ECONOMIA
Por qué Wall Street vuelve a mirar a este activo como la gran jugada del 2026

Durante décadas, la plata vivió a la sombra del oro, considerada apenas una alternativa barata para refugiarse de la inflación o fabricar joyería. Sin embargo, el 2025 marcó un punto de quiebre histórico que obligó a los analistas de Wall Street a reescribir sus manuales. Ya no estamos hablando solo de un metal precioso; estamos ante el corazón eléctrico de la revolución verde que atraviesa la economía global.
El precio del metal blanco experimentó una escalada vertiginosa, rompiendo techos históricos y superando el rendimiento de casi cualquier otro commodity. La razón no fue la especulación financiera, sino una realidad física ineludible: el mundo necesita más plata de la que es capaz de extraer. Desde paneles solares hasta la inteligencia artificial, la industria tecnológica devora inventarios a un ritmo que la minería tradicional no puede seguir.
Mientras los inversores minoristas miraban las criptomonedas, los grandes fondos comenzaron a acumular posiciones en este metal, anticipando lo que hoy es una realidad: la escasez estructural. El 2025 cerró con números que marean, pero lo más inquietante para el mercado es que los fundamentos sugieren que esto recién empieza. La pregunta que todos se hacen ahora no es si subirá, sino hasta dónde puede llegar la corrección de precios ante un déficit crónico.
Para el ahorrista argentino, acostumbrado a defenderse del peso con dólares bajo el colchón, este escenario abre una ventana de oportunidad inédita. Invertir en plata desde Argentina ya no requiere cajas de seguridad ni logística compleja; el mercado de capitales local ofrece herramientas para subirse a esta ola global con pesos. A continuación, el análisis profundo de por qué este metal brilla más que nunca y cómo armar una estrategia de inversión local.
La tormenta perfecta del 2025
El año 2025 quedará en los libros de historia financiera como el momento en que la demanda industrial rompió el mercado de la plata. Según datos del World Silver Survey, la demanda total se disparó a 1.148 millones de onzas, un aumento del 15,6% interanual. El motor de este crecimiento no fueron los anillos ni las monedas, sino la voracidad de la transición energética.
Este salto no es casualidad; la plata es el metal con mayor conductividad eléctrica y térmica conocido por el hombre, lo que lo hace insustituible para la eficiencia de las nuevas tecnologías verdes. La electrónica y los componentes eléctricos, excluyendo la energía solar, también sumaron presión con un alza del 18,7%. Cada vehículo eléctrico, cada torre de 5G y cada nuevo centro de datos para inteligencia artificial requiere cantidades crecientes de este mineral, transformando su perfil de «activo refugio» a «activo industrial crítico».
Mientras la demanda volaba, la oferta se quedó estancada, incapaz de reaccionar a la velocidad de los precios. La producción minera global cayó un 7,23% si se compara la proyección de 2025 con los niveles de 2016, mostrando una industria que sufre por la falta de inversión en exploración durante la última década. Este descalce provocó que el mercado entrara en su quinto año consecutivo de déficit, una anomalía que vació los inventarios de las bolsas de Londres y Nueva York a niveles preocupantes.
El resultado en la cotización fue inevitable: la plata tocó máximos que no se veían en cuarenta años, llegando a duplicar su valor en ciertos tramos del año y superando cómodamente el rendimiento del oro. Lo que el mercado validó en 2025 es que la plata es el «petróleo» de la nueva economía electrificada. Sin este metal, la agenda global de descarbonización simplemente no es viable, y el precio tuvo que ajustarse violentamente para reflejar esta nueva realidad de escasez absoluta.
Un mapa de escasez y geopolítica
Para entender la gravedad del déficit, hay que mirar el mapa de las reservas mundiales, un tablero de ajedrez donde pocos países tienen la llave del suministro. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Perú lidera el ranking global con el 22% de las reservas (140.000 toneladas), seguido por Australia con un 15% y Rusia con un 14%.
Esta concentración geográfica añade una prima de riesgo geopolítico al precio del metal que antes no existía. Sudamérica es, sin dudas, el gran jugador, controlando cerca del 30% de las reservas mundiales si sumamos a Perú, Chile, Bolivia y Argentina. Sin embargo, la inestabilidad política y los conflictos sociales en varias de estas naciones mineras han interrumpido la cadena de suministro repetidamente, impidiendo que la producción acompañe la explosión de la demanda.
Argentina, aunque aparece en el radar global con 6.500 toneladas de reservas (aproximadamente el 1% del total), tiene un potencial geológico inmensamente mayor que permanece inexplotado. A nivel global, la producción de mina se situó en 835 millones de onzas en 2025, una cifra insuficiente para cubrir los 1.030 millones de onzas de oferta total necesaria (sumando reciclaje).
La ecuación es sencilla pero brutal: abrir una mina nueva lleva entre 7 y 10 años desde el descubrimiento hasta la producción comercial. No hay un «grifo» que las mineras puedan abrir hoy para inundar el mercado y bajar los precios en 2026. Esta rigidez de la oferta, frente a una demanda tecnológica que crece exponencialmente, asegura un piso de precios alto y convierte a las reservas bajo tierra en activos estratégicos de seguridad nacional para las potencias industriales.
Qué ven los gigantes de Wall Street para 2026
De cara al 2026, los grandes bancos de inversión han dejado de lado la cautela y proyectan escenarios que van desde lo alcista hasta lo eufórico. Bank of America ha sorprendido al mercado con una de las proyecciones más agresivas, sugiriendo que, si la tendencia de desdolarización y demanda verde se acelera, la plata podría buscar techos teóricos por encima de los 100 dólares la onza.
Por su parte, instituciones como Citi y JP Morgan mantienen una postura estructuralmente positiva, viendo precios que podrían consolidarse en la banda de los 58 a 72 dólares. Para estos analistas, el factor clave del 2026 será la política monetaria de la Reserva Federal. Con la baja de tasas de interés consolidada, el costo de oportunidad de mantener metales preciosos disminuye, lo que sumado al déficit industrial, crea un «doble motor» para la suba del precio.
Sin embargo, no todo es lineal en los mercados de commodities y la volatilidad será la norma, no la excepción. Los informes advierten que una recesión global severa podría golpear temporalmente la demanda industrial, enfriando el rally. Pero la diferencia con crisis anteriores es que la demanda de la transición energética es política de estado en Europa, China y EE.UU.; es una demanda subsidiada y obligatoria que difícilmente se detenga por un mal trimestre económico.
El consenso general en Wall Street es que el déficit de mercado no se resolverá en 2026, lo que mantendrá la presión compradora. Los analistas técnicos señalan que, una vez rotos los máximos históricos de 2025, la plata ha entrado en un territorio de «descubrimiento de precios». Esto significa que no hay resistencias técnicas claras hacia arriba, permitiendo que la especulación y los fundamentos se retroalimenten en una espiral alcista que podría durar todo el año.
Cómo invertir en plata desde Argentina
Para el inversor local, comprar plata física (barras o monedas) es complejo, inseguro y suele tener un spread (diferencia entre compra y venta) altísimo que se come la rentabilidad. La forma más eficiente y líquida de capturar este ciclo alcista es a través de los CEDEARs (Certificados de Depósito Argentinos) que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires. Estos instrumentos permiten comprar acciones de empresas extranjeras en pesos.
La opción más directa y pura disponible en el mercado local es Pan American Silver (Ticker: PAAS). Es una de las mineras de plata más grandes del mundo, con operaciones diversificadas en toda América. Al comprar PAAS, no se compra el metal directamente, sino una empresa cuyas ganancias dependen del precio de la plata. Esto ofrece un apalancamiento operativo: si la plata sube un 10%, las acciones de la minera suelen subir más.
Otra alternativa para quienes buscan una cartera más balanceada es Barrick Gold (Ticker: GOLD). Si bien es principalmente una minera de oro, Barrick tiene una producción de plata significativa y suele moverse en sintonía con el sector de metales preciosos. Es una opción más conservadora, con menor volatilidad que una pure play de plata, ideal para inversores que quieren exposición al sector minero sin apostar todo a un solo metal industrial.
Finalmente, es vital entender que invertir en mineras requiere estómago para la volatilidad. No es una inversión para el dinero que se necesita el mes próximo. La estrategia recomendada por los expertos es la acumulación gradual: no poner todo el capital de golpe, sino realizar compras periódicas para promediar el precio de entrada.
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ECONOMIA
Caputo y Milei festejan la menor inflación en 8 años pero al mercado le preocupa lo que dejó el IPC

Para Luis Caputo, el IPC sigue siendo un dato digno de festejo, aun cuando se registró el séptimo mes consecutivo de aumento mensual de la inflación. Su argumento en simple y pragmático para celebrar el 2,8% de diciembre y el 31,5% anual: con los elementos que jugaban en contra, podría haber salido todo mucho peor.
El ministro destacó que la inflación estuvo relativamente contenida pese a que hubo «un contexto de reacomodamiento de precios relativos, la implementación de una flotación cambiaria y una fuerte contracción en la demanda de dinero, producto del feroz ataque político que derivó en una dolarización cercana al 50% del M2″.
Lo llamativo de su argumento es que, después de las elecciones legislativas, la inflación siguió su tendencia ascendente, a pesar de que ya se había despejado el «riesgo kuka«, al que anteriormente se culpaba por las actitudes defensivas de comerciantes y ahorristas, que incrementaban su demanda de bienes y de dólares.
En noviembre y diciembre, se verificó una caída de las tasas de interés, luego de la gran turbulencia generada en los meses previos a la elección de octubre. Además, se redujo notablemente la compra de divisas por parte del público minorista, que pasó de un boom dolarizador de u$s5.000 millones en octubre a compras por apenas u$s1.590 millones en noviembre.
En otras palabras, se vio en el último bimestre el indicio de una recuperación en la demanda de dinero por parte del público, según los propios funcionarios del gobierno se ocupaban de enfatizar. Sin embargo, los hechos parecían contradecir las declaraciones. Así, en las licitaciones del Tesoro, lejos de dejar pesos «sueltos» para mejorar la liquidez, Caputo prefería absorber la mayor cantidad de dinero posible.
¿El dólar es inocente?
En cuanto al dólar, el anuncio de cambio de régimen -ahora con un techo de la banda que ya no se mueve al 1% mensual, sino al ritmo de la inflación- no supuso un movimiento importante de la cotización: el tipo de cambio oficial se movió en diciembre un 1%, mientras que el «contado con liquidación» lo hizo en 1,5%.
Pero, en todo caso, el argumento que siempre ha defendido Javier Milei es que no existe relación de «contagio» entre el dólar y los precios.
Según la tesitura de Milei, es en estos momentos cuando debería revelarse el «principio de imputación de Menger». Es decir, la teoría que defiende que son los precios los que determinan los costos, y no al revés.
Milei suele sintetizar ese postulado teórico en una expresión mucho más gráfica respecto de en qué parte de la anatomía de los comerciantes se guardarán los stocks de mercadería no vendidos. Y, por lo tanto, la visión oficial es que, ante la falta de convalidación de la demanda, debería registrarse una caída de los precios hasta ubicarse en el nivel aceptado por los consumidores.
Como suele ocurrir, los economistas no se ponen de acuerdo en este punto: para algunos, lo que está ocurriendo refleja que esa tesis es incorrecta, porque los precios dan señales de seguir subiendo. Pero otros argumentan que, si en medio de una turbulencia del dólar y las tasas, los precios apenas tuvieron una pequeña variación, es precisamente por la «ayuda de Menger».
El factor carne, uno de los culpables del repunte de la inflación
Hay más curiosidades en el festejo oficial: hace unos meses, el argumento de Milei y Caputo era que, aunque el IPC estuviera subiendo, lo importante era que se mantenía contenida la «inflación núcleo«, que excluye a los precios regulados y los de productos estacionales.
Ahora, ni siquiera queda ese consuelo: la inflación núcleo tuvo una variación de 3%, es decir, mayor a la del IPC, mientras que los productos estacionales apenas registraron aumentos del 0,6%.
Sí es cierto que hubo una fuerte incidencia en los servicios de precios regulados, que aumentaron un 3,3%. Pero ese dato tampoco trae tranquilidad a futuro, dado que el shock de los servicios no terminó en diciembre, sino que continuó en el inicio de año, con las subas tarifarias de la energía.
¿Qué pasó, entonces? Uno de los grandes culpables del repunte inflacionario de fin de año es la carne. Los números son contundentes: el asado aumentó un 13% en diciembre, mientras el corte de cuadril subió un 10,4%.
Es cierto que diciembre, por las fiestas, suele ser un mes de aumentos en los precios cárnicos, que tienen una fuerte incidencia en la canasta del Indec. Pero también es cierto que los expertos están advirtiendo que lo ocurrido no se trató de una excepción estacional, sino que es el síntoma de una reducción en la población vacuna del país.
En el sector ganadero, el debate del momento es el alto índice de faena de hembras jóvenes, lo que impide la reposición del stock y puede inducir a una menor oferta de carne en el mediano plazo. Hay quienes responsabilizan al gobierno, por la presión impositiva sobre los productores y la desregulación del peso mínimo de la faena.
Argumentos para los críticos de la política anti inflacionaria del Luis Caputo
Lo cierto es que los más críticos del plan económico están encontrando cada vez más motivos para poner en duda la eficacia de la política anti inflacionaria. Para empezar, porque esta tendencia ascendente del IPC ocurre en coincidencia con el superávit fiscal.
Además, ya pasó el famoso período de 18 meses que, según la teoría que defiende Milei, se demora para que la contracción monetaria se vea reflejada en las góndolas de los supermercados.
Esto lleva a dos posibles explicaciones, ambas difíciles de aceptar por el gobierno: o bien el superávit fiscal no es la condición suficiente para frenar la inflación, o son ciertas las críticas de quienes dicen que la contabilidad oficial tergiversa el resultado fiscal, al no contabilizar los intereses capitalizados de los bonos del Tesoro.
Y, a partir del próximo mes, ya entra en vigencia el nuevo sistema cambiario, con lo cual el techo de la banda correrá a 2,5% en enero y a 2,8% en febrero. Para quienes creen en el ancla fiscal -y, en los hechos, Caputo ha demostrado ser uno de ellos- se trata de una mala noticia.
Para que la inflación del 2026 se ubique en torno de 20%, como espera el gobierno, el IPC mensual promedio debería ser de 1,6%. Si, en cambio, se mantuviera el nivel inflacionario registrado en diciembre, no sólo no se reduciría la inflación de 2025, sino que se incrementaría hasta el nivel de 39%.
El peor dato para el Gobierno
Lo cierto es que parece más difícil que nunca el cumplimiento del pronóstico de Milei, quien había adelantado que en agosto de este año la inflación sería menor a 1%. El presidente volvió, como siempre, a colmar de elogios a su ministro de economía en las redes sociales. Sin embargo, esta vez se abstuvo de apelar a explicaciones técnicas para suavizar el hecho de que se registró el séptimo mes de inflación al alza y que el IPC se acerca peligrosamente al nivel de 3% mensual.
Y, acaso, el peor dato para el Fobierno no estuvo en el reporte de la inflación, sino en el de la canasta de pobreza y la de indigencia: ambas registraron aumentos de 4,1% en el último mes del año.
Así, ya van tres meses consecutivos en que estos indicadores se mueven más rápido que la inflación promedio, lo cual empaña el discurso oficial sobre la tendencia a la disminución de la pobreza.
Quienes ya tomaron nota de ese agravamiento son los dirigentes sindicales, que están revisando al alza sus peticiones de reajuste salarial, en su mayoría a negociarse en el primer trimestre del año.
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ECONOMIA
El Gobierno enfrenta un test clave de deuda en pesos: vencen $9,6 billones y hay expectativa por las tasas de interés

El Ministerio de Economía afrontará este miércoles una prueba clave en el mercado de deuda en pesos, con vencimientos por $9,6 billones. Se trata de la primera licitación en moneda local del año y llega inmediatamente después del pago del primer compromiso en moneda extranjera más significativo de 2026.
La operación estará a cargo de la Secretaría de Finanzas y tiene como objetivo principal renovar los compromisos que vencen, en su mayoría correspondientes a dos Letras del Tesoro capitalizables (LECAP). El resultado de la licitación permitirá medir el apetito de los inversores por los instrumentos en pesos y la capacidad del Tesoro para refinanciar su deuda sin convalidar un fuerte aumento del costo financiero.
La oferta diseñada para esta subasta contempla letras capitalizables, bonos ajustados por inflación, instrumentos vinculados al dólar y opciones a tasa fija. La estrategia oficial apunta a extender los plazos de vencimiento y, al mismo tiempo, reducir la tasa de interés implícita de la deuda.
La licitación se desarrollará en un escenario de “falta de pesos” en la plaza financiera, situación que se reflejó en un fuerte aumento de las tasas de interés en los últimos días. Para los especialistas, esta dinámica introduce un factor de incertidumbre adicional, ya que puede condicionar tanto el nivel de participación de los inversores como las tasas que el Tesoro deba convalidar para lograr un alto grado de renovación.
Los analistas siguen de cerca las decisiones que tomará el ministro de Economía, Luis Caputo, en esta licitación. Uno de los puntos centrales será el nivel de ofertas que reciba la Secretaría de Finanzas por parte de los bancos y otros inversores institucionales, así como el costo al que estarán dispuestos a prestarle pesos al Estado en un contexto de elevada volatilidad.
Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital Group, explicó que “el Tesoro necesita lograr un alto nivel de renovación (rollover) y una buena demanda de los instrumentos ofrecidos, de modo que el mercado perciba que hay liquidez y voluntad de continuar financiando al Estado sin presiones adicionales de tasas o de dólar”. En ese sentido, advirtió que este resultado es clave “para sostener la confianza financiera y evitar que se disparen las primas de riesgo o el dólar financiero”. No obstante, señaló que “las tasas de corto plazo están muy volátil, lo que demostraría que la liquidez es escasa”.
Otro elemento que estará bajo análisis es el equilibrio que deberá buscar el equipo económico entre dos objetivos que, en el corto plazo, pueden resultar contradictorios. Por un lado, el Tesoro necesita absorber pesos para recomponer parte de los fondos utilizados recientemente en la compra de dólares para afrontar el fuerte vencimiento en moneda extranjera. Por otro, también requiere volcar pesos al mercado para contribuir a estabilizar las tasas de interés y monetizar la economía, en un contexto de restricción de liquidez.
Desde Aurum Valores destacaron que “el Tesoro Nacional licitará mañana instrumentos en pesos y dólares para renovar vencimientos por casi $10 billones”. Detallaron que el menú incluirá “3 LECAP (42, 91 y 185 días), 1 BONCAP (junio 2027), 1 Letra TAMAR (agosto 2026), 4 CER cupón cero (mayo 2026, noviembre 2026, junio 2027 y junio 2028) y 2 LELINK (febrero 2026 y marzo 2026)”. Para la consultora, esta será “la primera salida al mercado del Tesoro en el año en un contexto desafiante, marcado por la falta de liquidez del sistema”.
Una visión similar expresaron desde Max Capital, desde donde remarcaron que la licitación se da en un escenario complejo por la escasez de pesos en el sistema financiero. Según la firma, la composición del menú refleja el intento oficial de ofrecer alternativas para distintos perfiles de inversores, combinando instrumentos de corto y mediano plazo, con y sin ajuste por inflación o tipo de cambio.
En términos operativos, la Secretaría de Finanzas pondrá a disposición del mercado letras capitalizables en pesos con vencimientos en febrero, mayo y noviembre de 2026, así como un bono capitalizable con vencimiento en junio de 2027. También se ofrecerá una letra a tasa TAMAR con vencimiento en agosto de 2026. En el segmento ajustado por inflación, se licitarán letras y bonos CER con vencimientos que van desde mayo de 2026 hasta junio de 2028. Además, el menú se completa con letras vinculadas al dólar, con vencimientos en febrero y marzo de 2026.
Ignacio Morales, de Wise Capital, señaló que “la Secretaría de Finanzas intentará reabsorber mañana la totalidad de unos $9,6 billones en vencimientos de bonos y letras en manos de inversores privados, en un escenario marcado por la volatilidad de las tasas de interés y una fuerte concentración de compromisos en el corto plazo”. Para el analista, el resultado permitirá evaluar la capacidad del Tesoro para administrar el perfil de vencimientos en un contexto financiero exigente.
El foco del mercado estará puesto en el porcentaje de renovación que logre el Gobierno y en la señal que deje la tasa de interés convalidada en la licitación. Un alto nivel de rollover aliviaría las necesidades de financiamiento inmediato y podría contribuir a reducir tensiones en el mercado de pesos. En cambio, una demanda más débil o tasas significativamente más elevadas podrían reflejar las dificultades que enfrenta el Tesoro para refinanciar su deuda en un contexto de liquidez limitada.
La licitación de este martes se perfila así como un test clave para la estrategia financiera del Gobierno en el arranque del año. Más allá del resultado puntual, los inversores buscarán señales sobre la hoja de ruta oficial en materia de deuda en pesos, la administración de la liquidez y el manejo de las tasas de interés en los próximos meses.
Con información de NA
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ECONOMIA
Cómo quedó Argentina en el ranking de inflación frente a otros países del mundo y la región

El Gobierno celebró este miércoles el dato de inflación más bajo de los últimos ocho años, en un contexto en el que la economía argentina viene de arrastrar dos ejercicios consecutivos con registros anuales de tres dígitos. De acuerdo con la medición oficial, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cerró 2025 con un alza del 31,5%, lo que marca una desaceleración significativa en comparación con años previos.
Sin embargo, pese a esa mejora, la Argentina volvió a ubicarse entre los países con mayor inflación de la región y del mundo.
La inflación anual más baja desde 2017: cómo quedó Argentina en el ranking
El INDEC informó este martes que la inflación de diciembre fue del 2,8% mensual, el valor más elevado desde abril, cuando se dispuso la flexibilización del cepo cambiario para ahorristas minoristas. Con ese registro, el incremento de precios acumulado a lo largo de 2025 alcanzó el 31,5% punta a punta.
Para encontrar un dato anual similar hay que retroceder hasta 2017, cuando la inflación fue del 24,7%. A partir de allí, la trayectoria fue claramente ascendente: 47,6% en 2018, 53,8% en 2019 y luego un descenso transitorio al 36,1% en 2020, un año atípico atravesado por la pandemia de Covid-19. El proceso inflacionario retomó fuerza en los años siguientes, con un 50,9% en 2021 y un salto al 94,8% en 2022. En 2023, la inflación cerró en 211,4%, superando por primera vez las tres cifras desde la última hiperinflación de comienzos de los años ’90. Ya en 2024, el primer año completo del gobierno de Javier Milei, el IPC retrocedió al 117,8%, para luego desacelerar con fuerza en 2025.
Aun con esa baja interanual, la inflación argentina continúa en niveles que solo un puñado de países comparte. Un caso comparable es Turquía, que terminó 2025 con un IPC acumulado del 30,89%. Por encima se ubica Irán, que en medio de un fuerte conflicto sociopolítico cerró el año pasado con una inflación del 52% anual, según datos de su centro estadístico.
Existen además países que liderarían el ranking global, aunque la falta de estadísticas oficiales confiables impide contar con cifras transparentes. De acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) incluidas en el informe de Perspectivas Económicas de octubre, Sudán habría cerrado 2025 con una inflación del 87,2%, Sudán del Sur con 97,5% y Venezuela con 269,9%, en un contexto de «apagón estadístico» que se arrastra desde mayo. El FMI también había estimado una inflación del 89% para Zimbabue, aunque el gobierno de ese país informó oficialmente un 15%, tras la introducción de una nueva moneda.
Si se toman como válidas las proyecciones del organismo internacional y se excluye a Zimbabue del ranking, la Argentina habría finalizado 2025 en el quinto lugar a nivel mundial:
- Venezuela: 129,9%
- Sudán del Sur: 97,5%
- Sudán: 87,2%
- Irán: 52%
- Argentina: 31,5%
No obstante, las perspectivas para 2026 muestran un escenario más alentador: el FMI prevé que la inflación local descienda hasta el 16,4% en los próximos 12 meses, lo que implicaría un retroceso de varios escalones en la comparación internacional.
Para el año próximo, por delante de la Argentina se ubicarían Zimbabue (18,2%), Yemen (18,5%), Nigeria (22%), Turquía (24,7%), Haití (26,2%), Burundi (26,3%), Myanmar (28%), Irán (41,6%), Sudán (54,6%) y Venezuela (682,1%), siempre según estimaciones del FMI.
A nivel global, el FMI proyectó que la inflación mundial fue del 4,2% en 2025 y que se moderará al 3,7% en 2026. «La inesperada resiliencia de la actividad y el escaso aumento de la inflación no solo reflejan que el shock arancelario resultó ser menos profundo de lo que se anunció originalmente, sino también una serie de factores que proporcionan alivio momentáneo, pero que no fortalecen los fundamentos económicos subyacentes», explicó el organismo.
El ranking de América Latina
Dentro de América Latina, la mayoría de los países cerró el año con inflaciones de un solo dígito. Las excepciones fueron Venezuela, la Argentina y Bolivia, que en este último caso acumuló un 20,4% en 2025, el nivel más alto en casi cuatro décadas. Más atrás se ubicaron Colombia (5,1%), Honduras (4,98%), Brasil (4,26%), México (3,69%), Uruguay (3,65%), Chile (3,5%), Paraguay (3,1%) y Ecuador (1,9%).
En Guatemala, los precios subieron 1,65% interanual, mientras que en Perú el avance fue del 1,51%. El Salvador, con una economía dolarizada, cerró el año con un IPC del 0,91%, y Costa Rica fue el único país de la región que registró deflación, con una caída interanual del 0,99%.
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