ECONOMIA
Habló Paolo Rocca en EEUU tras el cruce con Milei: “Hoy una empresa no puede depender de un solo país”

El presidente y CEO de Grupo Techint, Paolo Rocca, advirtió sobre la creciente volatilidad global y la necesidad de diversificar operaciones durante su participación en el CERAWeek by S&P Global, el principal encuentro internacional del sector oil & gas, que se realiza esta semana en Houston, EEUU. Sin menciones a su cruce con el Gobierno, Rocca aseguró que, frente al nuevo escenario geopolítico y regulatorio, “hoy una empresa no puede depender de un solo país”.
Durante el panel, que compartió con Atul Arya, Senior Vice President de S&P Global Energy, Luis Cabra, Director General de Transición Energética, Tecnología, Institucional y Adjunto al CEO y Matt Renner, presidente de Google Cloud, Rocca describió cómo la volatilidad se intensificó en los últimos doce meses, en gran parte debido al primer año de la nueva administración de Donald Trump en Estados Unidos.
De acuerdo con su análisis, los aranceles que impuso el gobierno americano desde el inicio del año afectaron no solo la cadena de suministro de la industria energética, sino también las variables que sostienen la operación de grandes grupos internacionales. “El inicio del programa de aranceles en el primer semestre cambió la orientación de la descarbonización y también impactó a los consumidores y a otras empresas”, detalló Rocca.
El CEO de Techint subrayó que la relación comercial entre Canadá, México y Estados Unidos, a través del acuerdo USMCA, enfrenta actualmente obstáculos debido a las tarifas de las secciones 202 y 108, lo que genera incertidumbre y suma presión sobre las estrategias empresariales. Al mismo tiempo, el conflicto en Medio Oriente, que escaló desde junio, añadió nuevos factores de inestabilidad. Según remarcó, “no es fácil establecer una estrategia sólida ante este escenario”.
Para el ejecutivo, la clave es construir cadenas de suministro robustas y alternativas de producción capaces de resistir interrupciones, incluso en rutas estratégicas como Panamá, Molucas, Ormuz o Suez. “Los cambios de precios y la necesidad de una cadena de suministro robusta exigen duplicar capacidades y apostar por múltiples escenarios”, afirmó.
“Hoy una empresa no puede depender de un solo país. Lo que antes era viable, ya no lo es. Hay que buscar alternativas para estar bien posicionados. En la industria siderúrgica, apostamos fuerte por el USMCA y vemos oportunidades de expansión en Estados Unidos, Canadá y México. Elegimos invertir en áreas con potencial, como Argentina para petróleo y gas, el rediseño de cadenas de suministro y el fortalecimiento de América Latina en acero. Esa es la línea actual de eventos. Y siempre hay que buscar oportunidades allí donde surjan”, sostuvo el empresario.

Al referirse al impacto de la inteligencia artificial en la industria, Rocca explicó que el grupo trabaja en tres niveles: capacitación interna, optimización de procesos y, en una etapa avanzada, transformación de la productividad a partir del análisis masivo de datos. “En la petrolera, trabajamos con shale. Actualmente extraemos quizás un 5% o 6% de los recursos reales de la formación debido al fracking y cómo se gestiona, y ya eso es valioso. Pero, si aplicamos inteligencia artificial considerando todos los factores, ¿sería posible pasar del 5% al 7% de las reservas? Eso sería enorme. Cambiaría todos los valores”, describió Rocca.
El ejecutivo remarcó que en sectores como la acería, la inteligencia artificial permite gestionar información para decidir la mezcla de chatarra, reducir tiempos de calentamiento u optimizar los análisis químicos y la adición de aleaciones. “Llegará el punto en que la inteligencia artificial pase de ser solo una fuente de información administrada por personas a asumir la responsabilidad de gestionar grandes industrias, como una refinería. Estoy seguro de que el mundo avanza hacia eso. Pero hoy, en este tercer nivel de avance, estamos trabajando, aunque todavía no vemos logros claros”, aseguró Rocca.
Consultado sobre el equilibrio entre competencia y colaboración en un escenario global fragmentado, Rocca sostuvo que la competencia es esencial, pero los desafíos actuales —incluyendo la rivalidad entre China y Estados Unidos y la posición de los países intermedios— afectan la provisión y seguridad de suministros clave.
“La competencia puede estar detrás de esto. No es solo el concepto de cadena de suministro, energía o automotriz, es un concepto más amplio. Porque al final, podes mostrar un precio bajo, pero con una cadena de suministro que no es constante en el tiempo. Hay que pensar en cómo la industria puede encontrar una posición competitiva a nivel mundial en términos de seguridad de suministro y solidez de la estructura”, subrayó.
Rocca argumentó que la competitividad debe analizarse de forma integrada a nivel de país, industria y cadena de suministro, especialmente tras episodios recientes como la invasión de Rusia a Ucrania y la pandemia de COVID-19. “Si podes diseñar sin saber exactamente qué va a suceder, podes mantener la confiabilidad del proyecto. Así es como veo la competitividad”, concluyó.
paolo rocca,techint
ECONOMIA
Julia Bearzi, hija de desaparecidos y directora Endeavor: “Memoria no es quedar atrapado en el dolor, es transformarlo en sentido”

Esta es una historia de incertidumbres y retazos. De mucho dolor, de una búsqueda que no terminó. De dudas y miedo. También de amor, superación y crecimiento personal. Todo en medio del caos indescriptible, en una vida atravesada por una de las mayores tragedias que sufrió el pueblo argentino: la dictadura cívico militar que comenzó con el golpe sangriento del que este año se cumplen 50 años.
María Julia Bearzi (51) es directora ejecutiva de Endeavor Argentina y es una referente para el ecosistema emprendedor, para el empresariado argentino en general. Es la cabeza de una red de hombres y mujeres de negocios que llevan adelante proyectos de alto impacto que no pocos aseguran que son la “salvación” para la Argentina. Está casada y tiene dos hijos de 15 y 18 años. También es hija de desaparecidos por la represión ilegal del Estado argentino: no sólo siete integrantes de su familia desaparecieron –incluidos su papá, Luis Bearzi, y su mamá, Graciela Quesada– sino que tuvo un hermano o hermana que nació en un campo de concentración y del que sabe poco y nada. Lo busca hace décadas y jura que nunca dejará de hacerlo. Lo espera.
En un extenso diálogo con Infobae, Bearzi habló de su familia, de sus búsquedas, de su trabajo y de un aniversario más del golpe.

“El 24 de marzo no es una fecha más en el almanaque ni un feriado para descansar. Es recordar lo que pasó, honrar la memoria de los míos que ya no están. Pero también es entender que la democracia no es algo adquirido, es una construcción permanente. Es frágil y depende de nosotros. El golpe y los años oscuros que le sucedieron son unas de las heridas más profundas que tuvo que afrontar la Argentina. Memoria no es quedarse atrapado en el dolor, sino transformarlo en sentido. Recordar no es anclarse en el pasado, es trabajar para que no se repita”, aseguró Bearzi.
La última vez que Julia vio a su mamá fue el día que cumplió dos años, pero no se acuerda nada. Ni de ese día, ni de ella. Solo tiene un par de fotos y una historia reconstruida. Graciela ya estaba presa: secuestrada y bajo tortura. Avisó por teléfono que iba a volver a la casa de sus suegros a ver a Julia y a su hermano mayor, Mariano, de casi 5 años. La llevaron dos hombres de civil, luego condenados en los juicios de los 2000, que nunca se movieron de su lado. Julia cree que a su madre le prometieron que la iban a mandar al exterior y que por eso la llevaban a verlos, algo que solían decirles a presos ilegales y que, claro, nunca sucedía. Sus abuelos paternos, con quienes vivía, habían tenido el recaudo de que algún vecino tocara el timbre de tanto en tanto, para que hubiera testigos de lo que pasaba puertas adentro. Ese día, su abuelo, que era ginecólogo, se dio cuenta de que su mamá estaba embarazada. Nadie preguntó nada. No se podía y, además, ninguno de los mayores se animó a hacerlo.
“Hicimos una especie de cumpleaños y se fue. Me contaron eso. Estaba muy flaca y le pidió a mi tía un par de zapatos porque tenía los pies muy hinchados”, dice Bearzi en su departamento del barrio de Palermo. Mide 1,80 metros y tiene una cabellera castaña llena de rulos que acomoda todo el tiempo. Es enfática. Sonríe y gesticula.
— ¿Quién es María Julia Bearzi?
— Nací en 1975, cuatro meses antes del golpe, en una La Plata estudiantil e industrial que fue muy golpeada por la dictadura. Mi viejo se estaba por recibir de médico y mi mamá estudiaba antropología. Venían de familias de clase media urbana, los padres de ambos eran médicos y las madres amas de casa. Habían empezado su militancia en la universidad. Fueron parte de la Juventud Peronista y se hicieron Montoneros. Tenían una convicción muy fuerte de que la política era una herramienta de movilidad social y mucho compromiso con el trabajo de campo, en los barrios y las villas. Luchaban para que vuelva la democracia. Leí mucho sobre esos tiempos porque siento que es muy difícil entenderlos desde esta realidad. Esa época, con hechos concretos como el Mayo Francés y la revolución cubana, les dio la pauta de que era posible, de que podía pasar. Luego vino la violencia extrema.

— ¿Cómo empezó a plasmarse esa violencia en tu familia?
— A mi papá lo mataron en una cita cantada, el 9 de noviembre de 1976. Yo hablo de él como un desaparecido más, creo que lo es, más allá de que mi abuelo pudo recuperar su cuerpo y enterrarlo. Mi mamá enseguida pasó a la clandestinidad y se llevó con ella a su hijo mayor y mí, que acababa de cumplir un año. Mis abuelos maternos y mi tía se exiliaron en Barcelona porque sabían que estaban en listas negras aunque no tenía ninguna actividad política ni militante. Nunca más volvieron al país.
— ¿Qué sabés de ese tiempo de clandestinidad?
— Muy poco. Fueron algunos meses, de los que pude reconstruir cosas muchos años más tarde. A mi mamá la secuestraron en la vía pública, entre enero y marzo de 1977. La llevaron a La Cacha, un centro clandestino que funcionó en los alrededores de La Plata. Se llamaba así por la bruja Cachavacha, que tenía el poder de hacer desaparecer personas. Todo muy macabro.
— ¿Qué pasó con vos y tu hermano?
— No está claro, pero un día mis abuelos paternos recibieron un llamado anónimo diciendo que estábamos en determinado lugar. Arriesgaron sus vidas y fueron, nos buscaban hacía meses. Desde mediados del 77 vivimos con ellos.
— ¿Te acordás de algo?
— No, nada. Mi hermano sí, de algunas cosas. Yo llevé un poco más la bandera de la búsqueda que él, que se fue a vivir y trabajar a EEUU hace mucho, pero acompaña mi búsqueda.

— ¿Cuándo empezó esa búsqueda?
— A los 20, más o menos, cuando en La Plata comenzó a haber homenajes en las distintas universidades. Había otra vez democracia y se hablaba del tema. Mis abuelos siempre me dijeron la verdad y sabían todo, pero creyeron también durante muchos años, los primeros, que mi mamá podía volver. Nunca me contaron del embarazo porque mi papá había muerto antes y no se sabía qué había pasado. Además, no creyeron que era información para darle a dos nenes. Hice terapia durante dos décadas y aprendí a entender cada posición: cada uno hizo lo que pudo con lo que le tocó. Mi hermano y yo somos dos sobreadaptados. Hicimos todo lo que había que hacer para no darles trabajo a esas personas que habían sufrido tanto. En 1995, en un homenaje en la facultad donde estudiaba mi mamá, recorriendo una muestra, vi una foto que decía “Graciela Quesada, desaparecida en marzo del 77. Embarazada de siete meses”. Pensé que era un error, pero no. Mis abuelos me contaron y se me vino el mundo abajo. Me llené de preguntas, me re calenté. Estaba muy dolida, pero pude entenderlos. Muy rápido me di cuenta que había otro sentido, que todo no era muerte, oscuridad, tortura y espanto. Había vida.
Fueron tiempos de reconstrucción, de “despertar” y de búsqueda de su identidad. A su manera, como pudo. Se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo y se concentró en investigar su vida familiar casi periodísticamente. Fue llenando algunos huecos: encontró a una mujer que había atendido el parto de su mamá y a otros sobrevivientes del horror. Otra compañera de cautiverio reconoció la tonada mendocina de su abuela durante una conferencia en Ginebra, Suiza, y aportó más datos. Leyó cartas de su madre que no sabía que existían e intentó encontrar algo de ella ahí, en esas líneas que inspeccionaba al detalle los ojos de los torturadores.
“Justicia es poder mirar a mis hijos y decirles que la impunidad no es un destino inevitable. Que un país puede juzgar sus crímenes más graves”
“Los sentimientos de amor, respeto y admiración hacia mis padres se entremezclaban a veces con la sensación, consciente o no, que la opción revolucionaria que siguieron trazó mi destino para siempre. Es un tema incómodo, conflictivo y difícil de tratar sin apasionamientos y que forma parte de una discusión mayor sobre la responsabilidad que les cupo a la juventud militante en la violencia y la derrota”, cuenta.
Julia encontró información sobre el padre de su hermano, también desaparecido, y años después pudo reunirse con la hermana por parte de padre de esa persona que nunca nadie conoció. Durante el Gobierno de Néstor Kirchner, declaró en las causas del llamado “Circuito Camps”, por el sangriento jefe de la policía bonaerense, Ramón Camps, quien fue condenado, luego indultado y que murió en libertad, en 1994. Algunos de sus laderos, como su mano derecha Miguel Etchecolatz, volvieron a sentarse frente a la Justicia. Bearzi fue testigo de la querella de Abuelas y también de una causa privada, que impulsó la familia Bettini. Todos los señalados terminaron condenados a perpetua.

“Tenía diez minutos para hablar y no me podía poner a llorar. Fue la responsabilidad más grande de mi vida. No quería reivindicar nada, pero sí honrar la memoria de mis padres. Fui la muestra del impacto en el tiempo del daño que hicieron. Los dos milicos que llevaron a mi mamá a mi casa el día que cumplí dos años estaban ahí, al lado de Etchecolatz. Fue reparador”, relató.
— ¿Qué es la justicia?
— Es poder mirar a mis hijos y decirles que la impunidad no es un destino inevitable. Que un país puede juzgar sus crímenes más graves. No repara todo, pero marca un límite moral. Tener una sociedad sin justicia es tremendo. Haber pasado por ese juicio fue muy bueno. Hubo justicia, verdad y memoria, pero no esclarecimiento. No sé dónde están los restos de mi mamá ni dónde está mi hermano. Siempre falta algo.
Bearzi estudió Administración en La Plata, tiene un MBA de la Universidad de San Andrés y una especialización en Empresas en Crecimiento que cursó en la Universidad de Harvard, en EEUU. Ingresó a Endeavor hace más de dos décadas y hoy dirige la filial local de esta red de apoyo a emprendedores de alto impacto que tiene 65 oficinas alrededor del mundo y que nació en Argentina, a fines de los ‘90, con una donación de Eduardo Elsztain, el presidente de IRSA.
Son emprendedores de esa red todos los fundadores de los unicornios argentinos y de buena parte de las startups tecnológicas más conocidas y exitosas. En el board de Endeavor, sus “jefes”, están Marcos Galperin (Mercado Libre), el mencionado Elstzain, Martín Migoya (Globant), Carlos Miguens (Grupo Miguens) y Federico Braun (La Anónima, Grupo Galicia), entre otros.
“Hubo justicia, verdad y memoria, pero no esclarecimiento. No sé dónde están los restos de mi mamá ni dónde está mi hermano. Siempre falta algo”
— Desde Endeavor trabajás por el crecimiento de los emprendedores argentinos. ¿Es incómodo hablar de estos temas en algunos ámbitos laborales?
— A veces puede resultar incómodo. Pero el liderazgo no es solo hablar de resultados, inversión o crecimiento. También es sostener valores. No busqué que mi historia me definiera, pero tampoco la oculté. Es parte de mí. Soy todo esto. Aprendí que lo que te toca no te determina, incluso puede impulsarte. Y mi decisión fue por ahí, que esta historia sea motor de construcción, no de resentimiento. Desde mi rol en Endeavor trabajo todos los días por el desarrollo de la Argentina, acompañando a emprendedores que crean empleo, innovación y futuro. Y estoy convencida de algo: no hay desarrollo sostenible sin instituciones fuertes, y no hay instituciones fuertes sin respeto por los derechos humanos.
— ¿Cómo conviven en vos el liderazgo empresarial y la memoria?
— La seguridad jurídica, la confianza y la inversión que son centrales para cualquier ecosistema emprendedor nacen en sociedades que valoran la vida, la libertad, la verdad y la memoria. Para mí no son agendas separadas. La memoria no es un tema del pasado; es la base ética sobre la que se construye el futuro. Y el desarrollo económico que soñamos solo es posible en una sociedad que aprendió de sus heridas y decidió no repetirlas.
— ¿Qué te genera ver que hoy muchos discuten o relativizan lo ocurrido durante la dictadura?
— Me genera preocupación. No desde el enojo, sino desde la responsabilidad. Podemos debatir muchas cosas en democracia. Pero los hechos históricos probados judicialmente no son opinables. Hubo un plan sistemático de desaparición de personas. Hubo apropiación de bebés y terrorismo de Estado. Eso no es relato: son verdades judiciales. La memoria no es patrimonio de un sector político. Es un compromiso ético con la dignidad humana.
— Algunos sostienen que seguir hablando del pasado profundiza la grieta.
— Creo exactamente lo contrario. Lo que divide no es recordar; lo que divide es negar. Hablar del pasado con verdad y con justicia no es abrir heridas, es evitar que se infecten. Una sociedad madura no teme revisar su historia. La enfrenta, la entiende y aprende de ella. Hablar del 24 de marzo no es una discusión del pasado, es una conversación sobre el futuro. Conocer lo que pasó no es ideología, es responsabilidad cívica. No soy militante, pero tengo un respeto enorme por el trabajo de los organismos de derechos humanos. Hubo un montón de gente que, desde el dolor, decidió construir algo para toda la sociedad. No hay una escisión entre el respeto por la memoria y el respeto por los derechos humanos.

— No son pocos los que ahora hablan de revisión histórica y cuestionan la cifra de desaparecidos. ¿Qué te pasa con eso?
— Discutir cifras no puede hacernos perder de vista lo esencial: hubo un plan sistemático de represión ilegal probado en la justicia argentina, un plan para hacer desaparecer personas y hubo un plan sistemático de apropiación de bebés. Cuando el foco se pone solo en el número, se corre el riesgo de diluir la gravedad del crimen. No estamos hablando de estadísticas; estamos hablando de personas, de vidas, de familias, de identidades robadas. La revisión histórica es válida cuando busca más verdad, no cuando intenta relativizar responsabilidades ya juzgadas.
— ¿Cómo evitás que tu historia quede atrapada en el dolor?
— Eligiendo construir. Aprendí que lo que te toca no te define. Que siempre existe un margen de libertad para decidir qué hacer con eso. Yo elegí que mi historia fuera motor de vida, de familia, de trabajo y de compromiso. No niego el dolor, pero tampoco dejo que sea lo único que me nombre.
“Aprendí que lo que te toca no te determina, incluso puede impulsarte. Y mi decisión fue por ahí, que esta historia sea motor de construcción, no de resentimiento”
— Si tuvieras que resumir en una frase lo que te dejó tu historia, ¿cuál sería?
— Que incluso en contextos de enorme oscuridad, siempre existe la posibilidad de elegir construir algo mejor.
— ¿Tenés esperanzas de encontrar a tu hermano?
— No pierdo las esperanzas. Hay tantas historias que terminan más o menos bien… ¿por qué la mía no?
ECONOMIA
La marca líder de ropa que regresa a Argentina tras 23 años

La marca española de moda vuelve al país tras 23 años. El plan de expansión incluye la apertura de locales físicos y una fuerte apuesta por el e-commerce
23/03/2026 – 18:30hs
El mercado del retail en Argentina recibe una de las noticias más esperadas de la temporada. Tras más de dos décadas de ausencia, la reconocida firma española Mango confirmó su regreso oficial al país. Esta vuelta no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de renovación para el consumo local, donde las marcas internacionales vuelven a poner el foco en las principales ciudades del territorio nacional de la mano de socios estratégicos con amplia experiencia en el sector.
La noticia marca un hito para los amantes de la moda y las tendencias, ya que la marca -que operará bajo la denominación MNG- es mundialmente famosa por su equilibrio entre diseño contemporáneo y precios competitivos. Su salida del país, ocurrida en el año 2003 tras las turbulencias económicas de la época, dejó un vacío en el segmento de «moda accesible» que hoy busca ser recuperado con una propuesta modernizada y adaptada a los nuevos hábitos de compra.
El regreso es posible gracias a una alianza estratégica con la histórica empresa argentina Grimoldi. Con más de un siglo de trayectoria en el mercado local, la firma de calzado será la encargada de gestionar la franquicia y liderar un plan de crecimiento que promete transformar la oferta en los centros comerciales más importantes. La apuesta es clara: combinar el prestigio global de la casa catalana con el conocimiento del consumidor local que posee su socio regional.
La vuelta de Mango a Argentina: cuándo abre su primer local y dónde estará
El cronograma de desembarco ya tiene una fecha marcada en el calendario: septiembre de 2026. El primer local de esta nueva etapa funcionará en el shopping Alto Palermo, un punto neurálgico para el consumo porteño elegido por su alto flujo de público y su ubicación estratégica. Esta tienda presentará el concepto «Woman+Man», ofreciendo colecciones completas para ambos géneros, además de su clásica línea de accesorios y calzado que complementa la propuesta de indumentaria.
Pero el plan de Grimoldi para Mango no se detiene en una sola apertura. El acuerdo firmado con la casa matriz en Barcelona contempla un proyecto a cinco años, durante los cuales se prevé la inauguración de al menos cinco locales exclusivos. Entre las locaciones que se barajan para las próximas etapas aparecen puntos clave como el DOT Baires Shopping y también plazas fuera de Buenos Aires, con Rosario como uno de los destinos más firmes en la hoja de ruta de expansión.

Mango regresa a la Argentina de la mano de Grimoldi
Un pilar fundamental de este regreso será la integración de los canales físicos con el mundo digital. En paralelo a la apertura de las tiendas, se lanzará una plataforma de e-commerce propia para el mercado argentino. Esta estrategia busca captar a un público joven y urbano que prioriza la comodidad de la compra online, pero que también valora la experiencia de probarse las prendas y conocer las texturas en los salones de venta.
Mango: inversión y competencia en el segmento de moda
La vuelta de la marca española implica un desembolso significativo que refleja la confianza en el potencial del consumo local. Se estima que la inversión rondará los 2,5 millones de dólares anuales, destinados tanto a la adecuación de los espacios comerciales como al abastecimiento de mercadería importada. Para Grimoldi, esta jugada representa una diversificación clave de su portafolio, que ya cuenta con licencias internacionales de peso como Vans y The North Face.
En términos de competencia, el regreso de Mango reaviva la disputa en el segmento de «fast fashion» o moda rápida, donde deberá medirse directamente con gigantes como Zara. El escenario actual, caracterizado por una mayor flexibilización en las importaciones y un cambio en las expectativas económicas, parece ser el caldo de cultivo ideal para que florezcan estas propuestas que ofrecen calidad europea a precios intermedios.
Con una facturación global que supera los 3.700 millones de euros y presencia en más de 110 países, la firma llega en un momento de solidez financiera histórica. Para el consumidor argentino, esto se traducirá no solo en una mayor variedad de opciones, sino también en el acceso a las mismas colecciones que se ven en las principales capitales del mundo, acompañadas por las promociones y opciones de financiamiento locales que son vitales para sostener el ritmo del retail en la actualidad.
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ECONOMIA
Guido Zack, economista: “Los sectores que crecen no generan trabajo, mientras los que caen sí destruyen empleo”

En una entrevista en Infobae en vivo, el economista Guido Zack explicó que, pese al aumento del 4,4% en la actividad económica durante 2025, la creación de empleo formal no solo no acompañó, sino que cayó a niveles históricos, con fuerte destrucción de pymes y crecientes desafíos para los trabajadores.
En diálogo con el equipo de Infobae al Regreso, integrado por Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos, Matías Barbería y Gustavo Lazzari, Zack puso el foco en la compleja relación entre los datos de crecimiento y la vida real de la población. “Si miramos en una imagen de más largo plazo, lo que generamos por habitante, estamos 9% abajo de 2011 todavía”, afirmó, relativizando el optimismo oficial por el rebote reciente del producto.
Matías Barbería abrió el debate sosteniendo que “el último trimestre del año pasado creció, la desocupación llegó al 7,5%. Estamos viendo un proceso en que la economía crece, pero no genera empleo”. Guido Zack puntualizó que el 4,4% de expansión registrado en 2025 “recoge buena parte de lo que se creció en 2024 por un fenómeno estadístico”, y advirtió que, al comparar los niveles actuales con los previos a la crisis, “todavía no llegamos a los niveles por habitante”. Según Zack, si se descuenta el crecimiento vegetativo de la población, “estamos un poquitito por arriba de 2011, 15 años atrás”.
Gonzalo Aziz preguntó por qué el crecimiento no se refleja en el bienestar general. Zack fue contundente: “No es lo mismo crecer en sectores que generan empleo que en sectores que no lo generan. En buena medida, el crecimiento se dio en hidrocarburos y minería, que no necesitan tanto trabajo”.
El analista remarcó la contracara: “Los sectores que vienen cayendo sí destruyen empleo, principalmente construcción e industria”. Para Zack, esto explica la paradoja de un país que “crece en los sectores que dan dólares, pero no en los que dan empleo”.
Consultado sobre la situación de las pymes, Zack reveló: “Desde que asumió Milei cayeron 22 mil empresas, de un universo de unas 500 mil, es el peor desempeño en los primeros 25 meses de un gobierno desde 2003 a la fecha”. Ni siquiera la gestión de Alberto Fernández, con la pandemia, había registrado tal destrucción, enfatizó el economista.
Gustavo Lazzari, empresario y panelista, describió el escenario: “Las empresas que generan trabajo están en un contexto muy hostil. Tienen un tipo de cambio bajo, impuestos altos y distorsivos, costos burocráticos altos y tasas de interés más altas que en el resto de América Latina”. Zack sumó que la apertura comercial “llega con un dólar bajo, que le quita competitividad” y que las promesas de compensación impositiva todavía no se concretan.
El debate se concentró en las dificultades para mantener la actividad productiva. Lazzari ilustró: “Cerrar una pyme es un drama no solo para el dueño, sino también para los empleados. Y no hay buenos mecanismos de cierre ni de transferencia”. Zack señaló la falta de regulación laboral eficiente y la reciente reforma: “La reforma laboral no incluye un buen mecanismo de crisis para momentos difíciles”.
Sobre la reforma laboral, Zack advirtió que “ninguna reforma crea trabajo per se, eso va a pasar si la economía vuelve a crecer”. Diego Iglesias intervino: “La apuesta del gobierno es la modernización laboral y que eso sea exitoso, porque ahí empezarías a crear empleo”. Zack respondió: “Si hablamos de modernización laboral, el trabajo más moderno y precario es el trabajador de plataforma. ¿Qué dice la reforma argentina sobre ellos? Absolutamente nada”.

El panel coincidió en que los trabajadores de aplicaciones no suelen pedir formalización, pero Zack remarcó: “No es tan fácil organizarse. Hoy hay que mirar más la informalidad. No se puede ir en contra de esa realidad, pero sí mejorar los derechos y beneficios”. Señaló los riesgos de esta modalidad: “Se lastima y se queda sin ingresos; no puede tomar vacaciones porque pierde viajes”.
En cuanto al financiamiento del sistema previsional, Zack alertó: “Hace 15 años que no generamos empleo registrado. Sacarle 2.500, 3.000 millones de dólares por año al sistema plantea la pregunta de cómo lo vas a financiar”. Opinó que la reforma judicializa menos, pero criticó la falta de ajuste real del IPC en las sentencias laborales, lo que puede derivar en litigiosidad.
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• De 18 a 21: Infobae al Regreso: Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos y Matías Barbería; rotan en la semana Gustavo Lazzari, Martín Tetaz y Mica Mendelevich
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guido zack
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