, dirá que todo fue un golpe de suerte.

Isabel Allende reflexiona sobre su proceso creativo en su nueva obra ‘La palabra. Una vida escrita’ (Europa press)

Sabe, cómo no, que la crítica muchas veces la mira desde arriba. En el nuevo libro, dice que no recuerda el nombre de quien la llamó “escribidora” (fue un autor de culto, Roberto Bolaño). Pero en esas páginas dice que “para mí la escritura no es una opción, es una adicción”. Y dice que su infancia no fue feliz “pero tuve el refugio fabuloso de los libros”. Entonces, “me pregunto cómo se las arreglan para escribir los autores que tuvieron una infancia feliz”.

Esa infancia ocurrió un poco en Chile pero mucho afuera, porque su padre se fue y su madre se casó con el diplomático Ramón Huidobro, que para ella fue un papá inolvidable. Entonces anduvieron por Perú, Chile, Bolivia y El Líbano.

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Habla Allende, entonces, desde su casa de San Francisco, donde vive con Roger Cukras, su actual marido.

-Leyéndote, por un lado da la sensación de que es muy fácil escribir, que hay que seguir unas pautas y listo. Pero luego parece todo lo contrario, porque decís que hay algo que se tiene o no se tiene… ¿Vos aprendiste, lo traías, pudiste enseñar?

-Se fue dando de a poco. Yo empecé a escribir muy tarde, pero siempre estuve muy atraída por los libros. Cuando era chica no existía la televisión, no existían las películas para niños tampoco. O sea que lo único que se podía hacer era leer. Yo era la única niña en un ambiente más bien masculino, con mis tíos, mis hermanos. No tenía mucha vida social tampoco. Y me crié leyendo. Después empecé a trabajar como secretaria en las Naciones Unidas, copiando estadísticas forestales, pero rápidamente me trasladaron al Departamento de Información, donde podía escribir algunas cosas para la prensa. Estudié un año en Bélgica y pude empezar a escribir en la revista Paula. Y ahí aprendí a escribir. Me enseñaron mis compañeras, que eran periodistas: yo no era periodista. Me enseñaron a estructurar un artículo, a empezarlo bien, a manejar el idioma: yo había estado en diferentes países, en diferentes colegios, en diferentes idiomas. Ni siquiera escribía bien el castellano. Ese fue el inicio y de ahí ya no paré más. Pero cuando me fui al exilio en Venezuela, no pude escribir como periodista, no pude hacer nada relacionado con la literatura o con la escritura.

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-¿Por qué?

-Por falta de conexiones, muy difícil. Mira, cuando uno empieza en otro país, uno no es nadie y todo lo que has hecho antes -yo había hecho teatro, había hecho periodismo, había hecho de todo menos radio- no sirve de nada. O sea, si tú no tienes los pitutos, como decimos en Chile, para conectarte, no consigues nada. Terminé administrando una escuela, que es lo menos adecuado para mi temperamento que te puedas imaginar. Y en eso trabajé cuatro años y medio antes de empezar a escribir. Y empecé a escribir sin ninguna ilusión de que eso fuera un libro, de que se pudiera publicar, ni podía imaginar que me iba a cambiar la vida. Fue un golpe de suerte extraordinario.

El primer periodista que me entrevistó, que era un crítico, me dice: “¿Usted puede explicar la estructura circular de su novela?”. ¡Ni idea de lo que estaba hablando el tipo!

-¿Fuiste a un taller, tomaste clases?

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-Nada. Muy solitario mi trabajo. Hay una parte que es la capacidad de contar de manera que sea interesante. Hay gente que sabe contar un chiste porque tiene el sentido de la pausa, de lo que hay que guardarse hasta el final, de cómo sorprenderte con la última cosa, que es el chiste. Yo no tengo eso. No soy capaz de contar un chiste aunque lo lea. Pero puedo contar una historia. Y cuando me ha tocado enseñar, que han sido muy pocas veces, puedo enseñar a estructurar algo, puedo corregir algo que ya está escrito, pero no puedo darle al futuro escritor o escritora eso que es la pausa del chiste, cómo se hace para agarrar a tu lector. Eso creo que es innato.

-En el libro decís que el miedo te terminó llevando a la escritura…

-El primer libro (N. de la R: habla de La casa de los espíritus) es un ejercicio de nostalgia, de tratar de recuperar todo lo que había perdido en el exilio: la familia, mi abuelo, todo lo que dejé atrás y que nunca más pude recuperar. Mi país. Yo llevaba ya varios años viviendo en Venezuela y sentía que no iba a ninguna parte, que estaba como detenida en la nada. Iba a cumplir 40 años y todo el pasado existía en una especie de burbuja que se iba desdibujando más y más. Por eso digo que ese libro nació de todo lo perdido. Y ahí está todo. En una obra de Brecht hay un personaje que dice que él va por el mundo con un ladrillo para mostrarle al mundo cómo era su casa. Y yo siempre pienso que La casa de los espíritus tiene la forma y el peso de un ladrillo y que le estoy mostrando al mundo lo que era ese mundo, esa vida que perdí.

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-¿Y sirvió para recuperar algo?

-Claro, claro. Quedó impreso en papel lo que había sido mi abuela, mi abuelo, mi infancia, mi país. Estaba todo ahí, mis tíos locos, todo. Y nunca más se perdió. O sea, mi ladrillo sirvió.

El entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama entrega la medalla presidencial de la libertad a la escritora chilena Isabel Allende en Washington, 24 de noviembre de 2014.  (REUTERS/Larry Downing (UNITED STATES)
El entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama entrega la medalla presidencial de la libertad a la escritora chilena Isabel Allende en Washington, 24 de noviembre de 2014. (REUTERS/Larry Downing (UNITED STATES)

-¿Y para tu nostalgia?

-Sí, sirvió porque me conectó con el pasado y me abrió el mundo. Yo estaba metida en una cápsula, tan limitada y tan deprimida y tan furiosa también… Junto con esto, se estaba deshaciendo mi matrimonio, mis hijos se iban a la universidad… Muchas cosas se combinaban para que yo me sintiera pésimo. Y el libro me pavimentó el camino para otros libros. Me dio una voz y me conectó con el mundo. Yo me acuerdo cuando me invitaron a España -se publicó el libro en España primero- para hacer la presentación. Yo era una campesina que llegué con una maleta enorme que no la podía ni levantar porque no tenía ruedas a hacer entrevistas de prensa sobre algo que yo no tenía idea cómo lo había hecho.

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-¿Por ejemplo?

-El primer periodista que me entrevistó, que era un crítico, me dice: “¿Usted puede explicar la estructura circular de su novela?”.

-¿Y entonces?

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-¡Ni idea de qué estaba hablando el tipo! Para mí la estructura eran los edificios y circular era la menstruación. Eso te da una idea de la inocencia y la ignorancia de aquella época. Y después, poco a poco, paso a paso, he ido haciendo una carrera muy solitaria, porque yo no pertenezco a ninguno de los grupos literarios que se apoyaban unos a otros. Además, por ser mujer, estaba excluida de los círculos masculinos completamente. Y es muy difícil para una mujer, para cualquier autora, obtener el respeto que tiene cualquier escritor masculino. Para que te critiquen con verdadero respeto, para que te traten con el respeto que tratan a un hombre. Y me lo dijo mi agente, Carmen Balcells, desde el comienzo: “Vas a tener que hacer el doble o triple de esfuerzo que cualquier hombre para obtener la mitad de reconocimiento”. Así ha sido.

Portada de 'La Casa de los Espíritus' de Isabel Allende, edición 40 aniversario. Presenta ilustración de rostro con cabello verde ondulado sobre fondo verde.
La portada de la edición especial por el 40 aniversario de «La Casa de los Espíritus». (Imagen Ilustrativa Infobae)

-Pero te tomó Carmen Ballcells, que era “la mama grande” del boom latinoamericano. No tomaba a cualquiera.

-Yo no sabía que existían los agentes literarios. Escribí la novela y pasó por Venezuela Tomás Eloy Martínez. Y él dijo: “Nadie te va a publicar si no tienes un agente. El mejor agente es Carmen Balcells en Barcelona”. Y yo le mandé el libro por correo. No tenía idea quién era Carmen Balcells, nunca había oído su nombre. Yo estaba completamente lejos de la industria del libro. Fue un milagro, oye, un milagro. Hoy no se daría.

-¿Y cómo lo explicás?

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-Estaba el boom de la literatura latinoamericana, que tomó al mundo por asalto, la verdad. Y se hablaba de la literatura latinoamericana pero ahí no había ninguna voz femenina, a pesar de que las mujeres estaban escribiendo desde siempre, pero ignoradas por el boom. Y yo creo que eso llamó la atención. Y mi apellido, anda a saber. ¿Por qué Carmen Balcells se interesó en leer ese manuscrito cuando le llegaban miles? Porque era latinoamericana, porque era chilena, porque me llamaba Allende. No sé.

-Acá decís que no podés escribir desde el despecho y el enojo. Y lo decís hablando de tu separación de Willie. Preguntás cómo dejaron de quererse, una pregunta dura. Entonces: ¿desde dónde sí podés escribir? Y ¿por qué dejaron de quererse?

-Me separé de Willie hace diez años, en el 16, y no podía escribir sobre lo que había pasado porque no lo había resuelto emocionalmente. Todavía me preguntaba por qué. ¿Por qué se terminó esa relación en la cual invertí veintiocho años? No fue una frivolidad separarse. Me separé porque ya no daba más la cosa, pero necesité diez años para poder mirarlo con ironía desde lejos y verme yo misma en el papel que cumplía entonces. Y decir: “Qué pelotuda”. Pero no lo podía decir en ese momento, lo puedo decir ahora: era una pelotuda.

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La escritora Isabel Allende abre su corazón y cuenta en detalle el proceso que la llevó a separarse de su segundo esposo, Willie Gordon. Desde la tragedia que marcó un quiebre en la relación hasta el momento clave en una sesión de terapia que le hizo ver la realidad.

-Bueno…

-Y tú me preguntas por qué se termina el amor. A veces simplemente se cansa el amor, se va desgastando. Nunca con Willie tuvimos una pelea, nunca nos enfrentamos con portazos ni con palabrotas ni nada. Con decirte que nos separamos sin un abogado. Y yo sentía que Willie se iba alejando. Esto empezó muy claramente cuando murió su hijo. Cuando murió el menor de sus hijos, por una sobredosis de heroína, algo se le quebró a Willie adentro. Ya venía alejándose, alejándose. Pero cuando se murió el hijo se encerró y yo ya no pude tener acceso a él. Entonces, empezamos a ir a terapia. Y en la terapia yo hacía todo el esfuerzo y Willie estaba mirando el celular, distraído. No participaba, no estaba interesado. Yo tendría que haberme dado cuenta mucho antes que él no estaba interesado en la relación conmigo, pero no quise verlo. No quise verlo nomás, porque era evidente, para otra gente era evidente.

-¿Entonces?

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-Entonces hubo un momento en la terapia en que el psicólogo nos dijo: “Escriban en un papel, en una frase, qué es lo que quiere de la otra persona y me lo traen en la próxima sesión”. Volvimos a la sesión siguiente y dice: “Bueno, ¿hicieron la tarea?” “Sí”, le dije yo, y Willie dijo: “No, yo no tuve tiempo”. Que esa era la típica actitud: “No, yo no tuve tiempo”. Entonces el psicólogo dijo: “Bueno, Isabel, dale tu papel a Willie. Willie, por favor, leelo en voz alta”. Y Willie dijo: “No tengo necesidad de leerlo, sé exactamente lo que dice. Lo siento mucho, no te lo puedo dar”. Y la única palabra que yo había escrito en el papel era, en inglés, kindness, o sea, cariño. Lo único que quería era cariño. No le estaba pidiendo nada porque yo soy muy autosuficiente. Pero el cariño no te lo puedes dar tú misma, te lo tiene que dar otro. Entonces, cuando dijo eso, fue como si se hubiera abierto una cortina y yo hubiera visto finalmente lo que era evidente, que él no quería estar en esa relación, que estaba harto de estar conmigo, que estaba cansado.

William Gordon, un hombre de mediana edad con sombrero gris y chaqueta color canela, habla en un micrófono en un evento. Detrás, se ve una pantalla de laptop
William Gordon estuvo casado con Isabel Allende. Murió en 2019.

-Qué doloroso.

-Es que él quería sentirse joven de nuevo, quería tener mujeres jóvenes, quería tener el éxito que tal vez alguna vez tuvo. Era un hombre de setenta y tantos años, gastado, quebrado, deprimido por la muerte de los hijos… Todos los hijos, drogadictos. Todos los hijos murieron, dos de ellos antes que él. Entonces, era muy trágico y él quería vivir otra vez, volver a ser joven y yo era una carga, pues un ancla. Entonces le dije: “Bueno, entonces no hay nada que hacer, tenemos que separarnos”. “Ok”, dijo. Así: “Ok”. Y yo le dije: “¿Cómo lo hacemos?” “Como tú quieras”, me dijo. Y en cinco días había comprado una casa chiquita por ahí cerca. Teníamos una casa inmensa, con piscina… Y yo me quedé sola en el caserón y él se fue para allá y yo de repente cocinaba y le llevaba comida, paseábamos los perros, amistosamente. Y él empezó a salir con mujeres jóvenes y a gastarse la plata en mujeres jóvenes y empezó la locura de él. Pero bueno, eso fue su historia.

-¿Y la tuya?

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-Mi historia fue que siempre había estado con alguien, siempre había estado casada. Me casé a los diecinueve y nunca me faltó marido hasta los setenta y cuatro. Y ahí me encontré por primera vez sola. Entonces fue un tiempo de reflexión muy importante. Y en ese tiempo de reflexión, antes de que el destino me mandara a Roger, me encontré con mí misma por primera vez sola y fue muy bueno. Compré una casa con un dormitorio y una cama donde cabíamos yo y mi perro, nadie más. Y esa reducción, el deshacerme de todo, regalar todo y quedarme con lo esencial, fue fantástica. Una liberación completa.

Una mujer de cabello blanco y corto, con un blazer lila y camiseta negra, mira directamente a la cámara. Un cuadro adornado cuelga en la pared detrás
Isabel Allende, en la entrevista con Infobae por Zoom. (Captura de video)

-¿Y de eso ya podés escribir?

-Sí, ya pude escribir. Ya escribí una memoria sobre eso, que está por ahí dando vueltas. No sé cuándo se va a publicar.

-Hablabas de lo difícil que era tener reconocimiento. ¿Sos una buena escritora?

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-Yo creo que sí. Creo que sé contar una historia y no me cuesta nada una vez que me largo. Y después corrijo mucho, es cierto, pero el impulso de contar lo tengo adentro y me doy cuenta de que escribo correctamente.

-En el libro mostrás una relación entre la Inquisición y la fantasía de América latina. ¿La literatura fantasiosa que tenemos, el realismo mágico, tienen que ver con que los conquistadores escaparon de la Inquisición?

-No, yo creo que es el fabuloso continente que encontraron. ¡Vienen de Extremadura estos tipos! Y aterrizan en el Caribe… ¿qué se puede esperar? Deben haber quedado patitiesos. Llegan a México y se encuentran con una cultura absolutamente increíble en una ciudad flotante prácticamente. Y allí entran estos tipos que son unos patanes de Extremadura. Entonces, lógicamente se volvieron locos. Bueno, lo dice Alejo Carpentier. Dice que en América Latina no hay que inventar el surrealismo, está ahí, está en todo lo que ves. La cosa es poder contarlo de manera que sea creíble.

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“No me preguntes por Venezuela porque no he estado ahí hace muchos años. No me queda ni un solo amigo allí, se fueron todos”

-Porque no salimos volando, no es verdad.

-Hablas de Cien años de soledad. ¿Qué pasó allí? Que no saben cómo explicar lo que le pasa a Remedios la Bella. La familia inventa que se va en cuerpo y alma al cielo porque seguramente se quedó embarazada, hubo que recluirla en alguna parte y desapareció del mapa. Pero entonces la posibilidad de que se fuera en cuerpo y alma al cielo queda como flotando y la gente como que medio lo cree, ¿te fijas? Esa explicación no la podrías dar entre los anglosajones. Tendrías que decir que se murió nomás. O sea dentro de nuestra imaginación como latinoamericanos existen todas las posibilidades.

-Mmm.

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-Es fantástico. Yo tengo una anécdota ahí en el libro, sobre un amigo que tenía en Venezuela. Asdrúbal Meléndez, ya se murió. Era actor de cine, era pintor. Y tocaba cualquier instrumento. Me encuentro con Asdrúbal, después de no verlo mucho tiempo, y andaba como con varias vueltas de collares de colores. Le pregunto qué pasa y me dice que los usa para no ser invisible. Que se estaba volviendo invisible. ¿Tú crees que se le ocurriría a un alemán? Yo lo dudo.

-Puede ser algo simbólico. Como “soy una mujer mayor, me volví invisible”, porque si no generás deseo, sos invisible.

-Las mujeres decimos eso, decimos que nos volvemos invisibles. Pero de ahí a que tú realmente creas que no te ves en el espejo, ya hay un paso…

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Portada del libro "La palabra mágica: Una vida escrita" de Isabel Allende. Fondo azul con título, nombre de autora y editorial en letras doradas, y un libro abierto con flores
En «La palabra másgica» Isabel Allende habla de cómo escribe y da consejos.

-Ya que mencionás Venezuela y que viviste tantos años ahí…

-Yo amo a Venezuela, le debo todo. Le debo a Venezuela el color. Vengo de una familia vasca sobria, deprimida, con suicidas en mi familia, melancólicos. Y de un país sobrio, con miedo, venía escapando de una dictadura. Y llego a esta Venezuela saudita, que era la Venezuela del petróleo, donde todo era importado, donde el clima y todo se prestaba para la playa, para la exuberancia del cuerpo, con las mujeres más lindas del mundo que ganaban todos los concursos de belleza. La abundancia y la alegría. Cualquier disculpa era buena para una fiesta, para bailar. En Chile no bailábamos, dos pies izquierdos teníamos.

-¿Cómo ves todos los cambios que hubo? ¿Qué te cuentan?

-No me preguntes por Venezuela porque no he estado ahí hace muchos años. No me queda ni un solo amigo en Venezuela, se fueron todos. Están todos viviendo de inmigrantes en otras partes, muchos en Chile. Ahora, yo no sé qué es lo que pretende Trump en Venezuela. Fuera de quitarles el petróleo, no sé qué, qué es lo que pretende.

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-¿Y cómo ves Chile con la asunción de la derecha?

-Chile es un país que va de la izquierda a la derecha cada cuatro años. Y yo creo que Kast va a hacer grandes cambios que durarán cuatro años… pero es una democracia sólida. Yo no creo que vaya a pasar lo que está pasando en Estados Unidos, aunque él es un gran admirador de Trump y está siguiendo sus pasos, en lo que es inmigración por ejemplo. La gente lo votó por él por las mismas razones que votaron aquí, que fue por la inmigración y por la seguridad.

-¿Y harán algo parecido a lo que está haciendo Estados Unidos?

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-Claro que sí, pero en vez de un muro, están haciendo una zanja. Y eso ya comenzó. La verdad es que hay un problema de inmigración en Chile: es un país chico que ha tenido una inmigración tremenda. Hay más de ochocientos mil venezolanos y llegaron en oleadas. Los primeros fueron profesionales que encontraron trabajo inmediatamente y han sido realmente abrazados por la sociedad chilena. Después llegó otra clase de gente que llegó a trabajar también, pero la tercera ola fue gente que no estaba acostumbrada a trabajar. Y ahí empezaron las pandillas y el crimen urbano y en Chile empezaron a echarle las culpa de todo a los venezolanos. Hay un sentimiento antimigrante muy fuerte.

-En este libro das “trucos de escritura”, ¿me podrías decir los más importantes?

-Primero, perderle el miedo. Yo creo que lo más importante es lanzarse y escribir. Siempre se puede corregir. Lo que no puedes corregir es lo que no has escrito. Yo gasto mucho tiempo en editar, en corregir, en revisar, en chequear cada cosa bien. Ese trabajo es mecánico y ahora hay mucha ayuda. Pero tienes que lanzarte y contarlo de frentón.

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-¿Otro?

-La otra cosa es que uno no le da a la escritura la prioridad que necesita. Uno siempre tiene otra cosa que hacer. Tienes que ganarte la vida, tienes que cocinar, tienes que esto, que lo otro… Siempre hay una disculpa Y para mí la escritura tiene prioridad absoluta. Te voy a dar un ejemplo estúpido, pero acaba de pasar. Mi marido fue al dermatólogo y volvió herido porque le sacaron algo. Parece que se quitó el parche y pasé yo por la cocina y estaba sangrando. Entonces, había sangre en el mesón de la cocina. Y entonces paso yo y le digo: “¿Necesitas ayuda?”. Y me parece que me dijo que sí, pero yo no lo oí. Yo seguí de largo a mi oficina, que queda dentro de la casa, y seguí escribiendo. Y como a la hora llega él todo vendado y me dice muy triste: “Te dije que sí necesitaba ayuda. Te lo dije dos veces y ni siquiera me miraste”. Eso te da una idea de la prioridad de la escritura. No puedes parar. Yo solamente lo pude hacer cuando mis hijos ya no me necesitaban.

-Decís que desde los ochenta años escribir te cuesta más.

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-Me cuesta más porque me he puesto más lenta para todo. Para caminar, para imaginar, para todo estoy más lenta. Pero me planteé el desafío de escribir una novela este año y estoy lanzada. Entonces, como te digo, es cuestión de tirarse de cabeza y ya después veremos.

-El libro termina diciendo algo como “escribir, escribir”, con la idea de escribir hasta la muerte. ¿Cómo es eso?

-Mientras tenga cerebro… El tipo de libro que yo escribo requiere atención, memoria, estudiar mucho, sobre todo la novela histórica. Entonces, mientras me funcione la cabeza lo puedo hacer, porque a diferencia de si yo fuera bailarina, no importa que el cuerpo no me dé, si me da la mente. Mientras pueda pensar voy a escribir y después… ya no se podrá nomás. Me dedicaré a mirar un cuadro.

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INTERNACIONAL

En el exclusivo Mónaco, el Papa denunció «los abismos entre ricos y pobres»

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El Papa León XIV visitó este sábado durante diez horas el pequeño principado de Mónaco, de apenas 2,2 kilómetros cuadrados de territorio, habitado por 39 mil habitantes. Solo nueve mil son nacidos allí, el resto son extranjeros residentes, en el país con el mayor número de multimillonarios del mundo.

El Papa, que habló siempre en francés, el idioma oficial de Mónaco, criticó en uno de sus primeros discursos “los abismos entre pobres y ricos” y dijo que “cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido sino redistribuido”.

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En una clara referencia a los conflictos mundiales criticó que “la ostentación de la fuerza y la riqueza de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”.

Señaló en otro discurso “las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos”.

En el Palacio del Príncipe, donde lo recibió el reinante príncipe Alberto II, el pontífice, en su primer saludo desde el balcón donde una multitud lo recibió con entusiasmo, instó a los habitantes de Mónaco a usar su riqueza con prudencia y “don de la pequeñez”.

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“Es importante especialmente en un momento en el que la exhibición de poder y la lógica de la opresión están dañando al mundo y poniendo en peligro la paz”, agregó.

El Vaticano y el principado de Mónaco son los dos Estados más pequeños del mundo.

Visita a la tumba de Grace Kelly

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El príncipe Alberto II es hijo de la famosa actriz norteamericana Grace Kelly, que se había casado con el príncipe Rainiero III, y que murió en un accidente automovilístico.

La tumba de Grace Kelly se encuentra en la catedral metropolitana, que el Papa visitó. En su discurso, León XIV instó a evitar fundar la vida social “sobre la producción de la riqueza”.

Dijo que las diferencias, “nunca se conciertan en ocasión de división”.

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El pontífice, en un Estado que tiene al catolicismo como religión oficial, instó a la iglesia a “defender y promover la vida de todo hombre y toda mujer, desde su concepción hasta su fin natural”.

También pidió a los católicos que “ofrezcan nuevos mapas de orientación capaces de frenar aquellos impulsos del secularismo que corren el riesgo de reducir el hombre al individualismo y de fundar la via social sobre la producción dela riqueza”.

Por último el Papa León se preguntó: “¿Estamos realmente defendiendo al ser humano?”, “Estamos protegiendo la dignidad de la persona, de la vida en todas sus fases?, ¿Es realmente justo y esta inspirado en la solidaridad el modelo eoonómico y social vigente?”

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El pontífice se dirigió luego a la plaza de la Iglesia de Santa Devota, dedicada a la patrona de Mónaco.

Una multitud de fieles frente a la iglesia de Santa Devota, para ver al Papa León XIV, este sábado. Foto: ANSA

Misa en un estadio

Tras almorzar en el episcopado, el Papa se dirigió , a media tarde, al estadio Louis II, donde le esperaban 15 mil personas.

En su intervención, el pontífice denunció que las guerras que ensangrentan el mundo “son fruto de la ideolatría del poder y del dinero”. En un puesto de honor, cerca del altar, se encontraban el príncipe Alberto, su esposa Charlene y el resto de la familia Grimaldi, de origen genovés, que reina en el país desde hace siglos.

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El Papa pidió a la Iglesia que ayude a “ser lugar de acogida, de dignidad para los pequeño y los pobres, de dignidaid integral e inclusivo..

La homilia sirvió también al pontífice para volver a gritar no a la guerras. “¡No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las imágenes de la guerra!”, pidió.

“La paz no es un mero equilibrio de fuerzas, es obra de corazones purificados de quines ven el el otro a un hermano al que cuidar, no a un enemigo al que abatir”, afirmó

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“Aun hoy cuantos cálculos se hacen en el mundo para matar inocentes”, añadió,. También llamo a “hacerse cargo de toda existencia humana, en cada una de sus fragilidades, desde que es concebido en el seno materno hasta que envejece. Como nos ha enseñado el Papa Francisco, la cultura de la misericordia rechaza la cultura del descarte”.

Su presencia e intervención en el estadio concluyó su gira. El Papa se trasladó después al helipuerto de Mónaco, donde lo despidió el príncipe Alberto II. El aparato partió hacia Roma donde llegará en torno a las 19 hora local, las 15 hora argentina.

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