DEPORTE
¿Y si acaba de empezar el último año de Messi con la camiseta de la Selección?

Sé lo que hicieron el 13 de diciembre de 2022. Sé que fueron felices, que algunos de los que están acá leyendo esto se levantaron del sillón mientras Julián Álvarez se llevaba la pelota por delante hasta meterla en el arco croata como si corrieran con él. Que los que no se levantaron durante la corrida se levantaron después, para festejar el segundo de los tres goles argentinos de esa semifinal.
Sé que algunos salieron a la calle a festejar y otros, “los más cautos”, que en nuestro idioma quiere decir los más cabuleros, se quedaron en casa para no quemar nada hasta la Final. Sé que, si cierran los ojos, pueden recordar a la perfección la máscara de Batman que vestía Gvardiol, el maravilloso defensor croata que se descaderó por culpa del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos.
Pero también sé que en medio de esa felicidad, de esa euforia, de ese agrande argentino que ya venía ensanchándose desde el Topo Gigio y el “qué mirás bobo”, sintieron terror. Sé que vieron a Messi agarrarse el aductor y se aterrorizaron. Que tuvieron un instante de parálisis y un instante inmediatamente posterior de pánico absoluto. Que se encomendaron a eso en lo que cada uno de ustedes cree, incluso los que creen que no creen, y que rogaron que la molestia pasara en el entretiempo.
Sé que estuvieron atentos a lo que dijeran el comentarista y quien estuviera cubriendo el banco de suplentes de la Selección sobre ese agarre de ese aductor de esa pierna que es la varita mágica de un país entero. Y que cuando Messi, a la espera de que empezara el segundo tiempo, se volvió a masajear el aductor, vieron el sueño derrumbarse.

Pensaron, incluso, que si Argentina era campeón pero un desgarro sacaba a Messi de la cancha, todo habría sido en vano. Duró uno, dos o diez segundos, pero sé que se sintieron encerrados en una pesadilla del destino. Lo sé porque el 13 de diciembre de 2022 yo hice lo mismo que todos ustedes.
Y eso incluyó, durante un entretiempo y los primeros instantes del segundo tiempo ante Croacia, sentir que tal vez habíamos asistido a los últimos minutos de Lionel Andrés Messi en la cancha con la camiseta de la Selección. Esa vida que llevamos viviendo hace veinte años como si fuera normal. Como si no fuera un milagro. Esa vida que está a punto de terminarse, para él y para nosotros, pero a la que le queda su Last Dance en el Mundial 2026.
Los finales, en general, son o inesperados o más o menos previsibles. O se te cae un piano en la cabeza, el famoso piano en la cabeza que nunca se le cayó a nadie que conozcamos, o te morís de viejo, o de una enfermedad larga y dolorosa que, digamos todo, da tiempo para decir adiós. O te separás tirando la ropa del otro por la ventana o la pareja se deshoja como una margarita hasta que el menos cobarde dice “hasta acá”.
La carrera de un futbolista se puede terminar la última vez que se rompe los ligamentos cruzados y entonces un médico confirma que esa rodilla no da más, o te retirás a los treinta y largos, cuarenta y piquito incluso. Te sacan antes del minuto noventa, te ovacionan, ves tu carrera pasar delante de tus ojos, aplaudís con los brazos en alto y te vas definitivamente de la vida que viven los futbolistas profesionales.

El final de Messi se acerca y, como casi todo en su vida, asoma extraordinario. Ni nos vamos a tirar platos por la cabeza ni se está deshojando nuestro amor. Eso es lo más dramático: seguimos completamente enamorados. Pero en algún momento el tipo va a tener que decir basta o va a querer decir basta, y nosotros vamos a hacer lo que podamos con la noticia porque sigue siendo hermoso verlo jugar.
Sigue siendo hipnótico ver cómo compensó la velocidad y la explosión que fue perdiendo con una capacidad infalible de estar parado siempre en el mejor lugar de la cancha y con unas asistencias inexplicables para la física. Sé lo que están haciendo ahora: están pensando por enésima vez por dónde pasó la pelota que Messi le dio a Molina en el partido contra Holanda.
Pero sigo con lo nuestro. Como el final de Messi con la camiseta de la Selección se acerca, mi consejo es que compren carilinas. Que se stockeen. Que ahora mismo no es el Bitcoin ni las latas de atún: son las carilinas.
Aprovechen, incluso, esta temporada baja de resfríos y de alergia a los plátanos para hacerse de una buena cantidad de pañuelitos de papel. Compren en el vagón del tren o del subte, o a quien se los ofrezca en un semáforo. Aprovechen el próximo CyberAlgo no para comprar un televisor o pasajes a Río de Janeiro: compren carilinas.

Si una tía incluyó un paquete en un regalo navideño que también trajo colonia y un par de medias, no maldigan. Agradezcan y almacenen. Las van a necesitar. Van a poder, incluso, convidarlas y que eso sea leído como un gesto de total camaradería en medio de la angustia. Suena ridículo pero tener carilinas los va a hacer quedar bien con conocidos y desconocidos el día que este país llore todo al mismo tiempo.
No sabemos cuándo será ese día, el último partido profesional de Lionel Messi en la Selección. ¿Será durante el Mundial tripartito que también jugarán Curazao, Cabo Verde y Uzbekistán? Y si lo fuera, no sabremos cuál será el último partido hasta que Argentina lo esté jugando.
Esa es la magia de los Mundiales: nunca sabés que estás jugando tu último partido hasta que ese partido termina, excepto que estés jugando la Final, y entonces las carilinas, por ganar todo o por perder todo, serán un objeto de primera necesidad.
No sabemos cuándo será el día pero imagínense. Messi con los brazos en alto. Llorando porque ganó o llorando porque no ganó. Secándose las lágrimas, sorbiéndose los mocos, arrodillado, haciéndole una vez más una seña de agradecimiento a la abuela que lo mira desde el cielo.

Abrazando a sus compañeros, a Scaloni, tirándoles besos a Antonela, a Thiago, a Mateo, a Ciro, a Celia, saludando a los miles de hinchas argentinos que haya en la cancha, diciéndoles algo por televisión a los millones de argentinos que estemos en casa, algo como que el fútbol lo hizo muy feliz, que la Selección lo hizo muy feliz, que ahora es tiempo de descansar. Y llora y sonríe, y no mira demasiado a cámara porque todavía se pone nervioso, y se va para nunca más volver. Se va y se lleva con él un pedazo de cada uno de nosotros. ¿Alguien necesita una carilina ahora?
Me lo dijo una gitana. No, perdón. Me lo dijo una psiquiatra. “Lo más difícil de un duelo no es perder a la persona que perdemos, sino perder lo que se va de nosotros cuando se va esa persona”.
No los quiero deprimir, pero prepárense. Porque el día que Messi se vaya del todo, sea en el Mundial 2026, o en el 2030, o cuando él quiera, una parte de nosotros también se va a ir. La parte nuestra que empezó a maravillarse hace dos décadas y que todavía no puede creer lo que tiene delante de sus ojos.
Se nos van a ir los minutos que dedicamos a mirar cada uno de sus nuevos partidos, o los resúmenes de sus partidos, o lo que haya pasado en el entrenamiento. Se nos va a lacrar el pedacito de cerebro y el pedacito de corazón que tenemos exclusivamente reservado a sorprendernos cuando Messi hace algo que no creíamos que alguien podía hacer.
Se nos va a ir esa sensación de confianza y de entusiasmo turbo que nos agarra cuando se para delante de un tiro libre, y esa mezcla inexplicable de total seguridad y de cornisa ante la desgracia que vivimos cuando creemos que va a meter un penal decisivo pero tememos que lo erre y que la foto de él agarrándose la cabeza recorra el mundo.
Se nos va a morir la posibilidad de que el Messi futbolista nos cree nuevos recuerdos. No veremos en la cancha esas piernas, esos ojos atentos que encuentran un agujero donde todos los demás ven una pared, ese espíritu de capitán que le construyó el tiempo.
Se nos va a ir el alivio que nos daba en la primaria ganar el pan y queso porque entonces sabíamos que el mejor iba a estar en nuestro equipo. Nos vamos a mudar a la incertidumbre de quién nos va a hacer sentir algo parecido. O algo peor: no vamos a saber si alguien alguna vez nos va a hacer sentir así de nuevo.
Vamos a quedar huérfanos. No sabemos cuándo pero sabemos que vamos a quedar huérfanos. Y en ese vértigo estamos viviendo.
Les dije que almacenen carilinas y que se les va a morir una parte suya. Pum para arriba. Pero, les juro, no los quiero deprimir. Antes de las carilinas nos quedan algunos amistosos, la Finalíssima y, si todo sale recontra bien, ocho partidos en este nuevo formato de Mundial que debutará en junio, trece días antes de que nuestro capitán cumpla 39 años.
Nos queda un poco más del Messi que en la Copa América 2021 empezó a sacarse la mufa de encima, que ya ganó el Mundial que se le había negado las cuatro primeras veces y que ahora juega con la liviandad, con la seguridad y con la alegría de haber podido mirar a su mujer, sus hijos y su mamá para decirles de una vez ese “ya está” definitivo.

Nos queda más del Messi que se ríe más que antes con los compañeros y se pelea más que antes con los rivales y con los árbitros. De ese Messi que ya ganó todo y que ya es el hombre que más partidos de Copa del Mundo jugó, pero que quiere un poco más porque Messi es, todos los minutos de su vida, un tipo que le saca una ventajita a su hijo del medio para ganarle una ronda al “Uno”.
Nos queda un rato más del Messi que hizo puchero y revoleó un botín cuando tuvo que salir de la cancha en la final de la Copa América contra Colombia porque se le terminó el partido antes de tiempo, y porque su cuerpo, cada tanto, le avisa “mirá que va quedando cada vez menos”. Ese Messi que sabe que queda poco tiempo y que sigue muerto de hambre.
Así que bailemos, que queda poco pero la fiesta todavía no terminó y no va terminar hasta que apaguen la música y prendan las luces. Y ojalá cuando las prendan tengamos las carilinas a mano.
Middle East,LUSAIL
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El curioso análisis de Guardiola tras la dura derrota del City en la Champions: “Jugamos bastante bien”

11/03/2026 21:13hs.
Pep Guardiola habló ante los medios luego de la derrota del Manchester City por 3-0 frente al Real Madrid en el partido de ida de los octavos de final de la Champions League. El técnico catalán analizó el durísimo resultado y dejó varias reflexiones sobre la derrota.
“El resultado es contundente, pero quedan 90 minutos más. Tengo la sensación de que no ha sido tan malo. Ellos en la primera parte han tenido tres ocasiones y nos han hecho tres goles”, explicó el entrenador.
El entrenador del City insistió en que el equipo generó situaciones, aunque faltó precisión en los metros finales. “Cuando llegas a línea de fondo y tienes cuatro o cinco personas en el área, es una cosa de buen pase. Y las hemos tenido”, señaló. Y agregó: “Si marcamos, nos animamos… Nos ha faltado ese último momento. Igual en un rato lo veo y no me gusta, pero tengo la sensación de que no fue tan malo”.
El City tuvo algunas aproximaciones, pero no logró concretarlas. Incluso el marcador pudo haber sido mayor si Donnarumma no detenía el penal ejecutado por Vinícius.
La dificultad de revertir la serie
Pensando en el partido de vuelta, Guardiola reconoció que el panorama es complicado, aunque dejó abierta la posibilidad de intentar una remontada. “Con tres goles es difícil, imagina con cuatro. Pero tendremos a nuestra gente, a ver qué podemos hacer para sorprenderles”, comentó en relación al partido de vuelta en Inglaterra.
El técnico también explicó que el principal problema fue controlar las transiciones del equipo español. Pep sostuvo que “a veces es complicado controlar las transiciones cuando perdemos la pelota y ellos conectan”, especialmente por la velocidad de sus atacantes. “Si pueden correr es complicado, pero creo que hemos jugado bastante bien”, afirmó.
A pesar del resultado adverso, el entrenador insistió en que su equipo generó situaciones y estuvieron cerca de descontar. “Hemos llegado muchas veces al área pequeña, pero nos faltó ese último pase”, agregó.
Elogios para Valverde y compañía
Guardiola también se refirió al desempeño del Real Madrid y destacó el nivel de Federico Valverde, el protagonista de la noche. “Es un jugador fantástico. Puede cumplir muchos roles y ha marcado muy buenos goles”, elogió el entrenador español.
Por último, Pep reconoció el mérito del rival y la calidad del plantel. “El Madrid se lo ha merecido”, afirmó, y destacó nombres propios del equipo merengue: “Tienen a Güler, Vinicius, Valverde, Tchouaméni… Es un equipo con mucha calidad”. Aun así, sostuvo que el marcador no refleja del todo lo sucedido en el campo: “Nuestro partido no ha sido tan malo como para perder 3-0”.
Pep Guardiola,Manchester City,Real Madrid,Champions League
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Nashville – Inter Miami: horario y dónde ver el partido de la Copa de Campeones de la Concacaf

El Inter Miami viaja esta semana a Nashville para el partido de ida de los octavos de final de la Copa de Campeones de la Concacaf. Las Garzas empiezan su participación en el torneo intercontinental como vigentes campeones de la MLS Cup 2025.
Para esta primera eliminatoria, el equipo de Javier Masherano se enfrentará a un rival de la misma Major League Soccer, el Nashville SC. Los hombres encabezados por Lionel Messi aún no se han enfrentado al conjunto amarillo, pero se conocen bien de estas pasadas temporadas.
Sin ir más lejos, a finales del año 2025 se enfrentaron hasta cuatro veces al cuadro de B.J. Callaghan, el 19 de octubre en la última jornada regular de la temporada regular MLS, con victoria rosa por 2 goles a 5 con hat-trick de Lionel Messi; y los otros tres en la primera ronda del playoff de la Major.
El equipo en el que estaban en ese momento figuras como Jordi Alba o Sergio Busquets vencieron en casa, en el Chase Stadium, por 3 goles a 1 y 4 goles a 0; y cayeron en Nashville en la segunda manga por 2 goles a 1.
El equipo local consiguió el pase a esta competición como campeón de la Lamar Hunt U.S. Open Cup de 2025, donde ganó al Austin FC en la final por un resultado de 2-1. en la primera ronda, el Nashville SC superó al canadiense Atlético Ottawa, equipo afiliado al Atlético de Madrid en Canadá, lo que le permitió acceder hasta los octavos de final.
El Inter Miami, como campeón de la MLS Cup, accedió directamente a este ronda. Esta campaña, el conjunto de Messi perdió en la jornada inaugural de la MLS 2026 ante LAFC (3-0) y venció sus dos otros eventos, el derbi ante el Orlando City (2-4) y el partido en la capital del país ante el DC United (1-2).
¿A qué hora es el Nashville SC – Inter Miami de la Copa de Campeones de la Concacaf?
El partido entre el Nashville y el Inter Miami CF el Geodis Park del estado de Tennessee, en Estados Unidos, se disputa este miércoles 11 de marzo de 2026 a las 18:30h hora local en Estados Unidos (las 00:30h CET de la madrugada del jueves 12 de marzo en España).
¿Dónde ver el Nashville SC – Inter Miami de la Copa de Campeones de la Concacaf?
El encuentro se podrá ver en directo desde España en Apple TV con el MLS Season Pass. En México o Estados Unidos, el partido se puede seguir también en directo en Fox One o TUDN USA.
Además, en cualquier parte del mundo podrás ver el resumen del partido y las mejores reacciones al momento en SPORT.es.
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Con Lionel Messi de titular, Inter Miami abre su llave de octavos de final de Concachampions ante Nashville

Bernardo Silva, el “galáctico” apuntado por Inter Miami
En las últimas horas corrió un fuerte rumor acerca del interés por parte del equipo de la Florida por Bernardo Silva, actual figura y capitán de Pep Guardiola en el Manchester City, quien termina contrato a mediados de 2026 y no recibiría oferta de renovación. Silva, de 31 años, suma 445 partidos, 75 goles y 75 asistencias con los Skyblues desde su llegada en 2017, siendo fundamental en la obtención de 18 títulos. El club de la MLS, que aún tiene un cupo de Jugador Designado, competiría con Juventus, Galatasaray y Benfica por sus servicios.
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