ECONOMIA
Qué tiene que pasar para que la inflación empiece con “0” en agosto, según Milei

El presidente Javier Milei ratificó su hoja de ruta económica y volvió a insistir en que “la inflación empezará con 0 en agosto de este año”. Durante su exposición en el Foro Económico del NOA (FENOA), el mandatario detalló las condiciones técnicas y macroeconómicas necesarias para que eso ocurra.
El jefe de Estado basó su optimismo en el comportamiento de los precios mayoristas, a los que considera el principal indicador adelantado de la trayectoria inflacionaria. “No pueden decir que recién ahora empecé a hablar de la inflación mayorista. Vengo hablando desde el inicio, porque es la que se anticipa”, sostuvo ante el auditorio. Según su visión, la desaceleración en este segmento es la antesala inexorable de lo que ocurrirá con los precios al mostrador una vez que se completen ciertos procesos de saneamiento financiero.
Para que el objetivo de agosto se concrete, el Presidente señaló que deben despejarse tres obstáculos que hoy actúan como lastre. En primer lugar, se refirió a la necesidad de eliminar los efectos del money overhang (sobrante de pesos), una consecuencia directa de la vigencia del control de capitales. En segundo término, mencionó la importancia de agotar los rezagos de la política monetaria previa y, finalmente, limpiar las distorsiones causadas por la emisión de la segunda mitad de 2025.

Bajo este esquema, Milei explicó que la convergencia hacia el nivel de inflación “cero” depende de la finalización de la corrección de precios relativos, proceso que calificó como una respuesta a las “bestialidades que hizo el gobierno anterior”. En sus declaraciones, el mandatario fue enfático: “Cuando se limpien los efectos del money overhang como consecuencia de haber tenido control de capitales, cuando se limpien los rezagos de la política monetaria y cuando se limpie el desastre que causaron durante la segunda mitad del año pasado tratando de golpear a un gobierno, es de esperar que la inflación minorista, a partir de agosto, empiece con 0”.
La meta de agosto de 2026 no es una novedad en el discurso presidencial. En octubre de 2025, Milei había planteado por primera vez este escenario, fundamentando su previsión en que los rezagos de la política monetaria operan con una ventana de aproximadamente 26 meses desde que se estabiliza la cantidad de dinero.
En aquel momento, el Presidente había manifestado que la inflación de agosto de este año sería del 0%, contrastando esa proyección con el escenario recibido al inicio de su mandato. Desde mediados de 2024, el Gobierno mantiene la base monetaria sin variaciones nominales, un pilar que Milei considera innegociable. “La inflación se va a terminar en la Argentina mientras que se siga manteniendo el equilibrio fiscal y apretada la política monetaria”, reiteró en el FENOA.
La insistencia del mandatario ocurre en un contexto donde los datos oficiales de febrero de 2026 marcaron una inflación del 2,9% mensual, repitiendo la cifra registrada en enero. Si bien el indicador se mantiene en niveles históricamente bajos para el país en los últimos años —con una inflación interanual que se ubica en el 33,1%—, el desafío para el equipo económico es quebrar el piso del 2%.
En este sentido, Milei defendió la celeridad de las reformas implementadas por el ministro de Economía, Luis Caputo. “Nosotros dijimos que íbamos a ir a déficit cero el primer año. Dijeron que era imposible y que con suerte podíamos llegar a equilibrio al final del mandato. Afortunadamente Caputo puso las cuentas en orden en un mes”, afirmó el mandatario, destacando que el problema del Banco Central se resolvió “en seis meses”.
A pesar de su confianza en la política monetaria y fiscal, el Presidente introdujo una advertencia sobre factores exógenos que podrían alterar los plazos, aunque no el resultado final. Reconoció que, a diferencia de las ciencias exactas, “la economía no es física” y está sujeta a imprevistos globales.
“Pueden pasar cosas en el mundo, como un salto en el precio del petróleo y el gas. Eso puede pasar”, admitió el jefe de Estado. Esta mención no es menor en un escenario internacional volátil donde el costo de la energía tiene un impacto directo en la estructura de precios internos. No obstante, para Milei, estos posibles eventos serían solo desvíos transitorios en una trayectoria que, según su análisis, desembocará en la erradicación total del fenómeno inflacionario si se mantienen los “deberes” hechos en materia fiscal.
ECONOMIA
¿Cómo se financia el FMI?: secretos de una “cooperativa de crédito” cuyos recursos llegan al billón de dólares

La arquitectura financiera global descansa sobre una institución que, aunque a menudo es percibida como un banco convencional o un organismo dependiente de presupuestos estatales, opera bajo una lógica interna radicalmente distinta. El Fondo Monetario Internacional (FMI) se define a sí mismo no como un ente de beneficencia o una banca comercial, sino como una “cooperativa de crédito para países”. Este modelo único le permite disponer de una capacidad de préstamo cercana al billón (un millón de millones)= de dólares (USD 1.000.000.000.000) sin solicitar subvenciones anuales a sus miembros.
Para la Argentina, entender este engranaje es una cuestión de Estado. Según los últimos datos del organismo al 1 de marzo de 2026, el país se mantiene como el principal deudor global de la institución con una acreencia de USD 56.958 millones. Esta cifra representa el 34% del total de los créditos pendientes del Fondo a nivel mundial, que ascienden a USD 166.221 millones. La magnitud de esta relación financiera pone de relieve la importancia de desglosar de dónde provienen los fondos que el organismo vuelca en sus programas de asistencia.
A diferencia de otras organizaciones internacionales que dependen de “cotizaciones anuales o de subvenciones procedentes de consignaciones presupuestarias”, el FMI se financia a través de un sistema de cuotas. Al ingresar, a cada uno de sus 191 países miembros se le asigna una contribución específica basada en su posición relativa en la economía mundial.
Estas cuotas son, en palabras del organismo, “los componentes básicos principales de la estructura financiera”. No solo determinan la contribución financiera máxima de cada país, sino que también definen su poder de voto y cuánto puede endeudarse. Para los países que aportan, el beneficio es doble: obtienen un derecho remunerado y líquido frente al Fondo que pueden incluir en sus propias reservas de divisas. “A cambio de proporcionar recursos para las operaciones de préstamo del FMI, los países miembros obtienen un derecho remunerado, líquido y seguro”, explica la institución.

Este mecanismo genera un efecto multiplicador. En el caso de Estados Unidos, su principal accionista, el modelo permite que “por cada dólar que este país pone a disposición para operaciones de préstamo, el FMI recibe cuatro dólares de otros países”. Es esta centralización de recursos lo que permite al Fondo actuar como la red de seguridad financiera mundial.
El FMI es enfático al separar sus funciones de las de otras entidades como el Banco Mundial. “El FMI no ofrece ayuda para el desarrollo o financiamiento para proyectos, como serían los préstamos para construir infraestructura”, aclara el organismo. Su función es la de un “bombero” financiero que proporciona inyecciones de liquidez temporal ante crisis de balanza de pagos.
Esta naturaleza “contracíclica” —prestar cuando el sector privado se retira— explica la altísima concentración de sus préstamos. Argentina encabeza un podio donde los cinco principales deudores concentran poco más del 61% de la cartera activa pendiente de pago. Detrás de los USD 56.958 millones de Argentina, se ubican Egipto (USD 20.296 millones), Ucrania (USD 14.907 millones), Paquistán (USD 10.028 millones) y Ecuador (USD 9.768 millones).
Semejante nivel de exposición en apenas cinco clientes sería prohibitiva para cualquier institución financiera privada. El Fondo justifica esta estructura por su condición de acreedor privilegiado, lo que le otorga prioridad de cobro y lo sitúa al margen de los recortes o quitas que suelen ocurrir en las reestructuraciones de deuda soberana. Según el organismo, sus préstamos “siempre se han reembolsado”.
El financiamiento que el FMI otorga no es gratuito, pero sí se presenta como más accesible que las alternativas de mercado para países en dificultades. Los intereses que pagan los prestatarios sirven para compensar a los países acreedores —aquellos con cuentas externas sólidas— por los recursos puestos a disposición.
“Los países prestatarios que acceden a los préstamos generales o no concesionarios del FMI pagan una tasa de interés igual a la que se paga a los países acreedores, más un pequeño margen”, detalla el ente. En 2024, unos 50 países acreedores recibieron aproximadamente USD 5.000 millones en concepto de intereses por los fondos aportados a la cooperativa.
Sin embargo, este “balón de oxígeno macroeconómico” viene con condiciones. Para abordar los problemas estructurales que llevaron a la crisis, los préstamos están sujetos al diseño y la “condicionalidad” de los programas del FMI. Este marco técnico busca asegurar que el país recupere la sostenibilidad financiera y pueda, eventualmente, devolver los recursos a la reserva común.
Un aspecto poco conocido es cómo el FMI paga sus propios gastos operativos, desde los salarios de sus economistas hasta las misiones técnicas de revisión (como las del Artículo IV). El organismo asegura que no utiliza recursos de los contribuyentes de los países miembros para estos fines.
“Este gasto se atiende en su totalidad con los ingresos procedentes de sus operaciones de préstamo y sus inversiones”, afirma el Fondo. Esta gestión le ha permitido mantener un presupuesto administrativo que, ajustado por inflación, se ha mantenido estable durante los últimos 20 años. Los excedentes generados por los intereses y las inversiones de sus reservas se reinvierten para seguir fortaleciendo el balance de la institución.
Pese a la complejidad de los Derechos Especiales de Giro (DEG) y las fórmulas de cuotas, el Fondo insiste en que su esencia es simple. El organismo cita las palabras de Henry Morgenthau en la Conferencia de Bretton Woods de 1944: “Los detalles del acuerdo monetario y financiero internacional pueden parecer misteriosos. Sin embargo, en el centro del mismo se encuentran las realidades más elementales de la vida cotidiana”.
Para la economía internacional, esa realidad se traduce en que apoyar a un país en crisis redunda en beneficio de todos, evitando que la inestabilidad se propague a través de los flujos de capital o presiones migratorias. En este esquema, Argentina sigue siendo el caso testigo de mayor peso: un tercio de la capacidad de préstamo ejecutada por esta “cooperativa global” está destinada a sostener la estabilidad de la tercera economía de América Latina.
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ECONOMIA
Dólar: cómo inciden los factores globales y locales en el precio local de la divisa

La cotización del dólar mayorista continúa debajo de $1.400 por unidad, a 18% del techo de las bandas cambiarias y, dado un escenario de continuidad de alta inflación, implica en los hechos una apreciación real del peso, que en las últimas semanas fue a contramano de las monedas de la región.
Siempre en estas circunstancias se abre el debate acerca de si la cotización del dólar está barato o caro, junto con las dudas acerca de si dicho estatus puede ser sostenible en una economía habituada a sorpresivos y disruptivos movimientos que suelen afectar a los sectores de menores ingresos.
Sin embargo, a diferencia del pasado, ahora hay un mercado libre, con un Banco Central comprando dólares para acumular reservas, aunque persiste el cepo cambiario para algunas operaciones.
Con el dólar sin incrementos por las expectativas firmes de ingreso de divisas por los canales comercial y financiero, la recuperación del superávit de energía, la previsión de una inminente liquidación del agro y tasas de interés en pesos que incentivan las colocaciones de excedentes en bonos del Tesoro de muy corto plazo -lo que se conoce como carry trade– la estabilidad cambiaria podría mantenerse hasta mitad de año, cuando se termine el grueso de las exportaciones de granos y derivados industriales.
Hay dos indicadores principales para seguir de cerca como “termómetro” que ayudan a estimar la evolución del tipo de cambio.
1) Superávit comercial. El saldo a favor del comercio exterior, que acumula 27 meses consecutivos, da cuenta de un nivel cambiario adecuado, respaldado por un cambio de la matriz económica con el gobierno de Javier Milei, impulsado por el sector agroindustrial y la balanza energética. Por otra parte, la actividad económica muestra signos de debilidad en sectores ligados al consumo, la construcción y la industria, lo que induce a importaciones en un nivel bajo, incluso cuando algunos analistas consideran “barato” el valor actual del dólar.

Aunque Argentina mantiene déficit de cuenta corriente, dado que la cuenta de Servicios -en particular el turismo- es históricamente negativa, un saldo comercial de bienes positivo y sólido es garantía de estabilidad cambiaria.
2) Tipo de cambio real. Tanto la economía argentina como la internacional son muy dinámicas, como la cotización de las respectivas divisas. Por lo tanto establecer una medición cambiaria homogénea a lo largo de los años es complejo. El BCRA publica el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral, que mide el precio relativo de los bienes y servicios de la economía argentina con respecto al de los de los principales 12 socios comerciales del país, en función del flujo de comercio de manufacturas.
Según indica la entidad, se obtiene “a partir de un promedio ponderado de los tipos de cambio reales bilaterales de los principales socios comerciales del país. Se considera la evolución de los precios de las canastas de consumo representativas de los socios comerciales expresados en moneda local en relación con el valor de la canasta de consumo local, constituyéndose como una de las medidas amplias de competitividad (de tipo precio)”.
Este Índice de Tipo de Cambio Real se ubica en 86 puntos, un mínimo desde junio de 2025, con un “atraso” estimado de unos 14 puntos porcentuales respecto del nivel de equilibrio. En lo que va de 2026 tuvo un deterioro de 9 pp, consistente con una caída nominal del dólar de 4,2% más una inflación local en torno al 8% acumulado, y moderado por la apreciación de monedas de socios comerciales, en particular la suba de 5,5% del real brasileño respecto del dólar norteamericano, dado que Brasil tiene una ponderación de 32% en el indicador.
Ignacio Morales, Chief Investments Officer de Wise Capital dijo a Infobae: “Algo que no haríamos es cerrarle la puerta al dólar. Está barato. Esto no quiere decir que saldríamos corriendo a comprar billetes, máxime cuando aún existe la restricción cruzada, y el dólar está ofrecido… Pero en la medida que la tasa de interés siga bajando para las colocaciones, se puede despertar porque hoy el dólar técnico está en $1.563, es decir, con un potencial de apreciación de 12%. Este no es un dato menor cuando observamos que el dólar MEP está a 14% del techo de la banda de flotación”.
Algo que no haríamos es cerrarle la puerta al dólar. Está barato. Esto no quiere decir que saldríamos corriendo a comprar billetes, máxime cuando aún existe la restricción cruzada, y el dólar está ofrecido (Morales)
Morales agregó: “No decimos que va a ir al techo, pero no podemos ignorar que así como la tasa de interés baja para las colocaciones, sigue siendo fuertemente real positiva para la toma de deuda. Y en un contexto de actividad económica recesiva es lógico que se desarme el ‘canuto’ para sostener el negocio… Pero cuando este movimiento concluya puede haber una corrección en favor del dólar. No hablamos de devaluación ya que ni el 12% ni el 14% lo es, pero sí de corrección”.
Balanz Capital destacó en un informe indicó que “el peso ha sido una de las monedas con mejor desempeño en la región desde que estalló el conflicto en Medio Oriente, a pesar de la apreciación del dólar a nivel internacional. Creemos que el mejor desempeño relativo del peso se debe a factores tanto internacionales como locales. En el lado internacional, las subas en los precios del petróleo y de la soja probablemente ayuden a mejorar la balanza de pagos, mientras que la baja presencia de inversores externos en la curva argentina, en comparación con las de México y Chile, también aporta sustento desde las posiciones técnicas”.

“En cuanto a lo primero, el precio del barril Brent acumula una suba del 70% en lo que va del año y el poroto de soja acumula un 14%, pero el dato saliente es que el aceite de soja, que en 2025 representó el 36% de las exportaciones del complejo sojero, acumula casi un 38% en igual período. Por otra parte, entre los factores locales se encuentran los flujos provenientes de emisiones de deuda, del aumento de préstamos en dólares y de una cosecha de trigo mejor al promedio”, precisaron en Balanz.
Expertos de Max Capital consideran que “la combinación de mayores precios de la energía y la minería, junto con una cosecha favorable, le otorga al país un aumento de ingresos cercano a USD 10.000 millones respecto de las estimaciones de comienzos de 2026, lo que favorece al tipo de cambio, aunque con mayores presiones inflacionarias. La nafta ya subió casi 10% en marzo, generando un efecto directo de 0,4 punto porcentual en el índice, y aproximadamente 0,8 punto de efectos totales. Ajustamos nuestras expectativas de inflación a 26% (anual) y mantenemos nuestra recomendación de Boncer 2027, que ofrecen el mejor vehículo en un contexto de mayores riesgos inflacionarios asociados a una moneda más fuerte”.
La combinación de mayores precios de la energía y la minería, junto con una cosecha favorable, le otorga al país un aumento de ingresos cercano a USD 10.000 millones (Max Capital)
Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL, consideró que “a la incertidumbre externa que viene afectando a los mercados durante el marzo, se le suma el dato de inflación del 2,9% de febrero, lo que obliga a los inversores a buscar refugio en instrumentos indexados por CER (Boncer) para protegerse de la suba de precios que todavía sigue siendo un problema a resolver para la economía argentina”.
Juan Manuel Franco, economista Jefe del Grupo SBS“, dijo: ”En el corto plazo, mas allá de la mirada sobre los precios de las materias primas, será clave monitorear, a nivel doméstico, el ritmo de compras del BCRA, y en ese sentido los inversores aguardan a la cosecha gruesa. Además, otro eje será monetario, con condiciones de liquidez que por el momento están más holgadas que semanas atrás, llevando así a las distintas curvas en pesos a comprimir hacia rendimientos nominales y reales mas bajos”.

Con una visión “macro”, la Consultora Qualy subrayó que “el Gobierno cerró su segundo año con logros macroeconómicos notorios pero con costos sectoriales y sociales elevados: consumo deprimido, producción industrial debilitada y desempleo e informalidad crecientes”.
“El sector energía lideró el crecimiento en 2025 y se consolidó como principal motor exportador. Las ventas reales aumentaron y el resultado operativo creció, aunque el resultado neto cayó por efectos contables tras desaparecer ganancias cambiarias de 2024. La deuda financia expansión y se concentra en plazos largos, reflejando acceso al crédito. Sin embargo, suben costos productivos y se deterioran márgenes”, añadió Qualy, en base a cifras de compañías como Pampa Energía, Pan American Energy, Aconcagua Energía, Pluspetrol, Vista Energy e YPF.

Un informe de IEB, entidad financiera, destacó que “la guerra contra Irán y el cierre de facto del estrecho de Ormuz hicieron disparar el precio del petróleo. Esto tiene un impacto dual en la economía Argentina. Por un lado, el aumento del precio supone un shock temporal en los términos de intercambio, al aumentar el precio de las exportaciones. Esto impactaría positivamente en el saldo comercial y reduciría el déficit de cuenta corriente, aligerando la presión en el superávit de cuenta financiera”.
IEB advirtió además: “De mantenerse, esto supondría una apreciación del tipo de cambio real, lo que facilitaría al BCRA a continuar con su proceso de acumulación de reservas. Sin embargo, esto también implicaría un suba del precio del surtidor, lo cual tendría –directa e indirectamente– impacto en el índice de precios”.
Asia / Pacific
ECONOMIA
Inflación de marzo: alimentos, combustibles y transporte impulsan una suba de más del 3%

El aumento del costo de vida en marzo enciende alertas tanto en los hogares como en el Gobierno. Las estimaciones de las principales consultoras indican que la inflación mensual superará el 3%, marca mantiene en primer plano la preocupación por el poder de compra de los ingresos.
Los precios de alimentos y bebidas se mantienen en ascenso, mientras el impacto de los combustibles refuerza presiones alcistas en todo el país. Los relevamientos más recientes no muestran señales de alivio. Se consolida un escenario de aumentos generalizados que asfixia ingresos y complica la recuperación del consumo.
De acuerdo con Analytica, la tercera semana de marzo arrojó una variación semanal de 1,1% en el segmento alimentos y bebidas del Gran Buenos Aires. El promedio de las últimas cuatro semanas se situó en 2,0%. Frente a estos datos, la consultora proyecta una suba de 3,0% para el nivel general de precios, lo que implicaría una aceleración del indicador con respecto a febrero, donde se ubicó en 2,9% tras la escalada en los precios que comenzó en julio del año pasado con 1,9 por ciento.
En las últimas cuatro semanas, dentro de los rubros que más aumentaron se encuentran pescados y mariscos, con un salto de 9%, y aceites, grasas y manteca, que subieron 3,9 por ciento. Pan y cereales mostraron un alza de 1%, mientras que las frutas tuvieron una variación de solo 0,1 por ciento. La categoría verduras registró una baja de 0,5 por ciento.
Variaciones similares detectó la consultora EconViews, que registró una suba de 0,8% en la tercera semana de marzo para una canasta de alimentos y bebidas en supermercados. Impulsada por lácteos, que aumentaron 1,4%, mientras que verdulería tuvo una baja de 0,5%. El informe de EconViews calculó que el acumulado de las últimas cuatro semanas llegó a 3,5 por ciento.
El pronóstico más optimista para el Gobierno es el de LCG, que señaló que en la tercera semana del mes el rubro alimentos y bebidas cayó 0,2% respecto de la semana previa, interrumpiendo dos semanas consecutivas de subas superiores al 1%. Aun así, la inflación mensual promedio de las últimas cuatro semanas se ubicó en 3,1%, con una desaceleración de 0,6 puntos porcentuales respecto del registro anterior. El acumulado del mes hasta la tercera semana alcanzó 2,4 por ciento.
Según LCG, un 80% de la inflación mensual del rubro “Alimentos y bebidas” se explicó por las subas en carnes, bebidas y lácteos, que superaron el promedio general. Carnes tuvo una incidencia significativa, mientras que productos lácteos y huevos también registraron incrementos relevantes. La deflación semanal observada respondió a caídas en los precios de algunas bebidas, panificados, verduras y carnes, mientras que los lácteos contrarrestaron parte de esa baja. El 14% de la canasta relevada mostró aumentos, en línea con la dinámica previa. El informe destacó además que la dispersión en las variaciones de precios creció respecto de la semana anterior, con mayor presencia de valores extremos bajos.
Pero la presión sobre la inflación también proviene del frente energético. El precio internacional del petróleo superó los USD 100 por barril y generó expectativas de nuevos ajustes en los combustibles en la Argentina, que ya tuvo aumentos en torno al 9%. Y aunque en el sector estima que el traslado a los surtidores será gradual, impactará el índice de precios de marzo y quizás también el de los meses siguientes.
Es que el aumento de los combustibles repercute en los costos de la producción agropecuaria, en la logística y en el transporte de bienes y pasajeros, lo que amplifica su efecto sobre la canasta básica y el costo de vida. Para muestra basta un boleto: mientras -según el flamante reporte de tarifas y subsidios que elaboran investigadores de la UBA y el Conicet- mientras el boleto de las líneas de la CABA aumenta con la regla del IPC+2% (un 4,9% en marzo), las líneas interjurisdiccionales a cargo de Nación, tras tener un aumento del 9,7% en noviembre de 2025, aumentaron 31,4% respecto de su último valor. Así, el costo promedio ponderado del boleto de colectivos, en marzo, aumentó 16,3% y derivó en un aumento del gasto total en transporte del 14,8% respecto de febrero.
Frente a este escenario, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que la aceleración de los últimos meses de la inflación fue por un conjunto de factores y que esperan que después del primer trimestre se revierta la tendencia. Es que, en sus palabras, estamos en un “proceso de recomposición de precios” relativos en donde tuvo que subir regulados más de lo que se venía haciendo, que se sumó al fuerte incremento que tuvo la carne, en torno al 8%, que -en su análisis- no va a pasar todos los meses.
“Veníamos muy bien hasta junio del año pasado y sufrimos un retroceso en los últimos siete, ocho meses. Hoy por hoy, la mayoría de los argentinos entiende que la inflación es un fenómeno monetario que se da por un desbalance en el mercado monetario, ese desbalance se puede dar por un aumento en la oferta de pesos, por una caída de la demanda o por una combinación de las dos. Uno, como policy maker, puede controlar la oferta, que es lo que hacemos nosotros, pero nosotros no podemos controlar la demanda, no podemos forzarlos a ustedes a tener pesos en el bolsillo si no quieren”, señaló.

En esa línea, el Gobierno recibió un buen dato la semana pasada, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) comunicó que en febrero la inflación mayorista fue de 1%. Un dato que fue replicado por el presidente Javier Milei, quien afirmó que la evolución de los precios mayoristas “anticipa lo que viene para la minorista” y sostuvo que ese índice “está bajando”.
Y si bien la inflación mayorista mide la variación de precios de bienes producidos localmente y de productos importados antes de llegar al consumidor final, omite los servicios, un segmento que en el último año presentó incrementos superiores al promedio de los bienes. Claudio Caprarulo, economista de Analytica, explicó que “la inflación mayorista es un buen indicador para entender la dinámica de los precios, pero hay que considerar que es una metodología diferente a la del IPC, que es aquel que afecta directamente nuestro bolsillo”.
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