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Nicolás Maduro ante una corte de Nueva York: demacrado, ojeroso, con varios kilos de menos y un traje de presidiario color beige

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A las 11.40 (una hora más en la Argentina) se abrió una puerta lateral en la sala en el piso 26, con paredes tapizadas en madera oscura y piso con alfombra azul, con vistas elevadas a los puentes de Manhattan. La audiencia, que había hecho fila desde la madrugada para poder presenciar el momento, contuvo la respiración cuando el reo ingresó al recinto principal de la Corte del Distrito sur de Nueva York: con paso lento, mucho más delgado y una sonrisa débil, Nicolás Maduro, de 63 años, se presentó a su segunda audiencia judicial desde que fue capturado el 3 de enero de este año

Con uniforme de presidiario color beige sobre una remera naranja, en zapatillas y sin esposas, el ex dictador venezolano, que rigió con mano dura su país por años, ahora se lo vio ojeroso, algo demacrado y con varios kilos menos que la última vez que se presentó en público, hace 80 días, en una primera audiencia. Igualmente, su metro noventa sobresalía entre todos los presentes.

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De apariencia más frágil, su mujer, Cilia Flores, de 69 años, levaba uniforme de prisión verde seco, arriba de un sweater gris, y el pelo atado en una colita de caballo que sostenía su cabello prolijamente teñido de rubio. Estaba maquilada.

En medio de un fuerte operativo de seguridad habían llegado en camioneta de madrugada, a las 4.30, al edificio de la Corte, para evitar a periodistas, curiosos y manifestantes que se aglutinaron desde temprano en la puerta del lugar. Los que pudieron acceder a la sala, entre ellos Clarín, fueron obligados a dejar teléfonos, grabadores, laptops y cualquier objeto electrónico en seguridad. Solo lápiz y papel, a la vieja usanza.

No hubo cámaras ni fotógrafos. Solo tres mujeres artistas retrataron la escena con ilustraciones en pastel, que fueron luego distribuidas a los medios. Las reglas eran muy estrictas, con riesgo de cometer un delito federal: no se podía hablar, gritar, susurrar ni hacer cualquier gesto extraño. Mucho menos pararse para observar a los detenidos.

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Ya en la sala, donde había unas 120 personas, Maduro y Flores se sentaron entremezclados entre sus abogados defensores, encabezados por Barry Pollack, y en otra fila más adelante estaban instalados los fiscales, timoneados por el fiscal adjunto Kyle Wirshba. Cuando le colocaron a Maduro los auriculares para escuchar en español todo lo que sucedía a su alrededor, dijo “está bien” y solo esas fueron las palabras que se le escucharon.

En la primera audiencia, el 5 de enero, había estado mucho más locuaz. Había dicho que era un “perseguido político”, que era inocente y que aún era el presidente de Venezuela. Esta vez al ex dictador le dieron el expediente del caso y lo leía mientras la audiencia sucedía. Cada tanto hablaba en voz baja con el abogado Pollack, con un intermediario.

Maduro está acusado de conspirar para narcoterrorismo, tráfico de cocaína y tenencia de armas de guerra. Su mujer de tráfico y tenencia de armas. La audiencia duró poco más de una hora y terminó sin decisiones, pero los diálogos entre el juez Alvin Hellerstein, de 92 años, y los fiscales y la defensa fueron picantes.

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Uno de los temas que se discutieron fue el pago de la defensa de ambos, ya que las sanciones de EE.UU. prohíben el uso de fondos del régimen venezolano. El abogado de Maduro insistió en pedir que se desestimara el caso por violación a su derecho constitucional de defenderse, a lo que el juez se negó.

“El señor Maduro y Flores no pueden afrontar el pago de los abogados por sí mismos”, dijo Pollack”. El juez, que tomaba café, hablaba lentamente, en voz baja y a veces carraspeaba, hizo preguntas afiladas. Le replicó que el Estado podía proveer a Maduro un abogado de oficio. “Un defensor público es para la gente que no tiene recursos”, respondió Pollack, afirmando que los de sus defendidos estaban bloqueados.

Luego llegó el turno del fiscal adjunto y argumentó que el gobierno de Donald Trump había paralizado los fondos por temas de seguridad nacional y política exterior.

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Pero el juez replicó: “Maduro y Flores están acá y la situación cambió en Venezuela. El gobierno tiene derecho a bloquear, pero en este caso no veo un propósito inmediato”, dijo. Y repitió: «Maduro está acá. Flores está acá. Ya no representan ninguna amenaza para la seguridad nacional».

Oficiales de policía montan guardia frente a un tribunal federal, en Nueva York, Estados Unidos, el 26 de marzo de 2026. Foto Xinhua

Luego preguntó si podría solicitar “una licencia especial” para que el Tesoro levante específicamente las sanciones para este caso, para garantizar el derecho constitucional a defenderse. Los fiscales insistieron en la importancia de la defensa de la seguridad nacional, pero su argumento parecía debilitarse ante la insistencia del juez.

El magistrado escuchó a las partes y no resolvió sobre este tema, pero no desestimó el caso –como querían los defensores de Maduro– y sus preguntas dejaron entrever que se inclinaría a favor de un pedido especial de desbloqueo de fondos para la defensa ya que la relación entre Estados Unidos y Venezuela es mucho más estrecha y la situación en el país caribeño ha cambiado.

El otro tema en el que se centró la audiencia fue una petición de la Fiscalía para impedir que se comparta la evidencia del caso de Maduro y Flores con las otras cuatro personas mencionadas en la acusación: el poderoso ministro del Interior y Justicia Diosdado Cabello; el ex gobernador y ex ministro Ramón Rodríguez Chacín; Nicolás Maduro Guerra y Héctor Guerrero, señalado como presunto líder de la banda transnacional Tren de Aragua.

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El gobierno estadounidense argumenta que existe un «riesgo real de violencia» y que el entorno de Maduro podría utilizar la información para identificar y tomar represalias contra testigos y sus familias en Venezuela. Los defensores quieren que se comparta. El juez escuchó los argumentos y resolverá más adelante.

Al finalizar la audiencia, a las 12.50, hora de Nueva York (una hora más en Argentina), Maduro colocó prolijamente los expedientes dentro de un sobre de papel madera, saludó a cada uno de sus abogados y le hizo un gesto a su mujer desde lejos. Ellos están en pabellones separados en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una cárcel de máxima seguridad con condiciones de vida muy extremas.

El hijo de ambos, Nicolás Maduro Guerra, ya había anticipado el día anterior un fuerte cambio físico en su padre, que adelgazó varios kilos. Dijo que se mantenía “con mucho ánimo” y “mucha fuerza” y que se lo vería “delgado, más atleta, está haciendo ejercicio todos los días”.

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No se sabe si es porque realmente hace ejercicio o por las duras condiciones de su encierro. La cárcel donde está recluido ha sido criticada durante años por condiciones descritas como peligrosas e inhumanas. Algunos abogados y detenidos han llegado a describir el centro como un “infierno en la Tierra” en medio de acusaciones de condiciones insalubres, inseguridad y aislamientos prolongados. El alimento escasea y han habido denuncias de comidas “infestadas de gusanos”.

Después de la audiencia, Maduro y su mujer volvieron a ese lugar, fuertemente custodiado por marshalls. Afuera de la Corte, mientras tanto, había manifestantes que pedían por su liberación y protestaban contra el operativo militar estadounidense. Otros, con banderas venezolanas, cantaban contra el ex dictador. Uno había llevado un muñeco de Maduro de tamaño real, esposado, vestido con uniforme de presidiario.

La audiencia terminó y el juez decidirá en privado su resolución. Más adelante establecerá una fecha para la próxima. El juicio podría prolongarse por varios años, mientras que Trump sigue estrechando lazos con Venezuela.

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Appeals court pauses orders limiting federal agents’ use of tear gas at protests near Portland ICE building

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

An appeals court paused a pair of lower court rulings in Oregon that restricted federal agents’ use of tear gas and other crowd-control munitions during protests outside the U.S. Immigration and Customs Enforcement building in Portland.

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The U.S. Court of Appeals for the Ninth Circuit granted the Trump administration’s request for temporary administrative stays in two cases in a 2-1 ruling.

Anti-ICE demonstrators have held protests at the building since June, as part of protests across the country challenging President Donald Trump’s mass deportation agenda.

Two lawsuits were filed over federal agents’ crowd control tactics — one brought by the American Civil Liberties Union of Oregon on behalf of protesters and freelance journalists and another brought by the residents of an affordable housing complex across the street from the ICE building.

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OREGON JUDGE LIMITS FEDERAL AGENTS’ TEAR GAS USE AT PORTLAND PROTESTS

Federal agents lobbed tear gas and flash bangs at protesters in front of the ICE building on Jan. 31, 2026, in Portland, Oregon. (Allison Barr/The Oregonian via AP)

The complaints argue that federal agents’ use of chemical and projectile munitions has violated the rights of plaintiffs — including a demonstrator known for wearing a chicken costume, a married couple in their 80s and two freelance journalists who said federal agents used chemical spray and projectile munitions against them.

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The Department of Homeland Security has previously said that the agents have «followed their training and used the minimum amount of force necessary to protect themselves, the public, and federal property.»

Earlier this month, the federal judges in Portland overseeing the separate cases both issued preliminary injunctions limiting federal agents’ use of tear gas, pepper spray and other chemical munitions unless someone poses an imminent threat of physical harm.

The agents were also ordered not to fire munitions at the head, neck or torso «unless the officer is legally justified in using deadly force against that person» and were told not to use pepper spray against a group in an indiscriminate way that would affect bystanders. Additionally, they were told to only target people who were engaging in violent unlawful conduct or actively resisting arrest, noting that trespassing, refusing to move and refusing to obey an order to disperse are acts of passive resistance, not active resistance.

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Crowd-control weapons are fired as a large group of demonstrators approaches a secured federal facility in Portland.

ICE agents deploy pepper balls, tear gas, and flashbang grenades as hundreds of protesters march from Portland City Hall to an ICE facility in Portland, Oregon, on Feb. 1, 2026. (Sean Bascom/Anadolu via Getty Images)

«Plaintiffs provided numerous videos, which were received in evidence and unambiguously show DHS officers spraying OC Spray directly into the faces of peaceful and nonviolent protesters engaged in, at most, passive resistance and discharging tear gas and firing pepper-ball munitions into crowds of peaceful and nonviolent protestors,» U.S. District Judge Michael Simon wrote in his ruling on March 9 in the case brought by the ACLU.

«Defendants’ conduct — physically harming protestors and journalists without prior dispersal warnings — is objectively chilling,» he added.

JUDGE RULES FEDERAL AGENTS MUST LIMIT TEAR GAS AT PROTESTS NEAR PORTLAND ICE BUILDING

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The Ninth Circuit panel said on Wednesday that oral arguments in the two cases will be consolidated and scheduled for April 7.

Earlier this year, Portland Mayor Keith Wilson called on ICE to leave the city after federal agents deployed tear gas at a crowd of demonstrators outside the agency’s building. The mayor described the protests as peaceful and criticized federal officers’ use of pepper balls, flash-bang grenades and rubber bullets.

Protester dressed in a chicken costume

Jack Dickinson, dressed in a chicken costume, looks to other protesters outside an ICE facility in Portland, Oregon, Monday, Oct. 20, 2025. (AP Photo/Jenny Kane)

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«Federal forces deployed heavy waves of chemical munitions, impacting a peaceful daytime protest where the vast majority of those present violated no laws, made no threat, and posed no danger to federal forces,» he said in a statement at the time.

«To those who continue to work for ICE: Resign. To those who control this facility: Leave,» he added, accusing federal officials of «trampling the Constitution.»

The Associated Press contributed to this report.

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Israel refuerza la ofensiva en el Líbano y busca separarla de la guerra contra Irán

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Líbano es la guerra que Israel no quiere finalizar y busca separar de Irán. El miedo del secretario general de la ONU, Antonio Guterres es que se convierta en otra Gaza.

Irán quiere vincular todos los frentes e insiste en negociar un alto el fuego regional. Los gobiernos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu rechazan cualquier conexión entre los asuntos libaneses e iraníes. Israel está comenzando a ocupar Líbano y eliminar la milicia pro iraní. Teherán da su respuesta y dicta la conducta de la milicia pro iraní shiita de Hezbollah y Berri, el líder del Parlamento y shiíta: no a las negociaciones.

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Entre maniobras y negociaciones más o menos serias, el mundo espera ver qué resultados arrojan los esfuerzos y las mediaciones para poner fin a la guerra israelí-estadounidense contra Irán. Para ambas partes, el cese de las hostilidades requeriría la capitulación de la otra.

Una cosa es segura: no se alcanzará ningún acuerdo en el plazo de cinco días que Donald Trump dio a los iraníes. Los mediadores están trabajando para obtener una prórroga de este plazo y abrir negociaciones durante un mes, con intentos de alto el fuego durante este período, mientras que Estados Unidos insiste en negociar bajo fuego.

Israel ocupó el Líbano

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Las fuerzas israelíes han ocupado el sur del Líbano, como en 1982, para eliminar a la milicia chiita de Hezbollah y quieren crear una “buffer zone” hasta que lo consigan. Hay fuertísimos combates, con muertos militares y civiles desde anoche.

Emboscadas de la milicia shiita, drones, tanques israelíes, aviones de combate, nuevas tecnologías y batallas nocturnas, en un territorio donde solo quedan sin evacuar cristianos, en aldeas que ellos no quieren abandonar y en las que Hezbollah se infiltra.

Catorce soldados israelíes tuvieron que ser evacuados debido a hipotermia y sufrieron heridas leves relacionadas con el frío. El ejército también informó de otros dos soldados gravemente heridos por fuego de mortero y cohetes en el sur del Líbano.

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Se publicaron informes aislados sobre bajas israelíes, ya que la noche del miércoles al jueves estuvo marcada por el inicio de intensos enfrentamientos terrestres entre Hezbollah y el ejército israelí, particularmente en las aldeas de Qantara y Deir Serian, recientemente atacadas. Hezbollah también afirmó haber emboscado a los israelíes y destruido dos excavadoras D9 con fuego, incluyendo misiles guiados.

En otra operación nocturna, Hezbollah también informó que un helicóptero del ejército israelí que intentaba evacuar a los heridos de los enfrentamientos fue alcanzado por un misil antiaéreo y se vio obligado a retirarse. Durante todo el día, se siguieron escuchando disparos esporádicos a lo largo del eje Taybeh-Deir Serian-Qantara,

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Combates y fósforo blanco

Mientras tanto, las localidades al otro lado de este eje son objeto de intensos bombardeos de artillería israelí, incluyendo proyectiles de fósforo blanco, dirigidos contra varias aldeas del distrito de Nabatieh, en particular Arnoun, Yohmor, Zaoutar el-Charkiyé y el-Gharbiyé.

El movimiento shiíta también informó que atacó una concentración de soldados y vehículos israelíes en Kaouzah (Bint Jbeil) al amanecer de este jueves con una andanada de cohetes.

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El ejército israelí continúa su avance hacia el sur del Líbano, principalmente en el distrito de Marjeyoun, en el sector oriental, a más de nueve kilómetros de la Línea Azul. La invasión continúa bajo la cobertura de intensos ataques aéreos israelíes en la zona y sus alrededores, incluyendo proyectiles de fósforo blanco

La resistencia de Hezbollah

Hezbollah se siente “la resistencia nacional del sur del Líbano» y ha decidido no entregar sus armas al gobierno. Llamó “a la unión nacional y a la resistencia del país”.

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Los libaneses habían roto sus relaciones con el movimiento shiíta apoyado por Irán y no querían la guerra ni una nueva destrucción de su país de 18 comunidades. Pero ante los ataques israelíes y los bombardeos a Beirut, la desolación y la falta de refugios, esa opinión va cambiando: sienten que son los únicos que pueden defenderlos, con unas fuerza militares libanesas débiles, mal pertrechadas e indefensas. La posición del gobierno se debilita. Puede haber un escenario de confrontación o guerra civil otra vez.

El nuevo embajador iraní en Líbano Mohammad Reza Shibani había sido declarado “persona no grata” por el gobierno libanés. Pero el tema no fue tratado este jueves.

Tanques israelíes en la frontera con el Líbano, este jueves. Foto: EFE

Por la tarde se inauguró una reunión de gabinete en el Gran Serrallo, sin la presencia de los ministros de Amal y Hezbollah. Se esperaba que la reunión abordara la expulsión del embajador iraní del Líbano. No se prevé que el gobierno de Nawaf Salam discuta el asunto debido a la ausencia de los ministros de ambos partidos chiítas.

“El pueblo libanés quiere que Shibani se quede”. Una manifestación frente a la embajada iraní , tras la retirada de la acreditación del embajador iraní.El jueves por la tarde, poco más de cien manifestantes se congregaron frente a la embajada iraní en Bir Hassan, en las afueras del sur de Beirut, para protestar por la retirada de la acreditación del embajador iraní Mohammad Reza Shibani por parte del Líbano. La multitud, en su mayoría hombres jóvenes, ondeaba banderas iraníes, libanesas y de Hezbollá.

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Entre los manifestantes, Diana, una residente local, portaba una bandera libanesa y denunciaba lo que consideraba una humillación para el país. “Esta decisión no es propia del Líbano”, afirmó. “Es una decisión humillante”, declaró

Además de los ataques contra soldados israelíes en territorio libanés, Hezbolá reivindicó la autoría de decenas de ataques contra el norte de Israel durante la noche y a lo largo del día. Afirmó haber atacado Tel Aviv, incluyendo la sede del Ministerio de Defensa israelí, así como una base de inteligencia militar al norte de Tel Aviv, que, según Hezbolá, fueron blanco de misiles de precisión.

Según un recuento del diario israelí Haaretz, las sirenas antiaéreas sonaron 48 veces ayer en Israel debido a ataques perpetrados por Irán y Hezbollá, lo que obligó a 6,6 millones de israelíes a refugiarse en búnkeres. Varias localidades del norte de Israel, incluidas Haifa y Tel Aviv, sufrieron daños por ataques con cohetes. El grupo paramilitar también reivindicó la autoría de ataques con cohetes y drones suicidas contra varias bases y aldeas del norte de Israel, incluyendo dos heridos leves en Liman.

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Hoteles bajo fuego en Beirut

Israel atacó hoteles en Beirut ante la evidencia de que había miembros de la Guardia de la revolución Iraní viviendo o miembros de Hezbolla.

El presidente de la asociación hotelera libanesa, Pierre Achkar, declaró el jueves que los hoteles ya no corren el riesgo de ser bombardeados por Israel.

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«Los hoteles ya no corren el riesgo de ser blanco de ataques como ocurrió recientemente, gracias a su compromiso, en gran medida, de respetar las medidas adoptadas en cooperación con las fuerzas de seguridad pertinentes para verificar la identidad de los huéspedes», subrayó Achkar, según la Agencia Nacional de Noticias (NNA).

En este contexto, indicó que «los dueños de hoteles temen por sus propiedades, al igual que los empleados temen por sus vidas». Hizo hincapié en que los clientes se abstengan de reservar si no ven medidas de seguridad suficientes.

En tanto, el ejército israelí ordenó la evacuación inmediata de todos los residentes libaneses que viven al sur del río Zahrani -unos 20 kilómetros al norte del Litani- en el marco de las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

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Las FDI declararon que el ejército israelí está operando con gran fuerza en la zona . Reiteraron su orden a los residentes: «Evacúen sus hogares de inmediato y diríjanse inmediatamente al norte del río Zahrani».

Las FDI añadieron que «permanecer al sur del río Zahrani puede poner en peligro sus vidas y las de sus familias». Reiteraron la advertencia sobre «cualquier desplazamiento hacia el sur». Se reinició el éxodo a Beirut, donde no cabe ni un alfiler.

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El sistema de salud de Cuba está paralizado por el bloqueo de Estados Unidos

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Jorge Pérez Álvarez, de 21 años, padece una enfermedad genética que impide que sus pulmones bombeen aire por sí solos. Necesita un respirador artificial en todo momento para seguir respirando.

Se supone que la batería de reserva de su respirador dura más de un día, pero eso se ha puesto a prueba varias veces en las últimas semanas, incluidos los tres apagones en todo Cuba que la han llevado a sus límites. Y con la electricidad cortada durante horas todos los días, apenas hay tiempo para recargarla.

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“Yo no sé el tiempo que va a durar”, dijo su madre, Xenia Álvarez, junto al cuerpo encogido de su hijo en su habitación de un barrio pobre de La Habana. “La vida de él depende de la corriente eléctrica”.

Leé también: Represión en Cuba: condenaron a un joven a 7 años de prisión por cuatro pintadas contra la Revolución

El bloqueo estadounidense de petróleo hacia Cuba está agotando rápidamente el suministro de combustible del país, y ha provocado apagones diarios, escasez de alimentos, clases canceladas y precios de la gasolina en el mercado negro que se acercan a los 40 dólares el galón. También está paralizando el sistema de salud universal de Cuba, una institución estatal considerada en su día un éxito para un país pobre, pero que ahora tiene dificultades para proporcionar atención básica.

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En entrevistas, seis médicos cubanos dijeron que el rápido deterioro de las condiciones en hospitales y clínicas de toda Cuba estaba causando muertes que, de otro modo, podrían haberse evitado.

Alioth Fernández, anestesista jefe del mayor hospital pediátrico de La Habana, no sabe cuántas muertes ha habido, pero tiene certeza de que fueron más que en el mismo periodo del año pasado. Lo ha visto en los cambios de turno, lo escucha de sus colegas y lo ha experimentado en sus propias operaciones.

Clientes esperan dentro de una farmacia en La Habana el 24 de marzo de 2026, mientras el sistema sanitario cubano, otrora tan alabado y durante mucho tiempo considerado una piedra angular de la revolución de 1959, se ha deteriorado tras años de crisis económica y sanciones estadounidenses, un deterioro que se ha acelerado este año con las restricciones de Estados Unidos al suministro de petróleo (Foto: Norlys Pérez/REUTERS)

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Los efectos del bloqueo están afectando a todo el sistema. Los hospitales están cancelando operaciones y enviando a los pacientes a casa porque los médicos y los enfermeros no pueden desplazarse para trabajar. Las clínicas tienen dificultades para administrar tratamientos como la quimioterapia y la diálisis debido a los cortes de electricidad.

Muchas ambulancias están estacionadas porque los conductores no encuentran gasolina. Las farmacias están casi vacías porque el Estado, prácticamente en bancarrota, tiene dificultades para adquirir medicamentos.

La producción de medicamentos se ha detenido en su mayor parte porque las fábricas funcionan con gasóleo. Los fabricantes de vacunas están buscando ingredientes porque los vuelos que antes los transportaban se han cancelado por falta de combustible. Y las reservas de vacunas refrigeradas podrían estropearse pronto si se prolongan los apagones.

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“Esto no es sutil, es extremo”, dijo Paul Spiegel, experto en salud pública de la Universidad Johns Hopkins, quien ha dirigido respuestas de salud pública en Afganistán, Ucrania y Gaza. “Ya se está viendo cómo los hospitales cambian su funcionamiento”. Al igual que ocurrió durante las crisis en esos otros lugares, dijo que las condiciones estaban obligando a los trabajadores de la salud cubanos a seleccionar a los pacientes. “La magnitud y quién se verá afectado dependerán de estas horribles decisiones que tienen que tomar”, dijo.

El bloqueo está agravando problemas que ya eran crecientes para la salud pública cubana.

Mientras que la estancada economía planificada por el Estado y el aislamiento internacional de Cuba han alimentado décadas de pobreza generalizada, el sistema gratuito de salud del país ha sido durante mucho tiempo un punto brillante. Esto se debe, en parte, a que el gobierno ha destinado aproximadamente una quinta parte de su presupuesto a salud pública, lo que equivale a cerca del doble del promedio mundial, según la Organización Mundial de la Salud.

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Un coche clásico pasa junto al hospital Calixto García en La Habana, Cuba, el 24 de marzo de 2026. (Foto: Norlys Pérez/REUTERS)

Un coche clásico pasa junto al hospital Calixto García en La Habana, Cuba, el 24 de marzo de 2026. (Foto: Norlys Pérez/REUTERS)

Hasta la pandemia de COVID-19, la esperanza de vida y las tasas de mortalidad infantil en Cuba eran comparables a las de los países desarrollados, mientras que la proporción de médicos por paciente estaba entre las mejores del mundo, según el Banco Mundial.

Pero el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Cuba, iniciado durante el primer gobierno de Donald Trump, ha planteado grandes retos. Han impedido que los hospitales sustituyan los equipos obsoletos, han complicado los pagos y la logística internacionales y han hecho que los proveedores médicos estadounidenses y europeos suspendan los contratos por temor a incumplir las normas estadounidenses. Los economistas calculan que las sanciones también han costado al Estado miles de millones de dólares en ingresos perdidos.

Leé también: El gobierno de Cuba está dispuesto a hablar con Trump sobre su participación en la economía de la isla

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Esas sanciones, junto con la pandemia y las fracasadas políticas económicas cubanas, han provocado una profunda recesión. La gran apuesta del Estado por el turismo, que incluía la inversión de millones de dólares en hoteles altísimos, resultó contraproducente. Unas políticas monetarias inoportunas destruyeron el valor del peso cubano, reduciendo el ya minúsculo salario promedio estatal al equivalente de 13 dólares al mes. Y a pesar de la lenta apertura económica, la represión política del gobierno comunista ha inhabilitado verdaderas alternativas económicas.

En 2018, la tasa de mortalidad infantil en Cuba era de 4 por cada 1000 nacimientos, inferior a la de Estados Unidos. En 2025, esa tasa se había más que duplicado, hasta 10 muertes, casi el doble que la cifra estadounidense.

Las consecuencias de las sanciones tardaron varios años en propagarse por el sistema de salud, dijo Ruth Gibson, doctora de la Universidad de Stanford que estudia el impacto de las sanciones en la salud pública. El impacto del bloqueo petrolero, dijo, “será probablemente exponencialmente más grave”.

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Liliam Delgado Peruyera, ginecóloga y obstetra del principal hospital materno de Cuba, dijo que los daños ya eran evidentes.

Las sanciones han contribuido a que el hospital carezca de antibióticos, medicinas y equipos, mientras que la escasez de alimentos ha provocado un aumento del bajo peso en las embarazadas y sus recién nacidos. Ahora, médicos, enfermeros, personal de limpieza y madres tienen dificultades para llegar al hospital debido a la falta de combustible. Esto se traduce en salas de partos más sucias, menos personal sanitario para atender los partos y madres que llegan cuando el parto está peligrosamente avanzado.

“Estamos recibiendo casos con una morbilidad mucho mayor”, dijo Delgado Peruyera, y señaló que en febrero murieron tres recién nacidos, la mayor cantidad que recordaba en un mes. “Sobre todo hemos tenido, semanas atrás, la prematuridad extrema, que nos ha golpeado fuertemente”. Atribuyó el aumento de los nacimientos prematuros, en parte, al incremento de las infecciones debido a la escasez de antibióticos.

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El gobierno cubano dijo este mes que había 96.400 pacientes pendientes de intervención quirúrgica, aunque no estaba claro cuántos se habían añadido a la lista desde el bloqueo. La escasez de combustible ha retrasado la vacunación de más de 30.000 niños, añadió el gobierno, y ha provocado la inconsistencia de la radioterapia y la diálisis renal de casi 20.000 pacientes.

Los medicamentos también escasean desesperadamente. Este mes, una farmacia de un barrio pobre de La Habana estaba cerrada en plena jornada laboral y sus estantes vacíos podían verse a través de una ventana agrietada. Unos carteles escritos a mano en la puerta advertían a los clientes de que las compras estaban estrictamente limitadas.

Un cartel decía que se avisaría a la policía de quienes “revenden medicamento”.

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Al otro lado de la ciudad, el Hospital Pediátrico William Soler estaba inquietantemente silencioso. El hospital está funcionando con una plantilla raquítica, y muchos médicos, enfermeros y pacientes recorren kilómetros bajo el sol del Caribe para llegar hasta allí.

Una mujer trabaja en una farmacia en La Habana, Cuba, el 24 de marzo de 2026. Fotografía tomada a través de una ventana. (Foto: Norlys Pérez/REUTERS)

Una mujer trabaja en una farmacia en La Habana, Cuba, el 24 de marzo de 2026. Fotografía tomada a través de una ventana. (Foto: Norlys Pérez/REUTERS)

El gobierno da prioridad a la electricidad para los hospitales, lo que ayuda a mantener sus luces encendidas cuando otras partes de la ciudad están a oscuras. Sin embargo, este mes, los hospitales han tenido que recurrir a generadores de reserva durante los tres apagones que han afectado a todo el país.

Fernández, el anestesista jefe, mantenía sedado a un niño de 2 meses durante una operación cuando se produjo un apagón. Las luces y los equipos que controlaban los signos vitales del bebé se apagaron de repente durante unos minutos, hasta que entró en funcionamiento el generador. “Cuando estás adentro”, dijo el médico, “te parece una hora”.

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En otras partes del hospital, médicos y enfermeros se apresuraban a llegar a los respiradores que bombeaban aire a los pulmones de los recién nacidos enfermos. Los sistemas de baterías de las máquinas murieron hace años, por lo que los trabajadores de la salud tienen que apretar una bomba de goma para que los bebés sigan respirando hasta que los generadores vuelvan a funcionar.

Con tan poco combustible, los generadores de gas solo pueden ser una salvación temporal. Los enfermeros de la unidad neonatal del hospital dijeron que ya tienen planes para un hospital al cual le falte la energía en su totalidad: envolver a los recién nacidos en mantas y volver a meterlos en incubadoras inactivas, con la esperanza de que se mantengan lo bastante calientes para sobrevivir.

El último cargamento de petróleo llegó a Cuba el 9 de enero. Los países habían interrumpido los envíos tras las amenazas de Trump, pero ahora los ojos están puestos en un petrolero ruso que podría llegar a principios de la próxima semana.

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El presidente Miguel Díaz-Canel ha advertido a los cubanos de que la red eléctrica del país es profundamente inestable y que es probable que las cosas empeoren.

En respuesta, el gobierno ha instalado paneles solares en dispensarios y residencias de ancianos de los barrios, así como en las casas de 120 niños enfermos que necesitan aire acondicionado. El gobierno dijo que también había proporcionado paneles solares a 10.000 trabajadores de la atención a la salud y de la educación para que pudieran trabajar a distancia.

Pero están surgiendo nuevos retos en toda la isla. Los grifos se están secando porque las bombas de agua dependen de una red eléctrica que falla. Las instalaciones sanitarias están empeorando. Y cada vez es más difícil encontrar alimentos, según el máximo responsable de las Naciones Unidas en Cuba.

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Un rasgo distintivo del sistema de salud cubano eran los paquetes regulares de alimentos, suplementos y medicamentos para las nuevas madres y los bebés. Como resultado, hasta la pandemia, Cuba tenía una de las tasas de desnutrición infantil más bajas de la región, según UNICEF.

Las madres cubanas y sus médicos dijeron que esas entregas mensuales han ido llegando cada vez más pequeñas y con mucha menos frecuencia. Roxana Martínez Rodríguez, médica comunitaria de un barrio de La Habana, dijo que este año sus pacientes no han recibido leche ni suplementos como el ácido fólico, que antes el Estado suministraba regularmente. Esto ocurre mientras los precios generales de los alimentos se han disparado desde enero, otro resultado del creciente costo del combustible.

“Un salario no te alcanza malamente para desayunar”, dijo Martínez Rodríguez. “Es un lujo comprar una col”.

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Dijo que, en consecuencia, estaba atendiendo a más niños desnutridos.

Martínez Rodríguez dijo que su número de pacientes se ha duplicado en los últimos años, hasta alcanzar los 1930, porque muchos médicos y enfermeros han abandonado el sistema de salud en busca de salarios más altos en el creciente sector privado, mientras que otros se han marchado de la isla. Los trabajadores de la salud que quedan están agotados, sobre todo porque deben enfrentarse a los mismos retos diarios de la vida que sus aproximadamente 10 millones de compatriotas cubanos.

“Tenemos los mismos apagones que tiene la población, tenemos la misma escasez”, dijo. “Y eso, aunque uno no quiera, te va a afectar”.

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*Por Jack Nicas, jefe de la oficina del Times en Ciudad de México que dirige la cobertura de México, Centroamérica y el Caribe.

The New York Times, cuba

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