ECONOMIA
Lorenzo Sigaut Gravina: “El PBI crecería un 3% en 2026, pero sin creación significativa de empleos de calidad”

El factor distintivo en el inicio de 2026 respecto de la primera mitad de gobierno de Javier Milei es contar con la Ley de Presupuesto sancionada por el Congreso y la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal, que aportan más certidumbre a los agentes económicos. Sin embargo, quedan pendientes la liberación de lo que queda del cepo cambiario a las empresas, la acumulación de reservas del BCRA sin intervención en el mercado de cambios y la reforma de la legislación laboral para inducir a las empresas a la contratación de empleos registrados.
Con ese cuadro, Infobae entrevistó a Lorenzo Sigaut Gravina, socio director de la consultora Equilibra, Magíster en Economía de la Universidad Torcuato Di Tella, profesor de la Universidad de Buenos Aires, quien dio su mirada sobre las expectativas para el tercer año de gobierno de Javier Milei.
— ¿Cómo evalúa el balance de la gestión económica de Javier Milei en 2025? ¿Cuáles considera que han sido los principales aciertos y desaciertos?
— El año 2025 fue complejo ya que se atravesaron dos picos de estrés cambiario con tasas de interés por las nubes, que redujeron al mínimo la previsibilidad. La decisión de bajar de 2% a 1% mensual el deslizamiento del tipo de cambio oficial a inicios del año desembocó en un acuerdo con el FMI que introdujo mayor flexibilización cambiaria -fin del cepo para las personas- junto con un esquema de bandas y metas ambiciosas de acumulación de Reservas Internacionales Netas (RIN).
Pese a que la brecha cambiaria casi desapareció, las autoridades económicas priorizaron la estabilidad del tipo de cambio para profundizar la desinflación frente a la acumulación de reservas en el BCRA.
“El Gobierno logró un triunfo electoral que no sólo despejó dudas sobre gobernabilidad de su mandato, sino que lo acercó a la mayoría para sancionar leyes”
Al terminarse la liquidación estacionalmente elevada de divisas proveniente de la cosecha gruesa y al acercarse las elecciones, la creciente dolarización de activos produjo un segundo pico de tensión cambiaria. Este pudo contenerse gracias a la intervención directa del Tesoro Americano (comprando Pesos/vendiendo dólares) y revertirse tras el contundente triunfo electoral de la administración Milei en las elecciones de medio término.
En este contexto se interrumpió el proceso de expansión de la actividad y de reducción de la inflación iniciados a mediados de 2024. Sin embargo, el Gobierno logró un triunfo electoral que no sólo despejó dudas sobre gobernabilidad de su mandato, sino que lo acercó a la mayoría para sancionar leyes como quedó demostrado a fin de año con la aprobación del Presupuesto 2026 y la Ley de Presunción de Inocencia fiscal.
Además, el Ejecutivo obtuvo un contundente apoyo en las urnas sin apelar a una política fiscal expansiva, lo cual no sólo refleja un cambio de época, sino que consolida el pilar central del esquema económico: el superávit primario fiscal.

— ¿Qué aspectos del modelo implementado distingue como innovadores o rupturistas respecto al pasado reciente?
— Alcanzar un superávit primario fiscal al inicio de la gestión y sostenerlo en un año electoral es la principal diferencia en el plano económico con las últimas presidencias.
— En cuanto al debate cambiario, ¿cómo analiza la mejora del tipo de cambio real y su impacto en el récord de exportaciones y mayor oferta de productos?
— El gobierno de Milei normalizó el comercio exterior -eliminó múltiples restricciones, bajó aranceles de importación y derechos de exportación- que ayudaron al crecimiento de las exportaciones y las importaciones.
En materia de exportaciones hay un boom de ventas de combustibles gracias a la última política de Estado que tuvo la Argentina: el desarrollo de Vaca Muerta que arrancó en 2013 con el acuerdo YPF-Chevron. A esto se le está sumando el florecimiento de la minería que hoy presenta una fuerte expansión en litio y la apuesta futura es el cobre.
“El tipo de cambio real es poco competitivo en un mundo en que las grandes potencias se encuentran cursando una guerra comercial”
Sin embargo, el desempeño del resto de las exportaciones de bienes y servicios (especialmente manufacturas de origen industrial y el turismo receptivo) no es alentadora: la baja de retenciones ayuda, pero el tipo de cambio real es poco competitivo en un mundo en que las grandes potencias se encuentran cursando una guerra comercial.
Por el lado de las importaciones, preocupa la elevada elasticidad al crecimiento del PBI. En términos simples, se están importando muchos bienes de consumo final, gastando divisas en turismo en el exterior, y se está sustituyendo producción local por productos chinos en forma indiscriminada (las exportaciones chinas inundan el resto del mundo cuando EEUU les cierra el acceso a su mercado). Hay que encontrar un punto de equilibrio entre mejorar el poder adquisitivo del consumidor sin destruir entramado productivo valioso en términos de empleo y a nivel regional.
— ¿Qué riesgos identifica en el nuevo régimen cambiario aprobado a partir de enero, especialmente en relación a la brecha esperada entre el techo de la banda y la cotización del dólar mayorista?
— El esquema de bandas ajustado al 1% mensual conducía a una apreciación real del peso que lo tornaba insostenible hasta las elecciones de 2027 y, la imposibilidad de acumular reservas netas hacía muy inestable al esquema pues no había buffers frente a shocks negativos. Lo veíamos los analistas, el FMI y el mercado.

La modificación de la política cambiaria y monetaria era indispensable. Este cambio refleja un menor énfasis oficial en el objetivo de desinflación, ya que el tipo de cambio deja de moverse por debajo de la inflación y pasa a moverse a igual ritmo, agregando un elemento de inercia inflacionaria.
No está claro que estas modificaciones alcancen si ocurren un deterioro del contexto internacional y/o de la confianza en la administración Milei, pero este rebalanceo es positivo: una desinflación más lenta a cambio de un esquema más sostenible es un trade off que vale la pena asumir.
— Con la ola de desregulaciones, ¿cree que efectivamente se está produciendo un “cambio de época” en la industria argentina? ¿Qué sectores son los grandes ganadores y perdedores de este nuevo esquema?
— Si bien era necesario sacudir la estructura económica de la Argentina y remover muchas restricciones y regulaciones para volver a tener un normal funcionamiento de la economía donde las firmas compitan en igualdad de condiciones, la apreciación cambiaria, la apertura comercial sin contemplar la guerra comercial entre las principales potencias mundiales y los principales incentivos estatales alineados hacia las actividades extractivas (RIGI), configuran un esquema de ganadores (minería, energía, agricultura, intermediación financiera, etc.) que no crean empleo de calidad en grandes centros urbanos.
“La Argentina es un país muy amplio territorialmente como para no proteger con inteligencia algunas actividades productivas, en vez de seguir subsidiando regímenes especiales”
Las actividades relegadas -como la industria, la construcción y el comercio- están destruyendo puestos de trabajo de calidad en los aglomerados. Argentina es un país muy amplio territorialmente como para no proteger con inteligencia algunas actividades productivas, en vez de seguir subsidiando regímenes especiales.
— A pesar del crecimiento de la economía, la industria de origen no agropecuario muestra un escenario muy heterogéneo. ¿A qué atribuye este fenómeno?
— En términos generales, la industria prácticamente no creció en 2025 y se destruyeron puestos de trabajo formales. No obstante, se observa dinamismo en algunas ramas fabriles vinculadas a la energía/combustibles y a la agroindustria, mientras que en el resto mostraron estancamiento o caída.
— Se observa una mejora de los principales indicadores socioeconómicos, pero con mayor peso del empleo informal y estancamiento del empleo registrado. ¿Esto es sostenible en el mediano plazo?
— En Equilibra realizamos junto con el Observatorio Económico de la Universidad Nacional de La Pampa un profundo análisis de la serie oficial de pobreza del Indec. Tras corregir por una Canasta Básica Total actualizada por la última Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (Engho 2017/18 en vez de la vigente de 2004/05) y por la mejora de captación de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) -el desempeño de los ingresos registrados fue mucho menor a lo captado por la EPH en los últimos dos años-, la baja de la pobreza en la gestión Milei no ha sido significativa como arroja la serie oficial.

Hacia adelante, la destrucción de empleo de calidad (asalariado privado formal) y la saturación de nuevas fuentes de trabajo cuentapropista relacionada a las aplicaciones digitales, puede convertirse en un obstáculo infranqueable para la reducción de la pobreza.
— ¿Cómo valora la aprobación del primer Presupuesto de Milei, con la regla del déficit fiscal cero? ¿Qué impacto espera en la sociedad y sobre el índice de riesgo país?
— La aprobación del primer Presupuesto de la administración de Milei, junto con la sanción de la “Ley de Presunción de Inocencia Fiscal” antes del cierre de 2025, fue una señal importante para los inversores porque demuestra la fortaleza del oficialismo en el Congreso: tejiendo alianzas con gobernadores puede construir mayorías para aprobar leyes. Esto es muy relevante de cara a las reformas estructurales (legislación laboral y tributaria) que planea introducir el Ejecutivo en 2026.
En cuanto al compromiso del Déficit Fiscal Cero, en el pasado se han sancionado leyes en este sentido que luego cayeron en saco roto. Pero esta vez es creíble, porque el Gobierno hizo un ajuste fiscal fenomenal –res non verba– al inicio de su gestión, que sostuvo en un año electoral.
— ¿El objetivo de acumular reservas es compatible con la actual política cambiaria y comercial? ¿Es tan relevante, considerando el respaldo del Tesoro de EEUU al plan económico?
— Como he mencionado, el BCRA dio un paso en la dirección correcta recalibrando la política cambiaria y monetaria ajustando el techo de la banda a la inflación pasada y comprometiéndose a comprar USD 10.000 millones en 2026 sin esterilizar todos los pesos que surjan de dicha operatoria. Pese al contundente apoyo del FMI y del Tesoro estadounidense, es muy importante que Argentina vuelva a tener reservas netas positivas para no depender de Wall Street (como mencionó el ministro de Economía recientemente) ni tampoco de Washington.

La ayuda excepcional del Treasury para que el gobierno de Milei atraviese la corrida de las semanas previas a la elección no debería repetirse. No sólo porque tuvo un costo político elevado para la administración Trump (fue atacado por el “Bailout a la Argentina”), sino porque una cosa es una ayuda puntual y otra un salvataje continuo, que demuestra inconsistencias de política económica. Estimo que tanto el FMI como el Tesoro estadounidense celebraron las recientes modificaciones de la política cambiaria y monetaria local.
— ¿Qué opinión le merece la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal para fomentar la bancarización y el crédito? ¿Ve señales de mayor profundidad financiera y acceso al crédito tras su implementación?
— La elevación de los montos mínimos a partir de los cuales se considera delito penal la evasión -de 1,5 a 100 millones de pesos para la simple y de 15 a 1.000 millones de pesos para la agravada- limitando el accionar legal de ARCA y acortando los plazos de prescripción, más la simplificación del régimen de ganancias, buscan fomentar el consumo durable y la inversión mediante un “blanqueo” permanente. Con blindaje legal y con el Banco Nación como punta de lanza (no va a pedir requisitos informativos y aceptaría dólares cara chica sin descuento) el ingreso de depósitos en dólares podría ser relevante en 2026.
— La baja de la inflación mensual al 1,5% se revirtió en el segundo semestre, aunque la desaceleración interanual se mantuvo. ¿Cuán resiliente es este proceso?
— El proceso de desinflación se interrumpió en el segundo semestre: la tasa de inflación alcanzó el 2,5% en noviembre y la variación interanual trepó mínimamente (de 31,3% en octubre a 31,4%) y los cambios de política cambiaria/monetaria recientemente introducidos le suman inercia al proceso. Por ende, es probable que la desaceleración del alza de precios se reanude, pero a un ritmo lento. De hecho, en Equilibra esperamos una baja acotada ya que la inflación acumularía 20 y pico por ciento en 2026.
“Es probable que la desaceleración del alza de precios se reanude, pero a un ritmo lento. De hecho, en Equilibra esperamos una baja acotada ya que la inflación acumularía 20 y pico por ciento en 2026″
No creo que esto sea un problema, porque como siempre me dice la mia mamma: “piano piano si va lontano” y es probable que se requiera otro mandato presidencial para alcanzar una inflación anual de un dígito. En este sentido, no ayuda a las expectativas que el Gobierno repita con distintas fechas la inminente llegada de la inflación 0% que finalmente no se concreta.
— ¿Qué rol juega el “viento de cola” internacional, con bajas tasas de interés y altos precios de materias primas, en el desempeño actual de la economía?
— El contexto internacional y otros factores exógenos -como el clima en las principales zonas agrícolas- están alineados favorablemente, ayudando a que Argentina logre crecer bajando la inflación por segundo año consecutivo. Caídas significativas de precios internacionales de nuestras commodities de exportación (principalmente soja y petróleo) y/o problemas climáticos que afecten negativamente a la cosecha gruesa, complicarían la estrategia de acumulación de divisas, generando mayores tensiones cambiarias.
— ¿Cuáles son sus expectativas para la economía argentina en 2026? ¿Qué riesgos y oportunidades destaca en el horizonte?
— Si la confianza en el programa económico de Milei se robustece -gracias a la acumulación de reservas netas en el primer semestre y la sanción de reformas estructurales- el Gobierno concretaría el ansiado retorno a los mercados de capitales a mediados de año, recuperando la senda del crecimiento con reducción de inflación.

Con un tipo de cambio oficial manteniendo una distancia prudencial con el techo de la banda (ajustando tendencialmente al ritmo de la suba de precios), la tasa de inflación debería seguir una trayectoria levemente descendente que permitiría volver a subas mensuales en torno de 1,5% para finales de 2026.
Asimismo, el nivel de actividad crecería alrededor de 3%, empujada por una suave mejora del poder de compra de los salarios y un mayor empuje del crédito. Pero esta mejora no se vería homogéneamente repartida entre sectores y no esperamos que genere muchos puestos de trabajo (de calidad).
Con tipo de cambio real poco competitivo y una economía cada vez más abierta en un mundo cada vez más proteccionista, vemos muchas ramas de actividad estancadas y sin generar empleo. Esto es un riesgo socioeconómico que puede socavar el elevado apoyo popular de la gestión Milei durante su segunda mitad de mandato.
Fotos: Jaime Olivos
ECONOMIA
Thomas Owsianski, CEO de General Motors Sudamérica: “Soy optimista con Argentina, veo tendencias positivas en el mercado”

Thomas Owsianski asumió el pasado 20 de enero el cargo de Presidente de General Motors Sudamérica. Es alemán, nació en Hannover en 1967, pero conoce muy bien Argentina porque ocupó la presidencia de la filial local de Volkswagen entre 2019 y 2022.
En su nueva etapa profesional enfrenta el desafío de conducir la operación completa de la región en una automotriz distinta, que tiene sus raíces en Estados Unidos pero tiene alianzas industriales en China.
Hoy, Chevrolet es la tercera marca en Brasil, donde tiene el 10,8% del mercado tras vender 275.000 vehículos en 2025. En Argentina, tras dos años en los que se vio obligara a retraer su participación por los impedimentos para importar vehículos, recién pudo empezar su recuperación en 2025, subiendo del 6% al 8% en solo 12 meses, pero duplicando el volumen de unidades porque pasó de vender 23.000 autos en 2024 a 46.000 unidades a fines de diciembre de 2025. Actualmente es la quinta marca en cantidad de ventas.
– ¿Cuál es el objetivo para el mercado argentino teniendo en cuenta que los productos son básicamente los mismos que en Brasil?
– Nuestro objetivo es de seguir creciendo en nuestro market share local y alcanzar ese 10% en los próximos años. Aspiramos a tener un desempeño similar al Brasil. Tuvimos un desafío importante en los últimos dos años para recuperar parte del mercado aquí. Pero ahora Argentina es un mercado mucho más abierto, bastante comparable con otros mercados en América del Sur. Mi opinión es que esto es normal. Lo que no era normal era lo anterior.
– ¿Cómo ve a la Argentina?
– Soy optimista. Después de haber vivido tres años aquí antes, diría que soy optimista. No soy político, soy sólo un ejecutivo, pero veo tendencias positivas en el mercado. Para General Motors con Chevrolet, Argentina es el mercado número 2, siempre fue súper importante.
– Argentina produce pickups de todas las marcas excepto de General Motors porque la Chevrolet viene importada de Brasil. Estratégicamente, ¿no sería bueno fabricar la una pick-up en el país?
– Esa es una estrategia para garantizar el abastecimiento de mercado en los dos países y en toda la América del Sur. Entendemos que es una estrategia correcta. Hacemos la pick-up S10 en Brasil, la exportamos para Argentina y así abastecemos el mercado.

– Argentina es un país que exporta esencialmente pick-ups y para tener una buena escala industrial parece ideal tener un vehículo que se exporte, pero Tracker se vende en el mercado doméstico. ¿No deberían apostar a un utilitario?
– Es coyuntural. Con Tracker por ahí el volumen de la fábrica no es el que esperamos. Pero si se va hacia atrás, cuando fabricábamos otros productos exitosos como el Classic, la fábrica estaba a capacidad completa, por ejemplo.
– Pero el mundo cambió…
– Por eso, son momentos. Nosotros lo que tenemos en Sudamérica, entre Brasil y Argentina, es un hub de producción con varias plantas y con una locación de productos entre las plantas en base a cómo se van analizando los proyectos, y dónde creemos que es el mejor lugar para determinado producto en determinado momento.
– ¿Cuántos años más hay de esta Tracker?
– Esta es una generación nueva y tiene para algunos años, no sabemos cuántos, pero la idea es siempre modernizar el portafolio. Nos estamos modernizando con los autos que traemos de China como el Captiva PHEV que va muy bien y con los autos de Brasil. El portafolio completo de Chevrolet en América del Sur es muy completo y moderno. Y con perspectivas claras de ir renovando e impulsando más tecnología, diseño y seguridad para los vehículos.
– Usted habló de la complementación entre Argentina y Brasil, de los dos polos industriales. ¿Fabricar Tracker en Argentina y Tracker en Brasil no resulta menos productivo que si fuera un producto de una sola fábrica para abastecer a los dos mercados?
– Yo diría que es como un seguro que garantía. La oferta de un producto que toda la región tiene como un producto de deseo, y teniendo la producción en las dos plantas es importante que, si tenemos un problema en una fábrica, tenemos esa redundancia positiva, y con eso, la garantía del producto para abastecer a toda la región. Tracker es número uno en Argentina en su segmento en los últimos tres o cuatro años. Es todo un desafío para nosotros sostener ese nivel, y por eso vamos a lanzar el nuevo Sonic en algunas semanas más aquí también.

– La electrificación en la región está creciendo a través de los autos híbridos y no tanto por los eléctricos puros. ¿Es la estrategia adecuada apostar por los híbridos con más fuerza en este momento?
– La realidad es que, como una marca de grande volumen, necesitamos un portafolio que incluya más o menos todos los sistemas de propulsión. Necesitamos motores de combustión (ICE), Mild-Hybrid, híbridos PHEV y también eléctricos para competir. Y claramente aquí, en América del Sur, la transición hasta ser 100% u 80% eléctricos va a necesitar tiempo. Bastante tiempo, diría yo.
– ¿Cómo ve el cambio global de apostar inicialmente al eléctrico y después cambiar los objetivos? ¿Hubo un error de cálculo?
– Durante los últimos dos años, cuando yo trabajé en Europa, pude comprobar que también hay diferencias muy grandes entre países. Por ejemplo, en Noruega casi el 100% de los autos nuevos son eléctricos. Pero hay otros países en el sur de Europa, como Italia, con menos del 3%, y otros países en la mitad. Entonces lo que hay es una transición, y parece que será un proceso más lento en algunos países a causa del contexto económico. Se necesita un ecosistema de cargadores, de infraestructura, etcétera. Si se va a necesitar un poco más de tiempo.
– ¿Cómo se trabaja con China?
– En nuestro caso es bastante claro. Tenemos dos alianzas en China, con SAIC, nuestro socio en Shanghai, que se llama SAIC-GM, y en Guizhou con SGMW. Con esto tenemos la oportunidad de traer vehículos de China para América del Sur. Y eso ayuda mucho. Tenemos un pie en cada parte del mundo y esa es nuestra gran ventaja como una empresa global.
– ¿Entonces se puede decir que para General Motors no es una preocupación la expansión china, sino que es una herramienta que tienen para crecer?
– No, claramente es sí es una presión adicional en el mercado, esa es la verdad. Pero tenemos productos chinos en nuestra compañía también, y podemos usarlos para competir o para complementar nuestro portafolio sudamericano al que también le aportamos otros productos de los Estados Unidos, por ejemplo.

– ¿Cómo está la alianza de General Motors y Hyundai para fabricar en la región?
– Estamos avanzando en la alianza. Es una alianza de desarrollo de proyectos de ingeniería y una alianza de desarrollo de sinergia de abastecimiento. Eso está avanzando. Tenemos anunciado la producción de tres vehículos en la región y un vehículo en los Estados Unidos, y eso avanza. Estamos en la etapa de esperar para anunciar el acuerdo formal y los productos que serán fabricados conjuntamente.
– ¿Y hay posibilidad que uno de esos tres productos venga a Argentina o es algo que todavía no está definido?
– No tenemos una definición de las plantas, aún no tenemos, pero todas las plantas están siendo evaluadas.
– ¿Cómo está la planta de Alvear en cuanto a capacidad de producción y producción actual?
– Estamos en un porcentaje bajo, pero estamos trabajando mucho en mejorar la competitividad, porque las plantas acá en la región tienen que estar enfocadas en exportar. Y para exportar tienes que ser muy competitivo con las nuevas reglas del mercado y de los competidores. Entonces, estamos trabajando justamente en este momento en la planta para lograr esa eficiencia, de modo tal que cuando exista un proyecto, sea competitivo a nivel regional y por qué no a nivel global.
– ¿Y en esa competitividad cuánto es un trabajo interno y cuánto depende de bajar la carga de impuestos que tiene la producción de automóviles en Argentina?
– Bajar los impuestos es superimportante. Para estar competitivo eso es clave. Es fundamental para el futuro, porque permitirá aumentar o mejorar la competitividad de la planta argentina.
– ¿Las novedades para este año son Sonic y Tahoe?
– Sonic va a ser la gran novedad de la marca. Es un vehículo de volumen, va a ser muy fuerte. Y Tahoe la mostramos en el verano y tuvo gran aceptación en la gente. Y mira, es posible traerla con el acuerdo de Argentina con Estados Unidos.
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ECONOMIA
Casos $LIBRA y Adorni desatan tormenta perfecta que hace temblar a bonos y dispara el riesgo país

El ruido político vuelve a colarse en el mercado financiero. Si bien no es el único ni el principal factor que pone en rojo a los bonos argentinos en dólares e impulsa al riesgo país por encima de 600 puntos, en el mercado creen que un eventual debilitamiento de la imagen pública de Javier Milei, a raíz de los avances en denuncias de presunta corrupción, es uno de los motivos que hoy desalienta a los inversores y profundiza la cautela. De fondo, y con mayor peso, el escenario luce complejo por el conflicto bélico en Medio Oriente.
El desempeño de los títulos de deuda argentina en dólares es negativo en lo que va de marzo, con bajas de hasta 4% en los que vencen en 2046 y 2041. Las fuertes compras de reservas del Banco Central, que en el año ya superan u$s3.600 millones, y las señales del Gobierno respecto a financiamiento para garantizar los pagos actúan como drivers positivos. Pero pesa más el «fly to quality» global y se sumarían otros factores, como los ruidos políticos.
Los avances en la investigación del caso $Libra y la polémica en torno a los viajes del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, golpean en el corazón del oficialismo: contradice el discurso emblema de La Libertad Avanza de apuntar contra «la casta» política, los privilegios y la corrupción. Ambos casos, que se juntaron en los últimos días, contribuirían a enrarecer un escenario que ya es negativo, principalmente por razones externas.
No sería extraño que los próximos sondeos de opinión pública sobre la imagen del Gobierno y del Presidente registren más deterioro: hay repunte de la inflación, aumento del desempleo, noticias sobre cierres de empresas y la reaparición de casos vinculados con presunta corrupción. Además, esta semana se publicó el índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella, que refleja cómo la población siente «el bolsillo», y marcó una caída de 5,3% mensual y se suma a la baja de 4,7% de febrero.
Obviamente, el ruido político sería sólo un factor más que estaría contribuyendo a la cautela de los inversores del mercado bursátil. Sobre todo, teniendo en cuenta que este año no hay elecciones, así que por ahora no implicaría un riesgo de gran magnitud: habría tiempo para revertirlo. El mayor peso se encuentra en la incertidumbre vinculada con la guerra en Medio Oriente y las tensiones que se derivan a partir de la disparada del precio internacional del petróleo, que esta semana rozó los u$s120 por barril.
Qué dice la City sobre el impacto de los ruidos políticos
Si bien este factor no es compartido por todos (algunos se basan en la lejanía de las próximas elecciones para restarle importancia), crece en el consenso en el mercado de que es uno de los componentes que explica el mal desempeño de los bonos soberanos en dólares y la consecuente suba del riesgo país. Uno de ellos, el analista Gustavo Ber, estima que el ruido político, a la espera de testear el efecto sobre la opinión pública, tiene incidencia en la cautela de los inversores, por supuesto junto al mal clima externo a partir de la guerra en Medio Oriente.
El equipo de research de Max Capital coincide en que las bajas de los títulos de deuda argentina en dólares, a contramano de sus pares, probablemente «refleja los temores políticos, en medio de rumores en torno al escándalo del caso $Libra». Los descensos se dan a pesar de la expectativa de mayor ingreso de dólares al país a través de exportaciones del agro, energía y minería, impulsados tanto por mayor producción como por la suba de los precios internacionales de las materias primas.
La consultora 1816 también marca a los ruidos políticos como uno de los posibles condicionantes de los inversores. Resalta que en los últimos días la agenda política giró en torno al caso $Libra y la polémica por los viajes de Adorni, dos temas que afectan a La Libertad Avanza, un «contraste notable con los últimos meses de éxitos legislativos del oficialismo nacional y con el hito de llevar a once gobernadores a las reuniones con inversores globales en el Argentina Week» que se realizó la semana pasada en Nueva York.
Martín Genero, de Clave Bursátil, no descarta la incidencia de estos temas sobre el comportamiento del mercado. Considera que, a pesar de que los que operan activos de América Latina están acostumbrados a convivir con corrupción, golpes de Estado y todo tipo de eventos disruptivos, el «punto sensible» sería que a partir de estos hechos se deteriore tanto la imagen presidencial que se especule con una pérdida de apoyo por parte de la población. Sin embargo, resalta, aún falta mucho tiempo para los próximos comicios.
Por qué el riesgo país volvió a superar los 600 puntos básicos
«Argentina tuvo superávit primario en 24 de los últimos 26 meses (algo muy difícil de anticipar en diciembre de 2023, tras el cambio de Gobierno), Milei tuvo un éxito electoral contundente en octubre de 2025, el Gobierno cuenta con un apoyo inédito de Estados Unidos y el Banco Central lleva comprados más de u$s3.600 millones de reservas en lo que va del año. Aún así, el riesgo país tocó esta semana su valor más alto de 2026 y superó los 600 puntos, nivel que hace que, al menos en este momento, el mercado internacional esté cerrado», expone la consultora 1816.
Por lo tanto, plantea varias hipótesis para intentar responder por qué, aún con datos positivos y tras haber caído por debajo de 500 puntos a finales de enero, el riesgo país supera nuevamente los 600 puntos. En primer lugar, ubica al contexto adverso para los mercados emergentes, en medio del conflicto en Medio Oriente. Además, resalta, una eventual derrota de Donald Trump en las próximas elecciones legislativas por la extensión de la guerra no sería bien vista por los inversores en Argentina, teniendo en cuenta el apoyo y la cercanía de los mandatarios.
A la vez, cita datos vinculados a la dinámica de los rendimientos de los bonos en dólares y la posición técnica respecto a la cantidad de papeles en poder de los inversores. Otro punto es la aceleración inflacionaria de los últimos meses y la falta de «derrame» del crecimiento económico, que se refleja en el aumento de la tasa de desempleo. Además, como se mencionó anteriormente, señala a las tensiones políticas locales como una de las hipótesis que explicarían el mal desempeño de los bonos soberanos en dólares y la consecuente suba del riesgo país.
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ECONOMIA
Productividad récord, salarios en retroceso: la paradoja de la era de la IA

Hace unos días leí un ensayo provocador titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”, publicado por CitriniResearch junto a Alap Shah. No es una predicción, sino un ejercicio mental. Pero como todo buen ejercicio estratégico, no intenta adivinar el futuro: intenta obligarnos a pensar lo impensable.
La pregunta central es incómoda: ¿qué pasa si la inteligencia artificial cumple todas las expectativas optimistas… y eso mismo termina siendo bajista para la economía?
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores. La máquina de vapor desplazó artesanos, pero expandió la industria. La electrificación transformó fábricas, pero multiplicó la productividad. Internet eliminó agencias de viajes, pero creó gigantes como Amazon y Google.
Durante dos siglos, cada revolución tecnológica destruyó empleos, pero creó más y mejores
Sin embargo, todas esas revoluciones compartían un supuesto silencioso: la inteligencia humana seguía siendo el recurso escaso.
Hoy ese supuesto está en revisión.
Empresas como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta están desarrollando sistemas capaces de escribir código, diseñar productos, analizar mercados, estructurar estrategias y optimizar operaciones a una velocidad y escala inéditas. Jensen Huang, CEO de Nvidia, habla abiertamente de una nueva era industrial basada en “fábricas de inteligencia”. Satya Nadella sostiene que la IA será la electricidad del siglo XXI.
La productividad está aumentando. Los márgenes corporativos mejoran cuando el costo laboral cae. El mercado celebra. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué ocurre si esa eficiencia no se traduce en nuevos empleos humanos sino en sustitución estructural?
El ensayo de Citrini plantea un escenario donde se activa un bucle sin freno natural:
La IA mejora → las empresas reducen plantilla → reinvierten en IA → la IA mejora aún más.
Desde el punto de vista individual de cada empresa, la decisión es racional. Desde el punto de vista sistémico, puede ser disruptiva.
Estados Unidos es, ante todo, una economía de servicios profesionales. Los trabajadores “white collar” no solo representan una porción relevante del empleo, sino que concentran la mayor parte del consumo discrecional. El 20% de mayores ingresos explica aproximadamente dos tercios del gasto en sectores como vivienda, educación privada, turismo, tecnología y bienes durables.
Si esos ingresos se comprimen estructuralmente, el impacto macroeconómico puede ser desproporcionado.
No estamos hablando de un escenario subprime como 2008. No es un problema de crédito otorgado irresponsablemente. Es un problema potencialmente más complejo: hipotecas concedidas a profesionales con FICO alto, 20% de anticipo y empleo estable… cuyo ingreso futuro deja de ser previsible porque la naturaleza del trabajo cambia.
El artículo menciona casos de deterioro en mercados como San Francisco, Seattle y Austin, donde la concentración tecnológica es alta. No es casualidad. Cuando el motor de ingresos se redefine, el activo financiero más apalancado del sistema —la vivienda— reacciona.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa
Pero el fenómeno no se limita al mercado laboral.
La intermediación, ese conjunto de fricciones que durante décadas justificaron comisiones y márgenes, está siendo comprimida por agentes autónomos. Plataformas SaaS, modelos de suscripción, intermediarios inmobiliarios, sistemas de pago tradicionales como Visa, Mastercard o American Express enfrentan una realidad nueva: cuando el consumidor es un algoritmo que compara todo en tiempo real, la fidelidad de marca pierde peso y la fricción desaparece.
El margen se reduce.
El sector de private equity y private credit tampoco es inmune. Durante la última década, gigantes como Blackstone, Apollo y KKR construyeron estructuras complejas donde aseguradoras financiaban préstamos privados respaldados por flujos “recurrentes” de empresas tecnológicas. Si la recurrencia se ve afectada por automatización acelerada, el supuesto financiero cambia.
La historia económica nos enseñó que la destrucción creativa es dolorosa pero regenerativa. Sin embargo, esta vez el activo que se vuelve abundante es la inteligencia misma.
Y eso obliga a una reflexión estructural.
Los sistemas fiscales modernos se basan en gravar ingresos laborales. Si la productividad se desplaza hacia capital computacional y no hacia salarios, la base tributaria se erosiona. Ya se discuten propuestas que van desde impuestos a la inferencia computacional hasta fondos soberanos vinculados a infraestructura de IA.
El debate político apenas comienza.
Como ingeniera y empresaria que trabaja en tecnología y energía, no veo este escenario como fatalista. Lo veo como una advertencia estratégica.
Primero, no toda automatización es sustitución permanente. La historia muestra que nuevas categorías emergen, aunque no siempre al mismo ritmo que la destrucción inicial. Segundo, la adopción tecnológica real suele ser más lenta que la narrativa. Tercero, la regulación, los incentivos y el diseño institucional pueden moldear resultados.
Pero ignorar la magnitud del cambio sería ingenuo.
Estamos frente a la primera revolución tecnológica donde el factor productivo más valioso —la capacidad cognitiva— deja de ser exclusivamente humano. La pregunta no es si la IA continuará avanzando. Lo hará. La pregunta es cómo rediseñamos los sistemas que asumían su escasez.
El ensayo termina con una frase potente: el canario todavía está vivo.
Estamos en una etapa donde los mercados aún celebran máximos históricos y las inversiones en infraestructura de datos crecen exponencialmente. Pero las decisiones que tomemos hoy —en educación, en política fiscal, en diseño corporativo y en regulación— determinarán si transitamos una transición ordenada o una corrección desordenada.
La inteligencia abundante no es una amenaza en sí misma. Es una herramienta poderosa. Pero toda herramienta que multiplica productividad sin un diseño institucional adecuado puede amplificar desigualdades y tensiones.
La verdadera batalla no es contra la tecnología. Es contra el tiempo.
Tiempo para adaptar marcos regulatorios, para reentrenar capital humano y rediseñar sistemas fiscales.
Tiempo para construir una economía donde el valor generado por la inteligencia —sea humana o artificial— circule y no se concentre.
La crisis de 2028 puede no ocurrir exactamente como la describe CitriniResearch. Pero el ejercicio cumple su objetivo: obligarnos a cuestionar los supuestos invisibles sobre los que construimos nuestras inversiones, nuestras empresas y nuestras políticas públicas.
Porque si la inteligencia deja de ser escasa, el verdadero activo estratégico no será la capacidad de calcular.
Será la capacidad de anticipar.
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