ECONOMIA
Comprar y vender dólares por Mercado Pago y Banco Industrial es mal negocio: diferencia de precios

Desde la liberación del cepo para los individuos del año pasado, los ahorristas pueden comprar dólares de manera libre en bancos, casas de cambio y billeteras digitales. Por lo que la competencia para captar clientes es mayor en todas estas plataformas y, en la actualidad, queda en evidencia que la Fintech más utilizada, que es Mercado Pago, propone un precio más elevado que la competencia.
En resumidas cuentas, Mercado Pago, a través de la operatoria bancaria brindada dentro de su app por Bind Inversiones, empresa del Banco Industrial, vende dólar Mep a un valor de $1.471,31 a los usuarios de cuentas remuneradas. Una cotización que es más elevada respecto a la media del mercado.
Es que, por un lado, el precio de dólar oficial a la venta en Banco Nación se ubicó el miércoles en $1.465.
Y en otras billeteras digitales financieras, como Balanz y Bull Market, la cotización también es inferior, ya que se venden billetes estadounidenses a un monto cercano a los $1.460. Y en Cocos Capital se ubica en $1.467.
Es decir, Mercado Pago tiene un precio de más de 11 pesos por cada dólar ofrecido, respecto a la competencia, debido a que el negocio lo comparte con el Bind, que le brinda las transacciones cambiarias y fondos comunes de inversión (FCI).
Y, además, esta plataforma aprovecha el gran volumen de usuarios que posee, de unas 25 millones de cuentas, de las cuales muchas son de personas no bancarizadas, para obtener una renta mayor por transacciones cambiarias, ya que es una «vidriera» masiva.
Incluso, en Mercado Pago es también donde se paga a un menor precio por los dólares que los usuarios desean vender, ya que la plataforma «compra» los billetes verdes a $1.441,6.
Como referencia, se puede comparar este número con los $1.459 que paga Balanz, que es apenas un peso menos que su valor de venta; o los $1.455,2 que ofrece Bull Market a sus clientes.
Quiere decir que este servicio brindado por Bind Inversiones tiene la mayor brecha, y diferencia de ganancia, entre compra y venta, respecto a la competencia, ya que representa unos 30 pesos.
Con tarjeta de débito, precio dólar más alto
No solo Mercado Pago tiene el precio de venta más caro de dólar que la competencia, sino que también cobra un tipo de cambio mayor para realizar compras al exterior, en moneda estadounidense, con su tarjeta de débito, ya que es 4% más alto al de las pizarras.
Entonces, si se realiza una compra al extranjero a través de la misma aplicación y con los pesos disponibles en la cuenta remunerada, ahí la «venta implícita» de la moneda estadounidense se hace a un tipo de cambio de $1.519,7. Es decir, un precio de alrededor de 3,2% mayor al que se puede comprar billetes desde el mismo Mercado Pago.
Cabe recordar que desde mediados de abril del año pasado, el Gobierno comenzó a flexibilizar el cepo cambiario para individuos, permitiendo la compra y venta libre de divisas a través de bancos y casas de cambio.
Así, Mercado Pago toma en cuenta el valor que tiene el dólar Mep y le recarga comisiones y otros costos de la billetera por la operación internacional.
Según la explicación de la propia billetera digital, la compra con tarjeta prepaga no se liquida al dólar Mep, sino que se convierte al «tipo de cambio propio que publica Mercado Pago al momento de la transacción y ese valor puede incluir un spread (diferencia) por la conversión y la operatoria internacional, por eso puede quedar más alto que el Mep».
Es decir, las intermediaciones y comisiones por una operación realizada en el exterior, donde se intercambian pesos por dólares, es diferente a vender divisas localmente a precio de mercado.
En estas operaciones bancarias participa Banco Industrial (Bind), debido a que es el soporte financiero que tiene Mercado Pago, para poder realizar estas transacciones con dólares y en el que también participan bancos del exterior como intermediarios.
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ECONOMIA
Trump usará maíz y soja para bajar la nafta: por qué no todo es festejo para el campo argentino

La guerra en Medio Oriente empujó a Donald Trump a alterar su política energética, con un mayor corte de biocombustibles, que le permita frenar las alzas de precios en las estaciones de servicios de Estados Unidos. Y la medida puede tener efecto sobre el campo argentino, ya que podría inducir a un alza en las cotizaciones de maíz y soja.
Es así que, desde el célebre eslogan «drill, baby, drill» pronunciado el mismo día de su asunción para dejar en claro que apoyaría la producción petrolera sin dejarse influenciar por las advertencias ecologistas, ahora el presidente estadounidense pasó a mirar con atención a la alternativa del combustible en base a cultivos.
En realidad, el corte de naftas con un 15% de etanol ya era una promesa del presidente, que viene sintiendo la presión del lobby agrícola, descontento por cómo la relación tensa con China afectó sus ingresos.
Y ahora, como efecto colateral del conflicto en Irán, se dio la oportunidad perfecta para el anuncio: la Agencia de Protección Ambiental autorizó temporariamente el uso de etanol, con lo cual se busca simultáneamente contener el precio de los combustibles y, además, generar un mercado interno adicional para los farmers.
Esta medida, que se veía como factible cuando empezó el ataque a Irán, se transformó en una certeza cuando se constató que las hostilidades podrían prolongarse más de lo previsto inicialmente. De hecho, entre los analistas del sector energético ya se está hablando de un posible precio del barril de apuntando al inédito precio de u$s200.
Trump, que en octubre intentará el apoyo del electorado en las legislativas de medio término, había hecho del precio de la nafta uno de sus caballitos de batalla durante la campaña presidencial de 2024. De manera que toda medida que ayude a atenuar el impacto del conflicto será ahora una prioridad de tipo político.
«A partir del 1 de mayo de 2026, las exenciones de la EPA contribuirán a prevenir interrupciones en el suministro de combustible en los Estados Unidos, manteniendo el E15 en el mercado y brindando a los estadounidenses más opciones de combustible. La EPA emite hoy este aviso de exención para dar a los actores de la industria de combustibles tiempo suficiente para adaptar el sistema de distribución», afirma el comunicado oficial.
Caputo y el campo miran diferentes cifras
El etanol es un subproducto del almidón de maíz, lo que implica que, con esta medida, habrá mayor demanda de este cultivo. Desde el inicio del conflicto en Irán, el precio del maíz se disparó 15 dólares y el precio sigue sostenido, sobre todo tras la apuesta masiva de los fondos de inversión en commodities.
Sin embargo, esto no debe llevar a conclusiones apresuradas: los productores argentinos no necesariamente saldrán ganando de esta situación. Ocurre que, así como la suba del petróleo y las medidas de Estados Unidos empujan los precios agrícolas, lo mismo ocurre con los fertilizantes y otros insumos del campo.
De hecho, los principales materiales que usan los agricultores argentinos están subiendo en mayor proporción que la cotización del grano, lo que implica que la rentabilidad de esta campaña podrá verse afectada.
No por casualidad, se escucharon voces de crítica entre los productores cuando el ministro de Economía, Toto Caputo, publicó un mensaje con tono celebratorio respecto del potencial exportador del campo, cuya situación calificó como «boom absoluto».
«Nuestras estimaciones son que en un escenario conservador, las exportaciones aumentarían en 3.700 millones de dólares con respecto al año pasado. En un escenario de precios y producción más altos (algo que se está convalidando), las exportaciones treparían a casi 42 mil millones. Esto es 8.700 millones más que el año pasado.
Granos por escalera, urea por ascensor
Pero del otro lado del mostrador, las cosas no se ven igual. Es cierto que el volumen de la cosecha será mejor al previsto, con unas 60 millones de toneladas de maíz y 49 millones de toneladas de soja. Pero la ecuación económica de los productores está empeorando.
Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta, muestra que, en comparación con los precios que había antes del conflicto en Medio Oriente, la urea subió un 47%, el glifosato un 24%, el gasoil un 17% y el fosfato diamónico un 3%.
Y eso no es lo peor: si se considera el antecedente de la invasión rusa a Ucrania en 2022, estos productos todavía tendrían margen para seguir aumentando si el conflicto se prolonga y la situación del petróleo no se normaliza.
Dicho de otra forma, hace dos meses se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, mientras que ahora se necesita 2,6 toneladas, y la tendencia es al alza.
Esto es lo que hace que lo que en principio iba a ser una buena temporada para el campo argentino, súbitamente se haya transformado en un caldo de cultivo para los quebrantos. Ya desde el año pasado los productores se quejaban de que, fuera de la zona núcleo, los números del negocio no estaban cerrando, y que esa situación no cambió con la rebaja de dos puntos a las retenciones de la exportación sojera.
Para colmo, en el caso de la soja se observa una fuerte volatilidad, que llevó a que el precio tocara un máximo de u$s450 -después de haber promediado los u$s380 durante el año pasado- para luego desplomarse súbitamente en u$s25. Es un contexto en el que se vuelven a sentir reclamos por la baja de retenciones a la exportación.
Maíz: ¿cuándo y a quién vendérselo?
Para los productores argentinos, sobre todo para los de maíz, es un momento de decisiones difíciles. Por un lado, hay una perspectiva de suba de los precios internacionales, como consecuencia de la medida tomada por Trump sobre los biocombustibles. Pero, al mismo tiempo, el costo de los insumos está subiendo aceleradamente.
Por otra parte, el precio está volátil, y no sólo será influenciado por la demanda de etanol. También juega la expectativa sobre el nuevo informe del USDA -el departamento de agricultura del gobierno estadounidense-, donde se actualizarán las proyecciones de cosecha y nueva campaña. Y, sobre todo, si se confirma que Trump y su colega chino, Xi Jinping, retomarán las negociaciones comerciales, también esto podría alterar las cotizaciones.
Este escenario volátil hace que muchos productores argentinos consideren que es preferible asegurarse el precio hoy antes que especular con una suba en las pantallas de Chicago. De hecho, ya llevan 19 millones de toneladas negociadas para la venta -un tercio de la cosecha-, mientras el año pasado, a esta altura, no había más de 9 millones. Del total negociado, unas 12 millones de toneladas ya tienen precio fijado.
El impacto sobre las carnicerías
Pero, además, hay otro tema sensible vinculado al maíz, del que suele hablarse poco: incide directamente en el precio de la carne vacuna.
Ocurre que, mientras hay escasez de carne a nivel global -lo cual eleva la demanda y el precio de exportación- también se registra un bajo nivel de faena en Argentina, que cayó 10% en un año, lo cual se refleja en los precios de las carnicerías.
Esto ocurre porque, con un stock vacuno debajo de los 50 kilos de cabezas -el número más bajo de los últimos 15 años-, y además con precios en alza, los ganaderos prefieren vender menos animales, pero más gordos. Si antes la norma era enviar a faena el ganado de 300 kilos, ahora se los envíe al matadero con más de 480 kilos.
Y el dato clave es que el ganado vacuno se engorda con maíz, que aunque haya subido en el mercado mundial, está más barato que nunca en comparación con la carne. Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo.
Esto lleva a que una proporción alta de la campaña de maíz, en vez de ser exportada, sea vendida a los productores ganaderos. En principio, la opinión mayoritaria en el campo es que, por más que el maíz tuviera una suba, la tendencia del mercado cárnico no variaría drásticamente, dada la demanda insatisfecha a nivel global, que mantiene atractivos los precios de exportación.
Pero claro, si se produjera un boom en el precio del maíz, entonces nuevamente la ecuación cambiaría y los ganaderos verían disminuir el margen de rentabilidad previsto.
Lo cierto es que en el agro están afinando el lápiz más que nunca. Porque, además de la situación internacional, también juega, como siempre, la especulación local. Un dólar mayorista de $1.368 desincentiva la exportación, sobre todo la sojera, y hace inevitable que nuevamente se ponga sobre el tapete la discusión sobre el tipo de cambio y una eventual baja de retenciones.
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ECONOMIA
El Banco Central aprovechó la calma cambiaria para comprar dólares, pero las reservas volvieron a caer

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) completó 55 ruedas consecutivas con saldo comprador en el mercado de cambios, logrando la racha más prolongada desde 2007. Este jueves, sumó otros USD 57 millones y el saldo acumulado en lo que va de 2026 casi alcanza los 4.000 millones de dólares.
Desde el arranque de la cuarta fase del esquema monetario, en enero, la entidad ya sumó USD 3.989 millones, lo que equivale a cerca del 40% del objetivo trazado para el año. Para sostener este ritmo, el Central optó por incrementar la emisión de pesos sin absorber el excedente mediante instrumentos tradicionales, mientras que el Tesoro absorbió parte de esos fondos con nuevas colocaciones de deuda en el mercado local. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía evitó expandir la cantidad de pesos en circulación, con el fin de contener tanto la base monetaria como la inflación y el valor del dólar.
Proyecciones oficiales ubican las compras netas de divisas para 2026 en un rango de USD 10.000 a 17.000 millones, condicionado por la demanda de pesos y la disponibilidad de dólares en el mercado. Santiago Bausili, presidente del BCRA, indicó que el ritmo de adquisiciones dependerá, sobre todo, de la demanda de moneda local y el flujo de ingreso de divisas. Hasta el momento, lo acumulado representa el 39% de la meta anual.
Al finalizar la última rueda, las reservas internacionales bajaron a USD 43.536 millones, tras una caída diaria de USD 296 millones y cayeron al menos nivel desde principios de enero de 2026. Según explicaron fuentes del BCRA, la contracción se explica por retrocesos de las cotizaciones de los activos que forman parte del stock del organismo como el oro. En efecto, la onza del metal precioso retrocedió 3,43% hasta los 4.430 dólares.
La acumulación de reservas se vio limitada por las compras de divisas del Tesoro, que recurrió al Central para afrontar vencimientos de deuda, afectando el ritmo de incremento. Buena parte de los dólares provino de la liquidación de exportaciones agrícolas y de colocaciones de deuda por parte de empresas y provincias. Tras las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de bonos y obligaciones negociables superaron los USD 11.000 millones.
En una jornada con operaciones moderadas que totalizaron USD 316,4 millones en el mercado spot, el dólar mayorista retrocedió por tercera vez consecutiva. Este jueves, la cotización cayó 9,50 pesos, equivalente a un 0,7%, y finalizó en $1.368, el valor más bajo desde el 14 de octubre pasado, cuando se ubicó en 1.360 pesos.
Durante marzo, el tipo de cambio mayorista acumula una baja de 29 pesos, equivalente a 2,1 por ciento. En el primer trimestre de 2026, la disminución alcanza los 87 pesos o 6 por ciento.
El Banco Central fijó la banda superior del esquema cambiario en $1.647,61, lo que ubica al dólar oficial 279,61 pesos por debajo de ese techo, con una diferencia de 20,4 por ciento. Se trata de la mayor brecha desde el 27 de junio de 2025, cuando alcanzó 21,2%, hace nueve meses.
Por otra parte, el Banco Central resolvió reducir en 5 puntos los encajes bancarios a partir de abril, buscando incentivar la actividad económica en un contexto de inflación en descenso. La medida permitirá que los bancos cuenten con mayor liquidez disponible para otorgar préstamos y aumentará la cantidad de dinero en circulación.
El Directorio decidió no renovar la disposición transitoria que, desde agosto y con prórroga en noviembre, había elevado los encajes bancarios en 5 puntos porcentuales hasta el 31 de marzo. La norma, implementada bajo la presidencia de Bausili, había situado el nivel de encajes en el valor más alto de las últimas tres décadas.
Desde el 1 de abril, el esquema monetario adoptará un perfil más flexible, con el objetivo de avanzar en la remonetización que impulsa el Gobierno para estimular la economía. Hasta ahora, la política monetaria mantenía un enfoque marcadamente contractivo. En febrero, la base monetaria se redujo 1% en términos reales, reflejando el impacto de ese sesgo restrictivo en un contexto de recesión en varios sectores.
Los encajes representan una fracción de los depósitos en pesos o dólares que las entidades financieras deben mantener inmovilizados en el Banco Central. Cada vez que un cliente deposita fondos, el banco transfiere una parte a una cuenta especial en el BCRA, con el fin de garantizar solvencia ante eventuales retiros y operar como instrumento de política monetaria. Los cambios en el nivel de encajes inciden directamente sobre la cantidad de dinero circulante y, en consecuencia, sobre la inflación.
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ECONOMIA
Por qué el BCRA sigue con reservas en rojo pese a la impresionante racha de compra de dólares

El Banco Central no para de comprar dólares y el acumulado desde enero se acerca a u$s4.000 millones. La racha se extiende a 54 jornadas consecutivas de compras de reservas en el mercado de cambios: a excepción del primer día hábil del año, hasta ahora ha comprado en todas las jornadas y los montos superan ampliamente al 5% del volumen operado que trazó la entidad como referencia cuando renovó el esquema cambiario y monetario. Sin embargo, el stock de reservas netas continúa en rojo.
La autoridad monetaria aprovecha la abultada oferta de divisas en el mercado, sostenida por las liquidaciones de créditos al sector privado y las exportaciones de los sectores del agro, energía y minería, lo cual se combina con una escasa demanda de dólares por bajas expectativas devaluatorias a corto plazo. La racha compradora debería mantenerse durante los próximos meses debido a la temporada de liquidaciones de la cosecha gruesa, que está por arrancar y anticipan que será voluminosa.
Lo llamativo es que la seguidilla de compra de dólares por parte del Banco Central aún no logra darle vuelta a las reservas netas, que se mantienen en terreno negativo. En el mercado se calcula que las reservas netas, restando los vencimientos de Bopreal a doce meses y los depósitos del Tesoro en el BCRA, se ubican en torno a u$s3.000 millones negativos. El desafío ahora será pasar la cuenta a positivo, de la mano de más compras por los dólares con la cosecha gruesa, algo que los operadores seguirán muy de cerca.
Por qué las reservas no mejoran pese a las compras del BCRA
El impedimento del Central para acumular reservas netas y darle vuelta a las cifras es fundamentalmente el pago de deuda en moneda extranjera. Los constantes vencimientos con organismos internacionales drenan las arcas de la entidad y hacen que lo que ingrese por un lado salga por otro. De hecho, las compras oficiales de divisas en el mercado, que en lo que va del año ascienden a u$s3.929 millones, tienen como destino parte del próximo pago a los tenedores de títulos Bonares y Gobales, programado para julio.
Los pagos de deuda también explican los constantes retrocesos en las reservas brutas, que en el mercado suelen llamar la atención porque se dan al mismo tiempo que la entidad registra compras. A la vez, se suma la volatilidad en el precio del oro: el Central posee casi 2 millones de onzas troy, por lo que las fuertes subas que tuvo la cotización del metal en los últimos meses beneficiaron a las reservas, pero las recientes bajas marcaron un retroceso.
De acuerdo con cálculos de la consultora 1816, en lo que resta de 2026 el Gobierno enfrentará vencimientos por más de u$s13.500 millones. El mayor peso se encuentra en los pagos a organismos internacionales (excluyendo al FMI), que ascienden a u$s4.600 millones, seguidos por los bonos soberanos en dólares, cuyos vencimientos en manos privadas son de u$s3.900 millones. Le siguen los pagos al FMI, netos de desembolsos, por u$s2.600 millones. Después se ubican los pagos por repos del BCRA (u$s1.400 millones) y los vencimientos de Bopreal (u$s1.000 millones).
Para el próximo año, según el cálculo, el total de vencimientos asciende a u$s26.000 millones. Es decir, entre lo que resta de 2026 y el total de 2027 los compromisos de deuda en moneda extranjera son de casi u$s40.000 millones. En el acumulado, el mayor peso se encuentra en los bonos soberanos en dólares, cuyos vencimientos en manos privadas totalizan u$s12.000 millones. Los analistas esperan que en algún momento el Gobierno acceda al mercado internacional para refinanciarlos, pero el ministro Luis Caputo asegura que no lo hará y optará por «financiamiento alternativo».
Reservas netas en rojo, pero con señal positiva
«Con semejante ritmo de compras, el foco vuelve a las reservas, particularmente en las netas. A partir de la última planilla de liquidez en moneda extranjera del BCRA, publicada el viernes, las reservas netas a fines de febrero se ubicaban en torno a u$s2.888 millones negativas en su medición más exigente, neteando como pasivo de corto plazo a los vencimientos de Bopreal a doce meses vista y los depósitos del Gobierno en el BCRA», detalla Portfolio Personal Inversiones.
El bróker de bolsa estima que la semana pasada las reservas netas se ubicaban en u$s2.950 millones, «erosionadas en parte por la reciente caída del precio del oro». Incluso, precisa, el cálculo aún no incorpora plenamente las bajas de los últimos dos días, que implican una reducción adicional de u$s639 millones en las tenencias del BCRA. En lo que va de marzo (desde que inició la guerra en Medio Oriente), la valuación del oro retrocede 13% e impacta en las reservas con una baja de u$s1.300 millones.
El equipo de Guardian Capital destaca como señal positiva el hecho de que el Tesoro empezó a afrontar vencimientos grandes con dólares propios depositados en su cuenta del Banco Central, en referencia a los pagos que realizó la semana pasada a organismos internacionales como el BID y Fonplata. Esto evita que caigan las reservas netas, ya que los depósitos del Tesoro no son parte de esa contabilidad, y se refleja sólo en las tenencias brutas.
«La evolución de las reservas netas dependerá de si el Tesoro recurre a compras de dólares al Banco Central (lo que presiona a la baja las reservas netas) o utiliza sus propios depósitos en moneda extranjera (sin impacto en las reservas netas porque ya están contabilizados como pasivos de corto plazo, aunque se trata de un recurso finito)», agrega el analista Pedro Siaba.
Siaba afirma que a partir de ahora el calendario de vencimientos abre una ventana favorable para acumular reservas: los pagos de deuda en moneda extranjera son relativamente acotados en el corto plazo, a lo que se suman la liquidación de la cosecha gruesa y el esperado desembolso de u$s1.040 millones del FMI a fines de abril por la aprobación de la primera revisión del programa crediticio. Para dimensionar, resalta, en lo que resta de marzo los compromisos ascienden a u$s362 millones, mientras que en abril totalizan apenas u$s348 millones.
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