POLITICA
El capitalismo de Milei y la curita más difícil de arrancar

En dos años, Javier Milei logró hacer popular lo impopular, el ajuste y el achicamiento del Estado, a fuerza de un éxito, la baja de la inflación, un logro todavía en construcción. La segunda mitad de su mandato lo obliga a Milei a repetir esa lógica riesgosa: transformar lo impopular en popular otra vez, pero ahora en otros dos temas centrales de la economía argentina. Por un lado, el empleo: lo impopular es destruir empleo en algunos sectores de la economía como el camino acertado para reconstruirlo en otros. Por otro lado, salir del estancamiento económico con una actividad económica que se reactive en los sectores capaces de sobrevivir, mientras mueren otros, y que florezca el empleo en esos sectores que logran nadar contra la corriente. Ésa es la nueva utopía. Por eso la palabra política clave de este año es “transición”: ¿cómo pasar de una economía súper protegida pero estéril a una economía abierta, competitiva, que importe y exporte y al mismo tiempo camine hacia la creación de empleo y al crecimiento de la actividad económica?
Esta semana, el Congreso debatirá la “modernización laboral” que también entra ese paraguas conceptual del Gobierno: lograr traducir la flexibilización laboral, históricamente resistida, al lenguaje de la modernización y el progreso para todos. Otra herramienta para la “destrucción creativa”. Hasta la llegada de Milei al poder, la política le esquivó el bulto al ajuste necesario durante años: o porque no quiso, o porque no pudo. Era garantía de derrota electoral. Ahora Milei se mete con otra vaca sagrada: la reforma laboral. Si lo logra y da resultado creando empleo, será una proeza política.
En el Gobierno, hay descreimiento sobre el “gradualismo” implícito detrás de la noción de transición. Hay una visión muy dominante que es más tajante, de shock. En los pasillos del Ministerio de Economía se escucha esta síntesis, implacable: “No hay transición posible: hay que arrancar la curita de una vez”. Se refiere a la curita proteccionista, que una vez arrancada con la herramienta de la apertura comercial, abriría la puerta al proceso de “destrucción creativa” en el que cree el proyecto libertario. “No se puede seguir extendiendo la agonía de empresas que no pueden sobrevivir y menos despegar. El precio que se pagó fue muy caro”, es el razonamiento oficialista.
Ahí está el nuevo desafío de Milei, que es doble. Por un lado, porque la nueva etapa de “destrucción creativa” del capitalismo mileísta es todavía más desafiante que la etapa de motosierra al gasto público y baja de la inflación. Entra a jugar una percepción social que funciona distinto en el caso de la inflación que en el caso de la destrucción de empleo.
La baja de la inflación es un beneficio inmediato, homogéneo y transversal a toda la sociedad. Esa realidad se traduce en una foto clarísima: la baja de la pobreza medida por ingresos es la contracara de un IPC a la baja. Es decir, el beneficio del ajuste y su consecuente inflación a la baja llega hasta los más pobres. Y eso es clave.
La angustia inflacionaria es una experiencia social conocida por todos los argentinos, en todos los niveles socioeconómicos, en todos los sectores de la economía y en varias generaciones. De ahí que su baja sostenida, aún con altibajos, sea una buena noticia generalizada: el fin del estrés de una vida cotidiana alterada por precios que vuelan por el aire. El Gobierno que corta esas alas se lleva el apoyo popular. En este caso, Milei. Al kirchnerismo le cuesta entender ese éxito.
Pero otra cosa es la generación de empleo a partir de la apertura económica, necesaria pero con costos asociados: es heterogénea, con sectores ganadores y perdedores, y es esquiva en el corto plazo. Llevará tiempo hasta lograr una generalización de sus beneficios a toda la sociedad. Sólo una economía en plena marcha, de competitividad sostenible, puede lograr ese equilibrio general donde los desempleados de un sector puedan reconvertirse para ingresar a otro en crecimiento. Pero ese puerto no se alcanza de un día para el otro. De ahí que el debate en torno a la “transición” va tomando fuerza.
“En Estados Unidos te echan de un día para el otro y sin indemnización”, suena como parte de la argumentación oficialista. El problema es que ese caso es el de una economía que llegó hace rato al paraíso de las economías sostenibles, eficientes en la lógica de destrucción creativa y en el funcionamiento del equilibrio general de los beneficios.
Por eso, también hay que atender a la otra cara del desafío que presenta la etapa de destrucción creativa aperturista: está obligada a mostrar éxitos contantes y sonantes en el corto plazo, es decir, ya, este año. La Argentina está lejos de eso: ¿cómo harán los sectores eternamente protegidos para salir de la burbuja de protección pauperizada a la intemperie de la competencia? ¿Hay riesgo de que se destruya empleo pero que los trabajadores caigan al abismo del desempleo? La experiencia menemista dejó esa lección: en mayo de 1995, la desocupación llegó al 18,4 por ciento. En 1999, el último año de presidencia de Carlos Menem, la tasa de desocupación fue del 13,8 por ciento, según datos de Chequeado, elaborados a partir de la Encuesta Permanente de Hogares.
En ese debate, en su versión actual, el Gobierno tiene dos aliados. Primero, un cambio de época que afecta al empleo: mientras se destruye empleo formal, crece el empleo informal. Los datos muestran esa película. En el último trimestre de 2025, la gestión mileísta fue feliz con una baja de la tasa de desocupación, que cayó al 6,6%, un 0,3% menos respecto del mismo período de 2024. La mala noticia de esa ecuación es que desde noviembre de 2023 se perdieron 180.000 puestos de trabajos privados registrados, según datos del Ministerio de Trabajo en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). La novedad es que la tasa de informalidad también creció: pasó del 42,6% al 43,3%.
La informalidad mantiene en caja a la desocupación y compensa algo de la pérdida de trabajo formal. El cuentapropismo de plataforma le da una salida al nuevo desempleado, que pasa a la categoría de informal. Una versión módica del equilibrio social, o del malabarismo social: al menos, la posibilidad de aferrarse a la tabla de salvación de la informalidad de nuevo cuño. Tiene mejor prensa que la informalidad histórica: supone una recuperación de márgenes de autonomía personal en el manejo de la subsistencia, y de progreso económico modesto, un componente que no estaba incluido en la informalidad clásica, sinónimo de marginación sin expectativas.
Por otro lado, en la batalla entre concepciones económicas y productivas, el Gobierno también tiene al pasado como ventaja competitiva. El descrédito de la economía kirchnerista y los cuestionamientos a la política de la sustitución de importaciones están cada vez más extendidos, aún entre dirigentes progresistas que hace no mucho tiempo atrás se alineaban detrás de esas concepciones. En la última semana, el precio de la ropa made in Argentina y el estancamiento en el empleo formal desde 2011 volvieron al centro de la discusión pública como prueba contundente de que el proteccionismo ni desarrolló una industria competitiva ni generó beneficios, en empleo y precios razonables, a los trabajadores y consumidores.
El rol de ciertos sectores industriales en el sostenimiento forzado de la sustitución de importaciones, con un proteccionismo exacerbado, también juega a favor de Milei y su equipo económico. Una de las instituciones más activas de los textiles, la Fundación Pro Tejer, es una voz crítica de la política de apertura del Gobierno. Cuestiona, entre otros puntos, la cancha inclinada en contra de la industria nacional, con una carga impositiva mucho más alta que la que tienen sus competidores internacionales.
Es atendible. Sin embargo, Fundación Pro Tejer tuvo una gran oportunidad de influir para cambiar esa cancha en el último gobierno kirchnerista, la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, pero no lo hizo. En 2020, el entonces director ejecutivo de la Fundación Pro Tejer, asumió como secretario de Política Industrial, Economía del Conocimiento y Gestión Comercial Externa. Ese vínculo, justo en años de protección activa al sector textil por parte del kirchnerismo, fue señalado críticamente por dirigentes de la oposición como la economista Daiana Fernández Molero, macrista, experta en política comercial.
Está claro que falta mucho para llegar a una conclusión sobre el legado del modelo macroeconómico y productivo mileísta: sólo el paso del tiempo dirá si resulta exitoso a la hora de llevar a la Argentina a una economía tan liberal como beneficiosa para la mayoría. De Menem a Macri, las experiencias de apertura económica y flexibilización laboral no terminaron bien. Sin éxito, no hay sobrevida para una concepción aperturista de la economía argentina. Para que esa matriz macroeconómica y productiva, liberal y racional, se vuelva naturaleza, es decir, verdad dada y con consenso casi indiscutido, Milei está obligado al éxito en la baja de la inflación, en la creación de empleo y en el crecimiento de la actividad económica.
La popularización del éxito económico de la Argentina es el único argumento capaz de “domar”, en lenguaje mileísta, la batalla cultural contra la religión de la sustitución de importaciones. Sin un resultado económico palpable para la mayoría de los argentinos, el ajuste se habrá inscripto en esa tradición de derrotas. En ese caso, el kirchnerismo a la Kicillof o el peronismo a la Moreno pueden tener espacio para encontrarse con, al menos, un atisbo de oportunidad electoral. El cambio cultural es un sueño eterno.
Demian Reidel se fue del directorio de Nucleoeléctrica tras la polémica por los sobreprecios,Luciana Vázquez,Conforme a
POLITICA
La Iglesia volvió a cuestionar el régimen penal juvenil: “Bajar la edad no reduce el delito”

La Iglesia Católica, a través de un comunicado firmado por Cáritas Nacional y las Comisiones Episcopales de Pastoral Carcelaria y Social, volvió a cuestionar el Régimen Penal Juvenil de cara a su tratamiento en el Congreso. “Bajar la edad no baja el delito. Más educación, más oportunidades, más esperanza”, indicaron.
En una carta abierta dirigida a los legisladores nacionales, afrimaron: “La reducción de la edad de imputabilidad constituye un retroceso en materia de derechos humanos y, por lo tanto, una medida regresiva e inconstitucional”. A su vez, advierten que esta reforma habilita la intervención penal y la privación de libertad de niñas, niños y adolescentes que no han alcanzado la edad legal, “tratándolos como punibles, sin garantizar un debido proceso adecuado, bajo supuestos criterios educativos o curativos, e incluso permitiendo internaciones de carácter indefinido”.
“Introduce un alto grado de arbitrariedad al combinar criterios de salud mental con pronósticos criminológicos que no cuentan con sustento científico”, contunió la Iglesia con sus cuestionamientos respecto del proyecto impulsado desde el Gobierno.
En ese sentido, plantearon que tampoco garantiza que haya un descenso en la cifra de criminalidad en menores, puesto que solo “habilita la aplicación de reglas del derecho penal adulto” y “permite el alojamiento en cárceles o dependencias de fuerzas de seguridad”, pero “no asegura defensa técnica especializada”.

La carta denuncia que la iniciativa prevé “penas desproporcionadas para adolescentes, sin una diferenciación razonable respecto de los adultos ni entre delitos leves y graves, ni entre adolescentes de distintas edades”, lo que contradice los principios de proporcionalidad, excepcionalidad y progresividad. Apuntaron que la propuesta no se corresponde con un aumento de los delitos juveniles: “Los datos disponibles muestran que la participación de adolescentes de entre 12 y 17 años en procesos penales es muy baja: apenas el 0,42 %. Además, la mayoría de los delitos cometidos por este grupo etario —alrededor del 80 %— son contra la propiedad, principalmente robos, mientras que los delitos graves, como los homicidios, resultan excepcionales”.
En el plano ético y social, la Iglesia sostuvo: “En un mundo atravesado por el avance de la cultura del descarte, sostenemos que los adolescentes y jóvenes no son una amenaza, sino presente y esperanza; protagonistas indispensables de una transformación profunda”. Por esto mismo, expresaron su dolor por la “creciente tendencia a perseguir y hostigar a quienes son más frágiles y vulnerables” y afirmaron que la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal “instala en el imaginario colectivo la idea de que niños y adolescentes son peligrosos”. Mientras tanto, plantearon que los verdaderos peligros para las zonas más vulnerables, como el avance del narcotráfico y la criminalidad “continúan funcionando con altos niveles de impunidad”.
De esta manera, evocaron al Papa Francisco al decir: “Los Estados deben abstenerse de castigar penalmente a los niños que aún no han completado su desarrollo hacia la madurez, y por tal motivo no pueden ser imputables. Ellos, en cambio, deben ser los destinatarios de todos los privilegios que el Estado puede ofrecer, tanto en lo que se refiere a políticas de inclusión como a prácticas orientadas a hacer crecer en ellos el respeto por la vida y por los derechos de los demás”.
De igual forma, aclararon que, como la mayoría de los argentinos, están “convencidos de que es necesario avanzar en una reforma del Régimen Penal Juvenil” y reconocieron que “existe un vacío legal que perjudica a muchos niños y adolescentes”.
Sin embargo, aclararon que “la baja de la edad de imputabilidad no resuelve el problema: lo desplaza, lo endurece y lo profundiza”. «La realidad nos coloca ante una disyuntiva decisiva: o profundizamos la cultura del descarte, o asumimos el desafío de construir un entramado social que cuide, incluya y repare”, dijeron en su mensaje.

Como alternativa, la Iglesia y las organizaciones que la acompañan proponen un enfoque preventivo. Así, propuesieron: “La intervención penal debe ser la última respuesta para promover la protección integral de la niñez”. Para los menores de dieciséis años, sugirieron un “abordaje en manos de los Juzgados de Familia y de todo el Sistema de Protección y Promoción de Derechos y no del sistema penal” y recomendaron políticas públicas direccionadas a tratar cuestiones de salud mental y adicciones, al tiempo de reforzar el acompañamiento familiar y comunitario. Mientras tanto, para los adolescentes mayores de dieciséis años que cometan delitos graves, la aplicación de justicia restaurativa, que “ha demostrado reducir la reincidencia a niveles cercanos al 0 %”.
Las palabras de la Iglesia se dan luego de que el Gobierno haya incluido los cambios en el Régimen Penal Juvenil en el temario de las sesiones extraordinarias. De hecho, hace tan solo una semana, la Conferencia Espiscopal Argentina expresó sus dudas respecto al proyecto.
El documento, titulado “Más oportunidades que penas”, cita interrogantes planteados en marzo de 2025 por la Pastoral Social de la misma Conferencia, entre ellos: “¿Dónde van a recluir a los menores si se concreta la baja de la edad de imputabilidad?” y “¿Qué alternativas reales existen para educarlos y reinsertarlos socialmente?” Asimismo, se pregunta por las condiciones y los dispositivos disponibles en las provincias para alojar a adolescentes y jóvenes que delinquen, así como por la efectividad de las instituciones penitenciarias para abordar el problema.
La Conferencia Episcopal reafirmó la convicción de que es “imprescindible un régimen penal juvenil y adolescente que tenga una mirada humana, integral y abierta a la esperanza”.
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El descargo de la presentadora de la Fiesta Nacional del Mate que leyó un insulto contra Javier Milei

Una vez más la política volvió a colarse en un tradicional festival, esta vez en la Fiesta Nacional del Mate en Paraná, Entre Ríos. Durante el evento la conductora, Sonia Fernández, leyó carteles de los asistentes a la festividad y entre ellos, uno con insultos al presidente Javier Milei.
Inicialmente la conductora dijo: “Allá estoy mirando uno, pero por Dios no sé si lo leo o no lo leo”. Luego les dijo a los asistentes: “¿Lo leo o no lo leo? ¿No me irán a censurar? Yo lo leo, pero si el año que viene no me contratan de la Fiesta del Mate, ustedes son los culpables”.
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Su colega le dijo: “Sos comunicadora, Sonia”. Luego Fernández leyó el polémico mensaje del cartel: “Milei, la c… de tu m…”. Luego la conductora dijo: “Mirá las cosas que me hacen hacer. Mirá las cosas que me hacen decir”.
El descargo de la conductora de la Fiesta Nacional del Mate que leyó un insulto contra Javier Milei: “No debí hacerlo”
Frente a la fuerte polémica por haber leído un insulto contra el Presidente en la Fiesta Nacional del Mate, Fernández publicó un extenso descargo en su cuenta de Instagram, titulado “Aclaración y disculpas” por su accionar: “Ante lo ocurrido anoche en la Fiesta Nacional del Mate, quiero expresar una postura y un sentimiento”.
La periodista mencionó: “Durante una verdadera y multitudinaria Fiesta popular, leí un cartel que estaba entre el público, en contra del Presidente. El cartel expresaba un insulto a Javier Milei. No debí leerlo. Más allá de que cientos de personas me pedían hacerlo. No estuvo bien. Me considero una persona muy respetuosa. Y una profesional con fuertes convicciones que las he dejado claras durante 40 años de profesión».
Fernández reiteró su pedido de disculpas: “Por lo expresado y reflexionado durante el día, pido públicas disculpas a la Investidura Presidencial (independientemente si se lo merece o no) y a los organizadores de la Fiesta Nacional del Mate, que me dieron junto a una colega, la responsabilidad de conducir un Festival oficial”.
La conductora dijo: “Gracias a las miles de personas que me han apoyado. (Estoy en todas las redes sociales y en los principales medios nacionales por algo tan poco feliz). No me gusta esa exposición. Gracias también a aquellas que, conociendo mi conciencia crítica, también me expresaron su postura”.
Fernández aclaró: “No es retroceder en mi pensamiento. Está claro que ese pensamiento está y estará siempre en apoyo de lo nacional y popular y en defensa de la cultura. Sin embargo, me hubiera gustado hacerme viral por otras ideas y convicciones fuertes que expresé durante el Festival y no por la lectura de un cartel que insultaba al primer mandatario”.
La periodista dijo: “Aclaro: No es temor. No es autocensura. Es coherencia con mis ideas. Así como soy profundamente crítica a los insultos del Presidente Milei a muchos argentinos, yo asumo que hice lo mismo y eso no va conmigo. Dicho esto, doy por terminado el tema y sus efectos. Gracias por todo, nuevamente”.
Javier Milei, insulto, Entre Ríos
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Barrotes por hogar: una pobre respuesta

El asfalto se interrumpe, los pozos se multiplican y el agua servida corre por los zanjones. Las casas de ladrillo a la vista se intercalan con otras más precarias de chapas; un olor a carne podrida invade las fosas nasales. Nada parece en escuadra ni bien terminado. Unas columnas de una obra pública abandonada emergen desde un matorral, y las luces mortecinas hacen parecer que la noche se abate aquí con más furia. En villas como esta nace y crece el 40% de los jóvenes del Conurbano bonaerense. Contra toda meritocracia, nacer y crecer en estos lugares condiciona el porvenir; achica horizontes temporales y espaciales.
“Futuro ya no tengo… mi futuro fue”, responde Matías, de apenas 19 años, cuando se le pregunta por sus expectativas. Y si bien lo natural sería contradecirlo y explicarle que tiene toda la vida por delante, cuando narra su historia, impone silencio. Lo que relata es un derrotero de abandono e imposibilidad de acumular recursos vitales, que deja al descubierto la dificultad para un camino de integración social.
Como la mayoría de los jóvenes de estos barrios, Matías comenzó a trabajar en edad escolar; cartoneaba para ayudar a su madre a mantener a sus hermanos. Su padre, que los golpeaba, los abandonó cuando él tenía 7 años. A los 12, a la vuelta del cartoneo, se quedaba primero a tomar unas cervezas con los pibes del barrio, pero con el tiempo pasó a consumir drogas. A los 14 ya vivía en la calle y había abandonado la escuela, donde lo trataban, según su relato, “de faloperito”. La esquina”, con “la mala junta”, se convirtieron en su mundo. A los 18 cayó preso por robo a mano armada y ahora solo piensa en “rescatarse”, pero dice que “es difícil cuando tu mamá te abandonó en la calle de tan chico”. “Yo viví cosas que ningún chico debiera vivir”, dice. No es sorprendente que, con esta historia de vida, Matías no pueda proyectar un futuro más allá de la esquina. Como él mismo lo dice, “me dejaron solo”.
Matías es el reflejo de un Estado y una sociedad que fallan, en múltiples instancias, en brindarles condiciones de crianza a estos niños y jóvenes. En un estudio realizado por el CIAS y Fundar, más de la mitad de los jóvenes de barrios populares expresaron no tener perspectivas de integrarse a la sociedad a través del estudio y el trabajo. La integración social no solo requiere un entramado de oportunidades, sino que también presupone ámbitos donde se adquieren los recursos que permitan vincular esas oportunidades con las aspiraciones personales. El deterioro de esos ámbitos de acumulación hace que estos jóvenes no crean, como ellos mismos lo expresan, que puedan “ser alguien en la vida”. No les damos los recursos para que proyecten un futuro mejor.
“Ser alguien” supone una trayectoria que enlaza lo recibido con un proyecto a futuro. Sin embargo, dadas sus experiencias de socialización —donde el hogar, la escuela y el barrio ocupan un lugar central—, esa trayectoria se hace inverosímil. Las expectativas de muchos se recortan casi exclusivamente sobre el presente y “la esquina”. Cuando hay alguna expectativa, en general, esta no va más allá del objetivo de “rescatarse”; es decir, de dejar la vida de consumo y delito.
A los jóvenes que repiten ese círculo vicioso de consumo y crimen, si milagrosamente no se “rescatan”, los espera el confinamiento o la muerte temprana. La dificultad para imaginar algo distinto arranca en hogares en los que no se cubren las necesidades alimenticias básicas. De una encuesta del CIAS a 600 jóvenes en villas de AMBA, se puede inferir que casi el 50% de los menores de 18 años en villas trabaja para aportar ingresos al hogar, normalmente cartonean. Abundan las historias familiares traumáticas caracterizadas por la violencia, el abandono o la expulsión del hogar. Es común que niños de entre 14 y 18 años caigan en situación de calle y el Estado no reaccione.
Las escuelas tampoco logran contener a estos jóvenes. Son escuelas desbordadas por las situaciones de consumo y violencia que atraviesan estos barrios. Según la encuesta mencionada, el 42% de los jóvenes entre 19 y 24 de barrios populares abandonó la escuela y más de la mitad la ve como un lugar vacío o violento. Una vez más, un joven deja el secundario y en la sociedad no se prende ninguna luz roja; el Estado solo atina a descontarle el 20% de la AUH.
Estos jóvenes crecen en barrios segregados: aproximadamente el 50% de los jóvenes no tiene amigos por fuera del barrio y no participa en ningún espacio de sociabilidad como iglesias o clubes. Estos barrios segregados no solo están afectados por la deficiencia de servicios públicos, sino que, además, el espacio público –calles y plazas— aparece a menudo controlado por transas y narcos. Ellos imponen el ritmo de vida del barrio; determinan por dónde y a qué hora se puede circular o reunirse.
Mientras tanto, en Argentina vuelve la idea de bajar la edad de imputabilidad como solución al problema. Muchos hogares aparecen estallados, muchas escuelas desbordadas y muchos barrios ocupados por los transas y, en lugar de recuperar y cuidar estos lugares, se elige atacar sus resultados. Se quiere atender a los jóvenes cuando “el futuro ya fue”— y se pretende corregir con barrotes o intercambio de balas, lo que se fue originando durante años en el hogar, la escuela, y el barrio.
La mirada indulgente de cierto progresismo es un error que se paga caro. Los niños y jóvenes que cometen crímenes causan pérdidas materiales y humanas graves. Hay delito, culpa y damnificados, que no dejan lugar a romantización alguna. Pero querer resolver el problema en sus consecuencias y no en sus causas, es un error más grave. La prioridad debiera estar en las condiciones bajo las cuales se gestan el consumo y la criminalidad. Limitarse a bajar la edad de imputabilidad es querer corregir un renglón torcido destruyendo la hoja. Una sociedad que no ofrece otro futuro a sus jóvenes que la cárcel está, en verdad, renunciando al suyo.
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El autor, politólogo y sacerdote, es rector Centro de Investigación y Acción Social (CIAS)
Rodrigo Zarazaga,Conforme a
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