ECONOMIA
Por qué ahora Economía le pide metas de reservas anuales y no trimestrales al FMI

El debate sobre las metas de acumulación de reservas internacionales netas se intensificó durante la última revisión del acuerdo entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que a nivel técnico culminó la semana pasada.
En ese marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, defendió -y reveló que planteó- la conveniencia de adoptar un enfoque anual para el cumplimiento de los objetivos de reservas, en lugar de la tradicional supervisión trimestral. Lo que despertó el análisis de economistas y consultores, quienes evaluaron el impacto de la volatilidad cambiaria y la estructura de las exportaciones sobre la viabilidad de las metas.
Como reveló Infobae, con el viaje del viceministro de Economía, José Luis Daza, a los Estados Unidos finalizó la revisión a nivel técnico y ahora se espera por la aprobación a nivel del directorio, lo que va a destrabar el desembolso de USD 1.000 millones. Momento en que se conocerán también el staff report y con ello las nuevas metas de acumulación de reservas internacionales netas que debe cumplir la Argentina durante el 2026 y si Caputo logró convencer de cambiar la metodología. Estas metas funcionaban, hasta ahora, bajo un esquema de control trimestral, sujeto a revisiones periódicas por parte de las autoridades del Fondo.
El ministro de Economía explicó el razonamiento detrás de la propuesta de que la meta sea anual. “Para mí decir vamos a comprar más o menos dólares en tal fecha sería arrogante, eso incluso lo hablamos con el Fondo. Normalmente, tenemos que poner metas trimestrales, y nosotros le decimos: ‘Podemos poner metas trimestrales, pero lo lógico sería una meta anual, porque yo, realísticamente, no puedo decirles con certeza que puedo comprar más en esta fecha que en esta’. Porque por ahí los exportadores retienen o adelantaron exportaciones y después cancelan, no podés saber. Si podés tener una estimación sobre cuánto vas a comprar”.

El ministro sostuvo que la dinámica de las exportaciones y el comportamiento de los actores del sector externo imposibilitan una proyección precisa de corto plazo. Bajo ese argumento, la administración económica propuso ante el FMI que la meta de reservas se mida en función del desempeño anual.
En el actual programa, la acumulación de dólares depende en gran parte de factores externos y de la estacionalidad de los ingresos por exportaciones, lo que complica el cumplimiento de objetivos trimestrales rígidos.
El presidente de Analytica, Ricardo Delgado, analizó las implicancias que tendría este cambio en la modalidad de evaluación. “Eso le da más margen al equipo económico para no tener que estar atado a cuatro cumplimientos anuales, que son las metas trimestrales, y te da más flexibilidad”, sostuvo.
Para una economía como la de Argentina, que tiene alta volatilidad cambiaria y en la capacidad de oferta y compra de reservas por parte del Banco Central, una meta anual te da mayor flexibilidad (Delgado)
Aunque remarcó que las metas trimestrales son parte habitual de todos los programas históricos del Fondo, que tienen un manual y siguen un procedimiento. “Para una economía como la de Argentina, que tiene alta volatilidad cambiaria y en la capacidad de oferta y compra de reservas por parte del Banco Central, una meta anual te da mayor flexibilidad. No estás todo el tiempo dando examen y eso mejora las expectativas porque sacas de la cancha el cumplimiento o no. Obviamente, cuando te acerques a fin de año, donde tienes que mostrar si cumpliste la meta, esas expectativas van a empezar a mirar el número”, aseguró Delgado.
Con la presentación de la “Fase 4″ del programa económico, el Banco Central se autoimpuso el desafío de sumar USD 10.000 millones a sus reservas a lo largo de 2026, un objetivo que, según comentó el presidente de la entidad, Santiago Bausili, contó con el aval del organismo internacional. Y hasta el momento, lo viene haciendo a un ritmo mayor al que se consensuó: en lugar de un 5% del volumen total de las operaciones, lo hace a un 30% sin generar fuertes saltos en el dólar.
El último jueves, la entidad aceleró la adquisición al sumar USD 124 millones, la cifra más alta desde mediados de febrero. Desde el inicio de la “Fase 4″ del programa monetario en enero, el BCRA sumó más de USD 3.000 millones, lo que representa más del 30% de la meta establecida de compra de divisas para todo el año.
La directora de C&T Asesores Económicos, María Castiglioni, consideró acertada la revisión de los plazos de cumplimiento. “Me parece muy lógico porque uno puede anticipar cierta estacionalidad en el comercio exterior ex ante en Argentina. Pero la estacionalidad está cambiando porque hay otros factores que van creciendo en términos de las exportaciones, como la energía, además de tener un mundo cada vez más volátil y eso impacta en Argentina”, comentó.
Castiglioni agregó: “Planificar la política de comprar reservas condicionada a una meta trimestral puede afectar la política monetaria. Cuando es más sensato plantear una meta anual y que después, en la planificación, el Banco Central vaya a mirar cuánto va comprando, pero con una perspectiva que no condicione“.
Es más sensato plantear una meta anual y que después, en la planificación, el Banco Central vaya a mirar cuánto va comprando, pero con una perspectiva que no condicione (Castiglioni)
“Es una buena decisión plantear una meta anual y no trimestral, esas metas trimestrales estaban ligadas a que había revisiones trimestrales, que en los acuerdos estándar están ligadas a la cuestión fiscal. Como Argentina ya tiene equilibrio fiscal desde el momento cero, lo que está ayudando el FMI son fuentes hasta que Argentina puede tener un índice de riesgo país más bajo y no necesitar de la ayuda del Fondo primero para capitalizar el Banco Central y después para tener cierto fondeo”, dijo Castiglioni a Infobae.
Es que el esquema tradicional de revisiones trimestrales del FMI respondía a la lógica de los programas fiscales estándar, donde el cumplimiento de metas periódicas condicionaba el acceso a nuevos desembolsos. En el actual acuerdo, la situación fiscal de Argentina presenta una dinámica diferente, con equilibrio de las finanzas públicas desde el inicio del programa. El monitoreo del cumplimiento de las metas de reservas, entonces, se adapta a la nueva realidad del país y a su capacidad para captar dólares en el mercado internacional, coincidieron los economistas consultados.
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ECONOMIA
De Bioceres a Garbarino y Peabody: la lista de empresas que quebraron o entraron en concurso

El comienzo de 2026 expuso una tendencia que empieza a repetirse en distintos sectores de la economía argentina: empresas que recurren a la Justicia para intentar reorganizar sus deudas o directamente liquidar sus operaciones.
En los últimos meses se multiplicaron los concursos preventivos, cesaciones de pagos y procesos de quiebra, como fueron recientemente los casos de Garbarino y Bioceres, por ejemplo. Se da en un contexto marcado por consumo debilitado, mayores importaciones, dificultades de financiamiento y presión sobre los costos.
La lista de compañías que ingresaron en procesos concursales o falenciales incluye firmas de rubros muy diversos -industria, agro, tecnología, retail y consumo masivo-, lo que evidencia que el deterioro financiero no se limita a una actividad específica. En algunos casos, las empresas buscan negociar con acreedores para sostener su funcionamiento; en otros, el deterioro fue tan profundo que la Justicia avanzó directamente con la quiebra.
Electrodomésticos y retail, golpeados por la caída del consumo
Uno de los casos más recientes involucra a Goldmund, propietaria de la marca de electrodomésticos Peabody, que durante marzo solicitó ante la Justicia comercial la apertura de su concurso preventivo de acreedores.
La empresa, que logró consolidar su presencia en el mercado local con pequeños electrodomésticos y artículos para el hogar, enfrenta ahora un escenario complejo. El retroceso del consumo interno y la mayor presencia de productos importados impactaron en su negocio, por lo que la compañía busca a través del proceso judicial reordenar su pasivo y abrir una negociación formal con acreedores para preservar la continuidad de la firma.
Dentro del comercio minorista, otro caso emblemático fue el de Garbarino, histórica cadena de electrodomésticos. Luego de más de cuatro años de trámite judicial, el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 resolvió la quiebra definitiva de la compañía, tras fracasar el proceso de salvataje que intentaba encontrar un inversor dispuesto a rescatarla.
En su etapa de mayor expansión, Garbarino llegó a contar con más de 300 sucursales y alrededor de 5.000 empleados. Con el paso de los años, sin embargo, la combinación de problemas financieros, cambios en el negocio del retail y el avance del comercio electrónico redujo drásticamente su estructura, que antes de la liquidación judicial se limitaba a tres locales y menos de 20 trabajadores.
Textiles bajo presión por importaciones y caída de ventas
La industria textil aparece entre las actividades más afectadas por el nuevo escenario económico. En ese contexto, Hilados S.A., empresa del grupo TN & Platex, decidió recurrir al concurso preventivo para reorganizar su estructura financiera.
Desde la compañía explicaron que el objetivo del proceso judicial es ordenar su deuda y garantizar la continuidad operativa, luego de atravesar un 2025 caracterizado por una marcada caída de la actividad.
Según detallaron, el deterioro del negocio responde a una combinación de factores que impactaron en la rentabilidad: mayor ingreso de indumentaria importada, desregulación de las ventas digitales provenientes del exterior y crecimiento del mercado de ropa usada.
A ese escenario se sumaron costos financieros elevados y una fuerte caída en el nivel de producción, lo que llevó a la empresa a analizar la venta de activos no estratégicos como parte de su estrategia para sostener el negocio y evitar un cierre definitivo.
Otra firma del mismo rubro que inició un proceso similar es Emilio Alal S.A., compañía fundada en 1913, que formalizó su concurso preventivo tras atravesar una profunda crisis financiera.
La empresa decidió cerrar su división industrial y paralizar las operaciones en sus plantas ubicadas en Goya (Corrientes) y Villa Ángela (Chaco), lo que marcó el inicio de un proceso de reestructuración.
En su presentación judicial, la compañía señaló que el deterioro económico responde a varios factores que golpearon al sector: retroceso del consumo interno, mayor competencia de productos importados, aumento de costos —especialmente energía e insumos— y falta de financiamiento bancario.
En ese contexto, la firma evalúa redefinir su modelo de negocios, reduciendo su presencia industrial y orientando parte de su actividad hacia la comercialización de materia prima y la importación de productos terminados.
El agro también enfrenta tensiones financieras
Las dificultades tampoco quedaron restringidas al sector urbano. En el ámbito agropecuario, la empresa Italar SRL, con sede en Charata, Chaco, pidió la apertura de su concurso preventivo de acreedores tras enfrentar un fuerte deterioro de su situación financiera.
Durante los últimos años la firma había impulsado su expansión a partir de financiamiento bancario y emisiones de deuda en el mercado de capitales. Sin embargo, una serie de campañas agrícolas adversas afectó su producción y debilitó su estructura económica.
Según datos del sistema financiero, la compañía acumula deudas superiores a $16.200 millones, además de más de 40 cheques rechazados por falta de fondos.
Ante la Justicia, la empresa explicó que llegó a perder hasta el 95% de su capacidad productiva luego de varias campañas con rendimientos muy por debajo de lo previsto, una situación que golpeó especialmente a las explotaciones agrícolas de la región chaqueña.
El caso vuelve a poner de relieve los riesgos de los esquemas productivos altamente endeudados, sobre todo cuando se combinan factores climáticos adversos con restricciones al crédito.
Otro episodio que generó fuerte repercusión fue la quiebra de Bioceres S.A., la sociedad que dio origen al grupo biotecnológico creado en Rosario durante la crisis de 2001.
El juez civil y comercial Fernando Mecoli dispuso la apertura del proceso falencial al constatar el estado de cesación de pagos de la empresa, que acumulaba deudas por más de u$s39 millones y un patrimonio neto marcadamente negativo.
La situación también tiene un trasfondo societario complejo. En los últimos años el grupo realizó una reorganización corporativa que separó los activos globales —entre ellos Bioceres Crop Solutions, empresa que cotiza en el Nasdaq— de la estructura original radicada en Argentina.
Ese rediseño dejó a la sociedad local con pasivos propios y sin control directo sobre los negocios internacionales, lo que agravó su situación patrimonial. El conflicto también expuso diferencias internas entre los accionistas vinculados al empresario uruguayo Juan Sartori y el equipo directivo histórico encabezado por Federico Trucco.
Iluminación y actividad industrial
Las tensiones financieras también alcanzaron a empresas vinculadas a insumos industriales y equipamiento para iluminación, un segmento que suele depender del nivel de actividad económica.
Entre los casos recientes aparece Alic S.A., compañía dedicada a la comercialización de luminarias y lámparas LED, que solicitó la apertura de su concurso preventivo ante el Juzgado Comercial N°25.
La firma reconoció encontrarse en estado de cesación de pagos y con dificultades de liquidez para afrontar sus compromisos financieros.
En su presentación judicial, la empresa explicó que la paralización de la obra pública redujo de forma significativa la demanda proveniente de proyectos de construcción e infraestructura, lo que impactó directamente en sus ventas.
En conjunto, estos episodios reflejan cómo los procesos concursales volvieron a ganar protagonismo dentro del entramado empresarial argentino. Aunque cada compañía enfrenta su propia realidad, detrás de muchas crisis aparecen factores estructurales comunes, como consumo debilitado, altos costos financieros, mayor competencia externa y cambios en los mercados. Frente a ese escenario, acudir a la Justicia se convierte para muchas empresas en la última herramienta para intentar reorganizar sus cuentas y ganar margen de maniobra en un contexto económico todavía incierto.
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ECONOMIA
Semana financiera: la guerra en Medio Oriente marcó el pulso inestable de los mercados y afectó a la Argentina

La escalada bélica en Medio Oriente desatada a partir del sábado 28 de febrero fue el motor de los marcados movimientos de las plazas financieras del mundo. Posturas de cobertura y un salto de la cotización de las materias primas, protagonizado por la suba de 35% del petróleo crudo -en máximos desde octubre de 2023 en la zona de USD 90 el barril- dejaron con una seguidilla de pérdidas a las bolsas mundiales.
Los principales índices de las Bolsas de Nueva York terminaron con números rojos: S&P 500 (-1,7%), el Dow Jones de Industriales (-3%) y el tecnológico Nasdaq (-0,7%). En Europa, dada la dependencia del continente de las importaciones de insumos energéticos como el Gas Natural Licuado, las pérdidas fueron aún mayores, tal el caso del FTSE 100 de Londres (-5,7%), el CAC de la Bolsa de París (-6,8%) y el DAX de Fráncfort (-6,7%).
“La reducción en la participación de Irán en el mercado mundial, en línea con lo experimentado por la OPEP, sugiere que el shock petrolero que podría provocar este conflicto armado no pasa tanto por la producción iraní en sí sino más bien por la capacidad de dicho país de afectar la producción petrolera en países de la región, tal como se viene observando estos días“, indicaron los expertos de Balanz Capital.
Para el índice S&P Merval de Buenos Aires el balance fue alentador si se contemplan las pérdidas globales. El panel de acciones líderes cedió menos de 1% semanal, sobre los 2.600.000 puntos, en contraste con el índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo, que resignó 4,7 por ciento.
Así fue dispar y con contrastes la reacción de las acciones argentinas. Mientras que Transener (+8,7%) e YPF (+8,5%) encabezaron las ganancias, papeles bancarios como Supervielle (-9,2%) y Banco Francés (-12%), así como IRSA (-10,5%) acusaron amplias pérdidas. En el exterior destacó la suba en dólares de Vista Energy (+8,4%).
En cuanto a la renta fija, los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- cedieron 0,7% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan quedó casi sin cambios respecto del viernes anterior, en los 575 puntos básicos.
“Mientras no esté claro de qué manera financiará Argentina los vencimientos en moneda extranjera de 2026 y 2027, que superan los USD 30.000 millones asumiendo un rollover de los Organismos Internacionales ex-FMI, las compras sostenidas de divisas del BCRA son más una necesidad para evitar que el riesgo país suba que un catalizador para la compresión de spreads“, evaluó la Consutora 1816.
El ministro de Economía Luis Caputo anunció que el Gobierno no emitirá bonos bajo ley de Nueva York ni realizará un canje de deuda que involucre a los bonos 2029 y 2030. En cambio, señaló que el Tesoro buscará fuentes alternativas y más baratas de financiamiento, sin brindar más detalles.
“Los activos argentinos están atravesando un contexto global más volátil tras la escalada del conflicto en Medio Oriente y el aumento de los precios de la energía. A pesar del shock externo, los mercados locales han mostrado una resiliencia notable, respaldada por una perspectiva favorable para la cosecha, condiciones de financiamiento estables y la continuidad en la acumulación de reservas por parte del Banco Central», definió un reporte del equipo de Research de Adcap Grupo Financiero.
Un informe de IEB puntualizó que “el conflicto iniciado en Medio Oriente continúa tensando los mercados globales. Sin una indicación clara de cuándo concluiría el conflicto y con escenarios muy divergentes: desde una rápida resolución sin mayores inconvenientes a una disrupción en el mercado del crudo, la volatilidad se adueñó de todas las bolsas. A esto se le suman las noticias que provienen del sector tecnológico -más precisamente AI- que convierten a la misma en un cosplay de la parca que se pasea por el mundo llevando al más allá a cuanto modelo de negocio se topa con ella. No hay sector, ni empresa que no se encuentre amenazado”.
En la primera semana de marzo el dólar mayorista subió 19 pesos o 1,4%, a $1.416 -máximo desde el 9 de febrero-, aunque mantiene en el recorrido de 2026 una baja de 39 pesos o 2,7 por ciento.
El BCRA fijó un techo de las bandas cambiarias en los $1.617,50, que dejó al tipo de cambio oficial a una holgada distancia de 201,50 pesos o 14,2% de ese límite de flotación.
El dólar al público cerró ofrecido a $1.435 para la venta en el Banco Nación. En la semana el dólar minorista ganó 15 pesos o 1.1 por ciento. El blue se pagó a $1.415, con ascenso de diez pesos o 0,7% en el balance semanal.
“La semana estuvo marcada por el conflicto en Irán y las repercusiones en lo económico. A nivel local, el peso argentino fue una de las monedas de mejor comportamiento entre los mercados emergentes. Aún con la depreciación de los últimos días. Además, el BCRA pudo seguir con su programa de compra de reservas, y el monto promedio de la semana estuvo ligeramente por debajo del promedio del año”, precisó el equipo de Research de Puente.
El Banco Central compró un total de USD 291 millones en el mercado de contado, mientras que las reservas internacionales brutas de la entidad se incrementaron en USD 444 millones, a 46.004 millones de dólares.
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ECONOMIA
Precio del petróleo, imparable: Caputo se garantiza lluvia de dólares pero hay alerta por inflación

El petróleo se disparó 30% y le trae a Caputo una avalancha de dólares pero enciende las alarmas inflacionarias
El precio del petróleo escala al ritmo del conflicto geopolítico. La cotización internacional del crudo repuntó 30% en la última semana y en el mercado creen que podría seguir subiendo si se mantiene la restricción de la oferta. Para el ministro Luis Caputo, esto es «una de cal y una de arena»: implica más ingreso de dólares a la Argentina a través de exportaciones de energía y alimentos, pero al mismo tiempo podría afectar el proceso de desaceleración de la inflación, objetivo esencial de su gestión.
Los precios del crudo, en sus versiones Brent y WTI, sobrepasaron los u$s90 por barril, el nivel más alto desde 2023, y Guardian Capital advierte que podría arribar hasta u$s100 por barril en caso de que se extienda el conflicto. Fundamentalmente, por el freno que impuso Irán en el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, canal por el que circula alrededor del 20% de la oferta de energía a nivel mundial.
Balanz advierte que, a diferencia de otros conflictos pasados que presionaban al alza al precio del petróleo por expectativas, en esta ocasión el cierre del Estrecho de Ormuz no es una posibilidad teórica, sino una realidad. De hecho, afirma, los datos de alta frecuencia exhiben una caída significativa en el flujo de energía y productos procesados que circula por ese canal.
Con los ataques de Irán a países vecinos, advierte el bróker, es muy probable que el flujo marítimo a través del Estrecho de Ormuz siga escaso o nulo en el muy corto plazo hasta que haya seguridad. El mercado seguirá muy de cerca este punto en particular para dimensionar el impacto sobre la inflación global, cuya expectativa ya se refleja en mayores rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y la creencia de que la Reserva Federal moderará o frenará los recortes de tasas de interés previstos para este año.
Vaca Muerta y el agro prometen una avalancha de divisas
El repunte del precio del petróleo es una buena noticia para el mercado de cambios local porque, a diferencia de lo que ocurría antes, ahora Argentina es exportador neto de energía, y este escenario promete más ingreso de dólares al país a través de las exportaciones del sector, en un contexto en el que además se prevé mayor producción en Vaca Muerta. Esto juega a favor de la moneda local y de las reservas del Banco Central.
La balanza comercial energética de 2025 registró un saldo positivo récord de u$s7.815 millones, equivalente a alrededor del 70% del superávit comercial total (u$s11.286 millones). Para este año, previo al conflicto, en el mercado proyectaban cifras superadoras, en el rango de entre u$s8.000 millones y u$s10.000 millones. Ahora, con el repunte del precio internacional del petróleo, calculan que el ingreso neto de exportaciones de energía en 2026 podría extenderse hasta u$s11.000 millones.
A la vez, el sector del agro, principal generador de divisas del país, también podría aportar más dólares de lo previsto a partir de una suba de los precios internacionales. Esto se debe a que el precio del petróleo arrastra al del agro por los costos vinculados en producción y transporte. Para este año, en el mercado proyectan ventas de entre u$s34.000 millones y u$s36.000 millones. En caso de mantenerse los volúmenes, la cifra podría ser mayor a la prevista gracias a la mejora de los precios.
El riesgo que acecha al plan de Caputo para domar los precios
Lo negativo es que la suba de la cotización internacional del petróleo también podría implicar aumentos en los precios internos de los combustibles y esto último ejerce presión sobre el resto de los precios de la economía. Aún es complejo dimensionar el impacto porque dependerá del tiempo que dure, pero lo cierto es que si el conflicto bélico y el freno a la oferta global de petróleo se extiende, un posible traslado a precios podría ralentizar el proceso de desinflación en el que trabaja Caputo.
De acuerdo con el economista Camilo Tiscornia, el componente de combustibles tiene un peso de alrededor de 5% en el índice de inflación local, pero aún se desconoce cuánto podría ser el traslado de los precios internacionales a los domésticos. El peso del componente agrícola sobre el indicador es más difuso porque se da de manera indirecta hacia varios productos, pero también afirma que no necesariamente el traspaso es total porque puede estar influenciado por otros factores locales.
«Si el conflicto se extiende, es probable que se sienta algún efecto en la inflación local mediante varias vías. Por un lado, el aumento del precio del petróleo y gas podrían presionar sobre el precio de los combustibles y energía. Por otro lado, la suba en insumos intermedios, como fertilizantes, y el aumento de precios internacionales de los commodities pueden presionar al alza los precios de los alimentos. A la vez, el aumento global del costo de los fletes puede repercutir en importaciones», agrega Rocío Bisang, economista de GMA.
Además, de acuerdo con Bisang, en un escenario como el actual, en el que se activa la aversión al riesgo global por parte de los inversores, las monedas de los países emergentes tienden a depreciarse, tal como ocurrió en la última semana. Este movimiento, advierte, también sumaría presión a la inflación.
«El impacto de la suba del petróleo sobre la inflación local dependerá principalmente de la duración del conflicto. Si se resuelve rápido (en un mes, por ejemplo), el impacto inflacionario local sería leve y acotado a los próximos dos o tres meses, por lo que la desaceleración podría retomarse en julio. Si se extiende dos o tres meses, el traslado a precios podría prolongarse, retrasar el proceso de desinflación y alejar en el tiempo el objetivo del Gobierno de llevar la inflación a la zona de 1% mensual«, estima Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance.
Auxtin Maquieyra, de Sailing Inversiones, coincide en que si bien la suba del precio internacional del petróleo introduce una potencial presión extra sobre la inflación local, el impacto inmediato parece acotado. Afirma que en Argentina el traslado del crudo a los precios en surtidor «no suele ser automático» y, por el momento, la petrolera estatal YPF, que funciona como referencia para el resto del mercado, no ha aplicado aumentos de precios.
«Mientras las empresas mantengan los precios estables, el efecto directo sobre el índice de inflación sería limitado a corto plazo. De todos modos, si el petróleo se mantuviera en niveles altos durante un período prolongado, podría comenzar a presionar los costos de transporte, logística e insumos industriales. En tal caso, podría verse algún traslado gradual a los precios domésticos. Por ahora, la clave será observar si el repunte del crudo es un shock transitorio por el contexto global o si se consolida en el tiempo, escenario en el cual el impacto inflacionario sería mayor», sostiene Maquieyra.
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