CHIMENTOS
Solcito Fijo, la hija de Piñón, entre el teatro y la familia en Carlos Paz: “Volver a cantar con papá fue sanador”

Cada verano, Villa Carlos Paz se convierte en una de las capitales nacionales del teatro y el entretenimiento para toda la familia, y este año Solcito Fijo se consolida nuevamente como una de las protagonistas más queridas de la cartelera infantil. Con 38 años y una trayectoria en ascenso, la hija de Piñón Fijo lleva adelante su quinta temporada en el escenario, cautivando a grandes y chicos con canciones propias y espectáculos que apuestan a la alegría y la ternura. Desde 2018, cuando decidió iniciar su propio camino, la artista ha logrado que su propuesta trascienda el apellido y se transforme en un verdadero puente entre generaciones, inspirada tanto en sus padres como en sus hijos, Luna y León.
Esta temporada, la artista presenta su show Verano con Solcito en el Teatro Libertad, con funciones los miércoles y jueves a las 20:30 horas, rodeada de sus entrañables personajes y una puesta colorida que invita a las familias a sumarse a un mundo de música, humor y valores. Así, la cordobesa reafirma su misión de transmitir alegría y dejar huella en la infancia de quienes la acompañan, convirtiéndose en una referente indiscutida del teatro para chicos en la temporada de Carlos Paz.
—Esta es tu quinta temporada en Carlos Paz, ¿qué significa para vos volver a apostar por el teatro infantil en este escenario tan especial?
—Me siento en un proceso de análisis y reflexión constante de lo que era la primera temporada a la quinta. La primera por ahí llena de miedo, de inseguridad, de esta apuesta de poder abrirme sola con mis propias canciones y propuesta. Después de hacer tanta carrera con mi papá, con Piñón, abrirme sola me generaba muchísimas dudas, pero aun así me animé, lo hice y ahora ya estoy con muchísima más seguridad, más confianza, más convencida de cuál es mi misión: la de poder llegar a más hogares con esta propuesta que me tiene muy enamorada.

—¿Qué novedades o cambios trae este espectáculo respecto a los anteriores?
—A mí me gusta ir renovando el show también de acuerdo al crecimiento personal mío, como mamá, como mujer, como artista. Creo que toda mi obra está basada en procesos personales y también en necesidades de adentro del hogar con mis hijos. Vamos creciendo juntos con canciones nuevas que transmiten lo que vivimos en casa. Este show tiene mucho de eso: nuevo cuento, nuevas canciones, nuevos sueños, con ese desarrollo y crecimiento adentro de nuestra casa.
—¿Sentís alguna diferencia en esta temporada teatral respecto de las anteriores?
—La verdad, el show del año pasado me encantaba, me generó mucha satisfacción y alegría. Pero este siento que le dimos una vuelta de tuerca al show para que sea aún más dinámico, entretenido y divertido, especialmente para el público de verano, que tiene más predisposición y está más relajado, de vacaciones. Este show tiene mucha participación de los chicos, pero también de los adultos, que hasta se suben al escenario a cantar y bailar conmigo.
—¿Cómo notás al público cordobés y al de Carlos Paz en particular? ¿Creés que tiene alguna energía o respuesta distinta a la de otras plazas del país?
—Es difícil decirlo, porque con las redes sociales hoy es difícil dividir el público o sentirse local. Me encuentro con gente de todo el país en Carlos Paz, diciendo que escuchan mis canciones, vieron mis videos, leyeron mi cuento. El público en Carlos Paz es un reencuentro de mi comunidad. Los que me conocen van a ver la propuesta de la que tanto hablo durante el año, y a los que no me conocen, se encuentran también con turistas, no solo cordobeses. Por otro lado, las redes me permiten llegar a más lugares sin distancia física y eso es un gran privilegio. Los chicos siguen siendo niños, más allá del acelere y los estímulos tecnológicos.

—¿Cómo hacés para equilibrar la tecnología y el juego en tus shows y tu casa?
—Mi desafío como mamá, artista y mujer es poder tener en mira la infancia y la inocencia, con un títere, una canción, un cuento, juegos y también videos, pero buscando el equilibrio. Mi gran desafío es ese. Mi show y los contenidos que hacemos tienen que ver mucho con esa búsqueda del equilibrio. Es lo mismo que sucede en casa. Soy mamá de Luna y León, de nueve y tres años. Tengo dos etapas muy diferentes, pero trato de acompañar en esta nueva era de tanta tecnología buscando el equilibrio y respetando la infancia, haciendo cuentos, juegos, canciones, conectar más desde lo lúdico y no tanto desde la pantalla. La invitación en mi casa y en mi show es esa: soltar un rato el celular y conectarnos, regresar también a la niñez de los adultos. Mi show termina siendo una fiesta familiar en la que todos bailan, reflexionan, se emocionan. Es muy dinámico y la familia completa sale contenta y agradecida por el espacio de encuentro.
—Sos una de las herederas del teatro y la animación infantil por tu papá. ¿Creés que hoy hay mucha comparación o lograste desligarte de Piñón?
—Está el legado presente. Por supuesto, tengo muchas herramientas y todo el reconocimiento y agradecimiento a mi papá por haberme allanado el camino y dado oportunidades desde chica. Hacía coros en el primer cassette de Piñón, cuando hacía temporada en Carlos Paz en la calle. Crecí al lado de él, de este gran maestro y de toda su obra y arte. Pero también creo que logré diferenciarme desde mi rol, mi forma, mis ritmos, siendo mujer y mamá. Mi carrera tiene que ver con acompañar el crecimiento de mis hijos y que el trabajo esté conectado con eso. Hago mis propias canciones, mi propio camino y obra. Está la esencia y el reconocimiento, pero no me pesa la comparación, es de donde vengo, pero está diferenciado.
—¿Cómo sigue el vínculo con él? ¿Te gustaría invitarlo a participar de tus shows?
—En 2025 cerramos el año en Buenos Aires, en Paseo La Plaza y en el Quality de Córdoba, y estuvo invitado. Fue muy emocionante el reencuentro en el escenario después de tantos años. Cantamos una canción mía juntos y fue muy sanador para el vínculo artístico y familiar. La idea es seguir compartiendo desde la música, con proyectos para seguir haciendo cosas juntos.

—¿Qué es lo que más te gusta que se lleve el público de tus funciones?
—Me parece que el público se lleva mucha transparencia de lo que hay arriba y abajo del escenario. Me muestro tal cual soy, como mujer y mamá. En la obra hay mucha representación sobre lo que es una familia, con momentos lindos y no tan lindos, canciones que acompañan cada momento. El público agradece ver a una artista que es también una mamá que canta sus procesos y a sus hijos de manera genuina y con el corazón.
—¿Cómo reaccionan tus hijos cuando te reconocen en la calle o en el teatro?
—Tengo dos etapas diferentes. León tiene tres y está creciendo con una mamá artista, y Luna tiene más conciencia del reconocimiento. Ahora, con YouTube ven al abuelo, lo viven con alegría y respeto. Por suerte tengo una comunidad hermosa y mis hijos participan cuando quieren. Si no quieren, se los respeta. Ellos acompañan como yo acompañé la carrera de mi papá.
—¿Qué proyectos tenés para 2026?
—En marzo comenzamos actuando en Lollapalooza. Luego, en mayo tenemos el mes de los jardines y un encuentro con todos los jardines de Córdoba en un teatro. También haremos la temporada de invierno y el mes de la niñez. Cuando termine la temporada nos sentaremos a planificar todo, incluso un libro de cuentos nuevo. Hay muchos proyectos y ganas de seguir llevando canciones y propuestas a diferentes lugares. Además, tengo planeada una canción con Diego Topa, otra con Magdalena Fleitas, e incluso con mi papá.
CHIMENTOS
Ricky Martin y Juan Castro, el romance clandestino que marcó los 90 y terminó con un final trágico: «Era una relación a distancia»

Un touch and go y todo pasaba por Miami. O a escondidas en Buenos Aires, cuando las cuatro paredes de un hotel eran testigos de una pasión desbordante y desmedida en el apogeo de los años 90. Lo de Ricky Martin y Juan Castro fue de esos amores que no se explican en palabras, que solo lo entienden quienes los viven. Porque a veces los sentimientos se comprenden cuando se desarrollan en acciones. En lo que generan. Y así fue entre ellos: un hilo rojo conectaba al cantante puertorriqueño con el periodista argentino. Como bien le dijo Ronnie Arias a Paparazzi: “Habría que haber estado en esas sábanas”.
El final de uno de sus protagonistas fue trágico. El verano de 2004 quedó marcado por la dramática muerte de Juan Castro. El periodista cayó desde el balcón de su departamento en Palermo y, tras pasar tres días en terapia intensiva, falleció con apenas 33 años.
El shock de la noticia fue total; la farándula argentina quedó consternada. El mundo habló del inesperado desenlace que tuvo un joven y talentosísimo periodista argentino. A escondidas, Ricky Martin transitaba en absoluta soledad uno de los dolores más grandes que debió enfrentar, una herida que hoy sigue abierta por lo que Juan marcó en su vida, en su camino, y en especial, en su descubrimiento personal.
Quienes conocieron el costado íntimo del cantante y el periodista confirman que el amor existió. Ricky estuvo muy enamorado de Juan, a punto tal que si alguno de los dos viajaba, ya sea a Buenos Aires o a Miami, coordinaban para encontrarse. Su relación era especial y no solo se reducía a una noche: era un vínculo amoroso (y muy fogoso) a la distancia. El boricua hacía de todo para verlo. Incluso llegó a esconderse en el baúl de un auto para colarse en un hotel y no ser visto por la prensa.
«Fue una linda persona y un gran profesional. Lo recuerdo con mucho amor y mucho cariño”, fue una de las pocas frases, por no decir la única, en la que Ricky se animó a confesar y reconocer que existió un vínculo con Castro.
El hermano mellizo de Juan, Mariano Castro -que falleció en octubre del 2025, a los 54 años-, llegó a decir, en una nota con El Trece, que simplemente «eran dos pibes” y “se cagaban de risa”. Pero en aquella época la sociedad era otra. Si bien Juan era un adelantado, que llegó a los medios para deconstruir y romper tantos prejuicios que existían sobre la homosexualidad, eligió seguir la postura de Ricky Martin, quien era toda una estrella mundial: recién en el 2010, y con una carta pública, el músico confesó su verdadera orientación sexual. “Cuánto tabú había en los 90 con eso de ser gay«, destacó Mariano Castro en relación a cómo su hemarnó vivió este romance oculto.
Ronnie Arias, uno de los pocos testigos de la pasión que existió entre Castro y Ricky, contó en una entrevista cuál era el modus operandi de dos jóvenes que se permitieron vivir una pasión desmedida, con sus corazones conectados en un mismo camino.

“Lo de ellos fue un flechazo. Yo no los presenté. Yo lo que fui es testigo de un par de salidas de ellos y cubrí la entrada a algunos hoteles… Se escondían. A Ricky lo metíamos en el baúl del auto al hotel”, recordó el actor, que en ese momento formaba parte de la señal E! Entertainment.
En este romance clandestino, era el boricua quien tenía los sentimientos más a flor de piel: “Siempre digo que Ricky estaba más enamorado de Juan. Era imposible no enamorarse de Juan: era energía pura -sentenció Ronnie-. Creo que era una relación a distancia, una relación en plazos. Venía Ricky, se veían. Juan viajaba a Miami, se veían. Era un touch and go, nunca fueron pareja”.
Sin haber formalizado su vínculo, tan solo disfrutando de un flechazo de dos personas que tuvieron la fortuna de coincidir, vivieron, percibieron y atravesaron el desarrollo del amor. En el 2001, Castro marcó un precedente al animarse a contar, con total naturalidad, cuál era su elección. Así lo replicó durante una entrevista en Sábado Bus.
“Lo que tenía que ser un secreto, ni yo sentía que fuera algo que estaba mal en mí lo que hacía entre cuatro paredes de mi dormitorio, y porque también se me cantó decirlo. Lo que generó en los otros es un tema de los otros. Lo que más me gustó fue que esa semana mi viejo me llamó y me dijo: ‘Vos sos un valiente’”, destacó Juan.
Como tantas historias que marcaron a fuego a una generación, lo de Ricky Martin y Juan Castro quedó suspendido en el tiempo, envuelto en silencios, secretos y un contexto que no permitía vivir el amor con libertad. Fue intenso, real y profundamente humano, atravesado por el miedo, la pasión y las limitaciones de una época que obligó a esconder lo que hoy podría decirse sin culpa. Juan se fue demasiado pronto y Ricky siguió su camino, pero ese hilo rojo del que hablan quienes los conocieron nunca se cortó del todo: permanece en la memoria, en los gestos no dichos y en la certeza de que, aun a escondidas, hubo un amor que existió y dejó huella.
Ricky Martin, Juan Castro
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Sofí Morandi se prepara para un nuevo desafío en su carrera: “Siempre soñé con hacer esta obra”

El reloj marca las horas previas al debut y Sofi Morandi se detiene frente a la oportunidad largamente anhelada: Las Cosas Maravillosas retorna a la cartelera de Buenos Aires, y esta vez el deseo se convierte en realidad. “Siempre soñé con poder hacerla, cada vez que iba a ver una función me imaginaba ahí”, confiesa la actriz a Teleshow. Y se dispone a hablar del proyecto con que se estrenará este lunes 2 de febrero en el Metropolitan y con el que se propone llegar al menos hasta abril.
“Es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas”, define Morandi a horas de que se levante el telón. Y desde su sencillez, ese concepto abre un juego tan personal como infinito. Los nervios y el entusiasmo no se disipan al subir a escena y cada función propone una apuesta inédita en su recorrido como actriz: la cercanía con el público y la construcción colectiva de una experiencia luminosa, en el rol de narradora de una trama conmovedora, bajo la dirección de Mey Scapola.
Morandi encara este desafío después de pasar una larga estadía en Uruguay, donde participó en la filmación de la tercera temporada de Porno y helado, la serie dirigida y protagonizada por Martín Piroyanski. La actriz describió el rodaje como una suerte de “viaje de egresados”, ya que el equipo uruguayo y los actores argentinos habían generado un ambiente de confianza y diversión a lo largo de los años.
“Fue una experiencia hermosa” sintetiza sobre su experiencia en un destino cada vez más visitado por las producciones locales. Y ahora se prepara para un desafío distinto a todos los que experimentó en su carrera como actriz. Una suerte de unipersonal interactivo, una terapia colectiva con protagonistas itinerantes, que invita a la reflexión y a la sensibilidad escapando a los lugares comunes.
—¿Cómo te llegó la propuesta para sumarte a esta obra?
—La propuesta me llega a través del productor Tommy Rottemberg y la directora Mey Scápola y es una obra que ni bien la vi la primera vez con Peter Lanzani, me encantó. Después la vi un montón de veces con diferentes protagonistas: Franco Massini, Cande Vetrano, Natalie Pérez, Fer Dente. Me fascinó porque es muy distinta a las otras obras que había visto, me imaginaba que podía ser una obra re linda para hacer, pero no me sentía preparada o segura y no tenía ninguna propuesta todavía. Y finalmente esa propuesta llegó.

—¿Por qué sentís que es una obra distinta a las demás?
—Tiene como un misterio alrededor…se genera una interacción con el público, que es muy importante, es como una especie de experiencia teatral. Eso la hace súper original y, a la vez, el libro es algo muy tierno, tiene momentos de humor, de comedia, y también de reflexión. La gente es parte de la obra, literalmente hay sillas arriba del escenario, y como las salas en el Multiteatro son chicas, es más íntima y se genera algo colectivo, muy emocionante y novedoso.
—¿Qué te produjo la primera vez que la fuiste a ver?
—Me produjo asombro, sorpresa, porque no esperaba ser parte. En un momento me encontré participando de la obra. Si bien el público no es protagonista, todos estábamos ayudando al narrador a contar la historia. Desde ese momento, te sentás en la butaca y entendés el registro, decís: “Estamos todos acá escuchando lo que tiene para contar la narradora”. Eso me gustó. Después me generó mucha ternura. La obra tiene un lado muy luminoso de la vida. Si bien habla de suicidio, depresión, salud mental, no va al golpe bajo. Y cuando termina, te vas contento.

—¿Cómo fue el proceso de ensayos y el trabajo con la dirección de Mey Scápola?
—Por suerte ya conocía a Mey, la admiraba mucho como actriz, me parecía un diez. No la conocía como directora y la verdad es que hizo el proceso muy claro. Es muy decidida a la hora de expresarse, que es algo que tienen los directores que también son actores, y a mí me gusta ser dirigida por gente así, porque sabe cómo expresarte lo que quiere ver arriba del escenario. No te dice cómo hacerlo, pero te sabe guiar. Así que me sentí súper contenida y fue muy lindo el proceso. Después vino el desafío de estudiarme toda una letra, porque es una hora hablando yo sola. Entonces, hasta no aprenderme de memoria la página uno, no pasaba a la página dos. Y así hasta la 60.
—¿Cómo vivís el recorrido desde tus inicios como influencer hasta esta etapa en el teatro?
—Estoy súper agradecida con eso y no de un lado egocéntrico, sino sincero. Y orgullosa de seguir esa necesidad de hacer cosas o de escucharme qué tengo ganas de hacer y qué no, según el momento. Hace unos años no estaba lista para hacer esta obra, pero este año me sentí lista dentro de mi cabeza. Esto es algo que nunca hice, es un desafío, es algo nuevo, voy intentando llenar la mochila con más herramientas y soy medio ñoña con esas cosas. Siempre pienso los proyectos en base a si me va a hacer crecer, si me gusta, si me divierte. Divertirme lo priorizo también, aunque suene naif. Y así, sigo eligiendo.

—Se te ve desbordante de felicidad con esta nueva etapa…
—¡Ay, sí! Muy feliz y también muy nerviosa (risas).
—¿Qué significa para vos “Las Cosas Maravillosas”?
—Para mí es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas.
—¿Cómo cuáles?
—Como, por ejemplo, sabe cuál es el tango favorito de tu abuelo.
*Las cosas maravillosas. Estreno lunes 2 de febrero en el Metropolitan, Corrientes 1283. Funciones viernes y sábado
CHIMENTOS
Daniela Celis y Thiago Medina tomaron una drástica decisión para la crianza de sus hijas: “Todo vale la pena”

Daniela Celis y Thiago Medina volvieron a captar la atención del público, pero esta vez lejos del romance y las redes sociales. La pareja sorprendió al contar la drástica decisión que tomó para la crianza de sus hijas, las mellizas Aimé y Laia: criarlas sin pantallas durante sus primeros años de vida. Una elección que, aunque exige esfuerzo y constancia, aseguran que “todo vale la pena”.
A través de sus redes sociales, Daniela compartió un mensaje sincero y reflexivo que rápidamente generó repercusión. “Dos años criando sin pantallas. Sí, es muy difícil: mucha creatividad, dedicación, paciencia y amor. Pero es acá donde todo vale la pena”, escribió la ex participante de Gran Hermano, junto a imágenes de sus hijas jugando a la rayuela, rodeadas de juegos tradicionales y sin dispositivos electrónicos.
Lejos de tablets, celulares y televisión, la familia apuesta por la convivencia, el juego compartido y la estimulación analógica. En el reciente festejo por el segundo cumpleaños de las niñas, la postal fue clara: globos, juguetes clásicos, peluches y risas, sin pantallas a la vista. Para Daniela y Thiago, la clave está en el tiempo presente y el vínculo directo.
La decisión no está exenta de desafíos. La propia Celis reconoció que sostener este tipo de crianza requiere un compromiso diario, especialmente en un contexto donde la tecnología atraviesa la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Sin embargo, el balance es positivo: “Una rayuela y toda la tarde alcanza”, resumió.
Esta postura no es aislada dentro del mundo del espectáculo. Natalia Oreiro fue una de las figuras que públicamente manifestó una mirada similar. La actriz reveló que su hijo Atahualpa, con casi 14 años, recién tendrá un celular sin conexión a internet. “No es un ‘porque no’, sino explicar por qué no”, explicó.
En la misma línea, Nicole Neumann también se mostró firme respecto al uso de pantallas en la infancia. La modelo contó que prefiere fomentar la lectura, el juego y las actividades creativas antes que recurrir a dispositivos electrónicos. “Yo prefiero jugarle, leerle y que elija libros”, señaló en más de una oportunidad.
Las decisiones de estas familias famosas encuentran respaldo en la comunidad médica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños menores de cuatro años no superen una hora diaria de exposición a pantallas, y que los menores de dos años directamente no tengan contacto con ellas.
Daniela Celis, Thiago Medina
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