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Cómo se vivió la Hiperinflación de Alfonsín del 89: saqueos, obsesión por el dólar y nenes dejados en garantía

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Fue la tormenta perfecta. Peor: un tsunami que arrasó con casi todo lo que encontró a su paso. La hiperinflación. Durante 1989 la inflación anual argentina fue de 3079,5%. Sólo en julio rozó el 200%.

La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. En 1988, el ministro de Economía Juan Sourrouille anunció el Plan Primavera, que tenía como finalidad aguantar hasta la entrega del mandato a fines de diciembre de 1989.

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El anhelo de Raúl Alfonsín era pasar la banda presidencial a otro presidente constitucional, un hecho institucional absolutamente infrecuente en la Argentina. Pero una serie de factores produjeron la bomba que empezaría a explotar en abril del 89. Inflación mensual altísima, gran déficit fiscal, caída del precio de los commodities, la deuda externa asfixiante, emisión, las elecciones presidenciales que se aproximaban con un candidato desbocado como Menem, malhumor social por la baja del poder adquisitivo y por los apagones programados, los levantamientos carapintadas y La Tablada. Alfonsín perdía margen de maniobra. Cuando el 6 de febrero de 1989, el Banco Central anunció que no intervendría en el mercado de cambios (ya no tenía dólares: las cuentas estaban en rojo) se produjo el desmadre. 40% de inflación, 80%, 120%, 200%. Así mes a mes.

Leé también: Reynaldo Bignone, Raúl Alfonsín y la restauración de la República en 1983: una gesta nacional

Al principio de la crisis Eduardo Angeloz, candidato radical a la presidencia para las elecciones del 14 de mayo, pidió públicamente la renuncia del ministro de Economía, Sourrouille; pensaba que era la única oportunidad que tenía de llegar a ser presidente. Alfonsín nombró a Juan Carlos Pugliese, viejo político radical de comité, que había presidido con habilidad la Cámara de Diputados desde el 83 y que en el final del gobierno de Illia había ocupado el Ministerio de Economía un corto lapso. El paso de Pugliese fue breve y dramático. Tal vez los resultados de su gestión se resuman en su frase célebre tras ver que la inflación se había disparado hasta el 200 por ciento en un mes: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”. Mientras tanto Menem (y sus hombres) desde la seguridad de la victoria y con el deseo de que todo el ajuste y el costo lo pagara el gobierno saliente fogoneaba a los mercados.

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Para la vida cotidiana de las personas había dos personajes fundamentales, los grandes protagonistas anónimos de esos meses de locura y desesperación. El empleado de la financiera que cambiaba en la pizarra el valor del dólar y el remarcador en el supermercado.

Caos en los supermercados

En los supermercados tenían lugar escenas dramáticas. Muchas de las góndolas parecían desiertos, el desabastecimiento era una sombra (más) que se cernía cotidianamente sobre todos.

Por los pasillos, con changuitos muchas veces vacíos, la gente corría una carrera permanente. Debía llegar antes que el remarcador. No había código de barras y cada producto tenía una pequeña etiqueta rectangular blanca y adhesiva en la que figuraba el precio. Un empleado con una pistola era el que las ponía sobre la caja o el paquete. La actividad que esos hombres tuvieron durante esos días fue demencial. No paraban de remarcar. Una etiqueta sobre otra. El precio nuevo tapando el anterior que tal vez había sido puesto unas pocas horas antes. A veces esa superposición de etiquetas provocaba una especie de costra de papel de varios centímetros de espesor. En ocasiones a los comercios llegaban dos listas de precios por día; una por la mañana, otra por la tarde.

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Las familias recorrían los supermercados en busca del precio que aún no haya sido remarcado. (Foto: AFP)

A veces el remarcador se tomaba su trabajo demasiado a pecho y no dejaba acercarse a los clientes a los bienes a los que les estaba poniendo un nuevo precio. Y ellos pujaban con él e intentaban arrebatarle los productos. Pero también estaban los que se apiadaban de la gente y les permitían tomar los que él todavía no había intervenido, los que tenían el precio anterior. Un gesto compasivo en medio de la crisis.

Había peleas a las trompadas entre clientes en los pasillos de los súper. Una escena habitual: alguien dejaba su changuito descuidado unos segundos para buscar algo, otro le sacaba una botella de aceite, un pedazo de queso o un paquete de galletitas y lo ponía en su changuito. Algún distraído preguntaba por qué lo hacía si el otro todavía no había pasado por caja a pagar. El motivo era que esos productos todavía conservaban el precio anterior; si uno volvía a las góndolas los encontraría con una remarcación superior al 20%.

La frenética hiperinflación marcó el final del gobierno radical. (Foto: AFP)
La frenética hiperinflación marcó el final del gobierno radical. (Foto: AFP)

Algunos conocían un pequeño secreto. Había supermercados que no alcanzaban a remarcar todos los productos y los más alejados, los que estaban en la tercera fila de la góndola, eran más baratos —habían quedado dos o tres remarcaciones atrás— que los del frente.

Otro momento horrible y muy frecuente se vivía en las cajas. La gente debía dejar productos que había tomado porque la plata que les alcanzaba para comprar al entrar al local ya no bastaba. Mucha gente cuenta que pensaban comer fideos al fileto y debieron dejar en la caja la lata de salsa de tomate porque ya había aumentado el valor.

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A veces eran tan abruptos los cambios, tan veloces y tan masivos que algunos supermercados, obviando la ley, les comunicaban a los clientes los aumentos por altoparlantes. Podían anunciar remarcaciones en los lácteos, carnes o en el aceite, pero también podía ser un anuncio más inclusivo y, por supuesto, apocalíptico: “Todos los precios del supermercado han sufrido un aumento del 25%”, decía un locutor improvisado con voz neutra mientras, seguramente, rogaba para que ningún cliente encontrara el lugar desde el que emitía la macabra información.

La pobreza aumentó al 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. (Foto: AP)
La pobreza aumentó al 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. (Foto: AP)

Hubo familias -compañeros de trabajo, padres del colegio, vecinos- que se agrupaban y se dividían las compras. Uno se encargaba de comprar varios cajones de frutas y verduras, otro productos de limpieza, otro fideos y arroz.

Estas escenas, por supuesto, no sólo ocurrían en los supermercados. Los almacenes también tenían sus historias. La periodista Dalia Ber recuerda que su mamá mandaba a su hermano del medio a comprar leche al almacén de enfrente de su casa. El chico iba acompañado por su hermano menor. El sachet cada día costaba más que el anterior, a veces el doble y la plata que le había dado la madre no alcanzaba. El chico dejaba de seña a su hermano menor y cruzaba a buscar el dinero que faltaba. Un día la que cruzó fue la madre y el almacenero se acercó a la mujer y en tono cómplice, como para que no escucharan el resto de las clientas, casi al oído le dijo: “Señora, no es necesario que me deje al más chiquito de garantía”.

En las casas de electrodomésticos también la actividad era frenética. Muchos sueldos, condenados a licuarse en un par de días, eran destinados a adquirir al menos un bien durable. La búsqueda de la heladera o el televisor adecuado era fragorosa. La recorrida por las casas que vendían electrodomésticos o una caminata por la zona de San Juan y Boedo -que concentraba muchos comercios del ramo- mostraban una disparidad de precios gigantesca. Pero si uno caminaba mucho corría el riesgo de que al volver a ese negocio, el lavarropas por el que le habían pedido dos horas antes 700.000 australes ahora valía más de un millón. Exactamente el mismo lavarropa.

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La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. (Foto: AFP)
La crisis se fue gestando desde el agotamiento del Plan Austral, la derrota del radicalismo en las elecciones legislativas del 87 y los primeros levantamientos militares. (Foto: AFP)

El economista y autor Walter Sosa Escudero cuenta que, a punto de casarse, debía comprar electrodomésticos para su casa. Su entonces novia iba al Hogar Obrero, cerraba el precio, lo llamaba desde un teléfono público, él salía de su oficina, vendía dólares y se tomaba un taxi para pagar. Si ese proceso tardaba más de un par de horas, el precio no se mantenía.

Mariel Fornoni, la directora de Management and Fit, también estaba por casarse pero todo era incertidumbre. Hasta último momento no supo si la fiesta iba a poder realizarse o no. Con las invitaciones ya enviadas, tuvo que esperar hasta el jueves previo a la boda -tan solo dos días antes- para que le confirmaron el costo definitivo del salón y del catering. Hasta esa instancia ella y su pareja no sabían si iban a poder afrontar el gasto porque la cifra podía variar sideralmente.

Otra escena común en varias familias, aquellas que tenían mayores posibilidades económicas, fue el acopio. Placares y alacenas repletas de papel higiénico, cajas de arroz, paquetes de fideos, latas de conserva, puré instantáneo, aceite, azúcar, harina, sal, productos de limpieza, jabones, champú. Todo lo que no venciera a corto plazo. Esa maniobra, esa decisión familiar, tenía un antecedente cercano: Malvinas. Y otro hecho anterior que les había enseñado las dificultades de no estar pertrechado: el Rodrigazo. Tanto un enorme sacudón económico e inflacionario como una guerra y su incertidumbre producen desabastecimiento. Los productos no tienen precio, entonces los fabricantes y los vendedores los guardan para no perder dinero.

La gente llegó a pelear por productos en los supermercados y hasta se programaban saqueos. (Foto: AP)
La gente llegó a pelear por productos en los supermercados y hasta se programaban saqueos. (Foto: AP)

En medio de la vorágine de la híper, el acopio tenía también otro móvil: era una inversión, una forma de proteger el dinero. Si con un sueldo el día uno del mes se podían comprar 300 paquetes de un producto, lo más probable era que avanzado el mes el mismo dinero permitiera adquirir sólo 80 o acaso 60 paquetes del mismo producto.

Otro factor vital en esos días era si los bienes comprados en los meses previos tenían cuotas fijas o variables. Si eran fijas, las últimas cuotas terminaban depreciándose tanto que a veces convenía pagarlas todas juntas porque habían quedado por debajo del valor de un pasaje en colectivo. Si eran variables, si habían sido indexadas, como los sueldos no aumentaban -ni cerca- a la velocidad de la inflación y el dólar, se volvían impagables y se perdía la plata puesta y no se podía comprar el producto en cuestión.

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Si hablamos de pasajes, el periodista Pablo Strozza aporta una buena anécdota. En esa época alumno secundario, se movilizaba junto a sus amigos en subte. Los viajes se pagaban con cospeles que se compraban en las ventanillas y luego se ponían en los molinetes. Como el servicio podía aumentar más del cien por ciento en un día, la acumulación de cospeles era una fuente de ahorro. Pero en los subtes se prohibió que se vendieran más de dos por persona. Así que Strozza y sus amigos compraban y volvían a hacer la cola; tal vez pasaban por la ventanilla diez veces y acumulaban cospeles a un valor que una semana más adelante sería irrisorio.

La triste postal de la época: los saqueos que se producían a lo largo del país. (Foto: AP)
La triste postal de la época: los saqueos que se producían a lo largo del país. (Foto: AP)

Daniel Vega, gran autor inédito aún, cuenta que debía irse de viaje de egresados a Bariloche. Se venía pagando mes a mes desde el año anterior. La última cuota debía abonarse el día previo o directamente en la estación antes de subirse al micro. La cuota que pagó fue más barata que la revista El Gráfico que compró en el kiosco cercano al andén para poder leer en el largo viaje en micro.

Los cigarrillos fueron otros de los protagonistas (se fumaba mucho más que ahora). Los atados traían su precio en una especie de estampilla en su parte superior. Por ley los kioskeros tenían prohibido vender a un valor diferente al indicado en el paquete. Pero ese precio cambiaba diariamente. Así comenzaron a venderse por unidad y muchos preguntaban el precio vigente en cada kiosco que se cruzaban hasta dar con uno que todavía los tenía al precio anterior.

El día de cobro de sueldo pasó a ser vital. Una diferencia de 24 o 48 horas podía hacer que el salario permitiera comprar 30% menos de dólares. La compra de dólares era la única manera que los argentinos encontraron para proteger en parte sus ingresos. No lo hacían con afán de ahorro ni especulador. Durante todo el mes irían cambiando dólares para afrontar los gastos de su vida cotidiana. El que se quedaba con australes en el bolsillo, la cartera o el colchón, estaba condenado a que se convirtieran en papel pintado, en algo sin ningún valor. Un gran ejemplo de eso fue el que dio la Revista Humor en la hiperinflación siguiente, en la del año 90 bajo el gobierno de Menem. En cada ejemplar pegó en la tapa un billete real, todavía en circulación, pero que ya no tenía ningún valor. Unos meses antes con ese billete se podían comprar varias revistas.

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La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. El presidente se había quedado sin poder real. (Foto: AFP)
La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. El presidente se había quedado sin poder real. (Foto: AFP)

En esos tiempos no había transferencias ni tarjetas de débito. Las empresas pagaban con el dinero en efectivo en un sobre o con un cheque que se cobraba por caja. Una vez que la gente se hacía con su salario empezaba una carrera infernal y angustiante. Literalmente corriendo iban hasta la financiera más cercana y hacían una larga cola para comprar dólares. Era tanta la gente que se amuchaba que las colas podían ser de decenas de metros.

En la vidriera del local una pizarra informaba el precio del dólar. El cadete que debía cambiar la cotización durante esos meses tuvo días muy agitados. Todo el tiempo se modificaba, siempre a la alza. En la calle se escuchaban los murmullos, lamentos y hasta insultos de los que estaban en la cola y veían que el cálculo que habían hecho cinco minutos atrás ya había quedado inútil y había sido ingenuamente optimista.

Como el dinero cada vez valía menos, el gobierno emitía nuevos billetes, de mayor denominación, que a los pocos días ya valían muy poco. Llegó a haber billetes de 500.000 australes y monedas de mil.

La pobreza aumentó a 47%, se perdieron muchos puestos de trabajo, hubo desabastecimiento y saqueos. La crisis energética también hacía que hubiera apagones programados. Parecía que el caos ganaría la partida.

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La hiperinflación provocó la salida anticipada de Alfonsín del gobierno. Debió entregar el mando antes de lo previsto. Se había quedado sin poder real (Enrique Paixao, entonces secretario de Justicia, graficó: “Ya ni el café nos servían”) y, entre caos, pobreza creciente y precios y dólar desatados, la salida y la asunción del nuevo gobierno parecía lo más razonable. Para los meses finales eligió como ministro de Economía a un joven. Una noche Alfonsín llamó por teléfono a Jesús Rodríguez a la casa:

-Jesús, le tengo que pedir un favor.

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-Por supuesto, Presidente. Lo que usted diga.

-Me tiene que ayudar a convencer a un amigo de que agarre el Ministerio de Economía.

-Uhhh, eso es difícil, ¿quién va a querer agarrar ese fierro caliente? Nadie. Pero lo intento. Dígame, Presidente, ¿quién es el amigo a convencer?

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Es un amigo muy querido. Se llama Jesús Rodríguez —dijo Alfonsín— y se hizo unsilencio muy largo en la línea, tanto que con las precarias comunicaciones de Entel cualquiera podría haber pensado que se había cortado la llamada, hasta que Jesús Rodríguez respondió:

-A usted no le puedo decir que no, Raúl.

Alfonsín consiguió su último ministro de Economía hablándole con el corazón.

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ARA San Juan: López Mazzeo se declaró inocente y habló de su orden de cesar la búsqueda: “Fue la decisión más difícil de mi vida”

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EL CALAFATE.- El contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo, extitular del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada (COAA), dijo que fue acusado sin pruebas concluyentes y objetó que se haya avanzado en el juicio sin un peritaje que determinara lo que pasó.

Fue el jueves pasado, cuando López Mazzeo declaró en el juicio en el que se investiga la presunta responsabilidad de él y otros tres exoficiales superiores de la Armada Argentina en el hundimiento y la posterior implosión del submarino ARA San Juan, ocurrido en 2017, que provocó la muerte de sus 44 tripulantes.

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“Desde ya niego todas las imputaciones que se me hacen, todas y cada una de ellas”, afirmó López Mazzeo durante una exposición que se extendió durante cerca de seis horas y tuvo momentos de mucha tensión, como cuando aseguró que la falta de una investigación militar sobre lo ocurrido impidió que se tomaran medidas para modificar procedimientos y reglamentos internos que impidan otra tragedia.

López Mazzeo prestó indagatoria ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos, que lo juzga junto al capitán de navío (destituido) Claudio Javier Villamide, el capitán de navío (RE) Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa, quienes llegan al juicio oral como presuntos autores de los delitos de incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes del oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.

Durante su declaración, el extitular del Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada miraba su computadora y apuntes que le permitieron reconstruir con precisión hechos y fechas de lo ocurrido durante su gestión. Además, respondió las preguntas de los fiscales y los abogados querellantes.

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El militar está acusado de haber omitido las diligencias propias del cargo que ostentaba al no haber supervisado adecuadamente el cumplimiento de las normas de alistamiento del Submarino ARA San Juan y haber permitido la participación de la nave en las operaciones realizadas por el comando de la Flota de Mar, entre octubre y noviembre de 2017, días previos al hundimiento.

Relató que cuando fue designado en el cargo por el almirante Marcelo Srur, solicitó adelantar su asunción a diciembre -en lugar de febrero- para tener tiempo de conocer el estado de planes, mantenimiento de las unidades y recorrer las unidades con los nuevos mandos nombrados a partir de febrero. En ese contexto detalló que recorrió el ARA San Juan, se reunión con el comandante del buque, Pedro Martín Fernández, y agilizó el acceso a los repuestos que él le solicitó para el submarino.

“Inspeccioné cada uno y todos los buques de mar”, dijo. Y recordó que, en Ushuaia, en noviembre, volvió a inspeccionar el ARA San Juan; estuvo a bordo y mantuvo una reunión con el capitán Fernández. “Niego [haber omitido las diligencias propias del cargo], porque las pruebas demuestran que yo pasé por todas las unidades”, sostuvo.

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Cenotafio en homenaje a los 44 miembros del submarino ARA San Juan, en la costanera de Río Gallegos, Santa Cruz, a pocas cuadras de donde se realiza el juicio oralWALTER DIAZ – AFP

Tras explicar los detalles de su rol dentro de la estructura de la Armada y cómo funcionan los controles y verificaciones que se realizan a las naves antes que inicien una misión, detalló los contactos que mantuvo las horas previas a la tragedia con su subalterno directo, el destituido capitán de navío Claudio Villamide, quien en la segunda jornada del juicio se declaró también inocente.

El imputado recordó que el 11 de noviembre el ARA San Juan reportó haber cumplido con todas las tareas dispuestas para el ejercicio conjunto y recordó que el 15 de noviembre a la madrugada, mientras estaba en el comando alterno en Buenos Aires, recibió la llamada de Villamide, que según relató, le dijo: “Mire, señor, le informo que el submarino tuvo un principio de incendio, se encuentra en superficie”.

López Mazzeo declaró que él le preguntó entonces si había “heridos o lastimados” y que la respuesta fue que no, que todo estaba bien. “Hablé con el capitán Fernández, me dijo que iba a continuar así porque estaba cargando aire. ¿Cómo sigue? Me dice que terminan de cargar aire y va a inmersión. Le ordené cancelar la patrulla y dirigirse a Mar del Plata”, reconstruyó de esa charla el contraalmirante.

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Durante la indagatoria explicó que un submarino no va a inmersión si no está seguro de que pude volver a salir a superficie. Dijo que “de hecho, producido el evento, salió a superficie sin novedad, tenía todos los mecanismos para superar la emergencia y lo demostró saliendo a superficie”.

López Mazzeo detalló que durante la mañana siguiente, mientras él se encontraba en una inspección en Puerto Bermejo, Villamide le comunicó que el submarino no volvió a comunicarse y declaró la alerta. Que en ese contexto, puso en marcha el operativo de búsqueda y hasta llamó a la NASA para pedir servicio de un avión especial que realizaba una campaña glaciológica en la Antártida y operaba desde Ushuaia. A partir de allí, López Mazzeo realizó un detalle de cómo fueron las comunicaciones en esas horas de búsqueda desesperada y la convocatoria a las fuerzas internacionales.

Me produce muchísimo rechazo cuando dicen que los dejamos ir, que no impedimos, que los pusimos en riesgo. Eran camaradas nuestros. Yo no los conocía como el capitán Villamide a todos ellos, porque en su mayoría están siempre dentro del submarino, pero sí a los dos más grandes”, detalló López Mazzeo, que elogió al capitán de fragata Martín Fernández y a su segundo, el capitán de corbeta Jorge Bergallo. “Era el cadete ayudante mío, yo fui el que lo propuse para que fuera abanderado”, dijo sobre Bergallo y se emocionó.

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Declaró además el día que ordenó suspender el SAR –Search and Rescue, sistema internacional diseñado para rescatar personas en peligro en el mar- porque ya se habían superado el 100% de las posibilidades de encontrarlos con vida, fue la decisión más difícil de su vida. “Les aseguro, señores jueces, que firmar un mensaje así, cerrando el caso SAR es muy impactante, muy doloroso. Fue muy difícil”, declaró.

Sobre el actual juicio sostuvo: “La acusación que se me hace es la misma que me hizo Srur sin haber mediado una investigación. La Armada no investigó, la Armada tiene un reglamento administrativo de actuaciones militares para determinar lo sucedido. Estamos en esta etapa de juicio sin una pericia, que pueda determinar el nexo causal entre las novedades y el naufragio”.

Para López Mazzeo no hay pruebas que demuestren que sus decisiones hayan derivado en el desenlace fatal del submarino. Dirigiéndose al Tribunal, preguntó: “¿Cómo podemos estar ahora afrontando un juicio oral sin saber cómo pasó y como ocurrió esa pérdida de plano?”.

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Los jueces del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos Guillermo Quadrini, Luis Alberto Gimenez, Mario Reynaldi y Enrique Baronetto WALTER DIAZ – AFP

El juicio lo lleva adelante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos integrado por los jueces Mario Reynaldi, Enrique Baronetto, Luis Alberto Giménez y Guillermo Adolfo Quadrini. Como fiscales intervienen Julio Zárate (titular de la Unidad Fiscal Río Gallegos), Gastón Franco Pruzan (a cargo, junto con Zárate, del Área de Transición de esa unidad fiscal), Lucas Colla (a cargo de la Sede Fiscal Descentralizada Caleta Olivia) y María Andrea Garmendia Orueta (por la Procuraduría de Investigaciones Administrativas).

El juicio se inició el martes pasado con la lectura del requerimiento de elevación a juicio formulado por el Ministerio Público Fiscal. Según esa acusación, al iniciar su última travesía “el submarino había excedido en 26 meses el intervalo reglamentario establecido entre puestas en seco para realizar las tareas de mantenimiento planificado que se encontraban previstas en el manual confeccionado por la empresa fabricante”. Además, según la fiscalía, la nave presentaba equipos y sistemas fuera de servicio o degradados que incidían en su seguridad para operar y navegar.

Las audiencias del juicio oral continuarán el lunes 23 de marzo. Ese día está previsto que declaren los primeros cinco testigos de una lista que llega al centenar.

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Mariela Arias,Conforme a

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El flamante ministro de Justicia aseguró: “Completar la Corte Suprema hoy no es una prioridad”

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El flamante ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, se refirió a los principales objetivos que tendrá bajo su gestión y que estarán acompañados por el Poder Ejecutivo. Justamente, descartó que vayan a enviar los pliegos para completar los cargos vacantes en la Corte Suprema y reiteró que la idea es completar los juzgados vacantes.

En diálogo con A24, junto a Eduardo Feiman, el recientemente designado titular de la cartera para reemplazar a Mariano Cuneo Libarona, habló sobre las necesidades que hay en el Poder Judicial y cuáles son los desafíos para su gestión. “Hay un reclamo del cual todos somos conscientes. La lejanía de la justicia con la sociedad. El presidente es claro. La imagen de la justicia en la sociedad es una imagen que hay que salvar”, resaltó Mahiques.

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“Hay que activar un montón de cosas. Hay que cubrir el 37% de las vacantes que existen en el Poder Judicial. Un paso previo antes de estudiar cada una de las ternas y actualizarlas. Las ternas son un mérito. El proceso de nombramiento de un magistrado es un proceso muy complejo donde intervienen los tres poderes del Estado. Todo eso lleva a que, salvo excepciones, las personas que llegan a la terna sean personas idóneas”, explicó en relación al proceso sobre cómo se seleccionan los nombres para cubrir las vacantes de los juzgados.

Por otro lado, se refirió a los dos lugares vacantes que existen actualmente en la Corte Suprema de Justicia. Los tres ministros del máximo tribunal son Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. En ese sentido, Mahiques resaltó que actualmente la Corte “está dando respuestas a la sociedad y a la justicia” y aclaró que hay que completarla.

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Sin embargo, señaló: “Completar la Corte Suprema de Justicia hoy no es una prioridad. La prioridad es completar los juzgados inferiores. Hay provincias que tienen cámaras federales con la mitad de los miembros. Hay provincias que tienen jueces electorales vacantes. Ese es uno de los actos que hay que tomar”.

Y añadió: “Para tener una implementación del nuevo sistema acusatorio, tenemos que tener jueces y fiscales capacitados. Tenemos que tener tecnología. Hace falta dinero, estructura. En Comodoro Py de 12 hay 4 fiscalías vacantes”.

Mahiques juró este jueves en la Casa Rosada

De acuerdo a lo que pudo saber este medio, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, busca que de esta forma se abra una nueva etapa en la administración judicial libertaria, la cual estará signada por la rápida gestión que deberán tener para llenar las más de 300 vacantes que hay de jueces y fiscales nacionales.

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Mahiques todavía no estudió en profundidad el listado completo de candidatos que tiene a disposición Javier Milei para enviar al Senado. Cabe recordar que el Consejo de la Magistratura es quien hace los concursos y las evaluaciones para enviar la terna al Poder Ejecutivo, que posteriormente debe elegir a uno de ellos para elevarlo a la Cámara alta. El Ministerio Público Fiscal hace lo mismo para el caso de los fiscales.

¿Cuáles serán las vacantes prioritarias del ministro para el comienzo de su gestión? El nuevo funcionario cree que los primeros puestos que deben comenzar a tratar son aquellos más fáciles de negociar, como los fueros de Familia. También se van a avanzar con los pliegos de los fueros Civil y Comercial y de Seguridad Social. En aquellos casos en los que la negociación política tenga que ser más sofisticada (puede servir como prenda de cambio con gobernadores), como los juzgados con competencia electoral, se dejarán para meses posteriores.

Mahiques junto a Karina Milei y Manuel Adorni

En tanto, Infobae informó sobre la fuerte influencia que comenzó a tomar el sector más cercano a la hermana del presidente tras la decisión del ingreso de Mahiques. Justamente, este jueves se le pidió la renuncia a todos los titulares de los organismos dependientes del Ministerio de Justicia: estos son el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH), la Oficina Anticorrupción, la Oficina de Bienes Recuperados y la Unidad de Información Financiera (UIF).

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Llegué y pedí la renuncia de los funcionarios políticos. Yo llego y llego con mi equipo”, sentenció Mahiques durante la entrevista.

Por último, el nuevo miembro del gabinete de Javier Milei dio su opinión sobre la intención del Gobierno de enviar un proyecto de reforma del Código Penal y sostuvo: “Es una deuda que viene de hace años”.

Y completó: “Es un proyecto de código que me gustaría estudiar y me gustaría tener la opinión de otros expertos. Me gustaría que la corte opine”.

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Alejandra Monteoliva habló sobre la seguridad de la Argentina, tras la escalada del conflicto en Medio Oriente

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La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, advirtió que desde el inicio de la guerra en Medio Oriente, tras los ataques de EE.UU. e Israel a Irán, el Gobierno reforzó las defensas del país y aseguró que los niveles de seguridad permanecen en el rango más alto. Entrevistada por José Del Rio en Comunidad de Negocios (LN+), la funcionaria nacional sostuvo que la medida tiene como meta “resguardar objetivos sensibles e infraestructura crítica”.

Irán es el financiador internacional del terrorismo desde hace décadas, incluso con atentados en países cercanos y aliados“, señaló Monteoliva el domingo por la noche, e insistió en que las amenazas, globales exceden a los conflictos limitados a un territorio, como el caso Medio Oriente, y que puede sucederse lejos de la zona de disputa.

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Por este motivo, la ministra evaluó como crucial el trabajo en los pasos fronterizos de todo el país y explicó las distintos mecanismos que está llevando a cabo su cartera para mitigar eventuales peligros. En ese sentido, destacó la importancia del trabajo articulado con Brasil y Paraguay en la Triple Frontera, y adelantó que se está trabajando en la conformación de un segundo comando tripartito integrado por la Argentina, Bolivia y Chile.

Por otra parte, la funcionaria explicó que se reforzó la seguridad de “todos aquellos objetivos sensibles, que incluyen la comunidad judía y una serie de elementos de infraestructura crítica que está a cargo de Gendarmería”.

Noticia en desarrollo.

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