ECONOMIA
¿Dólar en caída libre? La señal de reservas que puede cambiar el rumbo en las próximas semanas

El dólar oficial cerró este jueves 19 de febrero a $1.410, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negociaba a $1396. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vendía a $1.465 y el MEP se ubicaba en $1.414. Por último, en el segmento informal, el blue se negociaba a $1.440.
El dólar mayorista volvió a ceder y el peso se posicionó entre las monedas que más se fortalecieron en el arranque del año. La foto inmediata muestra calma cambiaria, con oferta abundante de divisas y demanda firme por instrumentos en pesos, mientras la volatilidad no logra instalarse como preocupación central.
Detrás de esa estabilidad, se juega una pulseada entre tres variables que suelen anticipar los cambios de clima: el ritmo de acumulación de reservas, la demanda efectiva de dinero y el costo financiero de sostener el esquema de corto plazo. Cuando esos engranajes se alinean, la apreciación puede extenderse; cuando se desajustan, el mercado empieza a anticipar escenarios menos benignos.
En las últimas semanas, el Gobierno sostuvo un mecanismo que combina compras de divisas en el mercado oficial con absorción de pesos vía colocaciones del Tesoro. Con esa base, el foco se desplaza del precio actual a una pregunta más estratégica: qué pasará con el dólar cuando el flujo de divisas se normalice, cuando el calendario de vencimientos en pesos se vuelva más exigente y cuando la demanda de dinero muestre si realmente se está fortaleciendo o si persiste la preferencia por cobertura.
Oferta de dólares: por qué cae el mayorista y cuánto puede durar
Desde Invecq señalaron que la reciente caída del tipo de cambio mayorista responde a una oferta de divisas muy elevada, impulsada principalmente por la liquidación vinculada a obligaciones negociables emitidas tras las elecciones.
Los expertos de la consultora detallaron que luego de los comicios se colocaron USD 10.200 millones de deuda corporativa y sub-soberana, cuyas operaciones todavía se encuentran dentro del plazo de ingreso al mercado de cambios. Ese volumen explica por qué el mercado oficial recibe dólares con intensidad y por qué la presión se inclina a la baja.
Para Ecolatina, la oferta no se agota en ese canal financiero. Sus analistas apuntaron que el BCRA viene comprando divisas en un contexto de mayor liquidación agropecuaria por el ingreso de la cosecha fina, luego de un período de mínimos tras el vencimiento de la eliminación temporal de retenciones en septiembre del año pasado.
Además, desde Ecolatina agregaron dos motores adicionales: el crecimiento de los préstamos en dólares (USD 1.200 millones en enero, excluyendo tarjeta) y la liquidación remanente de obligaciones negociables. Entre noviembre y enero hubo colocaciones por USD 6.500 millones, pero el ingreso neto al mercado de cambios fue de USD 2.500 millones hasta diciembre de 2025, dejando margen para que el flujo siga impactando.
Reservas del BCRA: compras en el MULC, ventas al Tesoro y saldo «real»
Desde Ecolatina señalaron que el BCRA cerró la última semana con las compras más abultadas desde el inicio de la nueva Fase de Remonetización, destacando ruedas de USD 176 millones y USD 214 millones, esta última la mayor del año.
Con esos registros, explicaron que el ritmo promedio diario de compras se aceleró a USD 93 millones en febrero, desde USD 58 millones en enero. En el acumulado, las compras alcanzan mas de USD 2.100 millones en lo que va de 2026, reforzando la estrategia de recomposición de reservas.
Invecq introdujo un matiz relevante: si bien el BCRA acumula más de USD 2.100 millones en el MULC, parte de ese esfuerzo se compensa con ventas al Tesoro por alrededor de USD 1.250 millones en el año, destinadas al pago de intereses. Por lo tanto, la acumulación efectiva de reservas resulta menor al monto bruto comprado.
Además, desde Invecq compararon el ritmo actual con el de 2025: en enero las compras fueron USD 1.158 millones, por debajo de USD 1.655 millones del mismo mes del año anterior, y en febrero suman USD 932 millones, frente a USD 1.990 millones en febrero de 2025. Hacia adelante, estiman que la oferta podría sostenerse por nuevas colocaciones en moneda extranjera y el avance de la liquidación agroexportadora.
Demanda de pesos: agregados en baja y crédito en recuperación
Para Ecolatina, la discusión de fondo no pasa solo por la oferta de dólares sino por la demanda de dinero. Tras las elecciones, la cobertura cambiaria comenzó a mermar por menor incertidumbre, mientras el cambio de régimen y las compras del BCRA aportaron credibilidad al esquema.
En ese contexto, señalaron que el dólar se debilitó globalmente y que varias monedas emergentes se apreciaron (mencionando al real con más de 5% nominal en 2026), dinámica en la cual el peso no fue la excepción. El tipo de cambio real pasó de subir cerca de 20% entre abril y diciembre de 2025 a caer poco más de 4% en lo que va del año.
Sin embargo, las compras de divisas no se tradujeron en mayor demanda estructural de pesos. La Base Monetaria sin estacionalidad cayó 0,6% mensual en enero, pese a que el Central inyectó +$1,6 bn por compras al sector privado. La liquidez fue absorbida mediante licitaciones, superávit fiscal y esterilización vía bonos.
En paralelo, los agregados monetarios mostraron retrocesos: el M2 Privado Transaccional creció apenas 1,0% mensual s.e., el M2 Privado cayó 5,2% s.e. y el M3 Privado bajó 1,6% s.e.. Como contracara, el crédito en pesos creció por segundo mes consecutivo: +1,9% mensual s.e., con préstamos comerciales +3,3% y consumo +1,0%, aunque aún resta ver si se consolida junto a una mejora en la mora.
Qué pasará con el dólar: carry, tasas y el riesgo del calendario
Desde Invecq describieron un escenario que sostiene el atractivo del carry trade en el corto plazo: demanda firme por instrumentos en pesos, oferta elevada de divisas y contexto internacional favorable. Mientras esos factores se mantengan, la apreciación podría persistir.
Ecolatina puso el foco en el engranaje financiero. Finanzas logró un rollover superior al 120% y retiró $1,7 bn, casi equivalente a lo inyectado por el BCRA desde la última licitación. Sin embargo, advirtieron que en episodios anteriores los bancos debieron solicitar $0,9 bn al Central, generando saltos en tasas por escasez de pesos.
La flexibilización de encajes —que permite incumplir 5% en el mes con obligación de sobrecumplir al siguiente— busca suavizar esas tensiones. No obstante, la tasa de caución llegó a 35% TNA, desde 28% el día previo, reflejando episodios de iliquidez que podrían transmitirse al resto del mercado.
En el plano estructural, Ecolatina advirtió que si los pesos emitidos por compras de divisas se retiran vía bonos, crece el perfil de vencimientos en moneda local: +$20,2 bn hasta fin de 2026 y +$53,5 bn hasta junio de 2027, con un plazo promedio ponderado cercano a cuatro meses. Aunque no ven un problema fiscal inmediato si se sostiene el superávit, sí identifican un desafío hacia 2027 y una advertencia clara: aprovechar la actual abundancia de dólares para acelerar reservas y reducir el riesgo de volatilidad en el segundo semestre.
En definitiva, el dólar hoy luce contenido, pero su rumbo dependerá menos del precio actual y más de la velocidad de acumulación de reservas, la fortaleza de la demanda de pesos y la capacidad de renovar deuda sin tensionar tasas. La señal clave ya no es solo la cotización diaria, sino la consistencia del esquema en su conjunto.
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ECONOMIA
Ranking de inflación: en qué posición quedó Argentina en América Latina tras el dato de febrero

La difusión del Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a febrero de 2026 por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) permite actualizar la comparación del ritmo de aumento de precios en América Latina. Con un registro del 2,9% mensual, Argentina se consolida en el segundo puesto del ranking regional, solo superada por Venezuela, y mantiene una brecha significativa respecto al resto de las economías del cono sur, que presentan variaciones mayoritariamente por debajo del 1 por ciento.
En el acumulado del primer bimestre del año, el país registró una variación de precios del 5,9 por ciento. Este escenario se da en un contexto donde, tras una desaceleración previa, la inflación local muestra una tendencia alcista que se sostiene desde junio de 2025. Al mismo tiempo, el dato interanual se ubicó en el 33,1%, cifra que supera ampliamente los promedios anuales de los países vecinos.
Venezuela continúa ocupando el primer lugar de la medición regional con una marcada diferencia. Según los datos del Banco Central de Venezuela, la inflación de febrero fue del 14,60%, mientras que el acumulado del primer bimestre escaló al 51,90 por ciento. A pesar de ciertos periodos de estabilidad relativa en años anteriores, la dinámica de precios en ese país se mantiene en dos dígitos mensuales, reflejando grande desequilibrios macroeconómicos.

Argentina, en el segundo puesto con el mencionado 2,9%, se distancia del grupo de países con metas de inflación de un solo dígito anual. La evolución del IPC local en febrero estuvo traccionada por aumentos en servicios públicos y regulados, además del impacto estacional en ciertos rubros de consumo masivo.
Colombia se ubicó en el tercer escalón del ranking con una inflación mensual del 1,08% en febrero y un acumulado bimestral del 2,27%, de acuerdo al Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). La economía colombiana ha enfrentado presiones por el lado de los precios de los alimentos y la indexación de contratos de arrendamiento, aunque mantiene una tendencia de convergencia hacia niveles más bajos respecto al año previo.
Por su parte, Perú registró una variación del 0,69% en febrero, según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). El acumulado de los primeros dos meses del año alcanzó el 0,72 por ciento. Según los medios locales, el país ha logrado mantener su estabilidad monetaria a pesar de las fluctuaciones en los precios internacionales de la energía, apoyado en una política monetaria restrictiva y una recuperación en la oferta de productos agrícolas tras eventos climáticos que habían afectado el inicio del año pasado.
Ecuador reportó una inflación del 0,21% mensual y un 0,57% acumulado en el primer bimestre. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) de ese país refleja niveles de variación de precios que se encuentran entre los más bajos de la región, vinculados a la ausencia de expansión monetaria y a un consumo interno que mantiene una dinámica moderada.
Brasil, la principal economía de la región, mostró un IPC del 0,70% en febrero, con un acumulado bimestral del 1,03 por ciento. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el índice se vio influenciado por los costos de transporte y educación, típicos del segundo mes del año. No obstante, el Banco Central de Brasil mantiene una vigilancia estrecha sobre las expectativas de inflación para asegurar el cumplimiento de sus metas anuales.
Uruguay registró una inflación del 0,35% en febrero y un 1,27% en el primer bimestre. El Instituto Nacional de Estadística (INE) uruguayo ha destacado que el país atraviesa un ciclo de estabilidad prolongado; de hecho, en periodos recientes ha alcanzado sus niveles de inflación interanual más bajos en siete décadas. La apreciación de la moneda local frente al dólar y una política fiscal orientada al control del gasto han contribuido a este resultado.
En el caso de Paraguay y Chile, ambos países reportaron una variación del 0% en el segundo mes de 2026. Paraguay acumula un 0,60% en el bimestre, según el Banco Central del Paraguay (BCP), mientras que Chile registra un 0,40% en el mismo periodo, de acuerdo al INE chileno. En Chile, la estabilidad se produce luego de un proceso de ajuste tras los picos inflacionarios de la post-pandemia, logrando anclar nuevamente las expectativas del mercado.
Bolivia fue el único país de la región que presentó una variación negativa de precios en febrero, con una deflación del -0,62%. De esta manera, el acumulado bimestral se situó en el 0,68 por ciento. El Instituto Nacional de Estadística (INE) boliviano vincula estos movimientos a la caída estacional en el precio de productos básicos de la canasta alimentaria y al sistema de subsidios vigentes que mantiene regulados los costos de la energía y los combustibles.
La brecha entre Argentina y sus vecinos se manifiesta al observar que el dato mensual argentino (2,9%) es casi tres veces superior al de Colombia, que ocupa el tercer lugar. Si se compara con Brasil o Uruguay, la diferencia es de cuatro y ocho veces, respectivamente. Esta disparidad resalta la persistencia del fenómeno inflacionario en el país en contraste con una región que, en su mayoría, ha logrado estabilizar sus indicadores de precios tras los choques externos de los últimos años.
ECONOMIA
El viejo IPC ayudó a que el IPC no perfore el techo de 3%, mientras se aleja la meta de bajarlo a 1%

Ahora queda más clara la resistencia de Toto Caputo a cambiar la canasta que mide la inflación. Si se hubiera aplicado la metodología nueva, el IPC de febrero habría sido de 3,1%, un índice que, con apenas dos décimas por encima del IPC oficial, habría resultado nocivo políticamente para un gobierno que se aferra al discurso de que la inflación está bajando.
Lo cierto es que, contando febrero, van nueve meses consecutivos en los que la inflación se mantiene o sube, y cada vez le resulta más difícil al gobierno dar una explicación. Durante la campaña electoral del año pasado, el argumento preferido era la caída en la demanda de pesos causada por el «riesgo kuka». Pero las elecciones ya quedaron muy lejos, y no hay indicios de que la inflación esté aflojando.
Más bien al contrario, ni siquiera se puede recurrir al argumento de que lo importante es la «inflación núcleo», como hacía Javier Milei el año pasado, porque ahora ese indicador, con un 3,1%, también muestra una tendencia preocupante. Y resulta cada vez más difícil sostener el pronóstico de que en el segundo semestre el índice mensual será inferior al 1%.
La explicación de Caputo es que todavía no se completó el proceso de «cambios de precios relativos», que básicamente refiere a que los servicios -sobre todo, los regulados por el Estado-, tenían precios tan atrasados con respecto a los bienes, que lleva un período largo para que se llegue a una situación de equilibrio. Y es cierto que el gobierno de Milei recibió un sistema energético con «tarifas pisadas», pero también es verdad que los ajustes tarifarios más grandes fueron pospuestos para el momento post electoral.
La bomba tarifaria
Es así que, en febrero, el rubro «Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» registró un explosivo incremento de 6,8%, más del doble de lo que venía marcando hasta fin del año pasado. No fue una sorpresa para nadie, dado que recién a partir de febrero se empezó a sentir con toda plenitud el recorte de los subsidios tarifarios para los hogares de ingresos medios.
Y la perspectiva de corto plazo es que esa recomposición tarifaria continuará. Ocurre que la necesidad de recortes de los subsidios -que representan un 6% del gasto presupuestario- se acentuó por la peligrosa tendencia en la recaudación impositiva: las cifras de ARCA marcaron en febrero la séptima caída consecutiva, medida en variación interanual real.
Ese rubro, que en la canasta del Indec tiene asignada una ponderación de 9,4% del presupuesto familiar, tendría un 14,5% si Caputo no hubiese cuestionado el cambio metodológico que propuso el resignado Marcos Lavagna.
De estar rigiendo la frustrada nueva canasta -que toma en cuenta patrones de consumo según un censo de 2018, mientras la canasta vigente considera un censo de 2004-, entonces se habría sumado casi dos puntos al IPC de febrero solamente por la incidencia de las tarifas de servicios públicos.
Sorpresa en el rubro alimenticio
Todo ese efecto estaba previsto por Caputo. En cambio, lo que resultó más sorpresivo fue que el rubro de alimentos, que después del pico de fin de año suele disminuir la presión alcista en el verano, continúa con una elevada tasa de aumentos.
Si bien se moderó respecto del impactante 4,7% de enero, el rubro alimenticio continúa muy por encima del promedio del año pasado, al registrar un 3,3% en un mes de apenas 28 días.
Los «villanos» del mes fueron, otra vez, las carnes. En el rubro vacuno, la paleta tuvo un incremento de 8,1% y el asado de 5,7%. Mientras que el pollo dio la nota con una suba de 10,2% en el mes.
Esta situación se da por una combinación de motivos locales y del mercado global. Los ganaderos, al ver subir el precio de la hacienda, tienen incentivo a engordar los animales y así recomponer el stock, que se redujo en casi 10 millones de cabezas tras la política de controles de precios en el gobierno kirchnerista.
Hay, además, un recorte en la producción global, y Argentina, con sus nuevos tratados comerciales, está posicionada para multiplicar su volumen de exportación, lo que genera un «efecto contagio» sobre las carnicerías.
Los expertos del negocio ganadero afirman que, dado el tiempo que lleva el ciclo biológico, los precios podrían seguir altos durante dos años.
La carne y el cambio de IPC
Esa es la parte que Caputo subestimó cuando tomó la decisión de mantener la actual canasta del Indec. Si hubiera aceptado el cambio, tal vez la categoría de alimentos habría neutralizado el efecto de la suba de tarifas.
Ocurre que en la canasta inflacionaria se le sigue asignando a la carne vacuna la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.
Y ese efecto nocivo no se limita al plano estadístico, sino que tiene peso político. En un país con altos índices de pobreza, la inflación del rubro de alimentos es la más sensible, y en buena medida es la que define la aprobación del plan económico de un gobierno.
En su primera etapa, el programa de Milei se pudo jactar de que los precios de alimentos subían menos que el promedio de la inflación, lo cual ayudaba a la caída en los índices de pobreza.
Pero desde octubre pasado esa tendencia se quebró, y ya van cinco meses consecutivos en los que la comida va por encima del resto de las categorías. Es algo que se ve más claro cuando se analiza la evolución de la canasta básica -la que marca el consumo mínimo para estar sobre la línea de pobreza- y la canasta alimentaria -la que indica una dieta diaria suficiente como para no estar en situación de indigencia-.
En febrero, la canasta alimentaria tuvo un incremento de 3,2%, lo que implica una variación de 37,6% en 12 meses. En cambio, el IPC fue de 2,9% en el mes y acumula un 33,1% mensual. Es una situación que habilita a los reclamos de ajustes superiores a la inflación para las jubilaciones y los salarios de las franjas de menores ingresos.
¿Marzo peor?
Y, acaso lo peor de todo, las perspectivas de marzo lucen feas. Ya se trata, de por sí, de un mes con alta inflación estacional, como consecuencia del impacto del inicio de clases y del cambio de temporada textil. Además, claro, seguirá presionando el factor tarifario. Pero, además, las consultoras privadas siguen registrando alzas de alimentos y pronostican que el IPC no se ubicaría debajo de 2,8%.
En definitiva, serán días en los que la capacidad persuasiva de Toto Caputo deberá esforzarse al extremo, dado que este pico inflacionario se produce justo cuando la mayoría de los gremios está renegociando los ajustes de salarios. Y, por otra parte, cuando el gobierno intenta convencer al sector financiero de que baje las tasas de interés en pesos para que se expanda el crédito al consumo y la producción.
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ECONOMIA
El Gobierno busca retomar el proceso de desinflación con absorción de pesos y un dólar que se mantiene a la baja

Con el telón de fondo del alto dato de inflación de febrero, el Gobierno optó por curarse en salud. Como consecuencia, el Tesoro retomó en la licitación de deuda de ayer una refinanciación superior al 100 por ciento. El 108% refinanciado implica en la práctica una mayor absorción de la liquidez que inyecta el Banco Central cada día que compra reservas.
“El registro de la licitación previa -donde el rollover se situó excepcionalmente por debajo del 100%- por ahora debe leerse como un evento puntual que no señalizó un cambio en la estrategia contractiva de fondo, con un rollover en lo que va del año que también se ubica en 108% acumulado”, explicaron desde Puente.
La gran variedad de bonos en pesos que se licitaron hacía suponer que el Gobierno tomaría una actividad agresiva para contener la expansión monetaria. Finalmente colocó deuda por $10,4 millones, por encima de los 9,64 billones que vencían.
La lectura de la decisión tomada por el Tesoro luce bastante clara. El objetivo es mantener bajo control al cantidad de dinero para contener el aumento de la inflación de los últimos meses.

La contracción monetaria que vienen llevando especialmente el Tesoro pero también el Central tiene como contrapartida una importante caída en la cotización del dólar en las últimas semanas. La divisa vuelve a transformarse así en un ancla anti inflacionaria. Ayer el tipo de cambio mayorista cerró por debajo de los 1.400 pesos.
El refinanciamiento mayor al 100% implica absorción neta de pesos del mercado, lo que es consistente con la política de mantener la liquidez contenida.
“El mensaje central respecto a la demanda del mercado se concentró en la preferencia por la cobertura inflacionaria, con un fuerte apetito por los instrumentos de la curva CER que absorbieron la mayor parte de las ofertas adjudicadas.”, explicaron desde Puente.
De hecho los bonos que ajustan por inflación son los de mayor rendimiento real, ya que pagan hasta 8% por encima de la inflación anual. “Esta validación de la curva CER frente a la tasa fija sugiere que los inversores priorizaron la protección contra el IPC en un escenario de liquidez excedente”, agregaron.

El índice de precios de febrero, que arrojó un 2,9%, se ubicó bien por encima de la expectativa de los analistas. Luis “Toto” Caputo ensayó una lectura benévola del dato: “La economía argentina todavía se encuentra en una etapa de corrección de precios relativos, tras acumular décadas de acumular distorsiones”.
Luego agregó que “el superávit fiscal, el control estricto de los agregados monetarios consistente con el proceso de desinflación y la mejora del balance del BCRA son prioridades para el Gobierno”.
El 2,9% de febrero obedeció solo parcialmente a los aumentos de tarifas, que es donde más se nota la distorsión de precios relativos. Luego hubo aumentos significativos en el rubro alimentos y bebidas (3,3%) y la inflación núcleo (que excluye productos estacionales y regulados) subió hasta 3,1 por ciento.
El nuevo dato implica que hace diez meses ya que la inflación no baja, luego del piso del 1,5% registrado en mayo del 2025. Marzo tampoco viene fácil, sobre todo después del aumento de la nafta que ya acumula 8% en el mes. El incesante incremento del barril de petróleo es muy probable que también se traslade parcialmente a los surtidores.

La buena noticia, en todo caso, es la caída cambiaria que incluso significó una caída del precio del dólar en las últimas semanas.
En la primera semana de marzo la suba de alimentos y bebidas fue solo 0,4% según la consultora EcoGo, que calculó que en todo el mes podría ubicarse en 2,5 por ciento. Pero se trata de una expectativa demasiado optimista, considerando que la guerra con Irán está presionando sobre la inflación en todas parte del mundo.
Respecto al financiamiento en moneda extranjera, la colocación del nuevo bono ARGBON27 (AO27) a una tasa de 5,59% valida la continuidad de la estrategia oficial de profundizar el crédito en dólares bajo jurisdicción local.
“Este enfoque -indicaron desde Puente- permite al Gobierno seguir utilizando el mercado doméstico para la gestión de su programa financiero, apoyado en un apetito de los inversores locales que esperamos se mantenga firme en las próximas emisiones, permitiendo al Tesoro gestionar sus compromisos sin depender exclusivamente del acceso a los mercados internacionales”.
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