INTERNACIONAL
Objetivo: Acabar con el régimen

Ese es el titular y ese es el sentido de los ataques coordinados de Israel y Estados Unidos que este 28 de febrero se han producido contra Irán: no buscan objetivos concretos, como la finalización de la carrera nuclear, o la destrucción de los centros de ensamblaje de los misíles balísticos, sino la caída completa del régimen.
La operación ‘Furia épica’, y su homólogo israelí ‘Rugido del León’ no son una reedición de las operaciones bélicas de junio pasado: el ‘León Creciente’ y su par americano, el ‘Martillo de medianoche”. En aquella ocasión se buscaba amedentrar al régimen, herir sus estructuras bélicas y, sobretodo, atacar las instalaciones nucleares de Natanz, Isafhan y la impenetrable Fordow, después de la constatación del nivel de enriquecimiento crítico del uranio que había conseguido Irán. Fue una operación quirúrgica y, por ende, limitada. Pero esta vez, en palabras del propio Trump, la intención es integral: destruir la industria de mísiles iraní, aniquilar su potencial armado, aniquilar toda opción nuclear, destruir la capacidad de desestabilización de sus aliados terroristas y, en definitiva, eliminar completamente la amenaza que supone el régimen de los ayatolas. Es por ello que Trump ha acabado su vídeo de ocho minutos en Truth Social asegurando al pueblo iraní que “la hora de su libertad está a su alcance” y animándolo a tomar las riendas de su destino. Por si hubiera alguna duda, el primer objetivo del ataque ha sido matar al líder supremo Alí Khamenei, cuya situación al momento de escribir el articulo, aún es confusa.
Si esa es la premisa, la caída del régimen de los ayatolás que aterroriza a su población y desestabiliza a toda la región desde 1978, cabe preguntarse si realmente es un objetivo viable y a qué plazo. Sobretodo porque Irán no es Venezuela: tiene capacidad militar poderosa; su guardia revolucionaria y el resto de cuerpos militares y policiales son compactos y están muy bien entrenados; está situado en un zona de enorme valor geoestratégico, capaz de crear grandes sacudidas económicas; tiene objetivos americanos y al propio Israel al alcance de sus misiles, y sus proxies, pueden atacar a sus enemigos desde muchas posiciones. Con todo ello, no parece que pueda tratarse de una guerra corta (de momento, fuentes de seguridad israelí hablan de más de una semana de ataques), aunque la voluntad americana sea acortarla al máximo y centrarla en los ataques aéreos. Pero si el objetivo es la caída del régimen, ¿será suficiente la batalla aérea? Sin duda a nadie le interesa una guerra con infantería, y menos a Trump, que podría encharcar a Estados Unidos en un nuevo Afganistán. No hay que olvidar que Irán tiene 650.000 efectivos activos, una de las infanterías más grandes del mundo. Pero, si imaginar una guerra con infantería es un pésimo propósito, descartarla es imprudente.
Con todo, la superioridad militar de americanos e israelíes en mar y aire está fuera de toda duda y por tanto es imaginable que consigan colapsar el régimen destruyendo todos sus centros estratégicos, tanto militares, como políticos. Lo cual no significa que Irán no pueda ser letal en las próximas horas y días. El éxito militar de USA e Israel se da por seguro. El cuándo se produce y qué consecuencias políticas tiene, es más difuso.
En este sentido, ¿es el momento de atacar Irán? Sin ninguna duda. Primero, porque es el punto final de la guerra que empezó el 7 de octubre de 2023, con la masacre de Hamás en Israel, auspiciada por los ayatollahas. A partir de aquel punto de inflexión, Irán pasó, de ser el enemigo a vigilar, a ser el enemigo a abatir, no solo para Israel, sinó para otros países preocupados por la carrera nuclear y por el potencial que Irán había aconseguido a través de sus proxies: chiitas iraquíes, la Siria de los Asad, el Hezbollah en el Líbano, los huties del Yemen, y los grupos terroristas que actuaban en Gaza. Y ello sin contar con la penetración iraní en América Latina. No había opción para la negociación. Pero la guerra con Irán solo podía producirse si se ocurrían tres grandes sacudidas: si Israel ganaba su propia guerra en el Líbano contra Hezbollah y en Gaza contra Hamás; si caía el régimen sirio; y si llegaba Trump a la Casa Blanca. Todo pasó, y ahora està ocurriendo lo que entonces ya estaba predestinado.
Pero hay más motivos que han desencadenado la decisión final. Por un lado, la constatación de que China y Rusia no tienen ninguna intención de intervenir. Al contrario, necesitan una situación de estabilidad en la región. Por otro lado, la mayoría de países de la región quieren pasar del momento Irán al momento Acuerdos de Abraham, y al consecuente potencial económico que puede generar. Finalmente, la grave crisis económica del país sumada a la extraordinaria y heroica revuelta de los iraníes, cuya valentía han pagado con miles de muertos, han mostrado la extrema debilidad de un régimen enloquecido y delirante que se aguanta por el terror, con la mayoría de la población en su contra. Con un añadido final: la aparición de Reza Pahlavi, cuya popularidad lo convierte en posible referente para el proceso democrático. Estados Unidos no tiene una Delcy en Irán, pero con Pahlavi tiene un puente de transición.
Conclusiones finales, aunque precarias, dada la volatilidad de la situación: la guerra es total y tiene como objetivo el final del regiment de lo ayatollas; Estados Unidos e Israel han desencadenado una fuerza militar colosal, que Irán no puede vencer; la guerra puede durar más de lo que quisiera Trump, porque el régimen la vivirá como una “guerra existencial” e intentará morir matando; es el gran momento de la oposición al régimen, que siempre consideró necesaria la intervención para poder derrocarlo. Finalmente, lo más importante: si cae el régimen, además de liberar al pueblo persa, habrá ganado la causa de la mujer, la causa de los derechos humanos y la siempre eterna y frágil causa de la libertad.
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Murió Ali Khamenei, el ideólogo de brutales asesinatos y atentados que comandó el poder real de Irán por más de tres décadas

“En nombre del noble Ali, que la paz sea con él”. Con ese mensaje, publicado en la cuenta oficial de Ali Khamenei en las redes sociales, el régimen iraní admitió este sábado la muerte de su líder supremo. El ayatollah fue abatido durante un masivo ataque aéreo de EEUU e Israel sobre Teherán y la noticia cierra un capítulo oscuro que sobrevivió más de tres décadas.
Es que la figura dominante en la política iraní no es el presidente, sino el líder supremo, y que ese statu quo se haya mantenido imperturbable a través de los años sólo se explica por el poder de Ali Khamenei para reestructurar el sistema iraní a su antojo. La Constitución, de hecho, le otorga al líder supremo una enorme autoridad sobre las principales instituciones del Estado y así, durante sus 36 años de poder, logró prolongar su control a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Khamenei nació en 1939 en Mashhad, una ciudad al noreste de Irán que alberga la tumba del imán Reza, el octavo imán chiíta. Su padre era azerí (la minoría iraní de habla turca) y creció en el seno de una familia religiosa de clérigos. El linaje de Khamenei se remonta, según se dice, al cuarto imán chií Alí Zeyn-ol-Abedin, lo que le confirió a su familia una legitimidad tradicional, ya que los miembros masculinos se incorporaron al clero chií llevando un turbante negro en señal de pertenencia a la familia del Profeta.

Según cuenta Farhad Khosrokhavar, Director de Estudios de la école des Hautes études en Sciences Sociales (EHESS) de París y autor de unas de las biografías más difundidas sobre el líder supremo, Khamenei comenzó sus estudios religiosos en Mashhad bajo la dirección de dos conocidos ayatollahs, el jeque Hashem Qazvini y el ayatollah Milani. Luego partió hacia Nayaf en 1957, pero no permaneció allí mucho tiempo, ya que su padre quería que regresara a Irán. Se trasladó a Qom, donde estudió con el Gran Ayatollah Boroujerdi, líder espiritual de los chiíes, y con el Ayatollah Khomeini.
Khamenei presentó una marcada politización desde sus comienzos. Un encuentro en su juventud con el líder de los Fedais del Islam, Seyed Mojtaba Navvab Safavi, que intentaba fundar un gobierno islámico en Irán en los años ’40 -mientras en Egipto los Hermanos Musulmanes también buscaban el poder-, resultó decisivo para su orientación política. En 1957 se reunió por primera vez con el ayatollah Khomeini y, de inmediato, su influencia fue evidente. En los años siguientes, Khamenei tomó medidas contra el régimen del Shah. Fue detenido seis veces y condenado a prisión y destierro.
Khamenei fue parte de la generación de clérigos que se radicalizó a partir de la década de 1960 debido a la modernización secularizadora del Shah y a su política de desislamización progresiva. En 1963, en Qom, se produjeron protestas bajo la instigación del ayatollah Khomeini contra la Reforma Agraria, los derechos de las mujeres y el giro totalmente laico de Irán.
Esta fracción del clero radicalizado compartía rasgos con la extrema izquierda marxista y con un sector de los intelectuales iraníes del tercer mundo, especialmente su antiamericanismo, su oposición a la occidentalización, a Israel y a la pérdida de la identidad islámica, según detalla el experto en Irán.

La visión antioccidental de esta generación se expresó en la concepción global de Khamenei, basada en una postura islamista y en la idea de que el Islam y Occidente son fundamentalmente incompatibles. Su biógrafo señala que tenía una cultura literaria importante y que leyó a poetas y escritores tanto iraníes como extranjeros, como Víctor Hugo, quien tuvo un profundo efecto en él. No obstante, mantenía una visión conservadora y autoritaria del mundo; consideraba que el papel de la mujer era criar a los hijos y apoyar a la familia patriarcal, más que participar en la vida pública o exigir la igualdad con los hombres.
En 1977 el régimen imperial le condenó a tres años de destierro en la ciudad de Iranchahr. Al año siguiente, tras la Revolución de 1979, regresó a Teherán. No tardó en ascender: primero como miembro del Consejo Revolucionario, luego, designado por el ayatollah Khomeini, como imán del viernes en Teherán, y después como adjunto al ministro de Defensa.

En 1981 fue electo presidente y ese año, mientras daba un sermón en la mezquita de Abouzar, en Teherán, explotó una bomba que lo hirió gravemente y paralizó su brazo derecho. El atentado se atribuyó al grupo Forqan, cuyos miembros habían sido ejecutados por el régimen islámico por asesinato, y también a los Muyahidines del Pueblo, que estaban en guerra con el régimen islámico.
Tras la muerte del ayatollah Khomeini en 1989, el Consejo de Expertos, máximo órgano de selección iraní, lo eligió como Líder Supremo (rahbar). Khamenei mantuvo su poder reestructurando la teocracia islámica según su criterio.
Se apoyó en el Ejército de los Pasdaran, cuyo desarrollo aseguró concediéndole cada vez más privilegios económicos y facilitando la creación de un verdadero imperio económico paralelo. El Ejército de los Pasdaran y sus diferentes ramas —entre las que se destaca Hezbollah—, fue capaz de terminar con las protestas durante las múltiples crisis del régimen: el movimiento estudiantil de 1999, el movimiento reformista del presidente Jatami (1997-2005), el Movimiento Verde de 2009, los intentos de empoderamiento del presidente Ahmadineyad (2012-2013), y el movimiento del “pan” de 2017.

Khamenei también se apoyó en las Fundaciones Revolucionarias y en la Fundación Astan Qods Razavi, que gestiona la propiedad del imán Reza en la provincia noroccidental de Khorasan y cuenta con varios miles de millones de dólares en activos, no sólo en Irán, sino también en India, Pakistán y otros países. Estas fundaciones le brindaron recursos económicos significativos, permitiéndole financiar sus políticas regionales en Líbano, Irak, Afganistán, Siria y otros lugares.
Como señalan analistas políticos, los recursos con los que contó Khamenei lo consolidaron como una figura de poder, aunque, a diferencia de Arabia Saudí, donde las arcas del Estado y del rey son equivalentes, en Irán el ejecutivo no tiene ningún control sobre estos fondos y el Líder Supremo puede utilizarlos libremente y sin rendir cuentas.

El sistema judicial, otra de sus bases, está completamente fuera del control del ejecutivo y del legislativo, haciendo del sector judicial un instrumento represivo utilizado para la persecución de la disidencia. Todos estos mecanismos en manos del Líder Supremo acorralan el poder del Presidente de la República, el Parlamento y otras instituciones electivas.
A través de la creación de una estructura paralela de gobierno, prácticamente todos los ministerios cuentan con su equivalente en la “corte” del Líder Supremo. El control de los ministerios centrales —el de Interior, el de Inteligencia, de Educación Nacional y Asuntos Exteriores—, convirtieron a Khamenei en el titular del auténtico poder en la sociedad iraní.
Islamista, antiimperialista y antisionista, Khamenei manejó la región, respaldando en Siria al ahora depuesto régimen de Bashar al-Assad, a Hezbollah en Líbano, defendiendo a las tendencias chiitas en Irak y financiando a Hamas en los territorios palestinos. Así consolidó, hasta su muerte, su posición como figura principal del régimen iraní y última instancia en las decisiones políticas y económicas del país.
“Desde su llegada al poder en 1979, el régimen iraní ha estado implicado en asesinatos, complots terroristas y atentados terroristas en más de 40 países”, reveló el 22 de mayo de 2020 el informe del Departamento de Estado de Estados Unidos, recogido por múltiples agencias. Ese número se fue multiplicando y, bajo el poder de Ali Khamenei, estas operaciones tomaron un carácter sistemático.
Uno de los capítulos más oscuros de la era Khamenei fue la reorganización de la fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, a la que se encomendó actuar en el extranjero.
En 1994, el atentado suicida contra la mutual judía de la AMIA en Buenos Aires dejó 85 personas muertas y cientos de heridos. El ataque fue perpetrado por Hezbollah y, según descubrió la investigación, contó con apoyo de la República Islámica. Como resultado, Interpol emitió órdenes de detención contra ocho funcionarios iraníes, entre ellos el ministro de Inteligencia Ali Fallahian, el ministro de Asuntos Exteriores Ali Akbar Velayati y Mohsen Rezaei, comandante de la Guardia Revolucionaria.

A estos hechos siguió una serie de asesinatos de alto perfil en Europa. Un mes antes de que Hashemi Rafsanjani asumiera la presidencia de la República Islámica, Abdolrahman Ghasemlou, secretario general del Partido Democrático del Kurdistán Iraní, fue asesinado en Viena el 13 de julio de 1989. Cayó en una trampa tendida durante negociaciones con una delegación de Teherán.
En abril de 1990, poco después de iniciarse el mandato de Rafsanjani, Kazem Rajavi —hermano de Masoud Rajavi, líder de la Organización de Muyahidines del Pueblo— fue asesinado en Suiza. Kazem Rajavi había sido el representante de la República Islámica en la sede europea de Naciones Unidas en Ginebra. Recibió un disparo en la cabeza a quemarropa por parte de uno de los dos hombres armados con ametralladoras que utilizaron un Volkswagen para bloquear su paso cuando se dirigía a su casa en las afueras de Ginebra.
El 17 de septiembre de 1992, Sadegh Sharafkandi, secretario general del Partido Democrático del Kurdistán iraní, junto a otros dos dirigentes kurdos iraníes y su intérprete, fueron asesinados por hombres armados en el restaurante Mykonos de Berlín.
Estos actos demostraron la sistematicidad de los asesinatos, cuyo objetivo era enviar un mensaje de intimidación a la oposición, y dejaron pocas dudas de que contaban con la aprobación de la máxima autoridad política de la República Islámica. De no ser así, se habrían detenido tras las primeras investigaciones, pero continuaron por años.
El 11 de abril de 1997, tras un juicio de tres años en Alemania, el tribunal que examinó el caso Mykonos concluyó que el asesinato de los disidentes fue orquestado por un “Comité de Operaciones Especiales” de Teherán, en el que participaban el Líder Supremo, el presidente, el ministro de Exteriores y altos funcionarios de seguridad.
Los países europeos retiraron a sus embajadores y las relaciones diplomáticas quedaron en un nivel bajo hasta después de la asunción de Mohammad Khatami. Khamenei retrasó el retorno de los embajadores europeos y exigió que el embajador alemán fuera el último en regresar, dado que el tribunal alemán lo responsabilizó directamente por el ataque.
En 2011, al referirse a la sentencia alemana, Khamenei declaró: “Los gobiernos europeos… retiraron a sus embajadores de Teherán. No hemos olvidado esas cosas. Intentaron abofetearnos, pero recibieron una bofetada más fuerte”.
El Departamento de Estado de Estados Unidos subrayó en su informe: “A medida que los asesinos iraníes que utilizan la cobertura diplomática han recibido mayor atención, Irán ha recurrido a bandas criminales, cárteles de la droga y otros terceros para ejecutar sus planes de asesinato en el extranjero”.
En todo este tiempo, el Irán de Khamenei mintió sistemáticamente sobre su participación en asesinatos en el extranjero, incluso cuando su propio personal diplomático era sorprendido vigilando objetivos, transportando explosivos o huyendo de las escenas del crimen. Según la entidad estadounidense, “la campaña global de terror de Irán ha incluido hasta 360 asesinatos selectivos en otros países y atentados masivos con bombas que han matado y herido a cientos de personas».
En el último año, esa arquitectura regional comenzó a resquebrajarse de modo acelerado. El llamado “eje de la resistencia” —la red de milicias, organizaciones y Estados cliente que extendían la influencia iraní— fue golpeado sucesivamente.
Hezbollah, la organización más sofisticada apoyada por Teherán, sufrió pérdidas inéditas ante Israel: decenas de sus comandantes de alto rango fueron eliminados, incluyendo a su secretario general, Hassan Nasrallah, asesinado el 14 de septiembre de 2024. La organización, que había llegado a contar con más cohetes que varios ejércitos regulares, vio menguado su arsenal y diezmada su cúpula.
Hamas sufrió también pérdidas significativas en Gaza luego del sanguinario ataque del 7 de octubre de 2023 contra Israel. La respuesta militar israelí destruyó gran parte de su infraestructura y eliminó a gran parte de su liderazgo militar.
El golpe más estratégico llegó en diciembre de 2024, cuando el régimen de Bashar al-Assad en Siria colapsó ante el avance de fuerzas rebeldes. La caída de Damasco privó a Irán de su acceso terrestre al Mediterráneo, necesario para abastecer a Hezbollah y otras milicias aliadas. Sin este vínculo, la proyección de poder iraní hacia el Mediterráneo resultó profundamente limitada.
A esto se sumaron ataques aéreos israelíes con apoyo estadounidense durante el último año, que destruyeron buena parte del arsenal de misiles balísticos iraníes, el principal recurso de disuasión convencional para equilibrar su inferioridad frente a Estados Unidos e Israel.
En el frente interno, la situación es igualmente grave. Desde diciembre del año pasado, millones de iraníes protestan en más de cien ciudades, empujados por el colapso del rial, que había perdido la mayor parte de su valor, y por la crisis económica más aguda en décadas, sumada a la corrupción y al descontento ante décadas de represión.
La respuesta oficial fue una represión extrema. El presidente Donald Trump, en su discurso sobre el Estado de la Unión, citó como estremecedor dato que “32.000 personas” habían sido asesinadas en cuestión de semanas. De confirmarse, esta ola represiva sería una de las más sangrientas en la historia de la República Islámica.
Khamenei dedicó su vida a construir un régimen que se creía invulnerable: protegido por Dios, blindado por el terror y sostenido por el miedo. Murió bajo las bombas en el sitio que gobernó durante más de tres décadas. Su muerte cierra una era, pero deja preguntas: qué de su reino de terror quedará en pie, y quién vendrá a reclamar las ruinas.
Anniversaries,Middle East,TEHRAN
INTERNACIONAL
Trump orders strikes on Iran — experts say he can bypass Congress (for now)

Israel releases video of airstrikes in Iran
Israel Defense Forces released video it says shows its strikes against Iranian soldiers who were arming missile launchers in Western Iran to fire at the Jewish State. (Credit: IDF)
NEWYou can now listen to Fox News articles!
President Donald Trump’s announcement Saturday that the U.S. military began a major combat operation in Iran was met with immediate questions about whether the president improperly bypassed Congress, which has the sole authority to declare war under the Constitution.
Trump characterized the joint operation with Israel to take out Iranian leaders and eliminate its weapons supply as an act of «war,» bringing into focus the 1973 War Powers Resolution and the 2001 Authorization for Use of Military Force. Experts say those laws and court precedent have given Trump the authority to sidestep the legislative branch and attack Iran, for now.
«The courts have allowed presidents to order such attacks unilaterally. … There has historically been deference to presidents exercising such judgments under the [War Powers Resolution’s] vague standard,» George Washington University law professor Jonathan Turley wrote in an op-ed. «That was certainly the case with the attacks in Bosnia and Libya under Democratic presidents.»
A screen grab from a video the White House released showing President Donald Trump making statements regarding combat operations on Iran on Feb. 28, 2026, in Palm Beach, Florida. (US President Trump Via Truth Social/Anadolu via Getty Images)
The War Powers Resolution requires the president to consult Congress within 48 hours of a military offensive and cease actions within 60 days if Congress has not voted in support of them. Turley noted that Congress could still assert control over what the Pentagon is calling «Operation Epic Fury» sooner if it wanted to.
«Congress can seek to bar or limit operations in the coming days,» Turley wrote. «Given the fluid events, many members are likely to wait to watch the initial results and, frankly, the polling on the attacks. … The longer the operation continues, the calls for congressional action will likely increase.»
Former State Department official Gabriel Noronha, who advised on Iran, said in a lengthy X post that Congress has already authorized Trump’s actions under the AUMF because Iran is «the headquarters of al Qaeda.» Noronha said that, unlike other iterations of the AUMF, the 2001 version of the law was never repealed and «expressly authorizes force against any nation, organization, or person that planned the 9/11 attacks ‘or harbored such organizations or persons.’»
«Congress has had 25 years to limit the scope of the 2001 AUMF,» Noronha wrote. «Instead, it has consciously decided to preserve the President’s rights under the law to pursue international terrorists to the end of the earth.»

Congressional leadership pictured alongside each other; Republican House Speaker Mike Johnson, R-La., and John Thune, R-S.D., on the left and Minority Leader Hakeem Jeffries, D-N.Y., and Senate Minority Leader Chuck Schumer, D-N.Y., on the right (Bill Clark/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images; Evan Vucci/AP Photo )
Trump said in a statement early Saturday morning that Operation Epic Fury was a «noble mission» and that service members could be killed, explicitly using the term «war.»
«The lives of courageous American heroes may be lost, and we may have casualties. That often happens in war,» Trump said.
Some have suggested that in planning the operation, Israel and the United States deliberately delegated responsibilities to avoid legal landmines.
A U.S. official told Fox News that the Israeli military is targeting Iranian leadership, while the United States is targeting missile sites that pose an «imminent threat,» rather than Iran’s leadership. Amos Yadlin, a retired Israeli Air Force general, also told Fox News that Israel carried out a strike on Iran’s leadership because of decades-old U.S. laws restricting the targeting of heads of state.
AMERICA STRIKES IRAN AGAIN — HAS WASHINGTON PLANNED FOR WHAT COMES NEXT?

Prime Minister Benjamin Netanyahu during his conversation with U.S. President Donald Trump. (Avi Ohayon / GPO)
The White House, meanwhile, has made clear that it factored Congress into the planning. Secretary of State Marco Rubio briefed the «Gang of 8,» which comprises the Democratic and Republican leaders of Congress and the top lawmakers on the intelligence committees, ahead of the action. Press secretary Karoline Leavitt said Rubio called the Gang of 8 members and gave them a heads-up on timing and connected with all but one of them. Once the strikes began Saturday morning, the Pentagon also briefed the Armed Services committees.
Republican lawmakers have largely reacted with support for Trump, while Democrats have been critical. House Minority Leader Hakeem Jeffries, D-N.Y., said in a statement that short of «exigent circumstances,» Trump needs Congress to authorize an «act of war.»
«The Trump administration must explain itself to the American people and Congress immediately, provide an ironclad justification for this act of war, clearly define the national security objective and articulate a plan to avoid another costly, prolonged military quagmire in the Middle East,» Jeffries said.
Sen. John Thune, R-S.D., commended the president, citing Iran’s «relentless nuclear ambitions» and refusal to engage in diplomacy.
Some non-interventionist GOP lawmakers spoke out against the actions. Sen. Rand Paul, R-Ky., said the Constitution gave Congress the power to authorize war «for a reason, to make war less likely.»
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Paul quoted President James Madison: «The Executive Branch is the branch most prone to war, therefore, the Constitution, with studied care, delegated the war power to the legislature.»
A bipartisan group of lawmakers, including Jeffries, Senate Minority Leader Chuck Schumer, D-N.Y., and Rep. Thomas Massie, R-Ky., said they are planning a forthcoming vote on a war powers resolution that would block U.S. action in Iran without congressional approval. Previous attempts to pass the same bill failed this Congress after Trump launched targeted strikes on Iran’s nuclear facilities and captured Venezuelan leader Nicolas Maduro.
Fox News’ Jen Griffin and Efrat Lachter contributed to this report.
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Bajo el estruendo de las alarmas y en pánico por las represalias de Irán, los israelíes corrieron a encerrarse en los refugios

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