CHIMENTOS
Roberto Moldavsky vuelve al teatro en Buenos Aires: “Hacer humor político es una forma de cerrar la grieta”

Roberto Moldavsky era un comerciante como tantos otros del barrio de Once cuando se anotó en un curso de stand up y empezó a grabar videos para eventos familiares. Lo hacía en colaboración con su hijo Eial, con quien sigue trabajando hasta hoy, sin saber del todo bien lo que quería. Pero al ver la reacción de la gente se dio cuenta de que algo pasaba. “Nosotros no estamos lejos de los medios, del teatro, de todo eso, lo que pasa es que nadie nos vio”, repetía, entre el optimismo y la resignación. No pasó demasiado tiempo y estaba estrenando su unipersonal en el teatro Apolo de calle Corrientes. Y antes de que se abriera el telón, Eial lo miró y largó la frase que sintetiza todo este tiempo: “Bueno, nos vieron…”.
A casi diez años de aquella escena, Roberto Moldavsky recibe a Teleshow en un enero porteño y ciclotímico. Entre asfaltos bochornosos, notorios descensos de temperatura y lluvias que gambetean a los pronosticadores, el actor vive su propio microclima al compás de Salud, Moldavsky y Amor, el reestreno de su espectáculo en el Apolo de siempre. Durante, al menos, los próximos tres meses, y con funciones de jueves a domingo, su foco pasará por la relectura de un ciclo en permanente construcción, permeable a correcciones de último momento. “Como sabrán, en los últimos días pasaron algunas cosas en el mundo, así que el show va a estar bastante variado”, explica sin perder ironía. Y no se trata de un truco de un vendedor del Once. La caída de Nicolás Maduro en Venezuela no puede quedar afuera de alguien que, como pocos, supo surfear la grieta del humor político. Y esa es apenas una de las puertas de ingreso a su espectáculo.

Mientras Roberto construye con su equipo casi en tiempo real, ya piensa en lo que vendrá. El show se sostiene en un esqueleto sólido que permite una ventana a la improvisación y a una versión libre de la observación participante. “Cada función es distinta”, asegura, y acá el vendedor se fusiona con el sociólogo de la mirada aguda. Cuando las luces se apagan, Moldavsky está escondido, escudriñando el lenguaje gestual de su público. “Sabemos qué pareja tiene su primera cita y cuáles son matrimonios que llevan años”, dice, revelando algunos trucos, desoyendo la máxima de los magos, sabiendo que en este ejercicio no tiene competencia.
Es que en el relato zigzagueante por su vida que propone el humorista –por momentos apasionado, por otro más reflexivo- uno cae en la cuenta de que en el escenario, como en la vida, conviven todos los moldavskys posibles. “El standapero tiene mucho de sociólogo, del tipo que trata de ver lo que pasa en las personas, los grupos o las parejas y transmitirlo de otra manera. Y el vendedor es un gran actor o actriz, que tiene que seducir a cada cliente, que además es un desconocido. Es un oficio que aprendí de mi viejo, a quien vi vender de todo”.
Así abre la puerta a la familia, otro de los pilares que aparecen en este recorrido. Sobre todo a sus hijos, Eial y Galia, su gran orgullo, quienes hace rato ya que vuelan con alas propias. Son apoyo y fuente de consulta –en él a la hora de armar y corregir un show, en ella como suerte de consejera generacional y feminista- pero también hábiles espadachines para poner a prueba el disenso. “En muchas cosas no pensamos distinto, y eso está bueno”, corrobora.

Así, de entrecasa, en chancletas y con una amabilidad al servicio de cada detalle, Moldavsky se dispone a hablar de todo. «Confesiones del top top top del humor» podría ser un título tentativo, solo para ingresar a la charla a uno de sus mentores, Gustavo Yankelevich. Un apelativo que en un momento le daba pudor y que aprendió a hacerse cargo. Y aquí aparece la gratitud, otra línea innegociable en su vida. Una galería de ilustres desfilan también Jorge Schussheim, Fernando Bravo, Gerardo Rozín, Jorge Lanata, entre tantos otros.
“Yo soy convencido que a veces tenés que estar en el momento exacto, en el lugar exacto y necesitás suerte”, recapitula recostado en el sillón de su living. “Yo me crucé con Gustavo Yankelevich y me cambió la vida. Es verdad que tenés que aportar tu talento y trabajo, pero también tenés que tener la suerte de que pasen cosas inesperadas que te llevan a donde no pensabas”, dice el joven que vivía en un Kibutz y se enamoró de la Sociología casi por accidente. O el humorista de entrecasa que se permitió soñar a lo grande. O el vendedor que se sentía asfixiado en el frenético mundo del Once y sin saberlo se estaba preparando para conquistar la calle Corrientes.
—¿Por qué reestrenar ahora en Buenos Aires? Si bien ya no es la ciudad desierta de otra época y es también un destino turístico, tiene mucho menos movimiento. Late en otra sintonía.
—Nosotros hicimos esta aventura hace unos años, con la gente del Teatro Apolo con quien trabajo hace nueve años y tenemos una relación de hermandad. Como dice Riquelme, es el patio de mi casa. Hacíamos temporada en Mar del Plata o Punta del Este y un año surgió esta idea de probar en Buenos Aires con ese público que viene del interior, con el que por ahí no le dio para irse y quiere darse un gusto. Y nos fue increíble y ahora tengo muy buenas expectativas con lo que pueda pasar.

—¿Recordás cuál fue ese momento inesperado en el que te volviste masivo? Las biografías te ubican en la tele en 2016, diez años que parecen mucho o poco según se lo mire.
—Sí, en 2016 con Gerardo Rozin que me lleva a Morfi. Pero el primero que me ve es Jorge Schusseim, un genio. Yo era el último de doce de un video de stand up, mirá lo que vio el tipo. Y consigue mi teléfono y me llama. El segundo fue Gustavo Yankelevich, que dijo que lo mío era para calle Corrientes. También Seba Wainraich me iba a ver y me decía: “Dejá el Once y dedicate a esto”, así que siempre le echo la culpa a él. Pero ya lo estaba pensando. Tenía 50 años, dos hijos, un negocio que funcionaba. Tenía que encontrar el motivo para dejarlo y arriesgar. Y ahí aparece otro personaje clave, que es Fernando Bravo, que me lleva a la radio.
—¿Te costó tomar la decisión?
—Yo no lo tenía en mi radar. Sí necesitaba algo para salir del Once y olvidarme del comercio, del cheque rechazado, de la campera con una manga más corta que la otra, del cierre que no sube. Y en esa búsqueda, a veces sin querer, aparecen las cosas, como en este caso apareció un curso de stand up y después vino todo lo demás.
—No sé cómo lo veías vos, pero era un momento particular del humor. El auge del stand up, la reescritura de los códigos y los límites, la grieta política ya instalada. Y da la sensación de que vos transitaste bien esas aguas bastante tormentosas. ¿Hay una fórmula?
—Desde el punto de vista del cambio al nuevo mundo, imaginate que yo soy generación dictadura militar. Vengo una cabeza partida, de revisiones, de censura, de no ver ni hablar, de mucho machismo. Con esto no me excuso, pero tenés que hacer una movida con los años para ir entendiendo los cambios que se dan. En eso tus hijos te ayudan siempre, y siempre le pido a Galia que vea la primera función y me diga si tengo que tener cuidado con algo. Por otro lado, yo sé que no voy a hablar con la e. Yo no soy amigues, tengo una capacidad de adaptación hasta ahí. De todas maneras, como lo que está pasando me parece bueno, no me cuesta tanto acompañarlo y me puedo adaptar con gusto porque entiendo que el chiste de la suegra ya no va. Y está bueno que así sea.

—¿Y con el humor político cómo te llevás? Trabajaste con Jorge Lanata por ejemplo, otro de estos nombres importantes que marcaron tu carrera.
—Sí, tuve la suerte de poder decir que laburé con Jorge. Cuando él ya hacía el programa en la casa, iba media hora antes para hablar de cualquier tema. Lanata arrancó en Página/12 y terminó en Radio Mitre, y esto lo hablé con él, porque muchos le echaban en cara esa vuelta periodística. Pero eso es lo rico de este tipo que conoció los dos lados del mostrador, y que como periodista era una bestia. Yo hago humor político y una vez me vino a ver Pinti y me dijo una frase que me quedó grabada: “Si de algún lado no te putean, estás haciendo algo mal”. Yo paso de kuka a gorila, a genocida por lo de Israel, pero me entra una idea y yo le pego a todos, no estoy esperando si tiene que ver con lo que yo pienso o no. Eso es el humor político.
—Contaste que te van a ver muchos políticos.
—Sí, es que el problema no son los políticos, son los seguidores, que son más papistas que el papa. Yo en una época la bardeaba a Patricia Bullrich con una cosa rarísima que había dicho de los aviones, y ella estaba en el teatro matándose de risa. Pero después un seguidor de Patricia, cuando escucha el spot en la radio, me escribe: “Kuka…” y viene la puteada. Y al revés pasa lo mismo.
—¿Y qué te pasa con Javier Milei y ese perfil histriónico, su pasado mediático? Te da mucha letra imagino.
—Siempre los que están en el poder te dan más letra porque actúan, hablan, tiran discursos. Pero Milei es una bendición. Ojalá que le vaya bien al país, que la gente le vaya bárbaro, pero sacando eso, este hombre y su banda de políticos trajeron una renovación. Los humoristas más grandes me dicen que desde Menem que no aparecía alguien que deje tanto material. Igual es un ratito del show, son unos minutos, porque me gusta y, como también me dijo Pinti, el humor es una manera de cerrar la grieta.

—¿Cómo te llevás con las críticas y las agresiones?
—Siempre hay gente que te acomoda en la palmera. Una vez, durante un reportaje radial con Fernando Bravo y uno de los hijos de Tato Bores, yo me quejaba de los haters. Y él me dijo algo que me acuerdo bien claro: “A Tato le pusieron una bomba en la ventana de la casa, lo prohibieron los militares, y vos te calentás por 20 boludos anónimos que te putean?”. Esas cosas me van fortificando para entender que, por más que me pegan, tengo que seguir por ahí. La mayoría del show es sobre otros temas, pero me gusta ese rato donde descubro que la gente se ríe de lo mismo que votó.
—¿Tuviste que trabajar esa indiferencia?
—Hablé mucho del tema con otros famosos que te dicen que no hay que darle bola y después los veo contestar (risas). Lo que sí hay que hacer, y es algo que hablo mucho con mis hijos, es ver que la mayoría de la gente te trata bien. Se ha dicho mil veces lo mismo, te putean en las redes, pero después, cuando te ven en la calle, te dicen que sos un genio. Sí me llevó tiempo entender que no todos se tienen que reír de lo que yo digo, así como a mi no me da risa todo lo que veo. Otra cosa es el agresivo de las redes, el que te dice “gordo, judío”, ese no quiere hablar de tu trabajo, quiere tratar de herirte.
—¿Y qué te pasa cuando son tus hijos los que reciben las agresiones? Que muchas veces tienen que ver con que son hijos tuyos más que por lo que dicen o hacen en sus respectivos trabajos.
—Justo lo hablamos el otro día en una cena. Cualquier cagada que se mande alguno de los tres, la pagamos los tres. O es “el boludo de tu papá” o son “los boludos de tus hijos”. Porque ahí se mezclan varias cosas, y hasta cierta envidia natural que pueda tener una persona. Yo conozco a mis hijos, son buena gente, que pueden hacer alguna cagada, pero gente de buen corazón. A veces, el contexto se arma para que vos quedes medio atrapado. Por ahí no dijiste nada, pero te ponen la música, te arman el recorte y es un combo fatal. O los programas tienen códigos internos que entienden los oyentes pero todos los demás no. Es muy complicado. En esa charla les dije: “Este es el pack. Decidamos si lo compramos o no, pero viene todo junto”.

—Y están los tres de acuerdo en eso.
—Sí, viene todo. Y a ninguno nos gusta pasarla mal. Galia tuvo un tema cuando estaba en Blender, que se bajó de uno de los programas por los haters, que eran mayoría de chabones bardeándola. Lo que digo es que tampoco es gratis esto.
—¿Y aún en ese caso de Galia, que fue más grave que algún insulto ocasional, lograste mantener esa postura de no engancharte?
—Me da ganas de escribirle a uno: “Hijo de puta, te quiero ir a buscar y matar”. Claro que me da ganas, pero después ves que cuando los buscás a ver quiénes son, no tienen nombre. Son números. El tema de los haters se viene manejando a nivel político hace años y de distintos gobiernos, y parece que están todos esperando que el que votó distinto que vos se mande una cagada.
—Para volver al principio de la charla y al presente de tu trabajo, te quiero preguntar por el título de la obra. ¿Por qué Moldavsky ocupa el lugar del dinero en la típica frase del brindis?
—Nosotros lo planteamos desde el lugar de que salud y amor es lo que necesitás y el dinero es un comodín. Ponele lo que quieras. Puede ser dinero, como también sexo, viajes, familia, que cada uno elija su Moldavsky y arme la frase que quiera.
—Y en esta vida que acabamos de recorrer, con tantos vaivenes y reinvenciones. ¿Qué lugar ocupa el dinero?
—Cuando estudiaba Sociología, había una materia optativa que se llamaba así: El dinero. Y me abrió la cabeza. En ese momento vivía en un kibutz en Israel, que es como una sociedad cooperativa donde todos teníamos lo básico: casa, comida, luz, gas, pero no teníamos guita. Una especie de clase media, pero compartida. Entonces, aprendí una vida sin tanto componente material, porque se creó con la idea de que si le corrés la variable económica, la gente puede ser feliz. Yo te soluciono esta parte, vos laburá, sé creativo. Antes vivía en Argentina, una familia de clase media muy tranquila. Después en el negocio y en la vida me fue mejor. Pero salvo que no llegues a fin de mes, porque eso ya es otra cosa, sé que el dinero en sí no hace la felicidad. Conozco tipos de mucha guita, pero de mucha guita, que son unos infelices. A mí me parece que el dinero es un método de cambio, sirve para comprarte algo, para hacer un viaje, para ir a comer a un lugar, para ayudar a alguien, Pero en sí mismo no vale nada. Entonces, me llevo bien con la guita, me va bien, soy cuidadoso, pero la disfruto. Entiendo que no es un tema de guardarla eternamente o estar en una carrera detrás de no sé qué. Y eso es lo que aprendí en la universidad, porque venía de una sociedad muy cooperativa y después pasé al Once, donde el dinero era el único tema de conversación. Y llegué mejor armado.
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Mónica Villa habla de su paso por La hija del fuego: “Hubo un intercambio generacional hermoso”

Entre los nuevos desafíos de la ficción argentina, Mónica Villa atraviesa uno de los capítulos más singulares de su carrera. La reconocida actriz ha interpretado el papel de monja en dos producciones consecutivas: primero en la comedia teatral “Coqueluche”, reeditando un duo actoral emblemático de “Esperando la carroza” junto a Betiana Blum en 2023, y después en 2024 grabó el drama policial “La hija del fuego”, una producción vista en Netflix el año pasado y ahora en El Trece.
En la serie producida por Disney compartió elenco con figuras como Eugenia “La China” Suárez, y más tarde volvió al teatro independiente con “La tentación de vivir”, obra que bajó de cartel recientemente. En una entrevista exclusiva con Teleshow, ofrece su mirada sobre el presente de la ficción nacional y los matices de encarnar el mismo arquetipo en universos tan diferentes.

—¿Cómo observa la situación actual de la ficción audiovisual en Argentina y su espacio en televisión?
—Lo que noto es que ahora, primero, no hay ficción. Y cuando surge alguna producción, suele representar solo a una parte, generalmente a una minoría. Aunque el público sea numeroso, eso sucede solo con actores como Francella o Darín, que son muy populares. Me gustaría que regresara algo más de ficción, no con la cantidad de los sesenta o setenta, pero sí que haya más oportunidades. No lo digo solo por los actores y técnicos, sino para que el público se identifique.
—¿Cómo se combinaban los géneros y los formatos en la televisión de otras épocas?
—La ficción en televisión representaba a todos los sectores de la sociedad, ese era el encanto. Había programas de prestigio intelectual, unitarios, cómicos de todos los estilos y humores. Se podía encontrar desde obras artísticas hasta culebrones, y eso generaba un necesario equilibrio. Yo, como espectadora, a veces busco una obra profunda, y otras veces solo una comedia ligera para reírme y olvidar un poco, sin grandes reflexiones.
—¿Cuáles cree que son los motivos del cambio en la ficción nacional?
—Fueron épocas hermosas las de Telefe o Polka, donde abundaba la ficción, cada una con su propio perfil. El cambio llegó por varios motivos: la aparición de plataformas y la reducción de presupuestos, entre otros. Extraño cuando la televisión ofrecía propuestas para todos y la gente se sentía representada.
—¿Qué destaca de “La hija del fuego” y cómo fue regresar a trabajar con directores conocidos?
—El guion está muy bien escrito, es excelente. La dirección también fue excelente, trabajé con varios directores. Volver a encontrarme con Nisco (Jorge, director de La hija del fuego) después de “Malparida” fue un placer.
—¿Qué innovaciones técnicas o desafíos enfrentaron durante el rodaje en la Patagonia?
—Se sumaron tecnologías nuevas, como los drones, que permitieron mostrar los hermosos paisajes de la Patagonia. Hubo escenas en la montaña, con muchos días de frío. Ya no tenía espacio para más camisetas térmicas; parecía Pepín Cascarón. Quitaban la nieve para que pudiera sentarme, y cuando filmamos la escena de muerte al pie de un árbol, casi nos congelamos.
—¿Cómo fue la convivencia con el elenco y el equipo técnico durante el rodaje?
—La convivencia entre actores y técnicos fue fantástica. Cuando no tenía que filmar, igual me acercaba porque extrañaba al equipo. Los técnicos hacen un trabajo enorme manteniendo todo en condiciones difíciles: lidiar con el viento, sostener las luces y las pantallas, siempre al pie del cañón, mientras que a los actores nos ayudan con bolsas de agua caliente.
—¿Qué significa una actriz de tu trayectoria trabajar en una nueva producción de ficción nacional?
—Ser parte de una nueva producción siempre es una bendición. Tener trabajo es una bendición, sin importar el formato en que se difunda. El melodrama llega al corazón como la música, conmueve sin pedir permiso. Lograr ese efecto en el público es maravilloso.
—¿Cómo fue volver a participar en un melodrama?
—Una historia de venganza es un culebrón y tiene su atractivo. Creo en ese equilibrio, como un equilibrio ecológico. Uno necesita en la vida tanto un Bergman, un Fellini, como un buen culebrón. Todo puede convivir y es agradable volver a ver ficciones que conmueven.
—¿Cómo experimenta el intercambio con colegas de distintas generaciones en los proyectos recientes?
—Hubo un intercambio generacional hermoso, con actores jóvenes que traen otra energía desde el teatro. En el elenco y el equipo todos se llevaban bien; eso es fundamental para el clima de trabajo.
—¿Considera que la interacción entre generaciones influye en el resultado artístico?
—Totalmente. Cuando el grupo llega con buena disposición y alegría, eso se nota. En el teatro tuve la fortuna de dirigir una obra con diez actores, donde todos llegaban sonriendo. Nadie quería que terminara. Cuando nos fue bien, tanto en lo artístico como en lo económico, pude decir: “Brindemos por esto, la vida nos volverá a reunir”.
—¿Qué proyectos tiene para este año y cómo encara la búsqueda de nuevos desafíos profesionales?
—Por ahora prefiero no anticipar nada, hay algo que quizá se concrete. Siempre busco proyectos en teatro, tanto en el circuito comercial como en el independiente. A veces no se da porque el cachet no es bueno, el personaje no resulta adecuado, o el elenco no convence. No es fácil encontrar lo ideal, pero sigo buscando posibilidades.
mónica villa
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¡Tensión en vivo! Aníbal Pachano y Nancy Pazos protagonizaron un cruce explosivo en la mesa de Mirtha Legrand

La clásica “mesaza” volvió a ser escenario de un momento incómodo. Fiel a su estilo frontal, Mirtha Legrand le preguntó a Nancy Pazos por sus recientes fotos encadenada frente al Congreso. La periodista explicó que se trató de una forma de protesta ante lo que considera un avance contra la libertad de expresión.
“El gobierno actual se llena la boca hablando de libertad, pero la libertad de expresión está muy cuestionada”, lanzó Pazos, marcando una postura crítica. También sostuvo que, más allá de los discursos oficiales, la pauta publicitaria sigue existiendo y que el estilo del Presidente influye en el clima político.
Pero el intercambio tomó otro rumbo cuando Aníbal Pachano intervino para hablar de censura en gobiernos anteriores. El coreógrafo recordó una experiencia personal que, según relató, vivió durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. “Yo soy uno de ellos… A mí me mandaron a la AFIP”, afirmó, en referencia a supuestas represalias tras un monólogo humorístico en el que comparaba a la exmandataria con una actriz italiana.
Fue entonces cuando la tensión se hizo evidente. Nancy intentó relativizar la situación con una frase que no cayó nada bien: “Cristina es lo suficientemente inteligente como para que si quiere correr a alguien del medio no va a ser a Pachano”.
La respuesta fue inmediata y contundente. “Me estás destratando, Nancy”, retrucó Pachano, visiblemente molesto. El tono cambió y el clima en la mesa se volvió denso. Mientras algunos invitados optaron por el silencio, Mirtha observaba atenta el intercambio.
Pachano defendió su postura y aseguró que, más allá de interpretaciones políticas, su vivencia fue real y dolorosa. El cruce expuso no solo diferencias ideológicas, sino también sensibilidades personales.
Una vez más, La noche de Mirtha demostró que cualquier tema puede transformarse en debate caliente. Y esta vez, la discusión sobre censura y libertad terminó generando uno de los momentos más comentados de la emisión.
Aníbal Pachano, Nancy Pazos, Mirtha Legrand
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La hija de Andrea del Boca reaccionó al beso de su mamá con Kennys Palacios: “Fuerte”

El candente momento que protagonizaron Andrea del Boca y Kennys Palacios durante un programa de stream de Telefe en julio de 2025 volvió a cobrar relevancia en los últimos días, cuando el clip se viralizó nuevamente a raíz de la convivencia de ambos en la casa de Gran Hermano Generación Dorada. La reacción más comentada fue la de Anna del Boca, hija de la actriz, quien sorprendió con sus declaraciones al ver el video en La Jugada, uno de los programas de stream que analiza todo lo que sucede dentro del reality.
En el recordado encuentro, Andrea del Boca y Kennys Palacios compartieron pantalla en stream y, fiel a su costumbre, la actriz dio consejos para dar el mejor beso de ficción, usando a Kennys como modelo. “Ninguno de los dos tiene que quebrar mucho la cabeza para que se vea la boca linda”, explicó Andrea, antes de mostrar ejercicios para relajar los labios y aflojar el momento.
La intención era didáctica, pero las risas y la complicidad se apoderaron de la escena y tuvieron que separarse para evitar la tentación. “Tenés que cerrar los ojos, sino no es romántico”, indicó finalmente Andrea antes de acercarse y sellar el beso con Kennys. Ya terminado el momento, entre carcajadas, Andrea bromeó: “Me mordiste”, y lanzó divertida: “A vos te digo, Santiago del Moro, Kennys me acaba de morder la boca, esto no lo voy a permitir”.
Meses atrás en un programa de streaming los
flamantes participantes de Gran Hermano se besaron en vivo (Video: La
Jugada- Telefe)
El tiempo pasó y la dupla volvió a cruzarse dentro de la casa de Gran Hermano Generación Dorada. Así las cosas, ahora Anna del Boca, reaccionó al clip en La Jugada, y no ocultó su sorpresa: “No sé qué decir. Me dejó muda. Estábamos hablando del sí, ahí prácticamente hablaron de sexo”. Consultada por Fede Popgold sobre si le generaba algo de temor la situación, la joven admitió: “Fuerte”. El panel sumó humor y picardía: “En cualquier momento va a haber sexo, Chimi”.
Anna, sorprendida, agregó: “Claro, escúchame. Dijo que no miente ella”. El debate continuó sobre los límites en la casa: “¿Puede tener sexo dentro de la casa? Vos que lo conocés”, preguntó Fede. Mariano de la Canal fue tajante: “No, está por casarse, le pidieron matrimonio en diciembre”. Aclararon que, pese a los rumores, “relación abierta, no”, y Anna remató: “Supercerrada”.
La mirada de Anna sumó una cuota de humor e incredulidad al revuelo que generó la escena, demostrando el alcance que tienen las anécdotas familiares en el universo digital y televisivo actual.
El clip viral y la reacción en el panel dejaron en evidencia la capacidad de Andrea del Boca para combinar humor y picardía, y cómo su personalidad sigue generando sorpresa y risas tanto entre sus compañeros como entre sus familiares y el público.
Esta no es la primera vez que la joven habla del accionar de su madre dentro de la casa. Anna expresó públicamente su desacuerdo con las nominaciones de Andrea, señalando como error la elección de ciertos participantes como blanco de sus votos. “Yo creo que la pifió ahí”, enfatizó.
Luego de la primera gala de nominaciones, Anna Chiara del Boca compartió su perspectiva en un segmento de Telefe Streams junto al conductor Fede Popgold. Consultada sobre la jugada de su madre, fue tajante: “No me gusta cómo votó”. Sus comentarios apuntaron directamente a los votos de Andrea del Boca a la periodista paraguaya Carmiña Masi y la exvedette Yanina Zilli, que calificó de desacertados. Según su análisis, al votar por la persona más evidente para el grupo, se contribuye a su empoderamiento. Anna Chiara comparó esta situación con casos de ediciones anteriores, como los de Furia y Cristian U., donde la presión grupal terminó dándoles fuerza a los nominados principales. “Carmiña era como la obvia. La enaltece. Yo siento que ese factor de ‘todos vamos contra la misma’,esa alianza no sirvee. Pasó con Furia. Como que a la primera quisieron atacar a Furia y la hicieron la más fuerte”.
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